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martes, 10 de febrero de 2026

Netanyahu vuelve a Washington

 

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, vuelve mañana a Washington para comentar con Donald Trump los escasos resultados de las negociaciones de los enviados de la Casa Blanca con Irán, celebradas el pasado fin de semana en Omán y, ante todo, para presentar unas exigencias ¡otras más! al equipo negociador estadounidense. Aparentemente, las consultas de Omán hacen caso omiso de los intereses inmediatos de Tel Aviv: la limitación de los misiles balísticos iraníes, capaces de alcanzar objetivos estratégicos en el territorio del Estado judío, así como el cese total y definitivo del apoyo de Teherán a los movimientos islamistas radicales de la zona: Hezbolah (Líbano) y Hamas (Palestina).

Conviene señalar que las consultas indirectas llevadas a cabo en Omán la pasada semana parecían volver al punto de partida del diálogo sobre el programa nuclear iraní. Y aunque Trump calificó los casi inexistentes resultados de muy buenos, no dudó en amenazar a Teherán con el uso de la fuerza para reactivar el debate sobre el programa nuclear iraní. La respuesta de los ayatolás fue contundente: no hablaremos del programa nuclear ni del porvenir de los misiles balísticos.  

La Casa Blanca optó por acelerar el envío a la zona del portaaviones Abraham Lincoln y de otros buques de guerra, que recibieron este fin de semana la visita del almirante Brad Cooper, jefe del Mando Central del Ejército de EE. UU. y de los emisarios de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner. Para las Cancillerías del Golfo Pérsico, esta visita podría interpretarse como un presagio para el estallido de un conflicto regional.

Las declaraciones del titular de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán, Abbas Araghchi, a la cadena de televisión quatarí Al Jazeera son un indicio: si Estados Unidos ataca Irán, nuestro país no tiene la capacidad de ripostar a EE.UU. y, por tanto, debe atacar o tomar represalias contra bases estadounidenses en la región. Más claro…

 Araghchi no se pronunció sobre la propuesta presentada por los jefes de las diplomacias de Egipto, Turquía y Catar sobre la posible congelación del programa de enriquecimiento de uranio iraní durante tres años, el envío del uranio altamente enriquecido fuera del país (probablemente, a Rusia) y el compromiso de Teherán de no usar sus misiles balísticos contra los Estados de la zona (léase, Israel).

Esos dos últimos puntos justifican la visita relámpago de Netanyahu a la Casa Blanca.  Pero en su caso, no se trata de rogar ni de pedir, sino de exigir el apoyo (siempre incondicional) del amigo americano.

 


miércoles, 5 de febrero de 2025

Gaza – sueños y pesadillas

 

Welcome to the USAF military base – Gaza. El letrero resultaba algo desconcertante. ¿Fuerza aérea estadounidense en Gaza? Imposible… El despertador puso las cosas en su sitio. Fue un sueño, una pesadilla. ¿Una pesadilla? Pero si todos los noticiarios abren con la misma noticia: Donald Trump quiere adueñarse de la Franja de Gaza, expulsando a sus pobladores. El proyecto del actual inquilino de la Casa Blanca es meramente pacifico. Los gazatíes – alrededor de 1.800.000 almas – serán sustituidos por un gigantesco plan inmobiliario: La Riviera de Oriente Medio. Una mega urbanización de lujo, que compita con la Costa Azul gala o la codiciada Florida. Una iniciativa muy acorde con los antecedentes de promotor inmobiliario de Trump.

Sim embargo, los politólogos y los analistas conocedores de la zona tildan de aberrante, descabellado, utópico, cuando no ilegal el plan del presidente estadunidense. De materializarse, la iniciativa supondría: la evacuación permanente, NO temporal, de la población de la Franja; una amenaza para el proyecto nuclear iraní y la desactivación de los esfuerzos diplomáticos encaminados a la normalización de las relaciones entre Tel Aviv y Riad. Las exigencias de la monarquía wahabita de contar con la solución de dos Estados – Israel y Palestina – resultarían, pues, inútiles. El Estado Judío contaría con un nuevo vecino en la orilla del Mediterráneo: Estados Unidos.

Trato de hacer memoria. Gaza ha sido siempre un quebradero de cabeza para el establishment israelí. En el otoño de 1967, al visitar el territorio recién conquistado por el ejército hebreo, el entonces primer ministro israelí, David Ben Gurion, advirtió a los militares que la acompañaban: Hay que salir de Gaza; es una bomba de relojería. No se refería el veterano político a la hipotética o aún inexistente amenaza terrorista, sino al problema que suponía la demografía de la Franja, las condiciones de vida infrahumanas de los habitantes, los antecedentes de violencia política o religiosa que socavaron los cimientos de Egipto, antigua potencia administradora de Gaza.    

Ben Gurion se sentía hasta cierto punto culpable por los resultados de su política. En 1948, cuando el Gobierno hebreo procedió a la expulsión de la población palestina de la franja costera, el propio Ben Gurion dejó una gran bolsa demográfica en Gaza y Cisjordania. Con el paso del tiempo, el mecanismo de la bomba de relojería se activó.

La retirada, en 2005, del ejército israelí estacionado en la Franja, facilitó el golpe de Estado que desembocó en la llegada al poder del movimiento islamista HAMAS, acérrimo rival de Al Fatah, la corriente mayoritaria de la OLP.

La iniciativa de Donald Trump, que hace caso omiso de las alianzas y los antagonismos de la zona, podría llevar a una reconfiguración del mapa geopolítico de la región, que tendría inesperados efectos a escala mundial. El proyecto de Gaza – Riviera de Oriente Medio podría frenar el expansionismo de Ankara, limitando la influencia del presidente Erdogan en el mundo árabe-musulmán.

Cabe suponer que también afectaría al protagonismo de Qatar, discreto aliado de Irán y banquero de Hamas así como de otros movimientos rebeldes en la zona.

¿Solución? No hay solución, pero sí una constatación: la intervención militar de Israel en Gaza se saldó con un inconfesable fracaso.


martes, 21 de mayo de 2024

¿Es la voluntad de Alá?

 

El presidente de Irán, víctima de un atentado. Los medios de comunicación anglosajones vehicularon esta primera versión del accidente aéreo que causó la muerte de Ebrahim Raisi, el número dos del sofisticado sistema de gobierno de la teocrática República Islámica de Irán.

¿Qué ocultaba esta precipitada versión periodística? ¿Un atentado? ¿Un heroico acto de resistencia de la oposición iraní? ¿La larga mano del Mossad israelí? ¿Una acción encubierta de la omnipresente CIA? ¿Un ajuste de cuentas proveniente de la plana mayor del clero que dirige, con mano de hierro, los destinos del país persa? ¿Una simple elucubración de un redactor de mesa que pretendía revalorizar una escueta noticia de agencia?

Con el paso de las horas, la palabra atentado se convirtió en accidente, que a su vez fue sustituido por aterrizaje forzoso. Decididamente, nadie sabía qué había sucedido con el helicóptero militar que transportaba al presidente Raisi y al ministro de asuntos exteriores iraní, Hossein Amir-Abdollahian, un camaleónico halcón que ansiaba mejorar su imagen frente al Gran Satán yanqui. Huelga decir que lo consiguió durante las negociaciones sobre el conflicto de Gaza y la liberación de rehenes, adaptando su fluctuante discurso… según las circunstancias. Una flexibilidad ésta que recusaron los emisarios israelíes. Con razón: Abdollahian estuvo en contacto permanente con los lideres de Hamas antes y después del ataque del 7 de octubre, en el que la mano de Irán estuvo claramente involucrada. 

Detalle interesante: el accidente aéreo se produjo a 50 kilómetros de la base aérea de Tabriz, destino final de los tres helicópteros iraníes que volvían de la frontera con Azerbaiyán. Las otras aeronaves, que trasportaban el sequito de Raisi, aterrizaron sin novedad en Tabriz. Curiosamente, las condiciones meteorológicas – idénticas – no parecen ser la causa del accidente.

¿La voluntad de Alá? Lo cierto es que el líder supremo del país, el ayatolá Alí Jamenei, había pedido a los iraníes que recen por Raisi. Si el pueblo mantiene la calma, el país seguirá trabajando con normalidad", dijo Jamenei, al reclamar tranquilidad. Sin embargo, los habitantes de la capital notaron un considerable aumento de la presencia militar en las calles de Teherán.

¿Quién era, en realidad, Ebrahim Raisi? Un destacado político iraní, según el telegrama de pésame enviado por Vladímir Putin. Para la oposición iraní se trataba del Carnicero de Teherán, merecido apodo por el sinfín de juicios políticos y religiosos celebrados durante su paso por la Fiscalía de la capital persa.  El presidente de Irán era considerado como un clérigo de línea dura con posturas políticas ultraconservadoras. Nombrado fiscal general en 2014, sorprendió al postularse a la presidencia del país por primera vez en 2017, cuando salió segundo. En 2019, el ayatolá Jamenei lo designó jefe del sistema judicial.

En junio de 2021, tras el asesinato del general Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), fue elegido presidente de la república, es decir, la segunda autoridad del país tras el líder supremo. Si bien el presidente de Irán mantiene un alto perfil público, su poder está limitado por la Constitución, que subordina el poder Ejecutivo al líder supremo: el ayatolá Jamenei.

Bajo la presidencia de Raisi, Irán ha llevado a cabo una política pragmática destinada a estrechar los lazos con los países asiáticos. Para el nuevo presidente, Occidente ya no importaba.

 

El principal objetivo de Ebrahim Raisi era aumentar los contactos con Rusia negociar acuerdos con China. Su estrategia asiática dio sus frutos: en 2023, Pekín facilitó la reconciliación entre la República Islámica y Arabia Saudita. 


Raisi confiaba en la capacidad de Irán de crear nuevas industrias autóctonas; a los drones y los temibles misiles balísticos se sumaron complejos sistemas aeroespaciales. Irán exportó a Rusia sus drones Shahed 136, que se han convertido en un elemento clave de su poderío militar en la región.

 

La desaparición de Ebrahim Raisi, principal candidato a la sucesión del líder supremo, reaviva la pugna entre los miembros del ala más conservador de la jerarquía religiosa. Esas luchas intestinas podrían desembocar en un caos desestabilizador. 


De momento, el presidente interino, Mohammad Mokhber, se encarga de organizar la consulta electoral que debe celebrarse en un plazo de 50 días. Mokhber administró durante años las finanzas del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, convirtiéndose en el principal asesor económico de la cúpula dirigente - Jamenei y Raisi - encargado de mantener a flote la economía iraní sorteando las sanciones impuestas por Occidente. 


No está nada claro si – pese a su relación privilegiada con Alí Jamenei - Mokhbar llegue a ocupar el cargo de Raisi. De hecho, en 2010, la Unión Europea lo sancionó por su supuesta participación en actividades nucleares o desarrollo de misiles balísticos, aunque dos años más tarde lo eliminó de la lista negra.


¿Su porvenir? Cúmplase la voluntad de Alá.

domingo, 14 de abril de 2024

¿Contención?


Octubre de 1978. Las oficinas de la censura del Ministerio de Información de Irán se habían convertido en un lugar muy concurrido. Los periodistas extranjeros enviados a cubrir los disturbios que precedieron la caída del Sha se amontonaban para escuchar los mensajes dirigidos al pueblo persa por un clérigo exiliado en Francia: el ayatolá Jomeini. Eran llamadas a la rebelión, a la lucha contra el despótico régimen de Mohamed Reza Pahlevi, el rey de los reyes, emperador de los emperadores.

¿Las grabaciones de Jomeini? No, no temeos copias. Pero podrán encontrarlas en el Bazar, aseguraba Farideh, la joven interprete licenciada en filología inglesa por la Universidad de California. ¿Mis opiniones políticas? Miren; nosotros, los expatriados, hemos probado el néctar de la democracia…

¿Y el programa político de Jomeini, señorita Farideh? ¿Qué opina el último punto del mensaje: la destrucción de la entidad sionista, del Estado de Israel?

En Irán viven muchos judíos. Pero hay poca simpatía por lo hebreo entre las clases populares, contesta la joven traductora.

En aquella época, el Estado de Israel contaba con una nutrida representación comercial y consular en Teherán. Sin embargo, la mayoría de sus empleados no se dedicaba al comercio ni a las tareas… consulares. Tras la salida del Sha y el advenimiento de la revolución islámica, el bunker judío del centro de la capital iraní se convirtió en… la representación oficial de Palestina.

El ayatola Ruhollah Musavi Jomeini regresó a Irán en febrero de 1979. Había pasado varios años exiliado en Irak y unos meses – pocos – en Francia. En enero de 1979, en plena ebullición del país persa, el entonces presidente francés, Valery Giscard d’Estaing se reunió en la isla de Guadalupe con su homólogo norteamericano, Jimmy Carter, al que le informó apresuradamente: Mon cher ami, tengo un sustituto para el Sha. Se trataba, según Giscard, de un clérigo iraní, anciano y fácilmente manipulable. Tres semanas más tarde, el futuro líder de la revolución islámica aterrizaba en Teherán.  A su llegada, el ayatolá daba a conocer las líneas maestras de su política, que podrían resumirse de la siguiente manera:

· Establecimiento de la República islámica;

· Unificación de todos los países musulmanes;

· Creación de la tercera potencia mundial, que congregue a los países       árabes productores de petróleo;

· Utilización del “oro negro” como arma para imponer el punto de vista  del Islam en todos los problemas clave para la Humanidad; y

· Destrucción del Estado de Israel.

Los sucesivos gobiernos iraníes siguieron a rajatabla el programa Jomeini.

En 2001, cuando el general Ariel Sharon asumió el cargo de Primer Ministro de Israel, las autoridades de Tel Aviv designaron a Teherán como principal enemigo del Estado judío en la región. ¿Pura paranoia? No, en absoluto. Había indicios para pensar que Teherán estaba poniendo en marcha un ambicioso programa nuclear. Los temores de Sharon se confirmaron años más tarde. Pero las sanciones económicas impuestas entre 2006 y 2010 no surtieron efecto. Con el paso del tiempo, Irán logró afianzarse como potencia militar regional y global. Sus alianzas con los movimientos radicales islámicos de Oriente Medio – Hezbollah, Hamas, hutíes yemenitas, agrupaciones islamistas armadas sirias e iraquíes – lo convierte en un temible adversario de las monarquías pro occidentales de la región y, ante todo, de la abominable entidad sionista. Desde hace más de medio siglo, los ayatolás sueñan con borrar a Israel del mapa; desde hace más de cinco lustros, el establishment castrense hebreo espera una señal para acabar con las instalaciones nucleares iraníes. Pero… hacía falta una chispa, un detonante. El ataque de la aviación israelí contra el consulado de Irán en Damasco fue el pretexto ideal. El régimen islámico se sentía con derecho para lanzar su operativo La Verdadera Promesa.

No vamos a insistir sobre los pormenores de esa espectacular operación militar, una terrorífica exhibición que ha tenido en vilo a los Estados Mayores de numerosos ejércitos. Estiman los estrategas que el forcejeo termino en un empate: Teherán dejó constancia de su capacidad de combate; Israel, la de su eficaz defensa frente a los ataques enemigos.

Al término de la pesadilla, el actual inquilino de la Casa Blanca se precipitó en informar a los ayatolás que los Estados Unidos no participarán en una posible (y muy probable) ofensiva israelí contra la república islámica, mientras que al detestable amigo Netanyahu le aseguró que el fracaso de la operación iraní suponía una victoria de Israel y de sus aliados sobre el malvado régimen de los clérigos chiitas.

Aprovecha la vitoria, le recomendó Biden al Primer Ministro hebreo, recordándole, una vez más, el mantra de las últimas horas: contención.

¿Victoria? ¿Miedo? ¿Contención? Pues bien, al menos de momento, conviene emplear el eufemismo contención. 

martes, 28 de noviembre de 2023

Estrechar el cerco a Rusia


En una conversación telefónica con el Secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, solicitó la suspensión de las sanciones aplicadas por la Casa Blanca a los viajes de los miembros de su Gobierno a los Estados Unidos, alegando que las restricciones eran improcedentes.

La respuesta de Blinken fue instantánea: las restricciones se levantarán cuando las autoridades azeríes decidan entablar conversaciones de paz serias con el Gobierno de Armenia. Washington espera y desea que la firma del acuerdo de paz entre Bakú y Ereván se materialice antes de finales del año. Aparentemente, hoy en día, la obsoleta – aunque siempre eficaz – diplomacia de la cañonera puede resumirse a una simple llamada telefónica.  

Sin embargo, persuadir a Aliyev, más amigo del Irán de los ayatolás o de la Turquía neo-otomana de Erdogan ha de ceñirse al guion preestablecido por la Administración Biden no resulta tarea fácil. Es cierto; la invasión de Nagorno Karabaj por las tropas azeríes el pasado mes de septiembre contaba con el beneplácito de Washington y de Ankara. Los 1.500 soldados rusos estacionados en la zona tampón entre Azerbaiyán y el enclave armenio fueron incapaces de frenar el avance de los 60.000 efectivos del ejército de Bakú. El Presidente armenio, Nikol Pashinyán, que no decretó la movilización del ejército de su país, lamentó la dejadez de los rusos. Pero, ¿se puede hablar de dejadez?

Después de acoger a los cien mil armenios que huyeron del enclave de la discordia, temiendo una operación de limpieza étnica, parecida a la llevada a cabo por Turquía a comienzos del siglo pasado, Pashinyán viajó a Europa, para formular sus quejas a la UE y tratar de persuadir a los miembros del Parlamento Europeo que la firma del acuerdo de paz con Azerbaiyán era… inminente.  ¿Inocencia? ¿Error de cálculo de los autores del guion Nagorno-Karabaj, que desconocen los entresijos de la política regional, de la mentalidad de los publos de la zona? O pura y simplemente, ¿un fallo del superordenador que suele dictar las líneas maestras de la diplomacia del Imperio?  

Lo cierto es que Pashinyán confiaba en el poder de convocatoria de la Administración norteamericana, interesada en contrarrestar la influencia de la Federación Rusa en el Cáucaso. Armenia, único país cristiano de la región, ubicado estratégicamente en las inmediaciones de la Madre Rusia, a medio camino entre la República Islámica de Irán y la no menos reislamizada Turquía representa, desde el punto de vista geopolítico, un área tremendamente codiciada por las potencias interesadas en el control de las riquezas energéticas de la región, en sus oleoductos y gasoductos, en el trazado en la nueva ruta de la seda.

Las maniobras militares de los ejércitos armenio y norteamericano, Eagle Partner 2023, celebradas el pasado mes de septiembre, sorprendieron a los países vecinos; se trataba del primer ejercicio estratégico conjunto en el que tropas de la OTAN coincidían - en un espacio muy exiguo - con las bases militares rusas presentes en suelo armenio desde hace más de medio siglo.  

Pero hay más: Armenia había establecido también vínculos con la Agencia de Defensa para la Reducción de Amenazas (DTRA), dependiente del Pentágono. Desde 2008, funcionan en territorio armenio una docena de bio laboratorios, que realizan proyectos de investigación coordinados por el Programa de Defensa Biológica de Estados Unidos (CBEP).

 

Algunos politólogos armenios estiman que el giro pro-otanista y pro-europeista de Nikol Pashinyan, empeñado en establecer relaciones con las industrias de defensa del Viejo Continente, podría llevar a Armenia a la paulatina pérdida de su frágil soberanía. Los más pesimistas no descartan la posibilidad de que Armenia acabe termine fagocitado por su archienemiga Turquía, convirtiéndose en un protectorado atlantista cuya supervivencia generaría graves tensiones futuras.

Para los miembros del Comité Nacional, organización que agrupa a empresarios, militares, políticos y representantes de la sociedad civil, la firma del reconocimiento por parte de Pashinyán de la soberanía de Bakú sobre Nagorno Karabaj constituye un acto de lesa patria, que debería sancionarse con la destitución inmediata del Primer Ministro. 

Sin embargo, Pashinyán insiste: la paz con Azerbaiyán supondría la apertura, bajo la jurisdicción de Armenia, de la línea de ferrocarril Meghri, el famoso Corredor Zangezur que, según el Presidente Recep Tayyip Erdogan, se convertiría en un nexo de unión panturco, el posible desarrollo de las relaciones con la Unión Europea, más seguridad regional y la desvinculación progresiva del tradicional aliado de los armenios - Rusia – que quedaría aislado en Transcaucasia.

 

Para Moscú, ello presupone un paso más hacia el estrechamiento del cerco de Occidente a Rusia. Los otros dos peones llamados a caer próximamente son Georgia y Moldova.

 

Huelga decir que, en este caso concreto, el superordenador de Washington no se equivoca.

viernes, 17 de noviembre de 2023

Biden - Xi: conoce a tu enemigo

 

Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo. Esta máxima del dictador José Stalin encabezaba los textos de muchos manuales de materialismo dialéctico, lectura obligada de varias generaciones de ciudadanos del llamado paraíso socialista ideado y gobernado por Moscú.

Conoce a tu enemigo. Aparentemente, el actual inquilino de la Casa Blanca y superviviente – al igual que algunos de nosotros – de la Guerra Fría, conoce y aprecia en su justo valor a los enemigos de su país y de los valores americanos. No, no se trata de la mítica hamburguesa y la Coca Cola, elevadas a la cúspide civilizacional por la exsecretaria de Estado Condoleezza Rice, quien no dudó en mencionarlas en los informes de la diplomacia estadounidense, sino de los viejos clichés de la propaganda de los años 50 ó 60 del siglo pasado, cuando para demonizar al enemigo solía recurrirse a términos mucho más contundentes. Joe Biden conoce perfectamente esta terminología.

En abril de 2021, diez meses antes del inicio del conflicto de Ucrania, Biden no dudó en tachar a Vladímir Putin de asesino. Esta semana, al termino de su encuentro con el presidente chino, Xi Jinping, el inquilino de la Casa Blanca le atribuyó el calificativo de dictador.  

¿Dictador, señor presidente? preguntaron los chicos de la prensa. La respuesta de Biden sorprendió más que la afirmación:  Bueno, es un dictador en el sentido de que es un tipo que dirige un país comunista, que se basa en una forma de gobierno totalmente diferente a la nuestra. Verdades como puños. Y una dialéctica desaparecida en Washington desde hace varias décadas.

El portavoz del ministerio chino de asuntos exteriores, Mao Ning, calificó las palabras de Biden de extremadamente erróneas. Se trata de una manipulación política irresponsable, advirtió el funcionario chino. Obviamente, Pekín no tiene interés alguno de retroceder en el tiempo, de volver a los enfrentamientos dialecticos eliminados por arte de magia por la diplomacia del ping pong de Henry Kissinger durante su primera visita a China en 1971. Sí, es cierto; los tiempos han cambiado, pero…

Hace unos meses, la Casa Blanca llegaba a la conclusión que si Rusia era una amenaza llamada a extinguirse (¿merced a la ofensiva del ejército de Zelensky?) y que el enemigo potencial del poderío estadunidense era… China. Una tesis ésta aireada allá por los años 90 por Samuel Huntington, olvidada y desempolvada recientemente por la Administración Biden.

El rival ruso, que rechazó tajantemente la oferta/ultimátum de asumir los conceptos globalistas de la Agenda 2030, debía consumirse en las llamas del infierno. China, con su enorme potencial económico y militar se convirtió en el auténtico enemigo. Resultaba imposible, pues, que el gigante asiático no fuese gobernado por… un dictador. Los chinos, acostumbrados a tratar a sus rivales con exquisita delicadeza, quedaron sorprendidos por la inusual agresividad de Washington. Después de la creación de la alianza militar AUKUS, integrada por Australia, el Reino Unidos y los Estados Unidos, la controvertida visita de la ex presidenta del Senado, Nancy Pelosi, a Taiwán, las maniobras navales de las potencias amigas de Washington en el Pacífico, la introducción de nuevas sanciones económicas, a Pekín sólo le quedaba por aguantar estoicamente el lenguaje belicoso de la Administración norteamericana. La decisión de Xi Jinping de acudir a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), celebrada esos días en San Francisco, obedecía al imperioso deseo de rebajar la tensión. Una misión fallida, según los analistas. Biden recibió mucho más de lo estaba dispuesto a ofrecer.

Washington logró la reanudación de los contactos militares a alto nivel, asunto clave para los estrategas del Pentágono. Sin embargo, el interés del presidente americano se centraba en otras cuestiones estratégicas, como la no injerencia de Pekín en el conflicto de Ucrania o su posible mediación frente a Irán para limitar la expansión de la violencia en Oriente Medio.

La cooperación en materia del desarrollo de la inteligencia artificial, la lucha contra el tráfico de materias sicotrópicas y la utilización de energías renovables figuraban también en la agenda de la Casa Blanca.

Por su parte, los chinos insistieron sobre la necesidad de eliminar las restricciones a la exportación de tecnología estadounidense, que habían perjudicado seriamente el desarrollo económico del gigante asiático.

Por último, aunque no menos importante, la instalación de una línea directa entre Washington y Pekín. Algo así como el teléfono rojo que unió el Kremlin a la Casa Blanca durante la Guerra Fría. ¿Un teléfono rojo para contrarrestar el peligro amarillo? ¿Rojo? La nueva Guerra Fría nos impone situaciones aberrantes.


miércoles, 25 de octubre de 2023

Irán coloca sus peones en el tablero de Oriente Medio

 

Mientras los medios de comunicación internacionales especulan con el   inevitable inicio de la incursión terrestre del ejército israelí en la Franja de Gaza, operativo que debía haberse materializado hace más de diez días, nuevas oleadas de misiles de Hamas apuntan hacia las poblaciones del sur de Israel. Pero esta vez, uno de los blancos es también Tel Aviv, la capital del Estado judío. Por si fuera poco, las unidades especiales de guardacostas tuvieron que neutralizar un desembarco de un comando procedente de la Franja.

¿Por qué se está retrasando la operación terrestre? Según la información facilitada recientemente por la emisora del Ejército israelí, retransmitida por la cadena de televisión catarí Al Jazeera, Israel ha accedido a la petición de EE.UU. de aplazar su ofensiva hasta la llegada de un nuevo contingente de soldados estadounidenses, que debería velar por la evacuación de los ciudadanos americanos – más de 600.000 -que se encuentran en la zona.  

Otra versión, no menos plausible, es que Washington está trasladando efectivos a Oriente Medio para mostrar su apoyo al Estado judío o para tratar de disuadir a otras agrupaciones chiitas respaldadas por Irán, como los Hezbollah libaneses, a involucrarse en el conflicto. 

Desde que Tel Aviv decretó la movilización general de sus reservistas – hombres y mujeres – se ha especulado con una posible respuesta del régimen de los ayatolás en el conflicto desencadenado por el ataque del 7 de octubre. Sin embargo, la República Islámica no parece interesada en una confrontación directa con Israel; cuenta, eso sí, con que sus peones no duden en apretar el gatillo. Sus peones – Hezbollah, los Grupos de Movilización Popular ubicados en Siria y en Irak, los rebeldes hutíes del Yemen – conforman la constelación que gira en torno a la media luna iraní. De hecho, Hezbollah fue el primero en manifestarse en los confines con Israel. Los iraquíes y los yemenitas protagonizaron acciones intranscendentes, destinadas ante todo a señalar su presencia en el mapa geoestratégico de la región.          

Por su parte, Irán ha llevado a cabo una campaña diplomática activa para aislar internacionalmente a Israel, intentado al mismo tiempo proyectar su desinterés ante una posible extensión del conflicto.

Conviene recordar, sin embargo, que el apoyo del régimen teocrático de Teherán a la causa palestina ha sido – y sigue siendo - un principio ideológico del clero chiita desde la revolución de 1979. 

Durante las últimas cuatro décadas, Irán ha financiado, armado y ampliado una red de aliados estratégicos en el Oriente Medio con el fin de exportar la revolución y consolidar su influencia regional. Sus rivales occidentales no dudan en acusar a los iraníes de patrocinar… el terrorismo islámico.

El camino hacia al-Quds [Jerusalén, en árabe] pasa por Karbala, señalaba en su último discurso el ayatolá Jamenei, líder supremo de la revolución. Karbala, la ciudad santa donde está enterrado el imam Hossein, nieto de Mahoma, es la Roma de los chiitas. La alusión al descendiente del profeta es un lema revelador en la retórica de la República Islámica a la hora de incitar a la lucha contra Israel y los intereses estadounidenses en el mundo.  

Después de 7 de octubre, Irán ha advertido que un conflicto regional podría expandirse. Sabido es que en los últimos años Teherán ha reforzado significativamente el arsenal balístico de Hezbollah, la milicia libanesa que representa actualmente la mayor amenaza para la seguridad de Israel.

En una intervención televisada, el Ministro de Asuntos Exteriores iraní, Hossein Amir-Abdollahian advirtió que si Israel seguía adelante con su planeada ofensiva en Gaza, obligaría a los movimientos respaldados por Irán a actuar con mayor contundencia, lo que obligaría al Estado judío a retirarse de algunos de los territorios que ocupa actualmente.  

Si bien Irán se niega a protagonizar un enfrentamiento armado directo con Israel o los Estados Unidos, los ayatolás contemplan la posibilidad de utilizar la baza del petróleo, apoderándose de navíos extranjeros en el Golfo Pérsico, amenazando a las fuerzas navales de los Estados Unidos o considerando el posible – aunque hoy por hoy hipotético - cierre del Estrecho de Ormuz, la ruta estratégica más importante para el transporte de crudo, vital para el comercio internacional.

Mantener al enemigo a raya mediante batallas más allá de las fronteras de Irán ha sido una doctrina crucial en la agenda de seguridad y política exterior de Teherán, promovida y seguida en particular por el general Qasem Soleimani, jefe de las Fuerzas Quds.

En caso de un conflicto generalizado, Irán podría contar también con el apoyo de Rusia y China, aliados clave que se han negado a condenar públicamente a Hamás por matar a civiles israelíes. Ambos países han estado impulsando la cooperación militar con la República Islámica, que redundó en la celebración de maniobras navales conjuntas en aguas internacionales.

El Secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, se dirigió al régimen de los ayatolás con una súplica: Por favor, no intervengan en este conflicto. La respuesta – tácita – de Teherán fue: Por favor, no nos obliguen a intervenir. 

jueves, 19 de octubre de 2023

Teherán - Tel Aviv: espadas en alto

 

El pasado sábado, pocas horas después de finalizar el descanso de Sabbat, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, realizó una visita relámpago a la frontera de Gaza. Su propósito: espolear a los militares que esperaban la orden de batalla. ¿Estáis listos para la próxima fase?, preguntó Bibi Netanyahu, el único político hebreo que no había logrado ascender en el escalafón del ejército israelí. El capitán Netanyahu, valiente pero indisciplinado, consiguió llevar a cabo varias operaciones militares brillantes, que… no contaron con el aval de sus superiores. Unas actuaciones excepcionales, dignas de un consejo de guerra o… ¡de una medalla merito!

Sí, las tropas congregadas en la línea divisoria con Gaza estaban preparadas para entrar en combate. Sin embargo, el establishment no había encontrado respuesta al sinfín de preguntas que acompañaban este operativo de castigo. ¿Acabar con Hamas? Pero. ¿cómo? ¿Arrasar Gaza? ¿Y después? ¿Quién custodiará los cadáveres? ¿Quién vigilará los camposantos? ¿Quién administrará las toneladas de escombros? ¿Quién será el vencedor de la contienda? Muchos interrogantes y pocas respuestas. Y en eso, ¡llegó el tío Joe!

No se sabe si a Joe Biden lo llamó el propio Netanyahu, como insinúan los rotativos estadounidenses, su fiel escudero, Antony Blinken, que navegaba entre las capitales de la zona, tratando de negociar algún acuerdo con los líderes árabes – Oriente Medio estaba a rojo vivo – o alguna advertencia de los servicios secretos: Míster President, Irán parece dispuesto a tomar cartas en el asunto. De todos modos, el inquilino de la Casa Blanca optó por desplazarse personalmente a la región para reiterar su apoyo firme e incondicional al pueblo de Israel. Su visita fue precedida por la llegada a la zona de os gigantescos portaaviones de la flota norteamericana, el Gerald S. Ford y el Dwight D. Eisenhower, que tomaron posiciones cerca de las costas de Siria y de Líbano. A la fuerza naval se suman unos 2.000 a 4.000 efectivos terrestres.

Al ex lugarteniente de Barack Obama, inmerecido Premio Nobel de la Paz, testigo durante su mandato del mayor número de conflictos bélicos a escala mundial, lo acompañaban los duendes de la política exterior estadounidense; la situación creada por la intromisión de Teherán en el conflicto exigía la presencia de un nutrido equipo de politólogos. La crisis corría el riesgo de inflamar toda la zona.

Teherán había advertido: si el ejército de Israel entra en Gaza, nos reservamos en derecho de adoptar una serie de medidas preventivas. Si se desencadena un operativo contra nuestros aliados libaneses de Hezbollah, será un auténtico casus belli. Irán tiene los medios (¡y el deseo!) de afrontar el combate. Tremendo y doloroso golpe para Washington, que acababa de desbloquear 6.000 millones de dólares de los fondos iraníes congelados en los bancos americanos; un primer gesto de apaciguamiento de la Administración Biden hacia el régimen de los ayatolás.  Duro golpe para Biden, que tampoco pudo reunirse con los gobernantes árabes en la cumbre de Amman, auspiciada por el rey Abdalá de Jordania. Los participantes – Egipto y la Autoridad Nacional Palestina – cancelaron su participación. El lenguaje empleado por Biden no encaja con la mentalidad de la clase dominante de la región.

Joe Biden tuvo que añadir unos cuantos peros a sus palabras de apoyo incondicional a Israel. Si bien no criticó la decisión de Tel Aviv de llevar a cabo una operación de limpieza en Gaza, señaló que la intervención militar debía ajustarse a las leyes de la guerra y a los cánones del derecho humanitario, es decir, respetando los criterios de proporcionalidad. Para los juristas, ello se traduce por otro eufemismo: intervenir de manera justa y fuerza adecuada. Después del conflicto, se dirá que ello resultó ser… inviable. De momento…

De momento, Joe Biden y Benjamín Netanyahu se dedican a deshojar margaritas. ¿Atacar? ¿No atacar? Hamas bien merece un castigo ejemplar, estiman los israelíes, sorprendidos por la incursión de los radicales gazatíes en su territorio.

El primer ministro de Israel, partidario de castigar a Irán por su amenazante proyecto nuclear, ha redescubierto esos días el viejo, aunque no anticuado, programa político del ayatolá Jomeini, que finalizaba el ardoroso mensaje: nuestra lucha concluirá cuando la bandera verde del Islam ondee en Jerusalén. 

Espadas en alto. Malos augurios para los Nóbel de la Paz y sus secuaces…

jueves, 14 de septiembre de 2023

La seguridad nuclear, clave de un acuerdo de paz entre Israel y Arabia Saudita


Unas semanas antes de la firma de los acuerdos de Oslo, las representaciones diplomáticas estadounidenses en Oriente Medio recibieron un cable del Departamento de Estado que rezaba: a partir de ahora, conviene utilizar la expresión proceso de paz al informar sobre el conflicto palestino-israelí.

Tres décadas después del histórico apretón de mano de la Casa Blanca, protagonizado por Isaac Rabin y Yasser Arafat, la paz no ha vuelto a la malhadada Tierra Santa. Es cierto que, tras la firma de los Acuerdos Abraham, que redundaron en la normalización de las relaciones entre el Estado judío, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos, seguida por el establecimiento de vínculos formales con Marruecos y Sudán, el mapa de la convulsa región de Oriente ha experimentado importantes cambios. Quedan, sin embargo, varios desafíos. La diplomacia estadounidense no ha logrado vencer las reticencias de Arabia Saudita, el país clave para la deseada pacificación de la zona. La monarquía wahabita ha mantenido su postura primitiva: sin la solución de la cuestión palestina, es inconcebible un acuerdo de paz con Israel.

Pero hay indicios de que la solución del conflicto, sí del conflicto, podría aproximarse. Al sigiloso diálogo triangular Washington-Riad-Tel Aviv se ha sumado recientemente una nueva vía de comunicación: los contactos directos entre la Corona saudí y la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Y ello, tras el establecimiento de relaciones diplomáticas formales entre el Reino y la embrionaria estructura gubernamental palestina.

Una delegación integrada por altos cargos de la ANP mantuvo recientemente conversaciones en Riad con sus homólogos saudíes. Entre los temas abordados figuraban el sustancioso incremento de la ayuda económica de Riad a la Autoridad Palestina, así como el apoyo diplomático para la congelación de la política de anexión territorial llevada a cabo por el Gobierno de Netanyahu.

Arabia Saudita no parece muy propensa a entablar negociaciones sobre el estatuto de Jerusalén, el tercer santuario del Islam. En principio, la custodia de los Santos Lugares musulmanes de la Ciudad Santa recae en la monarquía jordana. Aunque…

A comienzos de la primera Intifada, durante un rocambolesco encuentro de emisarios del establishment militar israelí con la cúpula “invisible” de la resistencia palestina, celebrado en Jerusalén Este, un antiguo jefe de los servicios de inteligencia del Estado judío, visiblemente molesto por el aluvión de preguntas irreverentes formuladas por los interlocutores árabes, lanzó una advertencia:

¡Cuidado! No os paséis. De lo contrario, os vamos a devolver a Hussein. (el rey de Jordania)

¿Y por qué no al rey Fahd? repuso uno de los líderes del levantamiento palestino.

Siguió un momento de silencio; alguien reveló – voluntaria o involuntariamente – el secreto. En efecto, en aquél entonces, Tel Aviv barajaba la alternativa de ofrecer la custodia del Haram al Sharif, el Monte del Templo y la mezquita de Al Aqsa, a la dinastía saudí. Pero el proyecto no se materializó.

Hoy en día, parece que la paz entre Israel y Arabia Saudita tiene más valedores que detractores. El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, quiere acabar su actual mandato con un apoteósico acuerdo de paz. Sería la culminación de su paso por la Casa Blanca.  

Benjamín Netanyahu, obligado de hacer malabarismos para mantenerse en el poder, aceptará cualquier acuerdo que podría facilitarle el acceso a los dulces saudíes. Para el Primer Ministro israelí, perseguido por la justicia de su país, los dulces saudíes presuponen, en realidad, un auténtico balón de oxígeno.

Netanyahu reclama, como contrapartida, la firma de un acuerdo de seguridad con los Estados Unidos centrado en disuadir a Irán como parte de la normalización de las relaciones entre Israel y Riad, así como la supervisión por personal estadounidense de un futuro proyecto nuclear saudí.

Para el heredero de la Corona de los Saúd, Mohamed Bin Salman, la jugada parece aún más compleja. Al ansiado acceso a la tecnología israelí, conseguida hasta ahora a través de acuerdos triangulares negociados en Nueva York o en algunas capitales europeas, la paz con Israel supondría la puesta en marcha de un ambicioso programa nuclear, amén de un sustancioso incremento de las ventas de armamento norteamericano de última generación, reservado a los incondicionales de Washington.

Para la Autoridad Nacional Palestina, que acusó a los primeros firmantes del Acuerdo Abraham de asestar una puñalada en la espalda de los habitantes de Cisjordania y Gaza, el acuerdo con los saudíes presupone un importante flujo de capital, indispensable para aliviar la pobreza y calmar las tensiones que reinan en los territorios palestinos. La ANP es consciente de que las concesiones territoriales en Cisjordania son difícilmente concebibles con el actual Gobierno de Netanyahu, integrado por los partidos de extrema derecha Sionismo Religioso y Poder Judío, que no tienen intención alguna de aceptar las exigencias de la ANP y de sus aliados de Riad. Para los socios de Gobierno de Netanyahu, la Autoridad Palestina sigue siendo el acérrimo enemigo que hay que derrotar.

Todo es negociable y asumible; sin prisas, aseguran los asesores políticos de la Casa Blanca.  Pero el tiempo apremia; Rusia y China vuelven a colocar sus pones en el tablero meso oriental. 

martes, 9 de mayo de 2023

Y en eso llegó míster Xi…

 

Le pido un poco de paciencia y una gran dosis de comprensión, estimado lector. Sí, aparentemente, el título no guarda mucha relación con el contenido de este comentario, dedicado ante todo a uno de los países más satanizados del Cercano Oriente: Siria. Sin embargo, los cambios registrados en las ecuaciones geopolíticas nos obligan a desvelar la presencia de nuevas piezas en el tablero mundial.

China, la superpotencia silenciosa, tardó décadas en mover ficha en el endiablado mosaico del Cercano Oriente, región controlada desde el final de la Segunda Guerra Mundial por los estrategas de Washington y de Moscú. Las dos potencias coloniales que diseñaron el mapa de la zona – Francia y el Imperio Británico – se vieron eclipsadas por los nuevos amos del Planeta. Norteamérica quería adueñarse de los cuantiosos yacimientos de oro negro; Rusia pretendía expandir su influencia ideológica en una región convulsionada por la constante pugna entre corrientes revolucionarias – el marxismo y el nasserismo – y opciones tradicionalistas – las monarquías absolutistas y la Hermandad Musulmana, versión conservadora de un supuesto reformismo social. Los neocolonialistas, al igual que las antiguas potencias coloniales, se dedicaron a apoyar, por no decir, enfrentar a los lideres árabes, aplicando la archiconocida norma del divide y vencerás.

Divide y vencerás, enfrentado a las monarquías con las recién creadas repúblicas islámicas, despojadas de manto de la soberbia imperial, a los conservadores de corte europeísta con los acérrimos defensores de la shariá, a los ulemas del Islam sunita con los ayatolás chiíes. Pero, ¿a quién le beneficia la escisión? Obviamente, al titiritero.

Durante la mal llamada Primavera árabe, los cambios sociales registrados en algunos países musulmanes (no todos figuraban en la lista de los primaverales artífices), la mayoría de los regímenes autocráticos tuvieron que dar paso a nuevas estructuras teocráticas. ¿Los beneficiarios del proyecto? Aparentemente, Israel y los Estados Unidos. Mas sólo aparentemente; a la hora de la verdad, los inconvenientes eclipsaron las ventajas. El islamismo sin monarcas resultó mucho más difícil de controlar que las vetustas dinastías.

Un solo país afectado por el huracán primaveral resistió a la ofensiva de los cambios propuestos (cuando no, impuestos) por los artífices del insólito operativo mesoriental: Siria. Un país laico, heredero de un gran legado civilizacional, con instituciones culturales en pleno auge. Pero sí; un país sometido a la férrea dictadura de un clan alauí: los al-Assad. Su fundador, Háfez al-Assad, un militar que participó en su juventud a la resistencia antifrancesa, se formó en las escuelas de guerra rusas. Su deriva hacia el laicismo resultó, pues, comprensible.

Su hijo, Bashar, cursó estudios de medicina en Damasco. Se especializó en oftalmología en Londres. En el 2000, cuando le tocó heredar el feudo de su padre, las embajadas norteamericanas en la zona recibieron el encargo de elaborar un perfil del nuevo presidente. Al parecer, la aportación más valiosa fue la del rey Abdallá de Jordania, quien trató de tranquilizar al amigo americano: Nos os preocupéis; Bashar y yo pertenecemos a la misma generación: la generación Internet. Sin embargo, el monarca hachemita hizo caso omiso de un detalle clave: Bashar era rehén de la vieja guardia del partido Baas, aupada al poder por su padre. El nuevo gobernante no fue capaz de llevar a cabo la revolución Internet. La primavera árabe complicó aún más las cosas. Durante los primeros meses de la revuelta popular, surgieron en Siria varios grupúsculos armados financiados y teledirigidos por Arabia Saudita, Al Qaeda, las facciones kurdas, la oposición pro occidental. Algo así como una docena de ejércitos, cuyos comanditarios poco o nada tenían que ver con el mapa político del país.

Durante los 12 años de conflicto, en el que intervinieron contingentes estadounidenses, rusos y turcos, que se saldó con más de medio millón de víctimas mortales y el éxodo de millones de civiles, Siria fue bombardeada por la aviación de Moscú y de Ankara, convirtiéndose al mismo tiempo en el blanco de los misiles lanzados por las Administraciones Obama, Trump y Biden.  

Las sanciones económicas impuestas por los Estados árabes y los organismos internacionales llevaron al aislamiento casi total del país. Sólo fueron levantados parcialmente tras los terremotos que azotaron Siria y Turquía en el mes de febrero. Una decisión excepcional; aquí pagan los justos por pecadores, afirmaba un voluntario sueco encargado de distribuir la ayuda humanitaria a los desplazados.

Siria fue suspendida de la Liga Árabe en 2011, después de reprimir las protestas populares contra el régimen de al-Assad. Curiosamente, los patrocinadores de esta medida, así como de los paquetes de sanciones económicas y políticas adoptadas contra Damasco fueron los países involucrados en la ofensiva militar contra Damasco. 

La configuración geopolítica de la región experimentó un cambio radical a comienzos de 2023, al registrarse los primeros roces económicos y estratégicos entre Arabia Saudita y Norteamérica. 

Y en eso, llegaron los chinos…

Los ministros de Asuntos Exteriores de la Liga Árabe, reunidos el pasado fin de semana en El Cairo, acordaron readmitir a Siria tras más de una década de suspensión para consolidar el impulso para la normalización de los lazos con Bashar al-Assad.

Tenemos la responsabilidad histórica de estar con el pueblo sirio para ayudarlo a pasar la triste página de su historia, declaró el titular de Exteriores egipcio, Sameh Shukri, artífice – junto con la Casa Real saudita - del acercamiento entre Damasco y las capitales árabes. Los saudíes, que acababan de reanudar las relaciones diplomáticas con la archienemiga República Islámica de Irán, parecen haber apreciado la postura conciliadora de Pekín. Si el diálogo facilita la convivencia entre los países de la región, bienvenido sea… 

El comunicado final de la reunión de El Cairo incluye las condiciones fijadas para el retorno de Damasco a la entidad panárabe. Estas deberían estar relacionadas con el retorno de los refugiados, esclarecimientos sobre la suerte de los desaparecidos y el compromiso de reactivar el comité conjunto Naciones Unidas – oposición, destinado a redactar la nueva Constitución del país, tarea que quedó en suspenso en las últimas décadas.

Y en eso llegó míster Xi… Cabe suponer que la diplomacia china nos deparará nuevas sorpresas. Ya le advertí, estimado lector; para comprender los cambios en el tablero de la geopolítica, hay que armarse de paciencia.  

sábado, 4 de febrero de 2023

El “horizonte de esperanza” de Antony Blinken

 

Para llegar a Tierra Santa, Antony Blinken no utilizó un bastón de peregrino; tuvo la suerte o la desgracia de viajar en un lujoso Boeing perteneciente a la presidencia de los Estados Unidos. La misión del jefe de la diplomacia norteamericana consistía en allanar el terreno para la próxima gira de Joe Biden a la zona. Una tarea nada fácil, teniendo en cuenta la explosiva situación que reina en el Cercano Oriente. No se trata de un malestar coyuntural, sino de un castigo crónico.

Estiman los analistas que, sin bien el Secretario de Estado no pisó la Tierra Santa cargado de malas intenciones, trajo consigo un sinfín de apriorismos. En efecto, Antony Blinken llevaba en la cartera el abultado elenco de tensiones, rivalidades y conflictos que afectan la región; un auténtico rompecabezas para los expertos en relaciones internacionales, para los emisarios de las grandes potencias que se disputan la supremacía en la región.

Rusia, la superpotencia menguante tras la desintegración de la Unión Soviética, regresó casi inesperadamente al Cercano Oriente durante el primer decenio del nuevo siglo. Volvió con una impresionante potencia de fuego y con la firme intención de ocupar un lugar privilegiado en el tablero geoestratégico de la zona. Mas durante la ausencia de Moscú, China logró colocar sus peones en la región. Su presencia – modesta en un principio – se tornó dinámica, cuando no, agresiva a la larga.

Dos potencias regionales – Turquía e Irán – no tardaron en ocupar su lugar en la palestra. Finalmente, Arabia Saudita, que había limitado inicialmente su involucramiento al conflicto libanés, optó por tomar bazas en la guerra civil de Siria, primer paso antes de intervenir activamente en el Yemen.

Sí, el panorama ha cambiado. El famoso Acuerdo Abraham, negociado por la Administración Trump, no trajo la paz ni la seguridad a la región. Cierto es que cuatro países árabe-musulmanes – Marruecos, Bahréin, Emiratos Árabes y Sudán - establecieron relaciones diplomáticas con Tel Aviv, pero ello no presupone el final del estado de beligerancia. Dos actores clave – Irán y Arabia Saudita – no se adhirieron al Acuerdo. El país de los ayatolás, por estar en guerra permanente con la llamada entidad sionista; Arabia Saudita, por supeditar la paz con el Estado judío a la solución definitiva de la cuestión palestina. En ambos casos, la solución política no se vislumbra.

No hay que extrañarse, pues, si la gira de Blinken por la región finalizó con una triste y decepcionante conclusión:   El horizonte de esperanza se cierra, afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense después de comprobar in situ que el nuevo Gobierno israelí presidido por Benjamín Netanyahu no parecía dispuesto a renunciar a su postura intransigente sobre la anexión de nuevos territorios en Cisjordania, la postura menos flexible de Tel Aviv en muchas décadas,  y que la Autoridad Nacional Palestina no iba a abandonar la línea dura adoptada después de la ruptura de negociaciones con Israel sobre la seguridad en los dos grandes núcleos urbanos de Cisjordania: Nablus y Jenín, controlados actualmente por grupos armados adscritos a la Yihad Islámica y Hamas, a los que se sumaron células disidentes de Al Fatah.

En Nablus, las milicias armadas no afiliadas a facciones políticas están ganando terreno especialmente entre los jóvenes palestinos. Washington está buscando formas para reducir la escalada y evitar que la caótica situación acabe desembocando en una nueva intifada.  

Si bien los responsables israelíes afirman que su ejército interviene en Cisjordania al comprobar la total pasividad de las fuerzas de seguridad palestinas, la Autoridad Nacional Palestina replica que las incursiones de las tropas hebreas erosionan la capacidad y legitimidad de sus fuerzas de orden para actuar contra las milicias.

Preocupada ante un posible deterioro de la situación en Cisjordania, la Autoridad Nacional Palestina suspendió su coordinación de seguridad con Israel hace dos semanas, horas después de la incursión de los militares judíos al campo de refugiados de Jenín, epicentro de los disturbios registrados en la zona.

Durante su encuentro con el presidente de la ANP, Mahmúd Abbas, Blinken sugirió que uno de los pasos que debería tomar la Autoridad Palestina para reducir la tensión sería la aplicación del plan de seguridad ideado por un experto estadounidense, el teniente general Michael Fenzel. El documento incluye el adestramiento de una fuerza especial palestina que se desplegaría en la zona para neutralizar la actuación de las milicias. Para los palestinos, se trata de una propuesta desequilibrada, ya que no incluye contrapartida alguna por parte de Israel, como la disminución de las incursiones del ejército en las localidades palestinas. Además, señalan que la seguridad palestina no tiene la potestad para operar durante las redadas del ejército israelí.

El horizonte de esperanza se cierra, confiesa Antony Blinken. Es cierto: la solución de dos Estados parece más alejada que nunca. Pese a las advertencias de sus diplomáticos, la Administración Biden dejó que el conflicto siguiera su curso. Las buenas palabras de los emisarios internacionales ofrecieron a Israel una tapadera para continuar con la anexión de facto de Cisjordania.

La política israelí ya no se centra en la búsqueda de la paz; en la práctica, los sucesivos gobiernos han abandonado las conversaciones con sus vecinos. Por su parte, los palestinos han dejado de creer que podrán conseguir un Estado a través de las negociaciones.

El Acuerdo Abraham resultó ser una obra maestra de ingeniería comercial. Una obra maestra ideada, negociada y llevada a la práctica, recordémoslo, sin la participación de los palestinos.

En horizonte de esperanza… ¿Qué esperanza?

 


lunes, 30 de enero de 2023

Irán: tambores de guerra


Cazas israelíes avistados en el espacio aéreo iraní, rezaba el flash de la agencia oficial de noticias INRA, heraldo de las autoridades de Teherán. Unos minutos más tarde, los cazas se convirtieron en drones; la ampliación de la noticia aludía a ataques contra instalaciones estratégicas – fábricas de armamento, instalaciones nucleares, bases aéreas, edificios oficiales - de Karaj, (inmediaciones de Teherán), Khoi y Azershahr (noroeste), Isfahán (centro) y Hamadán (oeste).

Según el comunicado del Ministerio de Defensa iraní, reproducido por la mayoría de las agencias de prensa occidentales, los ataques fueron infructuosos y no hubo que lamentar víctimas. Sin embargo, las cadenas de televisión locales transmitieron imágenes de deflagraciones en Isfahán y Tabriz. Incendios y daños menores, fue la versión oficial.

Los ataques no han afectado nuestras instalaciones; tales medidas ciegas no tendrán un impacto en la continuación del progreso del país, aseguran los voceros de las autoridades persas, que guardan un total mutismo sobre la identidad del sospechoso de llevar a cabo el ataque.

No es la primera vez que ello sucede. La mayoría de los servicios de inteligencia occidental y las fuentes oficiosas iraníes han atribuido al Mossad ataques contra la instalación nuclear iraní de Natanz en julio de 2020, otro centro atómico ubicado en la misma ciudad en abril de 2021, una  instalación nuclear en Karaj, en junio de 2021, o la destrucción de alrededor de 120  drones en febrero de 2022. Pero en Irán, la palabra Israel sigue siendo tabú.

De hecho, el Estado judío no se ha atribuido la responsabilidad de los ataques. Sin embargo, en la noche de domingo, una veintena de camiones pertenecientes al ejército iraní que transportaban refuerzos para el frente del movimiento integrista Hezbollah fueron interceptados por drones israelíes. Cabe suponer que los combates podrían recrudecerse en las próximas horas.

Conviene señalar que la ofensiva fue desencadenada horas después de la llegada a Tel Aviv del director de la CIA, William Burns, ex embajador de los EE.UU. en Moscú, afamado kremlinólogo y, según fuentes del Departamento de Estado, excelente putinólogo.

La visita de Burns se produce horas antes de la llegada a Israel del Secretario de Estado Antony Blinken, el halcón con disfraz de pacifista que dirige y coordina la política exterior de los Estados Unidos.

Detalle interesante: durante la última semana, los rotativos hebreos se dedicaron a cantar las loas de la estrecha colaboración entre el Mossad y la CIA durante las operaciones de rescate de agentes israelíes de origen kurdo bloqueados en suelo iraní. El operativo fue coordinado por William Burns y su homólogo israelí, Eli Cohen.

Tras los ataques de la noche del domingo, fuentes oficiales de la República Islámica señalaron que la misión de los drones había fallado, ya que sólo había causado daños menores.

Muy distinta fue la versión ofrecida por el diario The Jerusalem Post, que titula la información de última hora: El ataque con drones… fue un éxito fenomenal.

A buen entendedor…


sábado, 24 de diciembre de 2022

El Mossad advierte: Irán podría intensificar la venta de armas a Rusia


El conflicto de Ucrania nos ha acostumbrado a recibir cuantiosa información sobre el suministro de armas a las autoridades de Kiev procedente de la Casa Blanca, el Pentágono, la Unión Europea o los socios de la Alianza Atlántica. En cuanto a Rusia se refiere, había que limitarse a las filtraciones de los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses, únicas fuentes autorizadas para informar a los ciudadanos del Mundo Libre. ¿Ventaja o desventaja? Usted lo habrá comprobado, estimado lector.

A las mal llamadas fuentes de información autorizadas que nos deleitan con sus inacabables hilos de noticias se ha sumado en las últimas horas otro heraldo autorizado: el Mossad o, si se prefiere, el todopoderoso servicio de espionaje israelí.

El Mossad siempre ha pecado por su discreción. Nadie podía imaginar que su actual director, David Barnea, iba a protagonizar una rueda de prensa y, menos aún, que su foto – la foto del personaje más misterioso de la jerarquía estatal israelí – iba a publicarse en los periódicos de Tel Aviv y Nueva York.

Pero las cosas cambian: David Barnea apareció el pasado jueves ayer ante las cámaras de televisión para hablarnos sin tapujos del armamento de última generación entregado por la República Islámica de Irán a la beligerante Rusia. El jefe del Mossad manifestó que el Estado Judío dispone de informes de inteligencia relativos a los planes de Teherán de ampliar y diversificar los envíos de tecnología militar sofisticada a Rusia. Y puntualizó: se trata de armas destinadas a la guerra de Ucrania, información que Israel había compartido con sus aliados. Aunque fuentes militares hebreas aseguran que Irán podría suministrar misiles balísticos a Rusia, Barnea se negó a facilitar detalles sobre los envíos.

El gobierno de Teherán admitió haber enviado drones a Rusia, pero hizo hincapié en el hecho de que los suministros se hicieron antes del inicio del operativo bélico de Ucrania. Sin embargo, las altas instancias estadounidenses tienen constancia de transferencias más recientes.

El director del Mossad confirma la versión de Washington: los informes de los agentes hebreos revelan que se enviaron drones después de que comenzó la guerra. Hemos arrojado luz con respecto a la fecha en que Irán suministró las armas a Rusia, independientemente de las mentiras iraníes al respecto, manifestó el jefe del espionaje israelí.

Teherán y Moscú no comentaron las revelaciones de Barnea. Detalle interesante: pocas horas después de la rueda de prensa del jefe del Mossad, el presidente ruso, Vladimir Putin, llamó al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para felicitarlo por la formación de su nuevo gobierno. Según la oficina del portavoz del primer ministro de Israel, los dos estadistas abordaron el tema de… Ucrania.

Conviene señalar que, en las últimas semanas, Israel fue muy cauteloso al sopesar los envíos de armas iraníes a Rusia. De hecho, procuró eludir el tema para evitar tensiones con Moscú. ¿La contrapartida? El permiso tácito del Kremlin de actuar contra la inquietante presencia iraní en Siria.

Los funcionarios israelíes esperan utilizar el nuevo enfoque estratégico relativo a la cooperación militar entre Irán y Rusia para aumentar la presión internacional sobre Teherán. Recordemos que Tel Aviv no descarta la posibilidad de una intervención armada contra las instalaciones nucleares del país de los ayatolas. Hasta ahora, Israel tropezaba con el veto de Washington. Pero sí: las cosas cambian…