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sábado, 13 de diciembre de 2025

"Nuestros bastardos"

 

Las cámaras de la CNN se dedican a hacer un discreto barrido del Despacho Oval de la Casa Blanca. Detectan – en un rincón – a los protagonistas de la noticia del día: el presidente Trump y el líder islamista moderado sirio Abdulkadir al-Golani, más conocido últimamente como Ahmed Sharaa, exjefe del Estado Islámico en el norte del país, región controlada por el ejército estadounidense, que alberga importantes yacimientos de petróleo.

Estás muy elegante, afirma el Coloso (apodo de Trump empleado ad nauseam por los periódicos de Europa oriental). Me encanta tu traje: ¿procede de Saville Row? pregunta, al retirar discretamente un par de pelos de la chaqueta de su huésped.

No, está confeccionado en mi país. Tenemos muy buenos sastres en Damasco, responde el dictador (ay, perdón: el nuevo presidente interino del Estado Sirio).  

Por cierto; tendríamos que hablar de… Las cámaras de televisión se alejan.

Nadie se preguntó qué hacía el exjefe del Estado Islámico en la Casa Blanca. Hace unos meses, cuando el presidente Bashar el Assad tuvo que abandonar Siria, el nombre de Abdulkadir al-Golani figuraba aun en la lista negra del FBI y de un sinfín de servicios de inteligencia occidentales. Cuando el nuevo hombre fuerte de Damasco anunció que tenía intención de visitar las capitales occidentales, los gobernantes se encontraron con el dilema: ¿vamos a recibir a un terrorista fichado por nuestros servicios? La respuesta fue . El primer país que levantó la veda fue Francia. Por afinidades históricas o por la tibieza de Emmanuel Macron. Los demás europeos – tanto comunitarios como no comunitarios – siguieron. La seguridad del Viejo Continente es importante, pero cuando se trata de suministros de petróleo…

Pero, ¿qué llevó a este cambio de imagen? ¿Cómo se convierte un líder islamista sanguinario en un político moderado? Curiosamente, la respuesta procede de un diplomático estadounidense, Robert Ford, antiguo representante de Washington en Siria, quien admite haber ayudado al cambio de imagen del jefe del Estado Islámico. Ford, confiesa haber participado - junto al servicio secreto británico MI6 - en un proyecto para sacar al líder del Estado Islámico en Siria del mundo del terrorismo y llevarlo a la política.  Según Ford, en 2023, una ONG británica (excelente tapadera para el MI6,  lo invitó a colaborar en esta reconversión. Acabó reuniéndose personalmente con Golani, quien reconoció que las tácticas brutales empleadas por el Estado Islámico en Irak no sirven cuando se trata de gobernar a cuatro millones de personas. Sin embargo, el islamista jamás se disculpó por los atentados cometidos por su organización en Irak o en Siria.

Las declaraciones de Ford revelan lo que muchos analistas sospechaban: Occidente ya no elimina a los extremistas, los recicla cuando conviene a sus intereses geopolíticos. En sus palabras, ayudamos a llevarlos del mundo del terrorismo al de la política.  Lo que recuerda, extrañamente, la lógica del excpcionalismo estadounidense de los años 60 al tratar de definir las relaciones con los dictadores latinoamericanos. Sí, serán unos bastardos, pero son nuestros bastardos.

Hace unas semanas, cuando la aviación israelí bombardeó varios lugares estratégicos de Damasco, Trump lanzó una advertencia directa a Tel Aviv contra la desestabilización de Siria y su nuevo liderazgo.

Es muy importante que Israel mantenga un diálogo fuerte y verdadero con Siria, y que no ocurra nada que interfiera en la evolución de Siria hacia un Estado próspero, escribió Trump, quien impulsa un pacto de seguridad entre Israel y Siria desde que la coalición islamista de Al Sharaa derrocó, hace un año, al presidente Bashar al-Assad.

A buen entendedor…


lunes, 17 de febrero de 2025

Serbia: ¿nuevo escenario de una revolución de colores?

 

Otro fin de semana de protestas populares en Belgrado. Nada inusual para los habitantes de la capital serbia. Teníamos manifestaciones estudiantiles siete meses al año, pero que jamás se materializaron en revoluciones de colores, como en Ucrania, Georgia o las antiguas repúblicas soviéticas del Cáucaso, comenta un viejo politólogo que echa de menos la Yugoslavia del mariscal Tito.

Curiosamente, tras la desaparición del Tito llegaron los bombardeos de la OTAN, el desmembramiento del país, la creación del protectorado atlantista de Kosovo, el fervor europeísta. Sin embargo, la prensa occidental se limita a vaticinar que el país balcánico acabará siendo en escenario de una nueva revolución de colores.

El Presidente Alexandar Vučiċ, líder del ala europeísta del Partido Progresista Serbio, aguantó estoicamente las numerosas críticas y sugerencias provenientes de la capital comunitaria: Belgrado se muestra demasiado compaciente con Rusia, no aplica las sanciones decretadas por Occidente contra el régimen de Vladímir Putin, su acercamiento a Pekín resulta a la vez preocupante y peligroso… Para los eurócratas, esta actitud frívola podría entorpecer las negociaciones de adhesión de Serbia a la Unión Europea. Ante la avalancha de críticas de Bruselas, Vučiċ optó por responder con un lacónico nos queda la opción de los BRICS, de esta agrupación de países liderada por Rusia y China, que pretende ser una versión más liberal de las estructuras creadas por Washington después de la Segunda Guerra Mundial: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, etc.

Los BRICS no son, como afirman algunos políticos occidentales, un vivero de rojos. Entre los cuarenta candidatos a la adhesión figuran Estados como Turquía – miembro fundador de la OTAN – Arabia Saudita, país que difícilmente podríamos tachar de progresista, Indonesia y un largo etcétera. Pero, ¿Serbia en los BRICS?  Inconcebible; todos los Estados europeos deben adherirse a la OTAN y la UE. Es una norma.

Vučiċ contraataca: en los últimos 10 años, la CIA gastó alrededor de 3.000 millones de dólares para destruir Serbia. (No, no fue la USAID, fue la CIA). Sabemos quién lo hace y cómo lo hace. Es el trabajo sucio de una red de agentes occidentales. Lo toleraremos hasta cierto punto, después de lo cual nos comportaremos de conformidad con las normas que el Estado debe respetar.

Para los politólogos occidentales, hay que distinguir entre las injerencias externas malas: la de China, del mundo ruso o de Elon Musk y las buenas: el Atlantic Council, la OTAN, la Unión Europea o el entramado de Georges Soros.

Para los gobernantes de Belgrado, la actual oleada de protestas populares poco tiene que ver con la disidencia política interna. Se trata, más bien, de una campaña diseña para fracturar el país y obligar a la clase política a tomar la senda del atlantismo globalista.  

Malos augurios para las democracias del Viejo Continente


martes, 24 de diciembre de 2024

La Soberana Orden Islámica Sufí se instala en Europa

 

El primer ministro de Albania, Edi Rama, sorprendió a propios y a extraños al anunciar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, la creación – en suelo albanés – de un nuevo Estado soberano: la Soberana Orden Islámica sufí de los Bektași. Un país musulmán en suelo europeo, un enclave llamado a profesar la moderación, la tolerancia y la coexistencia pacífica. En pocas palabras, un auténtico quebradero de cabeza para las instituciones europeas, que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, no dudó en tildar en su momento de club cristiano con derecho de admisión reservado.  

En realidad, la reciente iniciativa de las autoridades de Tirana algo tiene que ver con la historia de la Turquía moderna. Los bektași, secta aleví afincada en Anatolia, representa el 20 por ciento de la población turca. En Albania, los miembros de la comunidad bektașí ocupan el cuarto lugar después de los musulmanes suníes, los cristianos ortodoxos y los católicos. Sin embargo, su presencia en el país se remonta a la Edad Media. Expulsaos de Turquía a comienzos del siglo XX, por el padre del Estado Moderno, Mustafá Kemal Atatürk,  los bektașí se trasladaron a Albania, confiando en poder restablecer sus estructuras de gobierno y preservar su tradición cultural.  Mas el advenimiento del régimen comunista truncó sus proyectos.

Mas los derviches no claudicaron. Durante su exilio albanés, uno de sus lideres de la comunidad aleví proclamó, en 1912, la independencia de Albania, poniendo fin al dominio otomano.  

La Soberana Orden tiene fama de ser una rama tolerante y mística del Islam,  está abierta a otras religiones y filosofías. Los bektași veneran a los místicos sufíes no pertenecientes a su entorno, como el murciano Ibn Arabi, Al-Ghazali o Jelalludin Rumi.

La soberanía de la orden Bektaşi es un paso importante hacia el fortalecimiento de los valores de inclusión, armonía religiosa y diálogo en un mundo cada vez más dividido, reza el comunicado gubernamental albanés, que señala que la orden gozará de una soberanía similar a la del Vaticano.

El nuevo Estado ocupará el mismo terreno en el que actualmente se encuentra el Centro Mundial Bektashi, es decir, unas once hectáreas en pleno centro de Tirana – lo que representa -una cuarta parte de la superficie del Vaticano- y tendrá como único objetivo el liderazgo espiritual.

El Gobierno estará encabezado por el actual jefe de la orden, Baba Mondi, y por un consejo que supervisará su funcionamiento religioso y administrativo del microestado. Una estructura muy parecida a la Orden de Malta, señalan los politólogos.

Por ende, malas noticias para los coleccionistas de pasaportes: la ciudadanía bektașí se concederá únicamente a los miembros del clero y los funcionarios de la Administración estatal. Para ser bektași, hace falta más que dominar los rudimentos de la danza giratoria…

 


martes, 9 de abril de 2024

Eslovaquia de frutas

 

Pero, ¿qué estoy diciendo? En realidad, deberíamos decir Macedonia de frutas. Sería lo correcto y lo más comprensible. Pero en este caso concreto, la balcánica Macedonia nos queda un poco lejos. Esos apuntes tratan sobre la actualidad en otro minúsculo país europeo – Eslovaquia – situado en el corazón de Europa. Un Estado cuyo porvenir inquieta a los eurognomos de Bruselas y a los uniformados atlantistas. Un país que pertenece – junto con la República Checa, Polonia y Hungría, al problemático Grupo de Visegrado, que tantos quebraderos de cabeza provoca en las Cancillerías occidentales. Se trata, recordémoslo, de los díscolos de la UE y también – desde hace algún tiempo – de la Alianza Atlántica.

Polonia, que volvió al redil hace apenas unos meses, no consigue desembarazarse de sus tics autoritarios de sus gobernantes radicales, que tanto molestaban a los eurócratas: vigilancia del sistema judicial, rechazo de las políticas de genero de la UE, intimidación de la Prensa.

Hungría siguió la senda de Varsovia, apostando por el nacionalismo y ¡ay! la férrea defensa de la soberanía y los intereses nacionales, amén de una sospechosa amistad con el hombre fuerte del Kremlin: Vladímir Putin.

Las andanzas del primer ministro húngaro, Víctor Orban, no han terminado. Actualmente, el régimen de Budapest se ha convertido en la oveja negra comunitaria. Mas cuando parecía que los húngaros iban a asumir en solitario su ostracismo, surgió un nuevo protagonista dispuesto a actuar de malo de la película: Eslovaquia.

En septiembre de 2023, el socialdemócrata Robert Fico se alzó con la victoria en las elecciones generales celebradas en el país. Malas noticias para el mundillo bruselense: Fico, que ya había ostentando en cargo de primer ministro en dos ocasiones, no duda en hacer alarde de su postura prorrusa. Un golpe bajo, sentencia el grupo socialista del Parlamento Europeo, que contempla la expulsión o suspensión de la agrupación parlamentaria bruselense de Smer, el partido de Fico, y de su ala disidente, Hlas, liderada por el hasta ahora presidente del Parlamento de Bratislava, Peter Pellegrini. Sin embargo, los dos políticos no tardaron en comprobar que… había vida después del involuntario destierro.

El pasado fin de semana, Pellegrini se alzó con la victoria en las elecciones presidenciales que lograron poner fin a una etapa de dominación conservadora.

Los socialdemócratas se han apoderado del Parlamento, el Gobierno y la Presidencia de la República, señalaba en la noche del domingo el comentarista político de la BBC. Para el público español interesado en la (buena) marcha del proyecto europeo, la lluvia de epítetos empleada por algunos medios de comunicación enturbió una posible y necesaria visión panorámica. Si bien al nuevo Presidente eslovaco, Peter Pellegrini, se le tacha de prorruso y aliado de Viktor Orban el Primer Ministro Fico cumula los calificativos de antiliberal, socialista, prorruso y populista, que moviliza al electorado joven utilizando narrativas de la extrema derecha.

Frente a ellos, hallamos al candidato derrotado, Iván Korčok, exministro de Asuntos Exteriores, un liberal prooccidental apoyado por la oposición liberal y conservadora. Una auténtica Eslovaquia de frutas.

En resumidas cuentas, lo que insinúa esta avalancha de calificaciones (descalificaciones, en este caso) es que el tándem Fico – Pellegrini podría convertir al país en un incómodo aliado de Orban y Putin.

De todos modos, sería recomendable que los lectores de la prensa mainstream de la Península consulten las noticias – muy escuetas y reveladoras – del servicio español de la BBC.

Los coleccionistas de despropósitos recordarán probablemente la disputa entre dos ciudadanos israelíes que termina con la imprecación: ¡Eres un… antisemita! Y la inevitable coletilla:  Pero, ¿qué estoy diciendo?

¡Ay, sí! una auténtica Eslovaquia de frutas.


domingo, 21 de enero de 2024

Netanyahu - accidentado final de trayecto


Trato de hacer memoria. Sucedió hace tiempo; hace más de tres décadas. Jerusalén, 18 de octubre de 1988. El candidato del derechista Likud en las elecciones legislativas, Isaac Shamir, celebraba su enésima rueda de prensa anterior a la contienda electoral. Le preguntamos sobre iniciativa de la OLP de proclamar la independencia de Palestina. El proyecto coincidía, recordémoslo, con el innegable impacto mediático de la primera Intifada. ¿Un Estado Palestino? ¡No habrá jamás un Estado Palestino! aseveró el líder conservador.

Argel, 15 de noviembre de 1988. El Consejo Nacional Palestino (Parlamento de la OLP), reunido en la capital argelina, proclama la independencia de Palestina.  Las emisoras de los países árabes transmiten en directo los debates del Parlamento: …ejerciendo el derecho del pueblo árabe palestino a la autodeterminación, a la independencia política y a la soberanía sobre su territorio, el Consejo Nacional Palestino, en nombre de Dios y del pueblo árabe palestino, proclama la creación del Estado de Palestina sobre nuestra tierra palestina, con su capital en Jerusalén, al-Quds al-Sharif.

No hubo grandes festejos en el sector árabe de Jerusalén. Los pobladores palestinos de la urbe tuvieron que contentarse con esporádicos fuegos artificiales, disparados tras el paso de las patrullas del ejército israelí. La canción Biladi (mí país) convertida en himno nacional, sonó en algunos vecindarios nacionalistas. Mas había que enfrentar los hechos: la ciudad, capital eterna e indivisible de Israel, seguía bajo ocupación. Palestina contaba con su territorio - las tierras ocupadas por el Estado judío en la guerra de 1967 – pero sin soberanía internacionalmente reconocida.

Después de la euforia inicial, los pobladores de la ciudad Tres Veces Santa asistieron a la puesta en marcha de la implacable maquinaria de propaganda israelí, que no tardó en advertir a los países amigos de Tel Aviv sobre la temeridad de posibles actuaciones unilaterales. En este caso concreto, la temeridad consistía en el reconocimiento del Estado Palestino. A la ofensiva del Likud se sumó la voz del recién elegido Presidente de los Estados Unidos, George Bush, antiguo director de la CIA, que tenía sobradas razones para no enemistarse con el establishment israelí.

La proclamación del Estado Palestino fue el detonante de la puesta en marcha de las consultas que desembocaron en la celebración, en 1992, de la Conferencia de Madrid y las discretas negociaciones diplomáticas que llevaron a la firma de los Acuerdos de Oslo. El propio Isaac Shamir decidió corregir su discurso, pasando del no habrá jamás un Estado palestino al más presumible tal vez en un plazo de diez años. Una postura posibilista, que permitía a los sucesivos Gobiernos israelíes celebrar nuevas reuniones destinadas a vaciar de contenido los Acuerdos de Oslo y el Memorando de Wye Plantation. Todos los jefes de Gobierno conservadores - Shamir, Olmert, Sharon, Netanyahu – y sus relevos laboristas - Barak, Ben Ami - navegaron en la misma dirección. La extensión de tierras asignadas a la Autonomía palestina disminuyó considerablemente tras la creación de nuevos asentamientos judíos en Cisjordania. Por si fuera poco, tanto Ariel Sharon como Benjamín Netanyahu manifestaron que el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, había dejado de ser un interlocutor válido en el accidentado diálogo con Tel Aviv. Curiosamente, los datos del problema cambiaron radicalmente después del ataque de Hamas del 7 de octubre del pasado año, cuando Washington y Tel Aviv llegaron a la conclusión de que el único elemento moderado al que podían recurrir era… Mahmud Abbas. Para conquistarlo, israelíes y norteamericanos optaron por recurrir tanto al coqueteo como al chantaje.

El chantaje se ha convertido en la principal baza del actual maratón diplomático meso oriental estadounidense. El Secretario de Estado Antony Blinken se empeñó en convencer al Presidente Erdogan sobre la necesidad de apoyar la postura de Israel en la pugna con los palestinos. ¿A cambio de la entrega de unos cazas F-16? Un error garrafal, teniendo en cuenta la trayectoria ideológica del político turco, hábil negociador y ferviente islamista. O de ofrecer un trato equitativo a Benjamín Netanyahu, persuadiéndole de que Arabia Saudita costeará los gastos para la reconstrucción de Gaza y normalizará sus relaciones con Tel Aviv a cambio del plácet israelí para la creación de un Estado palestino. Tropezó, una vez más, con la negativa rotunda del Primer Ministro hebreo, poco propenso a aceptar la existencia de este Estado, liderado por los elementos moderados de la OLP o por una coalición internacional integrada por saudíes, egipcios, palestinos y… norteamericanos. Netanyahu dejó las cosas claras en su último discurso: El día después de la era Netanyahu habrá un Estado gobernado por la Autoridad Palestina. Él, Netanyahu, no tiene intención alguna de claudicar.  Y ello, pese a la advertencia de Washington: La paciencia de Joe Biden se ha agotado. Aviso a los políticos noveles y las almas caritativas que acaban de descubrir la problemática del conflicto. No hay que tratar de amenazar con la opción de dos Estados ni con la imposición de un Estado creado por Occidente, por países que durante décadas hicieron suya la estrategia de la no intervención unilateral en los asuntos de la región.

En las últimas semanas, la Administración Biden trató de eludir los contactos con Netanyahu a la hora de sentar las bases para posibles soluciones del día después del operativo bélico, recurriendo al diálogo con otros políticos israelíes o representantes de la sociedad civil. Sin embargo, los altos cargos del Departamento de Estado reconocen que, al término del conflicto, alguien tendrá que reconstruir Gaza, alguien tendrá que gobernar Gaza, alguien tendrá que proporcionar seguridad en Gaza. Israel se enfrenta a decisiones muy difíciles en los próximos meses, estiman los jefes de la diplomacia estadounidense. ¿Simple constatación o advertencia? Pero Israel no es una república bananera.

Tampoco los palestinos parecen dispuestos a ceder: el precio pagado por los gazatíes desde el inicio de la operación militar ha sido demasiado elevado.

Subsiste, pues, el doble dilema: Netanyahu no tiene intención de dimitir; tiene cuentas pendientes con la Justicia israelí. El Estado judío no quiere claudicar; tiene cuentas pendientes con… Hamas.


domingo, 31 de diciembre de 2023

Belgrado bien vale un Maidan


Esperamos el Maidan de Belgrado el próximo martes. Será de color azul, anunciaba en su cuenta de Internet el politólogo estadunidense Jason Jay Smart, ex consejero de la presidenta de Moldova Maia Sandu y tenaz colaborador del American International Institute, donde solía dedicar la mayor parte del tiempo a los contactos directos e indirectos con la oposición rusa.
Huelga decir que el terreno parecía abonado. Poco después de darse a conocer los resultados de la consulta popular celebrada en Serbia el pasado día 17 de diciembre, una inusual oleada de protestas se adueñó de las calles de la capital serbia. Partidos de oposición al régimen de Alexander Vucic, movimientos sociales, agrupaciones de estudiantes, exigían la anulación del escrutinio, alegando un sinfín de irregularidades cometidas por militantes del Partido Progresista Serbio, liderado por el Presidente.
La Comisión Electoral de la República (RIK) desestimó, sin embargo, el recurso de la opositora Alianza Serbia contra la Violencia. Según los datos oficiales, la coalición del Partido Progresista Serbio (SNS), obtuvo un 46,7% de votos en las elecciones generales. El segundo lugar lo ocupó su principal rival, la Alianza Opositora Serbia contra la Violencia, con el 23,4%, seguida por el Partido Socialista de Serbia con el 6,6%.
Los observadores de la OSCE optaron a su vez por desoír las quejas de los detractores de Alexander Vucic, fabricadas y orquestadas, según fuentes gubernamentales, por los servicios secretos de potencias occidentales europeos y transatlánticos. Las insinuaciones de los políticos de Belgrado apuntaban hacia Berlín y Washington. En ambos casos, los organismos oficiales se apresuraron en desmentir categóricamente las sospechas o alegaciones de los serbios.
Curiosamente, el ambiente de crisis recordaba la crispación que acompañó las últimas horas de la intentona golpista de Turquía en 2016. El rumor de que los servicios de inteligencia rusos advirtieron a la cúpula de Belgrado sobre la inminencia de un golpe de palacio no hizo más que alimentar la tensión. Los medios de comunicación moscovitas no dudaron en disparar contra sus rivales de Bruselas: Úrsula von der Leyen, Josep Borrell, la plana mayor del Alto Mando de la OTAN.
En la mañana del día 31, los rotativos de Moscú anunciaban con grandes titulares: Una reedición del golpe de Estado de Ucrania de 2014 fracasó ayer en Serbia.
Pero, ¿se puede hablar realmente de una intentona golpista? El líder del Partido Radical Serbio y ex viceprimer ministro, Vojislav Seselj, se apresuró en corroborar las sospechas de Vucic, mientras que el líder de la oposición, Dragan Djilas, rechazó las insinuaciones de la prensa progubernamental, que acusan a los detractores del Presidente de estar planeando los incidentes callejeros.
Lo cierto es que los medios de comunicación rusos invitan a sus lectores a centrar la atención en Pavle Grbovich, un joven político que encabeza el Movimiento de Ciudadanos Libres, agrupación adscrita a la Alianza de los Demócratas y Liberales de Europa y que, siempre según los medios moscovitas, está preparado, desde 2020, por los servicios de inteligencia estadounidenses para derrocar al gobierno de Serbia.
Nada menos cierto, afirman los detractores de Alexander Vucic. Estamos luchando para convertirnos en parte de la familia europea y no caer bajo el yugo de Rusia.
Lo que sí es cierto es que los altos cargos de la Unión Europea han tratado de presionar a Belgrado para que se una al régimen de sanciones contra Rusia decretadas tras la invasión de Ucrania en 2022. Alexander Vucic ha rechazado las propuestas de la UE, sabiendo positivamente que su negativa podía poner en peligro la candidatura de Serbia a la UE.
Los occidentales son plenamente conscientes de que las presiones destinadas a obligar a Vucic a renunciar a nuestra política para con Kosovo y Metohija, dejar de apoyar a la República Serbska de Bosnia y Herzegovina o imponer sanciones a Rusia podrán acabar con su carrera política, señala el líder del Partido Radical, Vojislav Seselj.
De momento, la cacareada revolución azul, el Maidan serbio de Jason Smart, sigue siendo un mero espejismo.  ¿Sólo de momento? 


jueves, 9 de noviembre de 2023

Crepúsculos iliberales


El nuevo Gobierno de Eslovaquia acordó bloquear un paquete de 40,3 millones de euros destinado a la ayuda militar a Ucrania. La noticia, difundida por los medios de comunicación de Bratislava, pasó casi inadvertida en los países de la Unión Europea. Obviamente, las informaciones de esta índole no son del agrado de los eurócratas.

¿Poner en duda la unidad y la cohesión de los 27 frente al conflicto ruso-ucranio? ¡De ninguna manera! Sí, es cierto; la Unión cuenta con algunos – pocos – miembros díscolos.  Se trata, ante todo, de países pertenecientes al Grupo de Visegrado: Polonia, Hungría, Eslovaquia… Durante años, el estamento político bruselense lanzó sus truenos contra los gobernantes polacos y húngaros, poco propensos a plegarse a la disciplina comunitaria. Los ataques al Poder Judicial y la discriminación de género le valieron al Gobierno de Varsovia multas de un millón de euros diarios. La cantidad se descontaba de… los fondos asignados a Polonia por el ejecutivo comunitario.

La última consulta popular, celebrada el pasado mes de septiembre, parecía poner fin a la pesadilla polaca, Con la victoria de Donald Tusk, antiguo presidente del Consejo Europeo, partidario ce la despolitización de la vida pública y adalid del liberalismo económico, Polonia vuelve al redil de la cacareada democracia comunitaria. Hungría, sin embargo…

Viktor Orban, el jurista que dirige los destinos del pueblo magyar, parece más obstinado que sus correligionarios de Varsovia. Partidario de eliminar la llamada educación de género del currículo de la enseñanza, enemigo a ultranza de la inmigración no europea y, por supuesto, no cristiana, el primer ministro húngaro peca también, y ante todo, por su buena relación con Vladimir Putin y la firma de millonarios contratos para la compra de gas natural firmados con el Kremlin. ¿Reprimendas? ¿Sanciones? La oveja negra de Budapest suele hacer caso omiso de las amonestaciones de Bruselas.

Si me quieren echar, señores, háganlo. Yo no me marcho, advierte el primer ministro húngaro. Conviene señalar que las asiduas críticas contra Budapest disminuyeron tras la aplastante victoria de la no menos populista italiana Giorgia Meloni. Claro que para criticar a los políticos transalpinos, Bruselas prefiere emplear… guantes de seda. 

La aparente derrota electoral de los conservadores polacos coincidió en tiempo y espacio con el regreso a la palestra pública de otro controvertido personaje: Robert Fico, primer ministro de Eslovaquia, líder del partido socialdemócrata de su país, agrupación adscrita al Grupo de Socialistas y Demócratas del Parlamento Europeo.

Los medios de comunicación occidentales se precipitaron en tildar a Fico de prorruso y seudosocialdemócrata a raíz de sus estrafalarios mensajes dirigidos a sus conciudadanos durante la campaña electoral: La guerra siempre viene de Occidente; la paz, de Oriente. Ni una sola bala saldría de este país rumbo a Ucrania; la ayuda será únicamente humanitaria y civil. Nuestros asuntos internos serán prioritarios. La paz (en Ucrania) es la única solución. Me niego a que me critiquen sólo por hablar de la paz.

La reacción de los europarlamentarios socialistas fue instantánea. ¿Debemos aislar a Eslovaquia? ¿Sancionar a Fico?

Huelga decir que la formación del nuevo Gobierno de Bratislava deparó más sorpresas. Sus miembros se pronunciaron a favor de bloquear el potencial ingreso de Kiev en la OTAN y de revisar los acuerdos de seguridad con Washington, que permiten a la fuerza aérea estadounidense utilizar las bases de la aviación militar eslovaca de Malacky-Kuchyna y Sliac durante un período de diez años. El acuerdo ha sido mal formulado, afirma el recién nombrado ministro de Defensa, Robert Kalinak, quien se apresuró a transmitir sus dudas al embajador de los Estados Unidos en Bratislava, exigiendo la revisión del tratado.

Pero la nota la dio el vicepresidente del Parlamento de Eslovaquia, Lubos Blaha, quien descolgó de la pared de su despacho la foto oficial de la Presidenta Zuzana Caputova, sustituyéndolo ñor un retrato de Ernesto Che Guevara. Y para que no haya lugar a dudas, Blaha retiró también el estandarte de la UE, colocando en su lugar la bandera eslovaca. Un gesto éste que fue debidamente publicitado por los medios audiovisuales moscovitas.

En resumidas cuentas: Eslovaquia acaba de ingresar en la lista de las ovejas negras de la UE, de las democracias… ¡iliberales!

¿Y Meloni? ¿Qué hacer con Georgia Meloni? De momento, sus planteamientos sobre la lucha contra la inmigración ilegal parecen haber hecho mella en algunos países escandinavos. ¿Iliberales?

Cabe suponer que la palabra se pondrá de moda próximamente. 

viernes, 6 de octubre de 2023

La guerra de Nagorno Karabaj: la culpa es de… Stalin

 

Al presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, se le esperaba esos días en Granada para la celebración de una ronda de negociaciones discretas con su homólogo armenio, Nikol Pashinian. Pero la invitación, cursada por Bruselas, fue rechazada por el hombre fuerte de Bakú, visiblemente molesto por el lenguaje empleado por el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. No es este el primer fracaso de la diplomacia de la UE, que ofreció sus buenos oficios para intermediar entre azeríes y armenios y evitar un nuevo conflicto armado, aunque su objetivo oculto era reducir la influencia de Rusia en la región transcaucásica.

Cierto es que el lenguaje empleado por el belga Charles Michel nada o poco tiene que ver con las exquisitas palabras de su colega alemana, Ursula von der Leyen, que llegó a calificar a Alíyev de interlocutor digno de confianza.  

Lo cierto es que los participantes a la cumbre de Granada tuvieron que contentarse, esta vez, con la presencia del presidente armenio, Nikol Pashinian, un convidado de piedra que no eclipsó la mediática actuación del ucranio Volódimir Zelenski. Obviamente, el conflicto de Transcaucasia (aún) no vende…

Pero volvamos al escenario del enquistado conflicto de Nagorno-Karabaj, de este atroz rompecabezas donde se entremezclan factores étnicos, ideológicos y religiosos. Para algunos analistas occidentales, el principal responsable de este estado de cosas es… José Stalin, el dictador que confiaba en el internacionalismo proletario y la convivencia pacífica entre pueblos. Pero el desmantelamiento de la URSS puso de manifiesto los errores de la doctrina comunista.

La autoproclamada República de Nagorno-Karabaj – Artsaj – establecida hace 32 años por la comunidad armenia de esta región fronteriza - dejará de existir a partir de enero de 2024, al negarse sus pobladores a aceptar una reintegración pacífica forzosa a Azerbaiyán, la exrepública socialista soviética poco propensa a ofrecerles ningún tipo de autonomía ni garantías creíbles de seguridad.

En realidad, todo empezó el pasado 19 de septiembre, cuando el Gobierno de Bakú desencadenó una ofensiva contra el enclave armenio, alegando la presencia de terroristas en el suelo de Artsaj. El contingente azerí contaba con 60.000 hombres; las fuerzas armadas de Artsaj, con apenas 2.500, las fuerzas de paz rusas desplegadas en los confines de Nagorno Karabaj con Azerbaiyán, con 2.000 efectivos. La escapada bélica azerí finalizó en la tarde del 28 de septiembre, tras la derrota de las milicias de autodefensa locales y la capitulación del Gobierno regional.  

Armenia no participó en los combates ni en las negociaciones entre Azerbaiyán y las autoridades de Nagorno Karabaj. Más aún, el presidente Nikol Pashinian, reconoció a Nagorno Karabaj como parte integrante de Azerbaiyán. Sin embargo, el líder armenio no dudó en calificar la agresión de operativo de limpieza étnica, acusando al contingente de interposición ruso de no haber velado por la seguridad de los residentes del enclave. Conviene señalar que los reproches de Pashinian coincidieron con… el final de las primeras maniobras conjuntas armenio-norteamericanas, que tuvieron por escenario el territorio de Armenia, país que todavía alberga importantes instalaciones logísticas del ¡ejército ruso!

¿Hubo abandono deliberado de los pobladores de Artsaj por parte de las autoridades de Ereván, como insinúan los manifestantes congregados ante la sede de la Presidencia de Armenia?  Lo cierto es que la posición del gobierno armenio es a la vez oportunista y tramposa. Su postura ambigua respecto a la pacificación de Nagorno-Karabaj, sus recientes amistades con las potencias occidentales, sus reiteradas críticas a la Federación Rusa tratan de poner en una posición incómoda a Moscú, que no ha renunciado a su compromiso humanitario, esperando mantener su influencia en la zona.

Por su parte, Occidente vincula deliberadamente a Armenia con costosos contratos de suministro de armas, destinados a consolidar su presencia en la región transcaucásica.

Azerbaiyán, cuya población es de origen turcomano, juega la baza del apoyo político y diplomático de la Madre Patria - Turquía - y de la ayuda militar y económica de Israel. Su presidente, Ilham Aliyev, el gran ausente de la cita de Granada, advierte: Ereván es territorio azerí; lo reconquistaremos.

El otro protagonista del conflicto enquistado - Irán – se limitará por ahora a proteger sus fronteras. Definirá su papel estratégico una vez que las aguas vuelvan a sus cauces.

La opinión pública armenia culpa del éxodo de refugiados de Nagorno-Karabaj – más de 100.000 personas desplazadas al escribir estas líneas - tanto a Azerbaiyán como a la inoperancia de la UE. Bruselas se volvió especialmente dependiente de las exportaciones de hidrocarburos de Bakú después de auto privarse del gas ruso.

Todo el mundo dice que se preocupa por nosotros, los armenios, pero ¿dónde están? ¿Dónde está Francia? ¿Dónde están los EE.UU.? ¿Dónde está el Consejo Europeo?, inquieren los jóvenes armenios.

Decididamente, Transcaucasia aún no vende…


miércoles, 31 de mayo de 2023

El incombustible sultán Erdogan

 

En noviembre de 2002, cuando el Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) liderado por Recep Tayyip Erdogan, se alzó con la victoria en las elecciones generales convocadas en Turquía tras la crisis provocada por el desmembramiento de la coalición integrada por DSP-MHP-ANAP, agrupaciones políticas de distinto corte político, que defendían el carácter laico del país, el entonces presidente estadounidense, George W. Bush, se apresuró en enviar un mensaje a sus socios comunitarios, reclamando la rápida adhesión de Ankara a la Unión Europea.

El Sr. Erdogan en un islamista moderado, cuyo ingreso en la UE facilitaría nuestros intereses en la región de Oriente Medio, rezaba el mensaje del inquilino de la Casa Blanca. La misiva fue acogida con recelo en Bruselas. Para las altas instancias comunitarias, se trataba de una intolerable injerencia de Bush en los asuntos internos de la Unión. Y más aún, teniendo en cuenta que Erdogan, ex alcalde de Estambul, había sido inhabilitado por la Corte Suprema de Turquía por manifestaciones de apoyo al islamismo, incompatibles con la normativa jurídica del Estado laico fundado en 1923 por Mustafá Kemal Atatürk.

Por otra parte, el establishment de Bruselas se había familiarizado con el programa electoral del AKP, que contemplaba la remusulmanización de Turquía y la islamización de la diáspora. Una amenaza potencial ésta para los países comunitarios, que acogen alrededor de 4 millones de emigrantes procedentes de Anatolia.       

¿Una emigración islamizada? Aparentemente, el peligro es mínimo. La mayoría de los emigrantes turcos se rige por las normas de la moderación religiosa, es decir, poco propensa a interferir con las creencias de los países de inmigración. Sin embargo, el miedo al otro, al ser diferente, alimenta el discurso de las agrupaciones radicales. La preocupación real de los gobernantes es otra: se trata del desequilibrio de la balanza comercial entre los países comunitarios y el Estado turco. Un estado de cosas que provoca pavor en los círculos empresariales. Turquía en un competidor serio y temible.

En las dos últimas décadas, el moderado Erdogan logró convertirse en el fiscal del proteccionismo comunitario, detractor de las políticas de defensa de la OTAN, aliado y sostén le Kremlin, amigo de los ayatolás de Teherán, aliado de las monarquías del Golfo Pérsico que rechazan la hegemonía de Arabia Saudita, líder de una potencia regional que trata de resucitar y relumbrar la grandeza de las glorias de antaño, del resplandeciente Imperio otomano.

Después de la intentona golpista de 2016, ideada – según el sultán y sus secuaces – por los servicios de inteligencia occidentales, Erdogan se ha ido distanciando aún más de los miembros de la UE.

La decisión de Angela Merkel de congelar las negociaciones para la adhesión de Turquía a la UE fue interpretada como una auténtica declaración de guerra. Por si fuera poco, en la OTAN se oyeron voces reclamando insistentemente la salida de Ankara del sistema de defensa atlántico. Pero en este caso concreto, Washington se sintió obligado a calmar la revuelta. Turquía sigue siendo una pieza clave en la estructura de defensa de Occidente. Por otra parte, el papel de mediador ejercido por Erdogan en el conflicto de Ucrania le convierte en juez y árbitro del juego peligroso que opone la Casa Blanca al Kremlin.

Si bien Turquía tiene que hacer frente a una crisis económica sin precedentes, Recep Tayyip Erdogan ha aprovechado la campaña electoral para recordar los excelentes resultados obtenidos por la industria de defensa, que sale fortalecida del forcejeo entre Rusia y Occidente. Erdogan ha sido el político turco más poderoso durante las dos últimas décadas. Parece poco probable que cambie drásticamente de rumbo tras su reelección.

El Occidente, que ha apostado por el candidato kemalista Kemal Kilicdaroglu, jefe de fila del Partido Republicano del Pueblo, ha tenido que rectificar el tiro tras la victoria electoral de Erdogan. No cabe duda de que las capitales europeas hubiesen preferido tratar con las agrupaciones laicas capitaneadas por los kemalistas, predispuestas a un acercamiento con las posturas de Washington y de Bruselas.

Al cumplirse cien años de la fundación del Estado moderno, Turquía recupera, merced a su política neo-otomanista del AKP, su pompa imperial. Mas el fasto de las celebraciones no logrará acallar las críticas de la oposición, que denuncia la constante erosión de las normas democráticas, la persecución de los disidentes, la discriminación de la comunidad LGBTI, la situación de la comunidad kurda. De hecho, Erdogan aprovechó su primer contacto telefónico con su rival Kilicdaroglu para exigir información detallada acerca del acuerdo firmado por los kemalistas con el partido kurdo. ¿Es cierto que os habéis comprometido a excarcelar a sus líderes? preguntó Erdogan, acérrimo enemigo de las agrupaciones paramilitares kurdas que operan en Turquía y Siria.

Tanto Erdogan como Kilicdaroglu se comprometieron a iniciar el proceso de repatriación de los refugiados sirios – alrededor de 3,5 millones de personas desplazadas – que perderán la protección de los organismos internacionales. Uno de los problemas más acuciantes es, sin duda, la escasez de viviendas en el país vecino, asolado por el terremoto del pasado mes de febrero, pero ante todo por la destrucción masiva provocada durante el conflicto interno. Un auténtico quebradero de cabeza para el sultán, que inicia su tercer mandato en un ambiente de crisis y desconfianza.

Pero en incombustible Erdogan seguirá gobernando Turquía cinco años más. Guste o no a la Casa Blanca; guste o no al club cristiano de Bruselas.

miércoles, 15 de marzo de 2023

Moldova (II) Transnistria - ¿una anomalía histórica?


 El cruce de la frontera entre Moldova y la región separatista de Transnistria – la autodenominada República Moldava Pridnestroviana o República Moldava del Dniéster recuerda extrañamente el dificultoso transito fronterizo entre las mal llamadas democracias populares de Europa Oriental. De un lado, los policías moldavos, que se limitaban a controlar los documentos de identidad de los viajeros. Del otro, unos jóvenes que vestían uniforme de camuflaje; en la tierra de nadie, militares rusos y algún blindado que otro, perteneciente a ejército de la ex Unión Soviética. Los confines separan dos mundos: la Unión Europea inconclusa y la Unión Soviética incesante.

Afirman los expertos, asiduos lectores del Reader’s Digest, que el abismal contraste entre los dos territorios es una mera reminiscencia de la guerra civil de 1992, desencadenada por el rechazo de los habitantes de Transnistria de aceptar el resultado del referéndum organizado por la élite de Chișinău que desembocó en la independencia de Moldova. Los transnistrianos, los gagauz, los rusos y los pro soviéticos, votaron a favor de la permanencia en la extinta Unión Soviética. La guerra civil – un conflicto que duró menos de seis meses – arrojó una cifra de 20.000 muertos.

Para los estudiosos de la historia europea, las raíces del enfrentamiento son mucho más profundas. La región formó parte inicialmente del Rus de Kiev. Tras su integración al Reino de Hungría, se constituyó – en 1346 – el Principado de Moldavia.

En la primera mitad del siglo XV, los moldavos eran vasallos del Gran Ducado de Lituania. Invadido y ocupado por los turcos en 1512, el Principado se transforma en tributario del Imperio Otomano en 1538.

Los historiadores de este anacrónico enclave, que profesan un antirrumanismo militante, advierten:  Los rumanos aluden siempre a sus antepasados, los dacios. Pero aquí contamos con una decena de etnias: rusos, rumanos, moldavos, húngaros, ucranios, turcos, tártaros. Un desconcertante mosaico, bastante frecuente en las permeables regiones fronterizas de Europa oriental y los Balcanes.

Cierto es que después de los otomanos llegaron los rusos. Primero, los zares, que no dudaron en convertir la franja situada entre los ríos Dniéster y Prut en la punta de lanza de su estrategia colonialista. Rusia quería conquistar Moldova, Valaquia y Bulgaria, abriéndose camino hacia el Bósforo y los Dardanelos. El Tratado de Bucarest de 1812, que puso fin a la guerra ruso-turca, frenó las apetencias territoriales de Rusia, a la que se le adjudicó sólo el Voivodato de Besarabia.  

Transnistria volvió a convertirse en un problema político después de 1918, cuando la URSS estaba elaborando una estrategia para contrarrestar la Gran Unión entre Moldova y Rumanía, deseada por el parlamento de Chișinău.

En 1924, las prioridades del régimen parecían eran obvias: se trataba de ejercer presión sobre Rumania con respecto a la cuestión de Besarabia, exportar la revolución proletaria al territorio rumano y establecer una cabeza de puente hacia los Balcanes. Una de las opciones barajadas por Moscú era ¡unir Chișinău con Transdniéster! La URSS inventó, pues, Transnistria en 1924. Se trataba de aplicar la política imperial… renovada.

En 1941, cuando las tropas rumanas cruzaron el Prut, gran parte de los líderes prosoviéticos se trasladó a Tiraspol – capital actual de Transnistria - donde crearon centros de resistencia ideológica, cultural y lingüística. En esos laboratorios ideológicos se ideó la llamada lengua moldava, que se emplea en los libros de texto transnistrianos, donde la historia dista mucho de la que se enseña en Chișinău.

Los planes de industrialización de Transnistria fueron ideados después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el territorio contaba ya con una mayoría ruso parlante.

Detalle interesante: antes de 1989, Transnistria ocupaba alrededor del 11 ó el 12 por ciento del territorio de la República Socialista de Moldova, pero producía el 90% de la energía, generaba el 40% del PNB y el 33% de la producción industrial moldava.

Conviene señalar que el enclave secesionista acoge más de 20.000 toneladas de armamento, almacenado por el Ejército soviético tras el final de la Guerra Fría. Se trata de armas y municiones abandonadas por las tropas que abandonaron precipitadamente Alemania Oriental, Checoslovaquia, Hungría y Polonia.

Para Moscú, la importancia de Transnistria – esa anomalía histórica - es ante todo estratégica. El territorio está cerca de Sebastopol y de la península de Crimea, lo que no se puede ignorar, teniendo en cuenta que pensamiento geopolítico ruso y exsoviético es el mero reflejo de los mapas militares.

Desde el comienzo de la guerra de Ucrania, los estrategas occidentales contemplan a Moldova como posible escenario para la extensión del conflicto. La apertura de un nuevo frente complicaría la trama de forma controlada, ya que Chișinău no pertenece a la UE ni a la OTAN, por lo que tanto la Alianza Atlántica como Bruselas podrían enviar voluntarios y armamento para ampliar el teatro de operaciones y desgastar más a Rusia.

Sombrías perspectivas éstas para las huestes pacifistas... Pero muy distintas de los vaticinios de Samuel Huntington.

 

E

jueves, 9 de marzo de 2023

Moldova (I)

 

Su café, señor. La muchacha rubia hablaba con un indeterminado acento extranjero.

¿Es usted rumana, Alina?

No señor, soy moldava.

Pero habla rumano o moldavo, ¿verdad?

No, sólo hablo ruso. Es mi idioma materno. Mis padres hablaban rumano, pero como los trasladaron a la región oriental de la República, los rusificaron; nos rusificaron. Era una práctica bastante frecuente. Yo estudié magisterio; en ruso. Para lo que me ha servido…

Alina, la moldava rubia rusificada en la época de los soviets, sirve cafés en una terraza del madrileño Paseo de la Castellana…

La República Moldova – el país más pobre de Europa – volvió a la palestra recientemente, cuando los medios de comunicación del Viejo Continente se hicieron eco de rumores sobre una posible invasión de las tropas rusas que operan en Ucrania. Unos rumores destinados a contrarrestar las informaciones, no menos fidedignas, sobre la también inminente invasión de la región secesionista de Transnistria – feudo de la ortodoxia soviética – por el ejército de Kiev.

Durante una semana, las autoridades de Chișinău – la capital de Moldova – vehicularon rumores sobre la existencia de una conjura del Kremlin, destinada a derrocar al Gobierno legítimo de la república, deseoso de preservar la neutralidad del país, consagrada en la Constitución.

Cierto es que los ataques de Moscú no faltaron. El propio jefe de la diplomacia rusa, Seguéi Lavrov, afirmó recientemente que Occidente quiere convertir a Moldova en otra anti-Rusia, al poner al mando del país, mediante métodos poco democráticos, a una presidenta – Maia Sandu – que tiene la ciudadanía rumana, desea ingresar en la OTAN o fomentar la unión con Rumanía, país miembro de la Alianza, que patrocina a las autoridades de Chișinău. Se trata, claro está de un patrocinio paternalista; los rumanos jamás olvidaron que el territorio les había sido arrebatado por José Stalin al final de la Segunda Guerra Mundial.

En cuanto a las culpas o los pecados de Maia Sandu, economista con una brillante hoja de servicios en la administración estatal moldava, basta con recordar que cursó estudios en la Universidad de Harvard y trabajó entre 2010 y 2012 en calidad de consejera de la dirección del Banco Mundal.          

Si en algo no se equivoca Lavrov es en la evaluación de los sentimientos de los moldavos. De hecho, una encuesta realizada recientemente por un instituto local revela que el 60 por ciento de la población estima que el Gobierno de Chișinău está manipulado por potencias extranjeras. El 59 por ciento considera que el país está en la órbita de Washington o de la Unión Europea. Conviene recordar que el junio de 2022 el Consejo Europeo otorgó a Moldova (y a Ucrania) el estatuto de candidatos a la adhesión a la UE. 

De momento, sólo hay indicios de la integración paulatina de Moldova a la esfera de influencia rumana. Hace apenas unos meses, el parlamento aprobó una ley que cambia el nombre del idioma oficial – moldavo – al rumano. La decisión, impugnada por los partidos de oposición, no fue cancelada por el legislativo.   

La inmediatez de la guerra de Ucrania suscitó recciones distintas en la opinión pública. Mientras las agrupaciones políticas progubernamentales se dedican a organizar actos en apoyo de Gobierno de Kiev – contra la guerra (de Moscú) – el prorruso Partido Socialista organiza manifestaciones contra la participación de Moldova en el conflicto. Los socialistas estiman que es preciso analizar la situación socioeconómica del país, los niveles extremos de pobreza - antes de contemplar el envío de armas a Ucrania.  

La obsesión por un hipotético golpe de Estado fomentado por el Kremlin generó la noticia del no menos hipotético descubrimiento por parte del Servicio de Información y Seguridad de una red de agentes (rusos) que se dedicaba al espionaje y a los intentos de cambiar el orden constitucional. El Presidente del Parlamento, Igor Grosu, miembro del partido en el que milita Maia Sandu, exigió a la Unión Europea imponer sanciones contra el opositor Ilon Shor, un millonario de origen judío exiliado en Israel, y el oligarca Vladimir Plahotniuc, banquero perseguido por fraude fiscal, acusándolos de desestabilizar las instituciones republicanas.

Las salidas de tono de Grosu son proverbiales. En vísperas de las elecciones generales para la Asamblea de la región autónoma de Găgăuzia (Gagauzia), territorio poblado por una minoría étnica turcomena que abrazó la fé cristiana, pero mantiene las constumbres de sus antepasados selúycidas, el presidente del Parlamento de Chișinău tachó a la gobernadora de Gagauzia, Irina Vlach, de quintacolumnista y agente de Rusia. El crimen cometido por los gagaúz: no haber apoyado el programa electoral del Gobierno moldavo. Irina Vlach estima que el objetivo principal de la campaña de Grosu es provocar un golpe de palacio. Obviamente, a los políticos de Chișinău les siguen gustando las intrigas de los señores feudales.

Mas a las voces de los Grosu se suman los llamamientos de codiciosos hermanos transfronterizos. La pasada semana, el vicesecretario general de la OTAN y expresidente del Senado rumano, Mircea Geoana, apareció ante las cámaras de la televisión moldava para lanzar un patético mensaje: Ha llegado el momento de que Moldavia elija entre la vía europea de desarrollo y Rusia, manifestó el número dos de la Alianza Atlántica. Ya es hora de salir de la pobreza… si quieren quedarse como están, es vuestra decisión. Pero si quieren venir con nosotros a Europa, a un mundo democrático y civilizado y más próspero, es el momento de tomar una decisión y temer menos a Rusia.  

Las relaciones oficiales entre Moldova y la OTAN se remontan a1992, cuando el país se unió al Consejo de Cooperación del Atlántico Norte. Sin embargo, no hay planes para solicitar oficialmente la adhesión a la Alianza.   

Conviene recordar, sin embargo, que Moldova está limitada por dos grandes vecinos: Rumanía, baluarte de la OTAN, y… Ucrania.

Sería realmente superfluo insistir sobre su actual valor estratégico.


viernes, 9 de diciembre de 2022

Balcaniadas VI - Schengen: Rumanía y Bulgaria tendrán que esperar

 

Sabemos que la fiera tiene intención de apoderarse de la zona; no lo permitiremos. Esta frase, un tanto ambigua, no la encontramos en un tratado de cinegética, sino en las actas de una reunión internacional. Conviene puntualizar: la fiera es Rusia y la solemne y agresiva advertencia aparece en un discurso pronunciado por un ministro de Asuntos Exteriores en la reciente cumbre encuentro de la Alianza Atlántica celebrada en Bucarest. ¿La zona? Se trata, como podrá imaginar, estimado lector, de los Balcanes occidentales, una región descuidada hasta ahora por los eurócratas de Bruselas, pero cortejada por la plana mayor de la OTAN. De hecho, la mayoría de los Estados balcánicos invitados al aquelarre de la capital rumana se han integrado en la Alianza. Serbia, la oveja negra de los Balcanes, no tiene interés alguno de sentarse en la mesa con los atlantistas: el recuerdo de los bombardeos de la década de los 90 sigue vivo. Sin embargo…

Hace unos días, las autoridades de Belgrado estuvieron presentes en la cumbre auspiciada en Tirana por la UE, en la que las primeras espadas del club de Bruselas trataron de convencer a los seis candidatos a la adhesión – Albania, Bosnia, Kosovo, Macedonia del Norte, Montenegro y Serbia - que no se les había olvidado o ninguneado, que el porvenir de la futura generación de europeos será más seguro con la presencia de los Balcanes en la Unión.  Pero el mensaje cayó en saco roto: los balcánicos desconfían de las promesas, de los bellos discursos de los eurócratas. La pregunta que se plantean es muy sencilla: ¿Por qué nos quieren dentro de la UE? ¿Para que la región no caiga en las manos de los rusos o los chinos? Los subsidios comunitarios no solucionan nuestros problemas…  La experiencia de sus vecinos más afortunados – Bulgaria y Rumania – justifica plenamente su desconfianza. Las promesas no van de par con las exigencias de Bruselas.

El proceso de ampliación de la Unión Europea, acelerado tras la atomización y el desmantelamiento de la URSS, hizo caso omiso de los requisitos básicos aplicables a los nuevos candidatos. Algunos, como, por ejemplo, Polonia y Hungría, tuvieron la suerte de sortear los obstáculos ideados por los eurotecnócratas. Otros, menos afortunados, se sienten humillados y ofendidos por la altanería o la mala fe de quienes pueden permitirse el lujo de inventar nuevas y absurdas trabas. Este ha sido el caso de los tres candidatos al ingreso en el espacio Schengen – Croacia, Bulgaria y Rumania – cuya accidentada adhesión a la zona de libre circulación ha provocado un tsunami en las capitales comunitarias.

Croacia, antigua aliada del régimen hitleriano durante la Segunda Guerra Mundial, no tropezó con las reticencias de los ministros de Interior de la UE a la hora de avalar su solicitud de ingreso.

Rumanía y Bulgaria, que llevan once años esperando la bendición de sus colegas, se encontraron nuevamente con el portazo de los centroeuropeos. En este caso concreto, el niet o, mejor dicho, el nein, procede del ministro austriaco de Interior, Gerhard Karner, al que se le sumó a última hora su homologo holandés.

Curiosamente, los holandeses, que vetaron durante años la integración de Rumanía en Schengen, temiendo la competencia del puerto de mercancías Constantza a las estructuras de Rotterdam, trataron de corregir los tiros, achacando a Bulgaria supuestas violaciones de los derechos humanos por la policía de fronteras. Las acusaciones, formuladas después de la publicación de un informe comunitario que señala que ambos países – Bulgaria y Rumanía – cumplen todos los requisitos para la adhesión a Schengen, sorprendió a la élite de la UE. Más aún, teniendo en cuenta la corrupción denunciada en reiteradas ocasiones por la clase política búlgara, empeñada en erradicar esta lacra.

Igual de rocambolesca pareció la acusación formulada por el ministro austriaco de Interior, Gerhard Karner, contra Rumanía. Karner afirmó que las autoridades de Bucarest no controlan las fronteras, convertidas en un auténtico coladero para la emigración ilegal procedente de Oriente Medio. Sabido es que la emigración generada por el efecto llamada de la excanciller Merkel no tuvo repercusión alguna en Rumanía, país que los emigrantes procuraban evitar por ser demasiado… pobre.

Lo que parece olvidar – voluntaria o involuntariamente - el titular de Interior austriaco, es que su país había aprovechado al máximo los recursos naturales de Rumania, que se había convertido en uno de los mayores suministradores de gas natural del Mar Negro. Viena logró monopolizar gran parte de las exportaciones rumanas, imponiendo sus condiciones a las autoridades de Bucarest.

Unos años antes, la empresa austriaca Holzindustrie Schweighofer, que controlaba el sector maderero de Rumanía, fue acusada por las organizaciones ecologistas de llevar a cabo la desforestación sistemática del país. De hecho, la masa forestal de Rumanía pasó de 8,5 millones de hectáreas de bosque a unos 6,3 millones. La madera enviada a Austria servía para la fabricación de muebles de alta gama. Según la Agencia de Investigación Medioambiental Europea (EIA), la tasa de desforestación de Rumanía es la más alta de Europa. La última razzia austriaca, que culminó con la tala de varios centenares de hectáreas de bosque, sirvió para un objetivo más… noble: el abastecimiento con madera para chimenea del mercado centroeuropeo.

Detalle insólito: el consejero delegado de Holzindustrie Schweighofer fue galardonado por sus buenos y leales servicios por el presidente rumano, Klaus Iohannis, antiguo alcalde de Sibiu y presidente, durante más de una década, del Foro Democrático de los Alemanes en Rumania, agrupación de la etnia germana de Transilvania.

La reacción de los rumanos al nein de los austriacos fue instantánea: políticos y empresarios exigieron la cancelación de las cuentas en los dos bancos austriacos que operan en el país: el Raiffeisen y el Erste, La retirada de fondos empezó a materializarse pocas horas después del portazo de Bruselas. ¿Un mero preludio? 

Y pensar que a los rumanos (y los búlgaros) la fiera les queda mucho más cerca que a sus vecinos del sur. Y también, que a los balcánicos no les acaba de convencer la idea de convertirse en… socios de segunda categoría del cada vez menos armónico club de Bruselas.

jueves, 4 de agosto de 2022

Olaf Scholtz y la turbina perdida


Scholtz y la turbina perdida… ¿Es este el tema de actualidad, el verdadero tema del día para un comentarista de política internacional? No sé por qué, me parece haber oído comentarios reprobatorios, algo bastante corriente en nuestra profesión. Me llegan ecos:

¿Por qué no hablas del cálido recibimiento del príncipe heredero de Arabia Saudita, el ex paria acusado por Occidente de haber ordenado el asesinato a sangre fría de un compañero tuyo, Jamal Khashoggi, en el Eliseo? ¿También Macron contribuye al blanqueo de imagen del príncipe, sumando su voz a quienes vaticinan una crisis apocalíptica petrolífera? ¿De verdad necesitamos el parche saudí?

¿Por qué no hablas de la crisis provocada por la dimisión de Boris Johnson, de su política errante? ¿O de la caída de Mario Draghi, debida supuestamente a la injerencia del servicio secreto ruso? ¿O del enfrentamiento entre Serbia y Kosovo, un conflicto en ciernes en el corazón de Europa? ¿O del resurgir de la eterna guerra de Nagorni Karabaj, donde turcos e iraníes mueven ficha a través de armenios y azeríes interpuestos? ¿Y Taiwán?  ¿Qué opinas de Taiwán?

No, queridos compañeros; hoy me quedo con las turbinas de Scholtz, con el acuciante problema del suministro de combustible ruso destinado a los países de Europa occidental. Aparentemente, el porvenir oscuro del pueblo alemán se resume – según la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen – a la necesidad de compensar el frío de la hibrida calefacción invernal con un buen jersey de lana y… ¡una manta! Igual que durante la ofensiva de invierno de la Wehrmacht en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos combatientes murieron congelados. Pero ellos dieron la vida por el Reich y el Führer, no por las restricciones impuestas por algún eurócrata.   

Hoy me quedo con las turbinas de Scholtz, un episodio ilustrativo del desconcierto generalizado que se está apoderando de nuestros países. De Occidente, de la OTAN (expresión empleada últimamente para destacar nuestra voluntad de seguir unidos).

La historia de las turbinas me recuerda las operetas vienesas de comienzos del siglo pasado, donde los dramas y los conflictos se esfumaban en los últimos minutos, dando paso a cantos de jubilo de los protagonistas. Aparentemente, el libreto de nuestra opereta bruselense resulta más sobrio, por no decir, triste. Pero prefiero no ahondar en el tema: hoy no toca comentar el conflicto de Ucrania. 

Lo cierto es que la turbina necesaria/indispensable para el suministro de gas ruso a Alemania, que hizo mutis en unos talleres de Canadá, volvió a aparecer en las instalaciones de Siemens de Alemania. Está en perfectas condiciones; puede funcionar y facilitar la reanudación de los suministros. Pero… aún queda un detalle; la turbina tiene que enviarse a Rusia. Algo imposible, según las autoridades germanas; las restricciones impuestas a Rusia lo impiden.

Las sanciones económicas no se aplican a la turbina, afirma rotundamente la dirección de Siemens. Y el sainete continúa, igual que la perspectiva de que los alemanes tengan que agenciarse una buena manta para el próximo invierno.

Mas no es éste el único episodio tragicómico de la actualidad alemana. Hace apenas unos días, los vecinos del canciller Scholtz encontraron en la calle varios documentos confidenciales del Gobierno alemán, así como informes secretos sobre la celebración de la cumbre del G 7, provenientes de la basura de los Scholtz. 

Algunos de los documentos estaban marcados como Confidencial. Tal clasificación implica que los documentos en cuestión tienen un grado máximo de seguridad y no deben salir de los edificios gubernamentales.

Una nota informativa del Ministerio de Asuntos Exteriores ofrece detalles sobre la cumbre del G7 y, especialmente, sobre las cónyuges de los líderes del G7. Se señaló, por ejemplo, que la esposa de Boris Johnson, Carrie Johnson, estudió el arte y la historia del activismo ambiental. El comentario sobre Maria Serenella Cappello, la esposa del primer ministro italiano Mario Draghi, indica que es licenciada en literatura inglesa y que prefiere evitar el público. Sobre la esposa del primer ministro japonés se mencionó que es secretaria en la empresa Mazda; la primera dama de Estados Unidos, Jill Biden, y la esposa de Emmanuel Macron, Brigitte, figuran como maestras.

Señala la prensa alemana que la Administración debería haber abierto un expediente disciplinario por tal falta, tanto más reprobable cuanto que tanto el canciller como su esposa tienen una dilatada experiencia en la política y la función pública.

Pero el incidente tiene, al igual que el sainete de las turbinas, un final burlesco. Resulta que los responsables de la revelación de secretos oficiales son ¡los zorros! que hurgaron en la basura de la familia Sholtz. Por su culpa, decenas de páginas salieron volando de los contenedores, causando la sorpresa y el estupor de los vecinos.

Conociendo la mentalidad alemana, no dudo de que alguien tocó el timbre de los Scholtz, informándole, con la mayor buena voluntad:

Herr Bundeskanzler, se le han traspapelado unos documentos. Un buen alemán sigue siendo un buen alemán, a pesar de las fechorías de los zorros, que se deben, sin duda alguna, al…cambio climático.

 

sábado, 7 de mayo de 2022

Pekín: la OTAN ha puesto a Europa patas arriba

 

¿Conviene convertir el hasta ahora indirecto conflicto entre la Alianza Atlántica y el Kremlin en una guerra abierta entre las dos superpotencias nucleares, Estados Unidos y Rusia? Las filtraciones registradas en las últimas horas sobre el apoyo incondicional ofrecido por el establishment militar y de inteligencia norteamericanos al Gobierno de Kiev han puesto de manifiesto la incontestable preferencia de la Administración Biden por la pro occidental Ucrania, que el Kremlin tilda de mayor peligro para la seguridad de la Federación Rusa.

Al apoyo político y diplomático de Washington se sumó la ayuda financiera, el suministro de armamento pesado, el adestramiento de oficiales ucranios, las consignas enviadas a los aliados de la OTAN para incrementar su asistencia a las Fuerzas Armadas de Volodímir Zelensky. La información facilitada a diario por los mass media occidentales apunta cada vez más hacia la inevitable agravación del conflicto. En esa guerra no declarada sólo hay dos bandos: Occidente y Rusia. Dos bandos, sí; hasta la proverbialmente neutral Suiza ha optado por tomar partido. Su elección no nos ha sorprendido en absoluto…

Al poco discreto presidente Biden perece haberle molestado (y preocupado) la advertencia del Kremlin: si Washington sigue implicándose en este conflicto, Rusia tomará las medidas oportunas. ¿Un ataque nuclear? No, por Dios; tampoco queremos tensar tanto la cuerda, piensa el actual inquilino de la Casa Blanca, que inauguró su mandato con dos aseveraciones muy poco diplomáticas, afirmando que Vladímir Putin era un asesino y que los chinos, considerados por su predecesor, Donald Trump, rivales o competidores, se habían convertido en… enemigos. Unos enemigos a los que se les amenazó con la aplicación de nuevas sanciones económicas si no se sumaban al boicot a Rusia, si seguían importando combustibles rusos, si utilizaban su sistema financiero para facilitar las transacciones comerciales de los bancos rusos. La respuesta de Pekín fue clara y contundente: no interfieran en la política de un Estado soberano.

Poco propenso a aceptar un no por respuesta, Joe Biden encargó a sus aliados (¿aliados?) europeos Ursula von den Layen y Charles Michel proseguir la ofensiva diplomática. China estaba a punto de firmar un acuerdo de cooperación con la UE; cabía, pues, la posibilidad de ejercer presiones. Pero el dúo de Bruselas sabía de antemano que su gestión desembocaría en un fracaso. El presidente Xi Jinping les confirmó las sospechas: China no negocia bajo presión. Quedaba, sin embargo, otra opción: la amenaza militar.

A los británicos y a la mayoría de los europeos les sorprendieron las declaraciones de la ministra de relaciones exteriores del Reino Unido, Liz Truss, quien abogó por la creación de una OTAN global, capaz de garantizar la defensa de Taiwán y la región del Pacífico, reclamando al mismo tiempo la elaboración de acciones preventivas contra los posibles agresores.

El Reino Unido, que participa activamente en el proyecto Ucrania de la Casa Blanca, no escatima esfuerzos a la hora de promocionar su apuesta estratégica del Indo-Pacífico, la AUKUS, alianza anlgo-americana-australiana destinada a robustecer la presencia militar en la región y el intercambio de información sobre tecnología nuclear para fines bélicos.

La Sra. Truss descartó la falsa elección entre la seguridad euroatlántica y la del Indo-Pacífico, argumentando que Occidente necesitaba ambas. Para garantizar la protección de Taiwán, hace falta tener una alianza militar globalmente comprometida, es decir, que la OTAN ha de expandirse hacia el Indo-Pacífico. Por supuesto, es preciso sumar a esta estructura a la Quad Alliance, compuesta por Estados Unidos, India, Japón y Australia, conocida como la OTAN asiática. Y reclamar, por qué no, la presencia de más destructores estadounidenses en el Mar de China.

En resumidas cuentas, después de su caza al oso ruso, Londres contempla también la persecución del panda chino. Esta vez con amenazas. Menos burdas que las de Donald Trump, pero…

China no seguirá creciendo si no sigue las reglas. China necesita comerciar con el G7. Nosotros - el Grupo de los Siete - representamos aproximadamente la mitad de la economía mundial. Y tenemos opciones, advierte la jefa de la diplomacia británica.

Claro que China pertenece a BRICS, la otra gran agrupación económica, que congrega a la otra mitad de la población mundial. China es – algo que las potencias occidentales parecen olvidar - un país gigantesco; un antiguo imperio orgulloso de su milenario pasado.

La respuesta de Pekín a la iniciativa de Londres fue clara y contundente: La OTAN, organización militar del Atlántico Norte, ha venido a la región de Asia - Pacífico en los últimos años para provocar conflictos, afirmó el portavoz del Ministerio Chino de Relaciones Exteriores. Wang Wenbin. 

La Alianza se ha involucrado en la confrontación entre bloques, se ha convertido en una herramienta para que ciertos países busquen la hegemonía mundial y ha creado constantemente enfrentamientos y disturbios.

La OTAN ha puesto a Europa patas arriba. ¿Estáis tratando de importunar a la región de Asia-Pacífico e incluso… al resto del mundo?

Qué duda cabe de que la OTAN no actúa por su cuenta. Aquí faltan más siglas, más nombres y, de ser posible, más apellidos, estimado camarada Wang.