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sábado, 14 de enero de 2012

El empleo decente, principal objetivo de la OIT en el mundo árabe




Una encuesta elaborada hace más de tres lustros años por los politólogos de la Universidad de Harvard señalaba que la mayor preocupación, véase frustración de los pobladores del mundo árabe derivaba de las escasas cuando no inexistentes perspectivas de desarrollo profesional o de avances del bienestar social en los países de Oriente Medio y del Magreb. De hecho, este fue el detonante de las revueltas populares que sacudieron el mundo árabe-musulmán en los últimos 12 meses. Las sublevaciones fueron la consecuencia de una pobreza exacerbada, del desempleo, de las desigualdades y de la opresión, resultantes de un prolongado déficit de gobernanza democrática, de libertades fundamentales y de diálogo social.


En este contexto, cabe recordar que el desempleo juvenil ha sido y sigue siendo uno de los mayores desafíos de los gobernantes árabes. A pesar del crecimiento económico de los países de la región, no se crearon suficientes puestos de trabajo para absorber a las masas de jóvenes que ingresaban al mercado laboral o, cuando estos empleos existían, eran trabajos de baja calidad, desempeñados habitualmente por los trabajadores migrantes.


La tasa de desempleo entre la juventud árabe es la más elevada del mundo: 23,6 por ciento en África del Norte y 21,1 por ciento en el Oriente Medio, en comparación con un promedio mundial del orden de 12,6 por ciento. En 2010, de 100 personas en edad de trabajar, ni siquiera la mitad tuvo acceso al mercado laboral.


Consciente de la gravedad de la situación para el desarrollo armonioso de los países de la zona, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) celebró una reunión dedicada a los desafíos en el mundo árabe, durante la cual se estudió una estrategia para la creación de “oportunidades de empleo decente” en Oriente Medio y el Norte de África.


El informe presentado por la Secretaría de la OIT señala que “los progresos significativos logrados por muchos países hacia el Objetivo de Desarrollo del Milenio” ocultan, sin embargo, discrepancias a nivel local. Los principales obstáculos son: la falta de infraestructuras, el acceso limitado a los servicios y la educación, así como la desigualdad en el acceso a las tecnologías de la información. Los países más desfavorecidos están atrapados dentro de un círculo vicioso: su situación obstaculiza las mejoras en la productividad y el rendimiento, sin dejar espacio para el aumento de los ingresos, lo cual agrava aún más sus debilidades.


Aparentemente, las principales razones del déficit de trabajo decente en los países del mundo árabe musulmán son: los servicios públicos de empleo con carencias crónicas de personal cualificado, la ausencia de un entorno favorable para la creación y desarrollo de pequeñas y medianas empresas, la migración no regulada, unas normas del trabajo insuficientes y la fragilidad del diálogo social. A pesar de los progresos en la educación, los niveles de productividad siguen siendo muy bajos. Ello se debe a que, con frecuencia, las escuelas, universidades, institutos de educación y formación profesional están egresando graduados que no tienen las calificaciones necesarias para ingresar en los mercados laborales competitivos.


Según el informe, la OIT está en una posición ideal para apoyar a los países árabes, colocando el trabajo decente y el empleo en el corazón de las estrategias socioeconómicas.


Las políticas de la OIT se centran en la promoción de oportunidades a través del incremento de la utilización de los recursos locales, las inversiones con alto coeficiente de empleo y las actividades relacionadas con la protección del medio ambiente.


Los programas destinados a promover el empleo juvenil, las políticas activas del mercado laboral y la iniciativa empresarial se están expandiendo en muchos países de la región. La OIT está buscando financiación adicional (alrededor de 90 millones de dólares) para la puesta en marcha de proyectos estatales en Argelia, Bahréin, Egipto, Jordania, Marruecos, Omán, Túnez y la República Árabe de Siria.


El apoyo al sector privado es otra de las prioridades de la Organización. En este caso concreto, se trata de elaborar programas específicos destinados a crear de puestos de trabajo para los jóvenes, promover el desarrollo de obras públicas con alto coeficiente de empleo, fomentar el diálogo social y consolidar el papel de las organizaciones sindicales.


Sin embargo, cabe preguntarse si la realización de esos objetivos no tropezará con las reticencias de los nuevos Gobiernos de corte islámico de Marruecos, Libia y Túnez, por no citar más que a unos cuantos.

jueves, 13 de mayo de 2010

La OIT lidera el combate contra el trabajo infantil

El segundo Informe Mundial sobre Trabajo Infantil, elaborado por la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) en 2006, señalaba que se habían realizado importantes progresos en la lucha contra el trabajo infantil. Partiendo de este dato positivo, la OIT fijó una meta visionaria: eliminar las peores formas de explotación laboral de los niños para 2016. Sin embargo, el Tercer Informe Mundial, publicado en 2010, ofrece un panorama distinto y, hasta cierto punto, inquietante: el trabajo infantil continúa disminuyendo, pero a un ritmo más lento. Estiman los autores de este documento que si los países no modifican de manera radical su comportamiento, el objetivo de 2016 no será alcanzado.
Al evaluar los datos estadísticos disponibles, la Directora del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) de la OIT, Constance Thomas, hace especial hincapié en la excesivamente lenta reducción de la tasa de empleo infantil – alrededor del 3 por ciento en los últimos cuatro años – señalando que la batalla está lejos de terminar, ya que alrededor de 215 millones de niños siguen atrapados en las redes de explotación.
“La mayor disminución la observamos en los niños entre 5 y 14 años; en este grupo el trabajo infantil descendió en un 10 por ciento”, advierte la Sra. Thomas, quien insiste en subrayar los aspectos positivos. “Hay menos niños en trabajos peligrosos. Y es mejor así; de hecho, cuanto más peligroso es el trabajo y más vulnerables son los niños”, afirma la funcionaria de la OIT.
Según los autores del informe, presentado recientemente a los participantes en una conferencia internacional auspiciada por el Gobierno de los Países Bajos, los principales obstáculos que impiden alcanzar el objetivo de 2016 son: la magnitud del problema en África y Asia Meridional, las estructuras rígidas de la agricultura tradicional y las formas “ocultas” de explotación de los niños.
La disminución más importante de trabajo infantil se registró en las Américas, mientras que África sigue siendo la región con menores progresos. Otra región en la que se registra una situación crítica es Asia Meridional, donde se encuentra el mayor número de niños trabajadores y donde se requiere de un mayor compromiso por parte de los Gobiernos. Aunque no se dispone de datos recientes de los países árabes, se asume que el trabajo infantil sigue siendo un problema importante en la zona.
El informe analiza también las tendencias del trabajo infantil por edad y género. Por ejemplo, durante los últimos cuatro años el trabajo infantil ha aumentado entre los niños y disminuido entre las niñas. El principal sector para el trabajo infantil sigue siendo la agricultura, donde una gran mayoría de niños trabaja para su familia sin percibir remuneración alguna.
Otro factor clave es la situación económica mundial. Se cree que la crisis podría empujar a un mayor número de niños, en particular niñas, al trabajo infantil. Pero aún es demasiado temprano para hacer un análisis objetivo de la situación, ya que en algunas regiones el impacto de la recesión todavía no ha llegado a su auge. Aún así, al juzgar por crisis anteriores, cabe prever un incremento del trabajo infantil en países con bajos ingresos y, de manera especial, en los hogares más pobres. En este contexto, conviene señalar la necesidad de que los Gobiernos respeten los compromisos adquiridos en los foros internacionales, intensificando la lucha contra la explotación de los niños.
Entre las principales recomendaciones de la OIT contra el trabajo infantil destacan la necesidad de garantizar que todos los niños tengan acceso a la educación de calidad, la elaboración de estructuras y programas de protección social, la lucha contra la pobreza y la ratificación y aplicación de los convenios sobre la edad mínima de admisión al empleo.
Para lograr esta meta, es indispensable contar con la participación activa de empresarios, sindicatos y organizaciones que emanan de la sociedad civil.