martes, 13 de enero de 2026

Acuerdos militares Rusia - OTAN: Putin suelta las amarras

 

Rusia está dando otro paso significativo hacia el alejamiento de las estructuras de cooperación militar con los países occidentales. El gobierno ruso ha decidido rescindir varios acuerdos bilaterales de defensa concluidos con diferentes Estados europeos en los años 90 y principios de los 2000.

La decisión, formalizada mediante un decreto firmado por el primer ministro ruso, Mijaíl Mishustin, obliga al Ministerio de Defensa a poner fin a la colaboración militar con 11 países del Viejo Continente, en su gran mayoría, miembros de la Alianza Atlántica.

Entre los estados afectados por la decisión del Kremlin figuran: Rumania, Bulgaria, Alemania, Reino Unido, Polonia, Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Croacia, Bélgica y República Checa.

Se trata de los acuerdos bilaterales firmados entre los ministerios de defensa de los respectivos países con la URSS y la Federación Rusa tras el final de la Guerra Fría y la reedificación de las relaciones Este-Oeste, como de los instrumentos jurídicos de los años 90, oficialmente caducados.

Entre los documentos anulados se encuentran tratados importantes, como el acuerdo de cooperación militar entre Rusia y Alemania de 1993 o el que se rubricó con Polonia en julio del mismo año. Rusia también decidió rescindir el acuerdo con Noruega de 1995.

Rumanía figura en la lista con el acuerdo bilateral de colaboración militar firmado en marzo de 1994, un documento que, durante tres décadas, sentó las bases de las relaciones de cooperación entre Bucarest y Moscú. Según la televisión rumana, su cancelación forma parte de una estrategia más amplia para retirar a Rusia de los marcos de colaboración con alianzas occidentales.

El acuerdo militar entre Bucarest y Moscú fue firmado en 1994 por los entonces presidentes, Ion Iliescu y Boris Yeltsin, en un contexto geopolítico marcado por intentos de acercamiento y estabilización regional tras la disolución del bloque soviético.

La cancelación del acuerdo tiene actualmente un valor más simbólico, dada la evolución de las relaciones entre Rusia y la OTAN, pero envía una clara señal política respecto a la dirección elegida por Moscú.

En el caso de Bulgaria, el contexto es más matizado. Ambos países firmaron en 1992 un Tratado de Relaciones Amistosas y Cooperación, documento que allanó el camino para proyectos conjuntos, incluso en el ámbito de la defensa. La decisión actual muestra que Rusia también se está distanciando del marco paneslavista, reforzado al inicio del periodo postsoviético.

Al denunciar simultáneamente estos acuerdos, el Kremlin envía un mensaje firme sobre su deseo de acabar con los modelos de cooperación militar aplicados en las últimas décadas a los estados miembros de la OTAN. La decisión refleja no solo las tensiones actuales entre Rusia y Occidente, alimentadas por campañas de propaganda y desinformación mutuas, sino también un firme reposicionamiento estratégico de la política de seguridad del Kremlin.


lunes, 29 de diciembre de 2025

Cita con el doctor Bashar - oftalmólogo

 

Si paseas por las calles de la urbanización Rublyovka, feudo reservado a la élite moscovita, donde se sospecha que vive el expresidente de Ucrania, Viktor Yanukóvich, que tuvo que abandonar Kiev durante la revolución de colores de 2014, es posible que encuentres una placa con la siguiente inscripción:

Доктор Б. аль-Асадофтальмолог

La traducción del ruso, simple y sorprendente, significa:

Dr. Bashar al Assad – oftalmólogo

No; no se trata de una coincidencia o una casualidad; el exdictador sirio quien abandonó su país en noviembre del pasado año para refugiarse en Rusia vive ahora en una lujosa residencia de Moscú, donde repasa sus estudios de oftalmología.

¿Dificultades económicas?  Obviamente (Bashar) no necesita el dinero; lo que sugiere que su clientela sería la élite adinerada de Moscú, escribe el rotativo británico The Guardian, empeñado a seguir la pista del presidente depuesto. No hay que extrañarse; sabido es que los servicios de inteligencia británicos y norteamericanos tomaron parte activamente al derrocamiento del último miembro del clan de los Assad, superviviente – junto con su vecino, Abdalah de Jordania, de las primaveras árabes. Curiosonamente, en ambos casos. los presagios no se cumplieron. Los cimientos del Estado sobrevivieron. ¿Error de cálculo de los servicios?

La familia de al Assad lleva una vida tranquila en Rusia y los Emiratos Árabes Unidos, segunda residencia del exmandatario sirio. donde cuenta con más amistades que en Moscú.  

Putin tiene poca paciencia para con los líderes que abandonan el poder, y Assad ya no es visto como una figura relevante, señala una fuerte occidental. Informes del Foreign Office británico indica que el vástago de Fafez, el oficial sirio que cursó estudios en la Academia Militar de Moscú, era irrelevante para el dueño del Kremlin. De hecho, los Assad tienen muy poco contacto con el mundo exterior y están apartados de los círculos de élite sirios y rusos que antes conocían.

Después de salir de Siria, la principal preocupación de Assad parece haber sido la salud de su esposa. Asma, que había tenido leucemia durante años.  Su estado se volvió crítico y, en los meses previos a la caída del régimen, recibía tratamiento en Moscú.

Rusia parece haber bloqueado las posibles apariciones públicas de al Assad. La familia, ¡sin Bashar! fue vista en público el pasado mes de junio, cuando su hija Zein se graduó en relaciones internacionales en la prestigiosa universidad de Moscú, ceremonia a la que asistió la flor y nata de la clase dirigente rusa.

Cabe suponer que el nombre de Zein al Assad no figurará en la lista de funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. Pero tal vez en la de altos cargos de la diplomacia de los Emiratos Árabes Unidos…


miércoles, 24 de diciembre de 2025

Traígame una Groelandia

 

Diálogo imaginario escuchado este lunes en un plató de televisión neoyorquino:

Técnico de sonido: Bajo unos minutos. ¿Te traigo algo, jefe?

Periodista: “Una Groenlandia, por favor”

Varias emisoras abrieron sus telediarios con la asombrosa noticia: El Gobierno danés convoca al embajador estadounidense tras el nombramiento de un enviado de Donald Trump a Groenlandia. Copenhague califica este gesto de falta de respeto a la soberanía danesa.

El titular de Asuntos Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, se hizo eco del malestar de los jefes de Gobierno de Dinamarca, Mette Frederiksen, y el presidente groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, que criticaron la decisión de la Casa Blanca y apelaron a la legalidad internacional y a la autodeterminación del territorio, ex colonia danesa que goza del estatuto de autonomía desde 1979.

No se pueden anexionar otros países, tampoco con el argumento de la seguridad internacional, sostuvieron Frederiksen y Nielsen comentando la argumentación de Donald Trump, partidario de la anexión de Groenlandia a los Estados Unidos. El presidente estadounidense aludió a su deseo de controlar la mayor isla del planeta ya en 2019, durante su primer mandato. En aquél entonces, los argumentos esgrimidos por Washington resultaron poco convincentes. Norteamérica aludió a la cercanía geográfica y al deseo de los inuit (pueblo autóctono groenlandés) de disfrutar de las lindezas del modo de vida americano (Coca Cola, hamburguesas, salas de juego, etc.). En realidad, lo que reclaman los inuit es la independencia y el derecho de asociarse a cualquier movimiento sociopolítico internacional que defienda y respete sus propios intereses. ¿OTAN? ¿Consejo Ártico? Queda por ver. Pero el nombramiento del senador estadounidense Jeff Landry, amigo personal de Donald Trump, no acaba de convencerlos. Landry utilizó las redes sociales para declarar que su misión consiste en convertir a Groenlandia en parte de los Estados Unidos.

La decisión de Trump no altera el estatus político actual, al asegurar que “puede parecer algo grande”, no cambia nada para nosotros, afirma el Presidente groenlandés, Jens-Frederik Nielsen.

El control de Groenlandia, situada estratégicamente entre América del Norte y Europa, que cruza las principales zonas de transporte del Ártico, otorgaría a Estados Unidos una influencia geopolítica sin precedentes en esta región cada vez más vital.

Los rusos llevan décadas creando estaciones de vigilancia meteorológica; los chinos, recién llegados, alegan que la región sólo les interesa para desarrollar una travesía naval por el Polo Norte. Simple interés comercial, reitera Pekín. No que no se explica es la proliferación de centros culturales chinos en las principales escalas de la ruta polar.   

Sin embargo, el Consejo Ártico estima que la región contiene alrededor del 30% de las reservas de gas no explotadas del mundo y el 13% del petróleo no descubierto. El acceso a estos recursos y el control sobre ellos adquiere cada vez mayor importancia en un mundo que se enfrenta al problema de la seguridad energética.

La anexión de Groenlandia otorgaría a Estados Unidos el acceso directo y el control sobre cualquier recurso descubierto en la zona económica exclusiva de la isla. 

De hecho, trascendió que un grupo de Congresistas republicanos había preparado un proyecto de ley que permitiría al presidente de los Estados Unidos iniciar negociaciones sobre la compra de Groenlandia. El proyecto se denomina Make Greenland Great Again Act (Ley para hacer a Groenlandia grande de nuevo).

Groenlandia está ubicada justo entre Rusia y Estados Unidos. Siempre hemos estado posicionados entre dos superpotencias; siempre fuimos muy conscientes de que nuestra situación requería mucha diplomacia. Durante más de 80 años hemos tenido presencia militar estadounidense en el territorio. Y nos consta que Estados Unidos considera a Groenlandia una puerta o puerto principal hacia Rusia, afirma Naaja Hjelholt Nathanielsen, Ministra de Negocios, Comercio, Minerales, Justicia e Igualdad de Groenlandia, encargada de los asuntos de seguridad económica, comercio, minerales y justicia de la isla.

Aquí, la población se siente cercana a los inuit del círculo polar ártico y del sistema de seguridad social nórdico, no del americano. No de Rusia ni de los Estados Unidos.

Aviso a los navegantes…

sábado, 13 de diciembre de 2025

"Nuestros bastardos"

 

Las cámaras de la CNN se dedican a hacer un discreto barrido del Despacho Oval de la Casa Blanca. Detectan – en un rincón – a los protagonistas de la noticia del día: el presidente Trump y el líder islamista moderado sirio Abdulkadir al-Golani, más conocido últimamente como Ahmed Sharaa, exjefe del Estado Islámico en el norte del país, región controlada por el ejército estadounidense, que alberga importantes yacimientos de petróleo.

Estás muy elegante, afirma el Coloso (apodo de Trump empleado ad nauseam por los periódicos de Europa oriental). Me encanta tu traje: ¿procede de Saville Row? pregunta, al retirar discretamente un par de pelos de la chaqueta de su huésped.

No, está confeccionado en mi país. Tenemos muy buenos sastres en Damasco, responde el dictador (ay, perdón: el nuevo presidente interino del Estado Sirio).  

Por cierto; tendríamos que hablar de… Las cámaras de televisión se alejan.

Nadie se preguntó qué hacía el exjefe del Estado Islámico en la Casa Blanca. Hace unos meses, cuando el presidente Bashar el Assad tuvo que abandonar Siria, el nombre de Abdulkadir al-Golani figuraba aun en la lista negra del FBI y de un sinfín de servicios de inteligencia occidentales. Cuando el nuevo hombre fuerte de Damasco anunció que tenía intención de visitar las capitales occidentales, los gobernantes se encontraron con el dilema: ¿vamos a recibir a un terrorista fichado por nuestros servicios? La respuesta fue . El primer país que levantó la veda fue Francia. Por afinidades históricas o por la tibieza de Emmanuel Macron. Los demás europeos – tanto comunitarios como no comunitarios – siguieron. La seguridad del Viejo Continente es importante, pero cuando se trata de suministros de petróleo…

Pero, ¿qué llevó a este cambio de imagen? ¿Cómo se convierte un líder islamista sanguinario en un político moderado? Curiosamente, la respuesta procede de un diplomático estadounidense, Robert Ford, antiguo representante de Washington en Siria, quien admite haber ayudado al cambio de imagen del jefe del Estado Islámico. Ford, confiesa haber participado - junto al servicio secreto británico MI6 - en un proyecto para sacar al líder del Estado Islámico en Siria del mundo del terrorismo y llevarlo a la política.  Según Ford, en 2023, una ONG británica (excelente tapadera para el MI6,  lo invitó a colaborar en esta reconversión. Acabó reuniéndose personalmente con Golani, quien reconoció que las tácticas brutales empleadas por el Estado Islámico en Irak no sirven cuando se trata de gobernar a cuatro millones de personas. Sin embargo, el islamista jamás se disculpó por los atentados cometidos por su organización en Irak o en Siria.

Las declaraciones de Ford revelan lo que muchos analistas sospechaban: Occidente ya no elimina a los extremistas, los recicla cuando conviene a sus intereses geopolíticos. En sus palabras, ayudamos a llevarlos del mundo del terrorismo al de la política.  Lo que recuerda, extrañamente, la lógica del excpcionalismo estadounidense de los años 60 al tratar de definir las relaciones con los dictadores latinoamericanos. Sí, serán unos bastardos, pero son nuestros bastardos.

Hace unas semanas, cuando la aviación israelí bombardeó varios lugares estratégicos de Damasco, Trump lanzó una advertencia directa a Tel Aviv contra la desestabilización de Siria y su nuevo liderazgo.

Es muy importante que Israel mantenga un diálogo fuerte y verdadero con Siria, y que no ocurra nada que interfiera en la evolución de Siria hacia un Estado próspero, escribió Trump, quien impulsa un pacto de seguridad entre Israel y Siria desde que la coalición islamista de Al Sharaa derrocó, hace un año, al presidente Bashar al-Assad.

A buen entendedor…


lunes, 1 de diciembre de 2025

El Mar Negro: ¿lago sin ley?

 

¿Cómo fue atacada la flota fantasma rusa y por qué el incidente de los petroleros rusos del Mar Negro es una grave advertencia para la OTAN?

Desde el inicio de la guerra en Ucrania, el Mar Negro se ha convertido en algo más que un tramo de agua, en un tablero de ajedrez plagado de minas, donde las reglas de la navegación internacional obedecen en gran parte, a la necesidad de Rusia de financiar su intervención militar y también la incapacidad de la comunidad internacional para detener este flujo de divisas.

Las explosiones que sacudieron dos petroleros de la llamada flota fantasma de Moscú el pasado fin de semana frente a la costa de Turquía y la entrada al estrecho del Bósforo, no son un simple incidente naval. Son síntoma de un diagnóstico mucho más grave: el riesgo inminente de que la guerra económica y convencional se fusione en un desastre ecológico y/o de seguridad en la frontera de la OTAN.

Lo que ocurrió con los barcos Kairos y Virat, ambos impactados por explosiones sospechosas, muestra la extrema vulnerabilidad de las rutas de exportación rusas.

Aunque las autoridades turcas hablan diplomáticamente de una ingerencia extranjera — eufemismo empleado para las minas marinas o los ataques con drones —, la realidad es que estos barcos navegaban en una zona gris, tanto legal como operativa.

El hecho de que ambos petroleros estuvieran vacíos en el momento del impacto es cuestión de suerte. Si los tanques hubieran estado cargados con crudo procedente de los Urales, que transportan frecuentemente a la India o China, la noticia habría girado en torno a una gran catástrofe medioambiental en las inmediaciones de la metrópoli de Estambul.

Conviene recordar que estos barcos no son meras víctimas colaterales, sino herramientas clave del Kremlin para eludir las sanciones económicas impuestas por Occidente. Kairos y Virat, sancionados por Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Europea, forman parte de esa flota de navíos obsoletos, con seguros dudosos y propietarios ocultos tras empresas pantalla de Shanghái o de algunos paraísos fiscales.

Operan bajo banderas de conveniencia, cambiando su identidad desde Panamá hasta Gabón o las Islas Comoras, con una facilidad que desafía cualquier regulación marítima seria. Su objetivo único es mantener abierto el grifo de las divisas que alimentan a Moscú, sin tener en cuenta los posibles riesgos que corren sus respectivas tripulaciones.

El incidente de la pasada semana plantea un importante dilema para Turquía e, implícitamente, para la los demás miembros de la OTAN. El Bósforo es una arteria vital para la navegación internacional; la creciente inseguridad marítima ejerce, pues, presión sobre Ankara.

El ministro turco de Transportes admitió la posibilidad de neutralizar las minas, pero descartó la opción de combatir los ataques de drones. Esta ambigüedad no resuelve el problema subyacente: el Mar Negro es una zona de guerra activa, y los barcos que alimentan el esfuerzo bélico ruso son objetivos legítimos o, al menos, víctimas predestinadas del caos reinante.

El incidente ha puesto de manifiesto las limitaciones jurídicas de las sanciones occidentales. En efecto, aunque el petrolero Virat, inactivo durante meses a raíz de las sanciones occidentales, regresó a aguas internacionales tratando de reintegrarse en el circuito de contrabando de petróleo.

Los Estados Unidos reclaman hace ya algún tiempo la elaboración de una estrategia global atlantista para el Mar Negro. Una misión imposible, teniendo en cuenta las diferencias de pareceres y opciones estratégicas de los países ribereños.  Rumania – miembro de la OTAN que tiene fronteras tanto con Rusia como con Ucrania – no acaba de definir una política de defensa frente a los agredidos y los agresores.

Bulgaria, también miembro de la Alianza, está dividida entre los compromisos militares y el deseo de mantenerse neutral frente al aliado eslavo – Rusia – con quien comparte los criterios del paneslavismo.

Georgia – eterno candidato al ingreso en la OTAN y victima de recientes agresiones de Moscú – comparte los desfiles de marines USA en su capital con una política de apaciguamiento frente al Kremlin.

Por ende, Turquía y Rusia, las dos expotencias imperiales, no dudan en conservar su aureola de antiguos dueños y señores del viejo Mar. Lejos quedan los tiempos del Tratado de Montreux, cuando los entonces dueños del Viejo Continente prestaban muy poca atención a la conflictividad en el Mar Negro.

sábado, 11 de octubre de 2025

Expertos inexpertos y consultores todoterreno

 

El problema de este país es que hay muchos pueblos ocupando un territorio pequeño. Tenemos a los israelitas y los israelíes, los judíos y los hebreos… Por cierto ¿hay alguna diferencia entre ellos?

Trato de contestar con calma y aparente serenidad.

Y del otro lado tenemos a los cristianos musulmanes… ¿Verdad?

¡Tierra, trágame! Llevo años aquí, en Tierra Santa, lidiando con la argumentación de los dos bandos – árabes y judíos – y descubro – muy a mi pesar – que el consultor de Bruselas, que acaba de aterrizar en el aeropuerto de Tel Aviv, me revela la existencia de etnias y pueblos desconocidos, preguntándome, eso sí, si hay alguna diferencia entre ellos. Pero prefiero callarme. Callarme y reflexionar sobre la peculiaridad de los expertos comunitarios enviados para misiones relámpago a Tierra Santa para fomentar el diálogo entre las dos comunidades:  palestinos e israelíes. Y también me pregunto: ¿Será este el motivo – uno de los motivos – de la no inclusión de la UE de las negociaciones de paz israelí-palestinas?

Donald Trump integró en su equipo negociador a su yerno, Jared Kushner, judío ortodoxo que, al redactar en borrador de los Acuerdos Abraham, hizo caso omiso de los palestinos; del pueblo palestino. Aparentemente, no había encontrado ¡en las librerías norteamericanas! información suficiente sobre ese pueblo. Lo acompaña Tony Blair, exprimer ministro británico, condenado por ¡crímenes de guerra! en Malasia en 2011. Blair, primer político occidental que avaló las alegaciones de George Bush Jr. sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, aspira al cargo de virrey de Gaza o, en otras palabras, de presidente de la Junta de Paz propuesta por Washington, merced a su amistad que le une a la familia del actual inquilino de la Casa Blanca y, por supuesto, a su correligionario, el británico Keir Starmer.

Curiosamente, los palestinos no lo quieren. El fantasma de Blair les recuerda la época colonial, los años del mandato británico sobre Palestina, cuando la potencia administradora se dedicaba a fomentar los roces entre árabes y judíos. Recordaban los supervivientes de aquellos tiempos:  El conflicto intercomunitario empezó con los ingleses, en la década de los 30. La Administración colonial suministraba fusiles a un bando y bidones de gasolina al otro. Que se maten entre ellos, susurraban los oficiales de Su Graciosa Majestad. Y que no interfieran con la política de la Administración colonial…

Pero esos molestos detalles no figuran en la mayoría de los libros de Historia editados en Occidente, que se limitan a describir una colonización amable y… civilizadora. Pero no; el conflicto no empezó en 1948. Y para los árabes, los palestinos, sir Anthony Blair es el exponente de aquél poco agradable periodo histórico.

Mientras la mayoría de los rotativos europeos llevan estos días en las portadas rimbombantes titulares – Paz en Gaza, Victoria de Donald Trump, Una ventana de Paz – la evaluación de sus colegas orientales es mucho más moderada. La Paz ¿a qué precio?, ¿Cumplirá Israel sus promesas? ¿Volverán todos los rehenes? ¿Y los excarcelados? ¿Qué garantías de paz ofrece Israel? ¿Y los palestinos? ¿Desaparecerá Hamas?

En realidad, se trata de preguntas sin contestar. Por ahora, ningún político se ha atrevido a ofrecer respuestas claras. De momento, se nos incita a cantar loas al Presidente de los Estados Unidos, que se ha quedado ¡ay! sin su ansiado Premio Nobel de la Paz.

Nadie se atreve a comentar la estructura de la segunda fase del acuerdo, que contempla la reconstrucción de Gaza, su sistema de Gobierno, las depuraciones en el seno del movimiento integrista Hamas previstas o exigidas por Israel y las potencias occidentales.

Sin olvidar otro detalle importante: durante los últimos meses, Turquía y Qatar se han convertido en potencias regionales aliadas de Estados Unidos. El mapa geoestratégico del nuevo Oriente Medio está cambiando. Será más completo y complejo. Aviso a los analistas todoterreno cuyo reloj histórico sigue parado en una fecha fatídica: 1948. Y a los expertos bruselenses. 

jueves, 24 de julio de 2025

Una empresa mixta muy rentable

 

La apresurada adhesión de Ucrania a la UE costará 2,5 billones de euros y conllevará pérdidas irreparables para los presupuestos de los países comunitarios, advirtió el primer ministro húngaro, Viktor Orban.

Al mismo tiempo, el mandatario húngaro advierte que, según los las estimaciones más conservadoras, los costes de la reconstrucción de Ucrania ascenderían a 500.000 millones de euros. Además, mantener el funcionamiento del Estado ucraniano ya cuesta a los comunitarios alrededor de 100.000 millones de euros anuales, según Orban,

En resumen, la admisión precipitada de Kiev complicaría la situación en la UE, que ya ha perdido la legendaria calidad de vida de Occidente y ya no es la de hace 20 años, cuando Hungría se incorporó a la asociación, opinó el primer ministro magyar. Un NO rotundo a la adhesión de Kiev, apoyada por otros gobiernos del Grupo de Vishegrado. Aunque el malestar no queda circunscrito a los díscolos de Europa oriental, cuyo estado de animo refleja la desilusión de países que se libraron del férreo yugo de los ukases soviéticos para ser catapultados en un sistema de economía de mercado, que obedece (¡ay, sí!) a… otras reglas.

Mas el NIET de los miembros del Grupo no se limita a la cuestión ucrania; un proyecto de construcción de un oleoducto que una la extravagante Hungría con la hereje Serbia provoca los quebraderos de cabeza de los funcionarios bruselenses y los estrategas de la OTAN. El oleoducto, con una capacidad anual de 4-5 millones de toneladas, que podría satisfacer las necesidades de crudo de Budapest y de Belgrado, se inaugurará en 2028. En 2022, las autoridades dos países acordaron construir un oleoducto para suministrar a Serbia crudo ruso de los Urales, proveniente del oleoducto soviético Druzhba. 

Aunque la Unión Europea ha intentado desde 2022 reducir su dependencia de Hungría de los suministros energéticos rusos desde la invasión de Ucrania, Hungría - país sin salida al mar - sigue obteniendo de Rusia alrededor del 80% de su gas y la mayor parte de su crudo. 

Los lazos entre Serbia y Hungría se han estrechado en los últimos años y sus líderes, el primer ministro húngaro Viktor Orban y el presidente serbio Aleksandar Vucic, mantienen estrechas relaciones con Moscú. 

El ramal sur del oleoducto Druzhba, (Amistad) pasa por Ucrania hasta Hungría, Eslovaquia y la República Checa, y ha sido durante años la principal fuente de abastecimiento de las refinerías de los tres países, aunque está previsto que los checos dejen de abastecerse a través de esa ruta en los próximos meses, al tratar de poner fin a su dependencia del crudo ruso. 

La petrolera húngara MOL, que tiene refinerías en Hungría y Eslovaquia, presentó el miércoles un estudio de viabilidad del oleoducto, que fue aprobado por ambos países. 

Actualmente, todas las necesidades de importación de gas natural de Hungría podían satisfacerse a través de Serbia. Y con esta nueva inversión, todas las necesidades de importación de crudo de Serbia podrán satisfacerse a través de Hungría, declaró el ministro de asunto exteriores de Budapest. quien añadió: esto crea una posición estratégica que proporcionará una seguridad significativa para ambos Estados.

El proyecto del oleoducto incluye el aumento de la capacidad de flujo de petróleo entre la frontera ucraniana y su refinería del Danubio y la construcción de un tramo de 190 km desde la refinería hasta la frontera serbia. 

El coste del aumento de la capacidad y de la construcción del nuevo oleoducto hasta la frontera con Serbia ascenderá a unos 350,33 millones de dólares.

Serbia, país no miembro de la UE que también depende de los suministros de crudo ruso, ha tratado de poner fin a la propiedad de la compañía petrolera ruso serbia NIS desde el pasado mes de enero, cuando Washington impuso sanciones al sector petrolero ruso.