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lunes, 12 de agosto de 2019

Rusia quiere expandir su presencia militar en los Balcanes


Hace apenas unas semanas, las autoridades de vigilancia aduanera rumanas optaron por cerrar el paso de un convoy militar ruso compuesto por una treintena de tanques de combate destinados al ejército de Serbia. El “donativo” de la Federación Rusa – es lo que especificaba el conocimiento de embarque presentado por los inusuales transportistas moscovitas - no pudo atravesar el territorio de Rumanía, país miembro de la Alianza Atlántica y, por consiguiente, potencial adversario de la antigua URSS. De hecho, el Gobierno rumano se escudó detrás de los estatutos de la OTAN, que prohíben el tránsito de material bélico “enemigo” en los Estados miembros de la Alianza. Asunto aparentemente zanjado…

Sin embargo, diez días después del extraño incidente fronterizo, los blindados rusos llegaron a Serbia atravesando el suelo húngaro. Hungría, país miembro de la OTAN, hizo caso omiso del veto de la Alianza. Su postura resultó ser mucho más flexible; obviamente, los vecinos serbios necesitaban la treintena de tanques de combate y los vehículos acorazados BRDM 2 obsequiados por el Kremlin. Los seis cazas bombarderos MIG-29 destinados a la fuerza aérea de Belgrado siguieron la misma ruta. Curiosamente, los húngaros se libraron de la regañina de la cúpula atlantista esgrimiendo la socorrida baza de la “soberanía nacional”. No es la primera vez que el Gobierno del conservador Viktor Orban supedita la supuestamente rígida disciplina de la Alianza a sus inmejorables relaciones con el dueño del Kremlin. Consciente de la fragilidad del compromiso de algunos socios occidentales y centroeuropeos de la OTAN, Washington apuesta por el traslado progresivo de las tropas estacionadas en Alemania hacia los confines de Rusia, así como el fortalecimiento de los lazos con los Estados de la “primera línea del frente” – Polonia,  Rumanía y los países bálticos – piezas clave para la política de expansión de Occidente.

La rapidez de los cambios sociopolíticos y militares registrados en los últimos lustros en la región de los Balcanes ha irritado sobremanera a la Madre Rusia, empeñada en aumentar su influencia en la región, con miras a contrarrestar el peso de los Estados Unidos y de sus aliados europeos. De hecho, Vladimir Putin está persuadido de que la OTAN pretende convertirse en una especie de Ministerio de la Guerra del mundo occidental. Los recientes acuerdos especiales de defensa sellados con Brasil en América Latina y Australia en el área del Pacífico ponen de manifiesto el creciente protagonismo de la estructura militar liderada por Washington.  Dadas las circunstancias, Rusia necesita mover ficha.

Los politólogos estiman que la situación en los Balcanes podría volverse explosiva. Si bien la OTAN se basa principalmente en alianzas con Albania, Croacia y Kosovo, antiguos estados de la Federación yugoslava, Rusia centra su interés en Serbia, cuyos habitantes recuerdan la agresión perpetrada por la OTAN en la década de los 90 del pasado siglo, así como en las entidades eslavas de la zona, concretamente en Bosnia y Herzegovina. Moscú podría edificar una gran estructura militar en la República Srpska  - República Serbia de Bosnia. Se trata de una opción que se había barajado durante bastante tiempo, pero que parece cada vez más plausible tras la decisión del Kremlin de donar equipo militar a Serbia. Detalle interesante: en Bosnia, los militares rusos podrían contar con la colaboración/complicidad de la población musulmana que comulga con el ideario del nuevo aliado de Moscú, Recep Tayyip Erdogan.

Sin embargo, la situación podría complicarse, teniendo en cuenta que Estados Unidos cuenta con una de sus mayores  bases militares - Camp Bondsteel - en Kosovo, el Estado rebelde que Washington quería convertir en protectorado norteamericano desde la década de los 90. A la habitual tirantez entre Serbia y Kosovo se suma hoy en día la iniciativa de crear un ejército nacional kosovar, lo que desencadenaría una inevitable respuesta militar por parte de Belgrado.
   
Rusia, que mantiene instalaciones militares en Tartus y Latakia en territorio sirio, quiere consolidar su influencia en la región, multiplicando las maniobras navales en el Mar Negro y afianzándose  militarmente en la Península de Crimea. Se trata de objetivos a largo plazo, destinados a consolidar la presencia de la segunda potencia nuclear en uno de los puntos geoestratégicos más codiciados del planeta.

domingo, 24 de septiembre de 2017

El “hombre cohete”, el “viejo chocho” y el falso Kaláshnikov


Con la inauguración de un imponente monumento de nueve metros dedicado al ingeniero Mijaíl Kaláshnikov, inventor del famoso fusil de combate AK-47, celebró Rusia el “día del armero”. La ceremonia coincidía, extrañamente, con la clausura de las maniobras militares Zapad – 17(Occidente 17), realizadas conjuntamente con las fuerzas armadas de la vecina Bielorrusia. 

El ministro de Cultura ruso, Vladímir Medinski, encargado de presidir el homenaje, no dudó en señalar que el AK-47 era una “marca cultural” del país. Por su parte, el escultor Salavat Scherbakov, autor de la obra, estima que el fusil de Kaláshnikov es equiparable a un “objeto de arte, como por ejemplo un violín Stadivarius”.

Lo cierto es que el consorcio militar Kaláshnikov, creado en 2013, produce el 95 por ciento de las armas de la Federación Rusa. Durante la última década, las exportaciones de material bélico registraron un incremento superior al 100 por ciento. 

¿”Marca cultural”? ¿Stradivarius? Apenas tres días después de su inauguración, el coloso se vio desposeído de su arma: la imagen de bronce no era un AK-47, sino un fusil alemán de la Segunda Guerra Mundial, el StG - 44. El garrafal error fue detectado por el historiador ruso Yuri Pasholok, poco propenso a perdonar el fallo. El erudito reclama un… castigo ejemplar. Con razón: ¿un arma automática nazi en manos del legendario inventor ruso? 

La verdad es que todo es posible en un mundo en el que los criptoestadistas se tachan alegremente de “hombre cohete” (el coreano Kim Jong-un) o “viejo chocho” (el flamante presidente de los Estados Unidos, Donald Trump). En un mundo en el que el lobo con piel de cordero (la OTAN) pretende estar aterrorizado por la presencia del oso (ruso) en los linderos de la UE y la Alianza Atlántica.

Pero volvamos a las consideraciones de orden geoestratégico, es decir, a las maniobras militares Zapad – 17. Durante la reunión anual de la cúpula de la OTAN, celebrada esos días en Tirana, el general checo Petr Pavel, jefe del Comité Militar de la Alianza, expresó la preocupación de los círculos atlantistas frente a los juegos de guerra llevados a cabo recientemente por los ejércitos de Rusia y Bielorrusia en el Mar Báltico, Rusia occidental y el enclave estratégico de Kaliningrado.

Según datos facilitados por el Estado Mayor ruso, en las maniobras participaron 17.200 efectivos de Bielorrusia y Rusia, 70 aviones de combate y helicópteros, 250 tanques, 200 equipos de artillería, lanzacohetes múltiples, sistemas balísticos nucleares, así como 10 buques de guerra.  Sin embargo, el general de la OTAN estima que el número de militares involucrados en Zapad – 17 oscila entre 70.000 y 100.000 soldados. Nada que ver con las cifras barajadas por Moscú. 

A pesar de las solemnes garantías ofrecidas por Rusia, de que "no consideraba a la OTAN como enemigo", y que "las maniobras no iban dirigidas contra la Alianza”, el militar checo manifestó que los rusos trataban de tergiversar los datos. "Si nos fijamos sólo de la versión rusa, no debería haber razones de preocupación. Sin embargo, si analizamos el panorama global, deberíamos estar inquietos. Hay indicios de preparativos para un gran conflicto”, manifestó Paul. En efecto, la OTAN estima que las maniobras encubren una simulación de conflicto con los Estados Unidos y sus aliados europeos. Recuerdan también que en 2009 los rusos simularon un ataque nuclear dirigido contra Polonia, mientras que en 2013 el blanco resultó ser… la neutral Suecia. Craso error: en aquellas fechas, Moscú preparaba su intervención en la península de Crimea, así como la operación en el Dombás.

¿Inquietud? En las últimas dos décadas, la OTAN modificó los confines de las llamadas zonas de influencia diseñadas en Yalta, realizando un considerable acercamiento a Rusia. En realidad, se trata de un avance de… ¡mil kilómetros en dirección de la guarida del Oso ruso! 

El Ministerio de Defensa de la Federación Rusa señaló, por su parte, que Moscú no tenía intención alguna de simular un ataque contra sus vecinos “ex comunistas”, Lituania, Letonia, Polonia y Ucrania, y que en realidad Occidente está amenazando la estabilidad en Europa del Este con los más de 4.000 de soldados acantonados en los países Bálticos y Polonia, en la base de Deveselu, situada en Rumanía, o de las instalaciones de vigilancia balística, aún sin estrenar, de la localidad polaca de Redzikowo. La llegada masiva de este contingente se produjo, recordémoslo, en los últimos meses del mandato del Presidente Obama, mal apodado… “Premio Nobel de la Paz”. 

Para Moscú, todo ello se resume en unas palabras: a Kaláshnikov rezando y con la OTAN dando. Y como siempre, pagarán justos por pecadores…

sábado, 12 de noviembre de 2016

Me llamo Trump, Donald Trump


Veamos. El magnate Donald Trump, extraño e impredecible multimillonario, se alzó con la victoria en las elecciones presidenciales celebradas esta semana en los Estados Unidos. Algo realmente inimaginable, por no decir, poco deseable o deseado. ¡Una sorpresa!

Para el que esto escribe, no se trata de una sorpresa. Conociendo la supina ignorancia del ciudadano norteamericano en los asuntos de estado, sus tendencias aislacionistas, su justificado (o no) egoísmo a la hora de abordar los candentes asuntos mundiales, la victoria de Trump parecía más bien predecible. Y ello, por distintas razones, empezando por la campaña de la candidata demócrata, Hillary Clinton, llevada con la habitual arrogancia de la ex primera dama, quien no intentó ajustarse a las exigencias de quienes reclamaban respuestas sinceras, argumentos creíbles, promesas de cambio. Obviamente, Hillary no les convenció. Sucedió, pues, algo chocante para una opinión pública drogada por el lavado de cerebro de los grandes medios de comunicación, hipnotizada por el discurso buenista de la Hillary – Jano. La mujer con múltiples caras perdió la apuesta.

Esperando a Trump, podría titularse el vodevil que contemplaremos hasta el 20 de enero del año próximo, cuando el excéntrico potentado tomará posesión de su cargo de Presidente de la nación más poderosa del planeta Tierra.

En los puntos neurálgicos de la geopolítica, surgen interrogantes, subsisten dudas. Para algunos estadistas, los mensajes de Trump resultan inquietantes, cuando no ininteligibles.  En la región de Oriente Medio se oyen voces discordantes. Aunque para la monarquía saudí y sus aliados – Emiratos Árabes, Qatar, etc. – uno de los objetivos prioritarios sería la revisión e incluso la abrogación del acuerdo nuclear con Irán, criticado por Trump en reiteradas ocasiones, lo realmente importante sería neutralizar, véase eliminar el anti islamismo del Presidente electo de los Estados Unidos, que se había pronunciado a favor del cierre de las fronteras a los inmigrantes musulmanes.  Pese a la rectificación del propio Trump y la desaparición de los mensajes racistas de la página Internet del candidato a la Presidencia, los saudíes exigen una retractación pública e inequívoca.

Otra incógnita es la postura del futuro inquilino de la Casa Blanca frente al conflicto de Siria. Mientras Obama y la ex Secretaria de Estado, Hillary Clinton, apoyaron directa o indirectamente a los movimientos de corte islamista que combatían el régimen del Presidente Assad, el Presidente electo de los Estados Unidos parece más propenso a aceptar o tolerar la presencia militar rusa en Oriente Medio y el apoyo del Kremlin al caudillo de Damasco. ¿Acaso ello implica una mayor colaboración entre Washington y Moscú en la lucha para la eliminación del terrorismo encarnado por el Estado Islámico?

Los analistas políticos israelíes acogen con cierta cautela la victoria de Trump. Si bien para los políticos del Likud y la extrema derecha israelí el cambio de inquilino en la Casa Blanca implica el final de las negociaciones llamadas a desembocar en la creación de un Estado palestino, los politólogos barajan la alternativa de una “neutralidad activa” de Washington, lo que supondría la aparición de nuevos e indeseados protagonistas en el escenario del interminable conflicto.

Lo que sí es cierto es que Trump seguirá la política de su antecesor, Barack Obama, apoyando le incremento de la ayuda militar norteamericana al Estado judío. 

Los israelíes apuestan, asimismo, por el posible final de las presiones estadounidenses para la reanudación de las consultas con la Autoridad Nacional Palestina, lo que podría traducirse, según el ala más conservadora del Likud, en el parte de defunción del Estado palestino esbozado en los Acuerdos de Oslo.

¿Y Europa? Subsisten las incógnitas sobre las prioridades del Presidente electo en cuanto a la política de defensa del Viejo Continente. De hecho, Trump dejó entender que Norteamérica podría “cerrar” su paraguas protector, abandonando a su suerte a los países del flanco Este la de Alianza Atlántica – Polonia, Rumanía, Bulgaria y los Estados bálticos – convertidos en punta de lanza de la ofensiva estratégica de Obama – Clinton hacia los confines de la antigua URSS. Trump, que desea recomponer las relaciones con Moscú, afectadas por la política de sanciones llevada a cabo por Occidente después de la crisis de Ucrania, se pronunció a favor de la retirada de algunas unidades de la OTAN estacionadas en Europa oriental, así como sobre la desmilitarización del Mar Negro. En este caso concreto, la ausencia de una protección estratégica se sumaría a otros quebraderos de cabeza de las jóvenes democracias de Europa oriental: los efectos del Brexit para sus economías, debilitadas por la reciente crisis estructural, la llegada masiva de refugiados e inmigrantes económicos procedentes de Oriente Medio y el amenazador advenimiento de movimientos populistas. ¿Será el aislacionista Trump un ejemplo para los ultranacionalistas franceses, holandeses y húngaros? El porvenir nos lo dirá.

Lo cierto es que los hasta ahora heraldos de la victoria de Hillary Clinton, reconvertidos a toda prisa en apologistas del extraño señor Trump, no dudan en hablar de un… Mundo Nuevo, llamado a acabar con los pilares del Viejo Mundo: la prepotencia, el autoritarismo y la corrupción.  Bienvenidos al mundo de Donald Trump, camaleones.   

jueves, 5 de mayo de 2016

Americanos


Hace unas semanas, cuando los modernísimos aviones F 22 de la Fuerza Aérea norteamericana aterrizaron en el aeropuerto Mihail Kogalniceanu, situado al borde del Mar Negro, en las inmediaciones de Constantza, los politólogos rumanos acogieron su llegada con un escueto aunque contundente ya era hora. Los famosos cazas invisibles efectuaban una misión disuasoria en los países de Europa oriental - Polonia, Rumanía y los Estados bálticos - amenazados, según la jerga de la OTAN, por la agresión rusa. El mensaje enviado por el actual inquilino de la Casa Blanca debía tranquilizar a sus aliados europeos e increpar a los dueños del Kremlin, acusados de haber desencadenado una guerra hibrida en los confines con el nuevo… mundo libre. Una retórica muy parecida a la de los años 50 ó 60 del siglo pasado, cuando Moscú y Washington dialogaban por intermedio de sus arsenales de ojivas nucleares. Hoy en día, la llamada guerra híbrida tiene por escenario la península de Crimea o el Este de Ucrania, territorios que Rusia sigue considerando su patio trasero. Muy distinta es, sin embargo, la percepción del Pentágono o el Departamento de Estado, que fantasean con un sinfín de puntas de lanza en los confines del Este europeo. 

Es obvio que para convertirse en autentica amenaza, las elucubraciones de los estrategas de Washington o de Bruselas necesitan el respaldo popular. No hay que extrañarse, pues, al comprobar que los medios de comunicación de Europa oriental publican resultados de los sondeos efectuados por el Instituto Gallup, que se hace eco sistemáticamente del miedo de los pobladores de la región ante la amenaza rusa. Los argumentos esgrimidos recuerdan las ofensivas mediáticas de la Guerra fría. 

¿Pura propaganda? A veces, el miedo es real. Los habitantes de la localidad rumana de Deveselu, convertida desde finales del 2015 en una de las principales bases militares del llamado escudo antimisiles, no disimulan su temor ante un posible ataque balístico. El día en que los rusos se enfaden con los americanos, seremos las primeras víctimas de la guerra. Los misiles nos alcanzarán a nosotros. A nosotros no nos preguntaron si queríamos tener aquí a los americanos. Es cierto que  han invertido mucho dinero, pero…

Cuando los americanos se instalaron en Deveselu, se insinuó que la base contaría con 44 misiles de intercepción. El coste del operativo ascendió a 550 millones de dólares. No se trataba de una operación relámpago; la OTAN había escogido el municipio rumano en… ¡2011! Sin embargo, los temores empezaron a perfilarse tras la materialización del proyecto.  
  
¿Un caso aislado? No; ni muchísimo menos. La Alianza Atlántica espera contar con una fuerza de intervención naval en el Mar Negro, compuesta por buques de guerra turcos, búlgaros y rumanos. En el Báltico, la otra extremidad de los confines con Rusia, cazas holandeses y españoles vigilan el espacio aéreo de Estonia y Letonia, países que carecen de medios suficientes para dotarse con aviones de combate modernos. Mas los incidentes aéreos registrados últimamente tuvieron por protagonistas aparatos rusos y… norteamericanos. 

En febrero, los ministros de defensa de la OTAN, reunidos en Bruselas, tuvieron que pronunciarse sobre la viabilidad de un plan de inversiones por un monto global de 3.000 millones de euros, destinado a incrementar la presencia militar estadounidense en el Viejo Continente. Para su puesta en práctica se barajan varias opciones. Mientras el conservador Donald Trump, que se perfila como candidato del Partido Republicano a la presidencia de los Estados Unidos, aboga por el envío de tropas a Europa, lo que algunos tildan abiertamente de reocupación, el actual Presidente, Barack Obama, Premio Nobel de la Paz, estima que sería conveniente aumentar la presencia militar de la Alianza en la frontera con Rusia utilizando contingentes británicos y… alemanes. Pero la propuesta, formulada en la minicumbre de jefes de Estado celebrada en Hanover, tropezó con las reticencias del inglés David Cameron y la alemana Ángela Merkel.  Cameron alegó que las tropas británicas están desplegadas en otras latitudes – léase en antiguos países pertenecientes al Commonwealth – mientas que la Canciller germana tuvo en mente el mal recuerdo que dejaron las tropas alemanas en el frente del Este, tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial. Queda pues, la última opción; la que el Nobel Obama trata de descartar: la presencia estadounidense. La decisión se tomará en julio, durante la cumbre de la OTAN que se celebrará en Varsovia.  

Cabe preguntarse – y es una mera especulación – si los pobladores de Europa oriental emularán a los ilusos protagonistas de Bienvenido Míster Marshall  quienes se echaron a la calle con aquél inolvidable Americanooos, os recibimos con alegrííííííaaaa…