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miércoles, 7 de junio de 2023

La desdolarización – novedades en el frente del Este


Si alguna vez ves a un banquero suizo saltar por la ventana, salta detrás. Seguro que hay algo que ganar, solía decir Voltaire. El filósofo francés, confinado en la fronteriza aldea de Ferney, llegó a conocer a los gnomos de la finanza helvética. Les tenía muy poco aprecio. En realidad, a nadie se le ocurre tener un romance con su banquero. Para Voltaire, el libre pensador, resultaba inconcebible lisonjear a un banquero, a un ser inmerso en el poco imaginativo mundo de los números. Pero tenía que reconocer que los cálculos de los financieros ginebrinos no fallaban. O, mejor dicho, no siempre…

Durante la Segunda Guerra Mundial, los bancos suizos cometieron dos graves errores: se equivocaron al aceptar los depósitos de muchos judíos europeos, perseguidos por el terror nazi, sospechando que las víctimas del Holocausto no estarán en condiciones de reclamar los fondos disimulados en las cajas fuertes de la Confederación helvética y, por otra parte, al acoger parsimoniosamente el dinero, el oro y las alhajas entregadas en custodia por los oligarcas nazis. Huelga decir que los depósitos de los hitlerianos causaron más quebraderos de cabeza que el dinero de los judíos. Norteamérica se lanzó a la busca y captura del oro del Reich incluso antes del final de la guerra.

Los supervivientes del Holocausto o, mejor dicho, sus descendientes, tuvieron que esperar hasta finales de la década de los 90. En ambos casos, los gnomos se habían equivocado. ¿Simple error de cálculo?

En 1970, el canciller germano Willy Brandt firmó un acuerdo histórico con Moscú, en el que la República Federal se comprometió extender el gasoducto Soyuz hasta el Estado de Baviera. Corrían los años de la Realpolitik, de la política centrada en el entendimiento entre potencias y la prosecución de los intereses nacionales. Alemania necesitaba el gas natural; la URSS estaba dispuesta a suministrarlo. La firma del acuerdo no resultó ser del agrado del aliado transatlántico de Occidente, dispuesto a convertirse en principal exportador de gas.  

La gestión de los fondos destinados a la materialización del proyecto recayó en uno de los tres grandes bancos suizos. Preguntados por la oportunidad o la temeridad del proyecto, el administrador suizo contestó: Es un acuerdo sólido; no hay ningún peligro de incumplimiento. Y no lo hubo durante décadas.

En la misma época, la Reserva Federal estadounidense renunció a la cobertura oro del dólar. El franco suizo mantuvo la cobertura, confiando en convertirse – junto con el dólar – en moneda universal de reserva. Otra aspiración frustrada por los artífices del Acuerdo de Bretton Woods.

En fechas más cercanas, los sucesores de los gnomos que – según Voltaire – tenían la molesta costumbre de saltar por la ventana, se sumaron a las sanciones económicas impuestas por la Casa Blanca al Kremlin, optando por la congelación de los fondos depositados por los oligarcas rusos y su entrega a un posible proyecto de reconstrucción de Ucrania. ¿La proverbial neutralidad helvética? Algunos gnomos sugirieron también renunciar a este concepto; convendría participar al envío de armas a Kiev. ¿Otra equivocación?

Otro fantasma recorre actualmente el finito universo de las finanzas suizas: el amenazador proyecto de la desdolarización de las transacciones internacionales. Se trata de una iniciativa cuya paternidad reclaman los principales promotores del BRICS - Rusia y China - cuya precipitada puesta en práctica se debe, ante todo, al deseo de contrarrestar el impacto de las sanciones económicas impuestas a Moscú

Durante la reunión de los ministros de asuntos exteriores de BRICS, celebrada la semana pasada en Shanghái, se informó los participantes que las autoridades de cuarenta y un países acogerían con agrado la creación de una divisa común de esta agrupación. Los autores del informe, expertos del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), creado en 2014 por los miembros fundadores del BRICS - Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica – barajan dos alternativas: la posibilidad de utilizar las divisas nacionales para los intercambios comerciales o de adoptar una moneda común, que no pertenezca a un solo Estado. El objetivo primordial: acelerar la erosión de la hegemonía mundial de los Estados Unidos emanante de los acuerdos de Bretton Woods, crear una arquitectura multilateral global, evitar la imposición de medidas y sanciones unilaterales por parte de Occidente, promover el establecimiento de un nuevo orden global favorable a los países del Sur, dispuestos a identificarse con este proyecto.

En realidad, los sistemas alternativos llevan meses funcionando, debido a la creciente desconfianza hacia las herramientas financieras occidentales. A las consideraciones de índole meramente financiera se suman varios factores geoestratégicos. En sus relaciones con la Europa comunitaria, China trata de promover el concepto de autonomía estratégica frente a los Estados Unidos, considerando que el Viejo Continente debe seguir su propia vía en materia de política internacional.

Norteamérica trata por todos los medios de desarticular el BRICS, considerando que el bloque es el principal artífice de la política de desdolarización. Para los politólogos, la cuestión en mucho más compleja. Estiman que Pekín apuesta por la separación de Estados Unidos y Europa, que debilitaría al bloque occidental y aumentaría la influencia de China en el mundo.

El representante especial de China para Asuntos Euroasiáticos, Li Hui, visitó recientemente Varsovia, Berlín, París y Bruselas con un mensaje claro para los gobernantes europeos: “Beijing es una alternativa a Washington”. 

Conviene recordar que las relaciones de China con Occidente no eran muy buenas antes de febrero de 2022. En 2021, Bruselas congeló el acuerdo financiero con China aprobado por el Parlamento Europeo, considerando que las relaciones con Pekín no eran beneficiosas para Washington. 

Los estadounidenses insisten, por su parte, en que es imposible que las empresas europeas se asocien con China. Mientras tanto, las grandes corporaciones norteamericanas tratan de reanudar los viajes a China, haciendo todo lo posible para establecer acuerdos de cooperación con representantes de la economía más grande del mundo.

Actualmente, China - como una de las principales economías del mundo – es la única capaz de contrabalancear el poderío económico y financiero de los Estados Unidos.

Los directivos del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), competidor en ciernes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, hacen hincapié en la necesidad de desdolarizar los intercambios internacionales, recordando que un tercio de los préstamos concedidos por la nueva institución financiera son en moneda local.

En resumidas cuentas: algo se mueve en el sigiloso mundo de la banca. Un desafío para los gnomos de las finanzas helvéticas y para muchos de sus colegas occidentales. 

domingo, 16 de enero de 2022

El Mossad, contra la bomba islámica

 

En la primavera de 1983, un afamado politólogo paquistaní reunió a sus amigos en un céntrico local ginebrino para compartir la buena nueva: Señores, me enorgullezco de pertenecer a un país que acaba de ingresar en el club nuclear. Pakistán acaba de efectuar su primer ensayo atómico; una explosión en frío controlada por nuestros científicos.

Hablar de la pertenencia al club nuclear en Ginebra, ciudad donde los grandes de este mundo negociaban el desarme atómico, resultaba más bien insólito. Y más aún, empleando el tono triunfalista de nuestro anfitrión, persuadido de que la noticia iba a ser acogida con satisfacción, véase, con entusiasmo, por el restringido circulo de invitados llamados a brindar por el éxito de la nueva potencia nuclear. Un brindis, eso sí, con té de menta; nuestro convidante seguía a rajatabla los preceptos del Islam: nada de alcohol. Así fue como festejamos el advenimiento de la bomba islámica, también bautizada bomba verde (color Islam).

Nuestro interlocutor trató con suma cautela el espinoso tema de la paternidad del proyecto. Supimos que se trataba de una iniciativa avalada por el ex primer ministro Zulfikar Alí Bhutto, un diplomático buen conocedor del funcionamiento de las Naciones Unidas. Durante los últimos años de su mandato, Bhutto tuvo ocasión de entrevistarse con Abdul Khader Khan, un ingeniero paquistaní que trabajaba en Europa, quien le ofreció en bandeja de plata los planos de la bomba nuclear. Si es preciso, los paquistaníes comerán hierba, pero tendremos armas atómicas, exclamó Bhutto. Pero la verdad es que no hizo falta comer hierba; la República Popular China suministró la tecnología – pensando en neutralizar los planes de su gran rival asiático, la India – mientras que Arabia Saudita financió el proyecto.

¿Contar con una bomba atómica islámica? ¡Un regalo del cielo! Los saudíes no podían permitirse el lujo de emprender esta aventura; estaban atados por el estrecho vínculo con Washington. Sin embargo, Henry Kissinger había avalado la puesta en marcha del proyecto nuclear iraní. ¿El átomo en manos de los chiitas? ¡Una afrenta al Islam! pensaban los wahabitas. Lo que no se podían imaginar es que el padre de la bomba islámica, Abdul Khader Khan, iba transfiriendo los secretos nucleares al Irán de los ayatolás y, más tarde, a la Libia del coronel Khaddafi. En realidad, Khan era un mercenario; el mercenario mejor pagado y más vigilado del planeta. Falleció hace unos meses, a la edad de 84 años, de cáncer. Al parecer, los servicios secretos de medio mundo acogieron la noticia de su muerte con, perdón, con júbilo.

En efecto, pocas semanas después del fallecimiento de Khan, las centrales de inteligencia optaron por desclasificar los documentos relativos a su lucha contra el proyecto nuclear paquistaní y sus ramificaciones en el mundo islámico.

Dos agencias de espionaje, la CIA estadunidense y el Mossad israelí, entraron en liza para tratar de frenar el proyecto paquistaní. Los norteamericanos, a través de gestiones diplomáticas; los israelíes, empleando la presión y la violencia. Es lo que se desprende de un exhaustivo informe publicado recientemente por el prestigioso rotativo suizo Neue Zürcher Zeitung (NZZ), que tuvo acceso a algunos de los documentos desclasificados por Washington y Berna.   

Según los autores del informe, se sospecha que en la década de los 80 del pasado siglo, el Mossad israelí detonó bombas y profirió amenazas contra las empresas alemanas y suizas que colaboraron activamente en el incipiente programa nuclear de Pakistán. Si bien no hay constancia concreta de la participación del Mossad en los ataques, es obvio que para Israel la perspectiva de que Pakistán pudiera convertirse en un país islámico nuclearizado representaba una amenaza vital. Y más aún, teniendo en cuenta la estrecha colaboración entre Pakistán y la República Islámica de Irán en la construcción de dispositivos militares. En principio, una entidad totalmente desconocida, la Organización para la No Proliferación de Armas Nucleares en el Sur de Asia, se atribuyó el mérito de las explosiones en Suiza y Alemania. Detalle interesante: los atentados fueron perpetrados varios meses después del fracaso de las gestiones diplomáticas llevadas a cabo por Washington.

Las empresas suizas y alemanas que trabajaron para el programa nuclear paquistaní se beneficiaron de la interpretación laxista de la normativa sobre la exportación de material de doble uso. Conviene señalar que la mayoría de los componentes necesarios para el enriquecimiento de uranio, como, por ejemplo, las válvulas de vacío de alta precisión, se utilizan principalmente para fines civiles. Los informes confidenciales estadounidenses tildan la actitud de las autoridades de Bonn y de Berna de no intervencionista.

¿No intervencionista? La situación dio un vuelco radical en la década de los 90, cuando las sospechas de Washington se trasladaron al aún incipiente programa nuclear iraní. Dos jefes de Gobierno del Estado judío, Ariel Sharon y Benjamín Netanyahu, capitanearon la ofensiva anti iraní, haciendo especial hincapié en el hecho de que la política de la República Islámica contempla la destrucción total del llamado ente sionista.  

Lo que sucedió después es harto conocido. Occidente negoció el pacto nuclear con Teherán, mientras la Administración Obama accedió a colocar a la oposición al régimen teocrático iraní en la lista de… organizaciones terroristas.  

Cabe suponer que los meses venideros nos depararán más sorpresas.