lunes, 15 de agosto de 2022

Alemania: la desglobalización nos empobrece

 

La locomotora europea ya no tira. Su velocidad de crucero ha disminuido considerablemente en los últimos meses. Y las perspectivas son poco halagüeñas. En efecto, tanto Francia como Alemania, auténticos motores económicos del Viejo Continente, reconocen su incapacidad de dinamizar el proyecto europeo, paralizado por las incesantes manobras que presagian el comienzo de una nueva Guerra Fría.

La situación del país galo es poco boyante. Cuatro años después del terremoto provocado por los chalecos amarillos, la estructura socio-política de Francia parece descabezada. Emmanuel Macron no cuenta con el apoyo parlamentario indispensable para llevar a cabo su proyecto neoliberal, inspirado por los gurús de los centros de estudios financieros, ya de por sí alejados de la vida cotidiana.

Macron es un buen teórico. Pero de la teoría a la práctica hay un abismo, afirman los veteranos parlamentarios galos, irritados por los frecuentes titubeos y resbalones del Presidente.   

Quien parece haber heredado el ademán de los titubeos (¡políticos!) es el canciller alemán Olaf Sholz, poco propenso a imitar el estilo de su predecesora, Angela Merkel.  Consciente de tener que navegar en aguas turbias, Scholz improvisa, combinando el tremendismo con un excesivo optimismo.

En el ámbito comunitario, el canciller tiene que soportar los frecuentes ataques de los conservadores polacos que, al dirigir sus críticas contra el supuesto autoritarismo de la también alemana presidenta de la Comisión Europea, Ursula van der Leyen, aluden al colonialismo germano de la UE. De hecho, el Parlamento polaco ha exigido la destitución, sí, destitución de van der Leyen alegando su intromisión en los asuntos internos de Polonia al supeditar el envío de los fondos para la recuperación de la pandemia a la modificación de las normas poco democráticas que rigen las relaciones entre el Ejecutivo y el Poder Legislativo polacos.

Otra batalla se libra en el frente húngaro, donde el populista Viktor  Orban reclama la abolición de la normativa de género de la UE, considerándola incompatible con los usos y costumbres del pueblo magyar.

Para nosotros, los húngaros, el núcleo conyugal está compuesto por un hombre y una mujer. ¡Y nada más! afirmó Orban durante su reciente gira por los Estados Unidos. Cosechó los efusivos aplausos de una audiencia de militantes trumpistas, más identificada con el ideario de Orban que con las necedades de los gnomos europeístas de Bruselas. Y aunque los eurócratas traten de acallar las voces discordantes o de ocultar las criticas cada vez más virulentas de los díscolos húngaros y polacos, su discurso encuentra eco en Croacia y Rumanía, cuya opinión pública se identifica con la argumentación de los rebeldes.  

También en el ámbito comunitario, sorprendió la decisión de Berlín de oponerse a la recaudación de fondos para Ucrania. El “paquete” de 8.000 millones de euros destinado a la asistencia a Kiev quedó bloqueado por la negativa alemana de financiar el esfuerzo de guerra de Zelensky. Para el equipo de Scholz, las cantidades exigidas por el líder ucranio difícilmente serán reembolsable a corto o medio plazo.

Berlín puso encima de la mesa 1.000 millones de euros, frenando la euforia comunitaria. Zelensky no tardó en calificar el gesto de Scholz de…crimen, de abandono del pueblo ucranio.    

En el ámbito interno, Olaf Scholz tiene que enfrentarse al creciente malestar del sector empresarial, preocupado por la desglobalización de las actividades económicas. Lo industriales temen que una más que previsible guerra comercial con China resultaría demasiado costosa para su país.

Conviene señalar que, en 2021, los intercambios comerciales con Pekín ascendieron a unos 245 000 millones de euros. Una reducción del comercio tendría consecuencias devastadoras para Alemania.

Una desvinculación económica de la Unión Europea del gigante asiático, que implicaría la adopción de represalias por parte de China, le supondría a Alemania un coste seis veces superior a las pérdidas del Brexit. Es lo que se desprende de un estudio realizado por el Instituto IFO (Institut fuer Wirtschaftsforschung) para la Asociación de Industriales Bávaros.

El trabajo, un índice de clima empresarial de la economía germana, se basa en el resultado de cuestionarios enviados a 7.000 empresas, que evalúan las perspectivas de negocios a corto plazo, utilizado para la confección del indicador mensual de confianza.

La desglobalización nos empobrece. En lugar de alejarse sin una razón aparente de importantes socios comerciales, las empresas deberían disponer de información exhaustiva que les permita reducir la dependencia de ciertos mercados y regímenes autoritarios, afirman los autores del informe, haciendo hincapié en el hecho de que China es, con gran diferencia, el socio comercial más importante de Alemania. Aparentemente, un acuerdo comercial entre la UE y los EE. UU. podría amortiguar el impacto negativo de la desvinculación de China, aunque sin poder compensarlo por completo.

En Alemania, los principales sectores perjudicados por una guerra comercial con el gigante asiático serían la industria automotriz (-8,47% pérdida de valor agregado; -$8.306 millones), las empresas de transporte (-5,14%); -1.529 millones de dólares) y fabricantes de maquinaria y equipos (-4,34%; -5.201 millones de dólares), según datos facilitados por la publicación comunitaria Europe Today .

Si Alemania, país exportador, quiere reorientar su modelo de negocios, la deslocalización de la cadena de suministros no sería la solución más idónea. Una opción más inteligente consistiría en establecer alianzas estratégicas y acuerdos de libre comercio con naciones afines, como los Estados Unidos, sugieren los autores del informe. Más claro…

Obviamente, la locomotora ya no tira.

jueves, 4 de agosto de 2022

Olaf Scholtz y la turbina perdida


Scholtz y la turbina perdida… ¿Es este el tema de actualidad, el verdadero tema del día para un comentarista de política internacional? No sé por qué, me parece haber oído comentarios reprobatorios, algo bastante corriente en nuestra profesión. Me llegan ecos:

¿Por qué no hablas del cálido recibimiento del príncipe heredero de Arabia Saudita, el ex paria acusado por Occidente de haber ordenado el asesinato a sangre fría de un compañero tuyo, Jamal Khashoggi, en el Eliseo? ¿También Macron contribuye al blanqueo de imagen del príncipe, sumando su voz a quienes vaticinan una crisis apocalíptica petrolífera? ¿De verdad necesitamos el parche saudí?

¿Por qué no hablas de la crisis provocada por la dimisión de Boris Johnson, de su política errante? ¿O de la caída de Mario Draghi, debida supuestamente a la injerencia del servicio secreto ruso? ¿O del enfrentamiento entre Serbia y Kosovo, un conflicto en ciernes en el corazón de Europa? ¿O del resurgir de la eterna guerra de Nagorni Karabaj, donde turcos e iraníes mueven ficha a través de armenios y azeríes interpuestos? ¿Y Taiwán?  ¿Qué opinas de Taiwán?

No, queridos compañeros; hoy me quedo con las turbinas de Scholtz, con el acuciante problema del suministro de combustible ruso destinado a los países de Europa occidental. Aparentemente, el porvenir oscuro del pueblo alemán se resume – según la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen – a la necesidad de compensar el frío de la hibrida calefacción invernal con un buen jersey de lana y… ¡una manta! Igual que durante la ofensiva de invierno de la Wehrmacht en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos combatientes murieron congelados. Pero ellos dieron la vida por el Reich y el Führer, no por las restricciones impuestas por algún eurócrata.   

Hoy me quedo con las turbinas de Scholtz, un episodio ilustrativo del desconcierto generalizado que se está apoderando de nuestros países. De Occidente, de la OTAN (expresión empleada últimamente para destacar nuestra voluntad de seguir unidos).

La historia de las turbinas me recuerda las operetas vienesas de comienzos del siglo pasado, donde los dramas y los conflictos se esfumaban en los últimos minutos, dando paso a cantos de jubilo de los protagonistas. Aparentemente, el libreto de nuestra opereta bruselense resulta más sobrio, por no decir, triste. Pero prefiero no ahondar en el tema: hoy no toca comentar el conflicto de Ucrania. 

Lo cierto es que la turbina necesaria/indispensable para el suministro de gas ruso a Alemania, que hizo mutis en unos talleres de Canadá, volvió a aparecer en las instalaciones de Siemens de Alemania. Está en perfectas condiciones; puede funcionar y facilitar la reanudación de los suministros. Pero… aún queda un detalle; la turbina tiene que enviarse a Rusia. Algo imposible, según las autoridades germanas; las restricciones impuestas a Rusia lo impiden.

Las sanciones económicas no se aplican a la turbina, afirma rotundamente la dirección de Siemens. Y el sainete continúa, igual que la perspectiva de que los alemanes tengan que agenciarse una buena manta para el próximo invierno.

Mas no es éste el único episodio tragicómico de la actualidad alemana. Hace apenas unos días, los vecinos del canciller Scholtz encontraron en la calle varios documentos confidenciales del Gobierno alemán, así como informes secretos sobre la celebración de la cumbre del G 7, provenientes de la basura de los Scholtz. 

Algunos de los documentos estaban marcados como Confidencial. Tal clasificación implica que los documentos en cuestión tienen un grado máximo de seguridad y no deben salir de los edificios gubernamentales.

Una nota informativa del Ministerio de Asuntos Exteriores ofrece detalles sobre la cumbre del G7 y, especialmente, sobre las cónyuges de los líderes del G7. Se señaló, por ejemplo, que la esposa de Boris Johnson, Carrie Johnson, estudió el arte y la historia del activismo ambiental. El comentario sobre Maria Serenella Cappello, la esposa del primer ministro italiano Mario Draghi, indica que es licenciada en literatura inglesa y que prefiere evitar el público. Sobre la esposa del primer ministro japonés se mencionó que es secretaria en la empresa Mazda; la primera dama de Estados Unidos, Jill Biden, y la esposa de Emmanuel Macron, Brigitte, figuran como maestras.

Señala la prensa alemana que la Administración debería haber abierto un expediente disciplinario por tal falta, tanto más reprobable cuanto que tanto el canciller como su esposa tienen una dilatada experiencia en la política y la función pública.

Pero el incidente tiene, al igual que el sainete de las turbinas, un final burlesco. Resulta que los responsables de la revelación de secretos oficiales son ¡los zorros! que hurgaron en la basura de la familia Sholtz. Por su culpa, decenas de páginas salieron volando de los contenedores, causando la sorpresa y el estupor de los vecinos.

Conociendo la mentalidad alemana, no dudo de que alguien tocó el timbre de los Scholtz, informándole, con la mayor buena voluntad:

Herr Bundeskanzler, se le han traspapelado unos documentos. Un buen alemán sigue siendo un buen alemán, a pesar de las fechorías de los zorros, que se deben, sin duda alguna, al…cambio climático.

 

domingo, 24 de julio de 2022

Ucrania: ¿un banco de pruebas?

 

Malas noticias para el presidente ucraniano Volodímir Zelensky. La ministra de Defensa alemana, Christine Lambrecht, ha reconocido que el material bélico que la Bundeswehr está dispuesta a transferir a Ucrania como parte de la asistencia militar germana se está agotando.

Ya no podemos sacar mucho más de los arsenales del Ejército, lo diré claramente; mi colega, el titular de Defensa de Ucrania, también lo sabe, manifestó Lambrecht en una entrevista concedida al rotativo Die Welt. Por otra parte, la ministra reiteró la disposición de su país de seguir apoyando militarmente a Kiev.

A finales de abril, Lambrecht aseguró que Alemania estaba lista para entregar sistemas antiaéreos Cheetah a Ucrania. Aparentemente, el primer envío incluirá 15 baterías antiaéreas y alrededor de 60.000 proyectiles.

En junio, el ministro de Defensa ucranio, Oleksiy Reznikov, anunció que su país había recibido de Alemania obuses autopropulsados ​​Panzerhaubitze 2000 destinados a las unidades de artilleros que recibieron la formación idónea en el país germano. El anuncio coincidió con la publicación en Berlín del primer listado de armamento transferido a Kiev junto con el cronograma de las próximas entregas, que incluyen cañones antiaéreos autopropulsados ​​Gepard, sistemas de defensa aérea IRIS-T, lanzadores múltiples de misiles Mars, camiones y furgonetas. 

Hasta aquí, las malas noticias.

Buenas noticias para la industria de armamentos. Ucrania se ofrece abiertamente, a través de su titular de Defensa, Oleksiy Reznikov, a convertirse en el banco de pruebas del armamento moderno de la OTAN, en el lugar donde puedan ensayar, en escenarios de lucha reales, nuevos artefactos bélicos contra un enemigo con alto potencial militar.

… invitamos a los fabricantes de armas a probar nuevos productos aquí, manifestó recientemente Reznikov, haciendo hincapié en el hecho de que los productores se beneficiarían de la experiencia de combate del ejército ucraniano usando sus armas contra las tropas rusas.

Creo que, para nuestros socios de Polonia, Estados Unidos, Francia o Alemania, sería una buena oportunidad para probar sus equipos. Dadnos el material, haremos la labor y os facilitaremos la información requerida, añadió el ministro durante una entrevista con John Herbst, director del Eurasia Center del Atlantic Council. Reznikov manifestó que algunos equipos, como por ejemplo los sistemas de artillería polacos Krab, se están estrenando en el conflicto entre Rusia y su país.

 

Ucrania es esencialmente un banco de pruebas, subrayó el ministro, señalando que el ejército ruso actuaba de manera similar. Muchas armas se están probando ahora en el campo de batalla. Los rusos actúan de idéntica manera para probar sus sistemas de guerra electrónica o de defensa antiaérea, los misiles de crucero y los cohetes balísticos.

 

Volodímir Zelensky tardó 24 horas en desautorizar las declaraciones de Reznikov, asegurando que… Rusia estaba utilizando el territorio de su país como banco de pruebas. Claro que Zelensky no se dirigía a los representantes de la industria de armamentos, sino a los medios de comunicación occidentales.

 

Conviene recordar que las impactantes y controvertidas palabras de Volodímir Zelensky: lucharemos hasta el último ucranio, que provocaron el inevitable estupor del gran público, desaparecieron por arte de magia de las redes sociales. Sin embargo, varios testigos presenciales, entre los figuran Josep Borrell, Ursula von der Leyen y Jens Stoltenberg, aseguran haberlas oído.  

 

Eso, por si queda la más mínima duda…


lunes, 11 de julio de 2022

La travesía de los desiertos de Sleepy Joe (Biden)


Por favor, no molesten al Presidente con asuntos de poca relevancia. Este fue el mensaje trasladado por los emisarios del Departamento de Estado norteamericano a la cúpula de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en vísperas del viaje de Joe Biden a Oriente Medio.

Nada de efusividad ni de discursos inutiles, rezaban las instrucciones de la Casa Blanca. La foto de Biden con Mahmúd Abbas no tiene que desencadenar reacciones negativas en Israel ni muchísimo menos en Riad, última etapa de la peregrinación del inquilino de la Casa Blanca por tierras de Oriente. En resumidas palabras, el amigo israelí tiene que sentir el apoyo de Washington; el hasta ahora paria del desierto, el príncipe Mohammed Bin Salman, heredero de la Corona saudí, tiene que comprender que el octogenario político norteamericano viene en son de paz. No, en este caso concreto, tampoco se trata de exigir responsabilidades por el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, la oveja negra del régimen de Riad, que halló refugio en las páginas del Washington Post. Sí, es cierto; la muerte de Khashoggi provocó la ira de la prensa libre de Occidente, de los políticos estadounidenses, del propio Biden, quien se comprometió durante la campaña presidencial de castigar a Bin Salman. Pero en estos momentos, la Casa Blanca tiene otras prioridades; se trata de convencer a los señores del reino de las dunas de la necesidad de compensar, con un anhelado excedente de exportaciones, la pérdida de los hidrocarburos rusos, vetados por las restricciones impuestas por Occidente tras la invasión de Ucrania. Entre el oro negro y la honorabilidad de Bin Salman, Washington se decanta por… el crudo saudí.

Lo malo es que el príncipe se comprometió con Rusia – primera potencia productora de petróleo – a no adoptar políticas susceptibles de perjudicar los intereses de los países petroleros y, con China, de incrementar ostensiblemente las exportaciones de oro negro. Bin Salman tiene que retractarse, sugieren los asesores económicos de Biden. ¿Renunciar a la palabra dada? Un autentico desafío para el Presidente. ¿La contrapartida?   

Joe Biden tiene que convencer a los palestinos que el moribundo, véase difunto proceso de paz, se reanudará aceptando los compases de la música propuesta por los saudíes, un ritmo que no es del agrado de la plana mayor de la Autoridad Palestina.

Por su parte, los políticos israelíes, preocupados por el escaso interés de Washington por sus inquietudes - amenaza nuclear iraní, avance de los grupúsculos integristas hacia las fronteras del Estado Judío, recrudecimiento de los ataques de Hamas -, necesitan el espaldarazo de Biden para consolidar su actuación en la zona. El posible reconocimiento por parte de Arabia Saudita y las ansiadas oportunidades de negocios con el país de las dunas abran nuevos horizontes para Israel.

Los palestinos, simple moneda de cambio en este regateo, tendrán que aceptar la tutela de la monarquía saudí y los no siempre agradables ukases de la Casa Blanca. Norteamérica les está exigiendo no molestar a Joe Biden con el espinoso asunto de la apertura de un Consulado General estadounidense en Jerusalén este, no reclamar la reapertura de la oficina de la OLP en Washington, cerrada por la Administración Trump y renunciar a la investigación sobre el asesinato de la periodista palestino-norteamericana Shireen Abu Aqleh, que falleció posiblemente debido a un impacto de bala israelí. El termino posiblemente figura en el informe elaborado recientemente por las autoridades estadounidenses encargadas de dilucidar las condiciones de la muerte de Shireen. Obviamente, hay una diferencia abismal entre la vida de un periodista saudí y la de una palestina empleada por una cadena de televisión árabe. Obviamente, la paz en Oriente Medio no figura entre las prioridades de la Administración Biden.

 

jueves, 30 de junio de 2022

La ensoñación del Poseidón yanqui

 

Los neo-NATOs, países del este europeo recién admitidos en la Alianza Atlántica - nada que ver con las corrientes demográficas – suelen tildar a Rusia de Imperio del Mal.

Cabe suponer que China, reconocida como principal amenaza venidera de los adalides del Mundo Libre y sus acólitos, llevará – llegado el momento -el nombre de Imperio del Mal Supremo

Según el actual inquilino de la Casa Blanca, mientras Rusia es el enemigo que hay que derrotar, aplastar y dejar de rodillas, China es el mal sistémico que habrá que corregir. En realidad, ambas definiciones designan al nuevo enemigo de Occidente; al oponente que se había esfumado a comienzos de la década de los 90 del pasado siglo, tras la desintegración de la Unión Soviética y la desaparición del llamado campo socialista. Pero, ¡ay, error de cálculo! Los estrategas occidentales no habían contado con la supervivencia de la eterna Madre Rusia, con el carácter obstinado y rebelde de su pueblo, los pueblos eslavos asentados en esa extensa región. No, el mundo no se conquista con la civilización de la Coca Cola y la hamburguesa, como vaticinaba en su momento Condoleezza Rice, la flamante Secretaria de Estado de George Bush Jr. No; la felicidad de los rusos, de los pueblos indoeuropeos en general, no depende sola y únicamente de la prosperidad económica. El factor cultural, histórico y religioso es primordial para el desarrollo armónico de esas poblaciones. La Coca Cola no ha podido ocupar el espacio de lo sagrado; la hamburguesa no ha encajado en el Russian way of life (modo de vida ruso). Es cierto; lo extraño, lo desconocido, suele ejercer cierta atracción, pero los rusos creen en Dios, en la Madre Patria, en el padrecito zar, o pope, o secretario general del Partido (comunista) o Presidente de la nación. Dios, Stalin, Gorbachov, Putin: la deidad de turno. Las guerras patrióticas de la Madre Rusia suelen contar con más apoyo que los emblemáticos equipos de futbol occidentales. La noción de Patria es, sigue siendo, sagrada.

No vamos a analizar aquí los argumentos y contraargumentos de las partes involucradas en el conflicto de Ucrania; lo haremos próximamente, tras la publicación del nuevo concepto estratégico de la Alianza Atlántica, que se esboza esos días en Madrid. Aquí es donde se ha llegado a la conclusión de que Rusia y China, los dos colosos que no quieren someterse a los ukases de Occidente (léase Estados Unidos) son… nuestros enemigos.

La Federación Rusa, este país cercado por tropas de la Alianza Atlántica, pasó de ser aliado de la OTAN (¡nunca lo fue, Sr. Stoltenberg!) a desempeñar el papel de enemigo. Un desenlace lógico, teniendo en cuenta que el santo y seña de la Conferencia de Helsinki era desarmar a Rusia. Se trataba, en aquel entonces, del desarme ideológico. Pero el operativo fracasó. La consecuencia de este desacierto lo pagan los justos, no los pecadores. De hecho: ¿quiénes son los pecadores? Aún queda por ver…

En la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid, se nos desveló un secreto: al oso ruso, archienemigo de la civilización occidental, se suma el panda chino, simpático animalillo que se ha convertido en la pesadilla de la clase política del Primer Mundo. En nuevo peligro surge del Este: el brazo largo de China, el poderío militar de Pekín, preocupa sobremanera a las Cancillerías pro occidentales. Un ejemplo: durante el llamado Foro de Seguridad del Diálogo de Shangri-La, el ministro de Defensa de Camboya, Tea Banh, trató de convencer a los participantes, diplomáticos y militares asiáticos y occidentales, de que China no está construyendo una base militar en su país. Aparentemente, alguien pretendió acreditar la tesis de que el Ejército Popular de Liberación chino trata de crear una red global de centros estratégicos navales.  

Nosotros no tenemos ni queremos disponer de una red de bases militares parecida a las de Estados Unidos, que cuenta con más de 200 instalaciones en el mundo, aseguran las autoridades de Pekín. Nos interesa, eso sí, tener instalaciones portuarias capaces de albergar y dar servicio a los buques de la marina mercante y militar china.

Por su parte, Derek Chollet, alto cargo del Departamento de Estado de EE. UU., manifestó que Washington estaba persuadido de que China estaba construyendo una base en Ream (Camboya) en el Golfo de Tailandia. Hay indicios de que se trata de una instalación exclusivamente militar, dijo Chollet.  

En marzo, los medios de comunicación de la región se hicieron eco de la existencia de un acuerdo estratégico entre China y las Islas Salomón, que podría allanar el camino para que Pekín construya una base en este archipiélago. El año pasado, la Administración estadounidense sospechó que Pekín había inaugurado una instalación secreta en los Emiratos Árabes Unidos y podría tener planes similares en Guinea Ecuatorial.

Mientras Pekín rechaza las acusaciones relativas a la existencia de planes estratégicos, su ejército se dedica a construir una red de baluartes estratégicos a lo largo de las principales rutas comerciales marítimas para proteger los crecientes intereses chinos.  

Según un informe redactado por Isaac Kardon, profesor en la Escuela de Marina Militar de los Estados Unidos, las empresas públicas chinas poseen u operan al menos una terminal en 96 puertos en 53 países. Esta red de infraestructura portuaria podría convertirse en la columna vertebral de las operaciones del ejército en alta mar.

Nuestro modelo está orientado al desarrollo. Incumbe a nuestro ejército proteger este desarrollo en el extranjero, y también cosechar los frutos de ese desarrollo, señala un politólogo chino.

Los argumentos de las autoridades de Pekín no convencen a los Estados Unidos y sus socios en la región: Reino Unido, Japón, Australia y Nueva Zelanda, que tratan de frenar la influencia china en el Indo-Pacífico.

Los cinco países, que integran el recién creado proyecto Socios en el Pacífico Azul han publicado una declaración en la que se comprometen a buscar métodos eficaces para hacer frente a la creciente presión sobre el orden internacional libre y abierto basado en normas. El orden y las normas fijadas por el patrocinador de la iniciativa: los Estados Unidos.

Detalle interesante: los Socios en el Pacifico Azul fueron invitados a participar en la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid. Y no se trata de una mera casualidad. De hecho, la declaración conjunta señala la intención de la Casa Blanca de invitar a los ministros de asuntos exteriores de la agrupación a Washington para una evaluación de los avances obtenidos este año.  

Qué duda cabe de que resultará más difícil corregir el mal sistémico chino que aislar a Rusia, atentando contra su economía. Y más peligroso, sin duda, contemplar una confrontación bélica con el gigante asiático; una confrontación que podría desembocar en una debacle nuclear.

En realidad, en el caso concreto de China, Washington teme que el fulgurante avance tecnológico del coloso asiático podría acabar relegando a un segundo plano la economía ¡y tecnología! estadounidenses. En este caso, los comentarios sobran. 

martes, 14 de junio de 2022

El tío Joe y su nuevo desorden mundial

 

Más de un año tardaron los sherpas de la Casa Blanca y sus colegas del Departamento de Estado en ultimar los detalles del primer viaje presidencial a Oriente Medio. Un proyecto difícil, cuya materialización sufrió un considerable retraso debido al conflicto de Ucrania y sus efectos colaterales: el encarecimiento del precio de los crudos y el caótico estado del transporte marítimo, que afecta el suministro global de mercancías.

Por si fuera poco, las directrices provenientes del Despacho Oval eran muy claras: El presidente quiere que el viaje sea recordado como la culminación de la misión pacificadora de la Administración, enfocada en lograr resultados (positivos) para el pueblo norteamericano. Así de claro, pero…      

La visita de Joe Biden a Oriente Medio tendrá lugar del 13 al 16 de julio e incluirá escalas en Israel, los territorios palestinos y Arabia Saudita. Y no será forzosamente, un camino de rosas. La nueva fisionomía de la región, ideada por la Administración Trump, poco tiene que ver con el compungido Oriente Medio, atentico quebradero de cabeza para los diplomáticos estadounidenses. Los Acuerdos de Abraham, negociados por el equipo de Donald Trump, fueron aceptados – a veces, a regañadientes – por los Estados del Golfo, poco propensos a sellar las paces con Israel a cambio de nada. Pero el multimillonario neoyorquino reconvertido a político supo cuantificar el esfuerzo o sacrificio de cada uno de los actores. Con su mentalidad de hombre de negocios, Trump recurrió a la fórmula mágica: I buy! (compro). Fuera quedaron de este trato los principales interesados: los palestinos, quienes no tuvieron voz ni voto en el regateo de Washington con las capitales árabes y Tel Aviv. Alguien dijo en su momento que los Acuerdos Abraham eran una especie de contrato de compraventa aderezado con salsa diplomática. Por muy extraño que ello parezca, el engendro funciona.

Los asesores de Biden sugirieron al Gobierno israelí la convocatoria de una cumbre con los dirigentes palestinos, destinada a relanzar el moribundo proceso de paz interrumpido durante el mandato de Trump. Pero tanto el primer ministro israelí, Naftali Bennett, como el presidente de la ANP, Majmúd Abbas, descartaron la propuesta; ambos estiman que no se dan las condiciones para la reanudación del diálogo. Los israelíes apuestan por la desaparición física de Abbas y su sustitución por uno de los halcones de la cúpula palestina; Mahmúd Abbas, muy debilitado, se aferra al poder, bloqueando el proceso de renovación de las estructuras políticas de la Autoridad Nacional.

Los dirigentes israelíes estiman que después de la muerte de Abbas podrían iniciar el proceso de anexión territorial de Cisjordania, congelado in extremis en vísperas de la firma de los Acuerdos Abraham.

Lo que Israel reclama es la intervención del inquilino de la Casa Blanca para lograr la normalización de las relaciones con Arabia Saudita. En este caso concreto, la normalización se traduce por el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, que las altas esferas del reino wahabita supeditan a la… solución de la cuestión palestina. ¿Otra misión imposible para Biden?

Otra, sí, puesto que el primer obstáculo para el diálogo entre Norteamérica y Arabia Saudita consiste en perdonar al príncipe heredero, Mohammed Bin Salman, su participación en el complot que desembocó en la muerte del periodista Jamal Khashoggi, comentarista del Washington Post.  Biden se comprometió a exigir su castigo el año pasado, cuando los servicios secretos estadounidenses lo implicaron en la trama asesina. Es, al parecer, la condición sine que non para el reseteo de las relaciones entre Washington y Riad. Pero hoy por hoy parece descabellado imaginar que el presidente de los Estados Unidos le pregunte a Bin Salman: ¿por qué mandó vuestra alteza real matar a un comentarista del Washington Post? Queda, pues, la otra opción; la del borrón y cuenta nueva, del muy socorrido:  Aquí no ha pasado nada…

Sin embargo, lo cierto es que pasaron muchas cosas. Los saudíes cuentan con el apoyo de la Casa Blanca en su combate contra el régimen de los ayatolás iraníes, sus archienemigos en la zona, con la entrega de sistemas de defensa antimisiles, indispensables para neutralizar los ataques de los rebeldes hutíes, con una mayor coordinación de las políticas regionales, que reforzaría el prestigio del reino en la región del Golfo Pérsico.

Por su parte, Biden quiere reclamar un incremento de la producción de petróleo saudí, que cubra el vacío dejado por la imposición de sanciones a la venta de crudo procedente de Rusia. En efecto, las sanciones han provocado un efecto boomerang: Occidente padece la falta de petróleo ruso.  

Conviene recordar que Arabia Saudita apoyó desde el primer momento la política petrolera de Rusia, manifestando su solidaridad con otro gran productor de oro negro. ¿Renunciar al compromiso con Moscú para sumarse al bando del Biden? Para los hombres del desierto, como el príncipe Bin Salman, ello supondría faltar a su palabra de honor. Y en el desierto, el honor es el bien más preciado.

lunes, 6 de junio de 2022

Türkiye


No digas Turkey, di Túrkiye. La campaña político-lingüística iniciada en diciembre del pasado año por las autoridades de Ankara culminó la pasada semana con la adopción de Türkiye como nombre oficial del país.

El adalid y garante del proceso de cambio, aparentemente sólo lingüístico, fue el presidente Recep Tayyip Erdogan, poco conforme con la antigua denominación inglesa de su país. En inglés, Turkey significa pavo. El nombre del país suele asociarse, pues, en los países anglosajones, con la cena de Acción de Gracias, la Navidad o la celebración del Año Nuevo. Por si fuera poco, el diccionario Cambridge añade otras acepciones, como fallo grave o persona estúpida o tonta. Bastante, para herir la susceptibilidad de los herederos de la gloriosa tradición del Imperio Otomano, poco propensos a aguantar las mofas de maleducados angloparlantes.

Türkiye es la mejor representación y expresión de la cultura, la civilización y los valores del pueblo turco, manifestó Erdogan al iniciar los trámites para el cambio de nombre del país. Pero el decreto presidencial de diciembre tenía que contar con el aval de… las Naciones Unidas. La esperada luz verde de Nueva York llegó la pasada semana. A partir del 1 de junio, Turquía pasaba a llamarse oficialmente Türkyie.

 ¿Türkyie? La nueva denominación fue utilizada durante los últimos meses de 2021 por los organismos oficiales, la emisora nacional TRT y la agencia de noticias Anadolu. De hecho, el cambio de marca país había sido solicitado en 2020 por la Asamblea Nacional de Exportadores, que exigió abandonar el irónico Made in Turkey por Made in Türkyie. Al final, los exportadores se salieron con la suya. ¿Sólo los exportadores?

En realidad, el acta de nacimiento de Turquía se remonta a 1923. Antes de esta fecha, el territorio que ocupa hoy Türkyie formaba parte del Imperio Otomano. La Primera Guerra Mundial acabó con el Imperio; los pobladores de Anatolia encontraron, sin embargo, a su salvador. Se trataba de un militar turco nacido en la cosmopolita ciudad de Salónica, en la antigua Macedonia otomana. Mustafá Kemal Atatürk, que llevó a cabo una política rupturista, fue el verdadero artífice de la creación del país moderno.  

El nuevo Estado ideado por Atatürk (padre de los turcos) pretendía acabar con las estructuras obsoletas del Imperio, para convertirse en una república secular. Se separó la Religión del Estado y se procedió a un férreo control de las instituciones islámicas. Se cambió la capital de Constantinopla (ahora Estambul) a Ankara, se cambió el alfabeto árabe por el romano, se introdujo el apellido, inexistente antes de 1923 y, por ende, aunque no menos importante, se concedió el derecho de voto a la mujer. Conviene recordar que el sufragio femenino se introdujo en Europa continental a partir de 1919, después de la Primera Guerra Mundial. Por otro lado, las mujeres que ostentaban cargos públicos no podían usar la vestimenta musulmana.

Pero muchas de las reformas de Atatürk no fueron ni son del agrado del sector más conservador de la sociedad turca. Los partidos de corte islámico, que surgieron durante la segunda mitad del pasado siglo, no dudaron en atacar las estructuras kemalistas del Estado o de contemplar pura y simplemente la abolición de algunas normas, incompatibles con su percepción del país.

En 2002, cuando el AKP de Erdogan – una agrupación islamista moderna – se hizo con las riendas del poder, algunos politólogos y analistas especularon con el posible desmantelamiento gradual del kemalismo y su sustitución por estructuras más tradicionales, como por ejemplo el neo-otomanismo.

¿Será la consigna No digas Turkey, di Túrkiye un mero episodio de este soterrado combate?