jueves, 18 de enero de 2024

La otra guerra de Putin

 

¿Otra guerra auspiciada por el Kremlin? Pero no se trata, en este caso concreto, de un conflicto armado, sino más bien de una ofensiva de… desarme. De desarme económico y financiero; de un enfrentamiento entre gigantes de la economía global, de sistemas financieros diametralmente opuestos, por no decir, antagónicos.

A finales de octubre del pasado año, el presidente Biden advirtió que, a su juicio, la humanidad necesita un nuevo orden mundial para reemplazar al vigente en los últimos 50 años. Un orden que – según el actual inquilino de la Casa Blanca – había funcionado bastante bien, pero que de alguna manera se quedó… sin aliento. Es preciso crear un nuevo orden, basado, claro está, en las normas y las reglas establecidas por la economía dominante – la norteamericana – y supervisadas por sus fieles lugartenientes: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Añadió Biden, eso sí, sin ahondar en el tema, de que también Rusia es partidaria de crear un nuevo orden. La nueva estructura, promovida por Moscú y Pekín, se llama… BRICS. Es el acrónimo de los fundadores del movimiento: Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, creado en 2006 por potencias económicas emergentes dispuestas a contrarrestar la hegemonía estadounidense. En la última ampliación, acordada el pasado año, se sumaron al grupo otros seis países: Argentina, Egipto, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Etiopía. Tras la victoria electoral del populista Javier Milei, Argentina reconsideró su decisión de integrar los BRICS. Aparentemente, a Milei le apetece más una audiencia en  el Despacho Oval de la Casa Blanca que una foto en el Kremlin o la Gran Muralla china. Aun así, la deserción de Buenos Aires no parece preocupar sobremanera a los artífices de la multipolaridad. El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, reveló que el bloque considerará este año las candidaturas de una treintena de Estados dispuestos a adherirse a BRICS.

El principal objetivo de BRICS consiste en reemplazar el orden mundial unipolar (léase norteamericano) por un sistema multipolar, algo que ocultó en su discurso Joe Biden.

Los países miembros de BRICS, que aglutinan al 46% de la población mundial, representan el 29% del PIB del planeta, controlan el 22% de los intercambios comerciales, el 42% de la producción global de petróleo y el 55% de las reservas de gas natural, podrían convertirse en la piedra angular de un orden mundial emergente, en una pieza clave en el debate sobre el futuro de un mundo multipolar.

Rusia ostenta este año la presidencia rotatoria de BRICS, un ejercicio que permitirá al Kremlin organizar alrededor de 200 actos y una docena de reuniones ministeriales en suelo de la Federación Rusa. Una estrategia que pretende ofrecer una imagen de normalidad, fuera del conflicto de Ucrania.

Para Moscú, es importante ampliar la influencia de la asociación, convertir BRICS en un punto de encuentro y diálogo entre países con sistemas económicos y sociales diferentes, disponer de una herramienta jurídica capaz de neutralizar las sanciones arbitrarias, ilegítimas y unilaterales impuestas por los Estados Unidos y sus aliados. Los altos cargos del Kremlin advierten: Rusia es un banco de ensayo. Las sanciones se aplicarán mañana a China. ¿Política ficción? No forzosamente.

Otro frente importante es el de la desdolarización, la ofensiva destinada a acabar con la hegemonía del dólar en los intercambios comerciales internacionales. De momento, BRICS se centra en introducir los pagos en monedas nacionales. La creación de una moneda común, deseada por algunos socios, contemplada por los expertos del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, queda por ahora relegada a un segundo plano.


viernes, 5 de enero de 2024

Negociando sobre escombros


Resulta sumamente difícil, cuando no, imposible, tratar de analizar con calma y detenimiento la problemática real de nuestro mundo al comprobar que los hasta ahora insignificante rebeldes hutiés, que siembran el terror en las aguas del Mar Rojo, hacen caso omiso de las advertencias de Washington y ¡de Londres! que les instan a abandonar su postura belicosa frente a los mercantes que transportan fletes destinados a Israel, que el líder máximo de la revolución islámica iraní confunde a los terroristas del Estado Islámico con los agentes del Mossad, que los políticos del jardín de Occidente, que se merece las loas del diplomático jefe de la UE, Josep Borrell, achacan el constante deterioro de sus boyantes economías a la guerra de Putin (¿por qué de Putin? ¿Están en guerra con Rusia?), que los politólogos del universo postsoviético se hartan en escribir la palabra “Israel” con un extraño entrecomillado, que gobernantes inexpertos proclaman que la solución de la crisis de Gaza estriba en la proclamación de un Estado Palestino.

Resulta sumamente difícil, cuando no, imposible, pronunciarse sobre el somnambulismo político del actual inquilino de la Casa Blanca (término acuñado esta misma semana por los medios de comunicación transatlánticos), teniendo en cuenta los vaivenes de la Administración estadounidense. En efecto, parece incomprensible que un estadista que proclama su apoyo incondicional a Israel, exija a sus interlocutores que eliminen al enemigo con delicadeza, olvidado los trágicos episodios de las guerras de Vietnam, Afganistán, Irak o Siria. ¿Simple amnesia?

Lo cierto es que tras el constante deterioro de la situación en Oriente Medio – eliminación del número dos de Hamas en la capital libanesa, el sangriento atentado de Kerman, el recrudecimiento de los ataques hutíes en el Mar Rojo – el Tío Joe (nada despectivo, simple homenaje a un gran literato -Mark Twain) decidió enviar a su criado Antony (homenaje a Shakespeare) a un viaje relámpago de cuatro días por países y territorios de la región, encargándole a defender una agenda que incluye  importancia de proteger las vidas de civiles en Israel, Cisjordania y Gaza, la liberación de todos los rehenes de Hamas, la entrega de asistencia humanitaria a los civiles en Gaza, el freno a las deportaciones forzosas de los pobladores de la Franja, la creación de  mecanismos para frenar la violencia y reducir las tensiones regionales  y evitar una escalada bélica en el Líbano.

En resumidas cuentas, una agenda de cuatro días que requeriría cuatro décadas para su implementación. ¿Arrogancia somnambulística o supina ignorancia?  

Lo cierto es que el periplo del jefe de la diplomacia estadounidense a la región coincide con el estado de alerta máxima decretado por las autoridades de Tel Aviv en la frontera con el Líbano. La plana mayor del Ejército judío no descarta la inminencia de un operativo bélico de Hezbollah en respuesta por la ejecución de Saleh al Aruri, el fundador de la Brigadas Izzadín al Qasem, brazo armado de Hamas, abatido en las dependencias beirutíes del movimiento islámico libanés.

La desaparición de Al Aruri presupone la apertura de un nuevo frente para Israel. Con la agravante de que, en este caso concreto, Irán podría involucrarse directamente en los combates, apoyando a sus aliados libaneses. De todos modos, ello no implica el abandono de la operación militar de Gaza, aunque…

Por primera vez, la prensa estadounidense se hace eco esos días de la dramática situación de los gazatíes, de la crisis humanitaria que afecta a alrededor del 90 por ciento de los habitantes desplazados y a los más de 2 millones de pobladores del territorio al borde de la hambruna. Cabe preguntarse, pues, ¿qué supondría para esta población afligida por los horrores de la guerra la creación de un Estado Palestino?

Cuando se trata de buscar soluciones para la posguerra, las opiniones divergen. Algunos miembros de la coalición de derechas de Benjamín Netanyahu han pedido lanzar una bomba atómica sobre Gaza, la aniquilación total del territorio como represalia por los atentados del 7 de octubre o el empobrecimiento de la población que se viera obligada a abandonar la Franja. Por su parte, la embajadora de Israel en Gran Bretaña manifestó en una entrevista radiofónica que la única solución para Israel sería arrasar las escuelas, las mezquitas y las viviendas para acabar con la infraestructura militar de Hamás.

Los altos mandos militares que supervisan el operativo de Gaza serían partidarios de entregar la gestión de la Franja a clanes tradicionalmente conectados con localidades o sectores específicos, es decir, a las familias de los viejos caciques gazatíes.  

La idea sería reemplazar a Hamás con grupos familiares que no hayan estado conectados con el movimiento terrorista y que se encargarían de controlar la distribución de alimentos, agua y otros suministros clave. Esto supondría un auténtico reto, ya que Hamás ha gobernado en solitario la Franja durante 16 años.

Los miliares hebreos no explican cuál sería el modus operandi, pero recuerdan que este modelo fue aplicado por los Estados Unidos en Irak y Afganistán después del derrocamiento de los regímenes enemigos.

Tampoco está claro cómo funcionará el nuevo operativo en el Norte de Gaza, dado que casi la totalidad de sus 1,4 millones de habitantes fueron evacuados al sur y se espera que la zona norte de Gaza, completamente arrasada. sea inhabitable durante un lustro.

 

Conviene señalar que los Estados Unidos y los países occidentales serían partidarios de contar con el sombrero de la Autoridad Nacional Palestina, algo a lo que el primer ministro Benjamín Netanyahu se resiste, aunque su futuro rival para el cargo de primer ministro, Benny Gantz, mantiene como opción abierta.

 

Otra alternativa sería contemplar una coalición de clanes locales con la Autoridad Nacional Palestina y otros países árabes de la zona - Arabia Saudita, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos - involucrados bajo algún tipo de paraguas de la ONU. Es decir, una especie de protectorado inviable, igual o peor que Kosovo.

 

 

domingo, 31 de diciembre de 2023

Belgrado bien vale un Maidan


Esperamos el Maidan de Belgrado el próximo martes. Será de color azul, anunciaba en su cuenta de Internet el politólogo estadunidense Jason Jay Smart, ex consejero de la presidenta de Moldova Maia Sandu y tenaz colaborador del American International Institute, donde solía dedicar la mayor parte del tiempo a los contactos directos e indirectos con la oposición rusa.
Huelga decir que el terreno parecía abonado. Poco después de darse a conocer los resultados de la consulta popular celebrada en Serbia el pasado día 17 de diciembre, una inusual oleada de protestas se adueñó de las calles de la capital serbia. Partidos de oposición al régimen de Alexander Vucic, movimientos sociales, agrupaciones de estudiantes, exigían la anulación del escrutinio, alegando un sinfín de irregularidades cometidas por militantes del Partido Progresista Serbio, liderado por el Presidente.
La Comisión Electoral de la República (RIK) desestimó, sin embargo, el recurso de la opositora Alianza Serbia contra la Violencia. Según los datos oficiales, la coalición del Partido Progresista Serbio (SNS), obtuvo un 46,7% de votos en las elecciones generales. El segundo lugar lo ocupó su principal rival, la Alianza Opositora Serbia contra la Violencia, con el 23,4%, seguida por el Partido Socialista de Serbia con el 6,6%.
Los observadores de la OSCE optaron a su vez por desoír las quejas de los detractores de Alexander Vucic, fabricadas y orquestadas, según fuentes gubernamentales, por los servicios secretos de potencias occidentales europeos y transatlánticos. Las insinuaciones de los políticos de Belgrado apuntaban hacia Berlín y Washington. En ambos casos, los organismos oficiales se apresuraron en desmentir categóricamente las sospechas o alegaciones de los serbios.
Curiosamente, el ambiente de crisis recordaba la crispación que acompañó las últimas horas de la intentona golpista de Turquía en 2016. El rumor de que los servicios de inteligencia rusos advirtieron a la cúpula de Belgrado sobre la inminencia de un golpe de palacio no hizo más que alimentar la tensión. Los medios de comunicación moscovitas no dudaron en disparar contra sus rivales de Bruselas: Úrsula von der Leyen, Josep Borrell, la plana mayor del Alto Mando de la OTAN.
En la mañana del día 31, los rotativos de Moscú anunciaban con grandes titulares: Una reedición del golpe de Estado de Ucrania de 2014 fracasó ayer en Serbia.
Pero, ¿se puede hablar realmente de una intentona golpista? El líder del Partido Radical Serbio y ex viceprimer ministro, Vojislav Seselj, se apresuró en corroborar las sospechas de Vucic, mientras que el líder de la oposición, Dragan Djilas, rechazó las insinuaciones de la prensa progubernamental, que acusan a los detractores del Presidente de estar planeando los incidentes callejeros.
Lo cierto es que los medios de comunicación rusos invitan a sus lectores a centrar la atención en Pavle Grbovich, un joven político que encabeza el Movimiento de Ciudadanos Libres, agrupación adscrita a la Alianza de los Demócratas y Liberales de Europa y que, siempre según los medios moscovitas, está preparado, desde 2020, por los servicios de inteligencia estadounidenses para derrocar al gobierno de Serbia.
Nada menos cierto, afirman los detractores de Alexander Vucic. Estamos luchando para convertirnos en parte de la familia europea y no caer bajo el yugo de Rusia.
Lo que sí es cierto es que los altos cargos de la Unión Europea han tratado de presionar a Belgrado para que se una al régimen de sanciones contra Rusia decretadas tras la invasión de Ucrania en 2022. Alexander Vucic ha rechazado las propuestas de la UE, sabiendo positivamente que su negativa podía poner en peligro la candidatura de Serbia a la UE.
Los occidentales son plenamente conscientes de que las presiones destinadas a obligar a Vucic a renunciar a nuestra política para con Kosovo y Metohija, dejar de apoyar a la República Serbska de Bosnia y Herzegovina o imponer sanciones a Rusia podrán acabar con su carrera política, señala el líder del Partido Radical, Vojislav Seselj.
De momento, la cacareada revolución azul, el Maidan serbio de Jason Smart, sigue siendo un mero espejismo.  ¿Sólo de momento? 


martes, 26 de diciembre de 2023

Mar Rojo: vuelve la diplomacia de las cañoneras


 En el otoño del pasado año, los estrategas atlantistas revelaron la existencia de un nuevo peligro para la estabilidad del entorno geopolítico del Planeta. Se trataba de las maniobras de Rusia y China destinadas a controlar la ruta marítima del Ártico, un codiciado atajo para el transporte mundial de mercancías.

¿Un reto para Occidente? Curiosamente, la presencia rusa en el Ártico se remonta a la época de los zares. Los soviets no hicieron más que reforzarla, multiplicando el número de centros de vigilancia meteorológica y de laboratorios encargados de mapear los múltiples recursos naturales de la zona: minerales, petróleo, diamantes. Competían con los rusos las misiones científicas de los países nórdicos, que llevaban a cabo su actividad bajo el paraguas anglo-norteamericano.

Conviene señalar que los países escandinavos solían compartir información con los científicos rusos. Una tarea ésta harto difícil, teniendo en cuenta las presiones ejercidas por el establishment miliar estadounidense, poco propenso a entablar el dialogo con Moscú. A los altibajos de estas relaciones se sumó un nuevo factor: la llegada de un nutrido grupo de científicos chinos, más dados a trazar las posibles rutas del corredor marítimo ártico.

Detalle interesante: los primeros cargueros de bandera china que cruzaron las aguas del Ártico iban escoltados por fragatas pertenecientes al Ejército Popular de Pekín.

En el contexto del actual conflicto de Ucrania, la alianza de Rusia y China – competidores cuando no enemigos de los Estados Unidos – se convertía en un peligro para los intereses estratégicos de Washington. De ahí que algunos políticos o miembros del estamento militar estadounidense se dedicaran a reclamar medidas para desembarazar la zona de estos rivales potenciales.  Pero la guerra del Ártico no tuvo lugar; quedó pospuesta por el inicio de otro conflicto: la ofensiva de los rebeldes hutíes en el Mar Rojo.

Si bien en el caso del Ártico la Casa Blanca dudó en recurrir a la diplomacia de las cañoneras, la región de Oriente Medio parece el lugar idóneo para resucitar la herramienta de los viejos imperialismos.

En el siglo XIX, Inglaterra mandaba barcos de guerra para presionar a los países menos desarrollados a aceptar tratos injustos o humillantes. La Navy se limitaba a bombardear los puertos y las ciudades de sus enemigos. Décadas más tarde, la Armada estadounidense logró añadir otro factor disuasorio: el desembarco de destacamentos de fusileros marinos, convirtiendo la diplomacia de las cañoneras en una invasión en toda regla.  Sombríos presagios estos para el enfrentamiento del Mar Rojo.

Hay quien trata de resumir el actual conflicto en cuatro frases telegráficas: Hamas ataca a Israel; Israel entra en la Franja de Gaza; Washington apoya a Tel Aviv; los rebeldes hutíes contraatacan. Pero hay más; muchísimo más. Veamos: Hamas subestima la reacción del Gobierno Netanyahu; la actuación del Ejército israelí supera con creces los cálculos de los estrategas de Hamas; Washington exige la estricta aplicación del Derecho Humanitario, olvidando sus excesos en Vietnam, Afganistán, Irak; Irán, que sigue a rajatabla el programa político del ayatolá Jomeini – destrucción total de la entidad sionista (Israel) – procura descartar un enfrentamiento directo con los Estados Unidos. Los hutíes, armados hasta los dientes por Teherán, reciben la orden de atacar. El presidente Biden, antiguo lugarteniente del inmerecido Nobel de la Paz Barack Obama, sigue el ejemplo de sus antecesores en la Casa Blanca – Bush Jr. y Obama – anunciando la creación de una coalición internacional destinada a proteger el comercio internacional en la ruta del Mar Rojo.

No, no se trata, en esta ocasión, de defender la democracia, como en los antiguos partes de guerra de Washington. En este caso concreto, lo único que se pretende es salvaguardar los intereses de las grandes navieras. Business is business…

El operativo bélico de Gaza está socavando la estabilidad en el Mar Rojo, creando complicaciones para los intereses geoestratégicos de los actores regionales que compiten entre sí, señala el economista jordano-palestino Riad al Khouri, experto en relaciones comerciales internacionales y consultor del Fondo Monetario Internacional.

Recuerda Al Khouri que el Mar Rojo, punto estratégico clave para el comercio mundial desde la apertura del Canal de Suez en 1869, interesa a las potencias regionales y globales a raíz del papel llamado a desempeñar para la puesta en marcha de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) auspiciada por Pekín.

Desde Yibuti a través del Mar Rojo hasta el Mediterráneo, hay una expansión de las inversiones en infraestructuras previstas por la Iniciativa de la Franja y la Ruta, así como una creciente presencia militar china y/o de otros actores mundiales. Los puertos de Sudán se han ido desarrollado y modernizado. Es el caso de la ampliación, con capital chino, de la terminal de contenedores de Port Sudan.

En 2018, el Gobierno sudanés firmó un acuerdo de 99 años con Turquía para la rehabilitación del puerto de Suakin, que le garantiza a Ankara una presencia estratégica en la región.

Al adquirir una participación del 49% en el proyecto de infraestructura del Golfo de Suez y el Norte del Canal, los Emiratos Árabes Unidos (UAE) fortalecen su posición con respecto al transporte marítimo en el Mar Rojo.

Los puertos eritreos también están llamando la atención de las potencias regionales. Los Emiratos Árabes Unidos tienen una base en Eritrea que apoya sus operativos militares contra los rebeldes hutíes del Yemen.

Moscú, que dejó de ser un actor predominante en la zona desde que sus fuerzas abandonaron Egipto en la década de los 70, anunció en 2018 el establecimiento de un centro logístico en Eritrea.

Rusia también mostró interés en Port Sudan, al proponer en 2020 un acuerdo de 25 años con Jartum para la construcción de instalaciones destinadas a sus buques de guerra. Sin embargo, Sudán suspendió el contrato al año siguiente.

La guerra de Israel en Gaza y los combates en Sudán plantean serios desafíos para las autoridades de Riad. La estabilidad en el Mar Rojo es crucial para los planes de desarrollo económico e industrial saudíes. Para la economía petrolera tradicional, la terminal del oleoducto Yanbu en el Mar Rojo es fundamental como alternativa a la exportación de petróleo a través del conflictivo estrecho de Ormuz.

De todos modos, los ataques hutíes también pueden llegar a poner en peligro las islas de Tirán y Sanafir, situadas en la desembocadura del golfo de Aqaba, la puerta de entrada para las mercancías destinadas a Jordania e Israel.

Por ende, a nivel estratégico, el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC), presentado en septiembre como contrapeso a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, evita por completo el Mar Rojo. El IMEC, cuyo flanco oriental conecta la India con la península arábiga, mientras que el septentrional enlaza con Europa, es una importante propuesta geopolítica que aleja a los Estados de la región de la Franja y la Ruta, a pesar de que Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos también son signatarios de la iniciativa china.

El IMEC reduciría el tiempo de transporte de mercancías de la India a Europa en un 40% y también podría ayudar a posicionar a Arabia Saudita como centro logístico global. El enlace ferroviario que une los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí con Jordania e Israel, depende de la normalización de las relaciones entre Riad y Tel Aviv.  

Del éxito o el fracaso de la diplomacia de las cañoneras de Joe Biden depende el porvenir del mapa geopolítico de Oriente Medio. Del éxito o el fracaso del operativo Ucrania, el porvenir del Viejo Continente.

El Ártico queda, de momento, relegado a un segundo plano. Sólo de momento…


jueves, 21 de diciembre de 2023

Washington – Tel Aviv: después de Gaza, ¿qué?

 

Aparentemente, la visita a Israel del Secretario de Defensa norteamericano, Lloyd Austin, cogió por sorpresa a las autoridades de Tel Aviv. Austin anunció su llegada con un tuit enviado desde el avión que sobrevolaba el Atlántico. ¿Medidas de seguridad? ¿Poca deferencia para con sus anfitriones hebreos? El hecho es que la gira relámpago del jefe del Pentágono se convirtió en una autentica manifestación de apoyo incondicional a la política del Gabinete Netanyahu.

En sus intervenciones públicas, Austin hizo hincapié en el apoyo firme e inquebrantable de Washington a Israel y el férreo compromiso de la Administración Biden para con el Estado judío mientras continúa el conflicto en la Franja de Gaza.

Seguiremos trabajando juntos por un futuro más seguro para Israel y más brillante para los palestinos, manifestó el secretario de Defensa durante su encuentro con su homólogo israelí, Yoav Gallant, uno de los halcones que integra el Gobierno de coalición liderado por el jefe del Likud.

¿Un futuro más brillante para los palestinos? Poco tiene de brillante la situación actual de los pobladores de Gaza y Cisjordania. Cabe preguntarse, pues, qué implica realmente el eufemismo más brillante de Austin.

Desde el pasado 7 de octubre, las autoridades israelíes y sus aliados occidentales han tratado de eludir el debate sobre la posible solución aplicable en la posguerra de Gaza, centrando la atención de la opinión pública en los operativos militares. Una postura ésta muy lógica para un país en guerra, pero menos comprensible en el caso de los burócratas o estrategas que se limitan a analizar la situación desde cómodos despachos situados a miles de kilómetros de las líneas de batalla. Cierto es que algunos políticos, poco conocedores de la problemática real de la zona y de sus constantes vaivenes, optaron por resucitar la formula mágica de los dos Estados – Israel y Palestina, valida en los albores de los Acuerdos de Oslo, aunque neutralizada por el constante trabajo de zapa de la derecha israelí. Hablar de la solución de los dos Estados en el momento actual parece un auténtico sinsentido. ¿Cuáles serían, pues, los posibles desenlaces?

El político y diplomático hebreo Danny Danon, ex embajador de Israel ante las Naciones Unidas y posible sustituto de Netanyahu a la presidencia del derechista Likud, procura hacer un repaso a la posición de los poderes fácticos frente al conflicto israelo-palestino. Recuerda Danon que, si bien en agosto de 1967 los miembros de la Liga Árabe acuñaron los tres noes contra el Estado judío - no a la paz, no al reconocimiento de Israel, no a la negociación con Israel – en las últimas décadas, la postura de la diplomacia internacional ha evolucionado.

Durante la reunión del G7 celebrada el pasado mes de noviembre en Tokio, el Secretario de Estado Antony Blinken dio a conocer los cinco noes de la Casa Blanca - No al desplazamiento forzado de palestinos de Gaza, no a la reocupación de la Franja por el ejército israelí, no a la reducción del territorio de Gaza, no a las amenazas de seguridad de Israel provenientes de la Franja, no al bloqueo de Gaza.

Una de cal y otra de arena. Típica ambigüedad diplomática.

El otro diplomático, Danny Danon, aprovechó para publicitar su propio plan de paz para la posguerra, que consiste en:

· La desmilitarización de la Franja de Gaza;

· La creación de una zona tampón de 3 kilómetros en la Franja;

· La vigilancia por el puesto fronterizo de Rafah (con Egipto) por personal israelí e internacional;

· El abandono de la Franja por los palestinos que deseen establecerse en otros países; y  

· La rehabilitación financiera del territorio sin terrorismo ni incitación a la violencia.

Si bien el Gobierno Netanyahu no se ha pronunciado sobre la propuesta de Danon, el ex embajador asegura que el plan cuenta de antemano con el apoyo de varios miembros del Gabinete.

Curiosamente, se desconoce – al menos en Occidente – la existencia de una contrapropuesta palestina.  ¿Noticias que no nos llegan?

Por ende, conviene dedicar unas líneas al programa no oficial de Lloyd Austin en Tel Aviv, donde se hizo público el anuncio de la creación de una coalición internacional de lucha contra el terrorismo hutí en el Mar Rojo.

Los esquemas bélicos de Afganistán, Irak y Siria siguen vigentes. Pero en este caso concreto, Washington no defiende la democracia, sino la libre circulación de los navíos mercantes por el Canal de Suez. Teniendo en cuenta que las mayores navieras dedicadas al trasporte de fletes operan desde los Estados Unidos, todo tiene una explicación… lógica.


martes, 5 de diciembre de 2023

Moldova: la Caperucita Maia y el Feroz Oso Vladímir


Tal vez cueste imaginar que un uno de diciembre, fecha en la cual los rumanos celebran su fiesta nacional, miles de ciudadanos de la República Moldova, territorio controlado hasta 1990 por la extinta Unión Soviética, salgan a la calle para bailar la hora, la danza popular que ameniza los jolgorios de varios pueblos balcánicos y carpáticos: rumanos, búlgaros, serbios o griegos. La hora se baila en círculo; puede sonar una música lenta o rápida, siempre adaptada al estado de ánimo de los bailarines, hombres y mujeres que suelen entonar estrofas de canciones folclóricas o patrióticas aprendidas desde la más tierna infancia.  

Pero el pasado sábado – uno de diciembre – las celebraciones han revestido un carácter particular. Miles de habitantes de la ex república soviética salieron la calle ondeando enormes banderas rumanas y cantando la Hora Unirii – himno de la unión – escrita para celebrar la unificación, hace más de un siglo, de los principados que iban a conformar el joven reino de Rumanía. A los pobladores de Moldova, país vecino de Ucrania y de la Federación Rusa, este uno de diciembre les brindaba la oportunidad de refirmar su pertenencia a una nación separada por fronteras artificiales. Su patria – Besarabia – fue troceada por el imperio austrohúngaro, el reino de Polonia, la revolución rusa de 1917. No hay que extrañarse, pues, si muchos moldavos sueñan con la reunificación, con la vuelta a… Rumania, el país creado en 1862 por los unionistas liberales de Moldova y Valaquia.

Mas no todos los pobladores de Moldova comparten este deseo. Pera la presidenta Maia Sandu, una economista formada en los Estados Unidos, que llegó a ostentar un importante cargo en el Banco Mundial, el provenir de su país pasa forzosamente por la integración en las estructuras euroatlánticas.  Sandu no descarta la colaboración con las autoridades rumanas, muy generosas a la hora de apoyar, tanto política como económicamente, este exiguo territorio que apenas cuenta con 2,7 millones de habitantes; algo menos que la población de Bucarest o de Madrid.

Huelga decir que los contrincantes de Sandu en la campaña por la presidencia de Moldova fueron el político prorruso Igor Dodon, líder del Partido Socialista, que se las ingenió para tener unos ingresos extra de 45.000 dólares mensuales procedentes de las arcas del Kremlin, y también el avezado hombre de negocios Ilan Șor, que fundó su propia agrupación política, el Partido Chance, convertido en el altavoz de la propaganda mscovita en Chișinău.

Dodon, acusado de corrupción, desaparecio de la palestra hace unos años. Por su parte, Șor, que hace gala de su doble nacionalidad – moldava e israelí - navega entre Chișinău y Tel Aviv. Sus contactos con los organismos oficiales rusos son archiconocidos. El Servicio de Inteligencia y Seguridad de Moldova (ISS) afirma tener constancia de varias transacciones de dinero ruso destinado a Chance a través de ciudadanos de terceros países, como por ejemplo… Kazajstán.

Pero hay más; el ISS asegura que entre los contactos rusos de Ilan Șor destacan el empresario Igor Ceaika, hijo del ex fiscal general de Rusia y amigo personal de Vladímir Putin, así como el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, artífices ambos de proyectos destinados a derrocar a la presidenta Sandu y devolver Moldova a la zona de influencia de Rusia. El rotativo estadounidense Washington Post se hizo eco de la noticia, citando como fuente tanto a la inteligencia moldava como al servicio de contraespionaje ucranio, que suministró datos concretos sobre la financiación de los intentos de desestabilización por parte de Rusia. Aparentemente, Moscú se habría gastado entre 55 y 90 millones de dólares en la campaña contra las instituciones moldavas. A ello se suma un rocambolesco plan que contemplaba el envío de un ejército de mercenarios extranjeros – rumanos, búlgaros, sirios, turcos y kazajos – encargado de llevar a cabo atentados terroristas.

Ficticia o real, la situación de inestabilidad política generada por el feroz oso ruso incita a Maia Sandu a recurrir, una y otra vez, a su mantra: Urge nuestra integración en la OTAN.

martes, 28 de noviembre de 2023

Estrechar el cerco a Rusia


En una conversación telefónica con el Secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, solicitó la suspensión de las sanciones aplicadas por la Casa Blanca a los viajes de los miembros de su Gobierno a los Estados Unidos, alegando que las restricciones eran improcedentes.

La respuesta de Blinken fue instantánea: las restricciones se levantarán cuando las autoridades azeríes decidan entablar conversaciones de paz serias con el Gobierno de Armenia. Washington espera y desea que la firma del acuerdo de paz entre Bakú y Ereván se materialice antes de finales del año. Aparentemente, hoy en día, la obsoleta – aunque siempre eficaz – diplomacia de la cañonera puede resumirse a una simple llamada telefónica.  

Sin embargo, persuadir a Aliyev, más amigo del Irán de los ayatolás o de la Turquía neo-otomana de Erdogan ha de ceñirse al guion preestablecido por la Administración Biden no resulta tarea fácil. Es cierto; la invasión de Nagorno Karabaj por las tropas azeríes el pasado mes de septiembre contaba con el beneplácito de Washington y de Ankara. Los 1.500 soldados rusos estacionados en la zona tampón entre Azerbaiyán y el enclave armenio fueron incapaces de frenar el avance de los 60.000 efectivos del ejército de Bakú. El Presidente armenio, Nikol Pashinyán, que no decretó la movilización del ejército de su país, lamentó la dejadez de los rusos. Pero, ¿se puede hablar de dejadez?

Después de acoger a los cien mil armenios que huyeron del enclave de la discordia, temiendo una operación de limpieza étnica, parecida a la llevada a cabo por Turquía a comienzos del siglo pasado, Pashinyán viajó a Europa, para formular sus quejas a la UE y tratar de persuadir a los miembros del Parlamento Europeo que la firma del acuerdo de paz con Azerbaiyán era… inminente.  ¿Inocencia? ¿Error de cálculo de los autores del guion Nagorno-Karabaj, que desconocen los entresijos de la política regional, de la mentalidad de los publos de la zona? O pura y simplemente, ¿un fallo del superordenador que suele dictar las líneas maestras de la diplomacia del Imperio?  

Lo cierto es que Pashinyán confiaba en el poder de convocatoria de la Administración norteamericana, interesada en contrarrestar la influencia de la Federación Rusa en el Cáucaso. Armenia, único país cristiano de la región, ubicado estratégicamente en las inmediaciones de la Madre Rusia, a medio camino entre la República Islámica de Irán y la no menos reislamizada Turquía representa, desde el punto de vista geopolítico, un área tremendamente codiciada por las potencias interesadas en el control de las riquezas energéticas de la región, en sus oleoductos y gasoductos, en el trazado en la nueva ruta de la seda.

Las maniobras militares de los ejércitos armenio y norteamericano, Eagle Partner 2023, celebradas el pasado mes de septiembre, sorprendieron a los países vecinos; se trataba del primer ejercicio estratégico conjunto en el que tropas de la OTAN coincidían - en un espacio muy exiguo - con las bases militares rusas presentes en suelo armenio desde hace más de medio siglo.  

Pero hay más: Armenia había establecido también vínculos con la Agencia de Defensa para la Reducción de Amenazas (DTRA), dependiente del Pentágono. Desde 2008, funcionan en territorio armenio una docena de bio laboratorios, que realizan proyectos de investigación coordinados por el Programa de Defensa Biológica de Estados Unidos (CBEP).

 

Algunos politólogos armenios estiman que el giro pro-otanista y pro-europeista de Nikol Pashinyan, empeñado en establecer relaciones con las industrias de defensa del Viejo Continente, podría llevar a Armenia a la paulatina pérdida de su frágil soberanía. Los más pesimistas no descartan la posibilidad de que Armenia acabe termine fagocitado por su archienemiga Turquía, convirtiéndose en un protectorado atlantista cuya supervivencia generaría graves tensiones futuras.

Para los miembros del Comité Nacional, organización que agrupa a empresarios, militares, políticos y representantes de la sociedad civil, la firma del reconocimiento por parte de Pashinyán de la soberanía de Bakú sobre Nagorno Karabaj constituye un acto de lesa patria, que debería sancionarse con la destitución inmediata del Primer Ministro. 

Sin embargo, Pashinyán insiste: la paz con Azerbaiyán supondría la apertura, bajo la jurisdicción de Armenia, de la línea de ferrocarril Meghri, el famoso Corredor Zangezur que, según el Presidente Recep Tayyip Erdogan, se convertiría en un nexo de unión panturco, el posible desarrollo de las relaciones con la Unión Europea, más seguridad regional y la desvinculación progresiva del tradicional aliado de los armenios - Rusia – que quedaría aislado en Transcaucasia.

 

Para Moscú, ello presupone un paso más hacia el estrechamiento del cerco de Occidente a Rusia. Los otros dos peones llamados a caer próximamente son Georgia y Moldova.

 

Huelga decir que, en este caso concreto, el superordenador de Washington no se equivoca.