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sábado, 3 de octubre de 2020

Nagorno Karabaj - una herida que no cierra

 

Los tanques recorrían las principales arterias de Tiflis, la capital de Georgia. La bandera de los Estados Unidos ondeaba encima del primer Abrams. No, no se trataba de una película de guerra rodada en los estudios de Hollywood; esos uniformados no eran actores. Como todos los años en estas fechas, los militares americanos, británicos y holandeses celebraban su participación en las maniobras conjuntas con el ejercito georgiano; una excelente ocasión para los habitantes de Tiflis de organizar manifestaciones de protesta contra la presencia rusa en las antiguas repúblicas soviéticas del Cáucaso.

Sucedió este verano, el 27 de agosto. A 224 kilómetros al sur de Tiflis, en la base militar de Guiumri, en la republica de Armenia, los soldados rusos se dedicaban al mantenimiento de sus carros de combate. ¿El enemigo? Aparentemente, nadie hablaba de enemigos. Los americanos estaban en Georgia, los turcos, en Azerbaiyán, los iraníes, a escasos kilómetros de los confines armenios. Pero a nadie se le ocurría pronunciar la palabra “enemigo” y menos aún, “guerra”.  Sin embargo…

El conflicto estalló un mes más tarde, el 27 de septiembre, cuando la avanzadilla de las tropas azeríes lanzó un primer ataque contra las instalaciones armenias de Nagorno Karabaj, el enclave que se había convertido en la manzana de la discordia en el conflicto entre las dos exrepúblicas soviéticas: Azerbaiyán y Armenia. Si bien la región forma parte oficialmente del territorio de Azerbaiyán, la nutrida población armenia que lo habita reclama sus derechos cívicos y, por qué no, la adhesión a la vecina República de Armenia. Otro conflicto territorial descuidado por la Rusia de los zares y… de Putin, convertido en foco de tensión por la intransigencia de las comunidades religiosas. Azerbaiyán es un país musulmán, mientras que Armenia se enorgullece de ser el único baluarte cristiano en la región. Los roces vienen de muy antiguo, aunque hay que reconocer que el imperio otomano llevaba una hábil política de tolerancia religiosa, que se desvaneció a comienzos del siglo pasado, durante el gobierno de los jóvenes turcos.

Los zares protegieron siempre a los armenios, sus aliados cristianos sometidos al poder de los sultanes. La alianza no acababa de gustar a los dignatarios de la Sublime Puerta, poco propensos a aceptar las injerencias de la archienemiga Rusia en las políticas del imperio otomano. Tal vez por ello, los gobernantes de ambos imperios optaran por dejar en suspense la cuestión de las etnias caucásicas. El régimen soviético y el nuevo estado turco de Mustafá Kemal tampoco hallaron una solución al conflicto intercomunitario.

El 27 de septiembre, tras el inicio de la ofensiva de Nagorno Karabaj, tanto Rusia como las capitales europeas se encontraron con un déjà vu, con una repetición del enfrentamiento armado de 1988 – 1994, una guerra sin vencedores ni vencidos, que no satisfizo los deseos de los políticos de Bakú y Ereván. Un conflicto que facilitó, eso sí, la presencia de efectivos militares rusos en Armenia y, de paso, el acercamiento de los países miembros de la Alianza Atlántica – Estados Unidos, Inglaterra, Francia – a la región. El desfile de Tiflis es una muestra de ello.

El sistema de vigilancia y previsión de conflictos creado por la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), una especie de mini-pacto de Varsovia o, mejor dicho, una organización político-militar creada por Rusia, que congrega a los últimos aliados estratégicos  del Kremlin en la zona - Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, y Tayikistán – no ha logrado formular propuestas de alto el fuego convincentes. Ante el interrogante: ¿tomará en Kremlin cartas en este asunto?, las cancillerías occidentales se vieron obligadas a elaborar su propia estrategia. Con razón: los servicios de inteligencia de la OTAN apuestan de antemano por la victoria de Armenia sobre Azerbaiyán, es decir, de Rusia sobre Turquía – aliada y valedora de los azeríes – e Irán, el convidado de piedra que mueve los hilos del conflicto entre bastidores.

¿Se enfrentará Putin a sus principales aliados musulmanes – Turquía e Irán? Los estrategas occidentales descartan esta opción. En realidad, la mayoría de las potencias extrarregionales tienen mucho que perder en este combate.  

Para empezar, Rusia. Si bien el Kremlin no parece dispuesto a renunciar a la tradicional alianza con los armenios, la Federación rusa sigue siendo uno de los mayores suministradores de armas destinadas al ejército azerí. Es una opción irrenunciable impuesta por la política euroasiática de Putin. De donde la necesidad de mantener los lazos con Bakú.  Pero hay más; mucho más.

Azerbaiyán suministra el gas natural del Turkish Stream, el gasoducto ruso destinado a abastecer a los países de Europa meridional y central:  Bulgaria, Rumanía, Serbia, Hungría y Austria.  Antes de llegar al Mar Negro, la tubería atraviesa… Armenia.

Otro proyecto energético que involucra a Azerbaiyán es el gasoducto del Cáucaso Sur, en el que participan empresas británicas, noruegas, francesas, italianas, griegas y japoneses. Sin bien el punto de partida es Shajdeniz, un yacimiento situado a 40 kilómetros al norte de Bakú, y la meta, el puerto (también) turco de Ceyhan, las instalaciones del Cáucaso Sur transitan por… Georgia.

¿Pura casualidad? No, en absoluto. El mapa energético de Asia Menor no puede modificarse. Es una de las razones que incitan a Occidente a tomar cartas en el conflicto interétnico, reclamando la solución negociada del enfrentamiento que, según los estrategas, podría desembocar en una guerra generalizada.

Ankara y Moscú, que apoyan bandos distintos en el Cáucaso, también tienen puntos de vista opuestos en los conflictos de Siria y Libia. Conocida es la animadversión de los turcos por los armenios, que se traduce por el incondicional apoyo a los turcomanos de Azerbaiyán. 

Aunque las perspectivas de una solución pacífica del conflicto parecen más bien sombrías – tanto los armenios como los azeríes insisten en imponer su punto de vista en el campo de batalla - una posible mediación de Rusia, Estados Unidos, Francia, Alemania y Turquía podría persuadir a las partes para renunciar a la violencia.  Es lo que desean en estos momentos el Kremlin, la Casa Blanca y sus respectivos aliados, principales beneficiarios de las exportaciones de gas azerí.

Los mediadores podrían redactar un documento sobre la devolución simbólica – total o parcial – de las propiedades de los armenios de Nagorno Karabaj a los azeríes a cambio de un compromiso formal de renuncia a la violencia, algo difícilmente imaginable en las actuales circunstancias.

 No cabe la menor duda de que el conflicto del Cáucaso presenta muchas similitudes con los desequilibrios poblacionales registrados en la Europa de comienzos del siglo pasado, un autentico rompecabezas que la Sociedad de las Naciones fue incapaz de armar. Los viejos conflictos – los Balcanes, Europa central, los mares Egeo y Mediterráneo – siguen vigentes y nos recuerdan la ineficacia de los diplomáticos del Viejo Continente.

Malos augurios, pues, para la ya de por sí convulsa región caucásica.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Moscú recurrirá las sanciones de Occidente


Si el Kremlin lo ordena, las tropas rusas tardarían dos días en llegar a Kiev, Riga, Vilna, Tallin, Varsovia o Bucarest. La noticia, divulgada hace apenas unas horas por el prestigioso rotativo alemán Süddeutsche Zeitung, revela el contenido de una conversación privada sostenida por el presidente ruso, Vladímir Putin, con su homólogo ucranio, Petro Porosenko.
 
Poroshenko no tardó en trasladar la amenaza de Putin al Presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Barroso, a la vez que solicitaba la ayuda económica y militar de Occidente. Una ayuda que se materializará, de momento, con la concesión de nuevos créditos a las autoridades de Kiev.

Huelga decir que los portavoces oficiales de la Comisión se negaron a comentar las declaraciones del hombre fuerte del Kremlin, recordando que la UE no suele trasladar la acción diplomática a los medios de comunicación o pronunciarse sobre el contenido, total o parcial, de conversaciones confidenciales.  Pero Porosenko tenía interés en filtrar la noticia; según la prensa ucrania, el ejército de Kiev cuenta actualmente con un escaso 40 por ciento de sus arsenales. Los enfrentamientos de la región de Donbas tuvieron efectos devastadores.

Menos devastadoras son, al parecer, las sanciones impuestas por el actual inquilino de la Casa Blanca. Aunque la evaluación del impacto de las sanciones contra Rusia muestra un deterioro del margen de maniobra de la banca estatal y del papel preponderante del conglomerado Gazprom, las contramedidas anunciadas por Moscú – limitación de los suministros de gas natural, veto a las importaciones de productos alimentarios procedentes de la UE – han sido acogidas con preocupación, véase pánico, en los países de la Unión. A las protestas de los agricultores, principales víctimas del cierre del mercado ruso, se suma en nerviosismo de algunos Gobiernos, incapaces de hallar soluciones de recambio destinadas a paliar la más que probable escasez de combustibles  para el período invernal. De hecho, Gazprom acordó esta semana una disminución del 10 por ciento de las exportaciones de gas natural destinadas a los vecinos de Rusia: Ucrania, Polonia, Rumanía y los países bálticos. ¿Advertencia? ¿Mero anticipo de una nueva ofensiva energética? El mensaje es muy sencillo: A Rusia no se le chantajea. Por si fuera poco, Moscú piensa recurrir las sanciones occidentales ante la Organización Mundial del Comercio, baluarte del libre cambio comercial, ideado por los Gobiernos del primer mundo para llevar a cabo el desarme arancelario de los países en desarrollo.

Hace más de dos décadas, cuando por politólogos de la universidad de Yale idearon la pinza contra Rusia, partieron de la falsa premisa de que el frente occidental estaría compuesto por los antiguos vasallos de Moscú (ex miembros del Pacto de Varsovia) y que China se convertiría, a su vez, en el muro de contención asiático. Ni que decir tiene que se equivocaron. Los países de Europa oriental no disimulan su preocupación ante una posible, aunque por ahora, poco probable ofensiva militar de Rusia contra Kiev, Riga, Vilna, Tallin, Varsovia o Bucarest. En Asia, China se perfila, a través de la Organización de Cooperación de Shanghái, en uno de los principales aliados de la Federación rusa. Se le suman India y Singapur, dos gigantes económicos que apuestan por la inversión o la tecnología rusas. Un auténtico quebradero de cabeza para el Nobel de la Paz Obama, que navega zigzagueando entre los conflictos de Ucrania, Oriente Medio y África.  

Decididamente, la historia con H mayúscula no se escribe en Yale.

jueves, 29 de mayo de 2014

El romance Moscú - Pekín, a todo gas


Hace unos meses, cuando Moscú parecía dirigir su mirada con aparente timidez y cautela hacia el continente asiático, un politólogo estadounidense lanzó la advertencia: “Cuidado, Putin tiene intención de recomponer el imperio”. Ficticia o real, la advertencia no cayó en saco roto. El establishment político de Washington aprovechó el  grito de alarma del kremlonólogo de turno, argumentando que Rusia no podía ni debía ocupar un lugar preponderante en Asia, continente llamado a convertirse, según el guion preestablecido, en el nuevo y fiel vasallo de los Estados Unidos.  De hecho, Washington y sus aliados – Japón, Filipinas, Corea del Sur -  se habían repartido los papeles. Quedaba la gran incógnita: China. ¿Se sumaría Pekín al equipo ganador ideado por los estadounidenses? 

La respuesta llegó a mediados de la pasada semana,  cuando Rusia y China firmaron el mayor contrato de suministro de gas natural registrado hasta la fecha. El convenio, por valor de 400.000 millones de dólares, contempla el suministro anual de 38.000 millones de metros cúbicos de gas a China durante tres décadas. Irrelevante, dirán los economistas norteamericanos, recordando que el consumo de la ciudad de Nueva York asciende a 50.000 millones de metros cúbicos. Sin embargo, esa irrelevante cantidad cubrirá el 25 por ciento del consumo anual chino. 

Mas el problema no es económico, sino meramente político. Con la firma de este convenio, Moscú trata de paliar las posibles pérdidas causadas por un hasta ahora hipotético boicot de sus exportaciones hacia los países de la Unión Europea. En efecto, Bruselas, más preocupado por el suministro energético a su nuevo aliado, Ucrania, optó por chantajear a Moscú con posibles (aunque poco probables) represalias si el consorcio ruso Gazprom decide suspender las exportaciones destinadas al país vecino. Una amenaza que hace sonreír a los expertos. Un tercio del gas que consume la UE procede de… Rusia. Ni que decir tiene que la Unión debería buscar otras fuentes de suministro. El presidente Obama se apresuró en ofrecer a los europeos productos energéticos made in USA. Olvidaba, sin embargo, el político-jurista que la legislación estadounidense prohíbe la exportación de petróleo y gas provenientes de los yacimientos norteamericanos.

Por su parte, el presidente de la junta directiva de Gazprom, Alexei Miller, trata de ofrecer una versión meramente empresarial del contrato, alegando que Europa ha dejado de ser un mercado competitivo. Los precios en Asia son mucho más elevados y no cabe duda de que ello afectará, a la larga, la tendencia en los mercados”. 

La versión de los politólogos moscovitas es mucho más compleja. En realidad, no se trata sólo de desavenencias provocadas por la crisis ucrania, sino de consideraciones de índole ideológica. Tanto Rusia como China rechazan el neocolonialismo de Occidente, los designios imperiales del inquilino de la Casa Blanca, los intentos de dividir a los países del Pacífico. 

Los dirigentes chinos van incluso más lejos, al abogar por una alianza de seguridad con la participación de Rusia y de Irán. Para el presidente chino, Xi Jinping, esa nueva arquitectura de cooperación regional debería crear un mecanismo de consulta en materia de defensa, capaz de contrarrestar los planes hegemónicos de los Estados Unidos. Los chinos estiman que sería conveniente contar con la participación de otros países asiáticos en este proyecto de seguridad y defensa.  

¿Una alianza entre Rusia, China e Irán? Una mezcla explosiva que acabaría convirtiéndose en una pesadilla para los Estados Unidos. 

Huelga decir que hoy por hoy, la amenaza tiene otro nombre: BRICS. Ese grupo de economías emergentes, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que contemplan el abandono de la zona dólar, la creación de unas estructuras financieras paraleles, desvinculadas del Fondo Monetario y el Banco Mundial, de la tiranía de los países industrializados. ¿Meras elucubraciones? El porvenir nos lo dirá. 

De momento, Moscú ha dado un paso adelante al anunciar la creación, este fin de semana, de la Unión Euroasiática, integrada por Rusia, Bielorrusia y Kazajstán, un mercado común de 170 millones de personas que pretende convertirse en el contrapeso del bloque occidental. Sí, es cierto; Vladimir Putin sueña con la recomposición del imperio. Pero no se trata de un simple sueño.

jueves, 24 de abril de 2014

Llegan los marines de guante blanco



Afirmar rotundamente que los Estados Unidos y la Unión Europea han orquestado los últimos acontecimientos de Ucrania, que las potencias occidentales han sido los verdaderos artífices de las revoluciones de colores de Kiev, que han propiciado la caída del presidente Yanukóvich y su sustitución por el equipo del autoproclamado Gobierno de Ucrania, son palabras que, sin duda, provocan malestar. Y más aún, si las acusaciones proceden del jefe de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov, el hombre que se comprometió, en nombre del Kremlin, a rebajar la tensión en el Este de Ucrania. 

Pero desde la conferencia de Ginebra, irrelevante evento que congregó en la ciudad helvética a emisarios de Washington, Moscú, Kiev y la UE, la situación sobre el terreno se ha deteriorado a pasos agigantados. El pasado domingo, el jefe de la CIA, John Brennan, realizó un viaje relámpago a la capital de Ucrania. Pocas horas después de su visita, las autoridades de Kiev anunciaban la reanudación de la “operación antiterrorista”, destinada a eliminar los focos de resistencia pro rusa en el Este del país, región que cuenta con una mayoría rusófona, que la propaganda occidental se empeña en tildar de rusófila. Huelga decir que los anteriores intentos de pacificación de la zona se saldaron con estrepitosos fracasos. Soldados y carros blindados que se entregaron al enemigo, es decir, a las milicias rebeldes, extrañas situaciones de compás de espera, en que los combatientes de los bandos rivales se observaban mutuamente sin pegar un solo tiro. Los milicianos, al igual que los políticos moscovitas, estaban a punto de echar las campanas al vuelo. Pero…

En los últimos días, la Administración Obama decidió lanzar sus peones en el tablero de la última frontera. El senador John McCain, candidato republicano a la presidencia de los EE. UU. en los comicios de 2008, encabezó una delegación de congresistas que tomó tierra en Chisinau, capital de la República de Moldavia, territorio reclamado tanto por Moscú como por Bucarest. McCain no dudó en ofrecer a los líderes moldavos asistencia (civil y militar), préstamos y garantías en la lucha contra… la campaña de intoxicación llevada a cabo por las cadenas de televisión rusas. Más explícito, el senador Robert Corker aludió al reciente cambio de actitud de los Estados Unidos hacia los países de Europa oriental, indicando que Norteamérica se comprometía a promover la democracia en Moldavia. Para poner la guinda, Bruselas anunciaba casi simultáneamente que las autoridades de Chisinau podían solicitar el  ingreso en la UE. Un estado de cosas inimaginable hace apenas unos meses, cuando las altas instancias comunitarias descartaban cualquier avance en las consultas con este país, acusado de corrupto, inseguro y ambiguo.  

El vicepresidente John Biden encabezaba la otra comitiva enviada por la Casa Blanca a Kiev para reafirmar el apoyo de Washington a las autoridades ucranias. En su discurso ante la Rada (Parlamento), Biden hizo especial hincapié en la voluntad de los Estados Unidos de facilitar ayuda económica y energética a Ucrania, exigiendo sin embargo una guerra sin cuartel contra la corrupción, así como la férrea defensa de la unidad nacional (léase, integridad territorial) del país. 

No, no se trata de meras palabras. Estados Unidos y la OTAN no parecen dispuestos a limitarse a un intercambio de acusaciones verbales con su futuro ex socio ruso. Hace apenas unas horas aterrizaba en el aeropuerto de Swindin (Polonia) un contingente de 150 militares pertenecientes a la 173 Brigada aeronaval de la OTAN acantonada en Italia. En los próximos días, alrededor de 450 soldados estadounidenses se trasladarán a Lituania, Letonia y Estonia. Por su parte, Alemania ha anunciado el envío de barcos de guerra al Báltico Su misión: reforzar el flanco Este de la Alianza.

Por si fuera poco, Washington acusa a Rusia de no llevar a cabo medidas destinadas a rebajar la tensión en la frontera con Ucrania, es decir, insistir en  el desarme de las milicias pro rusas, mientras que Moscú achaca a la Casa Blanca y la OTAN la escalada verbal y… militar. 

Hay quien estima que hoy por hoy sería erróneo hacer un paralelismo entre esos primeros pasos de esa innegable escalada bélica y las guerras napoleónicas de 1812.  En efecto, no conviene olvidar el trágico desenlace que aquél episodio.

martes, 31 de diciembre de 2013

Los nuevos conflictos de 2014




Los redactores de la revista estadounidense Foreign Policy elaboraron un exhaustivo informe sobre los temas que, según ellos, no despertaron el debido interés de los medios de comunicación en los últimos doce meses, pero que podrían saltar a la palestra durante el año entrante. 

En su lista figuran, junto a los cambios climáticos, algunos síntomas de malestar político y social que dejan entrever el estallido de nuevos conflictos, de nuevas crisis. Reproducimos a continuación algunos de los detalles de este complejo rompecabezas.  

La conquista del Polo Norte. Rusia y Canadá pugnan por el control de los recursos minerales de Árctico. El hasta ahora soterrado conflicto ha entrado en una nueva fase a mediados de 2013, al anunciar Moscú su intención de incrementar la presencia militar en la región. Según el  Ministerio de Defensa ruso, la armada llevará a cabo patrullas navales “disuasorias”. Por su parte, las autoridades canadienses informaron que estaban dispuestas a defender su soberanía sobre el territorio árctico.  

Conviene recordar que el calentamiento global llevó al deshielo paulatino de la región polar, abriendo nuevas rutas navegables que conducen a importantes y aún no explotados yacimientos de hidrocarburos, que figuran entre los mayores del planeta.

Liderazgo japonés de la ASEAN.  Durante el primer año de su mandato, el Primer Ministro nipón Shinzo Abe, ha hecho especial hincapié en el desarrollo de las relaciones diplomáticas con los Estados miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). 

Detalle interesante: en los últimos 12 meses, los japoneses realizaron compras masivas de obligaciones de los miembros de la Asociación, perdonado la deuda pública de algunos Estados.

Se cree que la “generosidad” de las autoridades niponas trata de ocultar el deseo de  Tokio de afianzarse como potencia regional. Aparentemente, esta decisión está relacionada con el constante deterioro de las relaciones con China, otro gigante regional.

Tratamiento contra el SIDA. En marzo de 2013, un grupo de investigadores médicos informó que, por vez primera en la historia, se logró la curación de un enfermo de SIDA mediante un tratamiento agresivo con sustancias antiretrovirales. Se trata de una niña que recibió, apenas 30 horas después de nacer, un tratamiento de choque con tres productos antivirales.

Boom económico en Irak. En 2013, el Producto Interior Bruto (PIB)  de Irak registró un incremento récord del 9,1 por ciento. Ello se debe, ante todo, al incremento de la demanda de “oro negro”, que generó un aumento generalizado de precios. Irak, segundo productor de crudo de la OPEP después de Arabia Saudita, se benefició de la coyuntura internacional. Sin embargo, sus estructuras socio-políticas siguen siendo muy frágiles.

Evolución de las energías renovables. Las energías eólica y solar han acusado un importante desarrollo en las dos cuencas del Atlántico. Los expertos de la Agencia Estadounidense para Energía, las renovables registrarán un incremento del 40 por ciento en los próximos tres años, convirtiéndose – a partir de 2016 - en la principal fuente de energía. Tormenta en perspectiva para los grandes suministradores de energía convencional.

Malestar en América Latina. Las manifestaciones antisistema han proliferado en los países iberoamericanos. En Brasil, Argentina, Colombia, Méjico, Perú y Chile, los indignados han protestado contra la corrupción, los aumentos de precios, las reformas del sector público o el escaso desarrollo económico, síntomas que preceden graves crisis. 

Estas proyecciones un tanto pesimistas figuran en el Informe anual de la revista,  documento que pretende dar claves sobre el significado profundo de unos acontecimientos que, por distintas razones, pasaron inadvertidos. Curiosamente, la publicación no menciona el malestar reinante en Turquía ni los síntomas, cada vez más incuestionables, del resurgir del terrorismo radical islámico capitaneado por Al Qaeda.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Francia veta el acuerdo sobre el programa nuclear iraní


“Vive la France!” (Que Viva Francia). Con esas palabras resumió el senador estadounidense John McCain en su cuenta de Twitter  la decisión francesa de bloquear la firma de un convenio entre las autoridades de la República Islámica de Irán y las potencias que integran el Grupo 5+1 - Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Rusia, China y Alemania - sobre el porvenir del programa nuclear iraní. Recordemos que las negociaciones celebradas la pasada semana en Ginebra, fracasaron tras la negativa del gobierno galo de avalar un proyecto de acuerdo sobre el controvertido programa atómico persa.

Curiosamente, los franceses, al igual que los norteamericanos, se negaron a aceptar el articulado del documento, considerando que éste ofrecía muy pocas garantías de seguridad para la comunidad internacional. Con esta maniobra, las autoridades galas dejan la puerta abierta para la presentación, la próxima semana, de un texto elaborado por los congresistas estadounidenses, que contempla una serie de medidas específicas destinadas a contentar tanto a los legisladores republicanos como a los demócratas. Se trata, según fuentes diplomáticas occidentales, de una serie de exigencias concretas, que podríamos resumir de la siguiente manera: suspensión del programa de enriquecimiento de uranio, desmantelamiento de los sistemas de centrifugado, control internacional del conjunto de las actividades relacionadas con el desarrollo de la energía nuclear de “doble uso”, así como el control del reactor de agua pesada de Arak, considerado por los expertos como el “mayor peligro potencial” del programa nuclear iraní. 

Si bien es cierto que los emisarios de Teherán acudieron a la cita ginebrina predispuestos a aceptar la inspección in situ que reclaman los miembros del Grupo 5+1,  los altos cargos gubernamentales se apresuraron en subrayar el hecho de que su país jamás consentiría a abandonar definitivamente el programa atómico. Por su parte, sus interlocutores señalaron que no se trataba de prohibir a los persas el acceso a la energía nuclear, sino pura y simplemente de velar por que Irán no infrinja las normas del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, instrumento internacional no ratificado por Teherán (Tel Aviv, Nueva Delhi, etc.) Para los miembros del Grupo, se trataba de sugerir (véase imponer) un férreo sistema de control internacional, llevado a cabo por los órganos especializados de las Naciones Unidas. Inútil recordar que las autoridades persas autorizaron en su momento las visitas de expertos de la Agencia Internacional para Energía Atómica (AIEA), quienes no detectaron, al menos durante las primeras misiones, indicios de una posible utilización del uranio para fines bélicos. Sin embargo, tras la insistencia de Israel (y los Estados Unidos), surgieron inesperadas “dudas” al respecto. Sabido es que el Gobierno israelí está empeñado en reclamar la destrucción total de las instalaciones atómicas persas, alegando que estas suponen un peligro para la seguridad del Estado judío. La suspicacia de la clase política hebrea encuentra sus raíces en el ideario del ayatolá Jomeyni, que contemplaba la desaparición de Israel, así como en la no menos virulenta campaña anti-judía llevada a cabo por el ex presidente Majmúd Ahmanideyad, ferviente defensor de la guerra total contra el “ente sionista”. 

Conviene recordar que, tras la llegada al poder del moderado Hassan Rohaní, los parámetros cambian. Sin embargo, tanto Washington como su inesperado aliado francés, parecen dispuestos a dar otra vuelta de tuerca a las relaciones con Teherán. Aún no se sabe si las motivaciones son meramente estratégicas o si la maniobra encierra, como sugieren algunos, consideraciones de otra índole. ¿Suministro a buen precio de “oro negro”? ¿Incumplimiento de multimillonarios contratos firmados en la época del Sha pese a las promesas de Jomeyni? ¿Viejas deudas comerciales? Los diplomáticos suelen ser muy hábiles a la hora de ocultar las verdaderas razones de su brillante actuación.