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domingo, 22 de mayo de 2022

Erdogan a los nórdicos: “No os molestéis en enviar emisarios a Ankara”

 

La decisión de Ankara de rechazar la adhesión de Finlandia y Suecia a la Alianza Atlántica provocó un hondo malestar en las Cancillerías europeas. ¿Oponerse al ingreso de dos nuevos socios en la OTAN en esos momentos dramáticos para el equilibrio de fuerzas en el Viejo Continente? ¿Jugar el papel de árbitro en un conflicto clave entre el mundo libre y el despotismo de Putin? ¿Tener la desfachatez de oponerse a la corrección política de una organización creada para defender a Occidente? Pero bueno; ¿qué se han creído esos turcos? ¿No convendría echarlos pura y simplemente de la Alianza?

El hartazgo de los diplomáticos dista mucho de la postura más pragmática de los estrategas del cuartel general de las fuerzas aliadas, que prefieren tildar la reacción de Erdogan de mera tormenta en un vaso de agua.

Sí, es cierto: el sultán advirtió a Suecia y Finlandia que no deberían molestarse en enviar emisarios a Ankara para persuadir a Turquía que no se oponga a su solicitud de ingreso en la OTAN. De hecho, Erdogan aprovechó su conversación telefónica del sábado para   insinuar que no iba a recibir emisarios.

 No es esta la primera vez en la que las desavenencias con Ankara se tratan desde posturas maximalistas. ¿Se puede llegar a un acuerdo? Por supuesto; basta con que ambas partes lleguen a medio camino entre la postura oficial y el compromiso. Es lo que en realidad pretende Erdogan.

El presidente turco acusa a los países nórdicos de ofrecer refugio a militantes vinculados a organizaciones terroristas como el Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK), financiado hace décadas por la STASI germanooriental e incluso de contar con terroristas en el Parlamento sueco. Y también, de proteger a los simpatizantes del clérigo liberal turco Fethullah Gulen, antiguo compañero de camino del propio Erdogan, acusado de participar activamente en la intentona golpista de 2016. Ficticia o real, la acusación llevó a la depuración de los organismos estatales, que cobijaban, según los datos facilitados por los servicios de inteligencia del Estado, a… miles de simpatizantes de Gulen.

Erdogan afirma que su país no confía en los nuevos candidatos a la OTAN. Ninguno de estos países – Suecia y Finlandia - tiene una actitud clara hacia las organizaciones terroristas. ¿Cómo podemos confiar en ellos? ¿Vienen a Turquía a convencernos? Para el presidente turco, convendría que los nórdicos se ahorren el viaje.

¿El compromiso? Es probable que un compromiso implique la ilegalización de las organizaciones kurdas existentes en Suecia (aunque no su desaparición de la palestra), la suspensión del embargo a la venta de armas turcas en Occidente – medida aprobada por la OTAN tras la compra por Ankara del sistema antimisiles rusos S 400 – y el suministro de los aviones F 35 estadounidenses adquiridos por Turquía, cuya venta ha sido bloqueada en su momento por Washington.

Una negociación difícil, pero nada resulta imposible en un mercado turco. Basta con que la Casa Blanca mande a sus emisarios. Erdogan no se molestaría por menos.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Putin - Erdogan: un difícil noviazgo


 Durante la segunda mitad de 2016, las autoridades de Ankara iniciaron un rápido y sorprendente acercamiento hacia el Kremlin. El cambio de rumbo de la política turca se debía, al menos aparentemente, a un episodio que los occidentales optaron por ocultar: la ayuda prestada por los servicios de inteligencia rusos al presidente Erdogan durante la intentona golpista del 15 de julio de aquel año, protagonizada por varias unidades del ejército, apoyadas por facciones de la policía nacional turca. La información de última hora facilitada por la inteligencia militar rusa sirvió para frustrar el golpe y salvar la vida del mandatario turco. Un Erdogan crecido y agradecido dirigió su afable mirada hacia el Kremlin.

Rusia acababa de ganar un aliado; se trataba nada más y nada menos que del presidente de uno de los baluartes de la Alianza Atlántica en la región, del país que albergaba el mayor depósito de ogivas nucleares estadounidenses ubicado en los confines con la antigua URSS. La luna de miel entre Moscú y Ankara se tradujo en la firma de numerosos acuerdos de cooperación cultural, comercial y tecnológica, aunque también en la adquisición por parte de Turquía de los sofisticados sistemas de defensa antiaérea S – 400 rusos, capaces de localizar y derribar los rápidos cazas de… la OTAN.  

Pero los tiempos cambian. En los últimos doce meses, Turquía se ha convertido en el mayor obstáculo para la expansión del poderío ruso tanto en la región mediterránea y Oriente Medio como en el Mar Negro, un “lago” en los mapas de los sultanes de Constantinopla. Los dos Estados han acumulado una serie de desacuerdos en los teatros de combate de Siria y Libia, así como en el conflicto que tiene por escenario el enclave de Nagorno Karabaj.

Los turcos no permitieron el aniquilamiento de la oposición siria, ansiado por Moscú. Por su parte, el Kremlin ha dejado claro a Ankara que su presencia e involucramiento en el conflicto del Cáucaso constituye una intromisión en la zona de influencia de Rusia.

Por su parte, las autoridades de Ankara no disimulan su malestar por el acercamiento de Moscú a las agrupaciones armadas kurdas de Siria o por el empecinamiento del Kremlin a la hora de exigir que sus vecinos reconozcan la soberanía de Rusia sobre la península de Crimea.

¿Crimea? Ese antiguo feudo greco bizantino cuya economía estaba regentada por comerciantes otomanos. Esa tierra habitada por tártaros, hermanos de sangre de las tribus turcomanas. Renunciar a Crimea presupone abandonar parte del legado del Imperio Otomano.

Sin embargo, las diferencias políticas, los roces, como se empeñan en llamarlas los diplomáticos, no impiden que Moscú y Ankara mantengan excelentes relaciones económicas. Los proyectos de gaseoductos Blue Stream y Turkish Stream, así como la central nuclear de Akkuyu, edificada por técnicos rusos, se han convertido en una especie de amortiguador que protege los lazos entre los dos países.  La cooperación va viento en popa. 

Con el paso del tiempo los gobernantes de ambos países aprendieron a dialogar, a dividir las trabas en dos categorías: las problemáticas, que podrían desembocar en la confrontación ¿bélica? y las mutualmente aceptables, que se solucionan mediante la cooperación. Ambos países entienden que el diálogo es necesario, ya que la congelación de las relaciones no conducirá a nada bueno. En definitiva, Moscú y Ankara tratan de emular el ejemplo de los zares y los sultanes otomanos, acostumbrados a apostar por la convivencia durante los períodos de calma entre… dos conflictos.