Mostrando entradas con la etiqueta Pax Americana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pax Americana. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Adelantándose a Trump


El presidente Biden no podía haber dejado pasar la oportunidad de adelantarse a Donald Trump en la solución de un conflicto regional. Y no se trata de un conflicto cualquiera; el inquilino de la Casa Blanca pretende dejar atada – a su manera – la explosiva situación de Oriente Medio, ofreciendo una tregua – que no la paz a libaneses e israelíes.

¿Y la guerra de Gaza? Este avispero se lo regalamos a Trump, insinúan los asesores de la Administración Biden. Un regalo envenenado, igual que la bendición de utilizar minas antipersonal, prohibidas por los convenios internacionales, otorgada a las autoridades de Kiev.

El acuerdo de alto el fuego entre Israel y la milicia chiita libanesa Hezbolá, entro en vigor esta madrugada. La tregua, negociada por Estados Unidos y Francia, detendrá temporalmente las hostilidades que han asolado la región en los últimos dos meses.

El primer ministro libanés, Najib Mikati, manifestó que su Gobierno acogía con satisfacción el acuerdo; el Gabinete Netanyahu aprobó la propuesta durante una reunión extraordinaria. El ministro de Defensa, Yisrael Katz, ha indicado que Tel Aviv responderá con firmeza a cualquier violación del alto el fuego, advirtiendo a Hezbolá de que no debe aprovechar la tregua para reforzar su presencia militar.

Actuaremos contra cualquier amenaza, en cualquier momento y en cualquier lugar, manifestó Katz a la enviada especial de la ONU para el Líbano, Jeanine Hennis-Plasschaert, haciendo hincapié en el compromiso de Israel de impedir que Hezbolá refuerce su presencia en las inmediaciones de la frontera con el Estado judío.

Las condiciones del alto el fuego incluyen un período de 60 días durante el cual las fuerzas israelíes se retirarán del sur del Líbano, lo que permitirá al ejército libanés desplegar 5.000 efectivos en la zona. Se exige a Hezbolá que cese sus actividades al sur del río Litani, en consonancia con la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, jamás se implementada eficazmente.

Hezbolá mantiene desde hace tiempo una importante presencia militar en la región fronteriza, construyendo túneles, almacenando armas y planificando ataques. La reciente campaña militar israelí incluyó ataques aéreos e incursiones terrestres para desmantelar dicha infraestructura.

El ministro Yisrael Katz advirtió que Tel Aviv vigilará de cerca la tregua. Toda casa en el sur del Líbano que se reconstruya y en la que se establezca una base terrorista será demolida, dijo. Cualquier intento de rearme o reagrupamiento de terroristas quedará en nuestro punto de mira, añadió Katz.

La responsabilidad de mantener el alto el fuego recae en el ejército libanés y en la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL). La FINUL, criticada en reiteradas ocasiones por su incapacidad de hacer cumplir los planes de desmilitarización, trabajará junto con el Gobierno libanés para implementar la tregua.

El operativo estará supervisado por un alto mando del Ejército estadounidense (probablemente, un general) e integrado por expertos militares occidentales.

Detalle interesante: Hezbolá rechaza la presencia de oficiales británicos y alemanes en el equipo de monitoreo. Por su parte, Israel descarta la inclusión de ciudadanos franceses en la estructura de vigilancia de la tregua.

El titular de Asuntos Exteriores del Líbano, Abdallah Bou Habib, destacó que la presencia estadounidense es fundamental para reconstruir la infraestructura destruida durante los recientes ataques del Ejército israelí.

Los funcionarios israelíes insisten en que es esencial una supervisión estricta para impedir el contrabando de armas y la producción de armamento por parte de Hezbolá. Si no lo consiguen ustedes, lo haremos nosotros, advirtió el ministro Katz a los emisarios de la ONU.

A medida que se alivian las tensiones, el mundo observa de cerca si este alto el fuego es el preludio a un proceso de paz duradera o sólo servirá – al igual que otras iniciativas humanitarias de Occidente - como mero paliativo al conflicto.


jueves, 8 de enero de 2015

Dichas y desdichas de la Pax Americana


Hace exactamente doce meses, titulaba mi primer análisis del 2014 con un premonitorio Al Qaeda ha vuelto. Hubo quien me tachó de pesimista, cuando no de alarmista. Y ello, por la sencilla razón de que daban por muerto al movimiento islámico. Pero la presencia de agrupaciones radicales en el Norte de África acabó con la autocomplacencia de algunos políticos occidentales, muy propensos a olvidar la existencia de constelaciones terroristas. Hace apenas unas horas, Al Qaeda irrumpió en el corazón de Europa, firmando la condena a muerte de varios ciudadanos galos, cuyo único crimen consistía en defender la libertad de expresión. Una libertad mal entendida por algunos, censurada por otros, rechazada por quienes desconocen las reglas de la convivencia democrática.

El Viejo Continente cruza el umbral del 2015 con numerosas incógnitas, con un sinfín de preocupaciones generadas y estimuladas por la renqueante Pax Americana. En ese contexto, conviene recordar que el mandato del Nobel de la Paz al frente de la nación más poderosa del planeta logró reavivar la llama de viejos conflictos, de serias desavenencias e insorteables obstáculos. ¿Alarmismo? No, en absoluto.

Para la mayoría de los politólogos occidentales, el año entrante se presenta como un conglomerado de problemas que requieren soluciones urgentes. La lista es excesivamente larga. Nos limitaremos, pues, a analizar los más destacados, siguiendo el recorrido de quienes lo hicieron desde las torres de marfil de sus universidades. 

El primer ejemplo es, sin duda, el del Califato Islámico, extraño engendro de las monarquías conservadoras del Golfo, que emplearon sus petrodólares para cambiar la faz del mundo musulmán. Los jihadistas  que lograron borrar las fronteras de Irak y Siria no son valedores de la democracia. Siguen los preceptos del ayatolá Jomeyni, que reclamaba hace ya más de cuatro décadas la vuelta a las tinieblas del Islam primitivo. Su objetivo primordial es la desintegración de los Estados árabes creados en la primera mitad del siglo XX. Para lograr esta meta, deben acabar con la paz y la estabilidad mundial. Curiosamente, entre sus aliados hay… ¡algunas potencias occidentales! Sí, no cabe la menor duda: Al Qaeda ha vuelto.

Rusia es otro de los centros neurálgicos de la inestabilidad planetaria. Si bien para muchos analistas occidentales Vladimir Putin asestó un duro golpe al sistema de relaciones internacionales avalado por el Memorándum de Budapest de 1994, el Kremlin facilita una versión muy distinta de los acontecimientos de Ucrania y/o la anexión de Crimea. Rusia teme que la expansión germano-norteamericana al Este representa un peligro para la seguridad de sus fronteras. En efecto, después de la integración en la OTAN de las exrepúblicas bálticas – Letonia, Estonia y Lituania – y la reconversión de los Estados de Europa Central y Oriental al capitalismo puro y duro, los últimos mordiscos de la Alianza, interesada por otros candidatos potenciales  – Ucrania, Georgia y Moldova -  presagian malas perspectivas para el Kremlin. El sistema de seguridad transatlántico emanante de la Conferencia de Helsinki de 1975 parece haber colapsado. Los parámetros son diferentes. Y los parámetros implican nuevos enfrentamientos, sean esos ideológicos o militares.

En Occidente, el anquilosamiento del sistema de defensa ideado en los años 50, al comienzo de la Guerra Fría, va parejo con los innombrables roces entre Gobiernos y Estados pertenecientes al mismo bando. Un espectáculo deprimente, que desmoraliza a la opinión pública y facilita el auge de movimientos radicales populistas y xenófobos. Ni que decir tiene que el principal beneficiario de este desarme moral podría ser… ¿Rusia?

Las asignaturas pendientes de la Pax Americana  en el mundo árabe-musulmán son: Irak, Siria, Afganistán, campos de batalla que han generado demasiadas víctimas mortales y cuyo porvenir es incierto. Ello se debe, en parte, a los errores cometidos por los estrategas estadounidenses a la hora de evaluar la problemática de los conflictos y, ante todo, al deseo de imponer soluciones inviables para la mentalidad islámica. Ni que decir tiene que ello puede repercutir de manera negativa en la percepción de la cultura occidental por parte de los millones de musulmanes residentes en el Primer Mundo.

Queda otra incógnita: China. Hasta ahora, los chinos se han limitado a comprar deuda occidental e instalarse cómodamente en los países industrializados. ¿Simple colonización económica? No, hay más. China aspira a convertirse en el siglo XXI en la primera potencia mundial. Es muy probable que lo consiga.


Decididamente, la Pax Americana no parece haber cumplido sus propósitos. O tal vez… ¿sí?