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miércoles, 6 de abril de 2022

Los horrores de la guerra vs. fake news

 

Recuerdo que hace unos años, al regresar de mis periplos por tierras de Oriente, recibí un extraño y, confieso, muy apetecible encargo de una universidad española. Se trataba de dirigir un seminario sobre Información y propaganda en el conflicto de Oriente Medio. Una cuestión relativamente sencilla para un conocedor en la materia, pero que implica un detenidísimo estudio, teniendo en cuenta el perfil de los participantes: jóvenes estudiantes con escaso conocimiento de las relaciones internacionales. Si bien el conflicto en sí requiere una explicación multidisciplinaria, la cuestión de la propaganda, de la argumentación de las partes, podría resultar espinosa, cuando no excesivamente árida.

Reconozco que había minusvalorado el potencial de mis estudiantes al abordar el tema del funcionamiento de los servicios secretos. Sí, los servicios secretos. Se me ocurrió aludir a un incidente registrado durante el verano de 1982, es decir, durante la guerra de Líbano, cuando en las aceras de una céntrica calle de Tel Aviv aparecieron varios legajos de documentos top secret extraviados por uno de los servicios secretos del Estado judío.

¿Qué significa “uno”, profesor? ¿Cuántos servicios secretos hay en Israel? Trece, contesté sin pestañar. ¿Trece? Pero si en mí país también hay trece, repuso un estudiante árabe, procedente, cómo no, de un país vecino de Israel. Finalmente, llegamos a la conclusión de que la mayoría de los Estados de la región contaba con sus doce o trece estructuras supersecretas que, en realidad, se espiaban recíprocamente. Se trataba de una tarea fácil, puesto que todos utilizaban los mismos métodos.

Un breve recorrido – nos limitaremos al siglo pasado – refleja la evolución de los términos empleados para definir las técnicas de propaganda de los servicios secretos. A comienzos del siglo XX, los espías propagandistas de la Francia republicana y el Imperio Prusiano apostaban por el vocablo intoxicación. En el período entre las dos Guerras Mundiales – los años 20 y 30 – solía emplearse la expresión propaganda o propaganda militar. Durante la guerra fría, se puso de moda la palabra información seguida, por contraste, por la desinformación. Difícil lenguaje, el de los propagandistas, resumido por el 45º presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, por la expresión simplista y populachera fake news (noticias falsas o mentiras).

Descubrí el significado de las llamadas fake news en el verano de 1974, durante la invasión de Chipre por el ejército turco. La misión del corresponsal de guerra resultaba difícil. Los combatientes de ambos bandos tenían el gatillo fácil; cruzar la línea verde era una autentica aventura. Los francotiradores emboscados en los cuarteles de la Guardia Nacional estaban esperando ansiosamente su momento de gloria. Matar a transeúntes, periodistas, diplomáticos, personal humanitario se había convertido en una broma inocente. Contarlo… Sí, he tenido esta suerte.

Aquella mañana de verano, un alto funcionario de la Presidencia del Gobierno turco destacado a la isla nos acompañó en el misterioso viaje hacia Famagusta; una travesía de veinte minutos que duró más de dos horas. Paramos en un descampado, junto a dos bulldozers custodiados por el ejército turco.

Hemos descubierto dos fosas comunes; aquí hay más de cien cadáveres de campesinos turcos (turcochipriotas) asesinados por los bestias del EOKA. Los bulldozers empezaron a desenterrar los cuerpos. Contamos ocho, diez, doce cadáveres: hombres, mujeres, niños. Nuestro acompañante nos aseguró que los militares identificaron más de cien cuerpos. El lúgubre espectáculo del desentierro de cadáveres – los mismos cadáveres - duró hasta la primera hora de la tarde, cuando apareció el noveno equipo de televisión de la BBC. Los bulldozers dejaron de funcionar; el show propagandístico había terminado. Los vivos y los muertos nos tomamos el merecido descanso.

Aquel día decidí titular la totalidad de mis crónicas chipriotas con el mismo encabezado: Los horrores de la guerra.

Volví a la isla veinte años más tarde. En el descampado se erige un memorial; el memorial de las víctimas de la barbarie del EOKA, equivalencia, si se pretende, del siniestro batallón ucranio Azov. Varias fotos de la época, amarillentas y de dudosa calidad, ilustran el trágico acontecimiento de aquel verano de 1974. Pero si ese eres tú, exclama mi compañero de viaje, un catedrático con excesivos conocimientos meramente académicos, sorprendido al reconocer a aquel joven con la mirada perdida, que dejó de ser un inocente periodista hace 48 años, en la Isla de Afrodita.

Los horrores de la guerra. Me acordé de aquel episodio de mi vida hace unos días, al descubrir en la pequeña pantalla de mi casa las impactantes imágenes de la masacre de Bucha. Esta vez, con la mirada del veterano informador, curtido en escenas de guerra, la vista de cadáveres, fosas comunes, victimas de atentados, de aberrantes combates y ejecuciones someras.

Sin querer, o tal vez voluntariamente, he asociado las expresiones horrores de la guerra y fake news. Qué los muertos me perdonen. 

martes, 22 de marzo de 2022

Biden a Putin: Venga, criminal de guerra ¡ataca!


Nunca se me había ocurrido que un ser normal, civilizado, acabaría echando de menos la fraseología empleada durante los primeros años de la Guerra Fría, las malsonantes palabras rojo, peligro comunista, oso ruso, conjura imperialista, trama belicista y un sinfín de otras lindezas a las que nos habían acostumbrado los servicios de propaganda instalados de ambos lados del Telón de acero. La Europa posbélica se dividía entre los buenos, es decir, nosotros, y los malos, nuestros enemigos, contrincantes, rivales ideológicos o detractores de nuestra fe. Un mundo polarizado, con un discurso cansino, poco convincente. Cansino, sí, pero muy civilizado en comparación con las esperpénticas diatribas que vomitan actualmente los medios de comunicación – intoxicación – desinformación al abordar los temas de la guerra de Ucrania, la represión en Rusia, el espectacular, aunque inquietante despertar de China. 

Algunos prefieren no emplear el vocablo guerra; les parece demasiado… ofensivo. Otros usan y abusan de esa palabra. Al igual que durante la Guerra Fría, el malo es, forzosamente, el enemigo.

Al cabo de una larga, demasiado prolongada, cura de intoxicación (hoy en día la llaman adoctrinamiento) me acordé de los antiguos guerreros, de los gentilhombres que protagonizaron la batalla de Fontenoy. Disparen, señores franceses, gritó el lord Hay, comandante de la guardia inglesa. Caballeros ingleses, disparen primero, replicó el conde de Auteroche. Los franceses ganaron aquella batalla; fue una victoria honrosa.  

Caballeros ingleses, disparen primero. Sucedió en 1745. Hoy en día, los epítetos son asesino, criminal de guerra o, en el mejor de los casos, corrupto. El último parte que nos llega desde Washington - la capital del imperio anglosajón de Occidente – atribuido a Joseph Biden, reza así: Putin está en un callejón sin salida. Está claro que Rusia está considerando el uso de armas químicas y bilógicas en Ucrania. Pero ¡cuidado! Esta decisión provocaría una severa respuesta por parte de Occidente.

Cierto es que en las últimas semanas circularon noticias sobre la existencia de varios laboratorios dedicados a investigar la posible creación de agentes biológicos, financiados por el Pentágono y otras entidades públicas estadounidenses. El Kremlin acusó a Washington de desarrollar programas militares en los confines de la Federación Rusa. Les puedo asegurar que eso es totalmente falso, dijo Biden durante una reunión con la flor y nata del empresariado norteamericano.

Ahora sabemos que Rusia ha formulado acusaciones falsas contra nosotros y que China parece propensa a avalar sus argumentos propagandísticos. Debemos monitorizar cualquier posible uso de armas químicas y biológicas en Ucrania, advirtió la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki. Eso sí, sin pestañar. Claro que el Congreso de los Estados Unidos fue informado de la existencia de dichos centros por una alta funcionaria del Departamento de Estado, pero aun así…

Por su parte, el presidente Biden resucitó el fantasma de un posible mega ataque cibernético ruso contra las infraestructuras estratégicas de los Estados Unidos.

Conviene señalar que a la habitual subida de tono en los monólogos con Moscú, se ha sumado, en las últimas horas, una poco amistosa advertencia a las autoridades chinas. Cualquier colaboración económica, ideológica o militar con Moscú podría llevar a la adopción de medidas de retorsión por parte de los Estados Unidos. Para empezar, la Casa Blanca contempla la limitación de visados para los miembros del establishment chino.

Obviamente, a los gobernantes de Pekín no se les puede tildar de criminales de guerra. Pero sí se les puede someter al chantaje que suelen ejercer las grandes potencias. En este caso concreto, los comentarios sobran.