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domingo, 9 de abril de 2023

Embajador en el Ártico y (II)

 

Gigantescos cargueros chinos cruzan el Estrecho de Bering escoltados por cuatro fragatas de la Armada rusa. La noticia se publicó hace varios lustros en un diario de Anchorage; era la copia conforme del comunicado de la Guardia Costera estadounidense que vigila las aguas territoriales de Alaska.

La versión novelesca de los hechos merecería, sin duda, el rimbombante titular: ¡Qué vienen los chinos!  La verdad es que no hizo falta informar al Pentágono ni alertar al inquilino de la Casa Blanca; el establishment estadounidense estaba al tanto de la presencia de los barcos de guerra rusos y de sus huéspedes chinos en las aguas (¡y los hielos!) del Polo Norte.

Ignorada durante décadas, la proliferación de los llamados puestos de vigilancia meteorológica rusos empezó a inquietar a los estrategas de la OTAN durante la Guerra Fría; los planes de defensa del mundo libre debían incluir, forzosamente, el hipotético peligro de la militarización del Ártico, de instalación de bases de misiles atómicos o la llegada de los recién estrenados submarinos nucleares. De hecho, el Pentágono contaba desde la Segunda Guerra Mundial con una gran base aérea en Groenlandia. Las instalaciones militares acogieron también misiles balísticos, conservados en congelados silos subterráneos.

¿Y los rusos? ¿Qué bazas tienen los rusos?, inquirieron los estrategas norteamericanos. Es preciso hacer memoria: las primeras exploraciones rusas de la región ártica comenzaron en el siglo pasado, hace ya más de cien años. En aquella época, el Ministerio de Asuntos Exteriores del Imperio Ruso envió una nota a los países aliados en la que se hacía hincapié en el hecho de que la Rusia de los zares era la propietaria de las tierras e islas situadas al norte de la costa asiática del imperio.

En 1924, la soberanía de dichos territorios quedó transferida a la URSS. Dos años más tarde, en abril de 1926, un decreto del Presidium del PCUS advirtió que son territorios de la URSS todas las tierras e islas, tanto descubiertas como las que puedan descubrirse posteriormente, situadas en el Océano Ártico entre la costa de la URSS y el Polo Norte.

En la franja costera de Rusia, que constituye en 53 p. c. de la costa del Océano Árctico, viven alrededor de 2,5 millones de personas; un 40 p. c. de los pobladores de la región.

Hoy en día, la importancia de la zona no parece haber disminuido: el Ártico produce más del 83 p. c. de su gas natural ruso, el 17 p. c. de los crudos, alberga importantes reservas de diamantes y de metales preciosos.  Por otra parte, la llamada Ruta Marítima Septentrional es un corredor de transporte que conviene mantener y ampliar.

El volumen del tránsito de mercancías a través de la Ruta del ar del Norte pasará de 31.5 millones de toneladas en 2019 a 80 millones de toneladas en 2024, para alcanzar los 160 millones en 2035.

 En 2021, Rusia modificó sus reclamos de plataforma continental para incluir también Gakkel Ridge. Estados Unidos también ha cambiado su normativa para el paso de barcos mercantes.

A finales de 2022, los países del BRICS y de la OCS manifestaron su interés en seguir cooperando con Rusia en la región del Ártico.

En su lucha por el dominio del Polo Norte, Rusia construyó en los últimos tiempos una imponente flota de rompehielos, barcos y submarinos con capacidad nuclear.

En enero de 2023, una empresa minera sueca informó que había descubierto un gran yacimiento de minerales de tierras raras en su región ártica. Al descubrimiento se le ha conferido un importante estatus geopolítico porque ayudará a reducir la dependencia de los suministros de elementos de tierras raras de China, que representan actualmente el 60% de las importaciones de tierras raras de Occidente.

Para el Kremlin, un enfrentamiento con las potencias occidentales ávidas de riquezas parece, pues, inevitable. 

¿Y China?

Durante las dos últimas décadas, los chinos han llevado a cabo una amplia investigación científica en el Océano Ártico y los mares adyacentes.

La República Popular China trata de incrementar su influencia en el Ártico a través de un amplio elenco de actividades económicas, diplomáticas, científicas y militares. China hizo hincapié en su intención de desempeñar un papel activo en la configuración de la gobernanza regional. China ha duplicado su inversión en la zona, centrándose en la explotación de minerales clave, señala un informe publicado recientemente por el exvicepresidente norteamericano Mike Pence,

Insinúa el lugarteniente de Donald Trump que comportamiento agresivo de China a nivel mundial podría desembocar en un despliegue de submarinos dotados con misiles balísticos bajo el hielo del Ártico, con fácil acceso a blancos situados en Europa y América del Norte. La fuente empleada por Pence es… la Estrategia Ártica de la Marina de los EE. UU. de 2021.

Pues bien, señores geo estrategas y colegas analistas políticos, parece que el guion del próximo enfrentamiento, de uno de los próximos enfrentamientos entre bloques, está servido. 

Toca elucubrar; perdón, trabajar.

martes, 28 de marzo de 2023

Embajador en el Ártico (I)

 

Queremos que el Ártico sea una región pacífica, estable y próspera; es una zona que tiene una importancia estratégica vital para los Estados Unidos, manifestó recientemente el jefe de la diplomacia norteamericana, Antony Blinken, al anunciar la creación del cargo de embajador general para la región ártica, que sustituye al actual coordinador del Ártico del Departamento de Estado.

Oficialmente, la misión de este nuevo plenipotenciario consistirá en tratar asuntos relacionados con el medio ambiente y el desarrollo regional, haciendo especial hincapié en los intereses económicos y de seguridad nacional derivados de los efectos del calentamiento global en el Polo Norte.  

Conviene señalar que la Unión Europea se adelantó a la iniciativa de Washington, anunciando el nombramiento de su representante para asuntos árticos y la apertura de una oficina de cooperación de la Comisión Europea en Groenlandia, dirigida por un… embajador.

La competencia se libra también a nivel discursivo-ideológico. El recién estrenado término euroártico, empleado por los funcionarios de Bruselas, define los intereses de la UE en la región: llevar a cabo una política independiente más activa, aprovechando el entorno para fortalecer los lazos con los países del Atlántico Norte, desde Noruega y las Islas Feroe hasta Islandia y Groenlandia, sin olvidar, claro está a los aliados estratégicos clave, Estados Unidos y Canadá.

Los informes escritos en la (casi) ininteligible jerga comunitaria indican que la estrategia de Bruselas debe centrarse en cuestiones de seguridad en las que la UE puede desempeñar un papel importante, como la importación de minerales y materias primas, el uso de los sistemas de satélites civiles y militares, la conversión de la Unión en un actor geopolítico dispuesto a explotar activamente sus interdependencias económicas, es decir, el aprovechamiento de los múltiples recursos minerales de la región.

 

Parecen olvidar los autores del informe comunitario que el Ártico es, en realidad, un escenario de confrontación entre Rusia y Estados Unidos. Para Washington, la Federación Rusa representa una verdadera amenaza militar, teniendo en cuenta los vientos belicistas que soplan en el Viejo Continente. Y, reconozcámoslo:  Rusia, que cuenta con grandes reservas de petróleo y gas natural en el Ártico, lleva años reforzando su presencia militar con armamento de toda índole: submarinos, cohetes, tanques y aviones.  

Los analistas occidentales temen que Estados Unidos y Europa no puedan controlar los ansiados recursos energéticos y establecer un equilibrio estratégico en la región mientras Rusia siga colocando más personal civil y militar en el Ártico, haciendo que peligre – siempre según Occidente - el desarrollo económico y la seguridad de las demás naciones cuyos territorios soberanos se encuentran dentro del Círculo Polar: Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia.

En un sonado artículo titulado La batalla por el Ártico continúa y Estados Unidos ya están atrasados, el omnipresente secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, aseguró que tenía información fidedigna e inquietante sobre el aumento del contingente militar ruso en la zona.  

Afirma Stoltenberg que la defensa aérea de Rusia en la región está cubierta por los misiles S-400 y Pantsir. La brigada de fusileros motorizados 80 utiliza versiones especiales de vehículos todo terreno Vityaz capaces de operar en condiciones extremas, así como tanques T-80BVM.

La principal amenaza para Rusia es, sin duda, la flota de sofisticados submarinos de última generación de la Alianza Atlántica.

La estrategia militar del Ártico, lanzada en octubre de 2022 por el Pentágono, es mucho más agresiva e inequívoca que el discurso conciliador del Departamento de Estado, ya que proclama el deseo de posicionar a Norteamérica como primus inter pares en la competencia con el Kremlin.

 

El plan estratégico de los militares se basa en los siguientes componentes: 

 

1º – Seguridad

2ª - Cambio climático y protección ambiental

3º - Desarrollo económico sostenible

4º - Cooperación y Gobernanza Internacionales

 

En enero de 2021, el plan Restaurar el dominio en el Ártico elaborado por el Departamento de Defensa era mucho más explícito:

 

1º - Crear un cuartel general con brigadas de combate especialmente entrenadas y equipadas;

2º - Aumentar la preparación material de las unidades capaces de actuar en el Ártico;

3º - Mejorar la formación individual y colectiva en condiciones de montaña y alta montaña;

4º - Mejorar la calidad de vida de los militares, civiles y familiares que viven y trabajan en la región del Ártico.

 

Por ende, el Concepto Estratégico de la OTAN adoptado en la cumbre de Madrid de 2022 establece que la libertad de navegación a través del Atlántico Norte es un desafío estratégico para la Alianza.

 

Recapitulemos: submarinos atómicos, rompehielos, comandos especiales, artillería, tanques, misiles con ojivas nucleares.

 

Ahora bien: parafraseando al dramaturgo francés Jean Giraudoux podríamos decir que La guerra del Ártico no tendrá lugar. Mas escuchando las enigmáticas palabras de Antony Blinken, nos veríamos obligados a añadir: Al menos, de momento.

Sería licito preguntarse, pues: ¿Para qué sirven los embajadores en el Ártico?


viernes, 2 de diciembre de 2022

Turquía: la "guerra hibrida" de la Casa Blanca

 

La alarma saltó el 14 de noviembre, escasas horas después del atentado perpetrado en la céntrica calle Istiklal de Estambul por una mujer kurda procedente de Siria. La acción terrorista dejó seis muertos y más de ochenta heridos. Nada nuevo bajo el sol, aseveraron los analistas políticos de la antigua capital otomana. Turquía se había acostumbrado a los ciclos de violencia provocados por el constante enfrentamiento con los grupúsculos paramilitares kurdos, tachados de marxistas a sueldo de Moscú o de Alemania del Este en los años 70 y 80 del siglo pasado. Después de la desintegración de la URSS y la caída del Muro de Berlín, los kurdos se quedaron sin padrinos, aunque no sin armas.

El ministro turco del Interior, Suleyman Soylu, sorprendió a los diplomáticos extranjeros al rechazar, abierta y públicamente, las condolencias de la Embajada estadounidense. Sabemos dónde se coordinó el ataque. Hemos recibido el mensaje que nos han enviado. No aceptamos las condolencias de la Embajada, manifestó el titular de Interior, quien había criticado la postura de Estados Unidos frente al acto terrorista, pero sin revelar el verdadero motivo del descontento de Ankara.

¿Cuál era el contenido oculto del mensaje al que se refería Soylu? Pese a los múltiples y constantes roces con Washington, Turquía había adoptado una postura pro occidental en el conflicto de Ucrania. Al envío de los drones Bayraktar TB2, suministrados al ejército de Kiev, se suma la presencia – aún no confirmada – de misiles de medio alcance fabricados por la industria armamentística turca. Aparentemente, este escabroso detalle no entorpece las bunas relaciones con Moscú. Turquía es un buen cliente de Rusia. A las importaciones que van viento en popa, se suma otro atractivo: desde la introducción de las sanciones occidentales, los aeropuertos de Anatolia se han convertido en la única puerta de salida para los viajeros rusos.

Comercio, turismo, cooperación en materia de defensa, suministro de tecnología nuclear… Decididamente, el laxismo de las autoridades de Ankara no es del agrado de Washington. Después de todo, Turquía es uno de los miembros fundadores de la OTAN; uno de los baluartes de la Alianza Atlántica, que coquetea descaradamente con Rusia y con Irán, acérrimos enemigos de Occidente. ¡Incomprensible! ¡Intolerable!

¿Incomprensible? Olvidan los detractores de Erdogan que, en el verano de 2016, cuando se gestó la intentona golpista contra el presidente turco, los servicios de inteligencia occidentales permanecieron mudos. Curiosamente, los únicos que le advirtieron al sultán - presidente sobre el peligro inminente fueron los agentes de la KGB destinados en Ankara. Obviamente, el sultán puede ser cruel, aunque también… agradecido. La gratitud al Kremlin produjo un hondo malestar en la Casa Blanca. El entonces presidente Obama y su mano derecha, Joe Biden, trataron de recomponer los platos rotos. ¿La culpa? La culpa no es de nadie; es de todos. Así lo comprendió, en su momento, Recep Tayyip Erdogan.

Los Estados Unidos están llevando a cabo una guerra hibrida contra Turquía e Irán, afirmaba la pasada semana la prensa moscovita proclive al Kremlin, que no debería llegar a manos del lector occidental. ¿Los motivos?

Muy sencillo: algunos rotativos rusos aseguran que Estados Unidos participaron en la orquestación del reciente ataque terrorista de Estambul e incitaron a los servicios secretos de Kiev a sabotear, por segunda vez en menos un año, el gasoducto TurkStream, que suministra gas natural ruso no sólo a Turquía, sino también a Europa del Este y región balcánica. El intento de sabotaje se produjo poco después de la propuesta de Vladímir Putin de convertir a Turquía en centro para la distribución del gas ruso a Europa.

¿Se trata de castigar a Erdogan por su empeño en buscar un equilibrio entre sus compromisos con la OTAN y el deseo de cooperar con los BRIC y con la Organización de Cooperación de Shanghái, de su voluntad de llevar a cabo una política asiática independiente?

El periodista y politólogo turco Onur Sinan Guzaltan, autor de varios libros sobre la geopolítica del Mediterráneo y el Mundo Árabe, estima que Estados Unidos no tiene interés alguno de contar con países fuertes en la región, recordando que Washington intervino en Yugoslavia, Irak, Siria e Irán. Según él, Norteamérica dividió Irak y tratará de emular el ejemplo en Siria y de desestabilizar a Irán.

¿Y Turquía? Turquía trata de hacer frente a la ofensiva de Washington, lo que explica sus dificultosas relaciones con la Casa Blanca. Pero de ahí hasta vaticinar una aparatosa salida de Ankara de la OTAN hay un abismo. O… tal vez no.


domingo, 18 de septiembre de 2022

Historias de Samarcanda


No, las calles de Samarcanda no están desiertas. Es cierto que la fastuosa capital del imperio de Gengis Kan – el Gran Mongol - ha perdido el esplendor de antaño. Aun así, la lúgubre imagen ofrecida por las cadenas de televisión estadounidenses enviadas a la milenaria ciudad uzbeca para cubrir la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), no corresponde a la realidad.

Tampoco reflejan la realidad los algo precipitados comentarios del Secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, que apuntaban hacia un aislamiento político de Rusia tras los encuentros de Vladimir Putin con su homólogo chino, Xi Jinping, o con el primer ministro hindú, Narendra Modi, ambos partidarios de hallar una solución rápida al conflicto de Ucrania.

Xi expresó sus dudas sobre la oportunidad de la contienda. Sin embargo, acabó apoyando la postura de su gran y querido amigo Putin tras oír las alegaciones del dueño del Kremlin. Por su parte, Modi reiteró su rechazo al conflicto entre países eslavos con una sibilina frase: ahora no es momento para la guerra. Dos posturas criticas o tal vez titubeantes interpretadas por Blinken como muestras del aislamiento de Putin.

La siempre activa maquinaria de propaganda anglosajona no dudó en convertir la OSC – alternativa al orden mundial capitaneado por los Estados Unidos (según sus promotores), en alianza concebida para desafiar a los Estado Unidos (versión atlantista).

Pero la OSC, foro creado en Pekín en el verano de 2001, no es la OTAN asiática, como pretenden algunos, sino una alianza controlada por las dos superpotencias – China y Rusia – a la pertenecen actualmente las antiguas repúblicas soviéticas del Cáucaso: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán.

La presencia en Samarcanda de representantes de las potencias regionales – Irán y Turquía – irrita sobremanera al establishment norteamericano. Con razón; la república islámica de Irán se sumará a la agrupación a partir de 2023. Otros países barajan esta alternativa: Turquía y Bielorrusia, que podrían solicitar su ingreso en la Organización en la próxima reunión ministerial.

Durante el encuentro de los jefes de Estado de la OSC celebrado esta semana, Paquistán trató de negociar la compra masiva de gas natural ruso. Dicho y hecho: el gasoducto ruso-paquistaní transitaría por territorio chino.

Horas antes del inicio de la cumbre de Samarcanda, el presidente Biden llamó a su homólogo chino, Xi Jinping, para recordarle cuales serían los parámetros de una colaboración correcta entre Pekín y Moscú, aceptable para los Estados Unidos. No es la primera vez que el inquilino de la Casa Blanca trata de aleccionar al líder chino. La respuesta de Xi se ha limitado siempre a un educado y muy significativo silencio.   

Si para Vladímir Putin la cumbre de Samarcanda sirvió para superar los intentos de acorralamiento deseados por Washington, el líder chino pretendía aprovechar su estancia en Uzbekistán para impulsar los proyectos bilaterales o multilaterales de cooperación económica, tecnológica y militar elaborados en los últimos meses.

Rusia y China se habían comprometido en centrar sus relaciones bilaterales en los suministros de gas natural y petróleo, la ampliación de los intercambios comerciales o la adquisición de tecnología puntera china destinada a la obsoleta estructura industrial rusa. Para evitar las sanciones de Occidente, las empresas chinas – sobre todo, las multinacionales - han trasladado algunos de sus centros de investigación o producción a Rusia. La decisión molestó a Washington, aunque los estadounidenses suelen emplear los mismos procedimientos en las relaciones con terceros países.

Pero hay más: la semana pasada, el Ejército Popular Chino estuvo presente en las maniobras militares organizadas por Moscú en la región asiática de la Federación Rusa, en la que participaron alrededor de 50.000 efectivos procedentes de Rusia, India y otros países de Asia, aliados de Moscú. Otro quebradero de cabeza para los expertos del Departamento de Estado y el Pentágono. Con todos los esfuerzos desplegados para justificar la política de sanciones económicas destinada a aislar a Vladímir Putin…

De hecho, es preciso señalar que la política de Washington en el caso de Ucrania no cuenta con el apoyo de ¡un 87 por ciento de la población mundial! Es lo que se desprende de un artículo de opinión publicado en el último número del semanario Newsweek. Sus autores, David H. Rundell y Michael Gfoeller, altos cargos del Departamento de Estado y el Comando Central de las Fuerzas Armadas, advierten que el estallido de la Segunda Guerra Fría hizo que países que alguna vez fueron socios de los Estados Unidos o países no alineados se vuelvan cada vez más multi-alineados. De ahí el nerviosismo de Joe Biden y su afán por seducir a la clase política mundial.

Obviamente, la perspectiva de la creación de un nuevo bloque de países capitaneado por China y Rusia, que rechaza en globalismo y pretende promocionarse como una alternativa al orden mundial dominado por Occidente, preocupa a los poderes fácticos que rigen los destinos del Planeta. Si bien el espectro de la ansiada ruina de Rusia e, implícitamente, de un aparatoso fracaso del proyecto de unidad europea parecen desvanecerse, subiste el interrogante: ¿y en enfrentamiento con China? ¿Para cuándo la colisión?  

No, Samarcanda no e una ciudad fantasma.


jueves, 4 de agosto de 2022

Olaf Scholtz y la turbina perdida


Scholtz y la turbina perdida… ¿Es este el tema de actualidad, el verdadero tema del día para un comentarista de política internacional? No sé por qué, me parece haber oído comentarios reprobatorios, algo bastante corriente en nuestra profesión. Me llegan ecos:

¿Por qué no hablas del cálido recibimiento del príncipe heredero de Arabia Saudita, el ex paria acusado por Occidente de haber ordenado el asesinato a sangre fría de un compañero tuyo, Jamal Khashoggi, en el Eliseo? ¿También Macron contribuye al blanqueo de imagen del príncipe, sumando su voz a quienes vaticinan una crisis apocalíptica petrolífera? ¿De verdad necesitamos el parche saudí?

¿Por qué no hablas de la crisis provocada por la dimisión de Boris Johnson, de su política errante? ¿O de la caída de Mario Draghi, debida supuestamente a la injerencia del servicio secreto ruso? ¿O del enfrentamiento entre Serbia y Kosovo, un conflicto en ciernes en el corazón de Europa? ¿O del resurgir de la eterna guerra de Nagorni Karabaj, donde turcos e iraníes mueven ficha a través de armenios y azeríes interpuestos? ¿Y Taiwán?  ¿Qué opinas de Taiwán?

No, queridos compañeros; hoy me quedo con las turbinas de Scholtz, con el acuciante problema del suministro de combustible ruso destinado a los países de Europa occidental. Aparentemente, el porvenir oscuro del pueblo alemán se resume – según la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen – a la necesidad de compensar el frío de la hibrida calefacción invernal con un buen jersey de lana y… ¡una manta! Igual que durante la ofensiva de invierno de la Wehrmacht en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos combatientes murieron congelados. Pero ellos dieron la vida por el Reich y el Führer, no por las restricciones impuestas por algún eurócrata.   

Hoy me quedo con las turbinas de Scholtz, un episodio ilustrativo del desconcierto generalizado que se está apoderando de nuestros países. De Occidente, de la OTAN (expresión empleada últimamente para destacar nuestra voluntad de seguir unidos).

La historia de las turbinas me recuerda las operetas vienesas de comienzos del siglo pasado, donde los dramas y los conflictos se esfumaban en los últimos minutos, dando paso a cantos de jubilo de los protagonistas. Aparentemente, el libreto de nuestra opereta bruselense resulta más sobrio, por no decir, triste. Pero prefiero no ahondar en el tema: hoy no toca comentar el conflicto de Ucrania. 

Lo cierto es que la turbina necesaria/indispensable para el suministro de gas ruso a Alemania, que hizo mutis en unos talleres de Canadá, volvió a aparecer en las instalaciones de Siemens de Alemania. Está en perfectas condiciones; puede funcionar y facilitar la reanudación de los suministros. Pero… aún queda un detalle; la turbina tiene que enviarse a Rusia. Algo imposible, según las autoridades germanas; las restricciones impuestas a Rusia lo impiden.

Las sanciones económicas no se aplican a la turbina, afirma rotundamente la dirección de Siemens. Y el sainete continúa, igual que la perspectiva de que los alemanes tengan que agenciarse una buena manta para el próximo invierno.

Mas no es éste el único episodio tragicómico de la actualidad alemana. Hace apenas unos días, los vecinos del canciller Scholtz encontraron en la calle varios documentos confidenciales del Gobierno alemán, así como informes secretos sobre la celebración de la cumbre del G 7, provenientes de la basura de los Scholtz. 

Algunos de los documentos estaban marcados como Confidencial. Tal clasificación implica que los documentos en cuestión tienen un grado máximo de seguridad y no deben salir de los edificios gubernamentales.

Una nota informativa del Ministerio de Asuntos Exteriores ofrece detalles sobre la cumbre del G7 y, especialmente, sobre las cónyuges de los líderes del G7. Se señaló, por ejemplo, que la esposa de Boris Johnson, Carrie Johnson, estudió el arte y la historia del activismo ambiental. El comentario sobre Maria Serenella Cappello, la esposa del primer ministro italiano Mario Draghi, indica que es licenciada en literatura inglesa y que prefiere evitar el público. Sobre la esposa del primer ministro japonés se mencionó que es secretaria en la empresa Mazda; la primera dama de Estados Unidos, Jill Biden, y la esposa de Emmanuel Macron, Brigitte, figuran como maestras.

Señala la prensa alemana que la Administración debería haber abierto un expediente disciplinario por tal falta, tanto más reprobable cuanto que tanto el canciller como su esposa tienen una dilatada experiencia en la política y la función pública.

Pero el incidente tiene, al igual que el sainete de las turbinas, un final burlesco. Resulta que los responsables de la revelación de secretos oficiales son ¡los zorros! que hurgaron en la basura de la familia Sholtz. Por su culpa, decenas de páginas salieron volando de los contenedores, causando la sorpresa y el estupor de los vecinos.

Conociendo la mentalidad alemana, no dudo de que alguien tocó el timbre de los Scholtz, informándole, con la mayor buena voluntad:

Herr Bundeskanzler, se le han traspapelado unos documentos. Un buen alemán sigue siendo un buen alemán, a pesar de las fechorías de los zorros, que se deben, sin duda alguna, al…cambio climático.

 

domingo, 1 de noviembre de 2020

Y Macron mandó la flota

 

Es extraño, pero llevo varios días, tal vez semanas, preguntándome si vivimos en la Edad Media o si han vuelto a mi mente – voluntaria o involuntariamente - las viejas películas de corsarios y piratas, de batallas navales entre reinos e imperios, de soberbios monarcas de la Vieja Europa y megalómanos sultanes otomanos. Películas, eso sí, en blanco y negro, relatando la interminable pugna entre la Liga Santa y la Sublime Puerta, con un trasfondo de religión y de incitación a la cruzada, a la yihad o cualquier dislate digno de la mentalidad de los hombres o superhombres de los siglos XV o XVI. En resumidas cuentas, de un enfrentamiento irracional, como todos los incidentes o accidentes que ahormaron nuestra historia.

Los verdaderos protagonistas de esa ensoñación, tal vez debería decir, pesadilla, son dos personajes modernos: el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, y su homólogo turco, Tayyip Recep Erdogan.  Macron interpreta el papel del reverenciado Rey Sol, mientras Erdogan asume el rol del no menos admirado sultán Mehmed II. La trama podría ser el cerco de Constantinopla o bien la batalla de Lepanto, según se mire. Pero en este caso concreto, los dos rivales pugnan por… el control de los recursos energéticos del Mediterráneo.

Volvamos, pues, al siglo XXI. Durante meses, los despachos de agencias se hicieron eco de la disputa entre Atenas, Nicosia y Ankara por los aún no explotados yacimientos de gas natural detectados en las inmediaciones de las costas de Chipre. Unas reservas que tanto los griegos como los chipriotas consideran suyas. Pero la distancia entre la plataforma continental helena y las costas de Chipre es de… 1.100 kilómetros, mientras que Turquía se halla a unos escasos 64 kilómetros de la Isla de Afrodita (Chipre). Las autoridades de Ankara reclaman el derecho de explotar los recursos del mar patrimonial, la zona económica exclusiva situada en las inmediaciones de sus aguas territoriales. El Gobierno grecochipriota de Nicosia se opone, mientras que Atenas, además de protestar, envía sus fragatas a la zona. Ankara decide emular el ejemplo del archienemigo griego; las flotas de los dos países miembros de la Alianza Atlántica están en posición de combate cuando interviene el árbitro: la multinacional TOTAL, compañía de hidrocarburos francesa encargada de la prospección ce los yacimientos. De repente, el conflicto se internacionaliza. París manda una agrupación de aviones de combate Rafale a Chipre, infringiendo las normas del acuerdo de desmilitarización de la isla rubricado en vísperas de la declaración de independencia de la antigua posesión británica. Por otra parte, París decide aumentar su presencia naval en la región y aprovecha la oportunidad para renovar ¡cómo no! los acuerdos de suministros de armas a Grecia.

Turquía no tarda en acusar a los franceses de “matonismo”, invitando a los “valientes” galos a volver a su casa. El tono sube: el sultán Erdogan toma el relevo a sus visires encargados de defensa y asuntos exteriores. Por su parte, el rey Macron decide tomar cartas en el asunto. Alemania, la OTAN y la Casa Blanca se disputan el papel de salvavidas. El incendio está a punto de extinguirse, cuando entra en escena una publicación humorística parisina: Charlie Hebdo.

El semanario francés, conocido por su tono irreverente es, qué duda cabe, partidario de la acracia. Su primera incursión controvertida en el mundo de la política internacional se remonta al año 2011, cuando cambió su nombre en Charía Hebdo (ley coránica). Al año siguiente, publicó caricaturas en las que el Profeta aparecía… desnudo. El Gobierno francés tuvo que cerrar sus embajadas en los países musulmanes, por miedo a represalias. Pero la riposta de los radicales llegó en enero de 2015; en el atentado contra la redacción murieron 12 personas. Los franceses y los europeos condenaron el ataque. Desde entonces, subsiste el interrogante: ¿ajuste de cuentas de los radicales islámicos u ofensiva contra la libertad de prensa?  

En el último acto de este hilarante vodevil de reyes, sultanes e hidrocarburos, Charlie Hebdo se colocó del lado del rey Sol Macron, poniendo en jaque al sultán Erdogan, que aparece retratado en una postura completamente indecorosa, suscitando nuevamente la indignación y la ira del mundo musulmán. Emmanuel Macron trató de desvincularse de la actuación del semanario. Sin embargo, pocos musulmanes parecen dispuestos a aceptar sus explicaciones. A lo que algunos llaman una “bofetada al Islam” se contesta con campañas de boicot de las exportaciones francesas destinadas al mundo árabe.  

Pero sinceramente hablando: Charlie Hebdo no es responsable del envió de cazas franceses a la Isla de Afrodita. Ni tampoco… ¿la TOTAL?


sábado, 26 de octubre de 2019

Siria: los aliados de Putin - Irán (I)


Tras la retirada parcial de las tropas estadounidense estacionadas en Siria - si bien los asesores militares abandonaron sus bases, Washington pretende mantener un reducido contingente encargado de proteger los yacimientos petrolíferos de la zona, controlados por Norteamérica desde hace ya algún tiempo – Rusia se ha convertido en la principal potencia protectora del régimen de Damasco. De hecho, el Kremlin no tardó en exigir al actual inquilino de la Casa Blanca la rápida evacuación de los guardianes del oro negro sirio, sabiendo positivamente que la solicitud tropezará con el contundente rechazo por parte de la Administración Trump.

Los estrategas rusos, ganadores de esta compleja partida de ajedrez que tiene por escenario el territorio de un país otrora independiente, cuentan en este inacabable conflicto con numerosos aliados y vasallos. Aliados circunstanciales y vasallos permanentes: la guerra les une, las ideologías les separa. Es este el caso de los dos principales protagonistas de la mal llamada guerra civil: Irán y Turquía.
   
Desde el estallido de la guerra, en marzo de 2011, Irán y Turquía han estado en bandos opuestos; Teherán y Moscú desempeñando un papel fundamental en la supervivencia del régimen de al Assad y Ankara instando a su derrocamiento y apoyando la  rebelión.

Si bien la decisión de Erdogan de invadir el territorio kurdo en Siria llevó al presidente iraní, Hasán Rouhani, a condenar la ofensiva militar, considerando que ésta aumentaría la inestabilidad regional, los máximos exponentes del estamento militar de Teherán estiman que el operativo bélico de Ankara podría redundar – a medio o largo plazo – en potenciales beneficios para los intereses de su país.

Irán nos ha suministrado armamento y equipos desde el comienzo de la guerra, recordaba Bashar al Assad en una reciente entrevista televisiva, aludiendo a la ayuda militar, financiera y política recibida de la república islámica.

Los estrategas iraníes no disimulan su interés en expandir el radio de acción de su controvertida política internacional. En ese contexto, la invasión turca les plantea serias dudas. Pero Teherán no quiere arriesgar su relación con Ankara, que le permite eludir las sanciones económicas estadounidenses y le brinda la oportunidad de seguir suministrando su gas natural a los países europeos. La mejor opción consiste, pues, en…emular el ejemplo de Turquía.
 
Paralelamente al operativo turco, Irán lanzó una ofensiva de gran envergadura en las inmediaciones de la frontera con el país otomano. A la infantería y los carros acorazados se sumaron unidades especializadas en la lucha antiterrorista acantonadas en Siria, donde Irán tiene alrededor de 70.000 combatientes.

Nuestra Fuerza Basij cuenta con 42 brigadas y 138 batallones, confesaba el general Hossein Hamedani, comandante del cuerpo expedicionario iraní, al que se sumaron miles de voluntarios afganos y paquistaníes.

Los objetivos de la actual ofensiva iraní: dejar constancia de su preparación ante los turcos y acallar las protestas de la minoría kurda de Azerbaiyán, que condena la pasividad de los muyahidín ante una posible campaña de limpieza étnica llevada a cabo por las tropas de Erdogan. 
   
Por último, aunque tal vez lo más importante: el despliegue en la zona de las milicias sunitas apoyadas por Turquía, que podrían limitar la maniobrabilidad de los iraníes. Junto al ejército turco combaten algunos grupos salafistas-yihadistas, como Hay’at Tahrir ash-Sham, Jaish al-Islam o Suqour al-Sham. Estas milicias, derivadas del tronco de al-Qaeda, perciben al Islam chiita como una herejía que conviene combatir.

También hay otro factor que explica, aunque no justifica, la presencia iraní: se trata de la dimensión étnico-nacional. Las aspiraciones nacionales de la minoría kurda plantean un gran desafío a los cuatro países de la región que cuentan con población kurda: Irán, Irak, Turquía y Siria. El precedente del territorio autónomo kurdo en Siria resulta inaceptable para el establishment iraní, que aún recuerda el levantamiento que llevó a la creación, en enero de 1946, de la República de Mahabad.

A pesar de los intentos de Teherán de apaciguar a su minoría kurda, estimada en unos ocho millones de personas, se registraron numerosas protestas anti turcas en todo el país.  Las manifestaciones llevaban un mensaje de unidad con los kurdos de Siria: Rojava, estamos contigo. (Rojava es el nombre del Kurdistán sirio). Los ayatolás temen que el proyecto de un Gran Kurdistán y los sentimientos de afinidad nacional entre kurdos podría dar lugar a disturbios étnicos, que se sumarían a la oleada de protestas de sus compatriotas iraníes que llevan ya algún tiempo desafiando a los ayatolas con el slogan: Marcharos de Siria; pensad en nosotros.

Como lo señalábamos anteriormente, la ofensiva turca podría promover los intereses de los gobernantes de Teherán. Con las unidades turcas en el noreste de Siria, una presencia iraní en la zona podría considerarse legítima. A pesar de la coordinación táctica entre Irán, Rusia y Turquía, el deseo de Ankara de expandir su "zona de seguridad"podría ayudar a Irán a alcanzar el ansiado corredor terrestre que ha estado tratando de establecer durante años desde la frontera noroeste de Irán, pasando por Irak y el territorio sirio, hasta el Mediterráneo.

El régimen iraní confía en que la comunidad internacional centre su interés en la agresión turca o la lucha contra el Estado Islámico para poder expandir su control sobre la región, con el objetivo de alcanzar la frontera de su archienemigo: ¡Israel!

martes, 25 de julio de 2017

El "ejemplo polaco"


Hace apenas unas semanas, el Presidente Trump nos deleitó con su retórica al ensalzar el apego del pueblo polaco por los “valores europeos”: tradición, religiosidad y, ante todo, animadversión frente a Rusia. Trump no dudó en poner a Polonia como “ejemplo” de la incondicional e indispensable defensa del legado del Viejo Continente. Un extraño paradigma que, de paso sea dicho, no comparten ni avalan los socios comunitarios de Varsovia.

Sin embargo, conviene señalar la presencia en la tribuna de honor de oficiales de los ejércitos Rumanía y de los Estados bálticos, así como de altos cargos de la Alianza Atlántica destacados en la región. ¿Pura casualidad? No, en absoluto. La visita del actual inquilino de la Casa Blanca a este país del Este europeo tenía una finalidad muy concreta: la puesta en marcha de la “Iniciativa de los Tres Mares”, un macro proyecto de independencia energética auspiciado por los Estados Unidos. Sus beneficiarios: Polonia, Hungría, la República Checa, Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Lituania, Estonia, Letonia, Croacia, Eslovenia y Austria. Es decir, todos los Estados que podrían o, mejor dicho, deberían prescindir de las exportaciones de gas natural ruso, que inciden en las relaciones entre Moscú y Occidente. 

No se trata de un plan nuevo; la Iniciativa fue ideada durante la presidencia de Barack Obama, cuando Washington se comprometió a acabar con la dependencia energética de Europa occidental. Pero, ¿cómo? Las importaciones de gas natural norteamericano resultan demasiado onerosas. Jugar la carta de los países del Golfo Pérsico parecía hasta cierto punto arriesgado, cuando no disparatado. ¿Otras alternativas? ¡Cómo no! La respuesta se hallaba muy cerca de los confines de la Madre Rusia. Washington apostaba por… el gas natural noruego. Todo, con tal de desplazar al Kremlin. Y todo, con tal de reabrir la brecha entre “viejos” y “nuevos” miembros de la Unión Europea.

No se trata, recordémoslo, de una meta de la Administración Trump. La estratagema fue empleada en 2003 por el entonces Presidente Bush, para justificar el apoyo de los nuevos aliados de la OTAN durante la intervención en Irak.

Conviene señalar que, al igual que en aquella época, muchos políticos de Europa oriental no dudan en sucumbir a los cantos de sirena de Washington. Tampoco hay que extrañarse: las misiones diplomáticas estadounidenses en el Este europeo se han convertido en cajas de resonancia de la política de Washington, velando también por la “moralidad” política, la eficacia económica y los niveles de transparencia de las autoridades de los nuevos Estados miembros de la UE.

“Si hay que escoger entre la UE y la OTAN, digamos tres veces “sí” a la OTAN”, afirmaba recientemente un asesor político del Presidente de Rumanía. Tres veces OTAN, tres veces la Iniciativa de los Tres Mares, tres veces… Obviamente, la Casa Blanca recurre, una vez más, a la táctica del “divide y reinarás”. Esta vez, el objetivo no es la Rusia de Putin, sino la propia Unión Europea. Con Trump, el antieuropeísmo ha adquirido carta la naturaleza en la capital del Imperio.

“Polonia es el corazón de Europa”, afirmaba el Presidente norteamericano en Varsovia. Pero se vio obligado a añadir: “desde el punto de vista geográfico”. 

Desde el punto d vista meramente ideológico, a los europeos les preocupa la deriva totalitaria de las autoridades polacas.  El país está lejos de aceptar las reglas de juego de la UE, de respetar el concepto de Estado de Derecho. La reciente ley sobre la reforma del Tribunal Constitucional, la mordaza a los medios de comunicación estatales, que permite nombrar periodistas “a dedo”, la normativa sobre el embarazo y el aborto, la negativa a admitir refugiados “no cristianos”, irritan sobremanera a la Comisión Europea, que amenazó con retirar a Varsovia en derecho de voto y de limitar e incluso suspender la concesión de fondos europeos.

¿El “ejemplo polaco”? Hoy por hoy, los únicos dispuestos a seguir por esta senda son los ultraconservadores húngaros, más propensos a aliarse con Moscú que aceptar la disciplina comunitaria.

En resumidas cuentas, la brecha entre las dos Europas corre el riesgo de ensancharse.



   

jueves, 11 de agosto de 2016

Putin y Erdogan sellan las paces: ¿una nueva alianza estratégica?


Se rumorea que una advertencia de última hora de los servicios de inteligencia rusos salvó la vida del Presidente Erdogan durante la intentona golpista del 15 al 16 de julio. La noticia no ha sido confirmada por las autoridades de Ankara. El propio Erdogan – sultán de un país moderno recientemente islamizado – se limitó a confesar que la información acerca de golpe se la había facilitado… ¡su cuñado! Algo así como el no menos irracional “me he enterado por la prensa” que puso de moda un afamado Presidente de Gobierno español.

Pero en Oriente todo es posible. Lo irreal se convierte en concreto; lo metafórico, en material. Un ejemplo: el 24 de noviembre del pasado año, un avión del Ejército del Aire turco derribó un caza bombardero ruso en la frontera con Siria. El incidente desencadenó una crisis sin precedentes: Moscú decretó sanciones contra Turquía; las relaciones económicas e industriales quedaron congeladas, el turismo ruso, totalmente interrumpido. No era un asunto baladí: el país otomano recibía anualmente alrededor de dos millones de visitantes rusos. También quedaba en suspense el proyecto del gaseoducto TurkStream, que contempla el envío de 31.500 millones de metros cúbicos de gas natural a Occidente a través del territorio turco, así como la construcción de la central nuclear de Akkyu, una inversión de varios miles de millones de dólares.

Pero en Oriente todo el posible. El sultán Erdogan pidió disculpas y el zar Putin las aceptó.  Sólo faltaba un buen apretón de mano para sellar las paces, para anunciar el inicio de una “nueva etapa” en las relaciones ruso-turcas. El acercamiento pudo lograrse merced a la intervención discreta de los estadistas caucásicos: el presidente de Kazajistán, Nursultan Nazarbaev, y su homólogo de Daguestán, Ramazan Abdulatipov. Ambos tenían contactos directos con Ankara y Moscú. El 24 de junio, el asesor de política exterior el Kremlin recibió una misiva de Ankara, en la que Recep Tayyip Erdogan no sólo lamentaba el incidente del 24 de noviembre, sino que pedía disculpas al dueño del Kremlin. La carta se publicó unos días más tarde, el 27 de junio, en las dos capitales, abriendo la vía a la reconciliación. De hecho, tras el reciente encuentro de San Petersburgo, las aguas volvieron a sus cauces. Las dos partes anunciaron la revitalización de la cooperación económica y comercial. 
  
Y como en Oriente todo es posible, hace apenas unas horas se supo que los pilotos turcos involucrados en el derribo del caza ruso fueron detenidos por la autoridad militar. Se sospecha que pertenecen a una célula “gülenista” y que el operativo estaba destinado a “desestabilizar las relaciones entre Turquía y Rusia”.  Pues sí; sólo faltaba en este rocambolesco libreto el clérigo Fetullah Gülen, cerebro oculto del golpe y responsable de todos los males que afectan actualmente a Turquía.

Fetullah Gülen, del que hablaremos en otra ocasión, reside en los Estados Unidos desde 1999. Se refugió en Pensilvania cuando la justicia turca abrió una investigación relativa a las finanzas de su imponente telaraña de empresas “Hizmet”. Desde el fracaso de la intentona golpista, alrededor de 60.000 personas – militares, policías, jueces, funcionarios públicos, catedráticos y periodistas – fueron detenidas o separadas de sus respectivos cargos bajo sospecha de pertenecer a la “maléfica” red de Gülen, organización que la prensa pro gubernamental turca acusa de emplear símbolos masónicos o satanistas, de difundir el ideario de los Illuminati y… de estar sometida al control de la CIA y del FBI. En ese contexto, no hay que extrañarse si las autoridades decidan poner en cuarentena la base aérea de Incirlik, donde supuestamente se entrenaron algunos golpistas. Sin embargo, al tratarse de la mayor instalación militar utilizada por la OTAN en la guerra contra en Estado Islámico, cabría preguntarse: ¿llegará a tachar el sultán de Ankara a  Norteamérica de… Gran Satán? Es cierto: estamos en Oriente, pero hoy por hoy ello parece poco probable.

Sin embargo, muchos analistas políticos de la zona especulan con la posible creación de un eje estratégico Moscú – Ankara – Teherán, un engendro que favorecería los designios del Kremlin, aunque también de los ayatolás iraníes y… de otros vecinos de la Madre Rusia. Lo importante es – y eso lo ha demostrado en encuentro de San Petersburgo – aprovechar la tensión reinante en las relaciones entre Turquía, Norteamérica y la Unión Europea.

No cabe duda de que la próxima crisis será protagonizada, dentro de pocas semanas, por Ankara y Bruselas.  De aquí a entonces, el sultán contará, muy probablemente, con nuevos aliados. 

viernes, 12 de diciembre de 2014

Putin y los enemigos de antaño


Dos extraños y contradictorios mensajes de fin de año nos llamaron la atención en vísperas de las fiestas navideñas. El primero procede del Kremlin; el segundo, de la capital de Alemania.
Huelga decir que para la mayoría de los europeos, los protagonistas del 2014 fueron dos amables contrincantes: Vladímir Putin y Angela Merkel. Dos estadistas que encarnan, quieran o no, la nueva guerra fría. La guerra hibrida, para los expertos en polemiología, muy propensos a inventar neologismos adaptados a conflictos de toda índole. Para los polemiólogos, la anexión de Crimea y el conflicto interno de Ucrania forman parte de las llamadas guerras hibridas. Nada que ver, claro está, con la guerra de Vietnam, el conflicto israelo-árabe o la invasión de Irak por la alianza militar liderada por Washington. Las guerras hibridas molestan, pero… no inquietan. Al menos, de momento.

Pero volvamos al tema que nos ocupa: el intercambio de mensajes entre Oriente y Occidente. Quien abrió las hostilidades (verbales) fue Vladímir Putin en su discurso pronunciado ante las Cámaras del Parlamento ruso. Su análisis sorprendió a los observadores extranjeros. En Presidente habló del papel de Rusia en el mundo, haciendo hincapié en el poderío militar de su país  que sigue siendo la primera potencia nuclear del planeta. Es inútil hablar con Rusia desde posiciones de fuerza, señaló Putin, recordando a los “interesados” el final de la aventura bélica de Adolf Hitler. El mensaje iba dirigido, sin duda alguna, a los enemigos de antaño de Rusia, que tratan de levantar un nuevo telón de acero. ¿Los destinatarios de esa advertencia? Washington, Berlín y Bruselas. Aunque el Presidente ruso se apresura en añadir que a Moscú lo le interesa el deterioro de las relaciones con Occidente, no duda en tachar el escudo antimisiles desplegado por la OTAN en las regiones fronterizas con la antigua URSS de amenaza para toda la humanidad.

Al evaluar el impacto de las sanciones impuestas por Occidente a raíz de la crisis de Crimea y de la situación bélica que reina en Ucrania, el número uno del Kremlin afirma rotundamente que la coyuntura actual representa un estímulo para el desarrollo nacional de Rusia. Reconociendo el importante perjuicio a la economía de su país tanto a nivel de las relaciones comerciales con los socios europeos como para la estabilidad del rublo, Putin insiste sobre la necesidad de apostar por tecnología nacional, conservando a la vez la calidad de los productos nacionales, así como la relación calidad precio.

También recuerda las presiones ejercidas recientemente por Bruselas sobre algunos países balcánicos (Rumanía, Bulgaria) con miras a obstaculizar la construcción del gasoducto South Stream, variante alternativa de la actual conexión energética que atraviesa el territorio de Ucrania. Tras la renuncia de Bulgaria de autorizar las obras previstas por los acuerdos bilaterales, Moscú dirigió sus miradas hacia… Ankara. En efecto, Turquía se convertirá en el suministrador de gas natural ruso en la región Mediterránea. La reciente firma del acuerdo de cooperación energética entre Moscú y Ankara provocó la ira de Washington y de sus aliados europeos. Mas no será este el primer ni el único motivo de enfado. En este contexto, conviene señalar que algunos kremlinólogos occidentales (¡cielos! ¿Esa “secta” aún no ha desaparecido?) estiman que la política llevada a cabo por Occidente frente a Moscú es a la vez contraproducente y nociva. Nuestros políticos no comprenden a Rusia, afirman los estudiosos anglosajones. Decididamente, no.

Los políticos comprenden lo que quieren y, en la mayoría de los casos, sólo lo que les interesa. Hacer caso omiso de la argumentación del enemigo de antaño forma parte de la estrategia de este partido de ajedrez. Hace años, la propaganda oficial rusa advirtió sobre el peligro del revanchismo centroeuropeo. Se trataba, obviamente, de una alusión poco velada a… Alemania, la primera potencia industrial del Viejo Continente. Los rusos no olvidan los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

Por su parte, la Canciller Merkel no tardó en censurar la postura del Kremlin que, según ella, obstaculiza la “normalización” de la relaciones de Ucrania y Georgia – candidatos al ingreso en la OTAN - así como de la República Moldova, con la UE. Moscú teme que Alemania sigue impertérrita su ofensiva hacia el Este y que el vocablo normalización es sinónimo de… anexión.  Algo que aún queda por ver. Aunque los pesimistas ya tienen su slógan: Guten Appetit, Frau Merkel! Buen provecho, señora Canciller…