sábado, 4 de febrero de 2023

El “horizonte de esperanza” de Antony Blinken

 

Para llegar a Tierra Santa, Antony Blinken no utilizó un bastón de peregrino; tuvo la suerte o la desgracia de viajar en un lujoso Boeing perteneciente a la presidencia de los Estados Unidos. La misión del jefe de la diplomacia norteamericana consistía en allanar el terreno para la próxima gira de Joe Biden a la zona. Una tarea nada fácil, teniendo en cuenta la explosiva situación que reina en el Cercano Oriente. No se trata de un malestar coyuntural, sino de un castigo crónico.

Estiman los analistas que, sin bien el Secretario de Estado no pisó la Tierra Santa cargado de malas intenciones, trajo consigo un sinfín de apriorismos. En efecto, Antony Blinken llevaba en la cartera el abultado elenco de tensiones, rivalidades y conflictos que afectan la región; un auténtico rompecabezas para los expertos en relaciones internacionales, para los emisarios de las grandes potencias que se disputan la supremacía en la región.

Rusia, la superpotencia menguante tras la desintegración de la Unión Soviética, regresó casi inesperadamente al Cercano Oriente durante el primer decenio del nuevo siglo. Volvió con una impresionante potencia de fuego y con la firme intención de ocupar un lugar privilegiado en el tablero geoestratégico de la zona. Mas durante la ausencia de Moscú, China logró colocar sus peones en la región. Su presencia – modesta en un principio – se tornó dinámica, cuando no, agresiva a la larga.

Dos potencias regionales – Turquía e Irán – no tardaron en ocupar su lugar en la palestra. Finalmente, Arabia Saudita, que había limitado inicialmente su involucramiento al conflicto libanés, optó por tomar bazas en la guerra civil de Siria, primer paso antes de intervenir activamente en el Yemen.

Sí, el panorama ha cambiado. El famoso Acuerdo Abraham, negociado por la Administración Trump, no trajo la paz ni la seguridad a la región. Cierto es que cuatro países árabe-musulmanes – Marruecos, Bahréin, Emiratos Árabes y Sudán - establecieron relaciones diplomáticas con Tel Aviv, pero ello no presupone el final del estado de beligerancia. Dos actores clave – Irán y Arabia Saudita – no se adhirieron al Acuerdo. El país de los ayatolás, por estar en guerra permanente con la llamada entidad sionista; Arabia Saudita, por supeditar la paz con el Estado judío a la solución definitiva de la cuestión palestina. En ambos casos, la solución política no se vislumbra.

No hay que extrañarse, pues, si la gira de Blinken por la región finalizó con una triste y decepcionante conclusión:   El horizonte de esperanza se cierra, afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense después de comprobar in situ que el nuevo Gobierno israelí presidido por Benjamín Netanyahu no parecía dispuesto a renunciar a su postura intransigente sobre la anexión de nuevos territorios en Cisjordania, la postura menos flexible de Tel Aviv en muchas décadas,  y que la Autoridad Nacional Palestina no iba a abandonar la línea dura adoptada después de la ruptura de negociaciones con Israel sobre la seguridad en los dos grandes núcleos urbanos de Cisjordania: Nablus y Jenín, controlados actualmente por grupos armados adscritos a la Yihad Islámica y Hamas, a los que se sumaron células disidentes de Al Fatah.

En Nablus, las milicias armadas no afiliadas a facciones políticas están ganando terreno especialmente entre los jóvenes palestinos. Washington está buscando formas para reducir la escalada y evitar que la caótica situación acabe desembocando en una nueva intifada.  

Si bien los responsables israelíes afirman que su ejército interviene en Cisjordania al comprobar la total pasividad de las fuerzas de seguridad palestinas, la Autoridad Nacional Palestina replica que las incursiones de las tropas hebreas erosionan la capacidad y legitimidad de sus fuerzas de orden para actuar contra las milicias.

Preocupada ante un posible deterioro de la situación en Cisjordania, la Autoridad Nacional Palestina suspendió su coordinación de seguridad con Israel hace dos semanas, horas después de la incursión de los militares judíos al campo de refugiados de Jenín, epicentro de los disturbios registrados en la zona.

Durante su encuentro con el presidente de la ANP, Mahmúd Abbas, Blinken sugirió que uno de los pasos que debería tomar la Autoridad Palestina para reducir la tensión sería la aplicación del plan de seguridad ideado por un experto estadounidense, el teniente general Michael Fenzel. El documento incluye el adestramiento de una fuerza especial palestina que se desplegaría en la zona para neutralizar la actuación de las milicias. Para los palestinos, se trata de una propuesta desequilibrada, ya que no incluye contrapartida alguna por parte de Israel, como la disminución de las incursiones del ejército en las localidades palestinas. Además, señalan que la seguridad palestina no tiene la potestad para operar durante las redadas del ejército israelí.

El horizonte de esperanza se cierra, confiesa Antony Blinken. Es cierto: la solución de dos Estados parece más alejada que nunca. Pese a las advertencias de sus diplomáticos, la Administración Biden dejó que el conflicto siguiera su curso. Las buenas palabras de los emisarios internacionales ofrecieron a Israel una tapadera para continuar con la anexión de facto de Cisjordania.

La política israelí ya no se centra en la búsqueda de la paz; en la práctica, los sucesivos gobiernos han abandonado las conversaciones con sus vecinos. Por su parte, los palestinos han dejado de creer que podrán conseguir un Estado a través de las negociaciones.

El Acuerdo Abraham resultó ser una obra maestra de ingeniería comercial. Una obra maestra ideada, negociada y llevada a la práctica, recordémoslo, sin la participación de los palestinos.

En horizonte de esperanza… ¿Qué esperanza?

 


lunes, 30 de enero de 2023

Irán: tambores de guerra


Cazas israelíes avistados en el espacio aéreo iraní, rezaba el flash de la agencia oficial de noticias INRA, heraldo de las autoridades de Teherán. Unos minutos más tarde, los cazas se convirtieron en drones; la ampliación de la noticia aludía a ataques contra instalaciones estratégicas – fábricas de armamento, instalaciones nucleares, bases aéreas, edificios oficiales - de Karaj, (inmediaciones de Teherán), Khoi y Azershahr (noroeste), Isfahán (centro) y Hamadán (oeste).

Según el comunicado del Ministerio de Defensa iraní, reproducido por la mayoría de las agencias de prensa occidentales, los ataques fueron infructuosos y no hubo que lamentar víctimas. Sin embargo, las cadenas de televisión locales transmitieron imágenes de deflagraciones en Isfahán y Tabriz. Incendios y daños menores, fue la versión oficial.

Los ataques no han afectado nuestras instalaciones; tales medidas ciegas no tendrán un impacto en la continuación del progreso del país, aseguran los voceros de las autoridades persas, que guardan un total mutismo sobre la identidad del sospechoso de llevar a cabo el ataque.

No es la primera vez que ello sucede. La mayoría de los servicios de inteligencia occidental y las fuentes oficiosas iraníes han atribuido al Mossad ataques contra la instalación nuclear iraní de Natanz en julio de 2020, otro centro atómico ubicado en la misma ciudad en abril de 2021, una  instalación nuclear en Karaj, en junio de 2021, o la destrucción de alrededor de 120  drones en febrero de 2022. Pero en Irán, la palabra Israel sigue siendo tabú.

De hecho, el Estado judío no se ha atribuido la responsabilidad de los ataques. Sin embargo, en la noche de domingo, una veintena de camiones pertenecientes al ejército iraní que transportaban refuerzos para el frente del movimiento integrista Hezbollah fueron interceptados por drones israelíes. Cabe suponer que los combates podrían recrudecerse en las próximas horas.

Conviene señalar que la ofensiva fue desencadenada horas después de la llegada a Tel Aviv del director de la CIA, William Burns, ex embajador de los EE.UU. en Moscú, afamado kremlinólogo y, según fuentes del Departamento de Estado, excelente putinólogo.

La visita de Burns se produce horas antes de la llegada a Israel del Secretario de Estado Antony Blinken, el halcón con disfraz de pacifista que dirige y coordina la política exterior de los Estados Unidos.

Detalle interesante: durante la última semana, los rotativos hebreos se dedicaron a cantar las loas de la estrecha colaboración entre el Mossad y la CIA durante las operaciones de rescate de agentes israelíes de origen kurdo bloqueados en suelo iraní. El operativo fue coordinado por William Burns y su homólogo israelí, Eli Cohen.

Tras los ataques de la noche del domingo, fuentes oficiales de la República Islámica señalaron que la misión de los drones había fallado, ya que sólo había causado daños menores.

Muy distinta fue la versión ofrecida por el diario The Jerusalem Post, que titula la información de última hora: El ataque con drones… fue un éxito fenomenal.

A buen entendedor…


sábado, 7 de enero de 2023

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, nominado al Premio Nobel de la Paz 2023


El diputado noruego Christian Tybring-Gjedde, representante de la corriente populista antiinmigración en el Parlamento de Oslo, anunció este viernes que nominó a su compatriota, Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, para el Premio Nobel de la Paz 2023 , destacando su papel determinante durante la guerra de Ucrania. 

Stoltenberg merece el premio por su trabajo ejemplar como secretario general de la OTAN en un período difícil para la Alianza: la ofensiva brutal y no provocada contra un país vecino pacífico, escribe Tybring-Gjedde en su página de Facebook. Según el legislador noruego, el ex primer ministro laborista Stoltenberg comprendió desde los primeros momentos la gravedad y el significado de la agresión rusa para todos los países que basan su gobierno en la democracia y la libertad.

El año pasado, Tybring-Gjedde nominó al presidente ucranio, Volodímir Zelensky, para el Premio Nobel de la Paz; en 2021, presentó la candidatura del entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

Conviene recordar que, en su primer discurso pronunciado en 2023, el secretario general de la OTAN afirmó que el apoyo militar de Kiev era necesario para impedir que Rusia alcanzara sus objetivos político-militares.

Las armas son el camino hacia la paz en Ucrania. No tenemos constancia de que presidente Putin haya cambiado sus planes, así que, subestimar a Rusia es peligroso", manifestó Stoltenberg.

Decididamente, esa intervención del condotiero de la Alianza Atlántica bien merece un Nobel. Pero… ¿de la Paz?  ¿De la Paz?

¿Alguien me puede explicar por qué los ancianos son/somos tan… recalcitrantes? 


sábado, 24 de diciembre de 2022

El Mossad advierte: Irán podría intensificar la venta de armas a Rusia


El conflicto de Ucrania nos ha acostumbrado a recibir cuantiosa información sobre el suministro de armas a las autoridades de Kiev procedente de la Casa Blanca, el Pentágono, la Unión Europea o los socios de la Alianza Atlántica. En cuanto a Rusia se refiere, había que limitarse a las filtraciones de los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses, únicas fuentes autorizadas para informar a los ciudadanos del Mundo Libre. ¿Ventaja o desventaja? Usted lo habrá comprobado, estimado lector.

A las mal llamadas fuentes de información autorizadas que nos deleitan con sus inacabables hilos de noticias se ha sumado en las últimas horas otro heraldo autorizado: el Mossad o, si se prefiere, el todopoderoso servicio de espionaje israelí.

El Mossad siempre ha pecado por su discreción. Nadie podía imaginar que su actual director, David Barnea, iba a protagonizar una rueda de prensa y, menos aún, que su foto – la foto del personaje más misterioso de la jerarquía estatal israelí – iba a publicarse en los periódicos de Tel Aviv y Nueva York.

Pero las cosas cambian: David Barnea apareció el pasado jueves ayer ante las cámaras de televisión para hablarnos sin tapujos del armamento de última generación entregado por la República Islámica de Irán a la beligerante Rusia. El jefe del Mossad manifestó que el Estado Judío dispone de informes de inteligencia relativos a los planes de Teherán de ampliar y diversificar los envíos de tecnología militar sofisticada a Rusia. Y puntualizó: se trata de armas destinadas a la guerra de Ucrania, información que Israel había compartido con sus aliados. Aunque fuentes militares hebreas aseguran que Irán podría suministrar misiles balísticos a Rusia, Barnea se negó a facilitar detalles sobre los envíos.

El gobierno de Teherán admitió haber enviado drones a Rusia, pero hizo hincapié en el hecho de que los suministros se hicieron antes del inicio del operativo bélico de Ucrania. Sin embargo, las altas instancias estadounidenses tienen constancia de transferencias más recientes.

El director del Mossad confirma la versión de Washington: los informes de los agentes hebreos revelan que se enviaron drones después de que comenzó la guerra. Hemos arrojado luz con respecto a la fecha en que Irán suministró las armas a Rusia, independientemente de las mentiras iraníes al respecto, manifestó el jefe del espionaje israelí.

Teherán y Moscú no comentaron las revelaciones de Barnea. Detalle interesante: pocas horas después de la rueda de prensa del jefe del Mossad, el presidente ruso, Vladimir Putin, llamó al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para felicitarlo por la formación de su nuevo gobierno. Según la oficina del portavoz del primer ministro de Israel, los dos estadistas abordaron el tema de… Ucrania.

Conviene señalar que, en las últimas semanas, Israel fue muy cauteloso al sopesar los envíos de armas iraníes a Rusia. De hecho, procuró eludir el tema para evitar tensiones con Moscú. ¿La contrapartida? El permiso tácito del Kremlin de actuar contra la inquietante presencia iraní en Siria.

Los funcionarios israelíes esperan utilizar el nuevo enfoque estratégico relativo a la cooperación militar entre Irán y Rusia para aumentar la presión internacional sobre Teherán. Recordemos que Tel Aviv no descarta la posibilidad de una intervención armada contra las instalaciones nucleares del país de los ayatolas. Hasta ahora, Israel tropezaba con el veto de Washington. Pero sí: las cosas cambian…

viernes, 9 de diciembre de 2022

Balcaniadas VI - Schengen: Rumanía y Bulgaria tendrán que esperar

 

Sabemos que la fiera tiene intención de apoderarse de la zona; no lo permitiremos. Esta frase, un tanto ambigua, no la encontramos en un tratado de cinegética, sino en las actas de una reunión internacional. Conviene puntualizar: la fiera es Rusia y la solemne y agresiva advertencia aparece en un discurso pronunciado por un ministro de Asuntos Exteriores en la reciente cumbre encuentro de la Alianza Atlántica celebrada en Bucarest. ¿La zona? Se trata, como podrá imaginar, estimado lector, de los Balcanes occidentales, una región descuidada hasta ahora por los eurócratas de Bruselas, pero cortejada por la plana mayor de la OTAN. De hecho, la mayoría de los Estados balcánicos invitados al aquelarre de la capital rumana se han integrado en la Alianza. Serbia, la oveja negra de los Balcanes, no tiene interés alguno de sentarse en la mesa con los atlantistas: el recuerdo de los bombardeos de la década de los 90 sigue vivo. Sin embargo…

Hace unos días, las autoridades de Belgrado estuvieron presentes en la cumbre auspiciada en Tirana por la UE, en la que las primeras espadas del club de Bruselas trataron de convencer a los seis candidatos a la adhesión – Albania, Bosnia, Kosovo, Macedonia del Norte, Montenegro y Serbia - que no se les había olvidado o ninguneado, que el porvenir de la futura generación de europeos será más seguro con la presencia de los Balcanes en la Unión.  Pero el mensaje cayó en saco roto: los balcánicos desconfían de las promesas, de los bellos discursos de los eurócratas. La pregunta que se plantean es muy sencilla: ¿Por qué nos quieren dentro de la UE? ¿Para que la región no caiga en las manos de los rusos o los chinos? Los subsidios comunitarios no solucionan nuestros problemas…  La experiencia de sus vecinos más afortunados – Bulgaria y Rumania – justifica plenamente su desconfianza. Las promesas no van de par con las exigencias de Bruselas.

El proceso de ampliación de la Unión Europea, acelerado tras la atomización y el desmantelamiento de la URSS, hizo caso omiso de los requisitos básicos aplicables a los nuevos candidatos. Algunos, como, por ejemplo, Polonia y Hungría, tuvieron la suerte de sortear los obstáculos ideados por los eurotecnócratas. Otros, menos afortunados, se sienten humillados y ofendidos por la altanería o la mala fe de quienes pueden permitirse el lujo de inventar nuevas y absurdas trabas. Este ha sido el caso de los tres candidatos al ingreso en el espacio Schengen – Croacia, Bulgaria y Rumania – cuya accidentada adhesión a la zona de libre circulación ha provocado un tsunami en las capitales comunitarias.

Croacia, antigua aliada del régimen hitleriano durante la Segunda Guerra Mundial, no tropezó con las reticencias de los ministros de Interior de la UE a la hora de avalar su solicitud de ingreso.

Rumanía y Bulgaria, que llevan once años esperando la bendición de sus colegas, se encontraron nuevamente con el portazo de los centroeuropeos. En este caso concreto, el niet o, mejor dicho, el nein, procede del ministro austriaco de Interior, Gerhard Karner, al que se le sumó a última hora su homologo holandés.

Curiosamente, los holandeses, que vetaron durante años la integración de Rumanía en Schengen, temiendo la competencia del puerto de mercancías Constantza a las estructuras de Rotterdam, trataron de corregir los tiros, achacando a Bulgaria supuestas violaciones de los derechos humanos por la policía de fronteras. Las acusaciones, formuladas después de la publicación de un informe comunitario que señala que ambos países – Bulgaria y Rumanía – cumplen todos los requisitos para la adhesión a Schengen, sorprendió a la élite de la UE. Más aún, teniendo en cuenta la corrupción denunciada en reiteradas ocasiones por la clase política búlgara, empeñada en erradicar esta lacra.

Igual de rocambolesca pareció la acusación formulada por el ministro austriaco de Interior, Gerhard Karner, contra Rumanía. Karner afirmó que las autoridades de Bucarest no controlan las fronteras, convertidas en un auténtico coladero para la emigración ilegal procedente de Oriente Medio. Sabido es que la emigración generada por el efecto llamada de la excanciller Merkel no tuvo repercusión alguna en Rumanía, país que los emigrantes procuraban evitar por ser demasiado… pobre.

Lo que parece olvidar – voluntaria o involuntariamente - el titular de Interior austriaco, es que su país había aprovechado al máximo los recursos naturales de Rumania, que se había convertido en uno de los mayores suministradores de gas natural del Mar Negro. Viena logró monopolizar gran parte de las exportaciones rumanas, imponiendo sus condiciones a las autoridades de Bucarest.

Unos años antes, la empresa austriaca Holzindustrie Schweighofer, que controlaba el sector maderero de Rumanía, fue acusada por las organizaciones ecologistas de llevar a cabo la desforestación sistemática del país. De hecho, la masa forestal de Rumanía pasó de 8,5 millones de hectáreas de bosque a unos 6,3 millones. La madera enviada a Austria servía para la fabricación de muebles de alta gama. Según la Agencia de Investigación Medioambiental Europea (EIA), la tasa de desforestación de Rumanía es la más alta de Europa. La última razzia austriaca, que culminó con la tala de varios centenares de hectáreas de bosque, sirvió para un objetivo más… noble: el abastecimiento con madera para chimenea del mercado centroeuropeo.

Detalle insólito: el consejero delegado de Holzindustrie Schweighofer fue galardonado por sus buenos y leales servicios por el presidente rumano, Klaus Iohannis, antiguo alcalde de Sibiu y presidente, durante más de una década, del Foro Democrático de los Alemanes en Rumania, agrupación de la etnia germana de Transilvania.

La reacción de los rumanos al nein de los austriacos fue instantánea: políticos y empresarios exigieron la cancelación de las cuentas en los dos bancos austriacos que operan en el país: el Raiffeisen y el Erste, La retirada de fondos empezó a materializarse pocas horas después del portazo de Bruselas. ¿Un mero preludio? 

Y pensar que a los rumanos (y los búlgaros) la fiera les queda mucho más cerca que a sus vecinos del sur. Y también, que a los balcánicos no les acaba de convencer la idea de convertirse en… socios de segunda categoría del cada vez menos armónico club de Bruselas.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Turquía: la "guerra hibrida" de la Casa Blanca

 

La alarma saltó el 14 de noviembre, escasas horas después del atentado perpetrado en la céntrica calle Istiklal de Estambul por una mujer kurda procedente de Siria. La acción terrorista dejó seis muertos y más de ochenta heridos. Nada nuevo bajo el sol, aseveraron los analistas políticos de la antigua capital otomana. Turquía se había acostumbrado a los ciclos de violencia provocados por el constante enfrentamiento con los grupúsculos paramilitares kurdos, tachados de marxistas a sueldo de Moscú o de Alemania del Este en los años 70 y 80 del siglo pasado. Después de la desintegración de la URSS y la caída del Muro de Berlín, los kurdos se quedaron sin padrinos, aunque no sin armas.

El ministro turco del Interior, Suleyman Soylu, sorprendió a los diplomáticos extranjeros al rechazar, abierta y públicamente, las condolencias de la Embajada estadounidense. Sabemos dónde se coordinó el ataque. Hemos recibido el mensaje que nos han enviado. No aceptamos las condolencias de la Embajada, manifestó el titular de Interior, quien había criticado la postura de Estados Unidos frente al acto terrorista, pero sin revelar el verdadero motivo del descontento de Ankara.

¿Cuál era el contenido oculto del mensaje al que se refería Soylu? Pese a los múltiples y constantes roces con Washington, Turquía había adoptado una postura pro occidental en el conflicto de Ucrania. Al envío de los drones Bayraktar TB2, suministrados al ejército de Kiev, se suma la presencia – aún no confirmada – de misiles de medio alcance fabricados por la industria armamentística turca. Aparentemente, este escabroso detalle no entorpece las bunas relaciones con Moscú. Turquía es un buen cliente de Rusia. A las importaciones que van viento en popa, se suma otro atractivo: desde la introducción de las sanciones occidentales, los aeropuertos de Anatolia se han convertido en la única puerta de salida para los viajeros rusos.

Comercio, turismo, cooperación en materia de defensa, suministro de tecnología nuclear… Decididamente, el laxismo de las autoridades de Ankara no es del agrado de Washington. Después de todo, Turquía es uno de los miembros fundadores de la OTAN; uno de los baluartes de la Alianza Atlántica, que coquetea descaradamente con Rusia y con Irán, acérrimos enemigos de Occidente. ¡Incomprensible! ¡Intolerable!

¿Incomprensible? Olvidan los detractores de Erdogan que, en el verano de 2016, cuando se gestó la intentona golpista contra el presidente turco, los servicios de inteligencia occidentales permanecieron mudos. Curiosamente, los únicos que le advirtieron al sultán - presidente sobre el peligro inminente fueron los agentes de la KGB destinados en Ankara. Obviamente, el sultán puede ser cruel, aunque también… agradecido. La gratitud al Kremlin produjo un hondo malestar en la Casa Blanca. El entonces presidente Obama y su mano derecha, Joe Biden, trataron de recomponer los platos rotos. ¿La culpa? La culpa no es de nadie; es de todos. Así lo comprendió, en su momento, Recep Tayyip Erdogan.

Los Estados Unidos están llevando a cabo una guerra hibrida contra Turquía e Irán, afirmaba la pasada semana la prensa moscovita proclive al Kremlin, que no debería llegar a manos del lector occidental. ¿Los motivos?

Muy sencillo: algunos rotativos rusos aseguran que Estados Unidos participaron en la orquestación del reciente ataque terrorista de Estambul e incitaron a los servicios secretos de Kiev a sabotear, por segunda vez en menos un año, el gasoducto TurkStream, que suministra gas natural ruso no sólo a Turquía, sino también a Europa del Este y región balcánica. El intento de sabotaje se produjo poco después de la propuesta de Vladímir Putin de convertir a Turquía en centro para la distribución del gas ruso a Europa.

¿Se trata de castigar a Erdogan por su empeño en buscar un equilibrio entre sus compromisos con la OTAN y el deseo de cooperar con los BRIC y con la Organización de Cooperación de Shanghái, de su voluntad de llevar a cabo una política asiática independiente?

El periodista y politólogo turco Onur Sinan Guzaltan, autor de varios libros sobre la geopolítica del Mediterráneo y el Mundo Árabe, estima que Estados Unidos no tiene interés alguno de contar con países fuertes en la región, recordando que Washington intervino en Yugoslavia, Irak, Siria e Irán. Según él, Norteamérica dividió Irak y tratará de emular el ejemplo en Siria y de desestabilizar a Irán.

¿Y Turquía? Turquía trata de hacer frente a la ofensiva de Washington, lo que explica sus dificultosas relaciones con la Casa Blanca. Pero de ahí hasta vaticinar una aparatosa salida de Ankara de la OTAN hay un abismo. O… tal vez no.


miércoles, 23 de noviembre de 2022

La opción asiática de Erdogan


Si la Unión Europea no nos acepta, habrá que pensar en otros esquemas de integración. Turquía dirigirá sus miradas hacia Asia, hacia los países con los que compartimos una historia común, una cultura y una civilización similar, me confesaba a comienzos de 2003 el ex primer ministro turco, Bülent Ecevit, un pacifista y europeísta convencido.

Aparentemente, Ecevit estaba más preocupado por las reiteradas negativas de los eurócratas de Bruselas que por la victoria del islamista Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) en las elecciones generales celebradas a finales de 2002. Somos turcos; el rumbo de nuestra historia lo tendremos que decidir entre todos. Nuestros referentes: el pasado de este país, del Imperio Otomano.

Bülent Ecevit no parecía muy propenso a hablar del glorioso pasado imperial de su país; pertenecía a la generación de socialdemócratas modernos, imbuidos por la doctrina kemalista. Su mensaje podía resumirse en pocas palabras: Turquía, país moderno, laico y democrático. Pero, eso sí, un país cuyas instituciones parecían incapaces de combatir eficazmente la violencia y la corrupción, lastres para una sociedad predispuesta a mirar hacia el futuro, hacia la modernidad centroeuropea, hacia una sociedad desarrollada, pero que… recelaba del mahometismo.

¿Ingresar en la UE? Un sueño, una quimera. Los políticos turcos, los expertos en relaciones internacionales, los intelectuales, eran plenamente conscientes de que el club cristiano de Bruselas, como lo llamaban algunos, tratará por todos los medios de obstaculizar la adhesión del turco. No, los europeos no son racistas, no somos racistas, pero cuando se trata de acoger en el seno de nuestra sociedad judeo-cristiana a nada menos que 70 millones de musulmanes…

En 2002, poco antes de la consulta electoral en la que el AKP se alzó con una aplastante victoria, las negociaciones entre Bruselas y Ankara parecían estancadas. Turquía había accedido a las exigencias comunitarias sobre la libertad de prensa, derechos humanos, sistema educativo de las minorías étnicas, modernización de la justicia.

Los sucesivos Gobiernos del AKP trataron de seguir por esta senda. Sin embargo…  En 2016, las negociaciones se paralizaron. Bruselas acusó nuevamente a Turquía de violaciones de los derechos humanos. En septiembre de 2017, la entonces canciller alemana Angela Merkel manifestó, durante un debate televisivo, que trataría de poner fin a las consultas sobre la adhesión de Ankara a la UE. En febrero de 2019, el Parlamento Europeo acordó la suspensión de las conversaciones. Los temores de Bülent Ecevit se habían confirmado.

Y ahora, ¿qué? Durante los primeros años del Gobierno del AKP, los ideólogos del partido confesional se empeñaron en resucitar un término empleado en la década de los 80 por el entonces primer ministro, Turgut Özal: el neo otomanismo. Una doctrina que consiste en recuperar y estrechar los lazos con países o regiones que conformaban el Imperio Otomano. 

En 2009, fue creado en Estambul el Consejo de Cooperación de los Estados de Habla Túrquica, organización intergubernamental integrada por Azerbaiyán, Kazajistán, Kirguistán y Turquía. Unos años más tarde, se sumó a la recién modificada estructura – la Organización de Estados Turcos (TDT) - Uzbekistán. Turkmenistán, Hungría y la República Turca del Norte de Chipre participan en los trabajos de la TDT en calidad de observadores.

Durante la última cumbre de la Organización, celebrada recientemente en Samarcanda, el presidente en funciones de la TDT, Recep Tayyip Erdogan, instó a sus colegas a seguir el ejemplo de la Unión Europea, eliminando las barreras al comercio, simplificando los trámites aduaneros y garantizando la libertad en el transporte, la circulación de capitales y las personas. Un proyecto éste nada utópico, teniendo en cuenta la trayectoria de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, creada en 1951 por seis países del Viejo Continente, que se convirtió cinco años más tarde – en 1956 – en la Comunidad Económica Europea.

Los participantes en la reunión de la TDT acordaron la creación de un Fondo de Inversión Turco - institución financiera que tiene como objetivo movilizar el potencial económico de los estados miembros, fomentar los intercambios comerciales y desarrollar proyectos de cooperación conjuntos, haciendo hincapié en la agricultura, logística y transporte, eficiencia energética, energías renovables, tecnologías de la información y comunicación, turismo, infraestructura, desarrollo humano, recursos naturales y proyectos de medio ambiente urbano.

El Fondo apoyará a las pequeñas y medianas empresas (PYME), brindándoles financiación a través de sus activos, así como de otras instituciones financieras locales o regionales.

Un primer proyecto de cooperación regional – el Corredor Medio – contempla la unificación de las conexiones ferroviarias y terrestres entre Turquía, Georgia, Azerbaiyán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Kazajstán hasta la frontera con China. Dicho proyecto estará auspiciado por los ministerios de Asuntos Exteriores, Transportes y Energía.

Por último, aunque no menos importante, es el compromiso de desarrollar un concepto de seguridad común y fomentar la cooperación transfronteriza para prevenir y gestionar la migración irregular. Conviene recordar que, desde 2014, Turquía es el país que acoge al mayor número de refugiados del mundo.

La opción asiática de Ankara, su embrionario Mercado Común Túrico, ha echado a andar. Cabe suponer que sus promotores tropezarán con numerosos obstáculos. Aunque también, con bastantes ofertas de cooperación. La edificación de Europa es, qué duda cabe, un buen referente.