miércoles, 15 de julio de 2015

Cuando el "gran Satán" corteja al "eje del mal"


De acuerdo histórico califican las cancillerías occidentales el pacto nuclear entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán sellado esta semana en Viena. Sin embargo, el Primer Ministros de Israel, Benjamín Netanyahu, estima que se trata de un grave error histórico que afecta la seguridad e incluso la supervivencia del Estado judío. Comparten su pesimismo dos ponencias regionales: Arabia Saudita, adalid del wahabismo y Egipto, artífice de refinadas iniciativas diplomáticas capaces de mantener el precario equilibrio del variopinto mundo árabe-musulmán.

Lo cierto es que para el actual inquilino de la Casa Blanca el acuerdo de Viena equivale a una especie de maná celeste. Barack Hussein Obama no habrá sido uno de los mejores presidentes de los Estados Unidos. Al contrario, podría figuran en la lista de los gobernantes menos eficientes. La mayoría de sus proyectos sociales no llegaron a materializarse. En política exterior, sus constantes zigzagueos desconcertaron a los aliados y se tradujeron por la innegable pérdida de prestigio de la pomposamente llamada primera potencia mundial.

El Nobel de la Paz avivó los conflictos de Oriente Medio, autorizó el despliegue de tropas y material bélico en los confines con su ex aliada Rusia, reactivó el escudo antimisiles, opción abandonada sus antecesores en los años de la llamada convivencia pacífica. Pero Obama puede enorgullecerse de su legado histórico: la normalización de las relaciones con Cuba y el armisticio con Irán. Un armisticio que tendrá que contar con el visto bueno del Congreso estadounidense, controlado por los republicanos y cuyo referente es… ¡el israelí Benjamín Netanyahu! 

Por su parte, el Presidente iraní, Hassan Rohaní, no dudó en echar las campanas al vuelo al anunciar la victoria diplomática del país persa en las negociaciones con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad  de las Naciones Unidas, a los que se sumó Alemania, potencia económica regional y… habitual suministradora de tecnología (¿nuclear?) a Irán. 

Para la República Islámica, la pacto de Viena presupone el levantamiento de las sanciones impuestas por Washington y sus aliados europeos, avaladas por las resoluciones de las Naciones Unidas, la descongelación de los haberes iraníes bloqueados en los bancos occidentales, la eliminación de las trabas impuestas al comercio con Estados Unidos y los países de la Unión Europea. Ni que decir tiene que ello se traduciría en un incremento de la inversión, tanto pública como privada, un estímulo al consumo y una progresiva liberalización de la sociedad.

A cambio, Irán se compromete a modificar la estructura de su programa nuclear. ¿Un cambio radical? El actual inquilino de la Casa Blanca asegura que el tratado obstaculizará la proliferación de armas atómicas en una región que cuenta ya con varias potencias nucleares: China, India, Paquistán e… Israel. Sin embargo, la aún inexistente bomba iraní preocupa sobremanera a los vecinos de la República Islámica.

Irán tendrá que reducir de 19.000 a 6.104 el número de centrifugadoras de uranio. Sólo 5060 podrán utilizarse, durante un plazo de 10 años, para el enriquecimiento de uranio.  Asimismo, se reducirán de 10.000 a 300 kilogramos las reservas de uranio enriquecido.

Teherán se compromete, además, a aceptar la presencia permanente en su territorio de los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), que elaborarán informes sobre el cumplimiento del acuerdo sellado en la capital austriaca.

¿Un trato justo? ¿Es lo que podía o debía esperar uno de los mayores productores de oro negro del planeta? El previsible incremento de sus exportaciones de crudo iraní preocupan a los vecinos saudíes.

Sin embargo, hay algo que provoca mayor preocupación en la zona: el papel que podría desempeñar el Irán chiita en la lucha contra el Estado Islámico. De hecho, los estrategas estadounidenses estiman que Teherán sería una excelente punta de lanza de la ofensiva contra el terrorismo de corte sunita, ideado y apoyado por el vecino y enemigo histórico de Irán en la zona.


Cuando el  gran Satán corteja al eje del mal, todo es posible…

miércoles, 1 de julio de 2015

Los niños de la Guerra Fría


Rusia siembra la discordia. Los niños de la Guerra Fría recordamos con pavor aquellos malhadados años de confrontación ideológica, cuando Occidente solía emplear la expresión peligro rojo para designar a la URSS y a sus aliados, cuando los países de la órbita de Moscú utilizaban invariablemente el cliché instigadores de la guerra para referirse a los Estados Unidos y los miembros de la Alianza Atlántica. Luego vino la tregua, un frágil pacto de no agresión que duró 30 años; un ciclo histórico.

Rusia siembra la discordia, pregonan los analistas políticos de Washington, recordando que Moscú no sólo utiliza tanques, artillería pesada y tropas para desestabilizar a Ucrania, sino que recurre a su poder económico para financiar a partidos y agrupaciones occidentales propensas a ofrecer versiones alternativas del conflicto de Novorrusia.  En resumidas cuentas, que el Kremlin trata por todos los medios de… fracturar a la OTAN.

Aparentemente, ello justifica la prórroga de las sanciones occidentales contra Rusia, unas medidas que, dicho sea de paso, no han logrado el hundimiento de la economía de este país, ni han generado una oleada de descontento generalizado en el seno de la población del gigante euroasiático. Poco aceptables parecen, según los heraldos de la Administración estadounidense, las medidas de retorsión adoptadas por el Kremlin. Una auténtica insolencia, añaden los ultrajados políticos occidentales que aplaudieron las sanciones impuestas a Rusia.

Aprovechando el conflicto de Ucrania o, mejor dicho, utilizando la crisis como mera coartada, los Estados Unidos y la Alianza Atlántica anunciaron un importante despliegue militar en los países del Este europeo -  Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Bulgaria y Rumanía – puntas de lanza de la OTAN en las inmediaciones de la Federación Rusa. La Alianza trasladará al suelo de los nuevos conversos 250 tanques, artillería pesada, así como una brigada de intervención rápida compuesta por 5.000 efectivos.

Se trata del gesto más agresivo del Pentágono y la OTAN desde el final de la Guerra Fría, afirman los estrategas rusos, haciendo hincapié en el hecho de que Washington está llevando a rajatabla la estrategia de la pinza elaborada en la década de los 90 por los asesores militares de George Bush (padre).

Pocas horas después de darse a conocer las intenciones de la OTAN, el Kremlin anunció el despliegue de misiles de corto alcance en el enclave de Kaliningrado, así como la ampliación de su arsenal nuclear. Se trata, en realidad, de la adquisición de 40 nuevos misiles balísticos intercontinentales, destinados a reemplazar los cohetes fabricados en Dniepropetrovsk (Ucrania), inoperantes por falta de mantenimiento.

Comentando la noticia, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, calificó la iniciativa del Kremlin de peligroso “ruido de sables”. Para los miembros del Estado Mayor del ejército ruso, la presencia de armamento pesado de la Alianza Atlántica en los confines occidentales de la Federación es sinónimo de “ruido de tanques”. Para nosotros, los niños de la Guerra Fría, ello presupone una trágica regresión. Es cierto: la historia no se repite. No por ello el panorama deja de ser inquietante. 

viernes, 12 de junio de 2015

Turquía: ¿peligra el trono del “sultán”?


De elecciones “carentes de interés” tildaron los politólogos occidentales la consulta popular celebrada en Turquía el pasado fin de semana. Ni que decir tiene que los analistas se adelantaron a los acontecimientos, dando por hecho el triunfo del islamista Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP), liderado por el Presidente Recep Tayyep Erdogan, que se había hecho con el poder a finales de 2002, tras un largo período de inestabilidad institucional y de escándalos de corrupción. La clase política tradicional había defraudado al electorado, propenso a apostar por la baza religiosa. En definitiva, el programa del AKP hacía hincapié en la honradez y la transparencia, conceptos que brillaban por su ausencia en las altas esferas del Estado. Y los otomanos ansiaban el cambio…

Pero la opción política de Erdogan experimentó un espectacular desgaste durante los 13 años de gobierno. Su partido contaba con la mayoría absoluta en la Cámara, lo que había permitido iniciar una serie de reformas bastante controvertidas en un Estado laico. ¿Los motivos? El afán de Erdogan de remusulmanizar Turquía e islamizar a la diáspora otomana. Ambos objetivos figuraban en la mal llamada plataforma electoral del AKP.

La batalla por el uso del velo islámico en las universidades, que el AKP ganó en 2008, fue uno de los primeros éxitos aparentes de la agrupación religiosa. Poco se ha hablado de la islamización del lenguaje jurídico, del impulso a la creación de escuelas coránicas, del establecimiento de organismos paralelos (asociaciones empresariales, sindicales, etc.)  que compiten con las estructuras civiles del Estado.

En 2014, cuando Erdogan reveló su intención de modificar la Carta Magna, convirtiendo al país en una república presidencialista, la opinión pública empezó a movilizarse. Los disturbios de la plaza Taksim – Gezi, registrados durante el verano de 2013, pusieron de manifiesto el talante autoritario del Presidente, su soberbia, su sectarismo.

Casi paralelamente al enfrentamiento de Erdogan con  la sociedad civil, resucitó el fantasma del golpismo. La detención de unos 90 altos cargos del ejército, acusados de intento de rebelión contra el poder civil, finalizó con la puesta en libertad de los oficiales. La Justicia no encontró pruebas irrebatibles de los supuestos designios golpistas.

Por si fuera poco, a finales del pasado año, estalló un mega escándalo de corrupción que involucraba a miembros del Gobiernos y familiares del Presidente. Los poderes fácticos no tardaron en dar un carpetazo al “affaire”. Pero las dudas subsisten; y no sólo las dudas. Algunos analistas señalan que la arrogancia del Presidente desembocó en la polarización de la sociedad.

Aun así, en vísperas de las elecciones generales de la pasada semana, Erdogan instó a los miembros de su partido a lograr una mayoría absoluta aplastante, indispensable para llevar a cabo la reforma constitucional.  Antes de la celebración de la consulta, el AKP contaba con 312 escaños parlamentarios. La meta de Erdogan era de 400. Sin embargo, su agrupación cuenta actualmente con… 258, perdiendo la envidiable mayoría absoluta de los últimos años. 

“Es el principio del final del AKP”, pregona el portavoz del derechista Partido de Acción Nacionalista (MHP), que logra 80 escaños en el nuevo Parlamento. Sin embargo, la derecha se perfila como único posible salvavidas de la agrupación islámica. El Partido Republicano del Pueblo, heredero del ideario kemalista, o el Partido Democrático de los Pueblos, creado por la minoría kurda, no tienen interés alguno en rescatar al AKP.
  
De todos modos, el nuevo Parlamento tendrá que evitar, en la medida de lo posible, los errores históricos que ensombrecen la historia de la Turquía moderna, como por ejemplo las pugnas entre suníes y alevíes, turcos y kurdos, laicos y religiosos. La presencia en el nuevo Legislativo de diputados kurdos, alevíes y armenios, constituye una baza para diálogo y reconciliación.

No cabe duda de que una hipotética alianza entre el MHP y el AKP – única previsible en estos momentos - acabaría con el sueño de Erdogan de modificar la Carta Magna.  

Sin embargo, el “sultán” sigue ostentando la presidencia de la República. Ante una posible desestabilización del país, Erdogan podría convocar nuevas elecciones generales, confiando, eso sí, en el poder de recuperación de su partido.

viernes, 29 de mayo de 2015

Europa: la desestabilización


Tambores de guerra resuenan en la vieja Europa; tambores de guerra que recuerdan extrañamente otros períodos prebélicos, otros disonantes mensajes emitidos por cohortes de políticos y militares dispuestos a encender la mecha de explosivos conflictos.

En efecto, a la crisis institucional, que no sólo económica, que afronta la UE, se suman otros factores de inestabilidad: el espectacular avance islamista en el Cercano Oriente, detonante de la tragedia humanitaria del Mediterráneo, y el inesperado conflicto de Ucrania, que acentúa los temores de una nueva confrontación Este – Oeste. Pero esta vez las fronteras no se hallan en Europa Central, sino en la extremidad oriental del continente. Muchos actores tratan de repartirse los papeles: Lituania, Letonia, Estonia, Polonia, Ucrania, Rumanía y Bulgaria. Sin embargo, los protagonistas de este psicodrama siguen siendo… ¡Rusia y la OTAN! Una Rusia que ha perdido a sus aliados orientales; una Alianza Atlántica que ha llegado a los confines del antiguo imperio de los zares. En Washington, el vicepresidente Biden no duda en censurar la agresión rusa en Ucrania; en el Kremlin, se alude a los designios guerreros de las potencias occidentales. Mas el enfrentamiento entre Washington y Moscú tiene por escenario… el Viejo Continente.

Hace apenas unos días, el general checo Pavel Petr, encargado de dirigir el Comité Militar de la OTAN a partir del segundo semestre de 2015, señaló en unas declaraciones concedidas a la emisora británica BBC, que Rusia podría ocupar los países bálticos en un plazo de 48 horas, sin que la Alianza tenga la capacidad de reaccionar. Lo mismo sucedería en el caso de Ucrania. ¿Y Rumanía o Bulgaria, Estados que se encuentran en la primera línea de la nueva estrategia expansionista de la OTAN? Sus respectivos Gobiernos prefieren apostar por la prudencia. Sin embargo, la llegada de tropas y de material militar procedente de Europa Central preocupa a la opinión pública de estos países.

Las gigantescas maniobras militares celebradas recientemente en el mar Báltico pretenden enviar un mensaje inequívoco a Moscú: la Alianza está dispuesta a defender a sus nuevos socios. A su vez, Rusia responde con el envío de tropas y material bélico al enclave de Kaliningrado, reforzando también los efectivos estacionados en Crimea. Y el vicepresidente Biden advierte: Putin no quiere la paz. París y Berlín replican al unísono: Europa no quiere la guerra. Washington insiste: el pueblo ucranio tiene derecho a disfrutar de los valores de la democracia. Pero, ¿a qué democracia se refiere la Administración Obama?

A Joe Biden le preocupa también la dependencia de los aliados europeos de los suministros de gas natural ruso. Obviamente, las perspectivas son poco halagüeñas. La mayoría de los países de Europa oriental y central depende de las exportaciones de la compañía rusa Gazprom. ¿Alternativas? Muy pocas, de momento. Norteamérica no ofrece soluciones viables. Como tampoco ofrece respuestas concretas a la crisis provocada por el auge del Estado Islámico en el Mashrek. El monstruo fue creado con el aval de los aliados de Washington en la zona y la aquiescencia de la Administración demócrata.

Hay otro asunto que preocupa a los aliados transatlánticos: el aumento de la violencia intercomunitaria en los Balcanes. En efecto, después de la aventura de Kosovo, donde la etnia albanesa logró crear un Estado fantasmal (¡y corrupto!) avalado por alianzas militares, las miradas se dirigen hacia Macedonia, nuevo objetivo de los desestabilizadores. La violencia registrada en las últimas semanas en este país presagia una oleada de nada pacíficas reivindicaciones de los extremistas del Ejercito Nacional de Liberación de Macedonia. Al parecer, entre los cabecillas de este grupo, vinculado al Ejercito Nacional de Kosovo, figuran guerrilleros y guardaespaldas de políticos albaneses y kosovares corruptos o de algunos jefes de las mafias balcánicas. Los norteamericanos denuncian y lamentan la aparente ineficacia de los europeos a la hora de emplear una política de mano dura con los terroristas.

Ni que decir tiene que la última página de la historia de los Balcanes aún queda por escribir. Cabe suponer que pronto presenciaremos el divorcio entre Bosnia y Herzegovina, feudos de musulmanes y eslavos, la aparición de la doctrina de la Gran Albania, proyecto expansionista que pondría en tela de juicio la soberanía nacional de Serbia, Macedonia, Montenegro y Grecia.

Decididamente, la desestabilización del Viejo Continente va por buen camino. La pregunta obligada es: cui prodest?

viernes, 22 de mayo de 2015

Un rehén llamado Osama


Cuatro años después de su muerte, Osama Bin Laden vuelve a ser noticia. Y lo es por partida doble: hace apenas unos días, el veterano periodista norteamericano Seymour Hersh, autor de numerosos ensayos sobre los abusos cometidos por el ejército de los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam o la ocupación militar de Irak, publicaba en la prestigiosa London Review of Books un amplio informe sobre la eliminación física del líder de Al Qaeda, en el que denunciaba las falsedades de la versión oficial sobre la muerte del multimillonario saudí. Según Hersh, la Administración Obama ocultó deliberadamente una serie de datos que podrían comprometer las relaciones de Washington con Paquistán y Arabia Saudí. Pocas horas después, la Inteligencia Nacional estadounidense facilitaba al gran público un listado – bastante incompleto – de los libros y documentos hallados en la biblioteca de Bin Laden en su refugio de Abbottabad. ¿Simple casualidad? Los portavoces de la CIA insisten en que los hechos no están relacionados.

Pero procedamos por partes.  La investigación llevada a cabo por Hersh  detecta una serie de incoherencias, véase inexactitudes, en el relato oficial de la Casa Blanca. Es falso, señala el periodista, que los generales Ashfak Parvez Kayani, jefe del Estado Mayor del ejército paquistaní, y Ahmed Shuja Pasha, director de los servicios de inteligencia, no hayan sido informados sobre la misión de la unidad de élite de la Marina encargada de eliminar a Bin Laden.  Ambos estaban al tanto de la presencia del líder de Al Qaeda en el país; ambos sabían dónde estaba recluido el rehén Bin Laden. De hecho, Osama contaba con la complicidad y la protección del estamento castrense paquistaní. El jefe de Al Qaeda fue detenido a comienzos de 2006 por los agentes del Servicio de Inteligencia de Islamabad (ISI), quienes lo trasladaron a Abbottabad, pequeña localidad situada a tres kilómetros de la Academia Militar de Paquistán y a unos minutos de la base ultrasecreta de Tarbela Ghazi, centro de formación de oficiales de la inteligencia militar.  Aparentemente, los paquistaníes estaban dispuestos a negociar la entrega de Bin Laden a las autoridades norteamericanas. Pero el toma y daca no llegó a materializarse.

A mediados de 2010, un alto cargo del ejército de Paquistán facilitó a la CIA detalles acerca del escondite del saudí. A cambio, eso sí, de la recompensa de 25 millones de dólares ofrecida por Washington a los informadores. Al comprobarse la veracidad de los datos, el militar fue trasladado junto con sus familiares a Washington. En comparación con Roma, Norteamérica paga a los espías…

Durante meses, los servicios de lucha antiterrorista estuvieron barajando las posibles opciones para la eliminación de Bin Laden. Se descartó la utilización de armas antibúnker o el envío de drones. Cuando Washington se decantó por la operación aérea, los estrategas llegaron a  la conclusión de que necesitaban el apoyo logístico de Paquistán. No fue una decisión precipitada; el general Shuja Pasha se había entrevistado en numerosas ocasiones con su homólogo de la CIA. Curiosamente, tanto los paquistaníes como los norteamericanos temían una hipotética intervención de los servicios de inteligencia  saudíes, que habían protegido a Bin Laden en todo momento, desde su marcha a Afganistán hasta la reclusión en Abbottabad.

Según Hersh, tanto el Estado Mayor como el Servicio de espionaje militar paquistaníes participaron – directa o indirectamente – en la operación aérea. Detalle interesante: los militares que custodiaban la residencia del saudí fueron retirados un par de horas antes del inicio del operativo. Por si fuera poco, toda la información relativa a la actuación del comando de marines fue eliminada de los ordenadores del Pentágono. El expediente pasó a la base de datos confidenciales de la… CIA.

También asegura el periodista norteamericano que el funeral islámico celebrado  a bordo del buque de guerra Carl Vinson jamás tuvo lugar. ¿Y el entierro en alta mar? El autor de esas líneas dudó de la veracidad de la versión oficial.

Algunos medios de comunicación estadounidenses critican a Hersh por no haber facilitado la identidad de sus informadores. Pero ¿acaso alguien conoció la verdadera identidad de Garganta Profunda, la misteriosa fuente de información que desató el caso Watergate?


La Oficina de Inteligencia Nacional nos ofreció, por su parte, un breve esbozo de lo que parece haber sido la biblioteca de Osama Bin Laden. Con los inocentes comentarios de la casa, que insinúa que el saudí estaba interesado en desestabilizar la economía francesa, provocando una reacción en cadena en el mundo industrializado. Los demás títulos desclasificados reflejan el interés del líder de Al Qaeda por la geopolítica. Extraño, ¿verdad? Hasta los terroristas leen. Y, al parecer, leen mucho…

domingo, 3 de mayo de 2015

Barack Hussein Obama – luces y sombras


A Barack Hussein Obama, cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos, se le recordará… ¿por? Hay quien estima que el segundo y último mandato del actual inquilino de la Casa Blanca ha pasado el Ecuador con más sombras que luces. El Presidente busca desesperadamente el equilibrio entre sus derrotas y sus victorias para poder dejar huella en la historia norteamericana.

Obama empezó su carrera a la Presidencia de los Estados Unidos con un persuasivo Yes, we can (Sí, podemos). Una frase que llenaba de optimismo a los ciudadanos de un país humillado por los ataques del 11 de septiembre, una gigantesca operación castigo contra el régimen talibán de Kabul, que acabó en un atolladero, el fracaso de la intervención armada de Irak, que engendró nuevos semblantes del radicalismo islámico. Yes, we can…  Norteamérica estaba deseosa de olvidar el sombrío pasado.  Sus pobladores apostaron, por vez primera, por un candidato afroamericano.

Apenas un año después de su llegada a la Casa Blanca, el exsenador demócrata por Illinois fue galardonado con el Premio Nobel por la Paz, por sus esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos y su visión de un mundo sin armas nucleares. Algunos politólogos no dudaron en tildar de precipitada la decisión del Comité Nobel noruego. En efecto, durante la presidencia de Obama los conflictos internacionales se multiplicaron. Las turbulencias pusieron de manifiesto la fragilidad del hasta entonces incontestable poderío de los Estados Unidos.  Seis años después de aquel convincente Yes, we can, algunos analistas políticos se dedican a poner en entredicho la gestión del Presidente.
    
A la hora de evaluar los éxitos y los fracasos de la política de Obama, los medios de comunicación procuran hacer hincapié en los aspectos positivos de ésta: el acuerdo nuclear con Irán, que pretende evitar la proliferación de armas atómicas en una de las regiones más inestables del planeta y la normalización de las relaciones con Cuba, interrumpidas desde la década de los 60, pírrica victoria del imperialismo yanqui sobre el socialismo revolucionario castrista.

En ambos casos, conviene estudiar con detenimiento el alcance de las medidas. El acuerdo nuclear con Irán tendrá que contar con el visto bueno (y probable supervisión) de las Cámaras, controladas por mayorías republicanas hostiles a la acción exterior del Presidente y propensas a hacer suya la argumentación belicosa de los halcones de Tel Aviv. ¿Sobrevivirá el acuerdo nuclear? Los dinamiteros de Washington y de Teherán harán todo lo que esté en su poder para precipitar el naufragio.

La normalización de las relaciones Estados Unido – Cuba ha tenido un gran impacto a nivel continental. Sin embargo, sus detractores aseguran que se trata de un mero intento de aislar al llamado grupo de países bolivarianos - Venezuela, Ecuador, Bolivia, ¿Argentina? – cuyos gobernantes apuestan por la fuerte presencia rusa y china en el hemisferio Sur. Ficticia o real, la amenaza se ha convertido en la pesadilla de Washington.

Por su parte, los detractores del Presidente (que son legión) prefieren destacar los errores cometidos por Barack Obama desde su llegada a la Casa Blanca. Aluden al fracaso de las mal llamadas Primaveras árabes, el derrocamiento de Gadafi y el caos que se apoderó de Libia tras la intervención de la OTAN, la caída de Hosni Mubarak, que dejó vía libre al Gobierno liderado por los Hermanos Musulmanes, la crisis diplomática con Israel, el fiel aliado de Washington en la zona, el enfriamiento d las relaciones con Arabia Saudita, el otro incondicional de la política estadounidense, la incapacidad de apreciar en su justo valor el poderío y, por consiguiente, el peligro del Estado Islámico, el abandono prematuro de Irak y Afganistán, la incomprensible permisividad frente al talente poco democrático del Presidente turco Erdoğan…  

Para Daniel Pipes, politólogo republicano que defendió en su momento la política exterior de George W. Bush,  la doctrina de Obama se resume en pocas palabras: buenas relaciones con los enemigos de los Estados Unidos y frías con sus aliados.

Queda otra incógnita: la postura de Barack Obama ante un posible enfrentamiento con Rusia en el conflicto armado de Ucrania. En este caso concreto, las mayores reticencias provienen de las capitales europeas: París y Berlín. Los gobernantes del Viejo Continente prefieren la solución diplomática. 

miércoles, 22 de abril de 2015

El desafío de los viejos generales


La crisis de Ucrania podría desembocar en una segunda Guerra Fría; La agresión de Rusia representa el mayor reto para la seguridad europea; Europa se rearma frente a la amenaza rusa. La lectura de los titulares de la prensa occidental me recuerda, extrañamente, los peores años de la Guerra Fría, la jerga belicosa empleada por los dos bloques militares empeñados en controlar el destino de los europeos: la Alianza Atlántica y el Pacto de Varsovia. Mas la confrontación ideológica Este – Oeste finalizó en la década de los 90 del pasado siglo, sin la inquietante intervención de los militares, predispuestos a apretar el gatillo o recurrir a los terroríficos artefactos nucleares almacenados en el suelo del Viejo Continente.  Aparentemente, el sentido común de los políticos había alejado el desencadenamiento de la Tercera Guerra Mundial. Pero se trataba de una simple tregua.

Los conflictos armados de la última década del siglo XX – Bosnia, Serbia, Kosovo – cambiaron la fisionomía de los Balcanes. Bosnia recuperó sus atributos de país musulmán; Serbia volvió a ser un territorio pobre, rodeado por vecinos codiciosos y molestos; Kosovo tuvo la dicha de convertirse en el primer protectorado de la OTAN ubicado en una de las regiones más inestables de Europa. El común denominador de los tres conflictos: la limpieza étnica. La solución trajo consigo los tráficos de armas y de drogas, la corrupción, la criminalidad, el reinado de las mafias. Todo ello, bajo la complaciente o cómplice mirada de los funcionarios internacionales y los expertos europeos.

El operativo militar en los Balcanes, liderado por el general estadounidense Wesley Clark, comandante en jefe de la OTAN, desembocó en la modificación de las fronteras. De la antigua Yugoslavia, promotora del Movimiento de los No Alineados, la famosa tercera vía entre el comunismo y el capitalismo, sólo queda un vago recuerdo. El ensayo resultó concluyente: se abría el camino para la expansión hacia en Este. 
  
Trescientos paracaidistas norteamericanos llegan a Ucrania. La noticia, publicada hace apenas unos días en los periódicos europeos, hace hincapié en el carácter pacífico de esta visita. Los militares estadounidenses se limitarán a adiestrar a los miembros de la futura Guardia Nacional ucrania, cuerpo de élite integrado por antiguos paramilitares.

Tranquilícese, estimado lector: nos aseguran nuestros ángeles de la guarda que la crisis de Ucrania poco tiene que ver con la Guerra Fría. Se trata de una guerra híbrida, eufemismo empleado por los estrategas para ocultar verdades por todos conocidas. Sin embargo, la guerra híbrida sirve para el envío de material sofisticado a las autoridades de Kiev. Los suministros se efectúan a través de empresas privadas que sirven de tapadera para la venta de armas, aparentemente no autorizadas por los Gobiernos.

Paralelamente  se registra un incremento del gasto militar de los nuevos miembros de la OTAN: Polonia, los países bálticos, Rumanía y Bulgaria. Se trata, en realidad, de los únicos países de la Alianza Atlántica que aumentan los presupuestos de defensa, pues tanto los EE. UU. como las potencias occidentales – Alemania, Francia, Italia, Dinamarca y Portugal – planean aplicar recortes drásticos a sus respectivas partidas de defensa. 

Hay que armar a Ucrania. Rusia atacará dentro de dos meses, afirma el ex general Wesley Clark en una entrevista concedida al semanario estadounidense Newsweek. Clark encabeza un triunvirato castrense, integrado por el general Patrick M. Hughes, antiguo director de la inteligencia militar norteamericana y el también general John S. Caldwell, ex jefe adjunto del Estado Mayor, encargado del suministro de armamento, que dirige actualmente una de las más importantes compañías especializadas en la venta de material bélico sofisticado. Curiosamente, al trio se le suma el multimillonario George Soros, ex especulador reconvertido a mecenas y pensador, también partidario de un enfrentamiento abierto entre Ucrania y Rusia. Estima Soros – y lo pregona – que en Ucrania se defienden los valores y los principios sobre los que se creó la… Unión Europea. Olvida sin embargo el financiero húngaro-americano el renacer de los movimientos de corte nazi y la omnipresente corrupción, principal lacra de Ucrania. 

Por ende, conviene señalar que el diabólico cuarteto dispone de fondos ilimitados, mueve el negocio de armas y cuenta con influencias a escala mundial. En este caso concreto, utiliza hábilmente un argumento clave: si la UE no se involucra, aunque sólo sea indirectamente en el conflicto, Europa dejará de tener un peso específico en las relaciones internacionales.


En resumidas cuentas: la guerra caliente contra el oso ruso está servida.