lunes, 16 de febrero de 2026


 

¿El fin de la democracia?

La UE y la OTAN se transformarán en mecanismos de poder dominante

Prof. Cornel Vișoianu

12 de febrero de 2026

En el contexto geopolítico actual, marcado por crecientes tensiones y una reconfiguración de las alianzas internacionales, se puede observar una tendencia alarmante hacia el abandono de los principios democráticos dentro de las principales estructuras globales.

Estas organizaciones, concebidas originalmente como foros para la cooperación igualitaria, están evolucionando gradualmente hacia mecanismos formales de toma de decisiones dominados por actores principales, donde el derecho de veto se está convirtiendo en un vestigio del pasado, reemplazado por decisiones o directivas mayoritarias.

Basándose en un análisis previo[1] que exploraba la posibilidad de una OTAN de dos velocidades, compuesta por un núcleo duro formado por Estados Unidos y aliados seleccionados que se benefician de garantías especiales de seguridad, junto con una periferia condicionada por niveles de contribución, esta evolución refleja las realidades geopolíticas contemporáneas.

Presiones externas como la agresión rusa en Ucrania, la rivalidad estratégica con China y la volatilidad política en Estados Unidos bajo el presidente Donald Trump están empujando tanto a la UE como a la OTAN hacia una mayor centralización, sacrificando la democracia interna en favor de la eficiencia.

Este artículo examina esa tendencia analizando sus causas, manifestaciones e implicaciones, con especial atención a la desaparición de facto del veto y al surgimiento de un modelo imperial dentro de estas estructuras.

En febrero de 2026, con las sanciones contra Rusia prorrogadas hasta mediados de año y los intensos debates sobre la reforma institucional, la cuestión fundamental es si estas organizaciones pueden sobrevivir sin erosionar sus cimientos democráticos.

La base de esta transformación radica en los desafíos geopolíticos que ponen de manifiesto los límites de la toma de decisiones democrática durante las crisis. Actualmente, la Unión Europea enfrenta presiones hacia la centralización interna impulsadas por sus relaciones con China, Ucrania y Rusia.

Las relaciones con Pekín permanecen en gran medida sin cambios, pero los riesgos tecnológicos exigen una regulación más estricta, mientras que las interacciones con Moscú requieren firmeza, ilustradas por cambios procedimentales en la política de sanciones que limitan el poder de veto de países como Hungría y Eslovaquia.

Estas dinámicas ilustran una presión global hacia la eficiencia, donde la democracia, caracterizada por el consenso y el poder de veto, aparece cada vez más como un obstáculo. Dentro de la UE, el veto, considerado durante mucho tiempo un pilar de la soberanía nacional, es cada vez más disputado.

Por ejemplo, en enero de 2026, los estados miembros aprobaron una prohibición de las importaciones de gas ruso hasta finales de 2027 mediante un mecanismo de mayoría cualificada que evitó la oposición de Hungría y Eslovaquia. [2]

La decisión, impugnada en los tribunales por Budapest y Bratislava, marca un cambio de la unanimidad a la mayoría en áreas sensibles como la energía y las sanciones. Refleja una tendencia más amplia orientada a eliminar la parálisis institucional mediante el abandono gradual del poder de veto en política exterior, defensa y asuntos fiscales.

El Partido Popular Europeo ha propuesto una implementación más asertiva del Tratado de Lisboa para responder a los cambios en el equilibrio global de poder, incluida la eliminación de los derechos de veto en la política de sanciones, como demuestra el paquete de sanciones bloqueado temporalmente por Eslovaquia en 2025.

Esta evolución dentro de la UE no es aislada, sino que forma parte de un declive democrático global más amplio  dentro de las organizaciones internacionales. Informes como la evaluación internacional IDEA de 2024[3] indican que en 2023, el 47 por ciento de los países experimentó un deterioro democrático, mientras que Europa se vio afectada por la erosión institucional en países como Hungría y Polonia.

Freedom House[4] señala de manera similar una regresión continua de la democracia en Europa y Eurasia, donde líderes autoritarios debilitan las instituciones democráticas para mantenerse en el poder, transformando gradualmente organizaciones como la UE en vehículos para los intereses de las grandes potencias.

Las causas son múltiples. Entre ellas se incluyen la retirada parcial de Estados Unidos de su papel tradicional como promotora de la democracia, la influencia maligna de Rusia y crisis internas como la ola migratoria de 2015, que amplificó el nacionalismo y debilitó el entusiasmo por una mayor ampliación.

Dentro de la UE, esta tendencia se refleja en propuestas para un protocolo de "Acción Rápida" basado en la votación por mayoría calificada (QMV)[5], diseñado para acelerar la toma de decisiones durante crisis, reconociendo que el poder de veto se ha convertido en una vulnerabilidad explotable por adversarios externos.

Un grupo de 12 países apoya la ampliación del voto por mayoría calificada a las políticas relativas a Ucrania y Rusia para evitar los bloqueos húngaros. Este cambio corre el riesgo de alinear a los estados más pequeños en una estructura que se asemeja a un sistema federal dominado por el tándem franco-alemán, transformando lo que antes era una "confederación basada en el poder de veto" en un marco centralizado de toma de decisiones.

Una evolución similar puede observarse dentro de la OTAN. El concepto de una "alianza de dos velocidades", con un núcleo duro compuesto por Estados Unidos, Reino Unido, Polonia y los estados bálticos que se benefician de garantías prioritarias y una periferia condicional, ilustra un alejamiento de la igualdad democrática.

Fundada en 1949 bajo el principio de defensa colectiva bajo el Artículo 5, la alianza enfrenta ahora crecientes desigualdades en el reparto de cargas, con Estados Unidos aportando más del 70 por ciento de las capacidades totales. Para 2025, se había adoptado un objetivo de gasto en defensa del 5 por ciento del PIB, pero pocos miembros lo alcanzan, lo que amplifica la frustración estadounidense bajo el presidente Donald Trump, quien ha amenazado con aranceles e incluso con retirarse.

Las discusiones de enero de 2026, incluidas las propuestas alemanas para una estructura de defensa "UE de dos velocidades"[6], sugieren una OTAN reimaginada en la que Europa debe aumentar sus capacidades. Sin embargo, el riesgo de un mecanismo de dos niveles, con un núcleo dominante, amenaza el principio de seguridad indivisible.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha enfatizado la prioridad de aumentar los esfuerzos de defensa, pero los críticos advierten que tales desarrollos podrían producir un sistema en el que los principales contribuyentes dicten efectivamente las decisiones, transformando la alianza de una coalición igualitaria en un eje de poder entre Estados Unidos y la UE dominado por grandes estados.

El comentario sobre X refleja preocupaciones de que la OTAN corra el riesgo de subordinarse al poder estadounidense, donde las decisiones se moldean por la fuerza en lugar del consenso, señalando el fin de un orden unipolar liderado por Estados Unidos y basado en valores democráticos.

Este retroceso de la práctica democrática está impulsado por imperativos geopolíticos: la necesidad de agilidad frente a amenazas híbridas, disuasión contra Rusia y China, y adaptación a un mundo cada vez más multipolar.

Sin embargo, las implicaciones son profundas. El proceso de centralización dentro de la Unión Europea amenaza con alterar la naturaleza federal del proyecto, empujándolo hacia una lógica imperial, un modelo imperial de facto. Esta trayectoria confirma advertencias anteriores sobre vulnerabilidades sistémicas, incluidas aquellas dentro del ámbito de la seguridad nuclear.

Las disparidades internas en potencial económico y capacidad militar amplifican aún más las desigualdades, permitiendo que los estados más grandes impongan directrices políticas rígidas. Dentro de la OTAN, un modelo de dos velocidades podría diluir la disuasión colectiva, generando riesgo moral y resentimiento, lo que podría llevar a retiradas o colapso institucional que en última instancia beneficiaría a Moscú y Pekín.

A nivel global, este declive democrático, en el que las autocracias ocupan una proporción creciente del PIB global en comparación con las democracias, socava la legitimidad de las organizaciones internacionales, como señalan Freedom House y la Carnegie Endowment[7]. La influencia de Rusia y China acelera el retroceso democrático promoviendo modelos de gobernanza autoritarios en los Balcanes y Europa Central.

En conclusión, el retiro de los mecanismos democráticos dentro de la UE y la OTAN, expresado a través de la desaparición de facto del poder de veto y el auge de la toma de decisiones dominada por actores importantes, refleja una adaptación a duras realidades geopolíticas.

Partiendo de un contexto que plantea dudas sobre la disposición de la UE para una centralización más profunda y el riesgo de transformación imperial, esta evolución puede aportar eficiencia a corto plazo pero erosiona la cohesión y la legitimidad a largo plazo.

Con Estados Unidos retirándose de su papel como guardián de la democracia y el auge de las autocracias, el futuro de estas estructuras dependerá de su capacidad para equilibrar el poder con los principios.

De lo contrario, la pregunta "¿Qué se debe hacer con la UE?" y, por extensión, con la OTAN, resonará no solo externamente sino también desde dentro, amenazando la esencia misma de la alianza transatlántica.

El abandono del poder de veto y la centralización de la toma de decisiones dentro de la UE y la OTAN sacrifican la democracia interna por la eficiencia geopolítica, transformando alianzas de foros igualitarios en mecanismos dominados por actores importantes.

Esta deriva imperial socava la cohesión y la legitimidad con el tiempo, dejando el futuro del orden transatlántico cada vez más moldeado por el poder bruto y la regresión global de la democracia.

 

 

 

 


martes, 10 de febrero de 2026

Netanyahu vuelve a Washington

 

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, vuelve mañana a Washington para comentar con Donald Trump los escasos resultados de las negociaciones de los enviados de la Casa Blanca con Irán, celebradas el pasado fin de semana en Omán y, ante todo, para presentar unas exigencias ¡otras más! al equipo negociador estadounidense. Aparentemente, las consultas de Omán hacen caso omiso de los intereses inmediatos de Tel Aviv: la limitación de los misiles balísticos iraníes, capaces de alcanzar objetivos estratégicos en el territorio del Estado judío, así como el cese total y definitivo del apoyo de Teherán a los movimientos islamistas radicales de la zona: Hezbolah (Líbano) y Hamas (Palestina).

Conviene señalar que las consultas indirectas llevadas a cabo en Omán la pasada semana parecían volver al punto de partida del diálogo sobre el programa nuclear iraní. Y aunque Trump calificó los casi inexistentes resultados de muy buenos, no dudó en amenazar a Teherán con el uso de la fuerza para reactivar el debate sobre el programa nuclear iraní. La respuesta de los ayatolás fue contundente: no hablaremos del programa nuclear ni del porvenir de los misiles balísticos.  

La Casa Blanca optó por acelerar el envío a la zona del portaaviones Abraham Lincoln y de otros buques de guerra, que recibieron este fin de semana la visita del almirante Brad Cooper, jefe del Mando Central del Ejército de EE. UU. y de los emisarios de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner. Para las Cancillerías del Golfo Pérsico, esta visita podría interpretarse como un presagio para el estallido de un conflicto regional.

Las declaraciones del titular de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán, Abbas Araghchi, a la cadena de televisión quatarí Al Jazeera son un indicio: si Estados Unidos ataca Irán, nuestro país no tiene la capacidad de ripostar a EE.UU. y, por tanto, debe atacar o tomar represalias contra bases estadounidenses en la región. Más claro…

 Araghchi no se pronunció sobre la propuesta presentada por los jefes de las diplomacias de Egipto, Turquía y Catar sobre la posible congelación del programa de enriquecimiento de uranio iraní durante tres años, el envío del uranio altamente enriquecido fuera del país (probablemente, a Rusia) y el compromiso de Teherán de no usar sus misiles balísticos contra los Estados de la zona (léase, Israel).

Esos dos últimos puntos justifican la visita relámpago de Netanyahu a la Casa Blanca.  Pero en su caso, no se trata de rogar ni de pedir, sino de exigir el apoyo (siempre incondicional) del amigo americano.

 


martes, 13 de enero de 2026

Acuerdos militares Rusia - OTAN: Putin suelta las amarras

 

Rusia está dando otro paso significativo hacia el alejamiento de las estructuras de cooperación militar con los países occidentales. El gobierno ruso ha decidido rescindir varios acuerdos bilaterales de defensa concluidos con diferentes Estados europeos en los años 90 y principios de los 2000.

La decisión, formalizada mediante un decreto firmado por el primer ministro ruso, Mijaíl Mishustin, obliga al Ministerio de Defensa a poner fin a la colaboración militar con 11 países del Viejo Continente, en su gran mayoría, miembros de la Alianza Atlántica.

Entre los estados afectados por la decisión del Kremlin figuran: Rumania, Bulgaria, Alemania, Reino Unido, Polonia, Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Croacia, Bélgica y República Checa.

Se trata de los acuerdos bilaterales firmados entre los ministerios de defensa de los respectivos países con la URSS y la Federación Rusa tras el final de la Guerra Fría y la reedificación de las relaciones Este-Oeste, como de los instrumentos jurídicos de los años 90, oficialmente caducados.

Entre los documentos anulados se encuentran tratados importantes, como el acuerdo de cooperación militar entre Rusia y Alemania de 1993 o el que se rubricó con Polonia en julio del mismo año. Rusia también decidió rescindir el acuerdo con Noruega de 1995.

Rumanía figura en la lista con el acuerdo bilateral de colaboración militar firmado en marzo de 1994, un documento que, durante tres décadas, sentó las bases de las relaciones de cooperación entre Bucarest y Moscú. Según la televisión rumana, su cancelación forma parte de una estrategia más amplia para retirar a Rusia de los marcos de colaboración con alianzas occidentales.

El acuerdo militar entre Bucarest y Moscú fue firmado en 1994 por los entonces presidentes, Ion Iliescu y Boris Yeltsin, en un contexto geopolítico marcado por intentos de acercamiento y estabilización regional tras la disolución del bloque soviético.

La cancelación del acuerdo tiene actualmente un valor más simbólico, dada la evolución de las relaciones entre Rusia y la OTAN, pero envía una clara señal política respecto a la dirección elegida por Moscú.

En el caso de Bulgaria, el contexto es más matizado. Ambos países firmaron en 1992 un Tratado de Relaciones Amistosas y Cooperación, documento que allanó el camino para proyectos conjuntos, incluso en el ámbito de la defensa. La decisión actual muestra que Rusia también se está distanciando del marco paneslavista, reforzado al inicio del periodo postsoviético.

Al denunciar simultáneamente estos acuerdos, el Kremlin envía un mensaje firme sobre su deseo de acabar con los modelos de cooperación militar aplicados en las últimas décadas a los estados miembros de la OTAN. La decisión refleja no solo las tensiones actuales entre Rusia y Occidente, alimentadas por campañas de propaganda y desinformación mutuas, sino también un firme reposicionamiento estratégico de la política de seguridad del Kremlin.


lunes, 29 de diciembre de 2025

Cita con el doctor Bashar - oftalmólogo

 

Si paseas por las calles de la urbanización Rublyovka, feudo reservado a la élite moscovita, donde se sospecha que vive el expresidente de Ucrania, Viktor Yanukóvich, que tuvo que abandonar Kiev durante la revolución de colores de 2014, es posible que encuentres una placa con la siguiente inscripción:

Доктор Б. аль-Асадофтальмолог

La traducción del ruso, simple y sorprendente, significa:

Dr. Bashar al Assad – oftalmólogo

No; no se trata de una coincidencia o una casualidad; el exdictador sirio quien abandonó su país en noviembre del pasado año para refugiarse en Rusia vive ahora en una lujosa residencia de Moscú, donde repasa sus estudios de oftalmología.

¿Dificultades económicas?  Obviamente (Bashar) no necesita el dinero; lo que sugiere que su clientela sería la élite adinerada de Moscú, escribe el rotativo británico The Guardian, empeñado a seguir la pista del presidente depuesto. No hay que extrañarse; sabido es que los servicios de inteligencia británicos y norteamericanos tomaron parte activamente al derrocamiento del último miembro del clan de los Assad, superviviente – junto con su vecino, Abdalah de Jordania, de las primaveras árabes. Curiosonamente, en ambos casos. los presagios no se cumplieron. Los cimientos del Estado sobrevivieron. ¿Error de cálculo de los servicios?

La familia de al Assad lleva una vida tranquila en Rusia y los Emiratos Árabes Unidos, segunda residencia del exmandatario sirio. donde cuenta con más amistades que en Moscú.  

Putin tiene poca paciencia para con los líderes que abandonan el poder, y Assad ya no es visto como una figura relevante, señala una fuerte occidental. Informes del Foreign Office británico indica que el vástago de Fafez, el oficial sirio que cursó estudios en la Academia Militar de Moscú, era irrelevante para el dueño del Kremlin. De hecho, los Assad tienen muy poco contacto con el mundo exterior y están apartados de los círculos de élite sirios y rusos que antes conocían.

Después de salir de Siria, la principal preocupación de Assad parece haber sido la salud de su esposa. Asma, que había tenido leucemia durante años.  Su estado se volvió crítico y, en los meses previos a la caída del régimen, recibía tratamiento en Moscú.

Rusia parece haber bloqueado las posibles apariciones públicas de al Assad. La familia, ¡sin Bashar! fue vista en público el pasado mes de junio, cuando su hija Zein se graduó en relaciones internacionales en la prestigiosa universidad de Moscú, ceremonia a la que asistió la flor y nata de la clase dirigente rusa.

Cabe suponer que el nombre de Zein al Assad no figurará en la lista de funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. Pero tal vez en la de altos cargos de la diplomacia de los Emiratos Árabes Unidos…


miércoles, 24 de diciembre de 2025

Traígame una Groelandia

 

Diálogo imaginario escuchado este lunes en un plató de televisión neoyorquino:

Técnico de sonido: Bajo unos minutos. ¿Te traigo algo, jefe?

Periodista: “Una Groenlandia, por favor”

Varias emisoras abrieron sus telediarios con la asombrosa noticia: El Gobierno danés convoca al embajador estadounidense tras el nombramiento de un enviado de Donald Trump a Groenlandia. Copenhague califica este gesto de falta de respeto a la soberanía danesa.

El titular de Asuntos Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, se hizo eco del malestar de los jefes de Gobierno de Dinamarca, Mette Frederiksen, y el presidente groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, que criticaron la decisión de la Casa Blanca y apelaron a la legalidad internacional y a la autodeterminación del territorio, ex colonia danesa que goza del estatuto de autonomía desde 1979.

No se pueden anexionar otros países, tampoco con el argumento de la seguridad internacional, sostuvieron Frederiksen y Nielsen comentando la argumentación de Donald Trump, partidario de la anexión de Groenlandia a los Estados Unidos. El presidente estadounidense aludió a su deseo de controlar la mayor isla del planeta ya en 2019, durante su primer mandato. En aquél entonces, los argumentos esgrimidos por Washington resultaron poco convincentes. Norteamérica aludió a la cercanía geográfica y al deseo de los inuit (pueblo autóctono groenlandés) de disfrutar de las lindezas del modo de vida americano (Coca Cola, hamburguesas, salas de juego, etc.). En realidad, lo que reclaman los inuit es la independencia y el derecho de asociarse a cualquier movimiento sociopolítico internacional que defienda y respete sus propios intereses. ¿OTAN? ¿Consejo Ártico? Queda por ver. Pero el nombramiento del senador estadounidense Jeff Landry, amigo personal de Donald Trump, no acaba de convencerlos. Landry utilizó las redes sociales para declarar que su misión consiste en convertir a Groenlandia en parte de los Estados Unidos.

La decisión de Trump no altera el estatus político actual, al asegurar que “puede parecer algo grande”, no cambia nada para nosotros, afirma el Presidente groenlandés, Jens-Frederik Nielsen.

El control de Groenlandia, situada estratégicamente entre América del Norte y Europa, que cruza las principales zonas de transporte del Ártico, otorgaría a Estados Unidos una influencia geopolítica sin precedentes en esta región cada vez más vital.

Los rusos llevan décadas creando estaciones de vigilancia meteorológica; los chinos, recién llegados, alegan que la región sólo les interesa para desarrollar una travesía naval por el Polo Norte. Simple interés comercial, reitera Pekín. No que no se explica es la proliferación de centros culturales chinos en las principales escalas de la ruta polar.   

Sin embargo, el Consejo Ártico estima que la región contiene alrededor del 30% de las reservas de gas no explotadas del mundo y el 13% del petróleo no descubierto. El acceso a estos recursos y el control sobre ellos adquiere cada vez mayor importancia en un mundo que se enfrenta al problema de la seguridad energética.

La anexión de Groenlandia otorgaría a Estados Unidos el acceso directo y el control sobre cualquier recurso descubierto en la zona económica exclusiva de la isla. 

De hecho, trascendió que un grupo de Congresistas republicanos había preparado un proyecto de ley que permitiría al presidente de los Estados Unidos iniciar negociaciones sobre la compra de Groenlandia. El proyecto se denomina Make Greenland Great Again Act (Ley para hacer a Groenlandia grande de nuevo).

Groenlandia está ubicada justo entre Rusia y Estados Unidos. Siempre hemos estado posicionados entre dos superpotencias; siempre fuimos muy conscientes de que nuestra situación requería mucha diplomacia. Durante más de 80 años hemos tenido presencia militar estadounidense en el territorio. Y nos consta que Estados Unidos considera a Groenlandia una puerta o puerto principal hacia Rusia, afirma Naaja Hjelholt Nathanielsen, Ministra de Negocios, Comercio, Minerales, Justicia e Igualdad de Groenlandia, encargada de los asuntos de seguridad económica, comercio, minerales y justicia de la isla.

Aquí, la población se siente cercana a los inuit del círculo polar ártico y del sistema de seguridad social nórdico, no del americano. No de Rusia ni de los Estados Unidos.

Aviso a los navegantes…

sábado, 13 de diciembre de 2025

"Nuestros bastardos"

 

Las cámaras de la CNN se dedican a hacer un discreto barrido del Despacho Oval de la Casa Blanca. Detectan – en un rincón – a los protagonistas de la noticia del día: el presidente Trump y el líder islamista moderado sirio Abdulkadir al-Golani, más conocido últimamente como Ahmed Sharaa, exjefe del Estado Islámico en el norte del país, región controlada por el ejército estadounidense, que alberga importantes yacimientos de petróleo.

Estás muy elegante, afirma el Coloso (apodo de Trump empleado ad nauseam por los periódicos de Europa oriental). Me encanta tu traje: ¿procede de Saville Row? pregunta, al retirar discretamente un par de pelos de la chaqueta de su huésped.

No, está confeccionado en mi país. Tenemos muy buenos sastres en Damasco, responde el dictador (ay, perdón: el nuevo presidente interino del Estado Sirio).  

Por cierto; tendríamos que hablar de… Las cámaras de televisión se alejan.

Nadie se preguntó qué hacía el exjefe del Estado Islámico en la Casa Blanca. Hace unos meses, cuando el presidente Bashar el Assad tuvo que abandonar Siria, el nombre de Abdulkadir al-Golani figuraba aun en la lista negra del FBI y de un sinfín de servicios de inteligencia occidentales. Cuando el nuevo hombre fuerte de Damasco anunció que tenía intención de visitar las capitales occidentales, los gobernantes se encontraron con el dilema: ¿vamos a recibir a un terrorista fichado por nuestros servicios? La respuesta fue . El primer país que levantó la veda fue Francia. Por afinidades históricas o por la tibieza de Emmanuel Macron. Los demás europeos – tanto comunitarios como no comunitarios – siguieron. La seguridad del Viejo Continente es importante, pero cuando se trata de suministros de petróleo…

Pero, ¿qué llevó a este cambio de imagen? ¿Cómo se convierte un líder islamista sanguinario en un político moderado? Curiosamente, la respuesta procede de un diplomático estadounidense, Robert Ford, antiguo representante de Washington en Siria, quien admite haber ayudado al cambio de imagen del jefe del Estado Islámico. Ford, confiesa haber participado - junto al servicio secreto británico MI6 - en un proyecto para sacar al líder del Estado Islámico en Siria del mundo del terrorismo y llevarlo a la política.  Según Ford, en 2023, una ONG británica (excelente tapadera para el MI6,  lo invitó a colaborar en esta reconversión. Acabó reuniéndose personalmente con Golani, quien reconoció que las tácticas brutales empleadas por el Estado Islámico en Irak no sirven cuando se trata de gobernar a cuatro millones de personas. Sin embargo, el islamista jamás se disculpó por los atentados cometidos por su organización en Irak o en Siria.

Las declaraciones de Ford revelan lo que muchos analistas sospechaban: Occidente ya no elimina a los extremistas, los recicla cuando conviene a sus intereses geopolíticos. En sus palabras, ayudamos a llevarlos del mundo del terrorismo al de la política.  Lo que recuerda, extrañamente, la lógica del excpcionalismo estadounidense de los años 60 al tratar de definir las relaciones con los dictadores latinoamericanos. Sí, serán unos bastardos, pero son nuestros bastardos.

Hace unas semanas, cuando la aviación israelí bombardeó varios lugares estratégicos de Damasco, Trump lanzó una advertencia directa a Tel Aviv contra la desestabilización de Siria y su nuevo liderazgo.

Es muy importante que Israel mantenga un diálogo fuerte y verdadero con Siria, y que no ocurra nada que interfiera en la evolución de Siria hacia un Estado próspero, escribió Trump, quien impulsa un pacto de seguridad entre Israel y Siria desde que la coalición islamista de Al Sharaa derrocó, hace un año, al presidente Bashar al-Assad.

A buen entendedor…


lunes, 1 de diciembre de 2025

El Mar Negro: ¿lago sin ley?

 

¿Cómo fue atacada la flota fantasma rusa y por qué el incidente de los petroleros rusos del Mar Negro es una grave advertencia para la OTAN?

Desde el inicio de la guerra en Ucrania, el Mar Negro se ha convertido en algo más que un tramo de agua, en un tablero de ajedrez plagado de minas, donde las reglas de la navegación internacional obedecen en gran parte, a la necesidad de Rusia de financiar su intervención militar y también la incapacidad de la comunidad internacional para detener este flujo de divisas.

Las explosiones que sacudieron dos petroleros de la llamada flota fantasma de Moscú el pasado fin de semana frente a la costa de Turquía y la entrada al estrecho del Bósforo, no son un simple incidente naval. Son síntoma de un diagnóstico mucho más grave: el riesgo inminente de que la guerra económica y convencional se fusione en un desastre ecológico y/o de seguridad en la frontera de la OTAN.

Lo que ocurrió con los barcos Kairos y Virat, ambos impactados por explosiones sospechosas, muestra la extrema vulnerabilidad de las rutas de exportación rusas.

Aunque las autoridades turcas hablan diplomáticamente de una ingerencia extranjera — eufemismo empleado para las minas marinas o los ataques con drones —, la realidad es que estos barcos navegaban en una zona gris, tanto legal como operativa.

El hecho de que ambos petroleros estuvieran vacíos en el momento del impacto es cuestión de suerte. Si los tanques hubieran estado cargados con crudo procedente de los Urales, que transportan frecuentemente a la India o China, la noticia habría girado en torno a una gran catástrofe medioambiental en las inmediaciones de la metrópoli de Estambul.

Conviene recordar que estos barcos no son meras víctimas colaterales, sino herramientas clave del Kremlin para eludir las sanciones económicas impuestas por Occidente. Kairos y Virat, sancionados por Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Europea, forman parte de esa flota de navíos obsoletos, con seguros dudosos y propietarios ocultos tras empresas pantalla de Shanghái o de algunos paraísos fiscales.

Operan bajo banderas de conveniencia, cambiando su identidad desde Panamá hasta Gabón o las Islas Comoras, con una facilidad que desafía cualquier regulación marítima seria. Su objetivo único es mantener abierto el grifo de las divisas que alimentan a Moscú, sin tener en cuenta los posibles riesgos que corren sus respectivas tripulaciones.

El incidente de la pasada semana plantea un importante dilema para Turquía e, implícitamente, para la los demás miembros de la OTAN. El Bósforo es una arteria vital para la navegación internacional; la creciente inseguridad marítima ejerce, pues, presión sobre Ankara.

El ministro turco de Transportes admitió la posibilidad de neutralizar las minas, pero descartó la opción de combatir los ataques de drones. Esta ambigüedad no resuelve el problema subyacente: el Mar Negro es una zona de guerra activa, y los barcos que alimentan el esfuerzo bélico ruso son objetivos legítimos o, al menos, víctimas predestinadas del caos reinante.

El incidente ha puesto de manifiesto las limitaciones jurídicas de las sanciones occidentales. En efecto, aunque el petrolero Virat, inactivo durante meses a raíz de las sanciones occidentales, regresó a aguas internacionales tratando de reintegrarse en el circuito de contrabando de petróleo.

Los Estados Unidos reclaman hace ya algún tiempo la elaboración de una estrategia global atlantista para el Mar Negro. Una misión imposible, teniendo en cuenta las diferencias de pareceres y opciones estratégicas de los países ribereños.  Rumania – miembro de la OTAN que tiene fronteras tanto con Rusia como con Ucrania – no acaba de definir una política de defensa frente a los agredidos y los agresores.

Bulgaria, también miembro de la Alianza, está dividida entre los compromisos militares y el deseo de mantenerse neutral frente al aliado eslavo – Rusia – con quien comparte los criterios del paneslavismo.

Georgia – eterno candidato al ingreso en la OTAN y victima de recientes agresiones de Moscú – comparte los desfiles de marines USA en su capital con una política de apaciguamiento frente al Kremlin.

Por ende, Turquía y Rusia, las dos expotencias imperiales, no dudan en conservar su aureola de antiguos dueños y señores del viejo Mar. Lejos quedan los tiempos del Tratado de Montreux, cuando los entonces dueños del Viejo Continente prestaban muy poca atención a la conflictividad en el Mar Negro.