martes, 13 de enero de 2026

Acuerdos militares Rusia - OTAN: Putin suelta las amarras

 

Rusia está dando otro paso significativo hacia el alejamiento de las estructuras de cooperación militar con los países occidentales. El gobierno ruso ha decidido rescindir varios acuerdos bilaterales de defensa concluidos con diferentes Estados europeos en los años 90 y principios de los 2000.

La decisión, formalizada mediante un decreto firmado por el primer ministro ruso, Mijaíl Mishustin, obliga al Ministerio de Defensa a poner fin a la colaboración militar con 11 países del Viejo Continente, en su gran mayoría, miembros de la Alianza Atlántica.

Entre los estados afectados por la decisión del Kremlin figuran: Rumania, Bulgaria, Alemania, Reino Unido, Polonia, Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Croacia, Bélgica y República Checa.

Se trata de los acuerdos bilaterales firmados entre los ministerios de defensa de los respectivos países con la URSS y la Federación Rusa tras el final de la Guerra Fría y la reedificación de las relaciones Este-Oeste, como de los instrumentos jurídicos de los años 90, oficialmente caducados.

Entre los documentos anulados se encuentran tratados importantes, como el acuerdo de cooperación militar entre Rusia y Alemania de 1993 o el que se rubricó con Polonia en julio del mismo año. Rusia también decidió rescindir el acuerdo con Noruega de 1995.

Rumanía figura en la lista con el acuerdo bilateral de colaboración militar firmado en marzo de 1994, un documento que, durante tres décadas, sentó las bases de las relaciones de cooperación entre Bucarest y Moscú. Según la televisión rumana, su cancelación forma parte de una estrategia más amplia para retirar a Rusia de los marcos de colaboración con alianzas occidentales.

El acuerdo militar entre Bucarest y Moscú fue firmado en 1994 por los entonces presidentes, Ion Iliescu y Boris Yeltsin, en un contexto geopolítico marcado por intentos de acercamiento y estabilización regional tras la disolución del bloque soviético.

La cancelación del acuerdo tiene actualmente un valor más simbólico, dada la evolución de las relaciones entre Rusia y la OTAN, pero envía una clara señal política respecto a la dirección elegida por Moscú.

En el caso de Bulgaria, el contexto es más matizado. Ambos países firmaron en 1992 un Tratado de Relaciones Amistosas y Cooperación, documento que allanó el camino para proyectos conjuntos, incluso en el ámbito de la defensa. La decisión actual muestra que Rusia también se está distanciando del marco paneslavista, reforzado al inicio del periodo postsoviético.

Al denunciar simultáneamente estos acuerdos, el Kremlin envía un mensaje firme sobre su deseo de acabar con los modelos de cooperación militar aplicados en las últimas décadas a los estados miembros de la OTAN. La decisión refleja no solo las tensiones actuales entre Rusia y Occidente, alimentadas por campañas de propaganda y desinformación mutuas, sino también un firme reposicionamiento estratégico de la política de seguridad del Kremlin.