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viernes, 29 de julio de 2011

Gigante en suspensión de pagos


Recuerdo que allá por los años 70, durante una de las interminables reuniones del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), un subsecretario de Estado para Comercio Exterior estadounidense me cantó las loas de la “unidad” de los países industrializados. “Apostamos por Europa; necesitamos aliados fuertes”, afirmó rotundamente. “¿Fuertes? Pero, ¿cuán fuertes?”, se me ocurrió preguntar. “No demasiado fuertes. Tampoco queremos que se conviertan en un problema para los Estados Unidos”, repuso el dignatario norteamericano.


Me acordé de este episodio hace unas semanas, al comprobar que las agencias de calificación estadounidenses hacían todo lo que estaba en su poder para acabar con el ya de por sí frágil equilibrio de la zona Euro. Sí, es cierto; las economías de los principales países periféricos de la UE no lograron asimilar el choque provocado por la onda expansiva de la crisis mundial. Los más débiles – Grecia, Irlanda, Portugal, Italia, España – se encuentran al borde del precipicio. Pero ni que decir tiene que su precaria salud depende de la constante presión de “los mercados”, a las espurias maniobras de las agencias de calificación neoyorquinas, que no dudan en empujarlos hacia el vacío. Cui prodest? ¿A quién le beneficia el crimen?


Hace unos días, a esta guerra de calificaciones y descalificaciones político-financieras se le sumó un nuevo e inquietante factor: el peligro de suspensión de pagos de la primera potencia mundial: los Estados Unidos de Norteamérica. Ficticia o real, la amenaza de una posible quiebra del hasta ahora motor de la economía mundial preocupa a políticos, economistas y banqueros. Norteamérica es, en efecto, el único país donde al Estado puede acogerse a la suspensión de pagos. Una suspensión que implica el fracaso de la gestión económica del Gobierno. Tal vez por ello los protagonistas de este extraño psicodrama – republicanos y demócratas – tratan por todos los medios de hallar un compromiso antes del próximo día 2 de agosto, fecha fatídica para Norteamérica y el porvenir del mundo occidental.


Cabe preguntarse: ¿qué pasará si Estados Unidos se declara en suspensión de pagos? Según los politólogos norteamericanos, las perspectivas son menos sombrías de lo que parece. Y ello, por la sencilla razón de que los depositarios de la mayor parte de la deuda estadounidense – el 63 por ciento – son los bancos centrales y los fondos soberanos. Los Estados de la Unión controlan un 4 por ciento de la deuda, mientras que el 33 por ciento restante se encuentra en manos de particulares.

El profesor Thomas Oatley, catedrático de ciencias políticas de la Universidad de Carolina del Norte, estima que este reparto estratégico de la deuda podría impedir que la suspensión de pagos tenga un impacto excesivamente negativo, véase traumático. Y ello, por la sencilla razón de que ni los bancos centrales ni los fondos de inversión controlados por Pekín tendrían interés en provocar el colapso de la economía estadounidense. Norteamérica es, en definitiva, uno de los principales mercados para sus exportaciones. Incluso una posible (aunque por ahora, poco probable) reducción de la calificación del sistema financiero estadounidense repercutiría en la postura muy flexible de los principales acreedores, interesados en mantener la actual interdependencia económica.


Surgen, pues, varias hipótesis de trabajo. La primera contempla la creación de una alianza internacional de acreedores, dispuesta a obtener una serie de beneficios geopolíticos de la crisis. Sin embargo, hoy por hoy parece poco probable que los distintos actores sean capaces de coordinar sus intereses, muy a menudo divergentes.


La segunda baraja la aparición de un nacionalismo económico radical chino, capaz de coger las riendas de la crisis. La tercera depende de la reacción de los mercados ante la incapacidad del Congreso de los Estados Unidos de encontrar una solución válida a corto y/o medio plazo. Por ende, la cuarta consiste en evaluar las consecuencias del choque provocado por la suspensión de pagos, acompañadas, sin duda alguna, por los inevitables recortes del gasto público y/o la contracción fiscal. Ello desembocaría, según los expertos, en la vuelta a la recesión económica. Una recesión no sólo interna, sino global, generalizada. Los comentarios sobran.

lunes, 31 de mayo de 2010

El Club Bilderberg se reúne en España


El misterioso “Club Bilderberg”, que algunos detractores de la globalización no dudan en tildar de “gobierno oculto del planeta”, celebrará su próxima reunión anual del 3 al 6 de junio en la localidad catalana de Sitges. Los participantes en la conferencia abordarán con detenimiento la problemática de la crisis mundial, así como las serias dificultades estructurales con que tropiezan actualmente los países de la zona euro (Grecia, España y Portugal), sin olvidar las repercusiones de la guerra de Afganistán para el cada vez más frágil equilibrio del vecino Paquistán o la creciente tirantez en las relaciones entre Oriente y Occidente generada por el incontrolado programa nuclear iraní. Recordemos que Washington y sus aliados se resisten a avalar las propuestas sobre la supervisión de dicho programa por dos potencias emergentes – Turquía y Brasil.
Pero hoy por hoy, lo que de verdad preocupa a los grandes de este mundo es la rápida y constante erosión de las estructuras financieras internacionales. De ahí la necesidad de proceder a la remodelación del sistema monetario, tratando de establecer nuevos referentes. Entre las propuestas formuladas recientemente por los expertos norteamericanos destaca la posibilidad de convertir el Fondo Monetario Internacional (FMI) en una especie de “órgano mundial de supervisión” de las finanzas. Esta es, según los periodistas del portal Internet American Free Press, detractores de la globalización y/o del Nuevo Orden Mundial ideado por George Bush (padre), una de las opciones vehiculadas por los medios de comunicación “controlados” por el Grupo de Bilderberg.
Subsiste el interrogante: ¿qué intereses ocultos se disimulan detrás de este opaco Club, de este misterioso grupo de presión? El secretismo de los organizadores, la discreción de los participantes en las conferencias anuales, el perfil de las personalidades que acuden a estas discretas citas – políticos, empresarios y militares - , la férrea vigilancia ejercida por los servicios de seguridad, supervisada año tras año por altos cargos de la CIA norteamericana, han generado un sinfín de rumores acerca del contenido de las deliberaciones secretas o discretas del Club. En este contexto, la publicación de las listas de invitados, único documento que facilita la secretaría de Bilderberg, nos ha parecido reveladora. Sabemos que en las últimas reuniones participaron el ex presidente Bill Clinton, el antiguo primer ministro británico Tony Blair, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, la secretaria de Estado Hillary Clinton, el ex presidente del Banco Mundial, Paul Wolfovitz, el ex secretario de defensa estadounidense Donald Rumsfeld, la presidente del Banesto, Ana Patricia Botín, el ex comisario europeo y ministro de hacienda español Pedro Solbes, así como directivos de las grandes compañías multinacionales IBM, Xerox, Royal Dutch Shell, Nokia, Daimler, etc.
Por regla general, los organizadores suelen invitar a dos representantes de cada país: un conservador y un liberal. Sin embargo, a veces los papeles se confunden. Los debates se centran en temas de actualidad. Sin embargo, el análisis del estado de la economía mundial figura siempre en el orden del día de estos encuentros.
Para los expertos del Centro de Estudios sobre la Globalización de Montreal (Canadá), el Grupo Bilderberg “no es un gobierno mundial oculto”, sino una organización que propicia las “tormentas de ideas” (brainstorming). Coinciden, sin embargo, en que Bilderberg es la “organización más influyente” del mundo.
Aparentemente, el Grupo no elabora directrices para la gobernanza mundial. Sus miembros prefieren definir su papel como un simple “foro para la socialización de las élites”. Sin embargo, quienes siguen a rajatabla las pautas (ideario) del Club Bilderberg tienen más probabilidades de ascenso en el escalafón de la burocracia institucional. De hecho, muchos de los políticos que participan en los encuentros anuales llegaron a desempeñar funciones clave en el establishment mundial. Más claro…