martes, 9 de mayo de 2023

Y en eso llegó míster Xi…

 

Le pido un poco de paciencia y una gran dosis de comprensión, estimado lector. Sí, aparentemente, el título no guarda mucha relación con el contenido de este comentario, dedicado ante todo a uno de los países más satanizados del Cercano Oriente: Siria. Sin embargo, los cambios registrados en las ecuaciones geopolíticas nos obligan a desvelar la presencia de nuevas piezas en el tablero mundial.

China, la superpotencia silenciosa, tardó décadas en mover ficha en el endiablado mosaico del Cercano Oriente, región controlada desde el final de la Segunda Guerra Mundial por los estrategas de Washington y de Moscú. Las dos potencias coloniales que diseñaron el mapa de la zona – Francia y el Imperio Británico – se vieron eclipsadas por los nuevos amos del Planeta. Norteamérica quería adueñarse de los cuantiosos yacimientos de oro negro; Rusia pretendía expandir su influencia ideológica en una región convulsionada por la constante pugna entre corrientes revolucionarias – el marxismo y el nasserismo – y opciones tradicionalistas – las monarquías absolutistas y la Hermandad Musulmana, versión conservadora de un supuesto reformismo social. Los neocolonialistas, al igual que las antiguas potencias coloniales, se dedicaron a apoyar, por no decir, enfrentar a los lideres árabes, aplicando la archiconocida norma del divide y vencerás.

Divide y vencerás, enfrentado a las monarquías con las recién creadas repúblicas islámicas, despojadas de manto de la soberbia imperial, a los conservadores de corte europeísta con los acérrimos defensores de la shariá, a los ulemas del Islam sunita con los ayatolás chiíes. Pero, ¿a quién le beneficia la escisión? Obviamente, al titiritero.

Durante la mal llamada Primavera árabe, los cambios sociales registrados en algunos países musulmanes (no todos figuraban en la lista de los primaverales artífices), la mayoría de los regímenes autocráticos tuvieron que dar paso a nuevas estructuras teocráticas. ¿Los beneficiarios del proyecto? Aparentemente, Israel y los Estados Unidos. Mas sólo aparentemente; a la hora de la verdad, los inconvenientes eclipsaron las ventajas. El islamismo sin monarcas resultó mucho más difícil de controlar que las vetustas dinastías.

Un solo país afectado por el huracán primaveral resistió a la ofensiva de los cambios propuestos (cuando no, impuestos) por los artífices del insólito operativo mesoriental: Siria. Un país laico, heredero de un gran legado civilizacional, con instituciones culturales en pleno auge. Pero sí; un país sometido a la férrea dictadura de un clan alauí: los al-Assad. Su fundador, Háfez al-Assad, un militar que participó en su juventud a la resistencia antifrancesa, se formó en las escuelas de guerra rusas. Su deriva hacia el laicismo resultó, pues, comprensible.

Su hijo, Bashar, cursó estudios de medicina en Damasco. Se especializó en oftalmología en Londres. En el 2000, cuando le tocó heredar el feudo de su padre, las embajadas norteamericanas en la zona recibieron el encargo de elaborar un perfil del nuevo presidente. Al parecer, la aportación más valiosa fue la del rey Abdallá de Jordania, quien trató de tranquilizar al amigo americano: Nos os preocupéis; Bashar y yo pertenecemos a la misma generación: la generación Internet. Sin embargo, el monarca hachemita hizo caso omiso de un detalle clave: Bashar era rehén de la vieja guardia del partido Baas, aupada al poder por su padre. El nuevo gobernante no fue capaz de llevar a cabo la revolución Internet. La primavera árabe complicó aún más las cosas. Durante los primeros meses de la revuelta popular, surgieron en Siria varios grupúsculos armados financiados y teledirigidos por Arabia Saudita, Al Qaeda, las facciones kurdas, la oposición pro occidental. Algo así como una docena de ejércitos, cuyos comanditarios poco o nada tenían que ver con el mapa político del país.

Durante los 12 años de conflicto, en el que intervinieron contingentes estadounidenses, rusos y turcos, que se saldó con más de medio millón de víctimas mortales y el éxodo de millones de civiles, Siria fue bombardeada por la aviación de Moscú y de Ankara, convirtiéndose al mismo tiempo en el blanco de los misiles lanzados por las Administraciones Obama, Trump y Biden.  

Las sanciones económicas impuestas por los Estados árabes y los organismos internacionales llevaron al aislamiento casi total del país. Sólo fueron levantados parcialmente tras los terremotos que azotaron Siria y Turquía en el mes de febrero. Una decisión excepcional; aquí pagan los justos por pecadores, afirmaba un voluntario sueco encargado de distribuir la ayuda humanitaria a los desplazados.

Siria fue suspendida de la Liga Árabe en 2011, después de reprimir las protestas populares contra el régimen de al-Assad. Curiosamente, los patrocinadores de esta medida, así como de los paquetes de sanciones económicas y políticas adoptadas contra Damasco fueron los países involucrados en la ofensiva militar contra Damasco. 

La configuración geopolítica de la región experimentó un cambio radical a comienzos de 2023, al registrarse los primeros roces económicos y estratégicos entre Arabia Saudita y Norteamérica. 

Y en eso, llegaron los chinos…

Los ministros de Asuntos Exteriores de la Liga Árabe, reunidos el pasado fin de semana en El Cairo, acordaron readmitir a Siria tras más de una década de suspensión para consolidar el impulso para la normalización de los lazos con Bashar al-Assad.

Tenemos la responsabilidad histórica de estar con el pueblo sirio para ayudarlo a pasar la triste página de su historia, declaró el titular de Exteriores egipcio, Sameh Shukri, artífice – junto con la Casa Real saudita - del acercamiento entre Damasco y las capitales árabes. Los saudíes, que acababan de reanudar las relaciones diplomáticas con la archienemiga República Islámica de Irán, parecen haber apreciado la postura conciliadora de Pekín. Si el diálogo facilita la convivencia entre los países de la región, bienvenido sea… 

El comunicado final de la reunión de El Cairo incluye las condiciones fijadas para el retorno de Damasco a la entidad panárabe. Estas deberían estar relacionadas con el retorno de los refugiados, esclarecimientos sobre la suerte de los desaparecidos y el compromiso de reactivar el comité conjunto Naciones Unidas – oposición, destinado a redactar la nueva Constitución del país, tarea que quedó en suspenso en las últimas décadas.

Y en eso llegó míster Xi… Cabe suponer que la diplomacia china nos deparará nuevas sorpresas. Ya le advertí, estimado lector; para comprender los cambios en el tablero de la geopolítica, hay que armarse de paciencia.  

domingo, 9 de abril de 2023

Embajador en el Ártico y (II)

 

Gigantescos cargueros chinos cruzan el Estrecho de Bering escoltados por cuatro fragatas de la Armada rusa. La noticia se publicó hace varios lustros en un diario de Anchorage; era la copia conforme del comunicado de la Guardia Costera estadounidense que vigila las aguas territoriales de Alaska.

La versión novelesca de los hechos merecería, sin duda, el rimbombante titular: ¡Qué vienen los chinos!  La verdad es que no hizo falta informar al Pentágono ni alertar al inquilino de la Casa Blanca; el establishment estadounidense estaba al tanto de la presencia de los barcos de guerra rusos y de sus huéspedes chinos en las aguas (¡y los hielos!) del Polo Norte.

Ignorada durante décadas, la proliferación de los llamados puestos de vigilancia meteorológica rusos empezó a inquietar a los estrategas de la OTAN durante la Guerra Fría; los planes de defensa del mundo libre debían incluir, forzosamente, el hipotético peligro de la militarización del Ártico, de instalación de bases de misiles atómicos o la llegada de los recién estrenados submarinos nucleares. De hecho, el Pentágono contaba desde la Segunda Guerra Mundial con una gran base aérea en Groenlandia. Las instalaciones militares acogieron también misiles balísticos, conservados en congelados silos subterráneos.

¿Y los rusos? ¿Qué bazas tienen los rusos?, inquirieron los estrategas norteamericanos. Es preciso hacer memoria: las primeras exploraciones rusas de la región ártica comenzaron en el siglo pasado, hace ya más de cien años. En aquella época, el Ministerio de Asuntos Exteriores del Imperio Ruso envió una nota a los países aliados en la que se hacía hincapié en el hecho de que la Rusia de los zares era la propietaria de las tierras e islas situadas al norte de la costa asiática del imperio.

En 1924, la soberanía de dichos territorios quedó transferida a la URSS. Dos años más tarde, en abril de 1926, un decreto del Presidium del PCUS advirtió que son territorios de la URSS todas las tierras e islas, tanto descubiertas como las que puedan descubrirse posteriormente, situadas en el Océano Ártico entre la costa de la URSS y el Polo Norte.

En la franja costera de Rusia, que constituye en 53 p. c. de la costa del Océano Árctico, viven alrededor de 2,5 millones de personas; un 40 p. c. de los pobladores de la región.

Hoy en día, la importancia de la zona no parece haber disminuido: el Ártico produce más del 83 p. c. de su gas natural ruso, el 17 p. c. de los crudos, alberga importantes reservas de diamantes y de metales preciosos.  Por otra parte, la llamada Ruta Marítima Septentrional es un corredor de transporte que conviene mantener y ampliar.

El volumen del tránsito de mercancías a través de la Ruta del ar del Norte pasará de 31.5 millones de toneladas en 2019 a 80 millones de toneladas en 2024, para alcanzar los 160 millones en 2035.

 En 2021, Rusia modificó sus reclamos de plataforma continental para incluir también Gakkel Ridge. Estados Unidos también ha cambiado su normativa para el paso de barcos mercantes.

A finales de 2022, los países del BRICS y de la OCS manifestaron su interés en seguir cooperando con Rusia en la región del Ártico.

En su lucha por el dominio del Polo Norte, Rusia construyó en los últimos tiempos una imponente flota de rompehielos, barcos y submarinos con capacidad nuclear.

En enero de 2023, una empresa minera sueca informó que había descubierto un gran yacimiento de minerales de tierras raras en su región ártica. Al descubrimiento se le ha conferido un importante estatus geopolítico porque ayudará a reducir la dependencia de los suministros de elementos de tierras raras de China, que representan actualmente el 60% de las importaciones de tierras raras de Occidente.

Para el Kremlin, un enfrentamiento con las potencias occidentales ávidas de riquezas parece, pues, inevitable. 

¿Y China?

Durante las dos últimas décadas, los chinos han llevado a cabo una amplia investigación científica en el Océano Ártico y los mares adyacentes.

La República Popular China trata de incrementar su influencia en el Ártico a través de un amplio elenco de actividades económicas, diplomáticas, científicas y militares. China hizo hincapié en su intención de desempeñar un papel activo en la configuración de la gobernanza regional. China ha duplicado su inversión en la zona, centrándose en la explotación de minerales clave, señala un informe publicado recientemente por el exvicepresidente norteamericano Mike Pence,

Insinúa el lugarteniente de Donald Trump que comportamiento agresivo de China a nivel mundial podría desembocar en un despliegue de submarinos dotados con misiles balísticos bajo el hielo del Ártico, con fácil acceso a blancos situados en Europa y América del Norte. La fuente empleada por Pence es… la Estrategia Ártica de la Marina de los EE. UU. de 2021.

Pues bien, señores geo estrategas y colegas analistas políticos, parece que el guion del próximo enfrentamiento, de uno de los próximos enfrentamientos entre bloques, está servido. 

Toca elucubrar; perdón, trabajar.

martes, 28 de marzo de 2023

Embajador en el Ártico (I)

 

Queremos que el Ártico sea una región pacífica, estable y próspera; es una zona que tiene una importancia estratégica vital para los Estados Unidos, manifestó recientemente el jefe de la diplomacia norteamericana, Antony Blinken, al anunciar la creación del cargo de embajador general para la región ártica, que sustituye al actual coordinador del Ártico del Departamento de Estado.

Oficialmente, la misión de este nuevo plenipotenciario consistirá en tratar asuntos relacionados con el medio ambiente y el desarrollo regional, haciendo especial hincapié en los intereses económicos y de seguridad nacional derivados de los efectos del calentamiento global en el Polo Norte.  

Conviene señalar que la Unión Europea se adelantó a la iniciativa de Washington, anunciando el nombramiento de su representante para asuntos árticos y la apertura de una oficina de cooperación de la Comisión Europea en Groenlandia, dirigida por un… embajador.

La competencia se libra también a nivel discursivo-ideológico. El recién estrenado término euroártico, empleado por los funcionarios de Bruselas, define los intereses de la UE en la región: llevar a cabo una política independiente más activa, aprovechando el entorno para fortalecer los lazos con los países del Atlántico Norte, desde Noruega y las Islas Feroe hasta Islandia y Groenlandia, sin olvidar, claro está a los aliados estratégicos clave, Estados Unidos y Canadá.

Los informes escritos en la (casi) ininteligible jerga comunitaria indican que la estrategia de Bruselas debe centrarse en cuestiones de seguridad en las que la UE puede desempeñar un papel importante, como la importación de minerales y materias primas, el uso de los sistemas de satélites civiles y militares, la conversión de la Unión en un actor geopolítico dispuesto a explotar activamente sus interdependencias económicas, es decir, el aprovechamiento de los múltiples recursos minerales de la región.

 

Parecen olvidar los autores del informe comunitario que el Ártico es, en realidad, un escenario de confrontación entre Rusia y Estados Unidos. Para Washington, la Federación Rusa representa una verdadera amenaza militar, teniendo en cuenta los vientos belicistas que soplan en el Viejo Continente. Y, reconozcámoslo:  Rusia, que cuenta con grandes reservas de petróleo y gas natural en el Ártico, lleva años reforzando su presencia militar con armamento de toda índole: submarinos, cohetes, tanques y aviones.  

Los analistas occidentales temen que Estados Unidos y Europa no puedan controlar los ansiados recursos energéticos y establecer un equilibrio estratégico en la región mientras Rusia siga colocando más personal civil y militar en el Ártico, haciendo que peligre – siempre según Occidente - el desarrollo económico y la seguridad de las demás naciones cuyos territorios soberanos se encuentran dentro del Círculo Polar: Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia.

En un sonado artículo titulado La batalla por el Ártico continúa y Estados Unidos ya están atrasados, el omnipresente secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, aseguró que tenía información fidedigna e inquietante sobre el aumento del contingente militar ruso en la zona.  

Afirma Stoltenberg que la defensa aérea de Rusia en la región está cubierta por los misiles S-400 y Pantsir. La brigada de fusileros motorizados 80 utiliza versiones especiales de vehículos todo terreno Vityaz capaces de operar en condiciones extremas, así como tanques T-80BVM.

La principal amenaza para Rusia es, sin duda, la flota de sofisticados submarinos de última generación de la Alianza Atlántica.

La estrategia militar del Ártico, lanzada en octubre de 2022 por el Pentágono, es mucho más agresiva e inequívoca que el discurso conciliador del Departamento de Estado, ya que proclama el deseo de posicionar a Norteamérica como primus inter pares en la competencia con el Kremlin.

 

El plan estratégico de los militares se basa en los siguientes componentes: 

 

1º – Seguridad

2ª - Cambio climático y protección ambiental

3º - Desarrollo económico sostenible

4º - Cooperación y Gobernanza Internacionales

 

En enero de 2021, el plan Restaurar el dominio en el Ártico elaborado por el Departamento de Defensa era mucho más explícito:

 

1º - Crear un cuartel general con brigadas de combate especialmente entrenadas y equipadas;

2º - Aumentar la preparación material de las unidades capaces de actuar en el Ártico;

3º - Mejorar la formación individual y colectiva en condiciones de montaña y alta montaña;

4º - Mejorar la calidad de vida de los militares, civiles y familiares que viven y trabajan en la región del Ártico.

 

Por ende, el Concepto Estratégico de la OTAN adoptado en la cumbre de Madrid de 2022 establece que la libertad de navegación a través del Atlántico Norte es un desafío estratégico para la Alianza.

 

Recapitulemos: submarinos atómicos, rompehielos, comandos especiales, artillería, tanques, misiles con ojivas nucleares.

 

Ahora bien: parafraseando al dramaturgo francés Jean Giraudoux podríamos decir que La guerra del Ártico no tendrá lugar. Mas escuchando las enigmáticas palabras de Antony Blinken, nos veríamos obligados a añadir: Al menos, de momento.

Sería licito preguntarse, pues: ¿Para qué sirven los embajadores en el Ártico?


viernes, 17 de marzo de 2023

Moldova (III) - La desestabilización

 

Al cumplirse un año desde el inicio de la ofensiva rusa en Ucrania, los contrincantes llegaron a la triste conclusión de que el operativo bélico se hallaba en un callejón sin salida. El blitzkrieg (guerra relámpago) ideada por el Kremlin había fracasado; el discurso triunfalista del presidente Zelensky oculta un sinfín de fallos, de fracasos militares.

No, las huestes de Moscú no lanzaban sus ataques armados con simples palas, como pretendía la todopoderosa maquinaria de propaganda militar británica; la heroica resistencia de las unidades ucranias se debía, en gran parte, a la escasez de municiones. No había motivo alguno para echar campanas al vuelo.

Pero como las palabras desanimo y derrota no figuran en el decálogo de la propaganda psicológica escrito hace un siglo por el político británico Arthur Ponsonby, los amos de la desinformación optaron por recurrir a otros argumentos - indudablemente conflictivos, aunque inéditos - la inestabilidad política en los países de la zona candidatos a la adhesión a la OTAN o la UE: Moldova y Georgia.      

El parlamento de Georgia debatió a primeros de marzo un proyecto de ley sobre agentes extranjeros, equiparable a la normativa legal adoptada recientemente en Rusia o a la ley mordaza española. Al día siguiente, centenares de manifestantes se congregaron ante la sede del poder legislativo, reclamando la retirada del borrador de ley. La protesta surtió efecto; el debate sobre la ley rusa quedó congelado.

¿Ley rusa?  La prensa moscovita no tardó en recordar que la primera normativa legal sobre la identificación y el registro de agentes extranjeros – aún vigente - fue aprobada en 1938 por… el Congreso de los Estados Unidos. Por otra parte, la propia UE coquetea con la idea de vigilar a los detractores de su política atlantista. Conviene, pues, correr un tupido velo.

Las miradas se dirigen rápidamente hacia el otro candidato: Moldova. Pero, ¡ay! surge el golpe de teatro. Veinticuatro horas antes de presentar la escenificación de un golpe de Estado contra el Gobierno pro occidental de la presidenta Maia Sandu, las autoridades de la secesionista República Moldava del Dniéster - prorrusa - informan sobre un intento de asesinato del presidente Vadim Krasnoselski, hijo de militar y militar soviético, ordenado por el servicio de seguridad de Ucrania – SBU.

El Ministerio de Seguridad del Estado de Transnistria informó que el Land Rover de Krasnoselski debía haber explotado en pleno centro de Tiraspol. El vehículo contenía una carga de 8 kg de RDX, tornillos, tuercas y alambre.

Los autores del atentado contaban también con la eliminación física de otros altos cargos de Transnistria.

La televisión presentó al presunto cerebro del atentado: Vyacheslav Kisnichan, originario de Tiraspol, que se trasladó a Odessa hace 12 años. En 2022, Kisnichan empezó a colaborar con el SBU, familiarizándose con el uso de explosivos.

La seguridad ucrania se apresuró a desmentir la noticia, calificándola de burda provocación del Kremlin.

Detalle interesante: apenas 72 horas después de la crisis transnistriana, la policía de la República Moldavia informó que se había frustrado un complot urdido por agentes rusos, entrenados para provocar disturbios callejeros durante las protestas contra el gobierno pro occidental de Maia Sandu.

Las protestas, organizadas por el autodenominado Movimiento por el Pueblo, contaban con el apoyo de la agrupación política moldava Shor, partidaria de Rusia, que ocupa seis escaños en el parlamento.

Además de pedir la renuncia de la presidenta Sandu, los manifestantes exigieron que el gobierno de Chișinău cubra los costos de las abultadas facturas de energía eléctrica de los meses de invierno y no involucre al país en la guerra de Ucrania.

El anuncio de la policía moldava se produce pocos días después de que funcionarios de inteligencia estadounidense dijeran que habían identificado a personas vinculadas a los servicios secretos rusos, que  planeaban utilizar las protestas como plataforma para fomentar una insurrección contra el gobierno.

La ministra del Interior, Ana Revenco, manifestó por su parte que las protestas tienen por objeto debilitar la democracia y socavar la estabilidad del país.

Debilitar la democracia. Si algo han puesto manifiesto los constantes intentos de desestabilización política, los simulacros violentos – véase golpistas – de Tiflis, Tiraspol o Chișinău, son los intentos de provocar un constante deterioro de las ya de por sí frágiles estructuras democráticas del espacio postsoviético.   

Un peligro que, reconozcámoslo, nos acecha a todos. 

miércoles, 15 de marzo de 2023

Moldova (II) Transnistria - ¿una anomalía histórica?


 El cruce de la frontera entre Moldova y la región separatista de Transnistria – la autodenominada República Moldava Pridnestroviana o República Moldava del Dniéster recuerda extrañamente el dificultoso transito fronterizo entre las mal llamadas democracias populares de Europa Oriental. De un lado, los policías moldavos, que se limitaban a controlar los documentos de identidad de los viajeros. Del otro, unos jóvenes que vestían uniforme de camuflaje; en la tierra de nadie, militares rusos y algún blindado que otro, perteneciente a ejército de la ex Unión Soviética. Los confines separan dos mundos: la Unión Europea inconclusa y la Unión Soviética incesante.

Afirman los expertos, asiduos lectores del Reader’s Digest, que el abismal contraste entre los dos territorios es una mera reminiscencia de la guerra civil de 1992, desencadenada por el rechazo de los habitantes de Transnistria de aceptar el resultado del referéndum organizado por la élite de Chișinău que desembocó en la independencia de Moldova. Los transnistrianos, los gagauz, los rusos y los pro soviéticos, votaron a favor de la permanencia en la extinta Unión Soviética. La guerra civil – un conflicto que duró menos de seis meses – arrojó una cifra de 20.000 muertos.

Para los estudiosos de la historia europea, las raíces del enfrentamiento son mucho más profundas. La región formó parte inicialmente del Rus de Kiev. Tras su integración al Reino de Hungría, se constituyó – en 1346 – el Principado de Moldavia.

En la primera mitad del siglo XV, los moldavos eran vasallos del Gran Ducado de Lituania. Invadido y ocupado por los turcos en 1512, el Principado se transforma en tributario del Imperio Otomano en 1538.

Los historiadores de este anacrónico enclave, que profesan un antirrumanismo militante, advierten:  Los rumanos aluden siempre a sus antepasados, los dacios. Pero aquí contamos con una decena de etnias: rusos, rumanos, moldavos, húngaros, ucranios, turcos, tártaros. Un desconcertante mosaico, bastante frecuente en las permeables regiones fronterizas de Europa oriental y los Balcanes.

Cierto es que después de los otomanos llegaron los rusos. Primero, los zares, que no dudaron en convertir la franja situada entre los ríos Dniéster y Prut en la punta de lanza de su estrategia colonialista. Rusia quería conquistar Moldova, Valaquia y Bulgaria, abriéndose camino hacia el Bósforo y los Dardanelos. El Tratado de Bucarest de 1812, que puso fin a la guerra ruso-turca, frenó las apetencias territoriales de Rusia, a la que se le adjudicó sólo el Voivodato de Besarabia.  

Transnistria volvió a convertirse en un problema político después de 1918, cuando la URSS estaba elaborando una estrategia para contrarrestar la Gran Unión entre Moldova y Rumanía, deseada por el parlamento de Chișinău.

En 1924, las prioridades del régimen parecían eran obvias: se trataba de ejercer presión sobre Rumania con respecto a la cuestión de Besarabia, exportar la revolución proletaria al territorio rumano y establecer una cabeza de puente hacia los Balcanes. Una de las opciones barajadas por Moscú era ¡unir Chișinău con Transdniéster! La URSS inventó, pues, Transnistria en 1924. Se trataba de aplicar la política imperial… renovada.

En 1941, cuando las tropas rumanas cruzaron el Prut, gran parte de los líderes prosoviéticos se trasladó a Tiraspol – capital actual de Transnistria - donde crearon centros de resistencia ideológica, cultural y lingüística. En esos laboratorios ideológicos se ideó la llamada lengua moldava, que se emplea en los libros de texto transnistrianos, donde la historia dista mucho de la que se enseña en Chișinău.

Los planes de industrialización de Transnistria fueron ideados después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el territorio contaba ya con una mayoría ruso parlante.

Detalle interesante: antes de 1989, Transnistria ocupaba alrededor del 11 ó el 12 por ciento del territorio de la República Socialista de Moldova, pero producía el 90% de la energía, generaba el 40% del PNB y el 33% de la producción industrial moldava.

Conviene señalar que el enclave secesionista acoge más de 20.000 toneladas de armamento, almacenado por el Ejército soviético tras el final de la Guerra Fría. Se trata de armas y municiones abandonadas por las tropas que abandonaron precipitadamente Alemania Oriental, Checoslovaquia, Hungría y Polonia.

Para Moscú, la importancia de Transnistria – esa anomalía histórica - es ante todo estratégica. El territorio está cerca de Sebastopol y de la península de Crimea, lo que no se puede ignorar, teniendo en cuenta que pensamiento geopolítico ruso y exsoviético es el mero reflejo de los mapas militares.

Desde el comienzo de la guerra de Ucrania, los estrategas occidentales contemplan a Moldova como posible escenario para la extensión del conflicto. La apertura de un nuevo frente complicaría la trama de forma controlada, ya que Chișinău no pertenece a la UE ni a la OTAN, por lo que tanto la Alianza Atlántica como Bruselas podrían enviar voluntarios y armamento para ampliar el teatro de operaciones y desgastar más a Rusia.

Sombrías perspectivas éstas para las huestes pacifistas... Pero muy distintas de los vaticinios de Samuel Huntington.

 

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domingo, 12 de marzo de 2023

Acuerdo Irán - Arabia Saudi: pánico en Tel Aviv

 

La noticia de la inesperada reconciliación entre Irán y Arabia Saudita, auspiciada por las autoridades de Pekín, causó un profundo malestar en el seno del establishment político y militar israelí. Una especie de jarro de agua fría que tuvo por efecto frenar – al menos, provisionalmente – la tormenta provocada por el debate interno sobre la reforma del sistema jurídico del Estado judío. La iniciativa, promovida por el Gobierno de Benjamín Netanyahu, podría desembocar en una amnistía de los políticos y empresarios corruptos y, concretamente, en la absolución de todos los cargos imputados al primer ministro. Aunque los ciudadanos salieron a la calle para protestar contra las maniobras de Netanyahu, el golpe de gracia a las maniobras del Gobierno lo asestó la diplomacia china.  

¿Pero, qué hacen los chinos aquí? inquirieron los mandatarios del Estado Judío, acostumbrados a la presencia de Washington o de Moscú en el endiablado tablero estratégico de Oriente Medio. Los chinos llevan décadas oteando el horizonte, sin tratar de intervenir en el ordenamiento – o el desorden – de la región. Su presencia, muy activa a nivel económico o empresarial, solía ser muy discreta. Cierto es que la República Popular se adjudicó recientemente un muelle en el puerto de Haifa, uno de los mayores en la región. La adquisición provocó la ira de los comandantes de la Sexta Flota estadounidense, que solía utilizar la escala de Haifa para el descanso y la diversión de sus marines. ¿Protestar ante las autoridades de Tel Aviv? El Gobierno no tiene por costumbre desautorizar los acuerdos económicos. Un trato es un trato, contestarán los ministerios hebreos.

Muy diferente ha sido la reacción ante la paz sellada por Riad y Teherán, que despoja a Israel del dique de contención saudí, comodín de su estrategia frente a Irán o. como prefieren afirmar los halcones israelíes, el peligro nuclear iraní. Tel Aviv utilizó en reiteradas ocasiones el espacio aéreo de Arabia Saudita para montar sus operativos contra países enemigos de la zona. Pero los saudíes, la codiciada pieza del domino estratégico de Tel Aviv, único obstáculo importante para la materialización del Acuerdo Abraham ideado por la Administración Trump, apostaron – tal vez in extremis - por la paz con el archienemigo Irán y la amistad con… China.

Detalle interesante: horas después de darse a conocer la noticia sobre la reconciliación con Irán, la Corona saudí informó a los Estados Unidos que tenía intención de iniciar un proyecto para el desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos, avalado y supervisado por… Washington.   Malas noticias para Tel Aviv, que contaba con la presencia de Riad como elemento clave de una alianza estratégica con los Estados del Golfo contra el enemigo común: el Irán de los ayatolás. Aparentemente, todo quedaba en agua de borrajas.

Para los politólogos hebreos, la cacareada alianza militar regional anti iraní era una simple quimera que no tenía ningún viso de credibilidad. El ex primer ministro, Naftalí Bennett, no dudó en lanzar un ataque frontal contra Netanyahu, alegando que su política reflejaba el fracaso rotundo del gobierno de centro-derecha; una combinación de negligencia política y debilidad de un Gobierno disfuncional involucrado en su autodestrucción sistemática, que fomentaba un conflicto interno.        

El ex ministro de defensa, Benny Gantz, estima, por su parte, que Netanyahu descuidó la seguridad de Israel y de sus conciudadanos. El gobierno Netanyahu es un rotundo fracaso económico, político y de seguridad, que pone en peligro la existencia misma del Estado, manifestó Gantz, quien abogó por la creación de un Gobierno amplio de salud nacional, capaz de corregir el daño provocado por la coalición ultraconservadora liderada por Netanyahu.


En realidad, lo más difícil sería cambiar el rumbo de la política exterior de Tel Aviv, que juega la baza del enfrentamiento en una región que tiende a apostar por el diálogo entre potencias rivales. Es algo que los chinos habían comprendido antes de lanzar una ofensiva destinada ante todo a reducir el predominio de la presencia imperial estadounidense en Oriente Medio.

 

jueves, 9 de marzo de 2023

Moldova (I)

 

Su café, señor. La muchacha rubia hablaba con un indeterminado acento extranjero.

¿Es usted rumana, Alina?

No señor, soy moldava.

Pero habla rumano o moldavo, ¿verdad?

No, sólo hablo ruso. Es mi idioma materno. Mis padres hablaban rumano, pero como los trasladaron a la región oriental de la República, los rusificaron; nos rusificaron. Era una práctica bastante frecuente. Yo estudié magisterio; en ruso. Para lo que me ha servido…

Alina, la moldava rubia rusificada en la época de los soviets, sirve cafés en una terraza del madrileño Paseo de la Castellana…

La República Moldova – el país más pobre de Europa – volvió a la palestra recientemente, cuando los medios de comunicación del Viejo Continente se hicieron eco de rumores sobre una posible invasión de las tropas rusas que operan en Ucrania. Unos rumores destinados a contrarrestar las informaciones, no menos fidedignas, sobre la también inminente invasión de la región secesionista de Transnistria – feudo de la ortodoxia soviética – por el ejército de Kiev.

Durante una semana, las autoridades de Chișinău – la capital de Moldova – vehicularon rumores sobre la existencia de una conjura del Kremlin, destinada a derrocar al Gobierno legítimo de la república, deseoso de preservar la neutralidad del país, consagrada en la Constitución.

Cierto es que los ataques de Moscú no faltaron. El propio jefe de la diplomacia rusa, Seguéi Lavrov, afirmó recientemente que Occidente quiere convertir a Moldova en otra anti-Rusia, al poner al mando del país, mediante métodos poco democráticos, a una presidenta – Maia Sandu – que tiene la ciudadanía rumana, desea ingresar en la OTAN o fomentar la unión con Rumanía, país miembro de la Alianza, que patrocina a las autoridades de Chișinău. Se trata, claro está de un patrocinio paternalista; los rumanos jamás olvidaron que el territorio les había sido arrebatado por José Stalin al final de la Segunda Guerra Mundial.

En cuanto a las culpas o los pecados de Maia Sandu, economista con una brillante hoja de servicios en la administración estatal moldava, basta con recordar que cursó estudios en la Universidad de Harvard y trabajó entre 2010 y 2012 en calidad de consejera de la dirección del Banco Mundal.          

Si en algo no se equivoca Lavrov es en la evaluación de los sentimientos de los moldavos. De hecho, una encuesta realizada recientemente por un instituto local revela que el 60 por ciento de la población estima que el Gobierno de Chișinău está manipulado por potencias extranjeras. El 59 por ciento considera que el país está en la órbita de Washington o de la Unión Europea. Conviene recordar que el junio de 2022 el Consejo Europeo otorgó a Moldova (y a Ucrania) el estatuto de candidatos a la adhesión a la UE. 

De momento, sólo hay indicios de la integración paulatina de Moldova a la esfera de influencia rumana. Hace apenas unos meses, el parlamento aprobó una ley que cambia el nombre del idioma oficial – moldavo – al rumano. La decisión, impugnada por los partidos de oposición, no fue cancelada por el legislativo.   

La inmediatez de la guerra de Ucrania suscitó recciones distintas en la opinión pública. Mientras las agrupaciones políticas progubernamentales se dedican a organizar actos en apoyo de Gobierno de Kiev – contra la guerra (de Moscú) – el prorruso Partido Socialista organiza manifestaciones contra la participación de Moldova en el conflicto. Los socialistas estiman que es preciso analizar la situación socioeconómica del país, los niveles extremos de pobreza - antes de contemplar el envío de armas a Ucrania.  

La obsesión por un hipotético golpe de Estado fomentado por el Kremlin generó la noticia del no menos hipotético descubrimiento por parte del Servicio de Información y Seguridad de una red de agentes (rusos) que se dedicaba al espionaje y a los intentos de cambiar el orden constitucional. El Presidente del Parlamento, Igor Grosu, miembro del partido en el que milita Maia Sandu, exigió a la Unión Europea imponer sanciones contra el opositor Ilon Shor, un millonario de origen judío exiliado en Israel, y el oligarca Vladimir Plahotniuc, banquero perseguido por fraude fiscal, acusándolos de desestabilizar las instituciones republicanas.

Las salidas de tono de Grosu son proverbiales. En vísperas de las elecciones generales para la Asamblea de la región autónoma de Găgăuzia (Gagauzia), territorio poblado por una minoría étnica turcomena que abrazó la fé cristiana, pero mantiene las constumbres de sus antepasados selúycidas, el presidente del Parlamento de Chișinău tachó a la gobernadora de Gagauzia, Irina Vlach, de quintacolumnista y agente de Rusia. El crimen cometido por los gagaúz: no haber apoyado el programa electoral del Gobierno moldavo. Irina Vlach estima que el objetivo principal de la campaña de Grosu es provocar un golpe de palacio. Obviamente, a los políticos de Chișinău les siguen gustando las intrigas de los señores feudales.

Mas a las voces de los Grosu se suman los llamamientos de codiciosos hermanos transfronterizos. La pasada semana, el vicesecretario general de la OTAN y expresidente del Senado rumano, Mircea Geoana, apareció ante las cámaras de la televisión moldava para lanzar un patético mensaje: Ha llegado el momento de que Moldavia elija entre la vía europea de desarrollo y Rusia, manifestó el número dos de la Alianza Atlántica. Ya es hora de salir de la pobreza… si quieren quedarse como están, es vuestra decisión. Pero si quieren venir con nosotros a Europa, a un mundo democrático y civilizado y más próspero, es el momento de tomar una decisión y temer menos a Rusia.  

Las relaciones oficiales entre Moldova y la OTAN se remontan a1992, cuando el país se unió al Consejo de Cooperación del Atlántico Norte. Sin embargo, no hay planes para solicitar oficialmente la adhesión a la Alianza.   

Conviene recordar, sin embargo, que Moldova está limitada por dos grandes vecinos: Rumanía, baluarte de la OTAN, y… Ucrania.

Sería realmente superfluo insistir sobre su actual valor estratégico.