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lunes, 29 de diciembre de 2025

Cita con el doctor Bashar - oftalmólogo

 

Si paseas por las calles de la urbanización Rublyovka, feudo reservado a la élite moscovita, donde se sospecha que vive el expresidente de Ucrania, Viktor Yanukóvich, que tuvo que abandonar Kiev durante la revolución de colores de 2014, es posible que encuentres una placa con la siguiente inscripción:

Доктор Б. аль-Асадофтальмолог

La traducción del ruso, simple y sorprendente, significa:

Dr. Bashar al Assad – oftalmólogo

No; no se trata de una coincidencia o una casualidad; el exdictador sirio quien abandonó su país en noviembre del pasado año para refugiarse en Rusia vive ahora en una lujosa residencia de Moscú, donde repasa sus estudios de oftalmología.

¿Dificultades económicas?  Obviamente (Bashar) no necesita el dinero; lo que sugiere que su clientela sería la élite adinerada de Moscú, escribe el rotativo británico The Guardian, empeñado a seguir la pista del presidente depuesto. No hay que extrañarse; sabido es que los servicios de inteligencia británicos y norteamericanos tomaron parte activamente al derrocamiento del último miembro del clan de los Assad, superviviente – junto con su vecino, Abdalah de Jordania, de las primaveras árabes. Curiosonamente, en ambos casos. los presagios no se cumplieron. Los cimientos del Estado sobrevivieron. ¿Error de cálculo de los servicios?

La familia de al Assad lleva una vida tranquila en Rusia y los Emiratos Árabes Unidos, segunda residencia del exmandatario sirio. donde cuenta con más amistades que en Moscú.  

Putin tiene poca paciencia para con los líderes que abandonan el poder, y Assad ya no es visto como una figura relevante, señala una fuerte occidental. Informes del Foreign Office británico indica que el vástago de Fafez, el oficial sirio que cursó estudios en la Academia Militar de Moscú, era irrelevante para el dueño del Kremlin. De hecho, los Assad tienen muy poco contacto con el mundo exterior y están apartados de los círculos de élite sirios y rusos que antes conocían.

Después de salir de Siria, la principal preocupación de Assad parece haber sido la salud de su esposa. Asma, que había tenido leucemia durante años.  Su estado se volvió crítico y, en los meses previos a la caída del régimen, recibía tratamiento en Moscú.

Rusia parece haber bloqueado las posibles apariciones públicas de al Assad. La familia, ¡sin Bashar! fue vista en público el pasado mes de junio, cuando su hija Zein se graduó en relaciones internacionales en la prestigiosa universidad de Moscú, ceremonia a la que asistió la flor y nata de la clase dirigente rusa.

Cabe suponer que el nombre de Zein al Assad no figurará en la lista de funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. Pero tal vez en la de altos cargos de la diplomacia de los Emiratos Árabes Unidos…


domingo, 24 de marzo de 2019

Donald Trump ¿redentor del pueblo de Israel?


Dicen que la fe mueve montañas. Y, a veces, nos permite descubrir lo oculto. Felizmente, los testigos de la fe – algunos testigos privilegiados – nos iluminan la mente y devuelven a la senda de la verdad, de la Verdad absoluta.

¿Ciegos, nosotros? ¿Iluminados, ellos? Dicen que los caminos del Señor son inescrutables. Y más aún, tratándose del explosivo conflicto de Oriente Medio, donde la Administración Trump camina tal un elefante en una tienda de porcelana. Reconozcámoslo; la política exterior de Washington se parece cada vez más a una acumulación de parches incapaces de frenar una hemorragia. Tras la llegada del multimillonario neoyorquino a la Casa Blanca, los conflictos en la región se han ido acumulando, véase, acentuando. La lista es sumamente larga y los enredos, difíciles de desenmarañar.

Pero, vayamos por partes. El actual inquilino de la Casa Blanca apoya a Riad en su pugna contra el régimen (chiita) de Teherán. Sin bien para los saudíes se trata de un conflicto religioso, la postura de Washington refleja ante todo la inquietud del establishment político-militar de Tel Aviv frente a la presencia de tropas iraníes en la vecina Siria, el “contagio” de la comunidad chiita libanesa, encarnada por el movimiento armado Hezbollah, la innegable influencia del ideario jomeynista en la Franja de Gaza, controlada por los islamistas de Hamas.

Queda sin resolver el conflicto de baja intensidad entre Washington y Ankara, donde los intereses políticos y económicos se entremezclan, el insólito casus belli Arabia Saudita – Qatar, cumulo de quejas que poco tienen que ver con el auténtico motivo del enfrentamiento: las exportaciones de petróleo y gas natural a Occidente. La dinámica expansión comercial de los qataríes levanta ampollas en el reino wahabita. El conflicto divide a los países árabes, ya de por sí poco propensos a forjar una hipotética solidaridad. Obviamente, el panorama de la región ha experimentado un cambio espectacular en las últimas décadas.

En ese contexto, la incondicional defensa de los intereses israelíes por parte de Norteamérica podría parecer una afrenta a los aliados árabes. De hecho, el actual presidente de los Estados Unidos es el político más proclive la ideología ultraconservadora del Primer Ministro Benjamín Netanyahu, que tiene que afrontar la consulta electoral del 9 de abril con escasas probabilidades de alzarse con otra victoria. Acusado por la Justicia hebrea en varios casos de corrupción y malversación, el Primer Ministro israelí fantasea con un… milagro.

Curiosamente, el milagro llegó hace apenas unos días, cuando el profeta Mike Pompeo, jefe de la diplomacia estadounidense, antiguo director de la CIA y, ante todo, cristiano fundamentalista, aseguró en una entrevista concedida a la cadena Christian Broadcasting Network, que posiblemente, el presidente Trump haya sido enviado por Dios para salvar a Israel de Irán.

El inusual mensaje del dignatario estadounidense era el mero preludio al anuncio, más pragmático y conflictivo, del posible (y muy probable) reconocimiento por parte de Washington de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, ocupados por el Ejército judío durante la guerra de 1967, y anexionados, 14 años más tarde, por el Estado de Israel. El propio Trump utilizó su habitual herramienta diplomática – el Twitter – para instar a la comunidad internacional a que reconozca la validez de un hecho consumado: los Altos del Golán se hallan bajo control israelí.
 
Si a ello se le suma la decisión de trasladar la Embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén y el deseo de crear lazos entre Israel y el otro aliado de la Administración Trump en la zona, Arabia Saudita, cabe imaginar el desconcierto de los europeos ante la inminente publicación del futuro proyecto de Acuerdo (de paz) del siglo ideado por el yerno del Presidente, Jarred Kushner, un extraño en la política.
  
De todos modos, conviene señalar que la poco diplomática intervención radiofónica de Mike Pompeo coincidió con la adopción por parte de Washington de nuevas sanciones contra el régimen iraní.

Curiosamente, otro detalle completamente silenciado tanto por la Administración Trump como por las autoridades israelíes fue la concesión de la primera licencia de explotación petrolífera a la compañía estadounidense Genie Energy, asesorada por el ex vicepresidente  Dick Cheney, que tendrá derechos exclusivos sobre un radio de 153 millas cuadradas en el sur de los Altos del Golán. Detalle interesante: entre los accionistas de Genie Energy figuran los financieros Jacob Rothschild y Rupert Murdoch.

Estiman los politólogos estadounidenses que, en circunstancias normales, el Presidente Al Assad hubiese podido elevar estruendosas protestas contra este acto de piratería internacional, pero como en estos momentos Damasco está empeñado en combatir la violencia interna, la cuestión del Golán pasa en un segundo, véase tercer plano.

Inútil recurrir, pues, a mensajes mesiánicos. A buen entendedor…

viernes, 14 de abril de 2017

Trump, Putin, la bomba y el “animal”


“Tengo la impresión de que la máquina del tiempo nos devuelve al pasado, a la época de la Guerra Fría, al mundo bipolar. La actuación de las dos superpotencias, Rusia y Norteamérica, logra eclipsar a los demás actores: Europa, China, Irán, Corea…”, confesaba recientemente un respetable politólogo europeo, testigo privilegiado de otros tiempos. 

¿Volver a la Guerra Fría? Extraña sensación para unas generaciones que sólo conocen la multipolaridad, la globalización, la uniformidad, el mal llamado pensamiento único. El panorama sociopolítico de las últimas décadas no les ha ofrecido muchas alternativas ideológicas. En realidad, no les ha ofrecido ninguna. El universo de la I & T se rige por otros parámetros.

Algunos esperaban que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca iba a allanar el camino del entendimiento entre Washington y Moscú, a limar las asperezas que surgieron a raíz de la guerra hibrida de Ucrania o la ocupación de la península de Crimea por las tropas del imperio exsoviético. En efecto, el nuevo mandatario estadounidense parecía tener más afinidades con los condotieros del Kremlin que los miembros del equipo liderado por Barack Obama, politólogos educados en las torres de marfil de Harvard, Princeton o Yale. Huelga decir que el Kremlin apostó – erróneamente – por Trump, el multimillonario autodidacta, impetuoso e irreflexivo. Mas cabe preguntarse: ¿apostó Trump por Rusia?

Durante las primeras semanas de su mandato, el Presidente Trump trató de imponernos su carácter ambiguo y contradictorio, olvidando las promesas de la campaña electoral, corrigiendo errores, encauzando la política del Imperio por otros derroteros. Uno de sus primeros blancos fue el “hombre fuerte” de Damasco, Bashar Al Assad, denunciado por la opinión pública internacional (¿por la opinión pública?) de haber perpetrado un ataque químico contra la localidad siria de Jan Sheykun, controlada por milicias anti régimen, que se saldó con el fallecimiento de más de 80 personas. 

La respuesta de la Casa Blanca fue contundente: la marina estadounidense disparó 59 misiles Tomahawk contra la base aérea de Shayrat, centro neurálgico de la aviación de Damasco. El propio Trump, que había criticado en su momento la actuación de su antecesor, Barack Obama, en el conflicto de Siria, censuró el apoyo de Moscú a Al Assad. “Francamente hablando, Vladimir Putin está apoyando a una persona mala y eso no es bueno para Rusia. Moscú debería alejarse de Assad, un peligro para la Humanidad”, señaló el inquilino de la Casa Blanca en una entrevista televisiva, en la que no dudó de tachar al Presidente sirio de… “animal”. Por si fuera poco, añadió que estaba dispuesto a acabar con Al Assad cueste lo que cueste. Queda por ver cuál será el verdadero precio de esta aseveración.

Para disipar cualquier duda, el excéntrico multimillonario ordenó a la marina de guerra estacionada en el Pacifico a poner rumbo hacia las aguas de Corea. En efecto, el líder de Pyongyang, Kim Jong-un, amenazó con llevar a cabo este fin de semana otro ensayo nuclear, de mayor envergadura que los anteriores. Las bravuconadas de Kim preocupan a los estrategas estadounidenses, persuadidos de que Corea del Norte oculta datos sobre su verdadero poderío atómico. 

¿Nos encaminamos hacia un aberrante enfrentamiento nuclear entre Norteamérica y Corea? Hoy por hoy, ello parece poco probable. Sin embargo, Trump no escatima esfuerzos para dejar constancia de la supremacía americana. Mientras los destructores de la armada se dirigían hacia el Mar de Japón, la Administración hacía estallar en Afganistán el mayor artefacto no nuclear del que dispone el ejército norteamericano, la “madre de todas las bombas”. Oficialmente, el ataque iba dirigido contra los túneles subterráneos utilizados por los radicales islámicos que controlan la frontera afgano-paquistaní. Sin embargo, los detractores de la nueva política de Washington aseguran que la detonación se produjo en “medio de la nada”.

¿Cuál ha sido la reacción de la diplomacia rusa ante la escalada belicista de Trump? Durante su poco fructífero encuentro con el Secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, afirmó rotundamente que los cambios geopolíticos registrados últimamente son, en realidad, unas maniobras de “poca monta” ideadas y llevadas a cabo por la Administración Obama. ¿Cambiar la faz del mundo? Es algo que incumbe ¡a las dos superpotencias! 

Hoy por hoy, no cabe la menor duda de que el Mediterráneo, el “mar grande” de los hebreos, el “mar blanco” de los árabes, acabará convirtiéndose en el “Mar de los conflictos”. A la acumulación de misiles norteamericanos y cazas bombarderos rusos se suman actualmente los buques de guerra de la OTAN, la aviación de algunos países árabes que integran la coalición dirigida contra el Estado Islámico, pistas de aterrizaje situadas en los Emiratos Árabes, Qatar, Irak e Irán, las bases de la Alianza Atlántica de Turquía, los mortíferos drones estacionados en Jordania y Kuwait.

La presencia de estos arsenales trata de ocultar otro aspecto de la escalada bélica o prebélica: el incremento de la presencia de la OTAN en Europa del Este – Países bálticos, Polonia y Rumanía – donde proliferan las nuevas estructuras atlantistas: bases del llamado “escudo antimisiles”, brigadas multinacionales de intervención rápida, centros de contrainteligencia hábilmente desplazados hacia los confines con Rusia. En resumidas cuentas, asistimos a una recolocación de la famosa línea Oder-Neisse, que podríamos (o deberíamos) rebautizar línea Mar Báltico – Mar Negro.

Pero esa es, al menos aparentemente, otra historia…

sábado, 8 de abril de 2017

Preludio a las guerras donaldianas


¿Cree usted que Donald Trump tendrá el gatillo fácil? preguntaba en la tarde del jueves un estudiante que asistía a un curso sobre las implicaciones políticas del inacabable conflicto de Oriente Medio. La respuesta llegó unas horas más tarde, cuando los destructores USS Porter y USS Ross de la armada estadounidense dispararon 59 misiles Tomahawk contra la base de Shayrat, un aeropuerto militar situado a cuarenta kilómetros de Homs. Para los politólogos pro americanos, que son legión en los países de Europa oriental recién integrados a la Alianza Atlántica, se trata de una acción de represalias firme, equilibrada y que no ha causado bajas humanas. Un punto de vista respetado y alabado por los atlantistas.

Poco antes del inicio de esa acción bélica minuciosamente preparada, el Presidente Trump apareció ante las cámaras de televisión para anunciar, en tono melodramático, la decisión de la Casa Blanca de castigar a quienes decidan cruzar las líneas rojas. La actuación fue aplaudida por los Gobiernos europeos, que coinciden en culpar al presidente sirio, Bashar Al Assad, por la pérdida de vidas humanas en el ataque con armas químicas perpetrado el pasado martes contra la población civil de Jan Seyhún. Sin embargo, los rusos, valedores del hombre fuerte de Damasco, rechazaron las acusaciones de la oposición siria, basadas en un informe elaborado por servicios de inteligencia militar turcos. Huelga decir que los soldados rusos acantonados en la base de Shayrat resultaron ilesos. Oficialmente, Washington les había informado sobre la inminencia del ataque. 

La decisión de Trump de vengar la muerte de los 86 civiles sirios sorprendió a los analistas militares, poco propensos a imaginar una respuesta de esta envergadura durante las primeras semanas del mandato del Presidente. Pero, ¿de verdad se trataba de una venganza contra el régimen de Al Assad? Hay quien estima que la acción de Donald Trump tiene múltiple lectura. Se insinúa que el ataque debe interpretarse como una advertencia a las autoridades de Teherán o de Pyongyang, que no dudan de hacer alarde de su poderío militar. 

Irán, la bestia negra del Estado de Israel, no oculta la existencia de su arsenal bélico. Teherán exhibe sus misiles de corto y medio alcance, que se han convertido en una auténtica pesadilla para los ejércitos de la zona. Si bien es cierto que la destrucción física de la llamada entidad sionista figuraba en el programa de Gobierno de la revolución islámica liderada hace décadas por el ayatolá Jomeyni, conviene recordar que los cohetes iraníes pueden alcanzar cualquier objetivo situado en el Mediterráneo oriental y central, poniendo en jaque a los generales turcos, búlgaros, rumanos, serbios e… italianos. Sin embargo, los europeos confían en la cordura de los iraníes.

Distinto es el caso de Corea del Norte, cuyas provocaciones irritan tanto a sus vecinos inmediatos – Corea del Sur y Japón – como a los estrategas de Washington. Corea propugna una guerra total contra el imperialismo yanqui, amenaza que el Pentágono parece haberse tomado en serio. 

Por último, aunque no menos importante, es la advertencia lanzada al Kremlin. Aparentemente, Donald Trump no desea que Oriente Medio se convierta en el patio trasero de Moscú, que Rusia recupere protagonismo en una región cuyo control había perdido en los años 90, tras el desmembramiento de la URSS. La vuelta de los rusos a la zona, en un momento en el que Damasco parecía haber perdido la iniciativa militar, convirtió a Siria en un campo de combate entre Oriente y Occidente. De hecho, la aviación rusa llevó a cabo desde el primer momento ataques contundentes contra las agrupaciones islámicas apoyadas por Arabia Saudita, Qatar y… los Estados Unidos. La precisión del operativo bélico ruso irritó sobremanera a los dirigentes de la alianza proccidental. Demasiado tarde…

Obviamente, los designios del Kremlin son distintos. ¿Qué argumentos podría emplear Donald Trump para frenar la ofensiva rusa en la zona? Ni que decir tienen que el ataque contra Shayrat no va a disuadir a Rusia; más bien, todo lo contrario. La suspensión de los contactos entre militares rusos y estadounidenses en la ofensiva contra el Estado Islámico podría redundar en una victoria para Moscú e, directa o indirectamente, de su aliado Bashrar Al Assad. Conviene recordar que tanto la Casa Blanca como las autoridades de Ankara tienen interés en defenestrar al Presidente sirio. Para Washington, sería la culminación del proceso de las llamadas primaveras árabes, obstaculizadas por la testarudez del dictador sirio. A su vez, los turcos ansían la marcha de Al Assad, enemigo poderoso, y su sustitución por un político más débil, léase, dócil. Turquía se juega mucho en la guerra de Siria. Se habla del control de los recursos acuíferos, de la difícil convivencia con la minoría kurda, del éxodo de poblaciones desplazadas…

¿Y Rusia? ¿Cuáles son sus intereses en la zona? No hay que olvidar que la apuesta mezo oriental del Kremlin no obedece, sola y únicamente, a posibles (aunque cada vez más dudosas) consideraciones de índole ideológica. Rusia cuenta con una sofisticada red de instalaciones militares en Siria, un núcleo táctico difícil de abandonar ante un posible  recrudecimiento de los enfrentamientos entre grandes potencias. 

El error cometido por Barack Obama fue creer que había logrado poner de rodillas a los gobernantes moscovitas. Mas los kremlinólogos de Washington se habían equivocado.  Vladimir Putin siguió su camino, confiando en el renacer de la Madre Rusia

Será este el mayor desafío para Donald Trump. Un desafío en el que los cacareados ataques cibernéticos apenas tendrán cabida.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Me llamo Trump, Donald Trump


Veamos. El magnate Donald Trump, extraño e impredecible multimillonario, se alzó con la victoria en las elecciones presidenciales celebradas esta semana en los Estados Unidos. Algo realmente inimaginable, por no decir, poco deseable o deseado. ¡Una sorpresa!

Para el que esto escribe, no se trata de una sorpresa. Conociendo la supina ignorancia del ciudadano norteamericano en los asuntos de estado, sus tendencias aislacionistas, su justificado (o no) egoísmo a la hora de abordar los candentes asuntos mundiales, la victoria de Trump parecía más bien predecible. Y ello, por distintas razones, empezando por la campaña de la candidata demócrata, Hillary Clinton, llevada con la habitual arrogancia de la ex primera dama, quien no intentó ajustarse a las exigencias de quienes reclamaban respuestas sinceras, argumentos creíbles, promesas de cambio. Obviamente, Hillary no les convenció. Sucedió, pues, algo chocante para una opinión pública drogada por el lavado de cerebro de los grandes medios de comunicación, hipnotizada por el discurso buenista de la Hillary – Jano. La mujer con múltiples caras perdió la apuesta.

Esperando a Trump, podría titularse el vodevil que contemplaremos hasta el 20 de enero del año próximo, cuando el excéntrico potentado tomará posesión de su cargo de Presidente de la nación más poderosa del planeta Tierra.

En los puntos neurálgicos de la geopolítica, surgen interrogantes, subsisten dudas. Para algunos estadistas, los mensajes de Trump resultan inquietantes, cuando no ininteligibles.  En la región de Oriente Medio se oyen voces discordantes. Aunque para la monarquía saudí y sus aliados – Emiratos Árabes, Qatar, etc. – uno de los objetivos prioritarios sería la revisión e incluso la abrogación del acuerdo nuclear con Irán, criticado por Trump en reiteradas ocasiones, lo realmente importante sería neutralizar, véase eliminar el anti islamismo del Presidente electo de los Estados Unidos, que se había pronunciado a favor del cierre de las fronteras a los inmigrantes musulmanes.  Pese a la rectificación del propio Trump y la desaparición de los mensajes racistas de la página Internet del candidato a la Presidencia, los saudíes exigen una retractación pública e inequívoca.

Otra incógnita es la postura del futuro inquilino de la Casa Blanca frente al conflicto de Siria. Mientras Obama y la ex Secretaria de Estado, Hillary Clinton, apoyaron directa o indirectamente a los movimientos de corte islamista que combatían el régimen del Presidente Assad, el Presidente electo de los Estados Unidos parece más propenso a aceptar o tolerar la presencia militar rusa en Oriente Medio y el apoyo del Kremlin al caudillo de Damasco. ¿Acaso ello implica una mayor colaboración entre Washington y Moscú en la lucha para la eliminación del terrorismo encarnado por el Estado Islámico?

Los analistas políticos israelíes acogen con cierta cautela la victoria de Trump. Si bien para los políticos del Likud y la extrema derecha israelí el cambio de inquilino en la Casa Blanca implica el final de las negociaciones llamadas a desembocar en la creación de un Estado palestino, los politólogos barajan la alternativa de una “neutralidad activa” de Washington, lo que supondría la aparición de nuevos e indeseados protagonistas en el escenario del interminable conflicto.

Lo que sí es cierto es que Trump seguirá la política de su antecesor, Barack Obama, apoyando le incremento de la ayuda militar norteamericana al Estado judío. 

Los israelíes apuestan, asimismo, por el posible final de las presiones estadounidenses para la reanudación de las consultas con la Autoridad Nacional Palestina, lo que podría traducirse, según el ala más conservadora del Likud, en el parte de defunción del Estado palestino esbozado en los Acuerdos de Oslo.

¿Y Europa? Subsisten las incógnitas sobre las prioridades del Presidente electo en cuanto a la política de defensa del Viejo Continente. De hecho, Trump dejó entender que Norteamérica podría “cerrar” su paraguas protector, abandonando a su suerte a los países del flanco Este la de Alianza Atlántica – Polonia, Rumanía, Bulgaria y los Estados bálticos – convertidos en punta de lanza de la ofensiva estratégica de Obama – Clinton hacia los confines de la antigua URSS. Trump, que desea recomponer las relaciones con Moscú, afectadas por la política de sanciones llevada a cabo por Occidente después de la crisis de Ucrania, se pronunció a favor de la retirada de algunas unidades de la OTAN estacionadas en Europa oriental, así como sobre la desmilitarización del Mar Negro. En este caso concreto, la ausencia de una protección estratégica se sumaría a otros quebraderos de cabeza de las jóvenes democracias de Europa oriental: los efectos del Brexit para sus economías, debilitadas por la reciente crisis estructural, la llegada masiva de refugiados e inmigrantes económicos procedentes de Oriente Medio y el amenazador advenimiento de movimientos populistas. ¿Será el aislacionista Trump un ejemplo para los ultranacionalistas franceses, holandeses y húngaros? El porvenir nos lo dirá.

Lo cierto es que los hasta ahora heraldos de la victoria de Hillary Clinton, reconvertidos a toda prisa en apologistas del extraño señor Trump, no dudan en hablar de un… Mundo Nuevo, llamado a acabar con los pilares del Viejo Mundo: la prepotencia, el autoritarismo y la corrupción.  Bienvenidos al mundo de Donald Trump, camaleones.   

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Rusia: el aliado inoportuno



La espectacular y exitosa intervención de la fuerza aérea rusa en Siria no es, al menos aparentemente, del agrado de algunos miembros de la llamada coalición antihyihadista  liderada por los Estados Unidos. De hecho, el Kremlin decidió intervenir en el conflicto que opone las tropas del Presidente al Assad a un mosaico de grupos y grupúsculos armados, en su gran mayoría, de corte islamista, no sólo para proteger a su aliado de Damasco, sino también y ante todo para tratar de prevenir la expansión del peligro islamista en la región del Cáucaso y de Asia Central. 
 
Desde la década de los 70 del siglo pasado, Rusia dispone de una importante base naval en el puerto de Tartus, situado a treinta kilómetros de la frontera con el Líbano. Las instalaciones marítimas de la base, que goza del estatuto de extraterritorialidad, sirven para el abastecimiento de la Flota del Mar Negro y de los buques de guerra que cruzan el Mediterráneo. Tras el inicio del conflicto sirio, la base se convirtió en la atalaya de Moscú en el Mare Nostrum. Una presencia ésta sumamente molesta para los detractores del régimen de al Assad, poco propensos a tolerar una presencia extranjera (léase rusa) en las inmediaciones de la zona de combate. Pero el Kremlin se limitó a hacer oídos sordos hasta finales de septiembre, cuando la fuerza aérea de Rusia realizó por primeros ataques contra las posiciones del Estado Islámico. La eficacia de los bombardeos rusos provocó la ira del actual inquilino de la Casa Blanca; Moscú desbarataba los planes de la coalición. Al atentado contra un avión de línea ruso perpetrado a finales de octubre en el Sinaí, se sumó, hace apenas unos días el derribo por la Fuerza Aérea turca de un aparato SU - 24 que efectuaba una misión en la frontera con Siria. Ankara acusó a los pilotos de haber violado el espacio aéreo del país otomano. Por su parte, Moscú sostiene que el avión volaba a un kilómetro de los confines con Turquía. El Presidente Putin calificó la acción del ejército de Ankara de puñalada por la espalda asestada por los cómplices de los terroristas (del Estado Islámico). Y, por si fuera poco, hay quien afirma que Washington podría haber movido los hilos de la trama.  
   
La gravedad del incidente y sus posibles repercusiones a nivel estratégico obligó a la OTAN a convocar una reunión de emergencia para tratar de quitar hierro al asunto. Contención, fue el mensaje de la Alianza: contención y diálogo. 
      
Subsiste el interrogante: ¿a qué se debe la presencia militar rusa en Siria, el empeño del Kremlin de librar batalla contra los grupúsculos islamistas que utilizan el territorio de un país soberano como mero laboratorio de la guerra postmoderna? Los politólogos occidentales afirman que Rusia se limita a auxiliar a su fiel aliado Bashar al Assad, superviviente de los no siempre acertados cambios de las primaveras árabes. Se trata, sin embargo, de una visión muy simplista o, tal vez, demasiado partidista de los hechos. En efecto, desde hace más de un cuarto de siglo, los estrategas rusos no disimulan su preocupación ante el avance del radicalismo islámico en las regiones asiáticas de la antigua URSS. En 1995, el vicepresidente del Instituto de Estudios Internacionales y Estratégicos de Moscú recorrió las capitales europeas con el propósito de recabar información sobre la amenaza islámica en Occidente y las políticas de prevención ideadas por los Estados miembros de la OTAN. Ante su gran sorpresa, éstas brillaban por su ausencia.
  
Rusia tenía, sin embargo, un problema muy serio en los enclaves musulmanes de Asia Central. Los primeros disturbios estallaron en Daguestán y en Chechenia, donde los radicales salafistas se dedicaban a eliminar a la mayoría sufí. Los fundamentalistas procedían, en su gran mayoría, de las filas de Al Qaeda. Eran los combatientes afganos llamados a establecer el Emirato del Cáucaso, punta de lanza del extremismo islámico en la… tierra de los ateos, para emplear el lenguaje de la familia real saudí. 

En los últimos cinco lustros, los servicios de inteligencia moscovitas detectaron la presencia de 17 grupos yihadistas en el territorio de la antigua URSS. El número de víctimas de la guerra  larvada contra el terrorismo ascendió a… 9.000.  Muy a menudo, las instituciones europeas confundían las operaciones militares contra los salafistas con… la violación flagrante por parte de Moscú de los derechos humanos. Hasta el día en que el azote llegó a… París.