domingo, 18 de septiembre de 2022

Historias de Samarcanda


No, las calles de Samarcanda no están desiertas. Es cierto que la fastuosa capital del imperio de Gengis Kan – el Gran Mongol - ha perdido el esplendor de antaño. Aun así, la lúgubre imagen ofrecida por las cadenas de televisión estadounidenses enviadas a la milenaria ciudad uzbeca para cubrir la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), no corresponde a la realidad.

Tampoco reflejan la realidad los algo precipitados comentarios del Secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, que apuntaban hacia un aislamiento político de Rusia tras los encuentros de Vladimir Putin con su homólogo chino, Xi Jinping, o con el primer ministro hindú, Narendra Modi, ambos partidarios de hallar una solución rápida al conflicto de Ucrania.

Xi expresó sus dudas sobre la oportunidad de la contienda. Sin embargo, acabó apoyando la postura de su gran y querido amigo Putin tras oír las alegaciones del dueño del Kremlin. Por su parte, Modi reiteró su rechazo al conflicto entre países eslavos con una sibilina frase: ahora no es momento para la guerra. Dos posturas criticas o tal vez titubeantes interpretadas por Blinken como muestras del aislamiento de Putin.

La siempre activa maquinaria de propaganda anglosajona no dudó en convertir la OSC – alternativa al orden mundial capitaneado por los Estados Unidos (según sus promotores), en alianza concebida para desafiar a los Estado Unidos (versión atlantista).

Pero la OSC, foro creado en Pekín en el verano de 2001, no es la OTAN asiática, como pretenden algunos, sino una alianza controlada por las dos superpotencias – China y Rusia – a la pertenecen actualmente las antiguas repúblicas soviéticas del Cáucaso: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán.

La presencia en Samarcanda de representantes de las potencias regionales – Irán y Turquía – irrita sobremanera al establishment norteamericano. Con razón; la república islámica de Irán se sumará a la agrupación a partir de 2023. Otros países barajan esta alternativa: Turquía y Bielorrusia, que podrían solicitar su ingreso en la Organización en la próxima reunión ministerial.

Durante el encuentro de los jefes de Estado de la OSC celebrado esta semana, Paquistán trató de negociar la compra masiva de gas natural ruso. Dicho y hecho: el gasoducto ruso-paquistaní transitaría por territorio chino.

Horas antes del inicio de la cumbre de Samarcanda, el presidente Biden llamó a su homólogo chino, Xi Jinping, para recordarle cuales serían los parámetros de una colaboración correcta entre Pekín y Moscú, aceptable para los Estados Unidos. No es la primera vez que el inquilino de la Casa Blanca trata de aleccionar al líder chino. La respuesta de Xi se ha limitado siempre a un educado y muy significativo silencio.   

Si para Vladímir Putin la cumbre de Samarcanda sirvió para superar los intentos de acorralamiento deseados por Washington, el líder chino pretendía aprovechar su estancia en Uzbekistán para impulsar los proyectos bilaterales o multilaterales de cooperación económica, tecnológica y militar elaborados en los últimos meses.

Rusia y China se habían comprometido en centrar sus relaciones bilaterales en los suministros de gas natural y petróleo, la ampliación de los intercambios comerciales o la adquisición de tecnología puntera china destinada a la obsoleta estructura industrial rusa. Para evitar las sanciones de Occidente, las empresas chinas – sobre todo, las multinacionales - han trasladado algunos de sus centros de investigación o producción a Rusia. La decisión molestó a Washington, aunque los estadounidenses suelen emplear los mismos procedimientos en las relaciones con terceros países.

Pero hay más: la semana pasada, el Ejército Popular Chino estuvo presente en las maniobras militares organizadas por Moscú en la región asiática de la Federación Rusa, en la que participaron alrededor de 50.000 efectivos procedentes de Rusia, India y otros países de Asia, aliados de Moscú. Otro quebradero de cabeza para los expertos del Departamento de Estado y el Pentágono. Con todos los esfuerzos desplegados para justificar la política de sanciones económicas destinada a aislar a Vladímir Putin…

De hecho, es preciso señalar que la política de Washington en el caso de Ucrania no cuenta con el apoyo de ¡un 87 por ciento de la población mundial! Es lo que se desprende de un artículo de opinión publicado en el último número del semanario Newsweek. Sus autores, David H. Rundell y Michael Gfoeller, altos cargos del Departamento de Estado y el Comando Central de las Fuerzas Armadas, advierten que el estallido de la Segunda Guerra Fría hizo que países que alguna vez fueron socios de los Estados Unidos o países no alineados se vuelvan cada vez más multi-alineados. De ahí el nerviosismo de Joe Biden y su afán por seducir a la clase política mundial.

Obviamente, la perspectiva de la creación de un nuevo bloque de países capitaneado por China y Rusia, que rechaza en globalismo y pretende promocionarse como una alternativa al orden mundial dominado por Occidente, preocupa a los poderes fácticos que rigen los destinos del Planeta. Si bien el espectro de la ansiada ruina de Rusia e, implícitamente, de un aparatoso fracaso del proyecto de unidad europea parecen desvanecerse, subiste el interrogante: ¿y en enfrentamiento con China? ¿Para cuándo la colisión?  

No, Samarcanda no e una ciudad fantasma.


jueves, 15 de septiembre de 2022

Y Úrsula cogió su bastón de mariscala


Hace apenas unas horas, las autoridades de Belgrado anunciaron la prohibición de la marcha paneuropea del Orgullo Gay, que debía haberse celebrado en la capital serbia el próximo fin de semana. Curiosamente, la noticia dio la vuelta al mundo. Curiosamente, puesto que nadie habló del multitudinario desfile de los nacionalistas serbios, que exigían el respeto a los valores tradicionales de la sociedad balcánica. ¿Simple casualidad?

Otro detalle que nos llamó la atención fue el apagón informativo decretado por los medios de comunicación occidentales a la reciente comparecencia televisiva del Presidente de Serbia, Alexander Vucic, quien informó a sus conciudadanos acerca de las presiones ejercidas por dos de los tenores de la UE, Emmanuel Macron y Olaf Scholtz, empeñados en que Belgrado, que había adoptado una postura neutral frente al conflicto de Ucrania, se decante por el bando de los buenos. Los buenos son, por supuesto los Estados Unidos y la UE, artífices de las sanciones contra el Kremlin. Una iniciativa a la que Serbia no se sumó; el Kremlin convirtió Belgrado en uno de los principales centros de distribución del gas natural ruso en los Balcanes. Además, Moscú firmó importantes contratos de defensa con Serbia, el país que celebra el paneslavismo, doctrina ideada por los vecinos búlgaros, apartados de su fe primitiva por una generación de políticos educados en universidades anglosajonas.

Alexander Vucic lo tenía claro: la UE promete, se desdice, amenaza y, sobre todo, exige. El diálogo con los candidatos balcánicos a la UE lleva años congelado. De vez en cuando, Bruselas pisa el acelerador de las consultas de adhesión, pero no duda en frenar en seco cuando se vislumbra un rayo de luz al final del túnel. Sin embargo…

Los datos del problema parecen haber cambiado en los últimos meses. Y no sólo a raíz de la guerra de Ucrania, conflicto que requiere una inquebrantable solidaridad por parte de los países comunitarios, sino también – y ante todo – por la aparición de inquietantes grietas en la fachada del edificio europeo. De hecho, comunitarios y extracomunitarios empiezan a poner en tela de juicio la validez de los argumentos esgrimidos por Bruselas.

Un reciente informe elaborado por la Carnegie Foundation señala que – además de Polonia y Hungría – habituales aguafiestas de los debates comunitarios – el malestar con la reciente política de la Comisión Europea se está trasladando a Bulgaria y Rumanía, países discriminados desde su ingreso en el club de los ricos.

¿Qué hacer? ¿Deshacerse de ellos, como lo recomienda el informe de Carnegie? ¿Tratar de contentarlos? Si a la hora de la verdad Bruselas no duda en contemplar la posibilidad de eliminar el derecho de veto, que ofrece a los rebeldes la posibilidad de disentir, las respuestas constructivas brillan por su ausencia. A veces hay que prometer. ¿Prometer para no cumplir?

El debate sobre el estado de la UE, celebrado esta semana, ha puesto de manifiesto la vacuidad de las promesas de Bruselas. La presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, recibió a la primera dama d Ucrania, Olena Zelenska, vestida de azul y amarillo, los colores nacionales ucranianos. Al igual que las Comisarias europeas, que se sumaron a la folclórica acogida.

Von der Leyen se comprometió a hacer todo lo que estaba en su poder para acelerar la adhesión de Kiev a la Unión. En realidad, poco se puede hacer; las normas que rigen el proceso de adhesión son muy estrictas y las negociaciones suelen durar años. La promesa más interesante de Von der Leyen fue la oferta de llevar a Ucrania de forma permanente al área europea de itinerancia libre. Poco, teniendo en cuenta la generosísima oferta de las empresas de telecomunicaciones estadounidenses, que llevan meses cuidando al cliente de Kiev.  

Hubo un tiempo en que los presidentes de la Comisión Europea evitaban hablar de la futura ampliación del club por miedo a molestar a algunos Estados miembros, que preferían hablar de reformas… Ya no. El camino hacia el fortalecimiento de la democracia y el camino hacia nuestra unión son inseparables. Por eso quiero que la gente de los Balcanes Occidentales, de Ucrania, Moldavia y Georgia sepa: ustedes forman parte de nuestra familia, su futuro está en nuestra unión, que no estará completa sin su presencia, dijo Von der Leyen, entreabriendo nuevamente la puerta al proceso de ampliación.  

Los países de los Balcanes Occidentales iniciaron sus trámites de adhesión a la UE hace más de una década; sin embargo, fueron agrupados junto con Ucrania y Moldavia, a los que se les otorgó oficialmente el estatuto de candidatos este año.

Muchos Estados de Europa Central y Oriental nos han advertido durante años sobre los graves peligros de la Rusia de Putin, que nosotros rechazamos, tachándoles de histéricos y rusófobos, añadió la político alemana, reconociendo que dichos países no se habían equivocado.  

Donde sí se equivocó la UE fue a la hora de infravalorar el peligro que representa la paulatina presencia china en los Balcanes. Alguien tenía que llenar el vacío dejado por la UE. Y, ante la gran desesperación del amo transatlántico, este alguien era el competidor chino.

Tocaba, pues, a la Frau Doktor Von der Leyen coger su bastón de mariscala y ordenar:  Hay que acabar con esa anomalía, meine Herren.

En circunstancias normales, la respuesta lógica sería: Zu Befehl, Frau Doktor! 

jueves, 8 de septiembre de 2022

El camino de espinas de Recep Tayyip Erdogan

 

Lo que podía haber sido una marcha triunfal del islamismo turco hacia un radical cambio de sociedad, hacia la cancelación de la herencia y los vestigios del kemalismo, se está convirtiendo en un sinuoso camino de espinas para el presidente Erdogan.
Consciente de que los cambios estructurales contemplados por su agrupación política – el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) – tropezarán con fuertes reticencias por parte Occidente, aunque también, de un gran porcentaje de la población de su país, el sultán no dudó en dosificar su ofensiva ideológica. No se trataba de hacer borrón y cuenta nueva del legado de Mustafá Kemal Atatürk, el fundador del Estado moderno idolatrado por la mayoría de los habitantes de Anatolia, sino de introducir medidas aparentemente anodinas destinadas a transformar paulatinamente el tejido social de Turquía.
Mas los anodinos cambios desembocaron, en el verano de 2016, en una intentona de golpe de Estado. A Erdogan le salvó un soplo procedente de… los servicios de inteligencia rusos, lo únicos que se molestaron en advertirle sobre el peligro de la conjura. Las consecuencias de la intervención del Kremlin son harto conocidas: militares, policías, jueces, catedráticos y servidores públicos fueron arrestados, investigados, encarcelados o depurados. Pero, ¿en realidad hubo decenas de miles de culpables, de cómplices del golpe? ¿Quiénes fueron los cabecillas del movimiento sedicioso? Erdogan acusó al afamado predicador islámico, Fetullah Gülen, antiguo compañero de camino suyo, de haber urdido el complot. Gülen desmiente, por activas y los pasivas, estas acusaciones. En las capitales occidentales, planea la duda. ¿Fuimos nosotros? ¿Los… o los…? Como la transparencia no es el fuerte de las instituciones heredadas de los otomanos… Lo cierto es que Erdogan decidió vengarse de los oficiales turcos destinados al cuartel general de la OTAN; de allí surgieron algunas complicaciones políticas. ¿Intento de socavar el prestigio de la Alianza Atlántica? ¿Coartada para distanciarse de Occidente? La respuesta de Ankara es, invariablemente, la misma: Somos aliados fieles de la OTAN. Sin embargo, la compra de material militar de origen ruso levantó nuevas sospechas. ¿Cómo compaginar la instalación de sistemas de defensa enemigos con el sofisticado arsenal de misiles de fabricación estadounidense? Las quejas de los atlantistas empezaron a llover. Al igual que las advertencias, las inevitables sanciones del socio norteamericano. El distanciamiento – ficticio o real – coincidió con el incremento de las relaciones estratégicas y comerciales con la Federación Rusa.  Y, curiosamente, con el operativo bélico de Ucrania.
Erdogan siempre presumió de la capacidad de persuasión de Turquía, de la habilidad de su diplomacia a la hora de ofrecer sus buenos oficios como mediador en conflictos internacionales. En el caso concretos de Ucrania, los emisarios turcos lograron organizar varios encuentros entre dignatarios de Moscú y de Kiev. A mediados de esta semana, Ankara hizo correr la voz de que el desenlace del conflicto era inminente; el equipo de Erdogan estaba preparando la alfombra roja para la cumbre de los jefes de Estado. Poco tardó en llegar el mentís, el efecto de la jarra de agua fría.
La guerra sigue, al igual que las presiones ejercidas desde el primer momento por la Administración estadounidense, poco propensa a aceptar la zigzagueante postura del fiel aliado turco, que decidió no sumarse a las sanciones impuestas a Rusia. Erdogan optó por desempeñar el papel de líder de una potencia regional independiente y soberana. Ello implica, forzosamente, no aceptar las sacrosantas reglas dictadas por el Imperio.
Joe Biden no dudó en llamar a Erdogan. Sin embargo, fracasó en el intento de razonar al Gran Turco. No, Turquía no se sumará a las sanciones impuestas por Washington y Bruselas; Ankara tiene su propia política, sus prioridades. El inquilino de la Casa Blanca encargó a sus fieles escuderos transatlánticos, Charles Michel y Ursula von der Leyen, presidentes del Consejo y la Comisión Europea respectivamente, a proseguir la labor de zapa. Misión imposible para quienes trataron de persuadirle a Erdogan que, de momento, Turquía no podrá ocupar el ansiado lugar en el club cristiano de Bruselas. Tocó el turno de la OTAN. El noruego Stoltenberg se llevó a su vez la poco agradable sorpresa de tropezar con la negativa de Erdogan. Y también, con la advertencia: Ankara vetará el ingreso de Suecia y Finlandia, nidos de terroristas kurdos, en la Alianza. Este turco es más inflexible que los comunistas, manifestó uno de los asesores escandinavos del secretario general de loa OTAN.
Quedaba, pues, otra opción; la última. Advertir a los empresarios turcos que el comercio con Rusia, fomentado por Ankara, podría acarrear sanciones por parte del Tesoro estadounidense. El subsecretario de Hacienda, Adewale Adeyemo, advirtió por carta a las empresas e instituciones turcas que comercian con Rusia sobre el riesgo de seguir las pautas del Gobierno Erdogan. El mensaje fue publicado también por el rotativo Wall Street Journal. La respuesta de Ankara no tardó en llegar.
La carta (del Tesoro de EE. UU.) enviada a los círculos empresariales turcos no debería causar ansiedad. Nuestros empresarios deberían sentir que el poder del Estado los acompaña, manifestó el Ministro de Finanzas turco, Nurettin Nebati, quien añadió: Estamos decididos a desarrollar nuestras relaciones económicas y comerciales con nuestros vecinos (rusos) en varios sectores.
Según las estadísticas oficiales, entre los meses de mayo a julio de este año las exportaciones de Turquía a Rusia aumentaron casi un 50% en comparación con el mismo período de 2021.
Más aun; Ankara anunció también que pagará los suministros de gas ruso parcialmente en rublos y potenciará la introducción del nuevo sistema de pago Mir - equivalente y competidor del SWIFT- a Turquía. 
Comentando la interrupción del flujo de gas natural ruso a Europa en represalia por las sanciones impuestas por Occidente, Erdogan afirmó que Europa está cosechando lo que sembró. Más claro, imposible. Para los eurócratas de Bruselas, el sultán se había convertido en un agente del Kremlin. Sin embargo…
En clave europea, el presidente turco tendrá que decidir si da luz verde al anunciado enfrentamiento bélico con Grecia, ideado ante todo para reavivar los sentimientos nacionalistas de su pueblo en vísperas de las elecciones generales del año próximo. Sabido es que el nacionalismo y el chovinismo venden… 
Siguiendo por la senda de espinas, Erdogan también logró defraudar a su amigo Putin. A finales de julio, el presidente turco comunicó a los miembros del Gabinete que su homólogo ruso le había pedido, durante la reunión tripartita celebrada en Teherán, autorizar la creación en Rusia de una fábrica de drones de combate Bayraktar. Los aparatos, utilizados por el ejército ucranio, se habían convertido en la pesadilla del cuerpo expedicionario ruso. Pero Erdogan ha dejado muy claro que Turquía no venderá los Bayraktar TB2 a Moscú.
El dueño de la empresa Baykar, que fabrica los drones, se apresuró en poner los puntos sobre las íes. Para nosotros, el dinero no es una prioridad. El dinero y los recursos materiales nunca han sido el objetivo de nuestro negocio. Nuestra amistad y cooperación con Ucrania vine de muy antiguo. No importa cuánto dinero nos ofrezca Moscú, seremos honestos; los drones TB2 no se venderán a Rusia", manifestó Haluk Bayraktar, director ejecutivo de Baykar y… yerno de Erdogan.  
Al final, Rusia tuvo que recurrir a drones de fabricación iraní, más voluminosos y menos fiables que los turcos. A Putin no le queda, pues, más remedio que recorrer parte del camino de espinas de su cambiante socio y amigo Erdogan.

sábado, 3 de septiembre de 2022

Xi: un buen uigur es un buen comunista

 

El drama del pueblo uigur saltó a la palestra en enero de este año, cuando la Administración Biden decretó la prohibición de las importaciones de algodón procedentes de la región china de Xinjiang. Según el actual inquilino de la Casa Blanca, la constante violación de los derechos de los uigures por parte de las autoridades de Pekín representa un desafío para la democracia. Para Joe Biden, los obstáculos no existen; sólo hay que luchar contra los desafíos.

La Unión Europea, Canadá y el Reino Unido se sumaron a las sanciones impuestas por Washington, prohibiendo a su vez la importación de productos provenientes de Xinjiang. La única salvedad: que los fabricantes chinos puedan demostrar ante las autoridades aduaneras europeas que las empresas no habían violado los derechos humanos básicos. Una exigencia que recuerda extrañamente las condiciones impuestas hace años a las autoridades israelíes, obligadas a declarar que las exportaciones provenientes de los territorios ocupados no violaban los derechos de la población palestina.  Exigencia ésta, que Tel Aviv supo sortear.

Huelga decir que antes de la revelación de la Casa Blanca, la cuestión de los derechos de los uigures – minoría musulmana que vive en el territorio chino desde hace siglos – fue abordada, sin excesivo éxito, por Amnistía Internacional, cuyas campañas pueden pasar (casi) inadvertidas si los poderes facticos se entrometen.

Otro proyecto llamado a fracasar fue el informe de la Organización de las Naciones Unidas, supervisado por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos y expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, a la que se le informó la pasada semana que el documento no debía publicitarse.

Bachelet aprovechó los últimos quince minutos de su mandato, que finalizaba el 31 de agosto, para dar a conocer el informe, que se hacía eco de las desapariciones, las detenciones arbitrarias, las torturas, las esterilizaciones forzadas, la existencia de una amplia red de centros de reeducación destinados a uigures acusados de llevar a cabo actividades terroristas.

¿Terroristas? En junio de 2009, la capital de la provincia de Xinjiang fue escenario de enfrentamientos entre uigures y miembros de la etnia mayoritaria han. La cifra de muertos – 156 - reveladas por el Gobierno de Pekín indican que este podía haber sido uno de los enfrentamientos más serios desde las protestas de la Plaza de Tiananmen de 1989.

Cierto es que una parte de la población uigur, compuesta por 12 millones de personas, tiene sentimientos separatistas y se opone a lo que denomina preponderancia cultural del Partido Comunista Chino. Aunque la mayoría se conformaría con una autonomía real y el respeto de sus derechos culturales y políticos en el marco de la República Popular China, un porcentaje bastante elevado sueña con la creación de una nueva República del Turkestán oriental o de un Uigurstán independiente.

Las autoridades chinas acusan al movimiento separatista islámico de Turkistán Oriental (ETIM), muy activo en la región, de perpetrar numerosos actos terroristas.

Desde hace décadas, la política de las autoridades chinas con respecto a Xinjiang y el pueblo uigur ha tenido tres ejes fundamentales:

 - La represión de cualquier tipo de actividad étnica al margen del Estado;

 - La promoción de la asimilación de los uigures y su progresiva sinificación;

- La realización de importantes proyectos de desarrollo socioeconómico.

Pero todo ello no basta. Tras la visita a la región de los relatores especiales de las Naciones Unidas, el propio presidente Xi Jinping se desplazó a Xinjiang para definir las pautas de actuación futura de los funcionarios comunistas.

Al parecer, Xi venía con los deberes hechos; su primera directriz hacía hincapié en la necesidad de intensificar los esfuerzos para promover el principio de que el Islam local debe tener una orientación china y que las religiones del país deben adaptarse a la sociedad socialista implantada por el Partido Comunista.

Las aspiraciones religiosas de los creyentes deben satisfacerse; estos deben estar estrechamente unidos en torno al Partido y al Gobierno, manifestó Xi. Al referirse a la importancia de la identidad cultural, el dignatario chino instó a los funcionarios del Partido a educar y guiar a las personas de todos los grupos étnicos para reforzar su identificación con la patria, la nación, la cultura, el Partido Comunista Chino (PCCh) y el socialismo con peculiaridades chinas.

En resumidas cuentas, lograr que un buen uigur sea, forzosamente, en buen comunista.

miércoles, 31 de agosto de 2022

Mijaíl Gorbachov, in memoriam

 

Gorbachov Ginebra 1985. La vieja cinta magnética tarda en ponerse en marcha. Han pasado los años, las décadas, mejor dicho. Pero la voz de Gorbachov sigue siendo muy nítida. Habla en ruso. Los intérpretes de conferencia soviéticos son excelentes; no se apartan un ápice del discurso del jefe. En la URSS, hasta el desviacionismo lingüístico constituye un delito. No, la traducción es fidedigna. Y el conferenciante…

Costó obtener la credencial para esta primera rueda de prensa de Mijaíl Gorbachov en Occidente. Los funcionarios de protocolo que le acompañaron a la primera cumbre con Ronald Reagan eran muy estrictos.

Lo sentimos; no hay credenciales para periodistas españoles.

No me quedó más remedio que contestarles en ruso, lengua algo olvidada después de años de letargo. Sin embargo, el cambio de idioma surtió efecto:

Aquí tiene su credencial, cam… Perdón, señor.

Unos minutos más tarde, estaba cómodamente sentado en el anfiteatro de la Misión Permanente de la URSS ante las Naciones Unidas.

El camarada Gorbachov no nos hizo esperar. Acudió puntualmente a la cita con los periodistas. Después de esta inusual rueda de prensa, tenía que despedirse de su nuevo amigo Reagan.

Vuelvo a escuchar la vieja grabación. El Secretario General del PCUS alude vagamente a la evolución de las estructuras de mando del partido, a su deseo de llevar a cabo una renovación global. Explica el significado de las palabras glasnost y perestroika, la introducción de estos nuevos conceptos. Es consciente de que para la mayoría de los presentes se trata de términos incomprensibles: ¿Cambios en la URSS? ¿Transparencia en la URSS? Trata de tranquilizarnos: el camino se hace andando. ¿La meta?

Sí, lo importante es saber hacia dónde quiere el nuevo líder que se dirija la Unión Soviética. La explicación de Gorbachov parece muy clara: Para que el país avance, debemos tener acceso a la tecnología. Omite la palabra occidental, pero se sobreentiende. Y para ello, es preciso contar con financiación.

Tecnología y financiación… ¿A cambio de qué? La respuesta llegó años más tarde, cuando las grandes multinacionales se instalaron, con armas y bagajes, en el antiguo imperio del Mal. Rusia, la ex Unión Soviética, se convirtió en un… buen negocio para las empresas occidentales. ¿El poder adquisitivo de los rusos? Inexistente hasta la privatización de la economía, apareció con los primeros brotes de corrupción. ¿Fue obra suya, Mijaíl Sergueievich? ¿Obra de sus sucesores?

A Mijaíl Sergueievich Gorbachov le debemos, eso sí, la firma de los primeros acuerdos de desarme global y el parte de defunción de la Guerra Fría.

Es cierto que no logró democratizar la arcaica sociedad ruso soviética, muy anclada en las tradiciones feudales del imperio zarista ni de abrir de par en par la ventana de las corrientes occidentalizantes. El inmovilismo de su pueblo llegó a defraudarle.

También le defraudó, qué duda cabe, el doble discurso de sus interlocutores occidentales, que abusaron de su ingenuidad a la hora de formular falsas promesas sobre el cumplimiento de los pactos.

Algunos de los políticos rusos actuales, empezando por Vladímir Putin, lamentan el desmantelamiento del Pacto de Varsovia – equivalencia rusa de la OTAN – del COMECON – costosa estructura económica parecida a la UE – y, lo más importante, la atomización de la Unión Soviética.

Gorbachov no tendrá derecho, pues, a funerales de Estado. ¿Justo? ¿Injusto? El porvenir nos lo dirá.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Erdogan: encomendándose a Dios y al diablo

 

Erdogan, el político mutante; Erdogan, el ser camaleónico… Últimamente, resulta cada vez más difícil analizar el discurso del presidente turco, apreciar en su justo valor el porqué de su zigzagueante actuación política. Recep Tayyip Erdogan navega entre dos mundos, dos galaxias, mejor dicho. Hace apenas unas semanas, cuando el presidente turco ultimaba en Soci los acuerdos de cooperación económica y militar con Vladimir Putin, el rotativo británico Financial Times se hacía eco del malestar reinante en los círculos más ortodoxos de la Alianza Atlántica, que tildaban a Erdogan de traidor, cuando no de criado del Kremlin. Más aun; el diario insinuaba que algunos integrantes del núcleo duro de la OTAN, cuya identidad no revelaba, coqueteaban con la idea de expulsar a Turquía de la Alianza.

Hace apenas unas horas, el político turco recuperó los favores de Occidente al afirmar - en un foro internacional de corte atlantista - que la anexión de Crimea por parte de Rusia fue ilegitima e ilegal y que la devolución de la península a Ucrania, de la que es parte inseparable, es un requisito básico del derecho internacional. Sus palabras, aplaudidas por los participantes en la Plataforma de Crimea, iniciativa del presidente Zelensky que cuenta con el aval diplomático y apoyo financiero de la Casa Blanca, provocaron la ira del Kremlin. ¿Devolver, qué? ¿A quién? Los truenos de Moscú dejaban presagiar una abrumadora tormenta. Para despejar el horizonte, Erdogan recurrió a los servicios de su portavoz presidencial, Ibrahim Kalin, quien se apresuró de poner los puntos sobre las íes.

Si se llega a un acuerdo entre Ucrania y Rusia, Crimea debería volver a formar parte de Ucrania, puntualizó Kalin ante las cámaras de la CNN. Y añadió: Crimea fue anexionada ilegalmente. La postura de Turquía no ha variado desde 2014; Crimea es parte del territorio ucraniano.

 Una de cal y otra de arena. Es difícil navegar entre dos aguas; comprar tecnología nuclear a Rusia y vender drones al Ejército de Ucrania. Pero Erdogan se complace en desempeñar este papel de puente entre potencias beligerantes, de mediador, de artífice de la paz entre Moscú y Kiev. De contar con el visto bueno del Congreso de los Estados Unidos para la compra de cazas F – 16; de ganar las próximas elecciones generales turcas. Un juego endiablado, que los políticos y los estrategas occidentales difícilmente logran entender.

Pero hay más. El dignatario turco se guarda unos ases en la manga. En efecto, durante la teleconferencia, Erdogan aludió también a la situación de la minoría tártara de Crimea, recordando que la defensa de los compatriotas de península constituye una de las prioridades de Ankara.  El mandatario exigió, la liberación del presidente de la Unión de Tártaros de Crimea, Nariman Dzhelyal, así como de los 45 militantes nacionalistas detenidos en 2021 por las fuerzas de seguridad rusas.

Los tártaros de Crimea, que han padecido muchas injusticias a lo largo de la historia, desean vivir dignamente en su país. Turquía seguirá apoyando al gobierno ucraniano y a los tártaros de Crimea en el proceso de pacificación del país, manifestó Erdogan.

Cierto es que algunos políticos o medios de comunicación occidentales olvidan o pura y simplemente ignoran el hecho de que Crimea formó parte del Imperio Otomano durante tres siglos. El Estado turco moderno se siente responsable por la suerte de estos compatriotas quienes, en condiciones normales, recibirían - al igual que la mayoría de las comunidades tártaras de los Balcanes - la protección consular y el apoyo político y cultural de Ankara. Algo completamente inimaginable bajo la administración rusa.

lunes, 22 de agosto de 2022

La Bomba

 

¡Imperialistas! ¡Fuera las manos de la bomba antes de que os la tiremos en la cara!

Recuerdo haber descubierto esta extravagante pancarta en la década de los 60, durante un desfile del 1 de mayo celebrado en la capital de un opulento país europeo. La llevaba un viejo sindicalista, hombre rudo y un tanto sectario.

Al recordarle que su organización era partidaria de la paz, de la convivencia pacífica entre los pueblos, contestó:

Sí, compañero. Pero mi Gobierno me ha privado de mis derechos cívicos; alegan que soy un traidor a la Patria por haber participado en la Guerra Civil española.

¿Traidor a la Patria?

No olvide; estamos en plena Guerra Fría.

Comprendí que para el autor del estrafalario mensaje la guerra, el enfrentamiento entre el bien y el mal, no había terminado. 

En realidad, la Guerra Fría comenzó pocos meses después del final de la Segunda Guerra Mundial. Según los politólogos anglosajones, se trataba de la continuación del enfrentamiento entre la democracia occidental y el totalitarismo soviético. El proyecto se gestó durante los años 40, coincidiendo con el esfuerzo bélico de las potencias aliadas: Estados Unidos, el Reino Unido y la URSS.

Las zonas de influencia establecidas en febrero de 1945 en la conferencia de Yalta eran ficticias; el país de los soviets tenía de desaparecer. Lo sabían el británico Churchill y el norteamericano Roosevelt al acudir a la cita con Stalin. El propio dictador ruso sospechaba de la aparente buena fe de sus aliados. Sin embargo, a la hora de repartirse el mundo, las reticencias se desvanecen. Los futuros exsocios estaban satisfechos; los tres abandonaron Yalta llevándose la parte de pastel que les correspondía.

Mas los acuerdos de Yalta fueron criticados por los congresistas norteamericanos tras la muerte de Roosevelt. Los políticos de Washington acusaron al Reino Unido y la URSS de no haber establecido un mecanismo de control internacional de los territorios europeos administrados por Moscú. Dos años más tarde, Winston Churchill entonó la mea culpa al anunciar solemnemente que un telón de acero dividía el Viejo Continente. La Guerra Fría estaba servida; con todos sus ingredientes.

El que esto escribe tuvo la suerte - o la desgracia - de vivir aquellos años en ambos lados del telón. Fue una experiencia kafkiana, cuyo común denominador era la palabra enemigo. Cruzar el telón por alguna de sus grietas suponía forzosamente pasarse al enemigo. Para la policía de fronteras de Europa oriental, del otro lado de los confines sólo se hallaban espías americanos, belicistas, imperialistas. Sus homólogos del llamado mundo libre imaginaban que los (pocos) viajeros que se dirigían hacia el Este eran agentes de Moscú, comunistas o, pura y simplemente, rojos. Sea como fuere, la mera acción de abandonar – incluso provisionalmente - uno de los bienquistos paraísos equivalía a una temeridad, cuando no a una traición.

Pero hacía falta más, mucho más, para lograr la cohesión de los pobladores de ambos bloques. El primer ensayo nuclear ruso de 1949 se convirtió en el pretexto ideal para crear el imaginario de temor al holocausto. Cierto es que los Estados Unidos habían experimentado sus artefactos atómicos en Hiroshima y Nagasaki, descubriendo el terrorífico efecto del armamento nuclear, pero la perspectiva de codearse con Rusia en este club de la muerte… ¡con los rusos!

La BOMBA se convirtió, pues, en el fantasma de la primera etapa de la Guerra Fría. El inminente peligro del ataque atómico creó la psicosis necesaria para reforzar el maléfico espectro de la destrucción global. Fue ésta una época dorada para los fabricantes de refugios antinucleares y las empresas productoras de conservas de larga duración inscritas en las listas de avituallamiento imprescindible para la supervivencia en caso de conflicto atómico. La visita al refugio del amigo formaba parte del ritual de las relaciones sociales impuesto por la bomba.

En los años 60, cuando se acuñó por vez primera la expresión coexistencia pacífica, el término provocó un desconcierto general. ¿Coexistir con el enemigo? ¡Qué disparate! Sin embargo, la maratónica conferencia sobre la Cooperación y la Seguridad en Europa, que establecía nuevas normas de conducta entre los Estados del Viejo Continente, logró cambiar la fisionomía de las relaciones entre los dos bloques. Ficticio o real, el parte de defunción de la Guerra Fría se firmó en Helsinki el 1 de agosto de 1975.

Ficticio o real… En la capital finlandesa sucedió algo muy parecido al incidente de Yalta. Al abandonar el Centro de Conferencias tras la firma del supuestamente histórico acuerdo, un joven diplomático holandés comentó en voz baja: Ahora empieza el desarme ideológico del comunismo. No se equivocaba: el proceso llevó al desmantelamiento de los principales feudos del Kremlin, el Pacto de Varsovia y el COMECON, la caída del Muro de Berlín, la desintegración de la propia URSS y la expansión de la Alianza Atlántica hasta los confines de Rusia. 

Un rápido repaso de la situación en el mundo actual nos permite hallar paralelismos y similitudes con el período de la Guerra Fría. No, la consagración de los Estados Unidos como única gran potencia mundial tras el fracaso diplomático de Mijaíl Gorbachov de 1990 no supuso el final de la Historia pomposamente anunciado por Francis Fukuyama. Ni el catastrófico fin del mundo, pregonado por los detractores de la cuasi laica etapa de progreso económico y social iniciada a mediados del siglo 19. El fin del mundo será, muy probablemente, como lo señala el francés Michel Maffesoli, miembro de la Academia Europea de Ciencia y Artes, el fin de los mundos carentes de espiritualidad de la ciencia y la gobernanza surgidos en los dos últimos siglos.

Las reformas urgen. Pero el camino hacia el indispensable cambio social tropieza, una vez más, con… la BOMBA.  Esta vez, no se trata de un artefacto imaginario, sino de un peligro real. Si bien los beligerantes del siglo XXI han escogido un terreno neutral – la guerra de Putin, de la OTAN, de Soros, de Biden – se libra en un territorio cuidadosamente escogido por los autores del perverso guion del desarme y derribo del comunismo. Curiosamente, los protagonistas de esta triste mascarada moderna interpretan los papeles de personajes históricos conocidos: Stalin, Hitler, Churchill, Roosevelt, Chamberlain, Molotov, Ribbentrop… Escoja su paladín, estimado lector, y póngale nombre.

Y no olvide que, en el caso de la guerra de Putin, eufemismo fabricado por los servicios de inteligencia o de intoxicación anglosajones, las sanciones económicas decretadas por Occidente han tenido un efecto boomerang. En pocas palabras, Europa ha conseguido dispararse en los pies. La bomba, esta carga de dinamita que maneja a su guisa nuestra inexperta y desaprensiva clase política, podría destallar en cualquier momento. Es algo que los ilusos, los globalistas y los buenistas prefieren descartar, olvidando que el peligro del holocausto nuclear no desaparece con un simple clic en la pantalla de un videojuego.

Esta vez, la Bomba es real; la Bomba mata. Lo pudimos comprobar estos últimos meses en Ucrania, en Crimea y también…en Moscú.