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jueves, 4 de agosto de 2022

Olaf Scholtz y la turbina perdida


Scholtz y la turbina perdida… ¿Es este el tema de actualidad, el verdadero tema del día para un comentarista de política internacional? No sé por qué, me parece haber oído comentarios reprobatorios, algo bastante corriente en nuestra profesión. Me llegan ecos:

¿Por qué no hablas del cálido recibimiento del príncipe heredero de Arabia Saudita, el ex paria acusado por Occidente de haber ordenado el asesinato a sangre fría de un compañero tuyo, Jamal Khashoggi, en el Eliseo? ¿También Macron contribuye al blanqueo de imagen del príncipe, sumando su voz a quienes vaticinan una crisis apocalíptica petrolífera? ¿De verdad necesitamos el parche saudí?

¿Por qué no hablas de la crisis provocada por la dimisión de Boris Johnson, de su política errante? ¿O de la caída de Mario Draghi, debida supuestamente a la injerencia del servicio secreto ruso? ¿O del enfrentamiento entre Serbia y Kosovo, un conflicto en ciernes en el corazón de Europa? ¿O del resurgir de la eterna guerra de Nagorni Karabaj, donde turcos e iraníes mueven ficha a través de armenios y azeríes interpuestos? ¿Y Taiwán?  ¿Qué opinas de Taiwán?

No, queridos compañeros; hoy me quedo con las turbinas de Scholtz, con el acuciante problema del suministro de combustible ruso destinado a los países de Europa occidental. Aparentemente, el porvenir oscuro del pueblo alemán se resume – según la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen – a la necesidad de compensar el frío de la hibrida calefacción invernal con un buen jersey de lana y… ¡una manta! Igual que durante la ofensiva de invierno de la Wehrmacht en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos combatientes murieron congelados. Pero ellos dieron la vida por el Reich y el Führer, no por las restricciones impuestas por algún eurócrata.   

Hoy me quedo con las turbinas de Scholtz, un episodio ilustrativo del desconcierto generalizado que se está apoderando de nuestros países. De Occidente, de la OTAN (expresión empleada últimamente para destacar nuestra voluntad de seguir unidos).

La historia de las turbinas me recuerda las operetas vienesas de comienzos del siglo pasado, donde los dramas y los conflictos se esfumaban en los últimos minutos, dando paso a cantos de jubilo de los protagonistas. Aparentemente, el libreto de nuestra opereta bruselense resulta más sobrio, por no decir, triste. Pero prefiero no ahondar en el tema: hoy no toca comentar el conflicto de Ucrania. 

Lo cierto es que la turbina necesaria/indispensable para el suministro de gas ruso a Alemania, que hizo mutis en unos talleres de Canadá, volvió a aparecer en las instalaciones de Siemens de Alemania. Está en perfectas condiciones; puede funcionar y facilitar la reanudación de los suministros. Pero… aún queda un detalle; la turbina tiene que enviarse a Rusia. Algo imposible, según las autoridades germanas; las restricciones impuestas a Rusia lo impiden.

Las sanciones económicas no se aplican a la turbina, afirma rotundamente la dirección de Siemens. Y el sainete continúa, igual que la perspectiva de que los alemanes tengan que agenciarse una buena manta para el próximo invierno.

Mas no es éste el único episodio tragicómico de la actualidad alemana. Hace apenas unos días, los vecinos del canciller Scholtz encontraron en la calle varios documentos confidenciales del Gobierno alemán, así como informes secretos sobre la celebración de la cumbre del G 7, provenientes de la basura de los Scholtz. 

Algunos de los documentos estaban marcados como Confidencial. Tal clasificación implica que los documentos en cuestión tienen un grado máximo de seguridad y no deben salir de los edificios gubernamentales.

Una nota informativa del Ministerio de Asuntos Exteriores ofrece detalles sobre la cumbre del G7 y, especialmente, sobre las cónyuges de los líderes del G7. Se señaló, por ejemplo, que la esposa de Boris Johnson, Carrie Johnson, estudió el arte y la historia del activismo ambiental. El comentario sobre Maria Serenella Cappello, la esposa del primer ministro italiano Mario Draghi, indica que es licenciada en literatura inglesa y que prefiere evitar el público. Sobre la esposa del primer ministro japonés se mencionó que es secretaria en la empresa Mazda; la primera dama de Estados Unidos, Jill Biden, y la esposa de Emmanuel Macron, Brigitte, figuran como maestras.

Señala la prensa alemana que la Administración debería haber abierto un expediente disciplinario por tal falta, tanto más reprobable cuanto que tanto el canciller como su esposa tienen una dilatada experiencia en la política y la función pública.

Pero el incidente tiene, al igual que el sainete de las turbinas, un final burlesco. Resulta que los responsables de la revelación de secretos oficiales son ¡los zorros! que hurgaron en la basura de la familia Sholtz. Por su culpa, decenas de páginas salieron volando de los contenedores, causando la sorpresa y el estupor de los vecinos.

Conociendo la mentalidad alemana, no dudo de que alguien tocó el timbre de los Scholtz, informándole, con la mayor buena voluntad:

Herr Bundeskanzler, se le han traspapelado unos documentos. Un buen alemán sigue siendo un buen alemán, a pesar de las fechorías de los zorros, que se deben, sin duda alguna, al…cambio climático.

 

sábado, 24 de agosto de 2019

G 7 – Biarritz: la cumbre borrascosa



Resulta sumamente difícil hallar un común denominador para la cumbre del G 7 celebrada para este fin de semana en la localidad francesa de Biarritz. La agenda es demasiado heterogénea y los enfoques de los participantes, los jefes de Estado y de Gobierno de Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Estados Unidos, Canadá y Japón, muy dispares.

En otras épocas, no muy remotas, los grandes de este mundo solían reunirse para tratar a fondo un problema específico. Hoy en día, las cuestiones sobran, mientras que las soluciones escasean. Es la razón por la cual el Presidente galo, Emmanuel Macron, anfitrión de la cumbre del G 7, descarta a priori la elaboración de un documento final. ¿Mero pragmatismo? ¿Muestra de debilidad? La verdad es que los desafíos no dejan de ser múltiples y variados.

Una primera reflexión se impone: nuestro planeta se encamina hacia una nueva crisis económica mundial, acentuada por la abrogación de los hasta ahora estables acuerdos de libre cambio y la perspectiva de una guerra comercial entre los Estados Unidos y China, postergada en el último momento por el Presidente Trump, al detectarse signos de colapso en la Bolsa de Wall Street.
     
La pasada semana, el índice Dow Jones, infalible barómetro de la inestabilidad bursátil global, registró una caída de 800 puntos. Los mercados financieros reaccionaron a su vez, dejando entrever los primeros síntomas de una crisis provocada por políticas inadecuadas o por errores humanos.  
  
Conviene señalar que la cruda realidad se refleja en cifras y datos incuestionables. La reducción del crecimiento económico y el enfriamiento de las economías punteras se han convertido en la principal preocupación de los responsables económicos. Los indicios dejan presagiar la llegada de una nueva crisis mundial. Los principales motivos serían: la guerra comercial entre Washington y Pekín, que afecta la confianza de los inversores y los mercados. El estallido de la guerra comercial entre los dos gigantes se traduciría por la pérdida, en 2010, de un 0,50 por ciento del crecimiento económico.

A ello se suma la preocupación respecto a la capacidad/incapacidad de los bancos centrales de intervenir eficazmente a la hora de regular los mercados y evitar el pánico y la reacción negativa de los inversores.

Por último, el sector de servicios, motor del crecimiento de la economía global,  podría seguir una curva drásticamente decreciente, contribuyendo al empeoramiento de la situación actual.

Los principales organismos internacionales, empezando por el FMI, han tenido que revisar a la baja los índices de crecimiento global, que alcanzan el 3,2% para 2019 y el 3,5% para el próximo año. Se trata de tasas jamás registradas desde la crisis económica de 2008.

Por primera vez después de 11 años, es decir, desde de la crisis de los productos derivados, la Reserva Federal de los Estados Unidos redujo los tipos de interés de los préstamos, mientras que el Banco Central Europeo apuesta por reanudar los estímulos económicos a partir del próximo mes de septiembre.

Pero vayamos por partes; China ha registrado en 2018 – 2019 el nivel de crecimiento más bajo de las últimas décadas. En el caso de una guerra comercial con los  Estados Unidos debido a la introducción de aranceles del 10 por ciento a las exportaciones por valor de 300 mil millones de dólares, el enfrentamiento afectará, sin duda, a los demás actores mundiales.

La recesión de las cinco principales economías mundiales es muy preocupante. Las estadísticas elaboradas en los primeros meses de 2019 indican que las principales economías globales están al borde de la recesión. Un ejemplo: durante el segundo trimestre, la economía de Alemania - la cuarta del mundo - se contrajo. Alemania es un exportador masivo a China y EE. UU., países que se han declarado una guerra comercial.

La perspectiva del Brexit duro está afectando no sólo a Alemania, sino al conjunto de los países miembros de la UE. El Reino Unido es el segundo mercado de los exportadores europeos. De hecho, Inglaterra entró en recesión en el segundo trimestre de 2019. Cabe suponer que un Brexit sin acuerdo debilitará aún más su economía.
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Italia se enfrenta a la nueva crisis de gobierno, determinada por la Ley de Salvini, con una deuda difícil de compensar y con la posibilidad de entrar en una recesión formal en cualquier momento.

Los bancos centrales de India y Tailandia, por nombrar sólo las economías de los primeros 20 Estados del mundo, reducen drásticamente los tipos de interés, tratando de inyectar nuevos estímulos a la economía.

Actualmente, los mecanismos de recuperación económica - aún en fase de debate – se limitáan a políticas de austeridad criticadas por los populistas, desafiadas por los antiglobalistas y condenadas por los nacionalistas y soberanistas.

Resumiendo: nos hallamos en los últimos momentos que permiten pronosticar la llegada de la crisis económica mundial. Después de septiembre, será demasiado tarde; la recesión será un hecho consumado.

Quedan las demás incógnitas abordadas en Biarritz: en enfrentamiento con Irán, la interminable guerra de Siria, el rearme nuclear, el cambio climático, el conflicto ucranio, la crisis humanitaria en el Mediterráneo.  Demasiados quebraderos de cabeza para los capitanes del G 7, extraña embarcación de lujo condenada a navegar… sin rumbo.