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sábado, 7 de enero de 2023

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, nominado al Premio Nobel de la Paz 2023


El diputado noruego Christian Tybring-Gjedde, representante de la corriente populista antiinmigración en el Parlamento de Oslo, anunció este viernes que nominó a su compatriota, Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, para el Premio Nobel de la Paz 2023 , destacando su papel determinante durante la guerra de Ucrania. 

Stoltenberg merece el premio por su trabajo ejemplar como secretario general de la OTAN en un período difícil para la Alianza: la ofensiva brutal y no provocada contra un país vecino pacífico, escribe Tybring-Gjedde en su página de Facebook. Según el legislador noruego, el ex primer ministro laborista Stoltenberg comprendió desde los primeros momentos la gravedad y el significado de la agresión rusa para todos los países que basan su gobierno en la democracia y la libertad.

El año pasado, Tybring-Gjedde nominó al presidente ucranio, Volodímir Zelensky, para el Premio Nobel de la Paz; en 2021, presentó la candidatura del entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

Conviene recordar que, en su primer discurso pronunciado en 2023, el secretario general de la OTAN afirmó que el apoyo militar de Kiev era necesario para impedir que Rusia alcanzara sus objetivos político-militares.

Las armas son el camino hacia la paz en Ucrania. No tenemos constancia de que presidente Putin haya cambiado sus planes, así que, subestimar a Rusia es peligroso", manifestó Stoltenberg.

Decididamente, esa intervención del condotiero de la Alianza Atlántica bien merece un Nobel. Pero… ¿de la Paz?  ¿De la Paz?

¿Alguien me puede explicar por qué los ancianos son/somos tan… recalcitrantes? 


miércoles, 1 de agosto de 2018

Erdogan: ¿Pero qué hace Turquía en la OTAN?


Si en algo se parecen Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan – aparte de su consabida e inconmensurable soberbia – es la facilidad con la que ambos se dedican a proferir amenazas. Con la diferencia de que las fanfarronadas de Trump suelen diluirse en un mar de rectificaciones, puntualizaciones o (auto)desmentidos, mientras que las amenazas del presidente-sultán acaban materializarse. ¿Cuándo? Tal vez en el momento menos oportuno para los aliados de Ankara.

Un ejemplo: hace apenas tres semanas, el inquilino de la Casa Blanca aterrizó en la cumbre de la OTAN, exigiendo a sus aliados europeos un sustancial incremento de su contribución financiera a los gastos de la Alianza. No se trataba del 2 por cientos del PIB nacional,  reclamado el año pasado, sino de un… ¡4 por ciento! La demanda hizo temblar a muchos estadistas del Viejo Continente. Y más aún,  cuando Trump les amenazó con la (hipotética) retirada de Washington de la Alianza Atlántica. Pero a cabo de unas horas la contingencia se fue difuminando. Trump volvió a presumir de la estructura de defensa transatlántica, mientras que sus socios tuvieron que hacerse a la idea de que el Viejo Continente ya no puede confiar en el paraguas atómico estadounidense. En resumidas cuentas: habrá que reconducir el proyecto de defensa europeo haciendo caso omiso de las frivolidades y los retos del socio transatlántico.

¿Meras dificultades pasajeras? En absoluto. Parece que el chantaje de Trump fue la gota que colmó el vaso.  ¿Consumada la ruptura? Aún es pronto para sacar conclusiones.

Distintas son las amenazas proferidas el pasado fin de semana por el Presidente turco, Tayyieb Recep Erdogan. En efecto, pocas horas después de anunciar el levantamiento del estado de excepción proclamado en julio de 2016, tras la extraña intentona golpista ideada, al menos aparentemente, por el predicador turco Fetullah Gülen, autoexiliado en los Estados Unidos y llevada a cabo por militares secuaces de éste, el sultán-presidente aprovechó el espacio cedido por una cadena de televisión privada `para arremeter contra los Estados Unidos, por haber suspendido Washington la entrega de aviones de combate F-35 destinados a la Fuerza Aérea del su país. Emulando el ejemplo de Trump, el presidente turco no dudó en amenazar con la retirada de Ankara de la OTAN.

La noticia llegó en el peor momento: la Casa Blanca está gestionando la creación de una alianza militar árabe destinada a combatir al país de los ayatolás. Turquía no es un país árabe; es un Estado musulmán que, amén de tener buenas relaciones con el régimen islámico de Teherán, cuenta con bases militares en el Golfo Pérsico. Un auténtico estorbo para los planes de Trump.

Las cosas se complican aún más si tenemos en cuenta que la irritación de Washington y el veto al suministro de los F 35 se debe, ante todo, a la adquisición por parte de Turquía de sistemas de defensa aérea S 400 de fabricación rusa. El contrato con Moscú, uno de los más importantes negocios de la industria de armamentos rusa, se firmó en año pasado, sin que Ankara se molestara en notificar los detalles a sus aliados de la OTAN. No hay que olvidar que para la Alianza, Rusia siegue siendo… el mayor enemigo.

Con el anuncio de la posible retirada de la OTAN, Erdogan trató de eclipsar el balance de la represión llevada a cabo en los últimos dos años: más de 150.000 funcionarios separados de sus cargos, 80.000 personas encarceladas, 28.000 opositores juzgados por los tribunales, 1.500 personas condenadas a cadena perpetua. 

La nueva ley antiterrorista gestada durante el estado de excepción y adoptada tras el levantamiento de éste, constituye un aval para el todopoderoso Erdogan.

¿Qué hay de la amenaza sobre la retirada de Turquía de la OTAN?  Los caminos de Erdogan son infinitamente más inescrutables que las provocaciones de Trump…