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domingo, 21 de enero de 2024

Netanyahu - accidentado final de trayecto


Trato de hacer memoria. Sucedió hace tiempo; hace más de tres décadas. Jerusalén, 18 de octubre de 1988. El candidato del derechista Likud en las elecciones legislativas, Isaac Shamir, celebraba su enésima rueda de prensa anterior a la contienda electoral. Le preguntamos sobre iniciativa de la OLP de proclamar la independencia de Palestina. El proyecto coincidía, recordémoslo, con el innegable impacto mediático de la primera Intifada. ¿Un Estado Palestino? ¡No habrá jamás un Estado Palestino! aseveró el líder conservador.

Argel, 15 de noviembre de 1988. El Consejo Nacional Palestino (Parlamento de la OLP), reunido en la capital argelina, proclama la independencia de Palestina.  Las emisoras de los países árabes transmiten en directo los debates del Parlamento: …ejerciendo el derecho del pueblo árabe palestino a la autodeterminación, a la independencia política y a la soberanía sobre su territorio, el Consejo Nacional Palestino, en nombre de Dios y del pueblo árabe palestino, proclama la creación del Estado de Palestina sobre nuestra tierra palestina, con su capital en Jerusalén, al-Quds al-Sharif.

No hubo grandes festejos en el sector árabe de Jerusalén. Los pobladores palestinos de la urbe tuvieron que contentarse con esporádicos fuegos artificiales, disparados tras el paso de las patrullas del ejército israelí. La canción Biladi (mí país) convertida en himno nacional, sonó en algunos vecindarios nacionalistas. Mas había que enfrentar los hechos: la ciudad, capital eterna e indivisible de Israel, seguía bajo ocupación. Palestina contaba con su territorio - las tierras ocupadas por el Estado judío en la guerra de 1967 – pero sin soberanía internacionalmente reconocida.

Después de la euforia inicial, los pobladores de la ciudad Tres Veces Santa asistieron a la puesta en marcha de la implacable maquinaria de propaganda israelí, que no tardó en advertir a los países amigos de Tel Aviv sobre la temeridad de posibles actuaciones unilaterales. En este caso concreto, la temeridad consistía en el reconocimiento del Estado Palestino. A la ofensiva del Likud se sumó la voz del recién elegido Presidente de los Estados Unidos, George Bush, antiguo director de la CIA, que tenía sobradas razones para no enemistarse con el establishment israelí.

La proclamación del Estado Palestino fue el detonante de la puesta en marcha de las consultas que desembocaron en la celebración, en 1992, de la Conferencia de Madrid y las discretas negociaciones diplomáticas que llevaron a la firma de los Acuerdos de Oslo. El propio Isaac Shamir decidió corregir su discurso, pasando del no habrá jamás un Estado palestino al más presumible tal vez en un plazo de diez años. Una postura posibilista, que permitía a los sucesivos Gobiernos israelíes celebrar nuevas reuniones destinadas a vaciar de contenido los Acuerdos de Oslo y el Memorando de Wye Plantation. Todos los jefes de Gobierno conservadores - Shamir, Olmert, Sharon, Netanyahu – y sus relevos laboristas - Barak, Ben Ami - navegaron en la misma dirección. La extensión de tierras asignadas a la Autonomía palestina disminuyó considerablemente tras la creación de nuevos asentamientos judíos en Cisjordania. Por si fuera poco, tanto Ariel Sharon como Benjamín Netanyahu manifestaron que el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, había dejado de ser un interlocutor válido en el accidentado diálogo con Tel Aviv. Curiosamente, los datos del problema cambiaron radicalmente después del ataque de Hamas del 7 de octubre del pasado año, cuando Washington y Tel Aviv llegaron a la conclusión de que el único elemento moderado al que podían recurrir era… Mahmud Abbas. Para conquistarlo, israelíes y norteamericanos optaron por recurrir tanto al coqueteo como al chantaje.

El chantaje se ha convertido en la principal baza del actual maratón diplomático meso oriental estadounidense. El Secretario de Estado Antony Blinken se empeñó en convencer al Presidente Erdogan sobre la necesidad de apoyar la postura de Israel en la pugna con los palestinos. ¿A cambio de la entrega de unos cazas F-16? Un error garrafal, teniendo en cuenta la trayectoria ideológica del político turco, hábil negociador y ferviente islamista. O de ofrecer un trato equitativo a Benjamín Netanyahu, persuadiéndole de que Arabia Saudita costeará los gastos para la reconstrucción de Gaza y normalizará sus relaciones con Tel Aviv a cambio del plácet israelí para la creación de un Estado palestino. Tropezó, una vez más, con la negativa rotunda del Primer Ministro hebreo, poco propenso a aceptar la existencia de este Estado, liderado por los elementos moderados de la OLP o por una coalición internacional integrada por saudíes, egipcios, palestinos y… norteamericanos. Netanyahu dejó las cosas claras en su último discurso: El día después de la era Netanyahu habrá un Estado gobernado por la Autoridad Palestina. Él, Netanyahu, no tiene intención alguna de claudicar.  Y ello, pese a la advertencia de Washington: La paciencia de Joe Biden se ha agotado. Aviso a los políticos noveles y las almas caritativas que acaban de descubrir la problemática del conflicto. No hay que tratar de amenazar con la opción de dos Estados ni con la imposición de un Estado creado por Occidente, por países que durante décadas hicieron suya la estrategia de la no intervención unilateral en los asuntos de la región.

En las últimas semanas, la Administración Biden trató de eludir los contactos con Netanyahu a la hora de sentar las bases para posibles soluciones del día después del operativo bélico, recurriendo al diálogo con otros políticos israelíes o representantes de la sociedad civil. Sin embargo, los altos cargos del Departamento de Estado reconocen que, al término del conflicto, alguien tendrá que reconstruir Gaza, alguien tendrá que gobernar Gaza, alguien tendrá que proporcionar seguridad en Gaza. Israel se enfrenta a decisiones muy difíciles en los próximos meses, estiman los jefes de la diplomacia estadounidense. ¿Simple constatación o advertencia? Pero Israel no es una república bananera.

Tampoco los palestinos parecen dispuestos a ceder: el precio pagado por los gazatíes desde el inicio de la operación militar ha sido demasiado elevado.

Subsiste, pues, el doble dilema: Netanyahu no tiene intención de dimitir; tiene cuentas pendientes con la Justicia israelí. El Estado judío no quiere claudicar; tiene cuentas pendientes con… Hamas.


martes, 26 de diciembre de 2023

Mar Rojo: vuelve la diplomacia de las cañoneras


 En el otoño del pasado año, los estrategas atlantistas revelaron la existencia de un nuevo peligro para la estabilidad del entorno geopolítico del Planeta. Se trataba de las maniobras de Rusia y China destinadas a controlar la ruta marítima del Ártico, un codiciado atajo para el transporte mundial de mercancías.

¿Un reto para Occidente? Curiosamente, la presencia rusa en el Ártico se remonta a la época de los zares. Los soviets no hicieron más que reforzarla, multiplicando el número de centros de vigilancia meteorológica y de laboratorios encargados de mapear los múltiples recursos naturales de la zona: minerales, petróleo, diamantes. Competían con los rusos las misiones científicas de los países nórdicos, que llevaban a cabo su actividad bajo el paraguas anglo-norteamericano.

Conviene señalar que los países escandinavos solían compartir información con los científicos rusos. Una tarea ésta harto difícil, teniendo en cuenta las presiones ejercidas por el establishment miliar estadounidense, poco propenso a entablar el dialogo con Moscú. A los altibajos de estas relaciones se sumó un nuevo factor: la llegada de un nutrido grupo de científicos chinos, más dados a trazar las posibles rutas del corredor marítimo ártico.

Detalle interesante: los primeros cargueros de bandera china que cruzaron las aguas del Ártico iban escoltados por fragatas pertenecientes al Ejército Popular de Pekín.

En el contexto del actual conflicto de Ucrania, la alianza de Rusia y China – competidores cuando no enemigos de los Estados Unidos – se convertía en un peligro para los intereses estratégicos de Washington. De ahí que algunos políticos o miembros del estamento militar estadounidense se dedicaran a reclamar medidas para desembarazar la zona de estos rivales potenciales.  Pero la guerra del Ártico no tuvo lugar; quedó pospuesta por el inicio de otro conflicto: la ofensiva de los rebeldes hutíes en el Mar Rojo.

Si bien en el caso del Ártico la Casa Blanca dudó en recurrir a la diplomacia de las cañoneras, la región de Oriente Medio parece el lugar idóneo para resucitar la herramienta de los viejos imperialismos.

En el siglo XIX, Inglaterra mandaba barcos de guerra para presionar a los países menos desarrollados a aceptar tratos injustos o humillantes. La Navy se limitaba a bombardear los puertos y las ciudades de sus enemigos. Décadas más tarde, la Armada estadounidense logró añadir otro factor disuasorio: el desembarco de destacamentos de fusileros marinos, convirtiendo la diplomacia de las cañoneras en una invasión en toda regla.  Sombríos presagios estos para el enfrentamiento del Mar Rojo.

Hay quien trata de resumir el actual conflicto en cuatro frases telegráficas: Hamas ataca a Israel; Israel entra en la Franja de Gaza; Washington apoya a Tel Aviv; los rebeldes hutíes contraatacan. Pero hay más; muchísimo más. Veamos: Hamas subestima la reacción del Gobierno Netanyahu; la actuación del Ejército israelí supera con creces los cálculos de los estrategas de Hamas; Washington exige la estricta aplicación del Derecho Humanitario, olvidando sus excesos en Vietnam, Afganistán, Irak; Irán, que sigue a rajatabla el programa político del ayatolá Jomeini – destrucción total de la entidad sionista (Israel) – procura descartar un enfrentamiento directo con los Estados Unidos. Los hutíes, armados hasta los dientes por Teherán, reciben la orden de atacar. El presidente Biden, antiguo lugarteniente del inmerecido Nobel de la Paz Barack Obama, sigue el ejemplo de sus antecesores en la Casa Blanca – Bush Jr. y Obama – anunciando la creación de una coalición internacional destinada a proteger el comercio internacional en la ruta del Mar Rojo.

No, no se trata, en esta ocasión, de defender la democracia, como en los antiguos partes de guerra de Washington. En este caso concreto, lo único que se pretende es salvaguardar los intereses de las grandes navieras. Business is business…

El operativo bélico de Gaza está socavando la estabilidad en el Mar Rojo, creando complicaciones para los intereses geoestratégicos de los actores regionales que compiten entre sí, señala el economista jordano-palestino Riad al Khouri, experto en relaciones comerciales internacionales y consultor del Fondo Monetario Internacional.

Recuerda Al Khouri que el Mar Rojo, punto estratégico clave para el comercio mundial desde la apertura del Canal de Suez en 1869, interesa a las potencias regionales y globales a raíz del papel llamado a desempeñar para la puesta en marcha de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) auspiciada por Pekín.

Desde Yibuti a través del Mar Rojo hasta el Mediterráneo, hay una expansión de las inversiones en infraestructuras previstas por la Iniciativa de la Franja y la Ruta, así como una creciente presencia militar china y/o de otros actores mundiales. Los puertos de Sudán se han ido desarrollado y modernizado. Es el caso de la ampliación, con capital chino, de la terminal de contenedores de Port Sudan.

En 2018, el Gobierno sudanés firmó un acuerdo de 99 años con Turquía para la rehabilitación del puerto de Suakin, que le garantiza a Ankara una presencia estratégica en la región.

Al adquirir una participación del 49% en el proyecto de infraestructura del Golfo de Suez y el Norte del Canal, los Emiratos Árabes Unidos (UAE) fortalecen su posición con respecto al transporte marítimo en el Mar Rojo.

Los puertos eritreos también están llamando la atención de las potencias regionales. Los Emiratos Árabes Unidos tienen una base en Eritrea que apoya sus operativos militares contra los rebeldes hutíes del Yemen.

Moscú, que dejó de ser un actor predominante en la zona desde que sus fuerzas abandonaron Egipto en la década de los 70, anunció en 2018 el establecimiento de un centro logístico en Eritrea.

Rusia también mostró interés en Port Sudan, al proponer en 2020 un acuerdo de 25 años con Jartum para la construcción de instalaciones destinadas a sus buques de guerra. Sin embargo, Sudán suspendió el contrato al año siguiente.

La guerra de Israel en Gaza y los combates en Sudán plantean serios desafíos para las autoridades de Riad. La estabilidad en el Mar Rojo es crucial para los planes de desarrollo económico e industrial saudíes. Para la economía petrolera tradicional, la terminal del oleoducto Yanbu en el Mar Rojo es fundamental como alternativa a la exportación de petróleo a través del conflictivo estrecho de Ormuz.

De todos modos, los ataques hutíes también pueden llegar a poner en peligro las islas de Tirán y Sanafir, situadas en la desembocadura del golfo de Aqaba, la puerta de entrada para las mercancías destinadas a Jordania e Israel.

Por ende, a nivel estratégico, el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC), presentado en septiembre como contrapeso a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, evita por completo el Mar Rojo. El IMEC, cuyo flanco oriental conecta la India con la península arábiga, mientras que el septentrional enlaza con Europa, es una importante propuesta geopolítica que aleja a los Estados de la región de la Franja y la Ruta, a pesar de que Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos también son signatarios de la iniciativa china.

El IMEC reduciría el tiempo de transporte de mercancías de la India a Europa en un 40% y también podría ayudar a posicionar a Arabia Saudita como centro logístico global. El enlace ferroviario que une los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí con Jordania e Israel, depende de la normalización de las relaciones entre Riad y Tel Aviv.  

Del éxito o el fracaso de la diplomacia de las cañoneras de Joe Biden depende el porvenir del mapa geopolítico de Oriente Medio. Del éxito o el fracaso del operativo Ucrania, el porvenir del Viejo Continente.

El Ártico queda, de momento, relegado a un segundo plano. Sólo de momento…


jueves, 21 de diciembre de 2023

Washington – Tel Aviv: después de Gaza, ¿qué?

 

Aparentemente, la visita a Israel del Secretario de Defensa norteamericano, Lloyd Austin, cogió por sorpresa a las autoridades de Tel Aviv. Austin anunció su llegada con un tuit enviado desde el avión que sobrevolaba el Atlántico. ¿Medidas de seguridad? ¿Poca deferencia para con sus anfitriones hebreos? El hecho es que la gira relámpago del jefe del Pentágono se convirtió en una autentica manifestación de apoyo incondicional a la política del Gabinete Netanyahu.

En sus intervenciones públicas, Austin hizo hincapié en el apoyo firme e inquebrantable de Washington a Israel y el férreo compromiso de la Administración Biden para con el Estado judío mientras continúa el conflicto en la Franja de Gaza.

Seguiremos trabajando juntos por un futuro más seguro para Israel y más brillante para los palestinos, manifestó el secretario de Defensa durante su encuentro con su homólogo israelí, Yoav Gallant, uno de los halcones que integra el Gobierno de coalición liderado por el jefe del Likud.

¿Un futuro más brillante para los palestinos? Poco tiene de brillante la situación actual de los pobladores de Gaza y Cisjordania. Cabe preguntarse, pues, qué implica realmente el eufemismo más brillante de Austin.

Desde el pasado 7 de octubre, las autoridades israelíes y sus aliados occidentales han tratado de eludir el debate sobre la posible solución aplicable en la posguerra de Gaza, centrando la atención de la opinión pública en los operativos militares. Una postura ésta muy lógica para un país en guerra, pero menos comprensible en el caso de los burócratas o estrategas que se limitan a analizar la situación desde cómodos despachos situados a miles de kilómetros de las líneas de batalla. Cierto es que algunos políticos, poco conocedores de la problemática real de la zona y de sus constantes vaivenes, optaron por resucitar la formula mágica de los dos Estados – Israel y Palestina, valida en los albores de los Acuerdos de Oslo, aunque neutralizada por el constante trabajo de zapa de la derecha israelí. Hablar de la solución de los dos Estados en el momento actual parece un auténtico sinsentido. ¿Cuáles serían, pues, los posibles desenlaces?

El político y diplomático hebreo Danny Danon, ex embajador de Israel ante las Naciones Unidas y posible sustituto de Netanyahu a la presidencia del derechista Likud, procura hacer un repaso a la posición de los poderes fácticos frente al conflicto israelo-palestino. Recuerda Danon que, si bien en agosto de 1967 los miembros de la Liga Árabe acuñaron los tres noes contra el Estado judío - no a la paz, no al reconocimiento de Israel, no a la negociación con Israel – en las últimas décadas, la postura de la diplomacia internacional ha evolucionado.

Durante la reunión del G7 celebrada el pasado mes de noviembre en Tokio, el Secretario de Estado Antony Blinken dio a conocer los cinco noes de la Casa Blanca - No al desplazamiento forzado de palestinos de Gaza, no a la reocupación de la Franja por el ejército israelí, no a la reducción del territorio de Gaza, no a las amenazas de seguridad de Israel provenientes de la Franja, no al bloqueo de Gaza.

Una de cal y otra de arena. Típica ambigüedad diplomática.

El otro diplomático, Danny Danon, aprovechó para publicitar su propio plan de paz para la posguerra, que consiste en:

· La desmilitarización de la Franja de Gaza;

· La creación de una zona tampón de 3 kilómetros en la Franja;

· La vigilancia por el puesto fronterizo de Rafah (con Egipto) por personal israelí e internacional;

· El abandono de la Franja por los palestinos que deseen establecerse en otros países; y  

· La rehabilitación financiera del territorio sin terrorismo ni incitación a la violencia.

Si bien el Gobierno Netanyahu no se ha pronunciado sobre la propuesta de Danon, el ex embajador asegura que el plan cuenta de antemano con el apoyo de varios miembros del Gabinete.

Curiosamente, se desconoce – al menos en Occidente – la existencia de una contrapropuesta palestina.  ¿Noticias que no nos llegan?

Por ende, conviene dedicar unas líneas al programa no oficial de Lloyd Austin en Tel Aviv, donde se hizo público el anuncio de la creación de una coalición internacional de lucha contra el terrorismo hutí en el Mar Rojo.

Los esquemas bélicos de Afganistán, Irak y Siria siguen vigentes. Pero en este caso concreto, Washington no defiende la democracia, sino la libre circulación de los navíos mercantes por el Canal de Suez. Teniendo en cuenta que las mayores navieras dedicadas al trasporte de fletes operan desde los Estados Unidos, todo tiene una explicación… lógica.


miércoles, 3 de junio de 2020

Turquía en Tierra Santa - La batalla por Jerusalén


Hubo una época – durante los dos primeros lustros de este siglo – en la que la nutrida presencia de instituciones turcas en Tierra Santa se había convertido en un destacado acontecimiento para los pobladores de la región. Nuestros nuevos amigos, los turcos, solían decir los políticos de Tel Aviv; han vuelto los otomanos, insinuaban los nacionalistas palestinos, nuestros nuevos aliados musulmanes, argüían los estrategas jordanos, orgullosos de poder participar en maniobras conjuntas con unidades del ejército de Ankara, segunda fuerza militar de la Alianza Atlántica.

Los oficiales del reino hachemita ponían cara de póker cuando se les recordaba que se trataba, en realidad, de ejercicios de guerra tripartitos, en los que participaba también…Israel.  Sí, también hubo presencia judía en las maniobras, reconocían un tanto molestos por las inoportunas revelaciones de sus interlocutores occidentales. No se trataba de revelar secretos militares; las rotativas israelíes habían hecho hincapié en el carácter tripartito del ejercicio. Sin embargo, en la otra orilla del Jordán, la percepción era distinta. La prudencia desaconsejaba confundir el acercamiento entre Ammán y Ankara con una iniciativa estratégica de los… ¡aliados regionales de los Estados Unidos!

Ese extraño noviazgo se rompió el 31 de mayo de 2010, cuando unidades de élite del Ejército israelí atacaron los barcos de la llamada Flotilla de la Libertad, embarcaciones de la organización por palestina Free Gaza fletados por Turquía, que llevaban a bordo un centenar de militantes comprometidos con la causa palestina. La intervención israelí generó un sinfín de incidentes, que desembocaron en la congelación de las relaciones diplomáticas entre Turquía e Israel.  El Primer Ministro Erdogan exigió disculpas al Estado judío por el ataque, amén de unas cuantiosas compensaciones – 20 millones de dólares - por los desperfectos causados durante el operativo. En 2016, turcos e israelíes firmaron la paz. Sin embargo, los embajadores no volvieron a sus respectivos puestos. El conflicto continúa…

Al cumplirse diez años desde en incidente de la Flotilla de la Libertad, llegamos fácilmente a la conclusión de que Tel Aviv y Ankara no lograron recomponer el ambiente de cordialidad que reinaba a comienzos del siglo. Turquía abandonó la política de amistad con sus vecinos inmediatos – los países de la región mediterránea – mientras que Israel dirigió sus miradas hacia la UE y las monarquías del Golfo Pérsico – Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Bahréin – poco propensas a aceptar el papel de una Turquía neo otomanista, dispuesta a resucitar el pasado del Imperio otomano. Mientras, en Israel se están forjando nuevas alianzas estratégicas. Esta vez, con Grecia y Chipre, enemigos declarados del Gobierno de Ankara.

En enero de 2019, Israel pasó a formar parte del Foro del Gas del Mediterráneo Oriental, integrado por Grecia, Italia, Chipre, Jordania y la Autoridad Nacional Palestina, países que pretenden compartir los recursos gaseísticos ubicados en la Zona Económica Exclusiva de Chipre. Turquía, que ocupa la mitad norte de la isla, reclama a su vez acceso a los yacimientos, pero tropieza con la tajante negativa de los europeos, empeñados en no reconocer su soberanía sobre el territorio ocupado durante la invasión de 1974.

Por otra parte, Israel se ha adherido al acuerdo para la vigilancia de los drones turcos que sobrevuelan en Mar Egeo. Para las autoridades de Atenas y Nicosia, la presencia de dichos aparatos constituye un acto de piratería.

Más complicada aún es la situación que reina en Jerusalén, donde las organizaciones benéficas turcas se han ido adueñando de los locales situados en la Explanada de las Mezquitas. Bienvenidas en la época del coqueteo entre Ammán, Ankara y Tel Aviv, esas embajadas del islamismo turco se han convertido en un estorbo para las autoridades jordanas, que custodian los Santos Lugares musulmanes de Palestina. Hace años, cuando los palestinos introdujeron a los emisarios del Islam turco en la ciudad Tres Veces Santa, los jordanos aceptaron muy a regañadientes su presencia. Con el paso del tiempo, los turcos se fueron integrando en el Waqf, fundación islámica que administra los bienes religiosos jerosolimitanos, provocando más quebraderos de cabeza a los jordanos.

Tras la publicación del Plan de paz de Donald Trump, otra potencia islámica – Arabia Saudita – manifestó su interés en asociarse a la gestión de los bienes religiosos. Curiosamente, los saudíes venían de la mano de las autoridades hebreas, que llevaban décadas negociando un posible traspaso de la administración de la Explanada de las Mezquitas al reino wahabita. Lo que parecía imposible en los años 90 del siglo pasado, podría materializarse próximamente. Los jordanos estarían dispuestos a aceptar un simulacro de cogestión de la fundación islámica a condición de que Riad se comprometa a neutralizar la presencia turca en Jerusalén. Aparentemente, los Estados Unidos avalarían el proyecto; Arabia Saudita es uno de sus más fieles aliados de Washington en la zona y un firme valedor del Plan Trump. Además, la presencia saudí abriría la puerta a otros Estados del Golfo Pérsico, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, países propensos a reconocer a Israel.

¿Y Turquía? Qué duda cabe de que el sultán Erdogan, autoproclamado heredero de la relumbrante tradición imperial de los antepasados de la Sublime Puerta, librará batalla por la tercera Ciudad Santa del Islam: Jerusalén.

domingo, 23 de junio de 2019

El plan de paz Kushner - ¿un contrato de compraventa?


Y la luz se hizo. Apenas cuatro días antes del inicio de la conferencia económica de Bahréin impulsada por la Administración estadounidense, la Casa Blanca ha decidido desvelar algunos detalles del plan de paz para Oriente Medio elaborado por el yernísimo del Presidente, Jared Kushner, que el propio Trump no dudó en tildar en su momento de Acuerdo del siglo.

Kushner compareció ante las cámaras de televisión para bosquejar las líneas maestras de su proyecto, que consiste en la creación de un fondo dotado con 50.000 millones de dólares destinados al desarrollo, durante un período de 10 años, de infraestructuras económicas y empresariales en la región del conflicto. Más de la mitad de los fondos – unos 28.000 millones – se destinará a Cisjordania y la Franja de Gaza, 9.000 millones irán a parar a Egipto, 7.500 serán para Jordania y 6.000 para la economía de Líbano.

Donald Trump espera que otros países, principalmente los estados ricos del Golfo y los inversores privados, se hagan cargo de gran parte de los costes del proyecto.

El plan de acción contempla la realización de 179 proyectos industriales y comerciales, recordándonos extrañamente la interminable lista de objetivos prioritarios establecida por la Conferencia de Paz de París. Pero la reunión celebrada hace años en la capital francesa no emanaba de una iniciativa norteamericana…

Con la mentalidad de promotor inmobiliario heredada de su padre, Charles Kushner, el yernísimo cree que el mero hecho de repartir millones a los gobernantes de la región mezo oriental logrará sentar las bases de una paz duradera. ¿Simple contrato de compraventa? La descabellada idea cuenta con el aval de uno de los incondicionales aliados de Trump, el príncipe saudita Mohammed Bin Salmán. Para el heredero de la Corona saudí, el dinero lo soluciona todo.

No es esta la opinión de la mayoría de los políticos y académicos de la zona. En efecto, para la Autoridad Nacional Palestina, el plan Kushner equivale a una nueva Declaración Balfour. De colosal pérdida de tiempo, tachan los iraquíes la iniciativa de la Casa Blanca; es una idea de promotores inmobiliarios, no de políticos, estima en analista egipcio Gamal Fahmi, un proyecto económico, sin fundamento político, escribe la prensa libanesa, un crimen histórico, añaden los medios afines al movimiento radical islámico Hezbollah. Un plan que sólo beneficia a los enemigos de los Estados Unidos en la región, comenta la prensa árabe de Londres, aludiendo concretamente a… Irán.

Detalle significativo: el Acuerdo del siglo no contempla la creación de un Estado palestino. La cuestión de la soberanía brilla por su ausencia. Hay quien estima que el equipo de Kushner desplegó inestimables esfuerzos para domesticar a los palestinos, inmaduros para fundar un Estado propio. El embajador norteamericano en Israel, David Friedman, asegura que su país no apoyará el establecimiento de un nuevo Estado. Lo último que necesita la región es un Estado Palestino fallido entre Israel y el río Jordán, asevera el diplomático.

En las últimas horas se supo que una delegación empresarial israelí participará en la cumbre de Bahréin. También estarán presentes algunos empresarios palestinos y… políticos exiliados, acérrimos detractores del Gobierno de la ANP.

Entre los participantes figuran también emisarios del antiguo jefe de los servicios de seguridad de la Franja de Gaza, Mahmúd Dahlan, controvertido personaje al que se le tildaba, con o sin razón, de hombre de la CIA en la Administración palestina. Más claro…

domingo, 29 de octubre de 2017

Trump, Netanyahu și nerelevantul domn Abbas (în limba română)



Încerc să îmi aduc aminte de câte ori au folosit politicienii israelieni cuvântul nerelevant atunci când s-au referit la interlocutorii lor palestinieni.
Lista este foarte lungă, aproape interminabilă. Expresia a fost adoptată în anul 2001, la doar câteva luni de la atentatele din 11 septembrie, de cel care era atunci prim-ministrul israelian, Ariel Sharon, care l-a etichetat pe președintele Autorității Naționale Palestinien, Yasser Arafat, drept terorist, asasin și personaj nerelevant pentru procesul de pace în Orientul Mijlociu.
În septembrie 2003, când Națiunile Unite au aprobat o rezoluție de sprijin pentru cauza palestiniană și, implicit, funcționarea ANP, guvernul de la Tel Aviv a folosit din nou același cuvânt: nerelevant.
În februarie 2006, după moartea (uciderea?) lui Arafat, când succesorul său, Mahmud Abas (Abu Mazen) a încercat o mediere între cele două mari curente palestiniene, Al Fatah (laică) și Hamas (islamistă), cea care era atunci ministru de Externe, Tzipi Livni, a urmat pașii lui Sharon, calificându-l pe noul președinte al ANP drept… politician nerelevant. Expresia a devenit refrenul clasei politice evreiești. În aparență, toate inițiativele, a se citi reușite, ale palestinienilor sunt… nerelevante.
Dacă nu se întâmplă la fel atunci când Palestina atinge recunoașterea internațională sau aderarea la organizațiie specializate ale Națiunilor Unite, cum este, de pildă, UNESCO, cuvântul se folosește din nou când facțiunile palestiniene rivale – Al Fatah și Hamas – încearcă să facă pacea. Este ceea ce s-a întâmplat la Cairo, când emisarii ANP și reprezentanții din Gaza ai Mișcării de Rezistență Islamică au semnat acordul privind predarea controlului fâșiei Gaza către Autoritatea Națională Palestiniană. Documentul, negociat la sediul Direcției Serviciului de Inteligență al Egiptului, punea capăt rebeliunii islamiștilor, care și-au asumat controlul Fâșiei în anul 2007, după expulzarea de către militari a personalului civil și a milițiilor ANP.                                                                                             
Protocolul acordat la Cairo prevede șase clauze, pe care voi încerca să le detaliez în continuare:
·      1. Șefii serviciilor de securitate din Gaza și Cisiordania vor cerceta crearea unui sistem de securitate comun; 
      2. Membrii Gărzii Prezidențiale a ANP (aproximativ 3000 de efective) se vor ocupa de supravegherea frontierelor fâșiei cu Israelul și Egiptul;
·       3.  În prima săptămână din decembrie se va organiza în Cairo o reuniune cu scopul evaluării aplicării acordului între cele două părți;
·      4.   O comisie a ANP se va ocupa până la 1 februarie anul viitor de problema celor 40.000 de funcționari publici din Gaza. Aproximativ 5.000 își vor desfășura activitatea și după transferul puterii. Restul își vor primi salariul în timpul perioadei de tranziție;
·      5.   Facțiunile care au semnat Acordul din 2011, care prevede reconocilierea și celebrarea alegerilor generale în teritoriile palestiniene, se vor reuni în Cairo în 14 noiembrie; și
·     6.   Părțile vor studia modalitățile unei posibile dezarmări sau disoluții a Brigăzilor Izzadin Kassam, brațul armat al Hamas. Astăzi, organizația islamistă din Gaza respinge această alternativă.
Acordul, care prevede crearea unui guvern de concentrare națională, face referire, de asemenea, la “unitatea palestinienilor, cu obiectivele de a pune capăt ocupației, a crea un stat suveran din teritoriile ocupate de Israel în 1967, întoarcerea refugiaților și dreptul de a stabili capitala viitorului stat în Ierusalimul de est.
Trebuie subliniat, totuși, că un document conceput de liderii Hamas la începutul lui 2017 exclude recunoașterea statului evreiesc și/sau orice opțiune politică ce ignoră obiectivul final al mișcării islamice: eliberarea Palestinei de la malul râului Iordan până la Mediterană, ceea ce implică dispariția statului evreiesc.
Nu trebuie să surprindă, deci, că guvernul lui Beniamin Netanyahu a respins ferm dialogul cu Hamas, acea “organizație teroristă” care figurează în listele negre elaborate de Departamentul de Stat și de Uniunea Europeană. Condiția sine qua non a Tel Avivului este ca mișcarea cu orientare religioasă să rupă definitiv legăturile cu regiumul de la Teheran, principalul său aliat în zonă.
Nici faptul că administrația Trump a cerut ANP, pe ton imperativ, destructurarea brigăzilor Izzadin Kassam, precum și dezarmarea completă a Fâșiei Gaza nu trebuie să surprindă. În aparență, actualul chiriaș al Casei Albe, care nu are nicio predilecție pentru musulmani, are o poziție mult mai intransigentă decât predecesorii săi.