Rusia
está dando otro paso significativo hacia el alejamiento de las estructuras de
cooperación militar con los países occidentales. El gobierno ruso ha decidido rescindir
varios acuerdos bilaterales de defensa concluidos con diferentes Estados europeos
en los años 90 y principios de los 2000.
La
decisión, formalizada mediante un decreto firmado por el primer ministro ruso,
Mijaíl Mishustin, obliga al Ministerio de Defensa a poner fin a la colaboración
militar con 11 países del Viejo Continente, en su gran mayoría, miembros de la Alianza
Atlántica.
Entre
los estados afectados por la decisión del Kremlin figuran: Rumania, Bulgaria,
Alemania, Reino Unido, Polonia, Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Croacia, Bélgica
y República Checa.
Se
trata de los acuerdos bilaterales firmados entre los ministerios de defensa de
los respectivos países con la URSS y la Federación Rusa tras el final de la
Guerra Fría y la reedificación de las relaciones Este-Oeste, como de los
instrumentos jurídicos de los años 90, oficialmente caducados.
Entre
los documentos anulados se encuentran tratados importantes, como el acuerdo de
cooperación militar entre Rusia y Alemania de 1993 o el que se rubricó con
Polonia en julio del mismo año. Rusia también decidió rescindir el acuerdo con
Noruega de 1995.
Rumanía
figura en la lista con el acuerdo bilateral de colaboración militar firmado en marzo
de 1994, un documento que, durante tres décadas, sentó las bases de las
relaciones de cooperación entre Bucarest y Moscú. Según la televisión rumana, su
cancelación forma parte de una estrategia más amplia para retirar a Rusia de
los marcos de colaboración con alianzas occidentales.
El
acuerdo militar entre Bucarest y Moscú fue firmado en 1994 por los entonces
presidentes, Ion Iliescu y Boris Yeltsin, en un contexto geopolítico marcado
por intentos de acercamiento y estabilización regional tras la disolución del
bloque soviético.
La
cancelación del acuerdo tiene actualmente un valor más simbólico, dada la
evolución de las relaciones entre Rusia y la OTAN, pero envía una clara señal
política respecto a la dirección elegida por Moscú.
En
el caso de Bulgaria, el contexto es más matizado. Ambos países firmaron en 1992
un Tratado de Relaciones Amistosas y Cooperación, documento que allanó el
camino para proyectos conjuntos, incluso en el ámbito de la defensa. La
decisión actual muestra que Rusia también se está distanciando del marco paneslavista,
reforzado al inicio del periodo postsoviético.
Al
denunciar simultáneamente estos acuerdos, el Kremlin envía un mensaje firme
sobre su deseo de acabar con los modelos de cooperación militar aplicados en
las últimas décadas a los estados miembros de la OTAN. La decisión refleja no
solo las tensiones actuales entre Rusia y Occidente, alimentadas por campañas
de propaganda y desinformación mutuas, sino también un firme reposicionamiento
estratégico de la política de seguridad del Kremlin.
