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jueves, 13 de julio de 2023

El siglo de Turquía (I) Recuperar el esplendor del Imperio

 

Cuando las autoridades de un país industrializado sorprenden a sus socios con un paquete de fundadas (o  infundades) reivindicaciones, los heraldos gubernamentales suelen hablar de exigencias inesperadas. Cuando un país no perteneciente al primer mundo, véase Turquía, sorprende a sus socios con demandas justas (o  justificadas) que entorpecen ¡ay! el buen funcionamiento de los engranajes burocráticos de Uniones, Alianzas u organismos internacionales, su discurso se traduce por el despectivo giro chantaje de última hora.

Es lo que sucedió recientemente con el veto de Ankara a la adhesión de Suecia a la Alianza Atlántica, bloqueada por los turcos al alegar el escaso interés del país escandinavo de acabar con el núcleo terrorista léase, presencia de nacionalistas kurdos en las instituciones suecas. La OTAN había dado por zanjada la crisis, considerando que la nueva normativa jurídica adoptada por las autoridades suecas debía contentar al ejecutivo de Ankara. Sin embargo, Erdogan exigía más, mucho más. En lenguaje diplomático, ello se traducía por la neutralización o total desaparición del grupo de presión kurdo de Estocolmo. Pero los suecos no daban su brazo a torcer. En jerga geopolítica, la factura de la membresía sueca a la OTAN incluía la venta de una treintena de cazas F-16 estadounidenses al Ejército turco – bloqueada por la Administración Biden – y el compromiso de los escandinavos a apoyar el reinicio de las negociaciones sobre la adhesión de Turquía a la Unión Europea, un proceso congelado en 2018 por la Canciller Angela Merkel, quien alegó la falta de compromiso de Ankara con las reformas europeas en materia de los derechos fundamentales. Un comodín éste, que franceses y alemanes suelen emplear muy a menudo para obstaculizar el diálogo con Turquía. Sin embargo…

En las actuales circunstancias, Occidente se vio obligado a ceder ante las exigencias del sultán. Va de la unidad de la Alianza; si al envío a las calendas griegas de la petición de ingreso de Vlódimir Zelenski se suma el bloqueo de la adhesión de Suecia, la imagen de monolitismo de la OTAN resulta muy dañada. Turquía tendrá, pues, sus F-16 y… una promesa más o menos firme de Estocolmo de potenciar la reanudación del diálogo entre Ankara y Bruselas.

Pero dialogar no significa, forzosamente, pactar. Los negociadores turcos lo saben.  Ankara presentó su solicitud de ingreso en 1987 y tardó doce años en recibir el estatus de candidato. Las negociaciones se abrieron ya en 2005 y no han parado de tener altibajos. El club cristiano de Bruselas se ha mostrado siempre muy reacio al ingreso de Turquía, país que utiliza como dique de contención contra la avalancha de refugiados e inmigrantes provenientes de Oriente Medio y Asia en el prospero huerto de la gran familia europea. Las reformas de Mustafá Kemal Atatürk jamás convencieron a los occidentales. A la hora de la verdad, el factor religioso pesa más que los cambios estructurales, la adecuación del sistema institucional a las normas europeas. En pocas palabras: el gran fallo de los turcos es… ¡ser musulmanes!

Conscientes del gran hándicap intelectual de los centroeuropeos, los sucesivos Gobiernos de Ankara hicieron suya la famosa máxima del humorista español, adaptándola a su manera: Si doña Europa no nos quiere, renunciamos generosamente a la mano de doña Europa.  Y así pasaron varias décadas…

El que esto escribe recuerda una conversación sostenida en el silencio de la noche de Ankara, pocas fechas después de la victoria del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP), con el ex primer ministro turco, Bülent Ecevit, uno de los impulsores de la política europeísta de Ankara. Ecevit no dudaba de la voluntad de sus rivales islamistas de proseguir el diálogo con Europa. ¿Un fracaso de las negociaciones? Lo dudo. Hay consenso a nivel de la clase política turca: la meta es Europa, afirmaba el catedrático y poeta que ostentó tres veces el cargo de primer ministro. De todos modos, habrá otras opciones. Mire, Asia es un gran continente con el que tenemos importantes lazos históricos. Y, además, podría haber otras opciones…

Ecevit me habló aquella noche de los países o regiones en las que el Imperio Otomano y la Turquía moderna influyeron con su presencia colonial o su diplomacia; Afganistán, Libia, Azerbaiyán, Qatar, Somalia, Djibutí, los tártaros y las comunidades musulmanas de Rusia o los Balcanes. La lista resultó ser muy larga. Pero la opción aún no tenía nombre.

En realidad, la alternativa empezó a esbozarse una década más tarde, cuando los ideólogos del AKP pusieron de moda la expresión neo-otomanismo. La nueva doctrina pretendía recuperar el esplendor del Imperio Otomano, influir en los territorios históricamente administrados por Estambul o Ankara, convertir la Turquía moderna, potencia regional en ciernes, en una potencia global. Para ello, el aparato de propaganda del AKP ha ideado el slogan: El siglo de Turquía.

El proyecto fue lanzado poco después de la consulta popular celebrada en el mes de mayo, cuando los seguidores de Erdogan lograron un nuevo mandato legislativo. Se trata del tercer renacimiento turco, afirman orgullosamente los militantes islamistas.

İhsan Aktaş, profesor de periodismo en la Universidad Medipol de Estambul e incondicional del presidente Erdogan, explica: Personalmente, estimo que la primera era turca comenzó con la alianza formada con Bagdad en Transoxiana, una región histórica repartida actualmente entre Uzbekistán, Kazajistán, Turkmenistán, Kirguistán y Tayikistán. 

La segunda coincidió con los siglos XIV al XVI cuando los otomanos influían en la política de la mayoría de los imperios. Sabemos que los europeos no podían prescindir de Turquía desde la Edad Media y que los otomanos influenciaron a los europeos durante 400 años, después de la Paz de Westfalia.

Creo que el tercer renacimiento de los turcos se dará en esta época.

Para Aktaș, el porvenir de Turquía se forjará en las antiguas plazas fuertes de los otomanos. Si doña Europa no nos quiere… En fin, esto queda por ver. De momento, conviene centrarse en los logros del chantaje de última hora de Erdogan, como lo calificó, muy cariñosamente, el jefe supremo de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, olvidando el desafío lanzado desde la tribuna de las Naciones Unidas por Erdogan a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: El mundo no se limita a cinco (superpotencias).

De hecho, antes de ganar las elecciones del pasado mes de mayo, Erdogan se había planteado seriamente la posibilidad de adherirse al grupo de los BRICS, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, opción que provocó en auténtico terremoto en Washington. Erdogan, ese amigo de Putin, nos está traicionando, bramaban los altos cargos de la Administración.

Pero, ¿quién avalaría este cambio de bando, este estrepitoso abandono de Occidente?  ¿Moscú? ¿Pekín? Aparentemente, ninguno de los grandes. Y si fuera… ¡La Meca!


martes, 22 de mayo de 2018

Los quintacolumnistas


Todo estaba cuidadosamente preparado para convertir la solemne ceremonia de inauguración de la Embajada estadounidense en Jerusalén en un sonado acontecimiento mediático. Ivanka Trump y Jared Kushner ostentaban la representación del actual  inquilino de la Casa Blanca, un crecido Benjamín Netanyahu trataba de eclipsar, con su inconmensurable ego, la presencia del Presidente de Israel, Reuven Rivlin; la plana mayor del Ejército judío, fundamental pilar del Estado, recordaba que, en vísperas del 70 aniversario de su fundación, Israel sigue siendo un país en guerra. Una guerra interminable, permanente, que tenía por escenario aquel día, la frontera con la Franja de Gaza, de ese exiguo territorio superpoblado que el legendario David Ben Gurion, primer jefe de Gobierno de Israel, tachaba, allá por los años 50, de auténtica bomba de relojería.

La bomba estalló, muy oportunamente, el día en que Trump regaló a Israel la capitalidad de Jerusalén, el día en que los palestinos se aprestaban a celebrar la Naqba (la Catástrofe), fecha en la que se conmemora la expulsión de los árabes tras la creación del Estado judío.

El balance de la protesta de Gaza es harto conocido. La contundente intervención del Ejército judío arrojó un saldo de 107 muertos y más de 10.000 heridos. Algo inimaginable en los peores momentos de la primera Intifada. ¿La justificación de la severidad de la tropa?  Oficialmente, los disturbios de Gaza fueron ideados por el movimiento terrorista Hamas, que controla la Franja y teledirigidos por el régimen teocrático de… ¡Irán! Inevitable alusión al enemigo del Presidente Trump, a la bestia negra del establishment político-militar de Tel Aviv.

Hemos perdido la batalla mediática; los palestinos se han apuntado otro tanto, confesaba un alto mando del Ejército de Tel Aviv. Aparentemente, no había comprendido que el verdadero campo de batalla se hallaba en Jerusalén, en el faraónico escenario de la legación diplomática estadounidense. De hecho, fue allí donde la bendición de Donald Trump desencadenó el conflicto que podría desembocar en el resquebrajamiento de la Unión Europea.

Además de los tres Estados latinoamericanos que optaron por trasladar sus respectivas legaciones de Tel Aviv a Jerusalén -  Guatemala, Paraguay y Honduras – cuatro países miembros de la Unión Europea – Austria, Republica Checa, Hungría y Rumanía – estuvieron presentes en la inauguración de la Embajada estadounidense en la Ciudad Tres Veces Santa, haciendo caso omiso de la normativa comunitaria, que no reconoce la capitalidad de Jerusalén, decretada unilateralmente por Israel en 1949. De hecho, casi todas las sedes diplomáticas permanecieron hasta ahora en Tel Aviv, metrópoli designada como centro administrativo del Estado judío en el plan de partición de la ONU de 1947.

El jefe de la diplomacia belga, Didier Reynders, censuró el gesto de los cuatro rebeldes: Si queremos que los europeos desempeñen un papel en la solución del conflicto de Oriente Medio,  debemos tratar que Europa hable con una sola voz,  manifestó el ministro.
    
Conviene señalar que los rebeldes, los quintacolumnistas, pertenecen al clan de los euroescépticos. Austria cuenta con un Gobierno populista; los checos dirigen el llamado grupo de Visegrad, que aglutina y gestiona el malestar provocado por las políticas de Bruselas en los países de Europa Central y Oriental, los actuales dirigentes de Budapest no disimulan su simpatía hacia la política del zar Putin, Rumanía fantasea desde hace más de dos años con una estrepitosa salida de la Unión, siguiendo el ejemplo británico.
  
¿Después de Brexit, Roxit?  Ficticia o real, la amenaza existe. A finales de la pasada semana, un medio electrónico bucarestino reveló que durante la visita oficiosa del presidente del Partido Socialdemócrata rumano, Liviu Dragnea, a Israel, el primer ministro Netanyahu sugirió que los poderes fácticos podrían asumir, en caso del abandono de la Unión, la deuda del país carpático con las instituciones comunitarias, asegurandole al mismo tiempo el mantenimiento de la alianza estratégica con Washington. Al regresar a Bucarest, Dragnea reclamó el traslado de la sede diplomática rumana a… Jerusalén. Fue acusado, sin embargo, de alta traición y usurpación de cargo público, ya que las decisiones en materia de política exterior incumben al Jefe del Estado. Aún así, el Ministerio de Asuntos Exteriores asegura que los aspectos jurídicos del posible traslado han sido estudiados; sólo falta perfilar el modus operandi del cambio de sede.

 Sería prematuro hablar de una crisis institucional en el seno de la UE.  Mas hay que reconocer que Washington o, mejor dicho, la actual Administración estadounidense, no desea contar con una Europa fuerte.
  
Durante la cumbre de la OTAN celebrada el pasado año en Varsovia, el Presidente Trump intentó por todos los medios provocar un distanciamiento entre la nueva Europa (los países del Este) y la vieja, es decir, del núcleo duro de la Unión, empleando la vieja y muy socorrida estrategia del divide y reinarás.  La brecha entre el Este y el Oeste corre el riesgo de ensancharse.