martes, 7 de diciembre de 2021

Diez millones de mahometanos abrazan la fe en Cristo

 

Influido por acontecimientos impactantes, como por ejemplo la caída de Kabul, un creciente número de musulmanes teme y rechaza el Islam radical, escribía recientemente Daniel Pipes, islamólogo y ante todo consejero áulico de la derecha estadounidense. A Pipes, fino conocedor de los entresijos del Islam moderno, se le echa en cara su parcialidad a la hora de analizar el complejo proceso de transformación que atraviesa el mundo árabe musulmán. Aunque los temas tratados suelen ser de gran relevancia, a veces la información facilitada puede parecernos incompleta. Pero el que fuera asesor de varios presidentes norteamericanos raramente corrige su tiro. ¿Mera soberbia? ¿Riesgo calculado?

 

Al abordar el espinoso tema de las conversiones de musulmanes al cristianismo – alrededor de diez millones desde los año 60 del pasado siglo – Daniel Pipes elude las estadísticas, detalle sumamente importante para comprender el alcance del problema. No se sabe a ciencia cierta si pretende apaciguar los ánimos de sus amigos israelíes, más propensos a censurar la violencia del mal llamado Islam político que a profundizar sobre el malestar provocado por los comportamientos radicales en el seno de la sociedad musulmana. Pipes nos ofrece, eso sí, su definición de los conversos, a los que tilda pomposamente de anti islamistas, dividiéndolos en cuatro categorías: los moderados, los irreligiosos, los apostatas y los conversos. 

 

Escasean también los datos sobre los países de origen. Los facilita, sin embargo, una cadena de televisión cristiana magrebí Al Hayat, dirigida por el hijo de un imán que abrazó la fe cristiana. Al Hayat alude en sus programas semanales a candidatos a la conversión provenientes de Jordania, Egipto, Túnez o Marruecos. Si bien se sabe que en Irán se registraron en las últimas décadas alrededor de 300.000 conversiones al cristianismo y budismo, se desconoce la situación reinante actualmente en países como Afganistán o Pakistán, donde el radicalismo islámico avanza a pasos agigantados.

 

En comparación con los eurócratas de Bruselas, que apuestan por eliminar las alusiones al cristianismo de la tediosa jerga comunitaria, los nuevos conversos parecen muy propensos a disfrutar de los usos y costumbres de su nuevo credo. Algunos hacen hincapié en el hecho de que la cuestión confesional no era un tema acuciante en el Oriente de comienzos del siglo pasado. Sin embargo, hoy en día la problemática ha variado. A la presión ejercida sobre las comunidades cristianas del antiguo Imperio Otomano a partir de 1915 – 1920, se suma la ofensiva contra los musulmanes que, según los doctores de la Ley coránica, se están apartando de la ortodoxia de las principales corrientes del mahometismo. En este contexto, los ejemplos que aporta Daniel Pipes son significativos.

En Egipto, los Hermanos musulmanes contaron, durante décadas, con el beneplácito y el apoyo del presidente Hosni Mubarak. Tras la caída del raís y el poco concluyente interregno del islamista Mohamed Morsi, las críticas contra el radicalismo redundaron en el auge de los detractores del Islam de trincheras, como Islam al Behairyh, Ibrahim Issa, Muktar Jomah, Khaled Montaser y Abadallah Nasr. Curiosamente, estos críticos cuentan con el apoyo del presidente Al Sisi, antiguo simpatizante de los Hermanos musulmanes.

 

En Arabia Saudita, cuna y baluarte del Islam puro (término acuñado por Osama Bin Laden), los ateos representan el 5 por ciento de la población, una cifra similar a la de Estados Unidos. Utilizando la estrategia del palo y la zanahoria, la monarquía saudita trató de abrir el país a un estilo de vida más moderno – más derechos para la mujer – promulgando al mismo tiempo una Ley antiterrorista que castiga el pensamiento ateo en todas sus formas o el cuestionamiento de los fundamentos de la religión musulmana en la que se basa el Estado. En resumidas cuentas, se establece la ecuación: ateo = terrorista.

 

Para el responsable de Inteligencia de la República Islámica de Irán, Mahmud Alavi, la rápida conversión de los musulmanes persas al cristianismo presupone un peligro para las estructuras estatales.

 

Uno de los principales objetivos del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), liderado por  el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan era la creación de una generación pía. Sin embargo, los jóvenes turcos no parecen dispuestos a elegir el modo de vida islámico. A la hora de la verdad, la mayoría se decanta por costumbres occidentales: relaciones prematrimoniales, sexo fuera del matrimonio, homosexualidad. Según una encuesta realizada en Turquía por el Instituto Gallup, el 73 por ciento de los entrevistados se define como “no religioso”.

 

La situación es, sin duda, diametralmente opuesta en las comunidades musulmanas de Occidente, donde el radicalismo islámico sigue ganado apoyos. ¿Algo que ver con nuestra percepción o actitud frente al Islam?

 

Un último dato que me aporta exultante mi documentalista: el jeque kuwaití Abdullah al Sabah, miembro del clan que dirige desde hace décadas los destinos del próspero principado, confirmó su reciente conversión al cristianismo. Una excelente noticia para Daniel Pipes y, ante todo, para los asesores de… Donald Trump.

domingo, 28 de noviembre de 2021

La Guerra Fría del pacifista Biden

 

Es Joe Biden el presidente pacifista llamado a subsanar los errores de Donald Trump, a hacernos olvidar los exabruptos del multimillonario convertido en estadista autodidacta?  Esta fue, por lo menos, la imagen que nos proyectaron durante la campaña presidencial de 2020 los asesores del partido Demócrata, empeñados en presentar a un candidato capaz de acabar los todos los males que aquejaban una América conmocionada por el inusual estilo del intruso Trump.

Cierto es que Donald Trump revolucionó el panorama político estadounidense. Mejor dicho, lo desajustó, logrando acabar con la alternancia de las dos corrientes dominantes – republicana y demócrata - con una fraseología carente de contenido y la capacidad de amoldarse a inverosímiles compromisos. Sin embargo, tras la salida de Trump de la Casa Blanca, asistimos a una especie de retorno a los viejos modales.

Trato de recordar: el eslogan de Trump fue: América primero; el de su sucesor: América ha vuelto. ¿La vieja América, la tradicional, la conservadora? Biden no tardó en facilitarnos la respuesta: su América es la del poderío militar, de la confrontación entre grandes potencias, de las guerras comerciales, de las famosas listas negras ideadas por políticos anglosajones.  El pacifista instalado en la Casa Blanca no dudó de tildar a su archirrival, Vladimir Putin, de… asesino, reservando un trato más benévolo al líder chino, Xi Jinping.

Joe Biden no tuvo inconveniente en tensar la cuerda de las relaciones con el Kremlin, acercándose cada vez más a los azarosos confines de la Guerra Fría. En los últimos meses, la presencia naval estadounidense en las inmediaciones de las aguas territoriales de Rusia se ha ido acentuando. Vladimir Putin lanzó el grito de alarma, al evidenciar la instalación de sistemas balísticos de la OTAN en Rumania y Polonia, así como la intensificación de las actividades militares de la Alianza Atlántica en Europa oriental y septentrional, así como en la región del Mar Negro. 

Las quejas no son nuevas. Reflejan, sin embargo, el creciente malestar del Kremlin ante el avance estratégico de Washington y sus aliados en la frontera con la Federación rusa. Esta semana, el ministro de defensa ruso, Serguei Shoigu, ha revelado un simulacro de ataque nuclear contra Rusia, llevado a cabo a comienzos de noviembre por bombarderos estadunidenses, que se acercaron a unos 20 kilómetros de la frontera con Rusia. ¿Se trataba realmente de una especie de tenaza nuclear, como pretenden los estrategas militares rusos?  ¿De una advertencia de Occidente ante la movilización de 94.000 soldados en los confines con Ucrania? Lo cierto es que el tono entre Washington y Moscú sube.

A finales de esta semana, la televisión oficial moscovita ha anunciado que Rusia podría destruir – con sus nuevos misiles ASAT - 34 satélites militares de la OTAN, neutralizando por completo los sistemas GPS de los misiles, aviones, barcos y unidades terrestres de la Alianza.

Los ASAT fueron ensayados recientemente al procederse a la destrucción en el espacio de un satélite soviético obsoleto. La metralla resultante de la explosión rebotó en las inmediaciones de la Estación Espacial Internacional, provocando la indignación de Washington y de los expertos de la NASA.

Pocas horas después de este inusual episodio, el jefe de Estado Mayor ruso, Valeri Guerasimov, y su homólogo norteamericano, Mark Milley, sostuvieron una larga conversación telefónica en la que se abordaron asuntos de seguridad relacionados con la tensión en Ucrania, la presencia de efectivos estadounidenses en Europa y la crisis en la frontera entre Bielorrusia y Polonia.  Escasas horas antes de la conversación con Guerasimov, el general Milley conversó con el jefe del Estado Mayor de Ucrania, Valeri Zalujni, reiterando el compromiso de la Administración estadounidense de enviar asesores militares y material bélico al Gobierno de Kiev. Un anuncio que bien valía ciertos esclarecimientos…

miércoles, 10 de noviembre de 2021

El apagón que (no) viene


Primero fue la pandemia; luego, el espectacular incremento del precio de la energía eléctrica, la dramática escasez de materias primas, el aumento de los fletes marítimos, la inimaginable congestión de los emblemáticos puertos comerciales, el desabastecimiento y, por ende, la perspectiva de una pertinaz crisis alimentaria. Por si fuera poco, surgió el fantasma del apagón. Un apagón general, que sumiría a los habitantes del Viejo Continente en un oscuro y gélido paréntesis que duraría alrededor de… dos semanas.

A quienes hemos ocasión de gozar de los deleites del estrambótico periodo de la Guerra Fría, el cumulo de noticias – reales o ficticias – con las que se nos está bombardeando a diario nos recuerda la época del histerismo generado por la inminencia de un conflicto nuclear. El enfrentamiento – que nunca se produjo - nos incitó a contar con refugios antiatómicos, hacer acopio de alimentos para tres, seis o doce meses, prepararnos a combatir al hipotético invasor a la salida de nuestro inexpugnable escondite, persuadidos, eso sí, de la necesidad de defender a la familia, la patria, el mundo, contra las fuerzas del Mal. Pero la amenaza se desvaneció el día en que los grades de este planeta se tomaron sus vasitos de vodka o de bourbon, charlando amigablemente sobre el tiempo y la familia. Los asuntos más espinosos – contención, desarme y un sinfín de etcéteras – fueron remitidos a los grupos de expertos políticos y militares. En invierno atómico se había acabado.  Al igual que esta derrotada pandemia, que sigue vivita y coleando…

Pero volvamos a nuestro apagón. O, mejor dicho, a la inminente amenaza que ha hecho correr ríos de tinta y alimentado numerosísimos, demasiados comentarios en los medios audiovisuales del Viejo Continente. 

Antes que nada, es precioso situar la noticia en su contexto. El espeluznante panorama – un apagón a escala continental – se gestó en las oficinas vienesas de una empresa especializada en publicidad y conducta social, encargada de elaborar un exhaustivo estudio sobre un hipotético corte de electricidad a nivel europeo causado por una catástrofe natural, el posible desabastecimiento de energía eléctrica, supuestos atentados terroristas o ataques cibernéticos. En realidad, se trataba de una campaña virtual de concienciación del público austriaco, poco dado a aceptar las solemnes advertencias de las autoridades. Pero la publicación del informe de la empresa de consultoría en el anuario del Gobierno austriaco desató la tormenta mediática que asoló el resto del continente.  

Se anuncia un gran corte de energía en toda Europa, Un país ya ha informado a su población sobre los detalles del incidente y ha pedido la ayuda del Ejército, El desastre es inevitable… Los catastróficos titulares invadieron los medios de comunicación. Las cadenas de televisión de toda Europa no dudaron en recurrir a sus expertos/analistas para comentar el dramático evento. Algunos, los más cautos, reconocieron que el peligro parecía real, pero no se podía adivinar la fecha del advenimiento de la nueva plaga. ¿Otra más? Pues sí, al paso que vamos no hay que descartar la llegada de más desgracias.

Con su mentalidad germánica, los austriacos se vieron obligados a poner los puntos sobre las “íes”. No, se trataba de una mera simulación. De hecho, el Ministerio de Defensa jamás advirtió sobre un inminente corte de energía a nivel de la UE, ni predijo su magnitud o su duración. El Gobierno no estaba involucrado en esta descontrolada campaña de publicidad Por su parte, la titular de Defensa, Klaudia Tanner, se limitó a afirmar que se debe considerar la posibilidad de un apagón. La pregunta no es si se producirá un apagón masivo, sino cuándo podría materializarse esta amenaza", dijo Tanner.

En resumidas cuentas, la amenaza no es inminente. Lo que sí debería preocuparnos – y nos está preocupando – en esos momentos es el vertiginoso aumento del precio de la electricidad. En este caso concreto, se trata, en este caso concreto, de una desgracia que afecta a todos los europeos. ¿Peor nos lo quieren poner?


lunes, 25 de octubre de 2021

Turquía – ¿el “aliado fiel” de Occidente?


El ministro de Defensa de Turquía, Hulusi Akar, sorprendió a sus aliados de la OTAN al manifestar el malestar de su Gobierno por el establecimiento de acuerdos militares fuera de la Alianza Atlántica. Aludía el titular de Defensa del Gobierno Erdogan al pacto de cooperación estratégica entre Grecia y la República Francesa, rubricado a finales de septiembre, que incluye un pedido de tres fragatas francesas valoradas en 3.000 millones de euros.

Comentando la noticia, el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, señaló que el acuerdo contemplaba una cláusula de asistencia mutua en caso de posibles amenazas externas.

Dado que todos pertenecemos a la OTAN, deberíamos ser conscientes de que el establecimiento de acuerdos fuera del ámbito de la Alianza dañaría el prestigio de la organización, afectarían las relaciones bilaterales y provocarían la erosión de la confianza, manifestó el ministro turco.

Sabido es que Grecia y Turquía se disputan los derechos sobre la zona de exclusión económica de las plataformas continentales y sus respectivas fronteras marítimas. Aparentemente, los contactos exploratorios sobre la soberanía naval, celebrados a comienzos de este año, finalizaron con resultados constructivos, sentando las bases para una nueva ronda de consultas intergubernamentales.  

La clave del conflicto estriba en los derechos de explotación de los recursos marítimos (gas natural, petróleo), que Grecia y Chipre pretenden apropiarse con la complicidad de empresas estatales francesas.

Curiosamente, la advertencia de Akar coincide con la nueva ronda de consultas entre Turquía y Estados Unidos sobre la venta de aviones F-16 a cambio de la cuantiosa inversión de Ankara en el programa de F-35, del que los norteamericanos eliminaron a su fiel socio euroasiático tras la controvertida compra del sistema de defensa antiaéreo ruso S-400, deseada y avalada por el propio presidente Erdogan.

¿Decidió el actual inquilino de la Casa Blanca perdonar a las volubles autoridades turcas, haciendo caso omiso del impacto político, estratégico y mediático causado por la jugada del sultán Erdogan? Obviamente, la adquisición de material bélico ruso por un país miembro de la Alianza Atlántica no puede considerarse un… simple capricho.  De hecho, el llamémoslo desafortunado incidente que algunos pretenden escamotear ha sentado las bases de una cooperación estrecha y duradera entre la Rusia del zar Putin y la potencia regional (que ya no imperial) acaudillada por el sultán Erdogan.

Turquía y Rusia ya no se enfrentarán; las relaciones entre los dos países han entrado en una nueva fase, que tendrá un impacto directo en la dinámica regional y mundial, asegura Aleksander Dugin, controvertido politólogo moscovita que se vanagloria de ser amigo personal y consejero áulico de Vladimir Putin. 

Ese vástago de un antiguo alto cargode la KGB, que llegó a conocer los entresijos de la casa, es también el promotor de la doctrina euroasiática del Kremlin, una baza geopolítica que pretende confluir el mundo cristiano ortodoxo ruso con el Islam caucásico y, por qué no, asiático. Duguin dirige en Moscú el Centro de Estudios Euroasiáticos, un punto de encuentro creado y financiado por el Kremlin que favorece el acercamiento a la cultura y religión musulmanas. No hay que extrañarse, pues, al comprobar que el Doctor Dugin hable en nombre de... Rusia.

Recientemente, Dugin aseguró a los medios de comunicación turcos que los presidentes Erdogan y Putin trazaron, en el encuentro celebrado en Sochi el 29 de septiembre, una hoja de ruta para el futuro al comprometerse a descartar cualquier enfrentamiento armado o posible conflicto económico.

 El gurú ruso vaticinó que Estados Unidos se retirará de Siria de manera gradual, tratando de no generar situaciones de crisis. A partir de este momento, la postura común de Turquía, Rusia e Irán será el factor determinante para la pacificación de Siria.

Aludiendo a Crimea, Dugin hizo hincapié en el hecho de que Rusia considera la península como parte integrante de su territorio, tesis rebatida hasta ahora por Ankara. Si Turquía cambia su posición sobre Crimea, añadió, Rusia podría reconocer la soberanía de la República Turca del Norte de Chipre (TRNC), entidad estatal artificialmente creada por los militares turcos, que sólo cuenta con el reconocimiento de Ankara.   

Conviene recordar que Turquía condenó, junto con los demás miembros de la OTAN, la anexión de Crimea por parte de Moscú en 2014, expresando su apoyo a la integridad territorial de Ucrania.

Analizando las previsiones de Aleksaner Dugin, cabe preguntarse se el hasta ahora molesto eje Moscú – Teherán podría convertirse, en un futuro no demasiado lejano, en el aún más molesto triangulo Moscú – Ankara – Teherán.

Se admiten apuestas.


jueves, 14 de octubre de 2021

Israel se reserva el derecho de emplear la fuerza contra Irán

 

Mientras la Administración Biden centra sus baterías en el nuevo rival-competidor-enemigo – China – el inquilino de la Casa Blanca invita a sus aliados a hacer frente común contra el… peligro amarillo.

Nada nuevo bajo el sol: los humanos y, ante todo, los adalides de los grandes imperios, necesitan enemigos. En el siglo XX, el oponente se llamaba Rusia, los soviets, el comunismo, el marxismo. En el umbral del nuevo milenio, el Islam tomó el relevo del peligro rojo. Samuel Huntington nos presentó, con sumo detenimiento, su teoría sobre el choque de las civilizaciones, que podría resumirse en pocas palabras: Islam contra Occidente. Poco después, los radicales de Osama Bin Laden se encargaron de abrir la caja de Pandora: sangre, terrorismo, inestabilidad política, racismo, xenofobia. Aparentemente, el nuevo rival era más despiadado que el manido oso ruso, inductor de tantas pesadillas en el civilizadísimo Mundo Libre.

¿El Islam? No, es un error; nuestro verdadero contrincante será China, advirtió el bueno de Huntington, tras haber recibido una nueva revelación. Mas el peligro tardó en materializarse. De todos modos, Trump y Biden no descubrieron la pólvora, ya que se trata de un invento…  chino.

Huelga decir que más cerca de nosotros, en el Mediterráneo, la percepción de los peligros es muy distinta. Aquí, los chinos tendrán su muelle en el puerto de Haifa, hasta ahora escala predilecta de la 6a Flota estadounidense en el Mediterráneo. Y, por si fuera poco, el gigante asiático cuenta con otra cabeza de puente: el puerto de Pireo.  

Aquí, la verdadera obsesión es Irán, el peligro que implica el programa nuclear del país de los ayatolás.  Israel, que lleva más de un cuarto de siglo advirtiendo sobre la amenaza iraní, optó por plantar cara al gran Hermano norteamericano, tras comprobar la tibieza de la Casa Blanca para con Irán.

Israel se reserva el derecho de emplear la fuerza contra Teherán para evitar que los iraníes adquieran el arma nuclear, advirtió ayer en Washington el ministro de Asuntos Exteriores del Estado judío, Yair Lapid, durante una conferencia de prensa conjunta con el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken. Era la constatación del fracaso de una gira diplomática en la cual Lapid, un político moderado, tropezó con la indecisión y la irritante ambigüedad de la Administración Biden.

Cierto es que tanto Washington como Moscú están desplegando grandes esfuerzos para salvar el acuerdo sobre el programa nuclear iraní. Rusos y americanos prefieren volver a la mesa de negociación, confiando en poder imponer una solución diplomática.  La pasada semana, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Hossein Amir-Abdollahian, se entrevistó en Moscú con su colega ruso, Sergey Lavrov. Poco antes de la reunión, Lavrov habló con el secretario de Estado Blinken acerca de los esfuerzos para reconducir las consultas con Irán. Al término del encuentro, Amir-Abdollahian insinuó que las conversaciones se reanudarán pronto.

Pero los israelíes no confían en las buenas palabras de los diplomáticos; estiman que hacen falta argumentos más contundentes para persuadir a los iraníes. ¿Un nuevo paquete de sanciones económicas? ¿La amenaza de un posible recurso a la fuerza? ¿Campañas de desestabilización interna? Los estrategas de Tel Aviv no descartan ninguna opción. Recuerdan, si es preciso, que el programa de Gobierno del líder de la revolución islámica, el ayatolá Jomeini, finalizaba con la frase: combatiremos hasta el día en que la bandera verde del Islam ondee sobre Jerusalén.

Decididamente, los comentarios sobran.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

La UE a los candidatos balcánicos: “la barca está llena”


Antes que nada, una aclaración: la frase la barca está llena fue acuñada a finales de los años 30 del siglo pasado por las autoridades helvéticas, empeñadas en frenar el flujo de refugiados procedentes de la Europa ocupada por los nazis. En realidad, la barca aún no estaba llena, pero los gobernantes suizos estaban obsesionados con las posibles represalias por parte de la Alemania hitleriana.

Habrá que esperar; la barca está llena. Esta es, aparentemente, la conclusión a la que llegaron recientemente los consejeros diplomáticos de la Unión Europea encargados de evaluar la viabilidad de nuevas adhesiones al club de Bruselas. La decisión, que tendría que adoptarse el próximo día 6 de octubre, se fundamenta en los errores cometidos por la UE a la hora de dar luz verde al ingreso de los primeros candidatos balcánicos – Bulgaria y Rumanía – haciendo caso omiso de sus frágiles indicadores económicos, incompatibles con los hasta entonces rígidos baremos de Bruselas, los altísimos niveles de corrupción, la galopante e incontrolable emigración clandestina. Pero de ahí a afirmar que la avalancha de inmigrantes balcánicos hacia las islas británicas generó el malestar que acabó desembocando en el Brexit hay un verdadero abismo. De hecho, los ingleses aprovecharon la adhesión de Rumanía y Bulgaria para afianzar su posición económica en ambos países. Los bancos, empresas químicas, compañías de telecomunicaciones se apresuraron en conquistar terreno en los nuevos mercados. La apresurada adhesión de Bucarest y Sofía ofrecía ciertas ventajas: sueldos realmente irrisorios y mano de obra altamente cualificada. Nada que ver con la imagen de seres incivilizados acuñada por los partidarios del Brexit.    

La semana próxima, Bruselas informará a los actuales candidatos al ingreso en la Unión - Serbia, Kosovo, Bosnia Herzegovina, Montenegro, Albania y Macedonia Norte - que la barca está llena o, si se prefiere, es un mal momento para la estrategia de la UE proceder a nuevas incorporaciones. Y ello, por varias razones. En primer lugar, la económica. Tres países ricos de la Unión – Dinamarca, Francia y los Países Bajos - no son muy proclives a aceptar una ampliación, sobre todo teniendo en cuenta que los candidatos son, en su mayoría, pobres y conflictivos. Serbia y Kosovo, territorio secesionista, no han enterrado su hacha de guerra; Bulgaria sigue considerando que Macedonia, a la que la unen lazos lingüísticos y culturales, debería integrarse en el viejo Imperio Búlgaro; Albania, que apoya al Gobierno kosovar, apenas ha participado en las consultas con la UE. Demasiados quebraderos de cabeza para Bruselas y… una excelente oportunidad para sus grandes rivales, Rusia y China, de introducirse en la región mediante la firma de acuerdos de cooperación políticos, económicos y de seguridad. 

En 2007, cuando Bruselas dio luz verde a la integración de Rumanía y Bulgaria, los eurócratas se encontraron con la desagradable sorpresa de comprobar que Norteamérica se había apresurado en ocupar, merced a los contratos de la OTAN, los espacios estratégicos. En aquel entonces, la barca de Bruselas aún no estaba llena. Pero la velocidad de crucero de los europeos resultó ser inadecuada…

martes, 14 de septiembre de 2021

Armenia, dispuesta a normalizar sus relaciones con Turquía


Armenia está considerando la posibilidad de entablar negociaciones con Turquía sobre la normalización de las relaciones bilaterales. La sorprendente noticia, facilitada hace unos días por el primer ministro armenio, Nikol Pashinian, apenas encontró eco en los medios de comunicación occidentales, más proclives a informar sobre el calvario del pueblo armenio, perseguido y aniquilado por los otomanos a comienzos del siglo XX.

¿Normalizar relaciones? Para muchos occidentales, sean estos políticos, universitarios o periodistas, dichas relaciones se limitan a la animadversión de los dos pueblos, armenio y turco, después de la oleada de masacres llevadas a cabo por el Ejército otomano entre 1915 y 1923. Los armenios, cristianos afincados desde hacía siglos en el territorio de Asia Menor administrado por los sultanes de Constantinopla, proclives a mantener cordiales lazos con los también cristianos zares de Rusia, fueron diezmados durante la campaña llevada a cabo a comienzos del pasado siglo por el Ejército la gendarmería turcas, así como por grupúsculos paramilitares kurdos. Según fuentes armenias, la persecución se saldó con alrededor de un millón y medio de muertos, argumento éste rebatido por las autoridades del Estado moderno turco, que prefieren aludir a masacres mutuas perpetradas durante una guerra civil en la que hubo cientos de miles de víctimas en ambos bandos. Pero según fuentes armenias, dos tercios de la población perecieron en aquel período. La mayoría de los supervivientes emigró a la recién creada Unión Soviética (Rusia) o a países de Europa occidental.

Hoy en día, la comunidad armenia residente en suelo turco cuenta con alrededor de 60.000 almas. Algunos politólogos occidentales confiaban en que este factor étnico serviría para enderezar las gélidas, casi inexistentes relaciones entre Ankara y Ereván. Meras ilusiones de quienes desconocen el trato – aparentemente no discriminatorio - dispensado por los sucesivos Gobiernos turcos a las minorías no mahometanas.

La animosidad entre armenios y turcos se acentuó aún más en otoño del pasado año, durante el conflicto de Nagorný Karabah, cuando el Ejército armenio fue derrotado por las tropas azerbaiyanas, viéndose obligado a ceder parte del territorio autónomo a Azerbaiyán, país musulmán que cuenta con el apoyo político y estratégico de Ankara.

Cercada por Estados musulmanes – Irán, Azerbaiyán, Turquía – apoyada por un aliado débil, que busca desesperadamente su ingreso en la OTAN – Georgia – y por una potencia con la que no tiene frontera común – Rusia – la República de Armenia ha tenido que reconsiderar las líneas maestras de su política exterior. Su principal rival en la zona es, sigue siendo… Turquía. Los gobernantes de Ereván, buenos conocedores de la cultura islámica, recordaron el viejo, aunque siempre válido precepto: más vale estar a buenas con los vecinos que con la familia.

Lejos quedan, física, aunque no sentimentalmente, los primos de la Moscova.