Mostrando entradas con la etiqueta Hezbollah. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hezbollah. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de enero de 2024

Negociando sobre escombros


Resulta sumamente difícil, cuando no, imposible, tratar de analizar con calma y detenimiento la problemática real de nuestro mundo al comprobar que los hasta ahora insignificante rebeldes hutiés, que siembran el terror en las aguas del Mar Rojo, hacen caso omiso de las advertencias de Washington y ¡de Londres! que les instan a abandonar su postura belicosa frente a los mercantes que transportan fletes destinados a Israel, que el líder máximo de la revolución islámica iraní confunde a los terroristas del Estado Islámico con los agentes del Mossad, que los políticos del jardín de Occidente, que se merece las loas del diplomático jefe de la UE, Josep Borrell, achacan el constante deterioro de sus boyantes economías a la guerra de Putin (¿por qué de Putin? ¿Están en guerra con Rusia?), que los politólogos del universo postsoviético se hartan en escribir la palabra “Israel” con un extraño entrecomillado, que gobernantes inexpertos proclaman que la solución de la crisis de Gaza estriba en la proclamación de un Estado Palestino.

Resulta sumamente difícil, cuando no, imposible, pronunciarse sobre el somnambulismo político del actual inquilino de la Casa Blanca (término acuñado esta misma semana por los medios de comunicación transatlánticos), teniendo en cuenta los vaivenes de la Administración estadounidense. En efecto, parece incomprensible que un estadista que proclama su apoyo incondicional a Israel, exija a sus interlocutores que eliminen al enemigo con delicadeza, olvidado los trágicos episodios de las guerras de Vietnam, Afganistán, Irak o Siria. ¿Simple amnesia?

Lo cierto es que tras el constante deterioro de la situación en Oriente Medio – eliminación del número dos de Hamas en la capital libanesa, el sangriento atentado de Kerman, el recrudecimiento de los ataques hutíes en el Mar Rojo – el Tío Joe (nada despectivo, simple homenaje a un gran literato -Mark Twain) decidió enviar a su criado Antony (homenaje a Shakespeare) a un viaje relámpago de cuatro días por países y territorios de la región, encargándole a defender una agenda que incluye  importancia de proteger las vidas de civiles en Israel, Cisjordania y Gaza, la liberación de todos los rehenes de Hamas, la entrega de asistencia humanitaria a los civiles en Gaza, el freno a las deportaciones forzosas de los pobladores de la Franja, la creación de  mecanismos para frenar la violencia y reducir las tensiones regionales  y evitar una escalada bélica en el Líbano.

En resumidas cuentas, una agenda de cuatro días que requeriría cuatro décadas para su implementación. ¿Arrogancia somnambulística o supina ignorancia?  

Lo cierto es que el periplo del jefe de la diplomacia estadounidense a la región coincide con el estado de alerta máxima decretado por las autoridades de Tel Aviv en la frontera con el Líbano. La plana mayor del Ejército judío no descarta la inminencia de un operativo bélico de Hezbollah en respuesta por la ejecución de Saleh al Aruri, el fundador de la Brigadas Izzadín al Qasem, brazo armado de Hamas, abatido en las dependencias beirutíes del movimiento islámico libanés.

La desaparición de Al Aruri presupone la apertura de un nuevo frente para Israel. Con la agravante de que, en este caso concreto, Irán podría involucrarse directamente en los combates, apoyando a sus aliados libaneses. De todos modos, ello no implica el abandono de la operación militar de Gaza, aunque…

Por primera vez, la prensa estadounidense se hace eco esos días de la dramática situación de los gazatíes, de la crisis humanitaria que afecta a alrededor del 90 por ciento de los habitantes desplazados y a los más de 2 millones de pobladores del territorio al borde de la hambruna. Cabe preguntarse, pues, ¿qué supondría para esta población afligida por los horrores de la guerra la creación de un Estado Palestino?

Cuando se trata de buscar soluciones para la posguerra, las opiniones divergen. Algunos miembros de la coalición de derechas de Benjamín Netanyahu han pedido lanzar una bomba atómica sobre Gaza, la aniquilación total del territorio como represalia por los atentados del 7 de octubre o el empobrecimiento de la población que se viera obligada a abandonar la Franja. Por su parte, la embajadora de Israel en Gran Bretaña manifestó en una entrevista radiofónica que la única solución para Israel sería arrasar las escuelas, las mezquitas y las viviendas para acabar con la infraestructura militar de Hamás.

Los altos mandos militares que supervisan el operativo de Gaza serían partidarios de entregar la gestión de la Franja a clanes tradicionalmente conectados con localidades o sectores específicos, es decir, a las familias de los viejos caciques gazatíes.  

La idea sería reemplazar a Hamás con grupos familiares que no hayan estado conectados con el movimiento terrorista y que se encargarían de controlar la distribución de alimentos, agua y otros suministros clave. Esto supondría un auténtico reto, ya que Hamás ha gobernado en solitario la Franja durante 16 años.

Los miliares hebreos no explican cuál sería el modus operandi, pero recuerdan que este modelo fue aplicado por los Estados Unidos en Irak y Afganistán después del derrocamiento de los regímenes enemigos.

Tampoco está claro cómo funcionará el nuevo operativo en el Norte de Gaza, dado que casi la totalidad de sus 1,4 millones de habitantes fueron evacuados al sur y se espera que la zona norte de Gaza, completamente arrasada. sea inhabitable durante un lustro.

 

Conviene señalar que los Estados Unidos y los países occidentales serían partidarios de contar con el sombrero de la Autoridad Nacional Palestina, algo a lo que el primer ministro Benjamín Netanyahu se resiste, aunque su futuro rival para el cargo de primer ministro, Benny Gantz, mantiene como opción abierta.

 

Otra alternativa sería contemplar una coalición de clanes locales con la Autoridad Nacional Palestina y otros países árabes de la zona - Arabia Saudita, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos - involucrados bajo algún tipo de paraguas de la ONU. Es decir, una especie de protectorado inviable, igual o peor que Kosovo.

 

 

miércoles, 25 de octubre de 2023

Irán coloca sus peones en el tablero de Oriente Medio

 

Mientras los medios de comunicación internacionales especulan con el   inevitable inicio de la incursión terrestre del ejército israelí en la Franja de Gaza, operativo que debía haberse materializado hace más de diez días, nuevas oleadas de misiles de Hamas apuntan hacia las poblaciones del sur de Israel. Pero esta vez, uno de los blancos es también Tel Aviv, la capital del Estado judío. Por si fuera poco, las unidades especiales de guardacostas tuvieron que neutralizar un desembarco de un comando procedente de la Franja.

¿Por qué se está retrasando la operación terrestre? Según la información facilitada recientemente por la emisora del Ejército israelí, retransmitida por la cadena de televisión catarí Al Jazeera, Israel ha accedido a la petición de EE.UU. de aplazar su ofensiva hasta la llegada de un nuevo contingente de soldados estadounidenses, que debería velar por la evacuación de los ciudadanos americanos – más de 600.000 -que se encuentran en la zona.  

Otra versión, no menos plausible, es que Washington está trasladando efectivos a Oriente Medio para mostrar su apoyo al Estado judío o para tratar de disuadir a otras agrupaciones chiitas respaldadas por Irán, como los Hezbollah libaneses, a involucrarse en el conflicto. 

Desde que Tel Aviv decretó la movilización general de sus reservistas – hombres y mujeres – se ha especulado con una posible respuesta del régimen de los ayatolás en el conflicto desencadenado por el ataque del 7 de octubre. Sin embargo, la República Islámica no parece interesada en una confrontación directa con Israel; cuenta, eso sí, con que sus peones no duden en apretar el gatillo. Sus peones – Hezbollah, los Grupos de Movilización Popular ubicados en Siria y en Irak, los rebeldes hutíes del Yemen – conforman la constelación que gira en torno a la media luna iraní. De hecho, Hezbollah fue el primero en manifestarse en los confines con Israel. Los iraquíes y los yemenitas protagonizaron acciones intranscendentes, destinadas ante todo a señalar su presencia en el mapa geoestratégico de la región.          

Por su parte, Irán ha llevado a cabo una campaña diplomática activa para aislar internacionalmente a Israel, intentado al mismo tiempo proyectar su desinterés ante una posible extensión del conflicto.

Conviene recordar, sin embargo, que el apoyo del régimen teocrático de Teherán a la causa palestina ha sido – y sigue siendo - un principio ideológico del clero chiita desde la revolución de 1979. 

Durante las últimas cuatro décadas, Irán ha financiado, armado y ampliado una red de aliados estratégicos en el Oriente Medio con el fin de exportar la revolución y consolidar su influencia regional. Sus rivales occidentales no dudan en acusar a los iraníes de patrocinar… el terrorismo islámico.

El camino hacia al-Quds [Jerusalén, en árabe] pasa por Karbala, señalaba en su último discurso el ayatolá Jamenei, líder supremo de la revolución. Karbala, la ciudad santa donde está enterrado el imam Hossein, nieto de Mahoma, es la Roma de los chiitas. La alusión al descendiente del profeta es un lema revelador en la retórica de la República Islámica a la hora de incitar a la lucha contra Israel y los intereses estadounidenses en el mundo.  

Después de 7 de octubre, Irán ha advertido que un conflicto regional podría expandirse. Sabido es que en los últimos años Teherán ha reforzado significativamente el arsenal balístico de Hezbollah, la milicia libanesa que representa actualmente la mayor amenaza para la seguridad de Israel.

En una intervención televisada, el Ministro de Asuntos Exteriores iraní, Hossein Amir-Abdollahian advirtió que si Israel seguía adelante con su planeada ofensiva en Gaza, obligaría a los movimientos respaldados por Irán a actuar con mayor contundencia, lo que obligaría al Estado judío a retirarse de algunos de los territorios que ocupa actualmente.  

Si bien Irán se niega a protagonizar un enfrentamiento armado directo con Israel o los Estados Unidos, los ayatolás contemplan la posibilidad de utilizar la baza del petróleo, apoderándose de navíos extranjeros en el Golfo Pérsico, amenazando a las fuerzas navales de los Estados Unidos o considerando el posible – aunque hoy por hoy hipotético - cierre del Estrecho de Ormuz, la ruta estratégica más importante para el transporte de crudo, vital para el comercio internacional.

Mantener al enemigo a raya mediante batallas más allá de las fronteras de Irán ha sido una doctrina crucial en la agenda de seguridad y política exterior de Teherán, promovida y seguida en particular por el general Qasem Soleimani, jefe de las Fuerzas Quds.

En caso de un conflicto generalizado, Irán podría contar también con el apoyo de Rusia y China, aliados clave que se han negado a condenar públicamente a Hamás por matar a civiles israelíes. Ambos países han estado impulsando la cooperación militar con la República Islámica, que redundó en la celebración de maniobras navales conjuntas en aguas internacionales.

El Secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, se dirigió al régimen de los ayatolás con una súplica: Por favor, no intervengan en este conflicto. La respuesta – tácita – de Teherán fue: Por favor, no nos obliguen a intervenir. 

jueves, 19 de octubre de 2023

Teherán - Tel Aviv: espadas en alto

 

El pasado sábado, pocas horas después de finalizar el descanso de Sabbat, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, realizó una visita relámpago a la frontera de Gaza. Su propósito: espolear a los militares que esperaban la orden de batalla. ¿Estáis listos para la próxima fase?, preguntó Bibi Netanyahu, el único político hebreo que no había logrado ascender en el escalafón del ejército israelí. El capitán Netanyahu, valiente pero indisciplinado, consiguió llevar a cabo varias operaciones militares brillantes, que… no contaron con el aval de sus superiores. Unas actuaciones excepcionales, dignas de un consejo de guerra o… ¡de una medalla merito!

Sí, las tropas congregadas en la línea divisoria con Gaza estaban preparadas para entrar en combate. Sin embargo, el establishment no había encontrado respuesta al sinfín de preguntas que acompañaban este operativo de castigo. ¿Acabar con Hamas? Pero. ¿cómo? ¿Arrasar Gaza? ¿Y después? ¿Quién custodiará los cadáveres? ¿Quién vigilará los camposantos? ¿Quién administrará las toneladas de escombros? ¿Quién será el vencedor de la contienda? Muchos interrogantes y pocas respuestas. Y en eso, ¡llegó el tío Joe!

No se sabe si a Joe Biden lo llamó el propio Netanyahu, como insinúan los rotativos estadounidenses, su fiel escudero, Antony Blinken, que navegaba entre las capitales de la zona, tratando de negociar algún acuerdo con los líderes árabes – Oriente Medio estaba a rojo vivo – o alguna advertencia de los servicios secretos: Míster President, Irán parece dispuesto a tomar cartas en el asunto. De todos modos, el inquilino de la Casa Blanca optó por desplazarse personalmente a la región para reiterar su apoyo firme e incondicional al pueblo de Israel. Su visita fue precedida por la llegada a la zona de os gigantescos portaaviones de la flota norteamericana, el Gerald S. Ford y el Dwight D. Eisenhower, que tomaron posiciones cerca de las costas de Siria y de Líbano. A la fuerza naval se suman unos 2.000 a 4.000 efectivos terrestres.

Al ex lugarteniente de Barack Obama, inmerecido Premio Nobel de la Paz, testigo durante su mandato del mayor número de conflictos bélicos a escala mundial, lo acompañaban los duendes de la política exterior estadounidense; la situación creada por la intromisión de Teherán en el conflicto exigía la presencia de un nutrido equipo de politólogos. La crisis corría el riesgo de inflamar toda la zona.

Teherán había advertido: si el ejército de Israel entra en Gaza, nos reservamos en derecho de adoptar una serie de medidas preventivas. Si se desencadena un operativo contra nuestros aliados libaneses de Hezbollah, será un auténtico casus belli. Irán tiene los medios (¡y el deseo!) de afrontar el combate. Tremendo y doloroso golpe para Washington, que acababa de desbloquear 6.000 millones de dólares de los fondos iraníes congelados en los bancos americanos; un primer gesto de apaciguamiento de la Administración Biden hacia el régimen de los ayatolás.  Duro golpe para Biden, que tampoco pudo reunirse con los gobernantes árabes en la cumbre de Amman, auspiciada por el rey Abdalá de Jordania. Los participantes – Egipto y la Autoridad Nacional Palestina – cancelaron su participación. El lenguaje empleado por Biden no encaja con la mentalidad de la clase dominante de la región.

Joe Biden tuvo que añadir unos cuantos peros a sus palabras de apoyo incondicional a Israel. Si bien no criticó la decisión de Tel Aviv de llevar a cabo una operación de limpieza en Gaza, señaló que la intervención militar debía ajustarse a las leyes de la guerra y a los cánones del derecho humanitario, es decir, respetando los criterios de proporcionalidad. Para los juristas, ello se traduce por otro eufemismo: intervenir de manera justa y fuerza adecuada. Después del conflicto, se dirá que ello resultó ser… inviable. De momento…

De momento, Joe Biden y Benjamín Netanyahu se dedican a deshojar margaritas. ¿Atacar? ¿No atacar? Hamas bien merece un castigo ejemplar, estiman los israelíes, sorprendidos por la incursión de los radicales gazatíes en su territorio.

El primer ministro de Israel, partidario de castigar a Irán por su amenazante proyecto nuclear, ha redescubierto esos días el viejo, aunque no anticuado, programa político del ayatolá Jomeini, que finalizaba el ardoroso mensaje: nuestra lucha concluirá cuando la bandera verde del Islam ondee en Jerusalén. 

Espadas en alto. Malos augurios para los Nóbel de la Paz y sus secuaces…

lunes, 30 de enero de 2023

Irán: tambores de guerra


Cazas israelíes avistados en el espacio aéreo iraní, rezaba el flash de la agencia oficial de noticias INRA, heraldo de las autoridades de Teherán. Unos minutos más tarde, los cazas se convirtieron en drones; la ampliación de la noticia aludía a ataques contra instalaciones estratégicas – fábricas de armamento, instalaciones nucleares, bases aéreas, edificios oficiales - de Karaj, (inmediaciones de Teherán), Khoi y Azershahr (noroeste), Isfahán (centro) y Hamadán (oeste).

Según el comunicado del Ministerio de Defensa iraní, reproducido por la mayoría de las agencias de prensa occidentales, los ataques fueron infructuosos y no hubo que lamentar víctimas. Sin embargo, las cadenas de televisión locales transmitieron imágenes de deflagraciones en Isfahán y Tabriz. Incendios y daños menores, fue la versión oficial.

Los ataques no han afectado nuestras instalaciones; tales medidas ciegas no tendrán un impacto en la continuación del progreso del país, aseguran los voceros de las autoridades persas, que guardan un total mutismo sobre la identidad del sospechoso de llevar a cabo el ataque.

No es la primera vez que ello sucede. La mayoría de los servicios de inteligencia occidental y las fuentes oficiosas iraníes han atribuido al Mossad ataques contra la instalación nuclear iraní de Natanz en julio de 2020, otro centro atómico ubicado en la misma ciudad en abril de 2021, una  instalación nuclear en Karaj, en junio de 2021, o la destrucción de alrededor de 120  drones en febrero de 2022. Pero en Irán, la palabra Israel sigue siendo tabú.

De hecho, el Estado judío no se ha atribuido la responsabilidad de los ataques. Sin embargo, en la noche de domingo, una veintena de camiones pertenecientes al ejército iraní que transportaban refuerzos para el frente del movimiento integrista Hezbollah fueron interceptados por drones israelíes. Cabe suponer que los combates podrían recrudecerse en las próximas horas.

Conviene señalar que la ofensiva fue desencadenada horas después de la llegada a Tel Aviv del director de la CIA, William Burns, ex embajador de los EE.UU. en Moscú, afamado kremlinólogo y, según fuentes del Departamento de Estado, excelente putinólogo.

La visita de Burns se produce horas antes de la llegada a Israel del Secretario de Estado Antony Blinken, el halcón con disfraz de pacifista que dirige y coordina la política exterior de los Estados Unidos.

Detalle interesante: durante la última semana, los rotativos hebreos se dedicaron a cantar las loas de la estrecha colaboración entre el Mossad y la CIA durante las operaciones de rescate de agentes israelíes de origen kurdo bloqueados en suelo iraní. El operativo fue coordinado por William Burns y su homólogo israelí, Eli Cohen.

Tras los ataques de la noche del domingo, fuentes oficiales de la República Islámica señalaron que la misión de los drones había fallado, ya que sólo había causado daños menores.

Muy distinta fue la versión ofrecida por el diario The Jerusalem Post, que titula la información de última hora: El ataque con drones… fue un éxito fenomenal.

A buen entendedor…


jueves, 19 de marzo de 2020

Israel - esperando al Mesías


Hace apenas unas semanas, el Estado de Israel impermeabilizó sus fronteras, decretando el confinamiento de la población judía, árabe y, de paso, palestina. Esta vez, la amenaza no procedía de las agrupaciones radicales integristas – los Hezbolá libaneses o el Hamas gazatí – sino de un temible enemigo oculto, originario del Irán de los ayatolas: el coronavirus.  


La medida de las autoridades de Tel Aviv fue acogida con ironía por los palestinos de Cisjordania. ¿Confinamiento? Nosotros lo hemos padecido durante décadas. Ahora les toca a los israelíes comprender el significado de esta palabra.

Israel es un país de contradicciones y contrastes. El advenimiento de la pandemia ha sido interpretado en clave apocalíptica por los rabinos ultrarreligiosos, quienes aseguran que la presencia del virus es un castigo divino, que presagia la llegada del Mesías y en clave meramente política por el ciudadano de a pie, cansado de las artimañas del Primer ministro saliente o al menos, derrotado en las últimas elecciones, Benjamín Netanyahu. En hombre que dirigió los destinos de Israel en los últimos once años, parece poco propenso a abandonar el poder en vísperas de un juicio que logró posponer hasta ahora, pero que debería dar comienzo el 24 de mayo próximo. Los cargos contra el líder conservador: sobornos, fraude, trato de favor a los medios de comunicación amigos y un sinfín de etcéteras.  

Hasta ahora, Netanyahu se escudó en la inmunidad que le concedía en cargo de jefe de Gobierno para eludir la acción legal. Sin embargo, tras la derrota en las elecciones generales del pasado 2 de marzo, el incombustible premier comprendió que hacía falta aprovechar cualquier resquicio para aplazar la comparecencia ante la Justicia. Su primera cortada fue… el coronavirus o, mejor dicho, el paquete de medidas excepcionales elaborado por el Gobierno saliente, su Gobierno. Curiosamente, ninguna de las cláusulas de seguridad aprobadas el pasado fin de semana sirve para blindar a Netanyahu. Obviamente, los ex Primeros ministros no gozan de la ansiada inmunidad; pasan a ser ciudadanos normales y corrientes. Había que encontrar, pues, otra vía. Netanyahu se decantó por una estrategia que aprendió a controlar perfectamente: el regateo.

Bibi Netanyahu le ofreció a su rival, el general en la reserva Benny Gantz, la posibilidad de formar un Gobierno de emergencia nacional, integrado por todas las agrupaciones del espectro político israelí, exceptuando a los legisladores de origen árabe, que representan actualmente la tercera fuerza en la Knesset (Parlamento). Para el político conservador, los diputados árabes israelíes no dejan de ser meros partidarios del terror.

¿Gobierno de emergencia nacional? Extraño ofrecimiento éste por parte del Primer ministro en funciones, teniendo en cuenta que Gantz, quien acababa de recibir el encargo de formar Gobierno, contaba con el apoyo de 61 legisladores, es decir, con la mayoría necesaria para poder descartar la alternativa de una coalición con los diputados del Likud. Aun así, Benny Gantz se mostró partidario de formar un gobierno de unidad nacional capaz de eclipsar la preponderancia de los conservadores. Un proyecto inviable, sabiendo positivamente que algunos de los partidos que habían adherido a su conglomerado, como el ultranacionalista Israel Beiteynu o la Lista Conjunta de los árabes israelíes, son aliados coyunturales que sólo persiguen un objetivo: desbancar a Netanyahu.

Consciente del peligro de inestabilidad política que presupone un hipotético destierro de los conservadores de la vida política, Gantz se apresuró en sugerir la formación de un Gobierno de unidad que incluyera al Likud. La contrapropuesta de Netanyahu resultó por lo menos sorprendente. Bibi se mostró partidario del sistema de rotación: el Likud gobernaría durante dos años, y la formación de Gantz – Azul y Blancootros dos. Permanecer en el poder suponía que el equipo de Netayahu, artífice de la legislación de emergencia elaborada para combatir el coronavirus, podría dedicarse a llevar a buen puerto la ofensiva contra la alerta sanitaria, allanando el camino para la llegada de los liberales de Gantz, políticos aparentemente… inexpertos. Al comprobar el comprensible malestar del general, Netanyahu no dudó en dar el golpe de gracia, acusando al jefe de fila de Azul y Blanco de … mezquindad.

Obviamente, el jefe de fila del Likud perseguía otra meta. Al aceptar el mandato de formar Gobierno, Gantz aludió veladamente a los esfuerzos del primer ministro saliente de… evadir la justicia.

¿Busca Netanyahu otros dos años de tregua? O tal vez, estima que la llegada del Mesías podría librarle definitivamente de la espada de la Justicia. Porque la guerra contra el coronavirus es, en este caso concreto, una simple excusa.

lunes, 1 de octubre de 2018

Israel: conflictivo eslabón de la “ruta de la seda” china


Quién hubiese podido imaginar, allá por la década de los 90 del siglo pasado, que a un alto cargo del ejército hebreo le incumbiría el desagradable deber de informar a sus colegas y aliados norteamericanos que los chinos iban a hacerse cargo de la gestión de los grandes puertos israelíes: Haifa y Ashdod.  Es lo que sucedió hace apenas unas semanas, durante una reunión de expertos en seguridad marítima organizada por la Universidad de Haifa, cuando el general en la reserva Shaul Horev, antiguo jefe del Estado Mayor de la Marina de Guerra del Estado Judío y ex Presidente de la Comisión Israelí para la Energía Nuclear facilitó detalles sobre la construcción y gestión de las instalaciones navales clave para el comercio y ¡la seguridad! del Estado de Israel.  Sus palabras causaron un impacto parecido al de una deflagración nuclear: “Señores, los chinos están aquí. Han venido para quedarse…”

En efecto, dos grandes compañías chinas se encargarán, a partir de 2021, de administrar las principales dársenas israelíes. Los multimillonarios contratos contemplan la gestión de la infraestructura portuaria durante un período de 25 años. La firma de los contratos fue acogida con inusual júbilo en los despachos  gubernamentales de Tel Aviv. “Es una fecha memorable para Israel”, afirmó sin rodeos un alto cargo del Gabinete Netanyahu.

¿Memorable? Sí, por supuesto. Sin embargo, los artífices del acuerdo – el Ministerio de Transportes y la Autoridad Portuaria – pasaron por alto un detalle clave: el indispensable dictamen del Consejo Nacional de Seguridad. El puerto de Haifa se halla en las inmediaciones de una base naval ultrasecreta que alberga la flotilla de submarinos nucleares israelíes. Según los expertos militares, la armada del Estado judío, dotada con artefactos atómicos, sería la  segunda en capacidad de fuego después de la marina de los Estados Unidos.

Pero hay más: Haifa suele servir de puerto de amarre para los navíos de la Sexta Flota norteamericana durante sus operativos en la zona: Líbano, Siria, etc. Obviamente, a los mandos del Pentágono les resulta inconcebible utilizar unas instalaciones portuarias gestionadas por… empresas chinas. Fue esta una de las razones por la que la marina de guerra americana abandonó el puerto griego de Pireo, también gestionado por los chinos.

Conviene señalar que los chinos entraron subrepticiamente en los países de Oriente Medio. Preocupados por la conflictividad de la zona y la innegable exigüidad de los mercados, trataron de establecer, en la primera etapa, cabezas de puente poco ostensibles. Con el paso del tiempo, apostaron por una estrategia más agresiva. En el caso concreto de  Israel, los chinos controlan actualmente la mayor compañía de productos alimentarios, TNUVA, el túnel del Monte Carmelo de Haifa, así como la red de metro ligero de Jerusalén. Se rumorea que no descartan la posibilidad de adquirir acciones en empresas de alta tecnología que cooperan con el sector de defensa. 

Aparentemente, el control de los puertos israelíes se inscribe en la política de añadir eslabones a la nueva “ruta de la seda”, ideada para facilitar el transporte de mercancías chinas a los países de Asia y Oriente Medio. Pero los intereses geoestratégicos de Pekín en la región son múltiples y muy complejos. De hecho, sus aliados iraníes, que han desplegado tropas en Siria, interfieren en la vida política de Líbano a través de sus socios del movimiento chiita Hezbollah. Israel, hasta ahora interlocutor privilegiado de Washington, se encuentra en las inmediaciones de la zona del conflicto. 

Cabe preguntarse, pues, qué pasaría si algún día, tal vez no demasiado lejano, la marina estadounidense se viera obligada a abandonar definitivamente el puerto de Haifa. Porque eso de tener que compartir varaderos con los hombres de Pekín…