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jueves, 8 de febrero de 2024

Palestina libre, a la conquista del Parlamento Europeo

 

Uno de los principales caballos de batalla del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) en la consulta electoral celebrada en Turquía en 2002 fue el lema: Islamizar la diáspora. Pero pocos gobernantes europeos tomaron en serio en programa electoral del AKP, tal vez partiendo del supuesto de que los partidos prometen, pero no cumplen. ¡Craso error! En el caso de Turquía, la agrupación islámica liderada por Recep Tayyip Erdogan logró que las promesas se materialicen.

Remusulmanizar Turquía e islamizar la diáspora, rezaba en programa del partido de corte religioso, emanación del Refah (Partido del Bienestar), que no logró sobrevivir a los ataques de los sectores laicos de la sociedad, más propensos a aceptar las estructuras irreligiosas del estado moderno creado por Mustafá Kemal Atatürk en 1923.

Pero con el advenimiento del AKP los datos del problema cambiaron radicalmente. Turquía acabó convirtiéndose en un país musulmán respetuoso de los conceptos básicos del Corán y la nutrida diáspora procedente de Anatolia en el… caballo de Troya del islamismo que – según las agrupaciones democristianas del Viejo Continente – amenaza la convivencia confesional europea.

Recientemente, los grandes rotativos alemanes se hacían eco de un proyecto ideado por Erdogan para aprovechar a la diáspora turca como trampolín para llegar al corazón de Europa. Se trataba de la creación – con miras a las elecciones europeas del próximo mes de junio – de un partido turco-alemán, la Alianza Democrática para la Diversidad y el Despertar (DAVA) llamado a aglutinar los votos de la emigración musulmana residente en la República Federal.

Al grito de alarma del democristiano CDU se sumaron las advertencias de algunos medios de comunicación europeos, que denunciaron la amenaza otomana. Es cierto que la diáspora turca representa de la comunidad musulmana más numerosa de Alemania. De los casi 2 millones de inmigrantes, más de la mitad contempla la posibilidad de echar raíces en suelo germano. También es cierto que las políticas de integración del Estado federal fueron mucho más laxas en el caso de los turcos, que gozaron con numerosas ventajas para la obtención de los permisos de residencia, la nacionalización y la inserción laboral. Actualmente, varios ciudadanos de origen turco ocupan puestos clave en los Gobiernos regionales o en la Administración municipal. Pero no serán ellos quienes movilicen a la diáspora para depositar sus votos para el partido auspiciado por Erdogan. Hay otros actores encargados de mover los hilos.

En febrero de 2022, Erdogan recibió en Ankara a una nutrida delegación de la Unión de Demócratas Internacionales (UID), apéndice de su partido en Europa, a la que instó a crear mecanismos capaces de influir en la política nacional de los países de residencia. Asimismo, hizo hincapié en el hecho de que unidos, ningún Estado, partido u organización europea podrán manipularles, pues se convertirán en una comunidad difícilmente ignorada por las fuerzas políticas del Viejo Continente.

 

Al abordar el tema de una posible injerencia de Ankara en las elecciones europeas, los políticos alemanes hacen caso omiso de otra realidad, mucho más impactante: la reciente creación de un grupo de partidos musulmanes nacionales que se presentará a la consulta de junio con la denominación de Palestina libre. Se trata, según sus promotores, de una herramienta capaz de contrarrestar el impacto de los éxitos electorales de la derecha conservadora.

 

Los integrantes de este grupo son: el Partido Andalusí, la agrupación musulmana holandesa NIDA, la Unión Democrática. de los Musulmanes Franceses (UDMF)el Movimiento Islámico Democrático Italiano (MIID), a los que podrían sumarse otros grupos musulmanes europeos o pertenecientes a la diáspora. En principio, los candidatos que obtengan escaños en el Parlamento Europeo se integrarían en la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica, materializando el proyecto del islamista egipcio Tarik Ramadan, ciudadano suizo y nieto de Hassan al Banna, fundador de la cofradía de los Hermanos Musulmanes.

 

Curiosamente, nadie menciona en los medios europeos la existencia de la agrupación Palestina libre.

 

Entre los objetivos prioritarios de la recién creada agrupación figuran: la libertad de movimiento de los inmigrantes en suelo europeo, integración multicultural, la lucha contra la islamofobia. Se trata de Temas prioritarios, que figuraban también en los programas de los partidos socialistas y ecologistas alemanes o de las centrales sindicales germanas.

 

¿Caballos de Troya?  La Unión Democrática. de los Musulmanes Franceses (UDMF) asegura que no tiene intención de islamizar Francia; el Partido Andalusí quiso enfatizar que el hecho de enseñar árabe a los niños no debe considerarse de ninguna manera como proselitismo, ya que resta importancia al factor religioso. El Movimiento Islámico Democrático Italiano (MIID), quiere centrar su campaña en el combate contra la política antimusulana del Gobierno de Giorgia Meloni.

¿Y Palestina? Nosotros contemplamos la creación de un nuevo Estado, donde dentro de 100 o 200 años los cristianos, musulmanes y judíos vivirían pacíficamente, señala Driss Mohamed Amar, líder del partido islámico-humanista español.

De momento, la próxima cita de Palestina libre es… con las elecciones europeas del mes de junio. 

miércoles, 23 de noviembre de 2022

La opción asiática de Erdogan


Si la Unión Europea no nos acepta, habrá que pensar en otros esquemas de integración. Turquía dirigirá sus miradas hacia Asia, hacia los países con los que compartimos una historia común, una cultura y una civilización similar, me confesaba a comienzos de 2003 el ex primer ministro turco, Bülent Ecevit, un pacifista y europeísta convencido.

Aparentemente, Ecevit estaba más preocupado por las reiteradas negativas de los eurócratas de Bruselas que por la victoria del islamista Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) en las elecciones generales celebradas a finales de 2002. Somos turcos; el rumbo de nuestra historia lo tendremos que decidir entre todos. Nuestros referentes: el pasado de este país, del Imperio Otomano.

Bülent Ecevit no parecía muy propenso a hablar del glorioso pasado imperial de su país; pertenecía a la generación de socialdemócratas modernos, imbuidos por la doctrina kemalista. Su mensaje podía resumirse en pocas palabras: Turquía, país moderno, laico y democrático. Pero, eso sí, un país cuyas instituciones parecían incapaces de combatir eficazmente la violencia y la corrupción, lastres para una sociedad predispuesta a mirar hacia el futuro, hacia la modernidad centroeuropea, hacia una sociedad desarrollada, pero que… recelaba del mahometismo.

¿Ingresar en la UE? Un sueño, una quimera. Los políticos turcos, los expertos en relaciones internacionales, los intelectuales, eran plenamente conscientes de que el club cristiano de Bruselas, como lo llamaban algunos, tratará por todos los medios de obstaculizar la adhesión del turco. No, los europeos no son racistas, no somos racistas, pero cuando se trata de acoger en el seno de nuestra sociedad judeo-cristiana a nada menos que 70 millones de musulmanes…

En 2002, poco antes de la consulta electoral en la que el AKP se alzó con una aplastante victoria, las negociaciones entre Bruselas y Ankara parecían estancadas. Turquía había accedido a las exigencias comunitarias sobre la libertad de prensa, derechos humanos, sistema educativo de las minorías étnicas, modernización de la justicia.

Los sucesivos Gobiernos del AKP trataron de seguir por esta senda. Sin embargo…  En 2016, las negociaciones se paralizaron. Bruselas acusó nuevamente a Turquía de violaciones de los derechos humanos. En septiembre de 2017, la entonces canciller alemana Angela Merkel manifestó, durante un debate televisivo, que trataría de poner fin a las consultas sobre la adhesión de Ankara a la UE. En febrero de 2019, el Parlamento Europeo acordó la suspensión de las conversaciones. Los temores de Bülent Ecevit se habían confirmado.

Y ahora, ¿qué? Durante los primeros años del Gobierno del AKP, los ideólogos del partido confesional se empeñaron en resucitar un término empleado en la década de los 80 por el entonces primer ministro, Turgut Özal: el neo otomanismo. Una doctrina que consiste en recuperar y estrechar los lazos con países o regiones que conformaban el Imperio Otomano. 

En 2009, fue creado en Estambul el Consejo de Cooperación de los Estados de Habla Túrquica, organización intergubernamental integrada por Azerbaiyán, Kazajistán, Kirguistán y Turquía. Unos años más tarde, se sumó a la recién modificada estructura – la Organización de Estados Turcos (TDT) - Uzbekistán. Turkmenistán, Hungría y la República Turca del Norte de Chipre participan en los trabajos de la TDT en calidad de observadores.

Durante la última cumbre de la Organización, celebrada recientemente en Samarcanda, el presidente en funciones de la TDT, Recep Tayyip Erdogan, instó a sus colegas a seguir el ejemplo de la Unión Europea, eliminando las barreras al comercio, simplificando los trámites aduaneros y garantizando la libertad en el transporte, la circulación de capitales y las personas. Un proyecto éste nada utópico, teniendo en cuenta la trayectoria de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, creada en 1951 por seis países del Viejo Continente, que se convirtió cinco años más tarde – en 1956 – en la Comunidad Económica Europea.

Los participantes en la reunión de la TDT acordaron la creación de un Fondo de Inversión Turco - institución financiera que tiene como objetivo movilizar el potencial económico de los estados miembros, fomentar los intercambios comerciales y desarrollar proyectos de cooperación conjuntos, haciendo hincapié en la agricultura, logística y transporte, eficiencia energética, energías renovables, tecnologías de la información y comunicación, turismo, infraestructura, desarrollo humano, recursos naturales y proyectos de medio ambiente urbano.

El Fondo apoyará a las pequeñas y medianas empresas (PYME), brindándoles financiación a través de sus activos, así como de otras instituciones financieras locales o regionales.

Un primer proyecto de cooperación regional – el Corredor Medio – contempla la unificación de las conexiones ferroviarias y terrestres entre Turquía, Georgia, Azerbaiyán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Kazajstán hasta la frontera con China. Dicho proyecto estará auspiciado por los ministerios de Asuntos Exteriores, Transportes y Energía.

Por último, aunque no menos importante, es el compromiso de desarrollar un concepto de seguridad común y fomentar la cooperación transfronteriza para prevenir y gestionar la migración irregular. Conviene recordar que, desde 2014, Turquía es el país que acoge al mayor número de refugiados del mundo.

La opción asiática de Ankara, su embrionario Mercado Común Túrico, ha echado a andar. Cabe suponer que sus promotores tropezarán con numerosos obstáculos. Aunque también, con bastantes ofertas de cooperación. La edificación de Europa es, qué duda cabe, un buen referente.

 

martes, 23 de marzo de 2021

Turquía abandona la Convención de Estambul – jaque al feminismo progresista

 

Turquía acaba de retirarse de la Convención de Estambul sobre los derechos de las Mujeres del Consejo de Europa, instrumento internacional que obliga a los Gobiernos a promulgar y acatar la normativa legal destinada a prevenir y combatir la violencia contra las mujeres y las niñas, incluida la violencia doméstica, que se ha intensificado durante la actual pandemia, el acoso sexual, la violencia psicológica, la violación conyugal, la mutilación genital y otras formas de abuso.

La decisión sorprendió a quienes recordaban que el propio presidente Erdogan asistió en 2011, en su calidad de primer ministro de Turquía en aquella época, a la solemne firma de la Convención. Pero el tiempo pasa y la coyuntura cambia. ¿La retirada de Ankara? Para la Ministra de Familia, Trabajo y Servicios Sociales, Zehra Zumrut Selcuk, la República Turca tiene, merced a sus leyes y disposiciones constitucionales, la potestad proteger los derechos de la mujer sin la necesidad de recurrir a la Convención.

Cabe preguntarse si el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) al que pertenece Erdogan, es realmente capaz de ofrecer el mismo tipo de protección contra la violencia machista, ¿cómo se justifica el elevado número de víctimas de las agresiones – 409 asesinatos en 2020 y no menos de 77 en lo que va de año?

El AKP es un partido de corte conservador - nacionalista que ha promovido constantemente, desde una perspectiva de género, una ideología de carácter islamista neotradicionalista, al estilo de los Hermanos Musulmanes, centrada en preservar los papeles de género tradicionales, añadiendo ligeros ajustes culturales. En otras palabras, el discurso del AKP sobre los derechos de la mujer es un tributo al "feminismo" islamista de antaño. En este caso concreto, la palabra neotradicionalismo trata de encubrir uno de los objetivos clave del programa del AKP: la remusumanización de Turquía. Una de las primeras manifestaciones de esta política fue la reconversión de la basílica de Santa Sofía en lugar de culto islámico. La desacralización de otros monumentos cristianos pasó, sin embargo, inadvertida.

Conviene recordar que la legislación del Estado turco reconoce y protege las confesiones no mahometanas. Pese a ello, miembros de las comunidades cristianas, hebreas o armenias denuncian el no cumplimiento de la normativa legal. Oficialmente, las violaciones denunciadas nada tienen que ver con la política gubernamental. 

Algo muy parecido sucede con la legislación destinada a garantizar los derechos de la mujer. Hasta ahora, existía un supuesto solapamiento entre las normas de la Convención de Estambul y la legislación nacional; una normativa que promueve el feminismo neotradicionalista.  Este concepto, que algunos tildan de discurso anti-género, cuenta sin embargo con el apoyo de una organización progubernamental de mujeres – KADEM - cuya vicepresidenta es Sumeyye Erdogan, la hija del presidente.  

KADEM preserva los supuestos de masculinidad hegemónica y jerarquía social de género promovidos por los núcleos islamistas. Las campañas de KADEM contra la violencia doméstica no tienen en cuenta el aspecto legislativo y punitivo de la práctica patriarcal, sino solo el moralmente recomendable. El lema de sus campañas es: "Si eres hombre, ¡controla tu ira!” Las mujeres merecen el autocontrol de la ira (por no decir, el respeto) sólo si permanecen sumisas y no exceden los límites de sus tareas domésticas y maternas. 

Mientras no se cuestionen las premisas para justificar la desigualdad de género en la retórica islamista que pretende proteger los derechos de la mujer, decisiones como la retirada de la Convención de Estambul no tienen por qué sorprendernos. 

De hecho, la retirada de Turquía de la Convención de Estambul, considerada por algunos como “causa del aumento de la tasa de divorcios y estrategia subversiva para romper la familia tradicional, promoviendo el género y la orientación sexual”, explica el miedo de quienes pretenden seguir marginando a los segmentos de la sociedad turca discriminados actualmente.

Conviene señalar que paralelamente al Islam político que surgió dentro del neotradicionalismo, se desarrolló el feminismo islámico progresista. Este nuevo discurso contempla una lectura igualitaria del Corán y tacha la jurisprudencia que fundamenta la desigualdad de género de teoría islámica sociocultural elaboradas por juristas (hombres) de contraposición a los principios metafísicos y morales del Corán.  De hecho, los adeptos del neotradicionalismo prefieren sustituir la noción de igualdad por la idea de complementariedad de género y equilibrio en las obligaciones, considerando los que hombres y las mujeres son iguales ante Ala, pero que deben desempeñar papeles destinitos, claramente reflejados por la jurisprudencia musulmana.

El debate sigue abierto.

 


martes, 25 de junio de 2019

Imamoglu: el “griego” que reconquistó Constantinopla


El islamismo moderado no existe. Como tampoco existe el comunismo moderado o la socialdemocracia precavida. Soy musulmán, acato los mandamientos del Corán, pero respeto las otras religiones. Para mí, los militantes de Al Qaeda no son islamistas; están empeñados en destruir la Casa  del Profeta, de ensuciar su nombre.

Recordé las palabras de mi buen amigo, un piadoso intelectual turco, al tropezar con las poco tolerantes manifestaciones de algunos políticos adscritos al Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) durante la última campaña electoral llevada a cabo en Anatolia. Su radicalismo y su exacerbado nacionalismo resultan cuando menos inquietantes.

En este caso concreto, su víctima fue Ekrem Imamoglu, candidato del Partido Popular Republicano (CHP) a la alcaldía de Estambul, denigrado por ser de origen griego o griego póntico. En efecto, Imamoglu es originario de Trebizonda, el último reino cristiano que sobrevivió a la caída de Constantinopla, en 1453. Los habitantes de este feudo heleno resistieron hasta 1461. A pesar de la musulmanización progresiva del territorio, se cree que gran parte la población de la región de Ponto tiene ascendencia griega.

Pese a la persecución de las minorías cristianas de los años 1913 – 1923, la cuestión étnica no parecía haberse planteado en la Turquía moderna hasta la primera década de nuestro siglo, cuando elementos integristas volvieron a resucitar las consignas racistas y xenófobas. La travesía del desierto de Ekrem Imamoglu empezó en el mes de mayo, después de su victoria en las elecciones locales celebradas en el mes de marzo en Estambul y anuladas, como se sabe, a petición expresa del presidente Erdogan.

A mediados de mayo, el alcalde conservador de Esenler, Mehmet Göksu, lanzó la primera diatriba: ¿Sabéis qué dice la prensa griega? Dicen que los griegos han reconquistado Estambul. Pero, ¡un momento! ¿De dónde es este tipo, Imamoglu? ¿Cómo es posible que los griegos hablen de la conquista de Estambul sin que haya habido resistencia alguna? 
  
Curiosamente, los medios de comunicación atenienses jamás habían aludido a los posibles o probables orígenes griegos de Imamoglu. 
 
Durante unas fiestas celebradas a comienzos de junio en la localidad póntica de Giresun, el vicepresidente del AKP, Nurettin Canikli, rindió homenaje a Topal Osman, uno de los líderes del movimiento nacionalista de la década de los 20, instigador de las masacres de las comunidades griegas, armenias y aleví.
  
Canikli lanzó diatribas contra los pontianos, acusándolos de traición durante la Guerra de Independencia. El propio Imamoglu se vio obligado a proclamar su lealtad al ideario nacionalista  de Osman.

El genocidio griego, instigado por los gobiernos del Imperio Otomano, el partido Comité de Unión y Progreso (CUP) y el Movimiento Nacionalista Turco de Mustafa Kemal Atatürk, desembocó en numerosas masacres, deportaciones forzadas y marchas de la muerte. Durante este período, se procedió a la eliminación de alrededor de 1 millón de griegos otomanos.
  
La hostilidad actual de los turcos parece derivar del adoctrinamiento llevado a cabo por las instituciones. Sirva como ejemplo la reciente decisión del Gobierno de Ankara de prohibir el rodaje de un documental sobre la cuestión armenia. Al parecer, el veto fue formulado por la plana mayor del ultraderechista Partido Acción Nacionalista (MHP), socio de Gobierno del AKP, que prefiere correr un tupido velo sobre este período histórico.

Irónicamente, muchos turcos que sienten animadversión hacia los griegos o la minoría cristiana, son probablemente de origen griego.

El nuevo alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, miembro de un partido laico, socialdemócrata y hombre de ideas liberales, aterriza en el despacho ocupado hace un cuarto de siglo por Tayyip Recep Erdogan, ese islamista moderado en el que tanto confiaban los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca. El nuevo regidor tiene por delante una colosal tarea: devolver la milenaria urbe a la normalidad republicana después de décadas de gestión islámica.

Los griegos reconquistaron Constantinopla. Vivir para ver…

martes, 30 de abril de 2019

Aproximación al neo-otomanismo (I)


“Terroristas” y contestatarios 


A finales de la pasada semana, la fiscalía de Estambul ordenó la detención y el encarcelamiento de 210 personas acusadas de haber participado en los preparativos del golpe militar de 2016.  Entre los sospechosos figuraban miembros de las fuerzas armadas: ejército de tierra, marina, aviación y guardia costera, así como oficiales de la gendarmería y de otros cuerpos de la seguridad del Estado, acusados de pertenecer a la organización “terrorista” liderada por el clérigo Fetullah Gulen, ex aliado del Presidente Erdogan, que vive en el exilio desde 1999. Gulen negó en reiteradas ocasiones su participación en los preparativos de la intentona.

Los detenidos fueron identificados a través de grabaciones de llamadas telefónicas efectuadas por los servicios de inteligencia militar.

Actualmente, hay más de 77,000 personas detenidas por su presunta participación en el golpe de Estado. Al parecer, la fiscalía cuenta con una larga lista de “sospechosos” que suponen una amenaza para la seguridad nacional, cuyo arresto sería inminente. 
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Conviene recordar que desde el verano de 2016, las autoridades turcas suspendieron o despidieron a alrededor de 150.000 funcionarios públicos y militares supuestamente adscritos a las redes de Gulen.  
Sabido es que los aliados occidentales de Turquía, país miembro de la Alianza Atlántica, han criticado en reiteradas ocasiones las medidas represivas adoptadas por Ankara, insinuando que Erdogan trata de usar el golpe como coartada para deshacerse de detractores o testigos molestos.

La cierto es que la guerra fratricida contra el popular clérigo desterrado ha causado demasiadas victimas. Una situación ésta que generó un hondo malestar en el seno del oficialista Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP), agrupación fundada por el propio Erdogan escasos meses antes de alzarse con la victoria en las elecciones legislativas celebradas  en el otoño de 2002. 
 
Nace un nuevo partido político
El solemne comunicado de la fiscalía de Estambul eclipsó la noticia de la creación de un nuevo partido político, facilitada casi paralelamente por la prensa de oposición. La nueva agrupación,  Yeni Parti  (Nuevo Partido), fue fundada por tres veteranos del AKP, pilares de la política nacional y antiguos compañeros de camino de Tayyip Recep Erdogan. Se trata de  Ahmet Davutoglu, antiguo primer ministro y jefe de la diplomacia turca, Abdullah Gül, antiguo Presidente de la República y Ali Babacan, exministro de Economía y Asuntos Exteriores. Los tres compartieron las horas bajas y los momentos de gloria del “sultán”; los tres fueron marginados o desterrados de la política por sus desavenencias con el actual Presidente de la República.

Sus hojas de servicios son impecables. Abdullah Gül, el “islamista socialdemócrata”, sirvió de tapadera para las actividades políticas de Erdogan durante la fase constitutiva del AKP. Como se sabe, Erdogan había sido inhabilitado penalmente para el ejercicio de funciones públicas a raíz de unas manifestaciones pro islamistas en Estambul.

Alí Babacan, economista de formación, fue uno de los artífices de los programas de desarrollo elaborados por el primer Gabinete Erdogan.

Ahmet Davutoglu, politólogo, catedrático y diplomático, fue el autor intelectual del neo-otomanismo, doctrina que contempla el acercamiento de Turquía al mundo árabe musulmán, como posible respuesta al rechazo de la candidatura de Ankara a la Unión Europea.

Según informes publicados en algunos medios turcos, los tres políticos se comprometieron ante Occidente a “devolver el país a la senda de la democracia”. El núcleo duro del Yeni Parti cuenta actualmente con medio centenar de miembros del AKP.  

Aparentemente, el proyecto – liderado por Gül – surgió hace unas semanas, tras el fracaso del AKP en las elecciones municipales, primer síntoma de debilitamiento de la agrupación islámica.

Davutoglu, que negoció y firmó en nombre de Turquía el acuerdo con la UE sobre  migrantes y personas desplazadas, hizo público u documento de 15 páginas en el que critica la política del AKP, así como su fracaso en la reciente consulta electoral. Estima el padre del neo-otomanismo, la deriva del partido de gobierno se debe a su alianza con los ultranacionalistas, las limitaciones impuestas a los medios de comunicación, a una política económica alejada de los principios básicos de la libertad de mercados, a la corrupción y el nepotismo.  Y enfatiza:el espíritu reformista y liberal del AKP ha sido reemplazado en los últimos años por un enfoque basado en la seguridad y el estatismo, impulsado por el deseo de mantener el status quo”.
 
Los periódicos de Estambul resumen a reacción del Presidente de Turquía con el siguiente titular: Erdogan: ira y promesas de venganza.

Obviamente, los complejos problemas internos entorpecen la actuación del sultán, más preocupado en forjar nuevas alianzas regionales. Sus objetivos prioritarios: Siria, la cuestión kurda, Rusia y el Golfo Pérsico, antiguo feudo del Imperio Otomano.

lunes, 1 de abril de 2019

Turquía: el declive


El pasado fin de semana, dos Estados europeos – Eslovaquia y Ucrania – celebraron elecciones presidenciales. Curiosamente, en ambos casos los vencedores poco o nada tenían que ver con el anticuado establishment político de sus respectivos paises. Los recién llegados procedían de otros horizontes. La nueva Presidenta de Eslovaquia, Zuzana Caputová, es una abogada ecologista; el Presidente en ciernes de Ucrania, Volodymyr Zelensky, se enorgullece de ser guionista y… ¡actor cómico! Algo está cambiando, para bien o para mal, en la tradicionalista Europa. Sin embargo, la auténtica sorpresa llegó desde Turquía, escenario de unas aparentemente modestas consultas locales.

¿Modestas consultas? Jamás unas elecciones municipales despertaron tanto interés en las Cancillerías del Viejo Continente, en los medios de comunicación internacionales o los centros de estudios políticos. Con razón; esta vez, se trataba de comprobar la solidez del entramado institucional del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) y el prestigio de su líder, el Presidente Erdoğan. Un ejercicio sumamente útil, puesto que el país, acostumbrado a décadas de bonanza, está sumido en una grave crisis económica. A la debilidad de la moneda turca se han sumado una galopante inflación, un descenso de la productividad e incremento de la tasa del paro, que asciende al 13,5 por ciento. Poco halagüeñas perspectivas para los ciudadanos turcos, incapaces de asimilar los radicales cambios políticos y sociales registrados después de la intentona golpista de 2016. Al recorte de libertades se añade el constante deterioro de las condiciones de vida. El AKP ya  no está en condiciones de cumplir sus promesas.

Los resultados de la votación del pasado fin de semana reflejan un espectacular vuelco. Los grandes municipios de Anatolia, hasta ahora controlados por los islamistas, se han convertido en feudos del socialdemócrata Partido Republicano de Pueblo (CHP), heredero de la agrupación política fundada por Mustafa Kemal Atatürk. Tras su esperada victoria en  Ankara, el CHP se adueñó de ocho capitales de provincias y un sinfín de localidades pequeñas,  situadas tanto en el centro de país, tradicional baluarte del ultraconservador Partido de Acción Nacionalista (MHP), como en las orillas del Mar Negro, vivero de grupúsculos radicales violentos. Malos presagios, pues, para los islamistas de Recep Tayyip Erdoğan.

¿Se puede hablar de los primeros síntomas del declive del AKP? Sería prematuro presagiarlo: esta vez, los islamistas cosecharon el 45 por ciento de los votos, mientras que los kemalistas del CHP apenas sumaron un escaso 30 por ciento. Los partidos kurdos boicotearon la campaña,  considerando que la consulta estaba “amañada”.  
 
De amaño hablan también los expertos electorales del partido de Erdoğan, aludiendo al resultado de las votaciones de Estambul, donde el CHP no tardó en cantar victoria. En realidad, la diferencia entre los dos candidatos, el oficialista Binali Yildirim y el kemalista Ekrem Imamoğlu, era de apenas un décimo de punto 48,7 por ciento frente a 48,6 por ciento cuando la Comisión Electoral decidió interrumpir el recuento de votos. ¿Miedo a perder el control de Estambul, la joya de la corona? 

Erdoğan lo resumió claramente hace años, durante su mandato de regidor de la gran urbe: Quien gobierna Estambul conquista Turquía

Aparentemente, la actual conquista de Estambul dependerá de un fallo judicial. ¿Será este el comienzo de una nueva era?