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domingo, 25 de febrero de 2018

Bienvenidos a la nueva guerra fría


¿Se puede vivir sin enemigos? Aparentemente, no. Durante la guerra fría, la todopoderosa maquinaria de propaganda de la Unión Soviética trató de persuadir a los pueblos de Europa Oriental, satélites del Kremlin, que el enemigo común del utópico campo de la paz era el militarismo norteamericano. Para demonizar al enemigo, solían emplearse los vocablos Washington o Alianza Atlántica. Y para tranquilizar a los pobladores del campo socialista, bastaba con exhibir la Paloma de la Paz de Picasso. La diafanidad contra los misiles. La pureza contra la perversidad. El Este se había fabricado un temible enemigo: el tío Sam. A su vez, Occidente contaba con el suyo: el Oso ruso. Esos símbolos parecían haber quedado relegados del lenguaje políticamente correcto a finales de 1989, tras la celebración de la cumbre de Malta, cuando el amable líder soviético, Mijaíl Gorbachov, sucumbió a los encantos del tenaz George Bush, adalid del nuevo orden mundial.  Dos años más tarde, los dirigentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, rubricaban un documento que contenía el parte de defunción del imperio soviético: La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas deja de existir como sujeto de Derecho... 

Lo que sucedió después es harto conocido. Los países europeos situados en la zona de influencia de Moscú abandonaron el bloque, decantándose por la envidiable economía de mercado, así como por la opción estratégico-militar encarnada por la OTAN. Una solución pragmática, que hubiese debido redundar en el bienestar económico de las naciones de Europa oriental. Pero los codiciados fondos europeos y las suculentas subvenciones atlantistas no llegaron a sus destinatarios; el fantasma de la corrupción recorre la totalidad del continente europeo.

¿Los cambios? Lo cierto es que sí ha habido cambios. En los últimos años, coincidiendo con el final del mandato de Barack Obama, el desacertado Premio Nobel de la Paz, las tropas estadounidenses acantonadas en Alemania y los Países Bajos fueron enviadas a Polonia, Rumanía y los países bálticos, junto a los confines con el nuevo enemigo: la Federación Rusa. El operativo, fácilmente comprensible desde el punto de vista de los expertos militares, desembocó en una nueva guerra fría, con su correspondiente argumentación ideológica. Los malos son los de siempre: los rusos, enemigos de la libertad, cuyo objetivo final consulte de socavar la democracia occidental.
  
Los medios de comunicación de los países fronterizos volvieron a activar las estrategias de propaganda de las décadas de los 50 y 69 del pasado siglo. Pero esta vez, centrando sus baterías en dirección de Moscú. Prolifera la información sobre los perversos objetivos del Kremlin en Europa. Conviene señalar  que los argumentos esgrimidos por los comentaristas políticos de la zona coinciden con las conclusiones de los informes elaborados por el Pentágono, la Casa Blanca o el Departamento del Estado. 

En pocas palabras, está claro que el Kremlin trata de aprovechar los problemas internos de los países occidentales para debilitar su sistema político, apoyar a extremistas de todo signo, fomentar el malestar existente, potenciar las actividades de grupos o grupúsculos pro rusos o antioccidentales, militarizar la sociedad, infiltrar la prensa y los tejidos sociales, justificar la política de Rusia ante una crédula opinión pública europea.

A esta estrategia a medio y corto plazo se suman las injerencias en las campañas electorales de Francia y los Estados Unidos, así como en los asuntos internos de París, Berlín y Londres (Brexit), sin olvidar la avalancha de noticias falsas que invaden las redes sociales, como en el caso del procés catalán.

A nivel interno, la propaganda rusa trata de justificar los operativos de desestabilización, escudándose en argumentos bastos, como por ejemplo: en Occidente proliferan los ateos, los musulmanes, los homosexuales, los pedófilos y los falsos refugiados sirios que se dedican a violar mujeres cristianas. Un discurso éste digno de la propaganda nazi…
   
Hasta aquí, parte de las denuncias de los politólogos de Europa oriental. Curiosamente, la Prensa de los países de la primera línea del frente no parece interesada en abordar el tema de la manipulación/intoxicación llevada a cabo por el contrapoder mediático occidental. Porque ese también existe…        

miércoles, 1 de julio de 2015

Los niños de la Guerra Fría


Rusia siembra la discordia. Los niños de la Guerra Fría recordamos con pavor aquellos malhadados años de confrontación ideológica, cuando Occidente solía emplear la expresión peligro rojo para designar a la URSS y a sus aliados, cuando los países de la órbita de Moscú utilizaban invariablemente el cliché instigadores de la guerra para referirse a los Estados Unidos y los miembros de la Alianza Atlántica. Luego vino la tregua, un frágil pacto de no agresión que duró 30 años; un ciclo histórico.

Rusia siembra la discordia, pregonan los analistas políticos de Washington, recordando que Moscú no sólo utiliza tanques, artillería pesada y tropas para desestabilizar a Ucrania, sino que recurre a su poder económico para financiar a partidos y agrupaciones occidentales propensas a ofrecer versiones alternativas del conflicto de Novorrusia.  En resumidas cuentas, que el Kremlin trata por todos los medios de… fracturar a la OTAN.

Aparentemente, ello justifica la prórroga de las sanciones occidentales contra Rusia, unas medidas que, dicho sea de paso, no han logrado el hundimiento de la economía de este país, ni han generado una oleada de descontento generalizado en el seno de la población del gigante euroasiático. Poco aceptables parecen, según los heraldos de la Administración estadounidense, las medidas de retorsión adoptadas por el Kremlin. Una auténtica insolencia, añaden los ultrajados políticos occidentales que aplaudieron las sanciones impuestas a Rusia.

Aprovechando el conflicto de Ucrania o, mejor dicho, utilizando la crisis como mera coartada, los Estados Unidos y la Alianza Atlántica anunciaron un importante despliegue militar en los países del Este europeo -  Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Bulgaria y Rumanía – puntas de lanza de la OTAN en las inmediaciones de la Federación Rusa. La Alianza trasladará al suelo de los nuevos conversos 250 tanques, artillería pesada, así como una brigada de intervención rápida compuesta por 5.000 efectivos.

Se trata del gesto más agresivo del Pentágono y la OTAN desde el final de la Guerra Fría, afirman los estrategas rusos, haciendo hincapié en el hecho de que Washington está llevando a rajatabla la estrategia de la pinza elaborada en la década de los 90 por los asesores militares de George Bush (padre).

Pocas horas después de darse a conocer las intenciones de la OTAN, el Kremlin anunció el despliegue de misiles de corto alcance en el enclave de Kaliningrado, así como la ampliación de su arsenal nuclear. Se trata, en realidad, de la adquisición de 40 nuevos misiles balísticos intercontinentales, destinados a reemplazar los cohetes fabricados en Dniepropetrovsk (Ucrania), inoperantes por falta de mantenimiento.

Comentando la noticia, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, calificó la iniciativa del Kremlin de peligroso “ruido de sables”. Para los miembros del Estado Mayor del ejército ruso, la presencia de armamento pesado de la Alianza Atlántica en los confines occidentales de la Federación es sinónimo de “ruido de tanques”. Para nosotros, los niños de la Guerra Fría, ello presupone una trágica regresión. Es cierto: la historia no se repite. No por ello el panorama deja de ser inquietante. 

lunes, 6 de abril de 2015

Lausana: un acuerdo de principios en un mundo sin ética


La presencia de aquel suboficial de las tropas especiales iraníes me sorprendió Hello míster. No, no se preocupe; estamos aquí para protegerle, me dijo el militar armado hasta los dientes. ¿Contra quién?, pregunté.  Contra cualquiera que trate de acercarse a este edificio, respondió, señalando con la mano la sede de la representación diplomática estadounidense en Teherán.  Sucedió allá, por diciembre de 1978, durante mi última visita a lo que iba a convertirse, unos meses más tarde, en el nido de víboras del Gran Satán.

Tuve que abandonar Irán al día siguiente; la SAVAK – policía política del Sah – me invitó a hacerlo. A su manera; con un minucioso registro del que dejó innumerables y ostensibles huellas. La presencia de los periodistas extranjeros resultaba molesta. El propio Sah iba a abandonar el país pocas semanas después.

En Ginebra, a escasos kilómetros del mítico Beau Rivage Palace, que acogió la última ronde de consultas entre las seis potencias – Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, China y Rusia – y la República Islámica de Irán, un viejo amigo persa me recibió con los brazos abiertos: Verás; ahora vendrá la democracia.  Murió en el exilio, sin poder pisar la tierra de sus antepasados. Es el sino de los librepensadores, incapaces de tolerar los abusos de los déspotas ilustrados o de acomodarse con la teocracia de  los clérigos fanáticos.

Vuelven a mi mente esos lejanos recuerdos al tratar de evaluar los resultados de las maratonianas negociaciones de Lausana, que desembocaron recientemente en la firma del acuerdo preliminar destinado a poner fin al contencioso nuclear que enfrenta a Irán con los grandes de este mundo.  

La problemática es harto conocida. El régimen de los ayatolás, acusado de llevar a cabo un programa secreto para la fabricación de armas atómicas, se compromete, tras años de negociación, a reducir sus reservas de uranio enriquecido de 10.000 a 300 kilos durante un plazo de 15 años, a limitar el número de centrifugadoras de 19.000 a 6.000 y a abandonar la construcción de nuevas instalaciones nucleares durante los próximo tres lustros. El uranio enriquecido se almacenará en una sola planta. Por otra parte, la instalación subterránea de Fordo se convertirá en un centro de investigación dedicado sola y únicamente a la utilización del átomo con fines pacíficos. A cambio de ello, Estados Unidos y sus aliados procederán, una vez que la AIEA deje constancia de que Irán cumple sus compromisos, al levantamiento de las sanciones económicas y financieras decretadas contra el régimen iraní hace más de diez años.

Un compromiso histórico, estima el Presidente Obama, que desea finalizar su segundo y último  mandato con algún resultado positivo en política exterior. Una farsa, contestan sus detractores, persuadidos de que la República Islámica hará todo lo posible por incumplir sus promesas. Un peligro para la estabilidad de la región, alega la monarquía saudita, preocupada por la expansión chiita en la zona. Un acuerdo que pone el peligro la supervivencia del Estado de Israel, advierte el Primer Ministro Netanyahu. Un pacto insuficiente, que conviene rechazar, señala John Boehner, líder de la mayoría republicana en el Congreso de los Estados Unidos. Un signo de debilidad por parte del Gobierno iraní, afirma por su parte el ayatolá Alí Jameney,  jefe espiritual de la Revolución Islámica. Ante los ataques de los “halcones”, los negociadores cuentan con escasas semanas para redactar un tratado aceptable para todos.

Una puntualización: el programa nuclear iraní no dio comienzo a finales des siglo XX, como afirman algunos. Los primeros contactos de Teherán con la energía nuclear se remontan a… 1957, fecha en la que el Sah firmó el primer acuerdo de cooperación nuclear civil. En 1975, el entonces Secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, rubrico un memorándum titulado   U.S.-Iran Nuclear Co-operation, que aludía al suministro de equipo nuclear a Irán. Además de las exportaciones llevadas a cabo por Estados Unidos y Alemania, se creó un consorcio multinacional integrado por empresas francesas, belgas, españolas y suecas, cuya tarea consistía en facilitar financiación y tecnología nuclear a las autoridades iraníes.

Tras la revolución islámica, los suministros que quedaron congelados. Sin embargo, durante esa travesía del desierto, Israel intentó un acercamiento científico-estratégico a Irán. Corrían los tiempos del Irangate, cuando los traficantes de armas de Tel Aviv no dudaban en negociar con… Dios y con el Diablo. Jomeiny rechazó la propuesta: su programa político contempla – sigue contemplando - la destrucción total del ente sionista. De ahí los temores de Netanyahu.


Finalmente, conviene recordar que Irán cuenta con dos vecinos que disponen de la bomba atómica: Paquistán y la India. En ambos casos, los responsables de la proliferación nuclear son… las dos superpotencias: Estados Unidos y la antigua URSS. Pero aquí nos adentramos en el terreno de la… materia reservada.  

viernes, 31 de octubre de 2014

¿Quién manda en Europa?


El pasado fin de semana, los gobernantes del primer mundo dieron un gran suspiro de alivio al comprobar que la candidatura proeuropea se alzó con la victoria en la elecciones generales celebradas en Ucrania. En realidad, si se analiza el perfil de los candidatos, deberíamos hablar de una candidatura… pronorteamericana. No cabe la menor duda de que los actuales dueños y señores de Kiev nos deparan nuevas sorpresas.

Sin embargo, no todas las noticias procedentes de Europa oriental son del agrado de la clase política europea o estadounidense. Algunos de los países que hace un cuarto de siglo se independizaron de la tutela de Moscú dirigen sus miradas hacia el Kremlin, alabando a veces la actuación del equipo que dirige los destinos de la Madre Rusia. Detalle interesante: se trata de Estados que pertenecen tanto a la Unión Europea como a… ¡la OTAN! Algo inimaginable en aquellos años de euforia generalizada, cuando los políticos occidentales pensaban acabar en menos de una década con las férreas estructuras del mal llamado campo socialista.

La transición a la economía de mercado se hizo a pasos agigantados, sin tener en cuenta los posibles efectos negativos de los cambios sociales y estructurales. Los pobladores del Este europeo, que se habían acostumbrado al paternalismo del Estado, descubrieron la cara más feroz del capitalismo salvaje. Un encuentro que no resultó ser del agrado de muchos supervivientes de la anterior etapa, que suplía la falta de libertades con… empleos para el conjunto de los habitantes.

El camino hacia la democracia facilitó, sin embargo, la aparición de movimientos extremistas de todo signo. Curiosamente, los gobernantes occidentales no prestaron atención al resurgir de las agrup
aciones de extrema derecha, cuyos slogans e ideología recordaban los años pardos del nacional socialismo y el fascismo.  Los politólogos solían aludir a la famosa teoría del péndulo: después de los regímenes de extrema izquierda (¿izquierda?), tocaba la resurrección de la derecha. Al igual que en algunos países de Europa occidental, donde el fracaso de las instituciones democráticas dio pie a la tentación totalitaria.

Pero las cosas cambian cuando algunos gobernantes del Este europeo empiezan a hablar con nostalgia de la época del dominio soviético. Hace apenas una semana, el “Washington Post” lanzó una advertencia a la Administración Obama: ¡cuidado! los nuevos aliados centroeuropeos coquetean con Moscú. Ejemplos concretos: el Primer Ministro húngaro, Viktor Orban, no duda en calificar a Vladimir Putin de ejemplo político. Por su parte, el Primer Ministro de Eslovaquia compara el posible despliegue de tropas de la OTAN en Europa Central con… la invasión de Checoslovaquia por el Pacto de Varsovia en 1968. El ministro de defensa de Chequia considera, por su parte, que las sanciones económicas impuestas por Occidente a Rusia son a la vez inviables e ineficaces.
Serbia, candidata al ingreso en la Unión Europea a la vez que baluarte del paneslavismo, invitó al presidente ruso a la conmemoración  del 70 aniversario de la liberación de Belgrado por el… Ejército Rojo.
Los Parlamentos de Hungría y Bulgaria han modificado la normativa legal en materia de energía para facilitar el tránsito del gasoducto ruso South Stream por su territorio sin tener que contar con el beneplácito de Bruselas. Rumanía teme la excesiva presencia de empresas petroleras rusas en su suelo. Hace unos meses, los rusos anunciaron que tenían intención de marcharse; mero subterfugio para afianzarse en el mercado rumano.

Ese estado de cosas provocó una reacción muy airada  de la Administración norteamericana. En efecto, la subsecretaria de Estado para Asuntos Euroasiáticos,  Victoria Nuland, criticó públicamente a los líderes de Europa central, acusándoles de aprovecharse de las ventajas de su pertenencia a la UE y la OTAN, haciendo caso omiso de los valores democráticos, avalando al mismo tiempo la corrupción e entorpeciendo la buena marcha de la justicia. En el caso concreto de Hungría, Washington adoptó una medida espectacular, elaborando una lista negra de oficiales que no podrán pisar el suelo norteamericano. Se trata de una decisión sin precedentes, ya que las medidas de esta índole no se han aplicado hasta ahora a ciudadanos de la Unión Europea.  En mensaje de Washington es contundente: si el Primer Ministro Orban no cambia su manera de pensar, ¡qué se marche! 
 
Subsiste el interrogante: ¿quién manda en Europa?       

viernes, 25 de julio de 2014

Fabricar un enemigo


Hace tres lustros, tras la desaparición del imperio soviético, los políticos occidentales empezaron a echar de menos la ausencia del enemigo. De un peligro ideológico, de una amenaza justificada, que permitiera cerrar filas en torno al adalid de una causa común: la lucha sin cuartel contra… Pero, ¿contra quién? El oso ruso acababa de entrar en un  largo período de hibernación, sus adláteres de Europa oriental se decantaban por las dichas (¡jamás desdichas!) de la economía de mercado, los enemigos de antaño se convertían en fieles seguidores del Nuevo Orden Mundial. Superada la etapa de los enfrentamientos Este-Oeste, surgía el interrogante: ¿y el enemigo? Obviamente, el ser humano no podía permitirse el lujo de vivir sin adversarios.

A finales de 1992, los politólogos y los estrategas militares dieron un gran suspiro de alivio: Occidente había encontrado un nuevo contrincante: el Islam. La aparatosa campaña mediática que se puso en marcha recordaba, extrañamente, los viejos tiempos del anticomunismo visceral, de la demonización del otro, de la cruzada contra el ateísmo, de la victoria del bien sobre el mal. En realidad, no resultó difícil convencer a la opinión pública que los vocablos Islam, árabe, infiel y terrorista eran… meros sinónimos. Los atentados del 11 – S sirvieron de colofón de esta ofensiva. Con la destrucción de las Torres Gemelas, símbolo de la opulencia de Occidente, los militantes de Al Qaeda  dejaron constancia de su odio hacia el modelo de sociedad impuesto y liderado por el capitalismo estadounidense. El enemigo sacó los colmillos; era exactamente lo que se pretendía. Los habitantes del primer mundo abominaban el Islam/islamismo radical/violencia/terrorismo; los pobladores del Dar al Islam llegaron a aborrecer a Norteamérica/Occidente/colonialismo/materialismo/sionismo. Extraña mezcolanza de conceptos que, metidos en el mismo saco, servían para fabricar al enemigo.

Mas con el paso del tiempo, Oriente y Occidente lograron superar el impacto primitivo de los estereotipos. Ni todos los árabes eran terroristas, no todos los occidentales unos ateos materialistas.

Las mal llamadas primaveras árabes, ejercicio de estilo ideado por politólogos estadounidenses, tuvieron un impacto negativo en el mundo musulmán.  Según el estudio Auge de inquietudes motivadas por el fundamentalismo islámico en Oriente Próximo realizado recientemente por el Pew Research Center, los pobladores de Líbano, Túnez, Egipto, Jordania y Turquía se muestran más preocupados por la amenaza fundamentalista que hace apenas doce meses. Con Al Qaeda, Hezbolá y Hamas, en el punto de mira, la opinión pública árabe repudia las opciones radicales, véase violentas.

Señala el informe del Pew Research Center que de todos los grupos musulmanes encuestados, los cisjordanos y los gazatíes albergan la opinión más favorable – el 26 por ciento - de Al-Qaeda, mientras que sólo el 6 por ciento de los árabes israelíes se muestran partidarios del engendro de Osama Bin Laden.

Mientras el 62 por ciento de los habitantes de Gaza se muestra partidario de los atentados suicidas, en Cisjordania, el porcentaje queda limitado al 36 por ciento de los encuestados. Curiosamente, Hamas cuenta (o contaba) con menos apoyo que Hezbolá tanto en Gaza como en Cisjordania. ¿Será por la inmediatez?

Según los datos de Pew, se deduce que el islamismo radical está de capa caída en el mundo musulmán. ¿Está? ¿Estaba? Huelga decir que el estudio del centro se publicó el pasado 1 de julio, unos días antes del inicio de la ofensiva israelí contra la Franja de Gaza. Un operativo que, lejos de acabar con la violencia terrorista, como afirma Israel, resucita el fantasma del odio y la intolerancia.  Los árabes, varones, mujeres y niños, vuelven a desempeñar el papel de abominables terroristas, los amigos de Israel, cómplices de la matanza de seres inocentes.  

Si el objetivo final de Israel era fabricar un enemigo, el mensaje subliminal puede resumirse en dos palabras: misión cumplida. El odio de los palestinos se perpetuará durante generaciones. Pero a lo mejor eso es justamente lo que desea la derecha sionista: librarse del estéril, molesto y hasta peligroso dialogo con los palestinos durante dos o tres generaciones. Misión cumplida.

viernes, 20 de junio de 2014

Obama: una de cal...



Si algo desconcierta en el concepto de liderazgo global de Norteamérica defendido por el Presidente Barack Obama es el doble discurso del actual inquilino de la Casa Blanca, su empeño en emplear argumentos muy a menudo contradictorios para justificar una política exterior a la vez titubeante e incoherente. ¿Resultado? Un aluvión de críticas procedentes de partidarios y detractores, poco conformes con las estrategias del presidente. 

Un liderazgo mundial alejado de los operativos bélicos. Eso es lo que propuso Obama hace apenas unas semanas, durante la ceremonia de graduación de los cadetes de la prestigiosa academia militar de West Point. ¿Acaso ello significa un mundo sin conflictos? No, en absoluto. El Presidente no dudó en detallar los supuestos de una posible intervención militar estadounidense. Entre ellos figuran: el uso de la fuerza, si los intereses norteamericanos están amenazados, las acciones directas, como captura de terroristas o ataques con drones, la movilización de los aliados de la OTAN en caso de una amenaza indirecta contra los intereses de los EE.UU., la creación de un fondo dotado con 5.000 millones de dólares para el desarrollo de tácticas antiterroristas, el aumento de las inversiones en los países dispuestos a intervenir en misiones de paz o lucha antiterrorista. Para lograr estas metas, es preciso de Norteamérica trate de estrechar la colaboración con la OTAN, las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. 

Estiman los politólogos que la nueva doctrina de Obama trata de acabar con el intervencionismo de la era Bush, sin decantarse por el viejo y muy ansiado concepto de aislacionismo. Hasta aquí, el mensaje parece  claro y coherente. Sin embargo…

Pocos días después  del sonado discurso de West Point, Obama anunció, esta vez en Varsovia, que Estados Unidos se comprometían a reforzar el flanco oriental de la OTAN, destinando una aportación extraordinaria de… 1.000 millones de dólares que permita incrementar la presencia militar norteamericana en el continente europeo. Obama hizo especial hincapié en el aumento de los efectivos estadounidenses estacionados en el Viejo Continente, la capacitación de las fuerzas armadas de la Alianza Atlántica, la celebración de maniobras conjuntas, la ayuda a Ucrania, Georgia y Moldova, así como la presencia naval en el Mar Báltico. En la segunda parte de su mensaje dirigido a los aliados occidentales, el presidente reclamó una participación activa de los Estados miembros de la OTAN a los gastos de defensa. ¿Otra contradicción?  

Aparentemente, el Nobel de la Paz no se contradice. La Alianza Atlántica no tiene intención de estacionar tropas de combate en el este de Europa para responder a la política agresiva de Rusia en Ucrania, como exige el Gobierno de Polonia y las  autoridades de los países bálticos. Oficialmente, la OTAN está dispuesta a respetar el Acta Fundacional OTAN-Rusia de 1997, que descarta el estacionamiento permanente de [un contingente] sustancial y adicional de tropas de combate en el este de Europa. Y ello, pese a la anexión ilegal de Crimea por Rusia.
Sin embargo, la defensa de la democracia en Ucrania (pero, ¿cuándo hubo democracia en Ucrania?) y de los valores occidentales - otra gran incógnita en el contexto de la geopolítica regional – han facilitado el traslado a los confines de la Federación Rusa de tropas, aviones y buques de guerra de la Alianza. De hecho, en Polonia, Estonia, Lituania y Rumanía hay cazas pertenecientes a las Fuerzas Aéreas de Francia, Reino Unido, Dinamarca y Canadá. En el Mediterráneo oriental se encuentran barcos estadounidenses, italianos, alemanes y daneses; en el Báltico, navíos de guerra alemanes, belgas, polacos, noruegos y holandeses. En resumidas cuentas, todo un despliegue para proteger a los aliados de Europa oriental.  Oficialmente, la OTAN pretende  implicarse a largo plazo en la crisis de Ucrania. Extraoficialmente…

La guinda la pone el Secretario General de la Alianza Atlántica, el danés Anders Fogh Rasmussen, al afirmar: Rusia nos considera ahora su adversario. Sus motivos tendrá…

jueves, 27 de marzo de 2014

La Guerra Tibia del Nobel de la Paz


A mediados de 2009, cuando el Comité Nobel noruego otorgó el Premio de la Paz al cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, los habitantes del planeta Tierra confiaban en haber dejado atrás un largo, excesivamente largo y penoso paréntesis de enfrentamientos bélicos y conflictos culturales. En efecto, el entonces recién estrenado inquilino de la Casa Blanca llegaba con un lema: Sí, podemos y con la aureola de político dialogante.  ¿Acaso ello justificaba plenamente la concesión del Nobel de la Paz? 

Durante los mandatos del Presidente Obama, no se registró una disminución de los conflictos locales y regionales. Las heridas provocadas por la temeraria actuación de la Administración Bush siguen abiertas, las diferencias entre el mundo islámico y  Occidente se han ido acentuando. No vivimos en un mundo más seguro. La desigualdad social de ha agudizado. ¿Soluciones? Los duendes de las finanzas nos recomiendan… ¡apretarnos el cinturón! ¿Paliativos? Todos, empezando por la destrucción de los puestos de trabajo y/o la precariedad laboral. Sin embargo…

Cuando se trata de la defensa de los intereses estratégicos (léase socioeconómicos) de Occidente, el Nobel de la Paz nos recuerda que la Alianza Atlántica se apoya en dos pilares: Inglaterra y los Estados Unidos, que los bajos niveles del gasto militar de algunos países de la OTAN es preocupante, que la libertad tiene un precio. Curiosamente,  la advertencia de Obama coincidió con la clausura de la cumbre Estados Unidos – Unión Europea celebrada esta semana en Bruselas. En el orden del día de la reunión figuraba tanto la cooperación económica – la firma del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Europa – como la crisis generada por los acontecimientos de Ucrania y la integración de Crimea en la Federación Rusa. 

En un discurso que algunos politólogos estadounidenses no dudaron en calificar de excesivamente ambiguo y poco convincente, el Presidente de los Estados Unidos hizo hincapié en la necesidad de reforzar la vigilancia del espacio aéreo de los países bálticos y/o la presencia de la OTAN en los Estados de la primera línea: Polonia y Rumanía. 

¿Tambores de guerra? De ninguna manera: el Nobel de la Paz nos asegura que no nos adentramos en ninguna Guerra Fría, que ni Washington ni Bruselas tienen interés en controlar Ucrania, que a diferencia de la extinta Unión Soviética, Rusia no lidera ningún bloque de naciones, no defiende ninguna ideología mundial. Y añade, tal vez para tranquilizar a los gobernantes del Kremlin, que los Estados Unidos no buscan conflicto alguno con Moscú.  Una de cal y otra de arena…

Ni que decir tiene que para los asesores de Vladimir Putin las palabras de Obama sólo sirven para ocultar los verdaderos designios de Occidente. Rusia, a su vez, pasó a la contraofensiva ideológica. Los ataques y contraataques propagandísticos nos recuerdan la época de la Guerra Fría. 

Pero hay más: aún queda por determinar el verdadero alcance de las sanciones impuestas a Moscú. Los estrategas aseguran que la elaboración de listas negras con decenas de nombres o la aplicación de mini embargos comerciales son, en realidad, medidas poco disuasorias. Pero, ¿qué haría falta para persuadir al oso ruso que regrese a su guarida? ¿Renunciar a la dependencia energética de la UE? Actualmente, el gas natural ruso cubre el 70 por ciento de la demanda de la Unión. Algunos países de Europa oriental – República Checa, Eslovaquia, etc. cuentan con centrales nucleares fabricadas en la antigua URSS.  ¿Buscar soluciones alternativas? El proceso sería largo y sumamente costoso.  

Aislar a Rusia parece, pues, una auténtica utopía. De hecho, los economistas rusos prevén un incremento del 100 por ciento de sus exportaciones de gas a China, India y Japón. Moscú dirige su mirada hacia Oriente.
Detalle interesante y muy significativo: mientras el Primer Ministro británico abandera la campaña para la introducción de medidas más contundentes contra Rusia, el Reino Unido, baluarte de la defensa de Occidente, anuncia la firma de un acuerdo para el suministro de... ¡gas natural ruso!

La Guerra Tibia del Nobel de la Paz empieza con mal pie.