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sábado, 19 de enero de 2019

Oriente Medio: míster Trump tiene un plan


Con incredulidad, desconfianza y escepticismo fue recibida la noticia, la filtración, mejor dicho, del proyecto del plan de paz para Oriente Medio elaborado por la Administración Trump.

Se trata, en realidad, de una iniciativa destinada a resolver, de una vez por todas, el conflicto israelo-palestino, the deal of the century, como lo llama el actual inquilino de la Casa Blanca. La expresión podría traducirse por el acuerdo del siglo, o, conociendo la jerga empleada por Donald Trump, por negocio del siglo.

La filtración del borrador se produjo hace unos días, cuando la publicación árabe Al Monitor, editada en Washington por un grupo de catedráticos, políticos y altos directivos de empresas multinacionales, tuvo acceso a lo que podría ser la versión definitiva de la iniciativa de la Administración norteamericana. 

Huelga decir que el poco original documento recoge algunas ideas que figuran en las decenas de propuestas elaboradas en las últimas siete décadas. Un coctel un tanto explosivo, que debería contentar a las partes, pero que los politólogos occidentales encuentran poco convincentes.

Se cree que el aún no publicado documento oficial se dará a conocer en la primera quincena de abril, después de la celebración de las elecciones generales israelíes. 
 
Detalle interesante: el plan de paz de la Casa Blanca contempla la división de Jerusalén en tres sectores. Israel contralaría el sector occidental de la ciudad, así como los barrios judíos situados en la parte oriental (árabe). Por su parte, la Autoridad Palestina o, mejor dicho, el futuro Estado palestino, podría establecer su capital en Jerusalén Este, es decir, en el corazón de la llamada capital eterna e indivisible de Israel. Algo que el establishment político hebreo difícilmente podría aceptar, sobre todo teniendo en cuenta que la  nueva  entidad estatal palestina abarcaría parte de Jerusalén, una gran extensión de Cisjordania y la Franja de Gaza.

El tercer sector, que quedaría bajo control internacional, comprendería la Cuenca Sagrada de la milenaria ciudad, que engloba la Ciudad Vieja, el Monte de los Olivos y el barrio árabe de Silwan, antigua sede de la Administración colonial británica reconvertida, después de 1947, en cuartel general de las Naciones Unidas. La propuesta recuerda, extrañamente, el tristemente célebre Plan de Partición elaborado por las Naciones Unidas en 1947 y rechazado por los sucesivos Gobiernos israelíes.

Parece muy improbable que los políticos hebreos acepten la propuesta de la Administración estadounidense, ya que ello supondría reconocer la doble capitalidad de Jerusalén e, implícitamente, la cosoberanía del Estado Palestino. Por otra parte, quedarían bajo control internacional los dos lugares sagrados del judaísmo: el Muro de las lamentaciones y el cementerio del Monte de los Olivos.  
Finalmente, la perspectiva de la división de Jerusalén en tres sectores, perturbaría la política israelí y dañaría al futuro Gobierno del Estado Hebreo.

Más compleja, complicada y dolorosa sería la cesión de territorios en Cisjordania. El plan de Trump prevé el establecimiento del Estado Palestino sobre el 85 – 90 por ciento de Cisjordania, garantizando la soberanía (extraterritorial) israelí sobre los asentamientos ilegales. En este contexto, conviene recordar que los territorios supuestamente administrados por la Autoridad Nacional Palestina (Cisjordania y Gaza)  tienen una extensión total de 6.242 Km2, lo que representa un escaso 22,9 % de la Palestina histórica. Si se descuentan las tierras ocupadas por los asentamientos, este porcentaje queda reducido al 16,03 %. Y si se añade una reducción del orden de 10 a 15 % prevista por la propuesta de Trump, el futuro Estado quedaría reducido en su más mínima expresión. 

Aparentemente, el documento facilitado por Al Monitor tiene bastantes visos de credibilidad. Subsiste, sin embargo, el interrogante: ¿se trata de una versión definitiva? ¿De un globo sonda? ¿De un intento de manipulación mediática?

Llama la atención el hecho de que el actual presidente de Al Monitor es Andrew Parasiliti, un alto cargo de la Rand Corporation, prestigioso gabinete de estudios que suele elaborar los planes estratégicos de la Administración estadounidense.

Y, por ende, cabe preguntarse: ¿qué estratagema piensa emplear Donald Trump para persuadir a israelíes y palestinos que el acuerdo del siglo es, en definitiva, su negocio del siglo?

sábado, 21 de octubre de 2017

Trump, Netanyahu y el “irrelevante” señor Abbás


Trato de recordar cuántas veces emplearon los políticos israelíes la palabra “irrelevante” a la hora de aludir a sus interlocutores palestinos. La lista es muy larga; casi interminable. La expresión fue acuñada en diciembre de 2001, pocos meses después de los atentados del 11 S, por el entonces primer ministro israelí, Ariel Sharon, quien tildó al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat, de “terrorista”, “asesino” y “personaje irrelevante” para en proceso de paz de Oriente Medio. En septiembre de 2003, cuando las Naciones Unidas aprobaron una resolución de apoyo a la causa palestina e, implícitamente, al funcionamiento de la ANP, el Gobierno de Tel Aviv volvió a utilizar el mismo vocablo: “irrelevante”. 

En febrero de 2006, después de la muerte (¿asesinato?) de Arafat, cuando su sucesor, Mahmud Abás (Abu Mázen) intentó una mediación entre las dos grandes corrientes palestinas, Al Fatah (laica) y Hamas (islamista), la entonces ministra de Asuntos Exteriores de Israel, Tzipi Livni, siguió los pasos de Sharon, calificando al nuevo Presidente de la ANP de… político “irrelevante”. La expresión se ha convertido en el estribillo de la clase política hebrea. Aparentemente, todas las iniciativas, véase logros de los palestinos son… irrelevantes.

Si bien no sucede lo mismo cuando Palestina alcanza su reconocimiento internacional o la adhesión a los organismos especializados de las Naciones Unidas, como por ejemplo, la UNESCO, la palabra vuelve a emplearse cuando las facciones palestinas rivales – Al Fatah y Hamas – tratan de sellar las paces. Fue lo que sucedió recientemente en El Cairo, cuando los emisarios de la ANP y los representantes gazatíes del Movimiento de Resistencia Islámica firmaron el acuerdo sobre la entrega del control de Gaza a la Autoridad Nacional Palestina. El documento, negociado en la sede de la Dirección de la Inteligencia egipcia, ponía fin a la rebelión de los islamistas, quienes asumieron el control de la Franja en 2007, tras la expulsión manu militari del personal civil y los milicianos de la ANP.

El protocolo rubricado en El Cairo contempla seis cláusulas, que tratamos de detallar a continuación:  
· La Autoridad Nacional Palestina asume, a partir del 1 de diciembre, la gestión administrativa de la Franja de Gaza;

· Los jefes de los servicios de seguridad de Gaza y Cisjordania estudiarán la creación de un sistema de seguridad común;

· Los miembros de la Guardia Presidencial de la ANP (unos 3.000 efectivos) se harán cargo de la vigilancia de las fronteras de la Franja con Israel y Egipto;

· Durante la primera semana de diciembre, se celebrará en El Cairo una reunión conjunta destinada a evaluar la aplicación del acuerdo entre las dos partes;

· Una comisión de la ANP se encargará de solucionar, de aquí al 1 de febrero del año próximo, el problema de los 40.000 funcionarios públicos de Gaza. Unos 5.000 pasarán a desempeñar sus funciones tras el traspaso de poderes. El resto, percibirá sus sueldos durante el periodo interino; 
 
· Las facciones que firmaron el Acuerdo de 2011, que contempla la reconciliación y la celebración de elecciones generales en los territorios palestinos, se reunirán en El Cairo el 14 de noviembre; y

· Las partes estudiarán las modalidades de un posible desarme o disolución de las Brigadas Izzadin Kassam, brazo armado de Hamas. Hoy por hoy, la organización islamista de Gaza rechaza esta alternativa.

El acuerdo, que prevé la creación de un Gobierno de Concentración Nacional, alude asimismo a la “unidad de los palestinos” con miras a acabar con la ocupación, la creación de un Estado soberano en la totalidad de los territorios ocupados por Israel en 1967, al retorno de los refugiados y al derecho de establecer la capital del futuro Estado en Jerusalén Este.

Conviene señalar, sin embargo, que un documento elaborado por la plana mayor de Hamas a comienzos de 2017 descarta el reconocimiento del Estado judío y/o cualquier opción política que haga caso omiso del objetivo final del movimiento islámico: la liberación de Palestina desde la orilla del río Jordán hasta el Mediterráneo, lo que implica la desaparición del Estado judío.

No hay que extrañarse, pues, que el Gobierno de Benjamín Netanyahu, haya rechazado tajantemente el diálogo con Hamas, esa “organización terrorista” que figura en las listas negras elaboradas por el Departamento de Estado y de Unión Europea.  La condición sine qua non de Tel Aviv es que el movimiento de corte religioso rompa definitivamente los lazos con el régimen de Teherán, su principal valedor en la zona.

Tampoco hay que extrañarse que la Administración Trump haya exigido a la ANP, en un tono autoritario, el desmantelamiento de las Brigadas Izzadin Kassam, así como el desarme total de la Franja de Gaza. Aparentemente, el actual inquilino de la Casa Blanca, que no tiene especial predilección por los musulmanes, adopta una postura mucho más intransigente que sus antecesores.

viernes, 7 de noviembre de 2014

El sueño de la "señora Europa"


“Mi objetivo es tener un Estado palestino”. Con esas palabras se estrenó la nueva Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Federica Mongherini, socialdemócrata italiana que ostentó durante unos meses el cargo de jefa de la diplomacia de su país.

Esa politóloga de 41 años de edad tiene la nada desdeñable tarea de coordinar la política exterior de los 28 miembros de la Unión, lograr que Europa llegue a adoptar medidas comunes y concertadas, que la UE hable con una sola voz en los foros internacionales. Algo que parecía difícil, cuando no imposible, durante el mandato de su antecesora, la baronesa británica Catherine Ashton, una burócrata sin conocimiento alguno de los entresijos de la diplomacia. Ashton limitó su actuación a los Balcanes, apuntándose el éxito del acuerdo sobre la normalización de las relaciones entre Serbia y el enclave secesionista de Kosovo. También desempeñó un papel importante en la preparación del convenio sobre la supervisión del programa nuclear iraní, negociado por las grandes potencias – Estados Unidos, Rusia, Francia, Reino Unido, China y Alemania. Pero la baronesa trató de obviar la delicada situación de Oriente Medio – conflicto israelo-árabe, la dramática situación de los pobladores de Palestina, las repercusiones de las llamadas primaveras árabes para la estabilidad en el Mediterráneo. Ficticia o real, su incapacidad de abordar los problemas de la cuenca meridional del Mare Nostrum ha convertido a Europa, primer socio comercial y primer donante en la región, en mero espectador. Y ello, en un momento en que tres potencias regionales de corte islámico – Arabia Saudita, Irán y Turquía – se disputan el liderazgo geoestratégico en la zona.

Federica Mongherini decidió realizar su primer viaje oficial a Israel y Palestina. La nueva Alta Representante confía en que antes del final de su mandato, en 2019, Palestina sea un Estado; un Estado reconocido por la totalidad de los países de la Unión. Si bien es cierto que algunos de los miembros, como por ejemplo Bulgaria, Chequia, Chipre, Hungría,  Malta, Polonia y Rumanía reconocieron el Estado palestino antes de su incorporación al club de Bruselas, conviene señalar que en los últimos años, y más concretamente después del operativo bélico llevado a cabo por Israel en la Franja de Gaza en 2012, los socios  comunitarios optaron por un endurecimiento de su postura frente a las autoridades de Tel Aviv. En la declaración conjunta de los miembros de la UE publicada al término de la ofensiva contra Gaza, se subraya por vez primera la necesidad de contar con dos Estados – Palestina e Israel – y se condena, por ilegal la política de colonización de los territorios ocupados.

Los cambios registrados en la percepción comunitaria, tanto a nivel de la clase política como de la opinión pública, coinciden con el fracaso sistemático de las consultas de paz patrocinadas por los Estados Unidos. Mientras las iniciativas estadounidenses llevan de antemano su certificado de defunción, los operativos bélicos del Gobierno israelí y la colonización permanente y sistemática de Cisjordania y Jerusalén se convierten en respuestas habituales a las innumerables propuestas de paz o diálogo ideadas por la diplomacia estadounidense.

La pasada semana, el nuevo Gobierno sueco provocó una auténtica tormenta al reconocer unilateralmente a Palestina. Se trata de una verdadera primicia, puesto que la postura oficial (y ambigua) de Bruselas se escuda en la socorrida frase buscar una solución pactada que facilite la creación de un Estado palestino junto al israelí.  Pocas horas después de la escandalosa decisión de Suecia, los parlamentarios ingleses exigieron al primer ministro David Cameron que reconozca el Estado palestino. Lo mismo sucedió en el Senado de la República de Irlanda.


Actualmente,  el Estado judío cuenta con defensores en el seno de la UE. Se trata de los Países Bajos, Dinamarca y Alemania, que apoyan (casi) incondicionalmente la política llevada a cabo por las autoridades de Tel Aviv. La postura de Francia, Inglaterra y España parece más… ambigua. Las dos grandes potencias coloniales del siglo XX procuran ocultar sus verdaderos designios. España, por su parte, sigue a la zaga de…

jueves, 10 de julio de 2014

Operación Margen Protector – Netanyahu contra Hamás


No debemos permitir que la muerte nuestros hijos se convierta en una coartada para el combate (fratricida), manifestó hace apenas unos días Raquel Fraenkel, la madre de Neftalí, uno de los tres jóvenes israelíes secuestrados y asesinados por extremistas palestinos. Tomando la palabra ante los miembros de un foro de las Naciones Unidas, Raquel se comprometió a entrevistarse con la madre de Mohamed Abu Khdeir, el adolescente palestino quemado vivo por ultraderechistas judíos. A quienes insinúan que se trata de una decisión ingenua, de un gesto gratuito, Raquel les contesta: las madres pueden ganar la batalla que perdieron los políticos.

Conviene recordar que tanto los artífices del triple asesinato de Hebrón como los de la siniestra venganza de Jerusalén fueron identificados y se hallan bajo custodia policial. Sin embargo, en esta ocasión los crímenes no quedan circunscritos a una simple investigación de la brigada de homicidios. La sangre de los estudiantes de la escuela talmúdica de la milenaria ciudad cisjordana o del muchacho palestino de Shuafat reclama más sangre. El círculo vicioso desemboca en la barbarie. La ultraderecha israelí exige la expulsión de los palestinos de la Cuidad Santa de Jerusalén; el ala militar de Hamás amenaza con una masacre, con un auténtico baño de sangre. Mohamed será vengado, aseguran los cabecillas de las Brigadas Ezzedín al Qassam, brazo armado de la agrupación islámica. No se trata de una mera advertencia: en menos d 24 horas, los extremistas de la Franja de Gaza disparan más de 160 cohetes y granadas de mortero contra el territorio israelí. El Estado judío lanza la Operación Margen Protector, un espectacular operativo destinado, según los portavoces militares, a lograr la eliminación física de los dirigentes del movimiento islámico y acabar con las lanzaderas de misiles. La fuerza aérea bombardea los locales de Hamás, aunque también las viviendas de algunos militantes islámicos. El Primer Ministro Netanyahu pide a los militares que no actúen con guantes de seda. Por su parte, el Presidente palestino, Majmúd Abbas, reclama… contención. Su discurso se parece como dos gotas de agua al artículo – manifiesto de Barack Obama, publicado por el rotativo hebreo Haaretz.

¿Contención? En realidad, tanto Netanyahu como Abbas tienen que hacer frente a la presión ejercida por los ultras de sus respectivos Gabinetes. Durante la pasada semana, dos ministros pertenecientes a corrientes derechistas, Naftalí Benet, titular de Economía y Avigdor Lieberman, titular de Exteriores, protagonizaron el divorcio entre el Likud y sus socios ultraconservadores. Por ahora, la crisis se limita a la ruptura del pacto de coalición; los ministros no abandonan el Gobierno. Aun así, hay quien baraja la alternativa de un adelanto electoral, la típica maniobra israelí destinada a… ganar tiempo.

En el caso de Majmúd Abbas,  el conflicto no tiene dos vertientes: la palestino-palestina y la palestino-israelí. A nivel interno, destacan las disensiones entre los miembros de Al Fatah y Hamás que integran el nuevo Gobierno de unidad nacional. Mientras los islamistas reclamaron mano dura después del asesinato de Mohamed Abu Khdeir, los nacionalistas apostaron por la… reapertura del diálogo con Israel.

Las cosas se complican aún más a la hora de evaluar el impacto de la crisis en las ya de por sí difíciles relaciones con Israel. Sabido es que las autoridades de Tel Aviv tratan por todos los medios de acabar con la coalición gubernamental palestina. Estiman que Hamás – agrupación terrorista, reconocida como tal por los Estados Unidos y la Unión Europea -  debe quedar relegada a la Franja de Gaza, donde gobierna desde 2007, convirtiendo a Al Fatah en el único interlocutor con el Estado judío. Abbas necesita, sin embargo, el apoyo de la corriente islámica para afianzarse como presidente de todos por palestinos. Su credibilidad depende, en gran medida, del acuerdo con los dirigentes políticos de la  Franja de Gaza. Unos políticos a los que el Gobierno Netanyahu tiene previsto… eliminar.  El nombre del operativo es: Margen Protector. 

martes, 29 de abril de 2014

Oriente Medio: John Kerry y el Estado del apartheid


Si no se consigue aceptar la solución de los dos Estados, Israel corre el riesgo de convertirse en un país del apartheid. Por muy extraño que ello parezca, esas palabras fueron pronunciadas a finales de la pasada semana en Nueva York por el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry. El jefe de la diplomacia estadounidense se dirigía a un selecto grupo de políticos y empresarios norteamericanos, europeos, rusos y japoneses, congregados en la moderna Torre de Babel por la discreta Comisión Trilateral.
Detalle interesante: hasta la fecha, ningún alto cargo de la Administración norteamericana había pronunciado la palabra apartheid al aludir al conflicto israelo-palestino. Las declaraciones de Kerry, supuestamente formuladas en una reunión a puerta cerrada, causaron un gran revuelo en Israel, donde la clase política no tardó en tacharle de traidor, pero también en Washington, donde los portavoces del Departamento de Estado se apresuraron en quitar hierro al asunto, asegurando que las citas fueron empleadas fuera del contexto. 

¿Sorpresa? No, en absoluto. No hay que olvidar que la iniciativa de paz de Kerry, que contemplaba la firma de un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos en un plazo de… nueve meses, resultó ser una de las mayores excentricidades de la diplomacia norteamericana.

Nueve meses para poner punto final a uno de los conflictos más inacabables de la era moderna. Obviamente, el autor de la iniciativa pecaba por su indescriptible inocencia o tal vez, ignorancia. Para que israelíes y palestinos decidan sellar la paz, es preciso contar con estrategias más complejas que las empleadas para el desencadenamiento nada espontáneo de las malogradas primaveras árabes. Los hermanos enemigos de Tierra Santa llevan décadas negociando, alternando el amor con el odio, la convivencia con las sangrientas matanzas. 

Israelíes y palestinos cuentan con sus respectivos halcones y palomas, con sus Nerones y sus Ghandis. Cuando parece que las posturas se están acercando, que la paz está al alcance de la mano, el ruido de las armas suele acallar los tímidos cantes de concordia.  Pero hagamos memoria: a comienzos del mes de abril, cuando la Autoridad Nacional Palestina solicitó el ingreso en quince organismos especializados de las Naciones Unidas, el Gobierno israelí optó por cancelar la liberación de 26 presos palestinos, cuya excarcelación estaba prevista por los acuerdos bilaterales. Más aún; el Gabinete Netanyahu dio luz verde a la edificación de centenares de viviendas los asentamientos de Jerusalén oriental. El anuncio generó la tímida y habitual protesta de la Administración estadounidense, que había asimilado las proféticas palabras del general Rabín  tras el primer incumplimiento de los Acuerdos de Oslo por parte de Tel Aviv: No hay fechas sagradas. 

Otro acontecimiento sirvió de detonante para ensombrecer aún más el panorama de las relaciones entre las dos comunidades. Se trata de la espectacular  reconciliación de las grandes facciones palestinas, Al Fatah y Hamas,  que se comprometieron a formar un Gobierno de unidad nacional capaz de allanar la vía para la celebración de elecciones generales en Cisjordania y la Franja de Gaza en un plazo de seis a ocho meses. Una excelente noticia para el Presidente Abbas, cuya popularidad había registrado un abismal descenso, así como para el líder de Hamas, el gazatí Ismael Haniyeh, privado del apoyo de los Hermanos Musulmanes egipcios tras el golpe de Estado del verano pasado.

Más la buena nueva se tornó en un pretexto (¡otro más!) para que el Gabinete Netanyahu congele el ya de por sí moribundo proceso de paz ideado por John Kerry. El primer ministro israelí advirtió al presidente de la ANP que debía escoger entre la paz con Israel o la alianza con un grupo terrorista – Hamas – que preconiza la destrucción del Estado judío. Conviene recordar que hasta ahora Israel no reconocía la representatividad del Gobierno de Abbas, alegando que este no contaba con el aval de la totalidad del pueblo palestino. ¿Simple alusión al divorcio entre Cisjordania y Gaza u… otro subterfugio? 

Al escribir estas líneas, el plan de paz de John Kerry tiene las horas contadas. El viejo conflicto israelo-palestino acabó con el buenismo de un político incapaz de comprender los entresijos de esa complejísima pugna. Queda pues, el rencor y la amargura. Y unas declaraciones off the record sobre el Estado del apartheid, que sólo servirán los intereses de los halcones.