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miércoles, 6 de septiembre de 2023

Putin - Erdogan: en tablas

 

Aseguran los testigos que el diálogo entre los dos jefes de Estado parecía estar sacado de una obra de teatro del dramaturgo franco-rumano Eugène Ionesco:

Vladímir Putin: Querido amigo Erdogan: Sé que tiene la intención de plantear la cuestión del acuerdo de cereales. Estamos abiertos a negociaciones sobre el tema.

Recep Tayyip Erdogan: Hermano Putin, traigo una propuesta irrenunciable. Se la envía el Secretario General de las Naciones Unidas. El mundo entero está esperando noticias sobre el porvenir del corredor de cereales.

Vladímir Putin: ¿Trae también noticias sobre sobre el centro de distribución de gas natural (ruso) de Turquía? Luego hablaremos del acuerdo sobre cereales.

Esta vez, los conciliábulos a alto nivel se parecían más a un regateo en el zoco.

Erdogan venía con buenas intenciones; se trataba de resucitar la iniciativa del Mar Negro, que Moscú abandonó en el mes de julio, alegando que Occidente no había cumplido su parte del trato. También pretendía el sultán reforzar su imagen de mediador entre dos países en guerra – Ucrania y Rusia – y sacar rédito del prestigio obtenido a nivel nacional, uno de los factores clave que facilitó su victoria electoral el pasado mes de mayo.  Sin embargo, esta vez…

Vladímir Putin, conocedor de la propuesta redactada por el portugués Antònio Guterres, secretario general de la ONU, exigía más, mucho más. En principio, el paquete de medidas elaborado por las Naciones Unidas debía facilitar las exportaciones de alimentos y fertilizantes rusos, interrumpidas por las medidas adoptadas por Occidente en 2022. Cierto es que las restricciones no afectan, en principio, los productos alimentarios y los fertilizantes. Sin embargo, la desconexión de los bancos rusos del sistema SWIFT y el bloqueo de los activos de empresas rusas congelados en Occidente frenaron las exportaciones. A ello se deben añadir las trabas impuestas a las aseguradoras, navieras y entidades financieras interesadas en el comercio con Rusia.

Entre las propuestas enviadas por Guterres figura la conexión de la filial europea del Banco Agrícola ruso Rosseljozbank al sistema electrónico de pagos SWIFT, así como el desbloqueo de algunos activos. Sin embargo, Putin estima que no es bastante generosa. ¿Reconectarse a SWIFT? ¿Por qué no? ¿Ampliar la lista de entidades bancarias beneficiarias de la generosidad de la ONU? Por supuesto. Y ya que estamos, ¿no convendría pedir la reapertura del gasoducto de Togliatti – Odessa, utilizado para la exportación de fertilizantes rusos a través de los puertos ucranios? ¿O el levantamiento del embargo al suministro de recambios para tractores? Es de justicia.

Erdogan se comprometió a trasladar la contrapropuesta de Putin a las Naciones Unidas.  La reactivación del acuerdo de cereales tendrá que esperar.

Durante la rueda de prensa conjunta celebrada al final de las consultas, alguien aludió a la crisis alimentaria que provocaría el bloqueo de las exportaciones de grano de Ucrania, al espectro de la hambruna.

La cuota de mercado de las exportaciones de cereales ucranios es del 5 por ciento, respondió fríamente Vladímir Putin. Añadió el hombre fuerte del Kremlin que Rusia suministrará un millón de toneladas de cereales a los puertos turcos, que asegurarán su posterior transporte gratuito a países del tercer mundo. El operativo sería financiado por Qatar, país amigo de Rusia y de Turquía.

Poco trascendió sobre el porvenir del centro de distribución del gas natural ruso de Turquía. Aparentemente, ambos países tienen interés en la puesta en marcha del proyecto, que facilitaría el suministro del gas ruso a otros Estados del Mediterráneo. Rusia tiene interés en acelerar el proceso. Turquía recuerda, sin embargo, eso sí, en voz baja, que el gasoducto Turkish Stream, construido en cooperación con Moscú, ha sido atacado repetidamente con drones. ¿Drones? Erdogan prefiere guardar silencio.

Putin – Erdogan: en tablas. Cuando las cosas se complican…

sábado, 3 de septiembre de 2022

Xi: un buen uigur es un buen comunista

 

El drama del pueblo uigur saltó a la palestra en enero de este año, cuando la Administración Biden decretó la prohibición de las importaciones de algodón procedentes de la región china de Xinjiang. Según el actual inquilino de la Casa Blanca, la constante violación de los derechos de los uigures por parte de las autoridades de Pekín representa un desafío para la democracia. Para Joe Biden, los obstáculos no existen; sólo hay que luchar contra los desafíos.

La Unión Europea, Canadá y el Reino Unido se sumaron a las sanciones impuestas por Washington, prohibiendo a su vez la importación de productos provenientes de Xinjiang. La única salvedad: que los fabricantes chinos puedan demostrar ante las autoridades aduaneras europeas que las empresas no habían violado los derechos humanos básicos. Una exigencia que recuerda extrañamente las condiciones impuestas hace años a las autoridades israelíes, obligadas a declarar que las exportaciones provenientes de los territorios ocupados no violaban los derechos de la población palestina.  Exigencia ésta, que Tel Aviv supo sortear.

Huelga decir que antes de la revelación de la Casa Blanca, la cuestión de los derechos de los uigures – minoría musulmana que vive en el territorio chino desde hace siglos – fue abordada, sin excesivo éxito, por Amnistía Internacional, cuyas campañas pueden pasar (casi) inadvertidas si los poderes facticos se entrometen.

Otro proyecto llamado a fracasar fue el informe de la Organización de las Naciones Unidas, supervisado por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos y expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, a la que se le informó la pasada semana que el documento no debía publicitarse.

Bachelet aprovechó los últimos quince minutos de su mandato, que finalizaba el 31 de agosto, para dar a conocer el informe, que se hacía eco de las desapariciones, las detenciones arbitrarias, las torturas, las esterilizaciones forzadas, la existencia de una amplia red de centros de reeducación destinados a uigures acusados de llevar a cabo actividades terroristas.

¿Terroristas? En junio de 2009, la capital de la provincia de Xinjiang fue escenario de enfrentamientos entre uigures y miembros de la etnia mayoritaria han. La cifra de muertos – 156 - reveladas por el Gobierno de Pekín indican que este podía haber sido uno de los enfrentamientos más serios desde las protestas de la Plaza de Tiananmen de 1989.

Cierto es que una parte de la población uigur, compuesta por 12 millones de personas, tiene sentimientos separatistas y se opone a lo que denomina preponderancia cultural del Partido Comunista Chino. Aunque la mayoría se conformaría con una autonomía real y el respeto de sus derechos culturales y políticos en el marco de la República Popular China, un porcentaje bastante elevado sueña con la creación de una nueva República del Turkestán oriental o de un Uigurstán independiente.

Las autoridades chinas acusan al movimiento separatista islámico de Turkistán Oriental (ETIM), muy activo en la región, de perpetrar numerosos actos terroristas.

Desde hace décadas, la política de las autoridades chinas con respecto a Xinjiang y el pueblo uigur ha tenido tres ejes fundamentales:

 - La represión de cualquier tipo de actividad étnica al margen del Estado;

 - La promoción de la asimilación de los uigures y su progresiva sinificación;

- La realización de importantes proyectos de desarrollo socioeconómico.

Pero todo ello no basta. Tras la visita a la región de los relatores especiales de las Naciones Unidas, el propio presidente Xi Jinping se desplazó a Xinjiang para definir las pautas de actuación futura de los funcionarios comunistas.

Al parecer, Xi venía con los deberes hechos; su primera directriz hacía hincapié en la necesidad de intensificar los esfuerzos para promover el principio de que el Islam local debe tener una orientación china y que las religiones del país deben adaptarse a la sociedad socialista implantada por el Partido Comunista.

Las aspiraciones religiosas de los creyentes deben satisfacerse; estos deben estar estrechamente unidos en torno al Partido y al Gobierno, manifestó Xi. Al referirse a la importancia de la identidad cultural, el dignatario chino instó a los funcionarios del Partido a educar y guiar a las personas de todos los grupos étnicos para reforzar su identificación con la patria, la nación, la cultura, el Partido Comunista Chino (PCCh) y el socialismo con peculiaridades chinas.

En resumidas cuentas, lograr que un buen uigur sea, forzosamente, en buen comunista.

sábado, 9 de febrero de 2019

He sido facilitador, relator, notario


El reciente debate sobre la necesidad de imponer la figura de facilitador, mediador o notario en el estéril debate entre el Gobierno de la Nación y los veleidosos representantes de una Comunidad autónoma terminó, como era de imaginar, en un estrepitoso fracaso. ¿La razón? No se trataba, como pretendían algunos, de un mero asunto de forma, sino de un problema de fondo. Lo que se pretendía, en realidad, era introducir observadores - preferiblemente, internacionales – en una disputa de familia anquilosada por la inflexibilidad de unos y la patente debilidad de otros. El que eso escribe no pretende analizar la legitimidad de los argumentos esgrimidos por las partes: el sentido común dicta la respuesta.

He de confesar que el galimatías lingüístico empleado por el Gobierno y el gobern, la absurda, aunque exquisita guerra criptosemántica que opone a Madrid y Barcelona, me trajo a la mente viejos recuerdos. Concretamente, el día en el que me convertí en facilitador, relator, notario  del conflicto israelo-árabe.

Sucedió en diciembre de 1973, durante la Conferencia Internacional de Paz convocada por los Estados Unidos y la Unión Soviética y auspiciada por la Secretaría General de las Naciones Unidas. El escenario: el ginebrino Palacio de las Naciones, remanso de paz edificado en los años 30 del pasado siglo, testigo de discretos conciliábulos y de estrepitosos fracasos diplomáticos. El Palacio – sede de la Sociedad de las Naciones, cerró sus puertas en diciembre de 1939. La guerra acababa de empezar.

En diciembre de 1973, acudieron a la cita ginebrina los representantes de tres Estados involucrados en el conflicto de Oriente Medio: Egipto, Israel y Jordania. Siria declinó la invitación cursada por las superpotencias; la OLP brillaba por su ausencia. En realidad, la conferencia se convirtió en un gran acontecimiento mediático. Aquí han más periodistas que delegados, afirmaba el presentador estrella de una cadena de televisión estadounidense. Sí, había más periodistas y, lógicamente, el conflicto se trasladó a las salas de prensa de las Naciones Unidas.
          
Su facilitador, relator, notario estaba dialogando con un pequeño grupo de informadores libaneses. La llegada del redactor jefe del Jerusalem Post, el periódico más influyente de Israel, convirtió nuestra charla en un auténtico velatorio.

¿Colegas árabes? preguntó el periodista del Post. Tengo varias preguntas para ustedes…. El silencio reinaba del otro lado de la mesa. Dígale que si quiere preguntar algo, lo haga a través de usted, contestó – en el mismo idioma – el comentarista político de la televisión libanesa. Me interesaría saber… replicó el israelí, dirigiéndose a mí, siempre en el mismo idioma común, en inglés. Aquello recordaba, salvando las distancias, las peleas familiares: Niño, dile a tu padre…  Tú, dile a tu madre…

La conversación a tres bandas duró alrededor de 45 minutos. No faltaron las descalificaciones, las recriminaciones, las declaraciones solemnes de ambas partes. Hoy en día, cuatro décadas después de aquel estrafalario encuentro, no parece que las posturas de las partes hayan variado.
  
Me quedo, pues, con la duda: ¿para qué sirve el facilitador, relator, notario?

domingo, 24 de diciembre de 2017

La recalentada Guerra Fría de Donald Trump


Solo contra el Mundo. La decisión del Presidente Trump de reconocer Jerusalén como capital del Estado de Israel y ordenar el traslado de la misión diplomática estadounidense de Tel Aviv a la ciudad Tres Veces Santa ha vuelto a abrir la brecha entre Oriente y Occidente o, mejor dicho, ente el mundo musulmán y Washington. Trump rompió con una tradición de siete décadas, en las cuales todos los Gobiernos respetaron el estatuto de corpus separatum  de la milenaria urbe venerada y odiada por judíos, cristianos y musulmanes.

Tras el veto impuesto por la Administración norteamericana al proyecto de resolución presentado por los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba la iniciativa de Trump, el Gobierno de Ankara solicitó la convocatoria de una sesión extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que censuró la decisión del actual inquilino de la Casa Blanca. Poco diplomática resultó ser la respuesta del primer mandatario estadounidense: quien no apoye nuestra política internacional puede olvidarse de la ayuda económica americana. Más claro… 

Trato de hacer memoria. Las encuestas de opinión llevadas a cabo en el mundo árabe por sociólogos norteamericanos después de los atentados del 11 S reflejaban claramente el odio de los jóvenes musulmanes contra Occidente y, más concretamente, contra los Estados Unidos, por el apoyo incondicional prestado durante décadas al Estado de Israel. Ni que decir tiene que el malestar se ha ido acentuando tras la guerra de Afganistán y la intervención armada en Irak, donde brotó el germen del Estado Islámico. Un mal que hasta ahora se ha combatido con meras acciones bélicas, propiciadas y bendecidas por la todopoderosa industria de armamentos americana.

Cabe suponer, pues, que el “episodio” de la Embajada siga alimentando la ira de las masas musulmanas, generando nuevas y temibles amenazas terroristas. Pero, ¿acaso no es eso lo que de verdad pretenden algunos gobernantes?

Más alarmante nos parece, sin embargo, la otra resolución adoptada recientemente por la Administración republicana y anunciada con bombo y platillo por Donald Trump. Se trata de la nueva estrategia de seguridad de los EE.UU., iniciativa que pretende:

· Proteger el país, el pueblo y el estilo de vida estadounidenses;
· Promover la prosperidad de la nación americana;
· Mantener la paz mediante la fuerza; y
· Aumentar el protagonismo de los EE.UU. a escala planetaria.

El nuevo plan de acción de Washington describe a Rusia y China como “amenazas” a la postura hegemónica de Norteamérica. En ambos casos, se acusa a Moscú y Pekín de tener sistemas económicos menos “libres y justos”, intensificar los gastos de defensa y reprimir a sus respectivas sociedades. ¿Simple exceso de ingenuidad o… de cinismo? “América vuelve con fuerza”, vaticinó Trump. “América ganará la apuesta”…

Por otra parte, a la América de la “Pax Trumpiana” no le interesa luchar contra el cambio climático: los monopolios mandan. Preocupa, en cambio, la inexplicable e inexplicada presencia de los OVNIS, fenómeno al que se le destinarán inversiones de decenas de millones de dólares.

¿Postmodernismo? No exactamente: convendría hablar de la vuelta al unilateralismo, al aislacionismo deseado por los círculos más conservadores. 

El Presidente Putin no dudó en tildar de “agresiva” la estrategia de seguridad estadunidense, recordando que cualquier movimiento de tropas detectado en suelo de la Federación rusa suele interpretarse como un peligro para los aliados de la Alianza Atlántica, mientras que la instalación de bases militares occidentales en los confines de la antigua URSS pasa por ser un… gesto normal.

¿Los chinos? Conocido es el hermetismo de Pekín en la materia. Los chinos suelen sorprendernos con gestos, no con palabras.

De todos modos, no cabe la menor duda de que las principales potencias mundiales recelan de este  descarado intento de Trump de acabar con el multilateralismo, de recalentar la vieja, aunque no olvidada Guerra Fría. 

viernes, 17 de octubre de 2014

El Estado 194


Sucedió hace más de un cuarto de siglo; el 15 de noviembre de 1988. Desde la ventana de mi morada de Jerusalén, contemplaba las murallas de la Ciudad Vieja, las casitas del silencioso y mortecino vecindario árabe. El viejo radiorreceptor sintonizaba una emisora extranjera: Radio Argel. De pronto, oímos la voz de Yasser Arafat, anunciando solemnemente: “…proclamamos hoy la creación del Estado Palestino en los territorios de Cisjordania y Gaza…” Media docena de cohetes blancos iluminaron el cielo de la Ciudad Tres Veces Santa. No, no hubo festejos en los barrios árabes de Jerusalén; la ciudad estaba sitiada. Un millar de policías y soldados velaban por el mantenimiento del orden público.

Unas semanas antes de la solemne proclamación de la capital argelina, el entonces Primer Ministro israelí, Itzak Shamir, no dudó en poner los puntos sobre las “íes”: There will never be a Palestinian state” (No habrá jamás un Estado palestino). Sus sucesores, Sharon,  Barak, Olmert y Netanyahu, permanecieron fieles a la “profecía” del adalid del Likud.

Sería sumamente difícil, cuando no presuntuoso, tratar de resumir en unas líneas esos 25 años de desencuentros, de errores políticos y fracasos diplomáticos, de levantamientos populares (intifadas) y operaciones militares, de la quimérica “luz al final del túnel” y las tinieblas que acompañaban a los ángeles de la muerte. Pero, ¿sería inútil recordar el sufrimiento, el dolor, la desesperación de quienes desconocen la paz, el amor al prójimo, la tolerancia? Desde 1948, palestinos e israelíes han sido condenados a vivir en un estado de guerra permanente. Los políticos encuentran siempre “pegas” para hacer las paces. Los pueblos…

La última ofensiva israelí contra la Franja de Gaza, tercera en seis años, arrojó un saldo de 1.500 civiles muertos, 110.000 palestinos desplazados, 26 colegios destruidos, 3 hospitales cerrados. Actualmente, unos 450.000 gazatíes no tienen acceso a agua corriente. Según las primeras estimaciones de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y de la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados de Palestina (UNWRA), los daños materiales ascienden a unos 8.000 millones de dólares. La conferencias de donantes celebrada el pasado fin de semana en El Cairo, finalizó con la promesa de entregar a la ANP la cantidad de 4.275 millones. Sin embargo, las contribuciones anunciadas por los participantes apenas ascendieron a unos… 2.000 millones de dólares. 
Estados Unidos se comprometen a aportar 212 millones de dólares (la ayuda económica y militar destinada a Israel asciende anualmente a alrededor de 2.000 millones), la Unión Europea donará 450 millones de euros, el emirato de Qatar prometió 790 millones de euros y Arabia Saudita, unos 400 millones. Recordemos que la conferencia fue copatrocinada por los Gobiernos de Egipto y… de Noruega.

A comienzos del mes de octubre, el nuevo Gobierno sueco sorprendió a sus socios comunitarios reconociendo “unilateralmente” la existencia del Estado palestino. La iniciativa provocó la ira de las autoridades de Tel Aviv, acostumbradas a controlar los movimientos diplomáticos del Viejo Continente, causando también un innegable malestar en Washington y en Bruselas. El Departamento de Estado norteamericano se limitó a recordar a los suecos que las naciones occidentales se habían comprometido a  llevar a cabo una política consensuada, que implicaba el no reconocimiento de Palestina antes de la (cada vez más) hipotética firma de un acuerdo de paz entre Israel y sus vecinos de los territorios ocupados. A su vez, la Comisión Europea lamentó el gesto poco solidario de las autoridades de Estocolmo, que habían caso omiso de la disciplina existente (impuesta) en el seno de la Unión. Conviene señalar, sin embargo, que otros Estados miembros de la UE – Eslovaquia, Hungría y Polonia – reconocieron el Estado palestino antes de adherirse al club de Bruselas.

Huelga decir que los temores de los “poderes fácticos” del planeta no carecen de fundamento. Contagiado por la valentía de los suecos, el Parlamento británico aprobó esta semana una resolución instando al Gobierno de su Graciosa Majestad a reconocer a Palestina. La iniciativa fue apoyada por 274 diputados y rechazada por... 12.


Queda por ver si esta oleada de desobediencia/hartazgo de los europeos encontrará su debido eco en las deliberaciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. En este caso, Palestina podría convertirse de aquí a finales del año, en el… Estado miembro número 194 de la ONU. 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Obama: si vis pacem...


El Presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, sorprendió a propios y extraños al afirmar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que  “…este es el mejor momento de la historia humana”. El mejor momento para nacer, recalcó el actual inquilino de la Casa Blanca, en un acalorado discurso en el que defendió el papel de los Estados Unidos, potencia que promueve “la paz y la estabilidad” a nivel planetario.

¿Paz y estabilidad? Si algo se parece a una guerra, es el gigantesco operativo “pacificador” del Nobel Barack Obama. Los ataques aéreos contra los radicales del Estado Islámico, llevados a cabo con el apoyo de Arabia Saudita, Emiratos Unidos, Jordania y Bahréin, requieren una intervención terrestre. Curiosamente, ningún país occidental parece dispuesto a mandar tropas a la zona. ¿Serán los gobernantes árabes los artífices de la victoria final contra el EI, los verdugos de esos desalmados terroristas?  No hay que olvidar que algunos regímenes “prooccidentales” de la región avalaron la creación de agrupaciones radicales islámicas – Al Qaeda, Estado Islámico, el Frente Al Nusra – financiando, entrenando y armando a los rebeldes.  La vocación de Arabia Saudita no es de combatir el Islam, sino de velar por su expansión en el mundo.

Si algo se parece a una guerra, es la inestabilidad de Oriente Medio. A la crisis política de Irak, fomentada por los partidarios del enfrentamiento entre chiitas y sunitas, se suma la guerra civil de Siria, desencadenada por quienes deseaban acabar con el régimen autoritario de Bashar el Assad. Mas la primavera árabe no pudo con el hombre fuerte de Damasco. Quedaba, pues, el viejo y socorrido recurso de la desestabilización. En ese contexto, las víctimas civiles, decenas de miles de víctimas, figuran en el apartado de los daños colaterales, eufemismo ideado por los estrategas militares para no emplear la palabra muertos.

Si algo se parece a una guerra, es el interminable enfrentamiento entre israelíes y palestinos, un conflicto en el cual los Estados Unidos actúan como juez y parte. En efecto, ninguna Administración norteamericana se atrevió a plantar cara a Israel, ninguna se pronunció abiertamente a favor del derecho de autodeterminación del pueblo palestino. Durante la última ofensiva israelí contra la Franja de Gaza, la postura sumamente cauta de Obama provocó la ira de algunos Gobiernos árabes, que acostumbran defender a los “hermanos palestinos” con palabras, palabras y más palabras. 
    
Si algo se parece a una guerra, son los operativos bélicos llevados a cabo en los últimos tres lustros en Afganistán, feudo y refugio de Osama Bin Laden, Paquistán, donde los ataques con drones causaron la muerte de 4.000 personas, Yemen o Libia. De hecho, la desaparición de Moamar Al  Gadafi  no dio paso a la democracia. Al contrario, el país africano vuelve al tribalismo reinante durante la época de la monarquía.

Si algo se parece a una guerra, es la caótica situación generada en Ucrania tras el golpe de palacio que acabo con la presidencia de Víctor Yanukóvich, el político que se negó a firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea. De hecho, Berlín y Washington parecían muy interesados en que ello suceda. En el caso de la Canciller Merkel, para recuperar una antigua zona de influencia germana en Europa oriental; en el de la Administración Obama, para estrechar el cerco contra Rusia. La insistencia de Moscú en no abandonar su ya de por sí limitada esfera de influencia (sus antiguos aliados del Pacto de Varsovia pertenecen hoy en día a la Alianza Atlántica),  fue interpretada como una declaración de guerra por la Casa Blanca, el Pentágono y la OTAN. Una guerra tibia, que desembocó en la adopción en una serie de sanciones contra Rusia. ¡Ay! Otro error de cálculo: la reacción de  los rusos, sean estos partidarios o detractores de Vladimir Putin, ha sido diametralmente opuesta a las previsiones de Occidente.  No, Rusia no deja de ser una gran potencia.  


Una gran potencia que, según las palabras de Barack Obama ante la Asamblea General de las Naciones Unidas es, después de la mortífera epidemia de ébola, la… segunda mayor amenaza de la escena mundial. El Estado Islámico ocupa el tercer lugar en la lista. Pero nadie habla, al menos de momento, de una coalición para bombardear a Rusia. De momento…

viernes, 11 de octubre de 2013

El regateo nuclear, clave de las relaciones entre Irán y Occidente



Hay quien deposita demasiadas esperanzas en los resultados del próximo encuentro entre emisarios del Gobierno iraní y las potencias occidentales, que se celebrará la semana próxima en Ginebra. Si bien para muchos politólogos el deshielo de las relaciones entre Washington y Teherán empezó a esbozarse durante la reciente llamada telefónica entre el Presidente Obama y su homólogo iraní,  Hasán Rohaní, algunos conocedores de la realidad persa estiman que los dos estadistas tendrán que sortear innumerables obstáculos políticos, diplomáticos e ideológicos. Para el actual inquilino de la Casa Blanca, la principal rémora tiene nombre y apellido. Se trata del Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien se apresuró en advertir al establishment estadounidense sobre la escasa credibilidad del discurso de Rohaní. No se refería el político del Likud sólo a la intervención del líder iraní ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el cual ofreció un diálogo sincero a Occidente y reconoció, por vez primera, la existencia del Holocausto, sino también y ante todo al tono conciliador empleado por el hoyatoleslam en su conversación con el presidente Obama. 

Ciertamente, el discurso del Primer ministro hebreo no ha cambiado. El halcón utiliza los argumentos de siempre: Irán desea convertirse en una potencia nuclear, poniendo en peligro la seguridad de la región y la supervivencia de Israel. Los iraníes hablan de convivencia, pero a la hora de la verdad potencian las actividades de grupúsculos terroristas. Los iraníes obstaculizan, mediante el apoyo incondicional al régimen de Bashar el Assad, la solución del conflicto sirio. La intolerancia iraní constituye un peligro para la estabilidad de los Estados “moderados” del Golfo Pérsico. 

¿Israel, defensor de la causa árabe? Por muy extraño que ello parezca, los estrategas de Tel Aviv y las monarquías del Golfo tratan de crear un frente común contra un poderosísimo enemigo: la república islámica. ¿Política ficción? No, en absoluto. En la era de la globalización, surgen nuevas e inesperadas alianzas.

Pero conviene recordar que Rohaní tiene también detractores en Washington. La pasada semana, la Subsecretaria de Estado para asuntos políticos, Wendy Sherman, pidió a los ultraconservadores del Congreso que abandonen o al menos, que congelen las iniciativas destinadas a imponer nuevas sanciones económicas contra el gigante persa, ya que tales medidas podrían neutralizar los esfuerzos diplomáticos de la Casa Blanca. Sabido es que los políticos norteamericanos no brillan por su tacto a la hora de abordar cuestiones de alta política internacional. El propio Obama cometió un grave error al aludir recientemente al “régimen iraní”, desafortunada expresión que presupone el no reconocimiento de la legitimidad del Gobierno de Teherán. ¿Simple lapsus? 

Rohaní cuenta también con enemigos al interior del país. Aunque el Guía de la Revolución, el septuagenario e intransigente Alí Jameneí, parece dispuesto a avalar la política aperturista del presidente, los círculos religiosos más conservadores y los radicales que lideran a los Guardianes de la Revolución no comparten el proyecto del presidente. ¿Qué pretende el  hoyatoleslam? ¿Acabar de un plumazo de 34 años de lucha revolucionaria, de llamamientos a la unidad del mundo musulmán, abandonar el objetivo final del programa político del ayatolá  Jomeyni, la (re)conquista de Jerusalén? 

Los jóvenes persas son partidarios del cambio, de la apertura, de la modernización de las estructuras socio-económicas (¡y políticas!) del país. Pero qué duda cabe de que el camino está plagado de obstáculos.

De momento, las autoridades iraníes tratarán de aprovechar la cita diplomática de Ginebra para resolver la crisis generada por la mal llamada “cara oculta” del programa nuclear. Estiman los observadores que los emisarios de Teherán estarían dispuestos a limitar el número de centrifugadoras en funcionamiento, así como la cantidad de uranio enriquecido. También se baraja la posibilidad de aceptar más misiones de verificación de la AIEA. Por su parte, Occidente ha elaborado una serie de propuestas concretas, más rígidas, que los iraníes podrían desestimar, pero que ofrecen como contrapartida el levantamiento progresivo de algunas sanciones aplicables al sector petroquímico y a las exportaciones de… oro. 

Del resultado de este regateo depende, en gran parte, el porvenir de las relaciones entre Irán  - un país aparentemente dispuesto a cambiar de rumbo - y las potencias occidentales.