viernes, 17 de marzo de 2023

Moldova (III) - La desestabilización

 

Al cumplirse un año desde el inicio de la ofensiva rusa en Ucrania, los contrincantes llegaron a la triste conclusión de que el operativo bélico se hallaba en un callejón sin salida. El blitzkrieg (guerra relámpago) ideada por el Kremlin había fracasado; el discurso triunfalista del presidente Zelensky oculta un sinfín de fallos, de fracasos militares.

No, las huestes de Moscú no lanzaban sus ataques armados con simples palas, como pretendía la todopoderosa maquinaria de propaganda militar británica; la heroica resistencia de las unidades ucranias se debía, en gran parte, a la escasez de municiones. No había motivo alguno para echar campanas al vuelo.

Pero como las palabras desanimo y derrota no figuran en el decálogo de la propaganda psicológica escrito hace un siglo por el político británico Arthur Ponsonby, los amos de la desinformación optaron por recurrir a otros argumentos - indudablemente conflictivos, aunque inéditos - la inestabilidad política en los países de la zona candidatos a la adhesión a la OTAN o la UE: Moldova y Georgia.      

El parlamento de Georgia debatió a primeros de marzo un proyecto de ley sobre agentes extranjeros, equiparable a la normativa legal adoptada recientemente en Rusia o a la ley mordaza española. Al día siguiente, centenares de manifestantes se congregaron ante la sede del poder legislativo, reclamando la retirada del borrador de ley. La protesta surtió efecto; el debate sobre la ley rusa quedó congelado.

¿Ley rusa?  La prensa moscovita no tardó en recordar que la primera normativa legal sobre la identificación y el registro de agentes extranjeros – aún vigente - fue aprobada en 1938 por… el Congreso de los Estados Unidos. Por otra parte, la propia UE coquetea con la idea de vigilar a los detractores de su política atlantista. Conviene, pues, correr un tupido velo.

Las miradas se dirigen rápidamente hacia el otro candidato: Moldova. Pero, ¡ay! surge el golpe de teatro. Veinticuatro horas antes de presentar la escenificación de un golpe de Estado contra el Gobierno pro occidental de la presidenta Maia Sandu, las autoridades de la secesionista República Moldava del Dniéster - prorrusa - informan sobre un intento de asesinato del presidente Vadim Krasnoselski, hijo de militar y militar soviético, ordenado por el servicio de seguridad de Ucrania – SBU.

El Ministerio de Seguridad del Estado de Transnistria informó que el Land Rover de Krasnoselski debía haber explotado en pleno centro de Tiraspol. El vehículo contenía una carga de 8 kg de RDX, tornillos, tuercas y alambre.

Los autores del atentado contaban también con la eliminación física de otros altos cargos de Transnistria.

La televisión presentó al presunto cerebro del atentado: Vyacheslav Kisnichan, originario de Tiraspol, que se trasladó a Odessa hace 12 años. En 2022, Kisnichan empezó a colaborar con el SBU, familiarizándose con el uso de explosivos.

La seguridad ucrania se apresuró a desmentir la noticia, calificándola de burda provocación del Kremlin.

Detalle interesante: apenas 72 horas después de la crisis transnistriana, la policía de la República Moldavia informó que se había frustrado un complot urdido por agentes rusos, entrenados para provocar disturbios callejeros durante las protestas contra el gobierno pro occidental de Maia Sandu.

Las protestas, organizadas por el autodenominado Movimiento por el Pueblo, contaban con el apoyo de la agrupación política moldava Shor, partidaria de Rusia, que ocupa seis escaños en el parlamento.

Además de pedir la renuncia de la presidenta Sandu, los manifestantes exigieron que el gobierno de Chișinău cubra los costos de las abultadas facturas de energía eléctrica de los meses de invierno y no involucre al país en la guerra de Ucrania.

El anuncio de la policía moldava se produce pocos días después de que funcionarios de inteligencia estadounidense dijeran que habían identificado a personas vinculadas a los servicios secretos rusos, que  planeaban utilizar las protestas como plataforma para fomentar una insurrección contra el gobierno.

La ministra del Interior, Ana Revenco, manifestó por su parte que las protestas tienen por objeto debilitar la democracia y socavar la estabilidad del país.

Debilitar la democracia. Si algo han puesto manifiesto los constantes intentos de desestabilización política, los simulacros violentos – véase golpistas – de Tiflis, Tiraspol o Chișinău, son los intentos de provocar un constante deterioro de las ya de por sí frágiles estructuras democráticas del espacio postsoviético.   

Un peligro que, reconozcámoslo, nos acecha a todos. 

miércoles, 15 de marzo de 2023

Moldova (II) Transnistria - ¿una anomalía histórica?


 El cruce de la frontera entre Moldova y la región separatista de Transnistria – la autodenominada República Moldava Pridnestroviana o República Moldava del Dniéster recuerda extrañamente el dificultoso transito fronterizo entre las mal llamadas democracias populares de Europa Oriental. De un lado, los policías moldavos, que se limitaban a controlar los documentos de identidad de los viajeros. Del otro, unos jóvenes que vestían uniforme de camuflaje; en la tierra de nadie, militares rusos y algún blindado que otro, perteneciente a ejército de la ex Unión Soviética. Los confines separan dos mundos: la Unión Europea inconclusa y la Unión Soviética incesante.

Afirman los expertos, asiduos lectores del Reader’s Digest, que el abismal contraste entre los dos territorios es una mera reminiscencia de la guerra civil de 1992, desencadenada por el rechazo de los habitantes de Transnistria de aceptar el resultado del referéndum organizado por la élite de Chișinău que desembocó en la independencia de Moldova. Los transnistrianos, los gagauz, los rusos y los pro soviéticos, votaron a favor de la permanencia en la extinta Unión Soviética. La guerra civil – un conflicto que duró menos de seis meses – arrojó una cifra de 20.000 muertos.

Para los estudiosos de la historia europea, las raíces del enfrentamiento son mucho más profundas. La región formó parte inicialmente del Rus de Kiev. Tras su integración al Reino de Hungría, se constituyó – en 1346 – el Principado de Moldavia.

En la primera mitad del siglo XV, los moldavos eran vasallos del Gran Ducado de Lituania. Invadido y ocupado por los turcos en 1512, el Principado se transforma en tributario del Imperio Otomano en 1538.

Los historiadores de este anacrónico enclave, que profesan un antirrumanismo militante, advierten:  Los rumanos aluden siempre a sus antepasados, los dacios. Pero aquí contamos con una decena de etnias: rusos, rumanos, moldavos, húngaros, ucranios, turcos, tártaros. Un desconcertante mosaico, bastante frecuente en las permeables regiones fronterizas de Europa oriental y los Balcanes.

Cierto es que después de los otomanos llegaron los rusos. Primero, los zares, que no dudaron en convertir la franja situada entre los ríos Dniéster y Prut en la punta de lanza de su estrategia colonialista. Rusia quería conquistar Moldova, Valaquia y Bulgaria, abriéndose camino hacia el Bósforo y los Dardanelos. El Tratado de Bucarest de 1812, que puso fin a la guerra ruso-turca, frenó las apetencias territoriales de Rusia, a la que se le adjudicó sólo el Voivodato de Besarabia.  

Transnistria volvió a convertirse en un problema político después de 1918, cuando la URSS estaba elaborando una estrategia para contrarrestar la Gran Unión entre Moldova y Rumanía, deseada por el parlamento de Chișinău.

En 1924, las prioridades del régimen parecían eran obvias: se trataba de ejercer presión sobre Rumania con respecto a la cuestión de Besarabia, exportar la revolución proletaria al territorio rumano y establecer una cabeza de puente hacia los Balcanes. Una de las opciones barajadas por Moscú era ¡unir Chișinău con Transdniéster! La URSS inventó, pues, Transnistria en 1924. Se trataba de aplicar la política imperial… renovada.

En 1941, cuando las tropas rumanas cruzaron el Prut, gran parte de los líderes prosoviéticos se trasladó a Tiraspol – capital actual de Transnistria - donde crearon centros de resistencia ideológica, cultural y lingüística. En esos laboratorios ideológicos se ideó la llamada lengua moldava, que se emplea en los libros de texto transnistrianos, donde la historia dista mucho de la que se enseña en Chișinău.

Los planes de industrialización de Transnistria fueron ideados después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el territorio contaba ya con una mayoría ruso parlante.

Detalle interesante: antes de 1989, Transnistria ocupaba alrededor del 11 ó el 12 por ciento del territorio de la República Socialista de Moldova, pero producía el 90% de la energía, generaba el 40% del PNB y el 33% de la producción industrial moldava.

Conviene señalar que el enclave secesionista acoge más de 20.000 toneladas de armamento, almacenado por el Ejército soviético tras el final de la Guerra Fría. Se trata de armas y municiones abandonadas por las tropas que abandonaron precipitadamente Alemania Oriental, Checoslovaquia, Hungría y Polonia.

Para Moscú, la importancia de Transnistria – esa anomalía histórica - es ante todo estratégica. El territorio está cerca de Sebastopol y de la península de Crimea, lo que no se puede ignorar, teniendo en cuenta que pensamiento geopolítico ruso y exsoviético es el mero reflejo de los mapas militares.

Desde el comienzo de la guerra de Ucrania, los estrategas occidentales contemplan a Moldova como posible escenario para la extensión del conflicto. La apertura de un nuevo frente complicaría la trama de forma controlada, ya que Chișinău no pertenece a la UE ni a la OTAN, por lo que tanto la Alianza Atlántica como Bruselas podrían enviar voluntarios y armamento para ampliar el teatro de operaciones y desgastar más a Rusia.

Sombrías perspectivas éstas para las huestes pacifistas... Pero muy distintas de los vaticinios de Samuel Huntington.

 

E

domingo, 12 de marzo de 2023

Acuerdo Irán - Arabia Saudi: pánico en Tel Aviv

 

La noticia de la inesperada reconciliación entre Irán y Arabia Saudita, auspiciada por las autoridades de Pekín, causó un profundo malestar en el seno del establishment político y militar israelí. Una especie de jarro de agua fría que tuvo por efecto frenar – al menos, provisionalmente – la tormenta provocada por el debate interno sobre la reforma del sistema jurídico del Estado judío. La iniciativa, promovida por el Gobierno de Benjamín Netanyahu, podría desembocar en una amnistía de los políticos y empresarios corruptos y, concretamente, en la absolución de todos los cargos imputados al primer ministro. Aunque los ciudadanos salieron a la calle para protestar contra las maniobras de Netanyahu, el golpe de gracia a las maniobras del Gobierno lo asestó la diplomacia china.  

¿Pero, qué hacen los chinos aquí? inquirieron los mandatarios del Estado Judío, acostumbrados a la presencia de Washington o de Moscú en el endiablado tablero estratégico de Oriente Medio. Los chinos llevan décadas oteando el horizonte, sin tratar de intervenir en el ordenamiento – o el desorden – de la región. Su presencia, muy activa a nivel económico o empresarial, solía ser muy discreta. Cierto es que la República Popular se adjudicó recientemente un muelle en el puerto de Haifa, uno de los mayores en la región. La adquisición provocó la ira de los comandantes de la Sexta Flota estadounidense, que solía utilizar la escala de Haifa para el descanso y la diversión de sus marines. ¿Protestar ante las autoridades de Tel Aviv? El Gobierno no tiene por costumbre desautorizar los acuerdos económicos. Un trato es un trato, contestarán los ministerios hebreos.

Muy diferente ha sido la reacción ante la paz sellada por Riad y Teherán, que despoja a Israel del dique de contención saudí, comodín de su estrategia frente a Irán o. como prefieren afirmar los halcones israelíes, el peligro nuclear iraní. Tel Aviv utilizó en reiteradas ocasiones el espacio aéreo de Arabia Saudita para montar sus operativos contra países enemigos de la zona. Pero los saudíes, la codiciada pieza del domino estratégico de Tel Aviv, único obstáculo importante para la materialización del Acuerdo Abraham ideado por la Administración Trump, apostaron – tal vez in extremis - por la paz con el archienemigo Irán y la amistad con… China.

Detalle interesante: horas después de darse a conocer la noticia sobre la reconciliación con Irán, la Corona saudí informó a los Estados Unidos que tenía intención de iniciar un proyecto para el desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos, avalado y supervisado por… Washington.   Malas noticias para Tel Aviv, que contaba con la presencia de Riad como elemento clave de una alianza estratégica con los Estados del Golfo contra el enemigo común: el Irán de los ayatolás. Aparentemente, todo quedaba en agua de borrajas.

Para los politólogos hebreos, la cacareada alianza militar regional anti iraní era una simple quimera que no tenía ningún viso de credibilidad. El ex primer ministro, Naftalí Bennett, no dudó en lanzar un ataque frontal contra Netanyahu, alegando que su política reflejaba el fracaso rotundo del gobierno de centro-derecha; una combinación de negligencia política y debilidad de un Gobierno disfuncional involucrado en su autodestrucción sistemática, que fomentaba un conflicto interno.        

El ex ministro de defensa, Benny Gantz, estima, por su parte, que Netanyahu descuidó la seguridad de Israel y de sus conciudadanos. El gobierno Netanyahu es un rotundo fracaso económico, político y de seguridad, que pone en peligro la existencia misma del Estado, manifestó Gantz, quien abogó por la creación de un Gobierno amplio de salud nacional, capaz de corregir el daño provocado por la coalición ultraconservadora liderada por Netanyahu.


En realidad, lo más difícil sería cambiar el rumbo de la política exterior de Tel Aviv, que juega la baza del enfrentamiento en una región que tiende a apostar por el diálogo entre potencias rivales. Es algo que los chinos habían comprendido antes de lanzar una ofensiva destinada ante todo a reducir el predominio de la presencia imperial estadounidense en Oriente Medio.

 

jueves, 9 de marzo de 2023

Moldova (I)

 

Su café, señor. La muchacha rubia hablaba con un indeterminado acento extranjero.

¿Es usted rumana, Alina?

No señor, soy moldava.

Pero habla rumano o moldavo, ¿verdad?

No, sólo hablo ruso. Es mi idioma materno. Mis padres hablaban rumano, pero como los trasladaron a la región oriental de la República, los rusificaron; nos rusificaron. Era una práctica bastante frecuente. Yo estudié magisterio; en ruso. Para lo que me ha servido…

Alina, la moldava rubia rusificada en la época de los soviets, sirve cafés en una terraza del madrileño Paseo de la Castellana…

La República Moldova – el país más pobre de Europa – volvió a la palestra recientemente, cuando los medios de comunicación del Viejo Continente se hicieron eco de rumores sobre una posible invasión de las tropas rusas que operan en Ucrania. Unos rumores destinados a contrarrestar las informaciones, no menos fidedignas, sobre la también inminente invasión de la región secesionista de Transnistria – feudo de la ortodoxia soviética – por el ejército de Kiev.

Durante una semana, las autoridades de Chișinău – la capital de Moldova – vehicularon rumores sobre la existencia de una conjura del Kremlin, destinada a derrocar al Gobierno legítimo de la república, deseoso de preservar la neutralidad del país, consagrada en la Constitución.

Cierto es que los ataques de Moscú no faltaron. El propio jefe de la diplomacia rusa, Seguéi Lavrov, afirmó recientemente que Occidente quiere convertir a Moldova en otra anti-Rusia, al poner al mando del país, mediante métodos poco democráticos, a una presidenta – Maia Sandu – que tiene la ciudadanía rumana, desea ingresar en la OTAN o fomentar la unión con Rumanía, país miembro de la Alianza, que patrocina a las autoridades de Chișinău. Se trata, claro está de un patrocinio paternalista; los rumanos jamás olvidaron que el territorio les había sido arrebatado por José Stalin al final de la Segunda Guerra Mundial.

En cuanto a las culpas o los pecados de Maia Sandu, economista con una brillante hoja de servicios en la administración estatal moldava, basta con recordar que cursó estudios en la Universidad de Harvard y trabajó entre 2010 y 2012 en calidad de consejera de la dirección del Banco Mundal.          

Si en algo no se equivoca Lavrov es en la evaluación de los sentimientos de los moldavos. De hecho, una encuesta realizada recientemente por un instituto local revela que el 60 por ciento de la población estima que el Gobierno de Chișinău está manipulado por potencias extranjeras. El 59 por ciento considera que el país está en la órbita de Washington o de la Unión Europea. Conviene recordar que el junio de 2022 el Consejo Europeo otorgó a Moldova (y a Ucrania) el estatuto de candidatos a la adhesión a la UE. 

De momento, sólo hay indicios de la integración paulatina de Moldova a la esfera de influencia rumana. Hace apenas unos meses, el parlamento aprobó una ley que cambia el nombre del idioma oficial – moldavo – al rumano. La decisión, impugnada por los partidos de oposición, no fue cancelada por el legislativo.   

La inmediatez de la guerra de Ucrania suscitó recciones distintas en la opinión pública. Mientras las agrupaciones políticas progubernamentales se dedican a organizar actos en apoyo de Gobierno de Kiev – contra la guerra (de Moscú) – el prorruso Partido Socialista organiza manifestaciones contra la participación de Moldova en el conflicto. Los socialistas estiman que es preciso analizar la situación socioeconómica del país, los niveles extremos de pobreza - antes de contemplar el envío de armas a Ucrania.  

La obsesión por un hipotético golpe de Estado fomentado por el Kremlin generó la noticia del no menos hipotético descubrimiento por parte del Servicio de Información y Seguridad de una red de agentes (rusos) que se dedicaba al espionaje y a los intentos de cambiar el orden constitucional. El Presidente del Parlamento, Igor Grosu, miembro del partido en el que milita Maia Sandu, exigió a la Unión Europea imponer sanciones contra el opositor Ilon Shor, un millonario de origen judío exiliado en Israel, y el oligarca Vladimir Plahotniuc, banquero perseguido por fraude fiscal, acusándolos de desestabilizar las instituciones republicanas.

Las salidas de tono de Grosu son proverbiales. En vísperas de las elecciones generales para la Asamblea de la región autónoma de Găgăuzia (Gagauzia), territorio poblado por una minoría étnica turcomena que abrazó la fé cristiana, pero mantiene las constumbres de sus antepasados selúycidas, el presidente del Parlamento de Chișinău tachó a la gobernadora de Gagauzia, Irina Vlach, de quintacolumnista y agente de Rusia. El crimen cometido por los gagaúz: no haber apoyado el programa electoral del Gobierno moldavo. Irina Vlach estima que el objetivo principal de la campaña de Grosu es provocar un golpe de palacio. Obviamente, a los políticos de Chișinău les siguen gustando las intrigas de los señores feudales.

Mas a las voces de los Grosu se suman los llamamientos de codiciosos hermanos transfronterizos. La pasada semana, el vicesecretario general de la OTAN y expresidente del Senado rumano, Mircea Geoana, apareció ante las cámaras de la televisión moldava para lanzar un patético mensaje: Ha llegado el momento de que Moldavia elija entre la vía europea de desarrollo y Rusia, manifestó el número dos de la Alianza Atlántica. Ya es hora de salir de la pobreza… si quieren quedarse como están, es vuestra decisión. Pero si quieren venir con nosotros a Europa, a un mundo democrático y civilizado y más próspero, es el momento de tomar una decisión y temer menos a Rusia.  

Las relaciones oficiales entre Moldova y la OTAN se remontan a1992, cuando el país se unió al Consejo de Cooperación del Atlántico Norte. Sin embargo, no hay planes para solicitar oficialmente la adhesión a la Alianza.   

Conviene recordar, sin embargo, que Moldova está limitada por dos grandes vecinos: Rumanía, baluarte de la OTAN, y… Ucrania.

Sería realmente superfluo insistir sobre su actual valor estratégico.


jueves, 2 de marzo de 2023

Militarización del delta del Danubio: jaque a la biosfera


Los Estados Unidos quieren instalar una nueva base militar en Rumanía. Esta vez, en el canal de Chilia (Kilia) del delta del Danubio, para controlar directamente la región de Odessa, los distritos ucranios de Ismail y Cahul, así como el disputado territorio secesionista moldavo de Transnistria, que alberga un gigantesco arsenal ruso con más de 20.000 toneladas de municiones, amén de numerosas piezas de artillería pesada. Para la materialización del proyecto, los estadounidenses necesitan controlar el canal Bîstroe, navegable para fragatas de las fuerzas navales norteamericanas y escenario de las últimas maniobras de la OTAN, celebradas en octubre de 2022.

La nueva base – la cuarta creada en Rumanía desde 2016, fecha de la llegada del primer contingente de militares americanos trasladados a Europa oriental desde Alemania   - hará tándem con el campo de aviación de Kogălniceanu, que ocupó las instalaciones de antiguo aeropuerto civil de Constanța. Contaría, según fuentes norteamericanas, con armamento de última generación, incluidos artefactos nucleares. Las instalaciones, situadas a pocos metros de la frontera con Ucrania, abrirían una segunda puerta de acceso de la OTAN al teatro del conflicto.   

La noticia, trasmitida a mediados de febrero por Radio Europa Libre, emisora ​​financiada por el Congreso de los Estados Unidos, causó cierto estupor en Rumanía. Estupor y malestar; las autoridades de Bucarest no informaron a la opinión pública sobre los planes del socio estratégico estadounidense. Más aun; mientras el Senado de los Estados Unidos tuvo conocimiento del proyecto de Ley de Seguridad del Mar Negro presentado el verano pasado por un grupo de legisladores demócratas y republicano - y aprobado en diciembre pasado por los miembros del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta, la Presidencia de Rumanía logró silenciar la noticia y eludir el habitual debate parlamentario.

¿Alguien ha informado a los rumanos sobre este plan? ¿Alguien les ha preguntado si querían una base militar en el delta del Danubio? ¿Vota el Congreso de los Estados Unidos a favor de un proyecto militar que concierne directamente a Rumania y al Delta del Danubio, una reserva de la biosfera protegida por la UNESCO, pero no el Parlamento rumano?

Ya no nos molestamos siquiera en preguntar si hubo negociaciones bilaterales. Sabido es que Rumania no negocia; Rumania lo entrega todo gratis... este negocio, que huele muy mal, es de importancia estratégica para Estados Unidos, escribe la prensa rumana.

Pocas horas después del ataque de rabia de nuestros colegas bucarestinos, empezaron a aflorar – muy a cuentagotas - las primeras noticias. Aparentemente, la Ley de Seguridad del Mar Negro hace hincapié en la necesidad de una presencia marítima estable y rotatoria de la OTAN en la zona.

Uno de los escollos es la postura de Turquía, que no está dispuesta a aceptar la adaptación a las realidades actuales de la Convención de Montreux sobre el paso de los estrechos, aprobada en 1936, que limita el acceso al Mar Negro de barcos de guerra que no pertenecientes a los estados ribereños. Turquía, depositaria y garante del Tratado, controla el acceso a la región a través de los estrechos del Bósforo y los Dardanelos.

Un análisis publicado en octubre del pasado año por el Instituto de Oriente Medio de Washington, aboga por soluciones para eludir el estricto marco de la Convención. Si el Convenio de Montreux no puede ser anulado o modificado, una flota de la OTAN podría operar bajo pabellón rumano, sugieren los autores del informe, recordando que la instalación de la cuarta base requeriría una inversión de Estados Unidos -y contribuciones de sus aliados- en la creación de una flota pequeña y flexible del Mar Negro, con componentes de defensa y vigilancia aérea.

Curiosamente, o tal vez sea este el encanto de la nueva o reformada Realpolitik, la difusión de la noticia sobre los nuevos planes estratégicos del Pentágono y el Departamento de Estado coincide con la llegada a Bucarest de la nueva embajadora de Estados Unidos en Rumanía, Kathleen Kavalec, quien no tardó en presentar sus las cartas credenciales al presidente Klaus Iohannis.

Jaque a la mayor reserva de la biosfera de Europa del Este. ¿Jaque y… mate?


 

sábado, 4 de febrero de 2023

El “horizonte de esperanza” de Antony Blinken

 

Para llegar a Tierra Santa, Antony Blinken no utilizó un bastón de peregrino; tuvo la suerte o la desgracia de viajar en un lujoso Boeing perteneciente a la presidencia de los Estados Unidos. La misión del jefe de la diplomacia norteamericana consistía en allanar el terreno para la próxima gira de Joe Biden a la zona. Una tarea nada fácil, teniendo en cuenta la explosiva situación que reina en el Cercano Oriente. No se trata de un malestar coyuntural, sino de un castigo crónico.

Estiman los analistas que, sin bien el Secretario de Estado no pisó la Tierra Santa cargado de malas intenciones, trajo consigo un sinfín de apriorismos. En efecto, Antony Blinken llevaba en la cartera el abultado elenco de tensiones, rivalidades y conflictos que afectan la región; un auténtico rompecabezas para los expertos en relaciones internacionales, para los emisarios de las grandes potencias que se disputan la supremacía en la región.

Rusia, la superpotencia menguante tras la desintegración de la Unión Soviética, regresó casi inesperadamente al Cercano Oriente durante el primer decenio del nuevo siglo. Volvió con una impresionante potencia de fuego y con la firme intención de ocupar un lugar privilegiado en el tablero geoestratégico de la zona. Mas durante la ausencia de Moscú, China logró colocar sus peones en la región. Su presencia – modesta en un principio – se tornó dinámica, cuando no, agresiva a la larga.

Dos potencias regionales – Turquía e Irán – no tardaron en ocupar su lugar en la palestra. Finalmente, Arabia Saudita, que había limitado inicialmente su involucramiento al conflicto libanés, optó por tomar bazas en la guerra civil de Siria, primer paso antes de intervenir activamente en el Yemen.

Sí, el panorama ha cambiado. El famoso Acuerdo Abraham, negociado por la Administración Trump, no trajo la paz ni la seguridad a la región. Cierto es que cuatro países árabe-musulmanes – Marruecos, Bahréin, Emiratos Árabes y Sudán - establecieron relaciones diplomáticas con Tel Aviv, pero ello no presupone el final del estado de beligerancia. Dos actores clave – Irán y Arabia Saudita – no se adhirieron al Acuerdo. El país de los ayatolás, por estar en guerra permanente con la llamada entidad sionista; Arabia Saudita, por supeditar la paz con el Estado judío a la solución definitiva de la cuestión palestina. En ambos casos, la solución política no se vislumbra.

No hay que extrañarse, pues, si la gira de Blinken por la región finalizó con una triste y decepcionante conclusión:   El horizonte de esperanza se cierra, afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense después de comprobar in situ que el nuevo Gobierno israelí presidido por Benjamín Netanyahu no parecía dispuesto a renunciar a su postura intransigente sobre la anexión de nuevos territorios en Cisjordania, la postura menos flexible de Tel Aviv en muchas décadas,  y que la Autoridad Nacional Palestina no iba a abandonar la línea dura adoptada después de la ruptura de negociaciones con Israel sobre la seguridad en los dos grandes núcleos urbanos de Cisjordania: Nablus y Jenín, controlados actualmente por grupos armados adscritos a la Yihad Islámica y Hamas, a los que se sumaron células disidentes de Al Fatah.

En Nablus, las milicias armadas no afiliadas a facciones políticas están ganando terreno especialmente entre los jóvenes palestinos. Washington está buscando formas para reducir la escalada y evitar que la caótica situación acabe desembocando en una nueva intifada.  

Si bien los responsables israelíes afirman que su ejército interviene en Cisjordania al comprobar la total pasividad de las fuerzas de seguridad palestinas, la Autoridad Nacional Palestina replica que las incursiones de las tropas hebreas erosionan la capacidad y legitimidad de sus fuerzas de orden para actuar contra las milicias.

Preocupada ante un posible deterioro de la situación en Cisjordania, la Autoridad Nacional Palestina suspendió su coordinación de seguridad con Israel hace dos semanas, horas después de la incursión de los militares judíos al campo de refugiados de Jenín, epicentro de los disturbios registrados en la zona.

Durante su encuentro con el presidente de la ANP, Mahmúd Abbas, Blinken sugirió que uno de los pasos que debería tomar la Autoridad Palestina para reducir la tensión sería la aplicación del plan de seguridad ideado por un experto estadounidense, el teniente general Michael Fenzel. El documento incluye el adestramiento de una fuerza especial palestina que se desplegaría en la zona para neutralizar la actuación de las milicias. Para los palestinos, se trata de una propuesta desequilibrada, ya que no incluye contrapartida alguna por parte de Israel, como la disminución de las incursiones del ejército en las localidades palestinas. Además, señalan que la seguridad palestina no tiene la potestad para operar durante las redadas del ejército israelí.

El horizonte de esperanza se cierra, confiesa Antony Blinken. Es cierto: la solución de dos Estados parece más alejada que nunca. Pese a las advertencias de sus diplomáticos, la Administración Biden dejó que el conflicto siguiera su curso. Las buenas palabras de los emisarios internacionales ofrecieron a Israel una tapadera para continuar con la anexión de facto de Cisjordania.

La política israelí ya no se centra en la búsqueda de la paz; en la práctica, los sucesivos gobiernos han abandonado las conversaciones con sus vecinos. Por su parte, los palestinos han dejado de creer que podrán conseguir un Estado a través de las negociaciones.

El Acuerdo Abraham resultó ser una obra maestra de ingeniería comercial. Una obra maestra ideada, negociada y llevada a la práctica, recordémoslo, sin la participación de los palestinos.

En horizonte de esperanza… ¿Qué esperanza?

 


lunes, 30 de enero de 2023

Irán: tambores de guerra


Cazas israelíes avistados en el espacio aéreo iraní, rezaba el flash de la agencia oficial de noticias INRA, heraldo de las autoridades de Teherán. Unos minutos más tarde, los cazas se convirtieron en drones; la ampliación de la noticia aludía a ataques contra instalaciones estratégicas – fábricas de armamento, instalaciones nucleares, bases aéreas, edificios oficiales - de Karaj, (inmediaciones de Teherán), Khoi y Azershahr (noroeste), Isfahán (centro) y Hamadán (oeste).

Según el comunicado del Ministerio de Defensa iraní, reproducido por la mayoría de las agencias de prensa occidentales, los ataques fueron infructuosos y no hubo que lamentar víctimas. Sin embargo, las cadenas de televisión locales transmitieron imágenes de deflagraciones en Isfahán y Tabriz. Incendios y daños menores, fue la versión oficial.

Los ataques no han afectado nuestras instalaciones; tales medidas ciegas no tendrán un impacto en la continuación del progreso del país, aseguran los voceros de las autoridades persas, que guardan un total mutismo sobre la identidad del sospechoso de llevar a cabo el ataque.

No es la primera vez que ello sucede. La mayoría de los servicios de inteligencia occidental y las fuentes oficiosas iraníes han atribuido al Mossad ataques contra la instalación nuclear iraní de Natanz en julio de 2020, otro centro atómico ubicado en la misma ciudad en abril de 2021, una  instalación nuclear en Karaj, en junio de 2021, o la destrucción de alrededor de 120  drones en febrero de 2022. Pero en Irán, la palabra Israel sigue siendo tabú.

De hecho, el Estado judío no se ha atribuido la responsabilidad de los ataques. Sin embargo, en la noche de domingo, una veintena de camiones pertenecientes al ejército iraní que transportaban refuerzos para el frente del movimiento integrista Hezbollah fueron interceptados por drones israelíes. Cabe suponer que los combates podrían recrudecerse en las próximas horas.

Conviene señalar que la ofensiva fue desencadenada horas después de la llegada a Tel Aviv del director de la CIA, William Burns, ex embajador de los EE.UU. en Moscú, afamado kremlinólogo y, según fuentes del Departamento de Estado, excelente putinólogo.

La visita de Burns se produce horas antes de la llegada a Israel del Secretario de Estado Antony Blinken, el halcón con disfraz de pacifista que dirige y coordina la política exterior de los Estados Unidos.

Detalle interesante: durante la última semana, los rotativos hebreos se dedicaron a cantar las loas de la estrecha colaboración entre el Mossad y la CIA durante las operaciones de rescate de agentes israelíes de origen kurdo bloqueados en suelo iraní. El operativo fue coordinado por William Burns y su homólogo israelí, Eli Cohen.

Tras los ataques de la noche del domingo, fuentes oficiales de la República Islámica señalaron que la misión de los drones había fallado, ya que sólo había causado daños menores.

Muy distinta fue la versión ofrecida por el diario The Jerusalem Post, que titula la información de última hora: El ataque con drones… fue un éxito fenomenal.

A buen entendedor…