miércoles, 23 de octubre de 2019

Turquía – ¿futura potencia nuclear?


Dos destacados miembros del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos, Jim Risch y Robert Menéndez, han presentado una enmienda que contempla la aplicación de sanciones contra el régimen de Ankara a raíz de la invasión del Norte de Siria. Asimismo, el proyecto prevé restricciones a la venta de armamento a Turquía, la imposición de sanciones contra funcionarios turcos y contra los Gobiernos que suministran material bélico a las fuerzas armadas que participan en la ofensiva contra las milicias kurdas abandonadas por Washington.

Detalle interesante: los senadores no dudan en cuestionar la participación futura de Turquía – miembro fundador de la OTAN - en las estructuras de la  Alianza Atlántica.

La ofensiva de los legisladores norteamericanos coincide con la publicación en la prensa neoyorquina de inquietantes informes sobre la posible adquisición de armas atómicas por parte de Turquía. En efecto, el prestigioso rotativo The  New York Times asegura que el presidente Erdoğan ambiciona convertir su país en una nueva potencia nuclear.

La información, difundida recientemente por redes de comunicación transatlánticas que mantienen estrechos vínculos con los servicios de inteligencia israelíes, no carece de fundamento. El propio Erdoğan aludió durante su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, a los Estados que no disponen de armamento nuclear. Unas semanas más tarde, el presidente turco aprovechó la celebración de una reunión de su partido – AKP -  para hacer hincapié en el hecho de que le parecía inaceptable que los estados que tienen arsenales nucleares prohíban a Turquía obtener sus propias armas atómicas.

Recordemos que la decisión de Ankara de adquirir de sistema antiaéreo de defensa antimisiles ruso S-400 y la intervención militar en Siria ha afectado seriamente sus relaciones con los países de la OTAN y, ante todo, con el hasta ahora incondicional aliado: los Estados Unidos.
  
La incapacidad de Washington y de sus aliados europeos de frenar el operativo bélico turco  en las áreas ocupadas por las Fuerzas Democráticas Sirias Kurdas pone de manifiesto la debilidad de Occidente a la hora de preconizar medidas contra Turquía. Por otra parte, ese estado de cosas demuestra la escasa capacidad de persuasión de los miembros de la OTAN para evitar que Ankara adquiera armas atómicas o inicie su propio programa nuclear.

Estiman los estrategas que la compra o la producción de armas nucleares por parte de Turquía podrían desembocar en un grave peligro para la estabilidad de las ya de por sí frágiles relaciones internacionales, ya que la imprevisibilidad de la política de las autoridades de Ankara conlleva un importante factor de riesgo.

Conviene señalar que Turquía ha estado desarrollando durante años tecnologías nucleares  que podrían emplearse para la fabricación de armamento nuclear. Según el New York Times, el país dispone de reservas de  uranio y está construyendo – en cooperación con Rusia - reactores atómicos.
John Hamre, presidente del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, estima que Turquía podría tratar de emular el ejemplo de Irán, logrando el mismo potencial nuclear que su satanizado vecino.

Por otra parte, The  New York Times recuerda que la gigantesca base militar de Incilrik almacena  bombas nucleares tácticas estadounidenses B61. A pesar de que las instalaciones  están utilizadas por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, la base pertenece a Turquía. Un posible enfriamiento de las relaciones entre Ankara y Washington podría conducir a acciones imprevistas por parte del Gobierno turco.

Por último, aunque no menos importante, es el acercamiento de Turquía a la Federación Rusa, las buenas relaciones entre Recep Tayyip Erdoğan y Vladimir Putin, su complicidad a la hora de abordar la cuestión siria. Cierto es que el inquilino del Kremlin se siente más comprometido con el régimen de Bashar al Assad, que facilita la presencia de instalaciones militares rusas en su territorio. Pero el zar Putin puede permitirse el lujo de… jugar a dos barajas.

sábado, 12 de octubre de 2019

Operación Manantial de Paz – la “traición” de Donald Trump


Donald Trump lo dijo claramente: la decisión de los antiguos inquilinos de la Casa Blanca de intervenir en Oriente Medio resultó ser la peor iniciativa de los Estados Unidos. Obviamente, el avispero meso-oriental dificulta los planes del multimillonario convertido en político o, mejor dicho, del aspirante a político obsesionado por los negocios.

A veces, las cosas se tuercen; un buen ejemplo del fracaso diplomático del clan Trump es el malogrado acuerdo de paz para Oriente Medio – el Acuerdo del Siglo – que no convenció a israelíes ni a palestinos, pese al incondicional apoyo del fiel aliado de Washington en la región: Arabia Saudita. Sin embargo, los saudíes no están en condiciones de imponer su voluntad a las demás naciones de la zona: el enfrentamiento con Irán, faro chií del Islam moderno, ha ensanchado la brecha existente entre las dos grandes corrientes del mahometismo. Hoy en día, el país de los ayatolás cuenta con numerosos seguidores en el espacio árabe-musulmán. Es un hecho novedoso, que los islamólogos estadounidenses, véase occidentales, tardarán en asimilar.

Cuando los actores deciden modificar el guion de la obra sobre la marcha, el desenlace puede ser dramático. Esta fue, al parecer, la percepción de muchas Cancillerías occidentales tras el anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses estacionadas en el noreste de Siria, cuya presencia obstaculizaba el inicio de un operativo bélico de gran envergadura por parte del Ejército turco, encargado de acabar, de una vez por todas, con el llamado terrorismo kurdo.
  
Aparentemente, el operativo contaba, desde el pasado mes de agosto, con el visto bueno de Donald Trump, quien avaló la creación de una zona tampón de 480 kilómetros de largo y 30 kilómetros de ancho entre la frontera turca y el territorio sirio situado al Este del Éufrates. Un espacio que debía convertirse en el hogar de los refugiados asentados en Turquía.

En la región, controlada hasta ahora por las milicias kurdo-sirias, se hallaban varias instalaciones militares estadounidenses. La decisión de Trump de dar por terminada la guerra contra el derrotado Estado Islámico cambió radicalmente los datos del problema. Los militares norteamericanos abandonaron precipitadamente sus bases. Lo que siguió en harto conocido.

Recordemos que los kurdos sirios que integran las Unidades de Protección Popular (YPG) lucharon junto con los norteamericanos contra los yihadistas del Estado Islámico. Más aún: las milicias de YPG se encargan de custodiar a los 12.000 combatientes islámicos hechos prisioneros durante los combates de los últimos 24 meses. Curiosamente, asimilados por las autoridades de Ankara a los guerrilleros del PKK turco, corren el riesgo de convertirse en blanco de las tropas que participan en la operación Manantial de Paz.

Ante la sorpresa, la preocupación, cuando no la ira de los congresistas estadounidenses, el Presidente optó por corregir el tiro, amenazando a su frívolo aliado Erdogan. Si Turquía decide emprender acciones que superen los límites de lo permitido, yo con mi gran e inigualable sabiduría, procederé a la destrucción total de su economía,  advirtió el inquilino de la Casa Blanca.

La respuesta del Presidente turco fue igual de contundente: Seguiremos adelante (con la acción militar) pase lo que pase y pese a quien pese. A los países de la UE les dirigió la siguiente advertencia: Si os atrevéis a criticarme, abriré las fronteras dejando pasar a los millones de refugiados  que custodiamos… Más claro…

Ante la retirada estratégica de Norteamérica, que prefiere enviar refuerzos a Arabia Saudita, permanecen en el ensangrentado tablero sirio actores cuyos intereses son muy a menudo divergentes:  la Unión Europea, Irak, Irán y Rusia.

Mientras Irán defiende la presencia de sus brigadas de muyahidines en la zona – Siria y Líbano – Rusia se ha convertido en el valedor del régimen de Bashar al Assad. Irak trata por todos los medios de proteger su frontera; la UE mantiene su habitual postura ambigua. Pero todos, absolutamente todos, acusan a Norteamérica de… ¡traición!

Traicionar a los kurdos, a los sirios, a los aliados… Olvidan, probablemente la famosa frase de John Foster Dulles, Secretario de Estado con Eisenhower, atribuida años más tarde al maquiavélico  Henry Kissinger: Estados Unidos no tiene aliados; sólo tiene intereses.

martes, 8 de octubre de 2019

La tardía llegada del Tío Sam


Por fin llegan. Los esperábamos a finales de la década de los 40 del siglo pasado, cuando los grandes de este mundo nos entregaron al déspota Stalin; los esperábamos en los años 60, cuando el iluso John F. Kennedy urdió una inverosímil treta para sacarnos de la órbita de Moscú; los esperábamos a partir de 1990, tras la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento del mal llamado campo socialista…

Pero ¡por fin llegan! Con más de 2.500 tanques Abrams M1, carros de combate Bradley, piezas de artillería Palatin Howatzer, transportes de tropas, misiles de última generación y supersofisticados radares … Llegan tarde, pero ¡llegan! 
  
Los politólogos atlantistas de Bucarest acogieron con un gran suspiro de alivio la llegada de material bélico y personal militar estadounidense a Rumania, Polonia, Bulgaria, Estonia, Hungría, Letonia y Lituania, países que se enorgullecen de hallarse en la primera línea del nuevo frente de la OTAN. Situados en la frontera con la antigua Unión Soviética, conforman el recién estrenado Telón de Acero ideado por los estrategas del Pentágono. Su papel consiste en repeler cualquier intento de agresión del Ejército ruso, archienemigo de las jóvenes democracias orientales recién evangelizadas por los adalides de la globalización y la economía de mercado.

La decisión de la OTAN de desplazar sus fronteras al extremo oriental del continente europeo data de 2014. De hecho, los primeros blindados estadounidenses llegaron a Polonia y Rumanía en diciembre de 2015, durante las últimas semanas del mandato de Barack Obama. El material militar procedía de Alemania y Holanda, principales custodios de los arsenales de la Alianza Atlántica. Si bien los holandeses se congratularon con la decisión de traspasar parte de sus depósitos de armamento a Polonia y Rumanía, sus vecinos alemanes criticaron las medidas adoptadas hace apenas unos meses por la Alianza, cuando esta anunció el traslado de tropas al territorio polaco. 

Huelga decir que el proceso de militarización de los países del nuevo Telón de Acero empezó hace un lustro, cuando los primeros contingentes de la fuerza multinacional aterrizaron en Polonia y los países bálticos. A los soldados norteamericanos se sumaron batallones procedentes de Canadá, Holanda, Alemania, el Reino Unido, así como aviones de combate italianos, españoles, ingleses y holandeses.

Los pilotos y artilleros estadounidenses se trasladaron a Rumanía entre 2015 y 2018. Sin embargo, el grueso de las tropas arribará en los próximos meses, coincidiendo con la llegada del material bélico. Según datos facilitados por el Ministerio de Defensa rumano,  la base aérea de Kogălniceanu (MK, en la jerga militar estadounidense), que cuenta actualmente con mil soldados aliados, podrá albergar alrededor de 10.000 militares. Será prácticamente una ciudad pequeña, que se construirá de la nada. Además de las instalaciones estratégicas, la base futura contará con viviendas para el personal militar, hoteles, un hospital, guarderías y jardines de infancia, escuelas, supermercados, lugares de ocio, parques, piscinas, instalaciones deportivas y aparcamientos.

Además de la Base MK, el Pentágono cuenta en Rumanía con dos objetivos importantes: las instalaciones de defensa Aegis Ashore de Deveselu, que forman parte del llamado escudo antimisiles. Este sistema defensivo, que el Kremlin tilda de punta de lanza de los agresores occidentales, está equipado con el bloque IIA de misiles de última generación. Será uno de los primeros blancos de los cohetes rusos en caso de conflicto bélico.

El segundo centro emblemático es la Base Aérea General Emanoil Ionescu de Campia Turzii, donde la Fuerza Aérea de los EE. UU. tiene instalaciones capaces de albergar drones armados MQ-9 Reaper, aviones cargo, así como distintos modelos de cazas de combate.

La mayoría de los vehículos blindados llegará a Rumania, país considerado, junto con Polonia, esencial para la consolidación del flanco Este de la OTAN, en las próximas semanas.

Por fin llegan…  Atrás quedan los obsoletos acuerdos de Yalta y la era de la contención, de la utópica convivencia pacífica. Washington ha decidido mover fichas en el tablero. Tampoco hay que extrañarse: En el área del Mar Negro, Rumania es el aliado clave, manifestó recientemente el general Ben Hodges. De hecho, la deserción de Turquía convierte a los países europeos de la cuenca del Mar Negro en… socios privilegiados de los estrategas estadounidenses.

Un último apunte; aparentemente, el estamento castrense rumano no parece muy propenso a compartir el entusiasmo de los politólogos atlantistas de Bucarest. ¿Por qué será?

domingo, 15 de septiembre de 2019

Israel - los fantasmas electorales de Benjamín Netanyahu


¿Netanyahu o Gantz? ¿Gantz o Netanyahu? Esta vez, el oráculo de Tel Aviv titubea a la hora de predecir el futuro. Entrada en su recta final, la campaña para las elecciones generales israelíes del próximo martes ofrece un panorama muy parecido al de las legislativas del pasado mes de abril, que finalizó en empate entre los dos grandes bloques políticos: los conservadores del Likud y la alianza Azul y Blanco, agrupación liderada por tres generales retirados e integrada por laboristas, pacifistas y políticos pertenecientes a la minoría árabe israelí.
  
¿Ha llegado la hora del cambio? Hay quien vaticina un estrepitoso fracaso de los conservadores y quien se limita a afirmar que Netanyahu… no ganará las elecciones. ¿La diferencia? En Israel, los milagros son posibles. De hecho, el controvertido líder del Likud parece propenso a asumir el papel de mago, sacando de su chistera electoral un sinfín de amenazas fantasma que transmiten el mismo mensaje subliminal: Soy el único defensor de la integridad de la tierra de Israel ¡votad por mí! 
  
Durante un proceso electoral, todos los subterfugios son buenos. Netanyahu volvió a recurrir a la muy socorrida amenaza nuclear iraní, la carrera armamentista del movimiento radical libanés Hezbollah, la necesidad de intervenir militarmente en la Franja de Gaza o de anexionar el valle del Jordán. En el Estado judío, la estrategia del miedo ha funcionado siempre. Sin embargo, en esta ocasión los israelíes están dudando: ¿se trata de nuevos trucos de magia o de las habituales artimañas del farsante Benjamín?

Hace apenas una semana, Netanyahu desveló la existencia de nuevas instalaciones iraníes para la fabricación de armas nucleares situadas en Abadeh, al sur de Isfahan. El peligro, real o ficticio, fue detectado a comienzos del verano. En julio, al notificar las autoridades hebreas el descubrimiento a las instancias internacionales, los iraníes se apresuraron en camuflar las instalaciones. Pero camuflar no significa forzosamente desmantelar, afirma el Primer Ministro israelí. Caben, pues, dos opciones: esperar la condena de la Agencia Internacional para la Energía Nuclear (AIEA) o… proceder al bombardeo del sitio ultrasecreto. Eso sí, con el beneplácito de la Casa Blanca.

Conviene señalar que estas revelaciones se producen un año después de que Netanyahu denunciara, en un discurso ante la ONU, la existencia de  otro "deposito nuclear secreto" ubicado en Turquzabad, cerca de Teherán, donde se almacenaba material destinado al programa nuclear iraní.

Si bien Netanyahu no se atrevió a oponerse abiertamente a la apertura de contactos entre la Administración estadounidense y el régimen de la República Islámica de Irán,  sugirió que, a su juicio, este no era el momento de entablar conversaciones con Irán. Pero se curó en salud advirtiendo: “Yo no soy quien para decidir cuándo y con quién debe reunirse el presidente de los Estados Unidos”.

Sin embargo, el líder del Likud mandó un mensaje a los “tiranos” del Teherán. “Nos consta que queréis destruir las pruebas. Israel sabe qué estáis haciendo, cuándo lo estáis haciendo y dónde lo estáis haciendo. Vuestra política está basada en mentiras, engaños y violaciones”.

Otro frente abierto por el longevo Primer Ministro israelí, que lleva ya más de 13 años en el cargo, es el de la presencia militar iraní en el Líbano, donde expertos de Teherán están asesorando al movimiento radical chiita Hezbollah en el proceso de producción y conversión de misiles de precisión.
  
Según informes de la inteligencia militar israelí, a partir de  2016  Irán y Hezbollah han centrado sus esfuerzos en convertir los cohetes almacenados en los arsenales libaneses en misiles teledirigidos de precisión. Para obtener esta conversión, Hezbollah creó instalaciones cerca de Nabi Chit, en el valle de Bekaá, contando con  el apoyo financiero y logístico de Teherán. Dicho proyecto está supervisado por el jefe de la llamada Fuerza Al Quds, Muhammad Hussein-Zada Hejazi.

Actualmente, Israel está barajando dos opciones: la condena diplomática en Naciones Unidas o… la intervención militar.

Otra promesa que levantó ampollas no sólo en el mundo árabe, sino también en las Cancillerías occidentales, fue el proyecto de anexión de los bloques de asentamientos judíos de Cisjordania, situados en la zona bajo control mixto israelo-palestino. Por si fuera poco, Netanyahu volvió a la carga 48 horas más tarde, anunciando también la posible ocupación del “estratégico” valle del Jordán, una zona tampón de 2.400 kilómetros cuadrados en la frontera con Jordania, que representa alrededor del 30 por ciento de la extensión de Cisjordania.

Por muy descabellado que ello parezca, el proyecto del Primer Ministro hebreo contaría con el visto bueno de la Casa  Blanca. En efecto, el cacareado plan de paz estadounidense contempla la posible anexión por parte de Israel de más territorios en Cisjordania.

Pero hay más: el líder del Likud amenazó también con desencadenar un operativo bélico contra la Franja de Gaza, convertida en base de lanzamiento de misiles de los radicales de Hamas. La proliferación de los ataques contra objetivos civiles israelíes justificaría – según Netanyahu – una operación de castigo.

La coalición de centroizquierda acusa al actual Primer Ministro de llevar a cabo una vacua política de… “anexión de votos”. Pero qué duda cabe de que algunos de los peligros son reales: guerra con Irán, enfrentamiento con Hezbollah, revocación de los Acuerdos de Oslo...
  
Con esas perspectivas, muy poco halagüeñas, los israelíes irán a las urnas dentro de unas horas.