lunes, 1 de abril de 2019

Turquía: el declive


El pasado fin de semana, dos Estados europeos – Eslovaquia y Ucrania – celebraron elecciones presidenciales. Curiosamente, en ambos casos los vencedores poco o nada tenían que ver con el anticuado establishment político de sus respectivos paises. Los recién llegados procedían de otros horizontes. La nueva Presidenta de Eslovaquia, Zuzana Caputová, es una abogada ecologista; el Presidente en ciernes de Ucrania, Volodymyr Zelensky, se enorgullece de ser guionista y… ¡actor cómico! Algo está cambiando, para bien o para mal, en la tradicionalista Europa. Sin embargo, la auténtica sorpresa llegó desde Turquía, escenario de unas aparentemente modestas consultas locales.

¿Modestas consultas? Jamás unas elecciones municipales despertaron tanto interés en las Cancillerías del Viejo Continente, en los medios de comunicación internacionales o los centros de estudios políticos. Con razón; esta vez, se trataba de comprobar la solidez del entramado institucional del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) y el prestigio de su líder, el Presidente Erdoğan. Un ejercicio sumamente útil, puesto que el país, acostumbrado a décadas de bonanza, está sumido en una grave crisis económica. A la debilidad de la moneda turca se han sumado una galopante inflación, un descenso de la productividad e incremento de la tasa del paro, que asciende al 13,5 por ciento. Poco halagüeñas perspectivas para los ciudadanos turcos, incapaces de asimilar los radicales cambios políticos y sociales registrados después de la intentona golpista de 2016. Al recorte de libertades se añade el constante deterioro de las condiciones de vida. El AKP ya  no está en condiciones de cumplir sus promesas.

Los resultados de la votación del pasado fin de semana reflejan un espectacular vuelco. Los grandes municipios de Anatolia, hasta ahora controlados por los islamistas, se han convertido en feudos del socialdemócrata Partido Republicano de Pueblo (CHP), heredero de la agrupación política fundada por Mustafa Kemal Atatürk. Tras su esperada victoria en  Ankara, el CHP se adueñó de ocho capitales de provincias y un sinfín de localidades pequeñas,  situadas tanto en el centro de país, tradicional baluarte del ultraconservador Partido de Acción Nacionalista (MHP), como en las orillas del Mar Negro, vivero de grupúsculos radicales violentos. Malos presagios, pues, para los islamistas de Recep Tayyip Erdoğan.

¿Se puede hablar de los primeros síntomas del declive del AKP? Sería prematuro presagiarlo: esta vez, los islamistas cosecharon el 45 por ciento de los votos, mientras que los kemalistas del CHP apenas sumaron un escaso 30 por ciento. Los partidos kurdos boicotearon la campaña,  considerando que la consulta estaba “amañada”.  
 
De amaño hablan también los expertos electorales del partido de Erdoğan, aludiendo al resultado de las votaciones de Estambul, donde el CHP no tardó en cantar victoria. En realidad, la diferencia entre los dos candidatos, el oficialista Binali Yildirim y el kemalista Ekrem Imamoğlu, era de apenas un décimo de punto 48,7 por ciento frente a 48,6 por ciento cuando la Comisión Electoral decidió interrumpir el recuento de votos. ¿Miedo a perder el control de Estambul, la joya de la corona? 

Erdoğan lo resumió claramente hace años, durante su mandato de regidor de la gran urbe: Quien gobierna Estambul conquista Turquía

Aparentemente, la actual conquista de Estambul dependerá de un fallo judicial. ¿Será este el comienzo de una nueva era?

domingo, 24 de marzo de 2019

Donald Trump ¿redentor del pueblo de Israel?


Dicen que la fe mueve montañas. Y, a veces, nos permite descubrir lo oculto. Felizmente, los testigos de la fe – algunos testigos privilegiados – nos iluminan la mente y devuelven a la senda de la verdad, de la Verdad absoluta.

¿Ciegos, nosotros? ¿Iluminados, ellos? Dicen que los caminos del Señor son inescrutables. Y más aún, tratándose del explosivo conflicto de Oriente Medio, donde la Administración Trump camina tal un elefante en una tienda de porcelana. Reconozcámoslo; la política exterior de Washington se parece cada vez más a una acumulación de parches incapaces de frenar una hemorragia. Tras la llegada del multimillonario neoyorquino a la Casa Blanca, los conflictos en la región se han ido acumulando, véase, acentuando. La lista es sumamente larga y los enredos, difíciles de desenmarañar.

Pero, vayamos por partes. El actual inquilino de la Casa Blanca apoya a Riad en su pugna contra el régimen (chiita) de Teherán. Sin bien para los saudíes se trata de un conflicto religioso, la postura de Washington refleja ante todo la inquietud del establishment político-militar de Tel Aviv frente a la presencia de tropas iraníes en la vecina Siria, el “contagio” de la comunidad chiita libanesa, encarnada por el movimiento armado Hezbollah, la innegable influencia del ideario jomeynista en la Franja de Gaza, controlada por los islamistas de Hamas.

Queda sin resolver el conflicto de baja intensidad entre Washington y Ankara, donde los intereses políticos y económicos se entremezclan, el insólito casus belli Arabia Saudita – Qatar, cumulo de quejas que poco tienen que ver con el auténtico motivo del enfrentamiento: las exportaciones de petróleo y gas natural a Occidente. La dinámica expansión comercial de los qataríes levanta ampollas en el reino wahabita. El conflicto divide a los países árabes, ya de por sí poco propensos a forjar una hipotética solidaridad. Obviamente, el panorama de la región ha experimentado un cambio espectacular en las últimas décadas.

En ese contexto, la incondicional defensa de los intereses israelíes por parte de Norteamérica podría parecer una afrenta a los aliados árabes. De hecho, el actual presidente de los Estados Unidos es el político más proclive la ideología ultraconservadora del Primer Ministro Benjamín Netanyahu, que tiene que afrontar la consulta electoral del 9 de abril con escasas probabilidades de alzarse con otra victoria. Acusado por la Justicia hebrea en varios casos de corrupción y malversación, el Primer Ministro israelí fantasea con un… milagro.

Curiosamente, el milagro llegó hace apenas unos días, cuando el profeta Mike Pompeo, jefe de la diplomacia estadounidense, antiguo director de la CIA y, ante todo, cristiano fundamentalista, aseguró en una entrevista concedida a la cadena Christian Broadcasting Network, que posiblemente, el presidente Trump haya sido enviado por Dios para salvar a Israel de Irán.

El inusual mensaje del dignatario estadounidense era el mero preludio al anuncio, más pragmático y conflictivo, del posible (y muy probable) reconocimiento por parte de Washington de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, ocupados por el Ejército judío durante la guerra de 1967, y anexionados, 14 años más tarde, por el Estado de Israel. El propio Trump utilizó su habitual herramienta diplomática – el Twitter – para instar a la comunidad internacional a que reconozca la validez de un hecho consumado: los Altos del Golán se hallan bajo control israelí.
 
Si a ello se le suma la decisión de trasladar la Embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén y el deseo de crear lazos entre Israel y el otro aliado de la Administración Trump en la zona, Arabia Saudita, cabe imaginar el desconcierto de los europeos ante la inminente publicación del futuro proyecto de Acuerdo (de paz) del siglo ideado por el yerno del Presidente, Jarred Kushner, un extraño en la política.
  
De todos modos, conviene señalar que la poco diplomática intervención radiofónica de Mike Pompeo coincidió con la adopción por parte de Washington de nuevas sanciones contra el régimen iraní.

Curiosamente, otro detalle completamente silenciado tanto por la Administración Trump como por las autoridades israelíes fue la concesión de la primera licencia de explotación petrolífera a la compañía estadounidense Genie Energy, asesorada por el ex vicepresidente  Dick Cheney, que tendrá derechos exclusivos sobre un radio de 153 millas cuadradas en el sur de los Altos del Golán. Detalle interesante: entre los accionistas de Genie Energy figuran los financieros Jacob Rothschild y Rupert Murdoch.

Estiman los politólogos estadounidenses que, en circunstancias normales, el Presidente Al Assad hubiese podido elevar estruendosas protestas contra este acto de piratería internacional, pero como en estos momentos Damasco está empeñado en combatir la violencia interna, la cuestión del Golán pasa en un segundo, véase tercer plano.

Inútil recurrir, pues, a mensajes mesiánicos. A buen entendedor…

jueves, 7 de marzo de 2019

Alemania, la OTAN y el "peligro nuclear" chino


La ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, sorprendió a propios y extraños al expresar públicamente su preocupación por la amenaza que representan los misiles chinos para… ¡la Federación rusa!

En declaraciones formuladas recientemente a los medios de comunicación de su país, la titular de Defensa sugirió que Moscú debería negociar con China un tratado de desarme perecido al INF, denunciado el mes pasado por los dos grandes de este mundo: Donald Trump y Vladimir Putin.

Si los misiles rusos representan una amenaza para Europa, los chinos lo son para Rusia, manifestó la ministra, aparentemente inquieta por la seguridad e integridad territorial de la antigua Unión Soviética. Extraña aseveración por parte de un dignatario germano, cuyo país forma parte de la OTAN, agrupación militar cuyas tropas están acantonadas en las inmediaciones de la frontera occidental de Rusia.

Ni que decir que las palabras de von der Leyen provocaron un profundo malestar en el Kremlin. Vladimir Djabarov, vicepresidente primero del Comité de Relaciones Internacionales del Consejo de la Federación Rusa, se apresuró a poner los puntos sobre las “íes”, señalando que los misiles chinos no representan una amenaza real para Rusia. A su juicio, Alemania pretende resucitar el Tratado sobre la Limitación de Armas de Alcance Intermedio, rescindido por las superpotencias nucleares.
Para la reactivación del Tratado INF, haría falta contar con varios Estados miembros. De hecho, tanto China, como la India o Pakistán tienen misiles de medio y corto alcance, señaló Djabarov, recordando que Putin manifestó su deseo de entablar negociaciones sobre el hasta ahora hipotético porvenir de un nuevo Tratado INF.

Cabe preguntarse si la amenaza china es un simple estratagema destinado a ocultar en deseo de Berlín de reactivar las consultas sobre desarme nuclear en Europa o una maniobra ideada para desviar la atención de otros movimientos estratégicos que preocupan en mayor medida a los estrategas de la Alianza.

De hecho, en estos momentos las miradas se dirigen hacia Turquía, miembro fundador a la vez que enfant terrible de la OTAN, que acaba de celebrar las mayores maniobras navales de su historia. En los ejercicios, llevados a cabo simultáneamente en tres mares, el Mar Negro, el Mar Egeo y el Mediterráneo, participaron más de cien navíos de guerra, aviones de combate, helicópteros y drones. El objetivo de este espectacular despliegue: hacer alarde del poderío militar y naval de Turquía, potencia regional emergente, dispuesta a ocupar un lugar clave en los proyectos geoestratégicos de Oriente y Occidente.

La Turquía de Erdogan sorprendió a los aliados occidentales al anunciar la compra de sofisticados sistemas de defensa antiaéreos S 400 de fabricación rusa y la adquisición, casi simultánea, de aviones de combate norteamericanos F 35. La transacción irritó sobremanera tanto a los altos mandos da la OTAN como al amigo estadounidense, habitual suministrador de armamento destinado al Ejército turco.

Al progresivo acercamiento de Erdogan a Rusia se suma otra iniciativa bélica que preocupa sobremanera a los aliados occidentales: la decisión de Ankara y Teherán de lanzar una ofensiva conjunta contra las fuerzas kurdas - aliadas de Washington - que combaten en suelo sirio. Para ambos regímenes, los kurdos son… terroristas.

Cabe preguntarse, pues, si los misiles chinos que tanto inquietan a la titular de Defensa alemana, constituyen una auténtica amenaza para la seguridad mundial.

lunes, 25 de febrero de 2019

Rearme nuclear: ¿quién rompió la baraja?


Hace apenas unas semanas, cuando el actual inquilino de la Casa Blanca comunicó su decisión de abandonar el Tratado sobre el control de Armas nucleares de alcance intermedio (INF), rubricado por las dos superpotencias – Estados Unidos y la URSS - en diciembre de 1987, la noticia fue acogida con aparente calma y una gran dosis de resignación por los estrategas de la Alianza Atlántica. ¿Sorprendidos? No, en absoluto. Desde la ceremonia de instalación, Donald Trump había divulgado el largo elenco de medidas de desconexión imprescindibles, según él, para llevar a cabo su proyecto: América primero. Una opción aislacionista, que pretende alejar a Norteamérica del resto del mudo.

Muy a menudo, las medidas contempladas por el actual Presidente de los Estados Unidos hacen caso omiso de los compromisos adquiridos por Washington en las últimas décadas en materia de seguridad, cooperación internacional, comercio o desarme. En el plano internacional, Donald Trump ha resucitado el viejo mantra de los enemigos de América: Rusia, China, Corea e Irán, creando un insostenible ambiente de psicosis bélica. ¿Estamos presenciando el resurgir de la guerra fría? Los politólogos occidentales tratan de quitarle hierro al asunto. Sin embargo, los nuevos-viejos rivales de Norteamérica prefieren no infravalorar la belicosidad del lenguaje del multimillonario americano. Sí, Trump parece un elefante en una  tienda de porcelana… reconocen algunos analistas, sorprendidos por la infinidad de estragos que logra causar la política del Presidente.

En el caso del Tratado sobre Armas de Alcance Intermedio (INF), pieza clave para el mantenimiento del equilibrio estratégico en Europa, Trump acusó a Rusia de haber infringido las cláusulas del acuerdo, al desarrollar misiles ultramodernos capaces de alcanzar objetivos estratégicos situados en suelo europeo. En principio, el INF prohibía a las potencias nucleares producir y almacenar misiles balísticos con un alcance de entre 500 y 5.500 kilómetros. La limitación progresiva de armamentos implicó la retirada y la destrucción de numerosos artefactos nucleares rusos y norteamericanos.

 Al anunciar la decisión de desvincularse del INF, Trump hizo caso omiso de detalles clave, como por ejemplo la expansión de la OTAN a los países de Europa oriental pertenecientes al antiguo Pacto de Varsovia, los deliberados intentos de incorporar nuevos Estados - Georgia, Ucrania y la República Moldova -  a la Alianza, la presencia de buques de guerra de la OTAN en el mar Negro, la proliferación de instalaciones militares occidentales en los países bálticos, Polonia, Bulgaria y Rumanía.

En los últimos dos años, el Kremlin ha protestado contra la presencia de los sistemas Aegis Ashore en Polonia y Rumanía. Para los estrategas de la Alianza, los artefactos balísticos almacenados en la inmediación de la frontera con la Federación rusa no constituye una violación del Tratado INF, puesto que el llamado escudo antimisiles desplegado por Washington y sus aliados tiene carácter meramente defensivo. Los militares rusos no comparten este punto de vista. Para los expertos en balística, se trata de armamentos de doble uso. En resumidas cuentas, el Kremlin y la Alianza Atlántica se acusan mutuamente de infringir las cláusulas del  Tratado, denunciado por Rusia 24 horas después de haberse materializado la retirada estadounidense.

Los socios estadounidenses han declarado que suspenden su participación en el acuerdo; nosotros también lo suspendemos”, manifestó Vladimir Putin durante una reunión con diplomáticos y militares rusos. Sin embargo, Putin instó al personal diplomático y militar a restablecer el diálogo con sus habituales interlocutores norteamericanos,  con miras a iniciar a la mayor brevedad una nueva ronda de negociaciones de desarme.

Pero apenas una semana después de la reunión, el presidente ruso aprovechó su discurso sobre el estado de la Nación, dirigido a los miembros de as dos Cámaras del Parlamento para amenazar con una nueva escalada armamentista si los Estados Unidos deciden desplegar más misiles en los países de la OTAN. 

Estamos listos para hacer frente a  una nueva crisis de los misiles, parecida a la de Cuba (1962) si Estados Unidos despliega más artefactos en Europa, señaló Putin, haciendo hincapié en la voluntad de Rusia de responder de forma simétrica y asimétrica a las amenazas de Washington. El primer mandatario ruso recordó que la industria de armamentos rusa está ultimando la producción de misiles hipersónicos y de drones submarinos. 

Curiosamente, en este caso concreto, la Alianza Atlántica, que no censuró la decisión de Trump de abandonar el INF, condenó la postura del Kremlin, exigiendo… más moderación.
  
Subsisten los interrogantes: ¿quién rompió la baraja y por qué?  Y, ante todo, ¿qué repercusiones tendrá la ausencia de un Tratado de control de armas nucleares para la seguridad del Viejo Continente?

sábado, 9 de febrero de 2019

He sido facilitador, relator, notario


El reciente debate sobre la necesidad de imponer la figura de facilitador, mediador o notario en el estéril debate entre el Gobierno de la Nación y los veleidosos representantes de una Comunidad autónoma terminó, como era de imaginar, en un estrepitoso fracaso. ¿La razón? No se trataba, como pretendían algunos, de un mero asunto de forma, sino de un problema de fondo. Lo que se pretendía, en realidad, era introducir observadores - preferiblemente, internacionales – en una disputa de familia anquilosada por la inflexibilidad de unos y la patente debilidad de otros. El que eso escribe no pretende analizar la legitimidad de los argumentos esgrimidos por las partes: el sentido común dicta la respuesta.

He de confesar que el galimatías lingüístico empleado por el Gobierno y el gobern, la absurda, aunque exquisita guerra criptosemántica que opone a Madrid y Barcelona, me trajo a la mente viejos recuerdos. Concretamente, el día en el que me convertí en facilitador, relator, notario  del conflicto israelo-árabe.

Sucedió en diciembre de 1973, durante la Conferencia Internacional de Paz convocada por los Estados Unidos y la Unión Soviética y auspiciada por la Secretaría General de las Naciones Unidas. El escenario: el ginebrino Palacio de las Naciones, remanso de paz edificado en los años 30 del pasado siglo, testigo de discretos conciliábulos y de estrepitosos fracasos diplomáticos. El Palacio – sede de la Sociedad de las Naciones, cerró sus puertas en diciembre de 1939. La guerra acababa de empezar.

En diciembre de 1973, acudieron a la cita ginebrina los representantes de tres Estados involucrados en el conflicto de Oriente Medio: Egipto, Israel y Jordania. Siria declinó la invitación cursada por las superpotencias; la OLP brillaba por su ausencia. En realidad, la conferencia se convirtió en un gran acontecimiento mediático. Aquí han más periodistas que delegados, afirmaba el presentador estrella de una cadena de televisión estadounidense. Sí, había más periodistas y, lógicamente, el conflicto se trasladó a las salas de prensa de las Naciones Unidas.
          
Su facilitador, relator, notario estaba dialogando con un pequeño grupo de informadores libaneses. La llegada del redactor jefe del Jerusalem Post, el periódico más influyente de Israel, convirtió nuestra charla en un auténtico velatorio.

¿Colegas árabes? preguntó el periodista del Post. Tengo varias preguntas para ustedes…. El silencio reinaba del otro lado de la mesa. Dígale que si quiere preguntar algo, lo haga a través de usted, contestó – en el mismo idioma – el comentarista político de la televisión libanesa. Me interesaría saber… replicó el israelí, dirigiéndose a mí, siempre en el mismo idioma común, en inglés. Aquello recordaba, salvando las distancias, las peleas familiares: Niño, dile a tu padre…  Tú, dile a tu madre…

La conversación a tres bandas duró alrededor de 45 minutos. No faltaron las descalificaciones, las recriminaciones, las declaraciones solemnes de ambas partes. Hoy en día, cuatro décadas después de aquel estrafalario encuentro, no parece que las posturas de las partes hayan variado.
  
Me quedo, pues, con la duda: ¿para qué sirve el facilitador, relator, notario?