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lunes, 4 de junio de 2012

La “lengua del enemigo”


A partir del próximo mes de septiembre, el Ministerio de Educación de la Franja de Gaza introducirá en el programa de estudios de los colegios de secundaria una nueva asignatura: la “lengua del enemigo”. Se trata del idioma hebreo, materia que cayó en desuso tras la firma de los Acuerdos de Oslo y la llegada a la Franja de la plana mayor de la OLP, liderada por Yasser Arafat.

La “lengua del enemigo” vuelve a las aulas después de 18 años de ausencia. Los radicales islámicos de Hamás, que gobiernan el exiguo territorio, estiman que es importante comprender la mentalidad de los israelíes a través de los rudimentos del idioma. En una entrevista concedida recientemente al rotativo estadounidense The New York Times, el director general del Ministerio de Educación, Mahmud Matar, afirma que los israelíes suelen utilizar el árabe, idioma que se enseña en los colegios del Estado judío, para lograr su objetivo: el control y el sometimiento de la población palestina. “Israel es nuestro enemigo; vamos a enseñar, pues, la lengua del enemigo”.

La noticia causó estupor del otro lado de la frontera. En efecto, la inmensa mayoría de los ciudadanos del Estado judío no comprende la motivación de Hamás, acérrimo detractor de la convivencia con el llamado “ente sionista”. Se supone o, mejor dicho, intuye, que los radicales islámicos se han decantado por un cambio de estrategia. Crecidos por el éxito de la maratoniana negociación que desembocó en la liberación de un millar de presos palestinos a cambio de la entrega del soldado israelí Guilad Shalit, secuestrado en Gaza durante cinco años, los cabecillas de Hamás comprendieron que no hay que descartar la posibilidad de dialogar con el enemigo. Y para ello, es preciso contar con gente cualificada.

Muchos de los pobladores de Gaza tuvieron ocasión de aprender hebreo en la época en la que la economía israelí se nutría de la mano de obra barata procedente de los territorios ocupados. Pero los conocimientos lingüísticos de aquellos trabajadores no dejaban de ser superficiales. Quienes aprendieron la “lengua del enemigo” fueron los presos políticos, encarcelados durante años en Israel. Algunos manejan el hebreo con soltura y, como dirían sus carceleros, “casi sin acento”. No hay que extrañarse: el hebreo es, al igual que el árabe, un idioma semítico.

Hay quien insinúa que Hamás optó por introducir la nueva asignatura para formar una “generación de espías”, y quien cree que se trata de una postura destinada a facilitar el acercamiento a las autoridades de Tel Aviv. De hecho, los radicales de Gaza parecen tener ahora más predicamento en Israel que los “moderados” de la OLP que gobiernan en Cisjordania. ¿La opinión pública de Gaza? Los pobladores de la Franja no piensan rebelarse contra quienes recomiendan aprender la “lengua del enemigo”. La dramática situación económica de la Franja no estimula el debate o la confrontación ideológica.

En Cisjordania, el hebreo no se enseña en los colegios. Curiosamente, aquí los jóvenes universitarios se oponen al diálogo con Israel que, según ellos, sólo podría desembocar en la creación de un mini-estado palestino inviable, la renuncia de la doble capitalidad de Jerusalén, el abandono del derecho de retorno de los casi cinco millones de refugiados palestinos. Los universitarios dudan de la capacidad de la Autoridad Nacional Palestina de sellar las paces con Israel mediante un acuerdo equitativo. ¿Su ideal? Desencadenar una nueva “intifada”, que siente nuevas bases para el diálogo con el Estado judío. De hecho, cuando el Primer Ministro Benjamín Netanyahu manifestó el deseo de reanudar los contactos con el Presidente palestino Mahmúd Abbas, los jóvenes acogieron el anuncio con escepticismo. ¿Desplazarán los radicales de Gaza al excesivamente moderado interlocutor de Ramallah?

Conviene señalar que el panorama político israelí experimentó un cambio radical durante la primera quincena de mayo, cuando en nuevo líder de la agrupación centrista Kadima, Shaúl Mofaz, decidió abandonar la oposición, sumándose a la coalición gubernamental liderada por Netanyahu. La decisión intervino en el momento en que los estrategas de Tel Aviv deshojaban la margarita de un posible ataque “preventivo” contra las instalaciones nucleares de Irán.

Curiosamente, el general Shaúl Mofaz, tercer ex jefe de Estado Mayor del ejército hebreo que integra el Gabinete Netanyahu, es oriundo de… Irán. Al desconcierto generalizado se suma un nuevo interrogante: ¿habla Mofaz la “lengua del enemigo”?

lunes, 31 de mayo de 2010

El Club Bilderberg se reúne en España


El misterioso “Club Bilderberg”, que algunos detractores de la globalización no dudan en tildar de “gobierno oculto del planeta”, celebrará su próxima reunión anual del 3 al 6 de junio en la localidad catalana de Sitges. Los participantes en la conferencia abordarán con detenimiento la problemática de la crisis mundial, así como las serias dificultades estructurales con que tropiezan actualmente los países de la zona euro (Grecia, España y Portugal), sin olvidar las repercusiones de la guerra de Afganistán para el cada vez más frágil equilibrio del vecino Paquistán o la creciente tirantez en las relaciones entre Oriente y Occidente generada por el incontrolado programa nuclear iraní. Recordemos que Washington y sus aliados se resisten a avalar las propuestas sobre la supervisión de dicho programa por dos potencias emergentes – Turquía y Brasil.
Pero hoy por hoy, lo que de verdad preocupa a los grandes de este mundo es la rápida y constante erosión de las estructuras financieras internacionales. De ahí la necesidad de proceder a la remodelación del sistema monetario, tratando de establecer nuevos referentes. Entre las propuestas formuladas recientemente por los expertos norteamericanos destaca la posibilidad de convertir el Fondo Monetario Internacional (FMI) en una especie de “órgano mundial de supervisión” de las finanzas. Esta es, según los periodistas del portal Internet American Free Press, detractores de la globalización y/o del Nuevo Orden Mundial ideado por George Bush (padre), una de las opciones vehiculadas por los medios de comunicación “controlados” por el Grupo de Bilderberg.
Subsiste el interrogante: ¿qué intereses ocultos se disimulan detrás de este opaco Club, de este misterioso grupo de presión? El secretismo de los organizadores, la discreción de los participantes en las conferencias anuales, el perfil de las personalidades que acuden a estas discretas citas – políticos, empresarios y militares - , la férrea vigilancia ejercida por los servicios de seguridad, supervisada año tras año por altos cargos de la CIA norteamericana, han generado un sinfín de rumores acerca del contenido de las deliberaciones secretas o discretas del Club. En este contexto, la publicación de las listas de invitados, único documento que facilita la secretaría de Bilderberg, nos ha parecido reveladora. Sabemos que en las últimas reuniones participaron el ex presidente Bill Clinton, el antiguo primer ministro británico Tony Blair, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, la secretaria de Estado Hillary Clinton, el ex presidente del Banco Mundial, Paul Wolfovitz, el ex secretario de defensa estadounidense Donald Rumsfeld, la presidente del Banesto, Ana Patricia Botín, el ex comisario europeo y ministro de hacienda español Pedro Solbes, así como directivos de las grandes compañías multinacionales IBM, Xerox, Royal Dutch Shell, Nokia, Daimler, etc.
Por regla general, los organizadores suelen invitar a dos representantes de cada país: un conservador y un liberal. Sin embargo, a veces los papeles se confunden. Los debates se centran en temas de actualidad. Sin embargo, el análisis del estado de la economía mundial figura siempre en el orden del día de estos encuentros.
Para los expertos del Centro de Estudios sobre la Globalización de Montreal (Canadá), el Grupo Bilderberg “no es un gobierno mundial oculto”, sino una organización que propicia las “tormentas de ideas” (brainstorming). Coinciden, sin embargo, en que Bilderberg es la “organización más influyente” del mundo.
Aparentemente, el Grupo no elabora directrices para la gobernanza mundial. Sus miembros prefieren definir su papel como un simple “foro para la socialización de las élites”. Sin embargo, quienes siguen a rajatabla las pautas (ideario) del Club Bilderberg tienen más probabilidades de ascenso en el escalafón de la burocracia institucional. De hecho, muchos de los políticos que participan en los encuentros anuales llegaron a desempeñar funciones clave en el establishment mundial. Más claro…