miércoles, 18 de marzo de 2015

Elecciones israelíes: ¿más de lo mismo?


Sucedió lo que todo el mundo esperaba: el partido de centroderecha Likud, liderado por el Primer Ministro Benjamín Netanyahu, se alzó con la victoria en las elecciones legislativas celebradas esta semana en Israel. Pese a los sondeos a pie de urna, que vaticinaban un empate virtual entre la derecha y la bicéfala coalición de centroizquierda Unión Sionista del laborista Isaac Herzog y la liberal Tzipi Livni, los conservadores lograron imponerse. Hay quien cree que se trata de una victoria pírrica, puesto que ninguna de las grandes agrupaciones cuenta con la mayoría necesaria para contemplar la formación de un Gobierno estable, lo que deja entrever la opción de frágiles y efímeras alianzas.

En efecto, la proliferación de partidos bisagra, dispuestos a apoyar a cualquiera de las grandes corrientes ideológicas a cambio de pingües beneficios económicos, convierte el escenario político del Estado judío en una auténtica pesadilla para el ciudadano de a pie, obligado a afrontar el constante deterioro de la situación económica, que desembocó en el espectacular empobrecimiento de la clase media. A las desigualdades sociales se suma la alta tasa de desempleo, amén del vertiginoso incremento del precio de la vivienda.  Nada o muy poco que ver, al menos aparentemente, con la obsesión de Bibi Netanyahu por acabar de un plumazo con el programa nuclear iraní – peligro potencial para la supervivencia de Israel – o el deseo de los centristas - laboristas y liberales - de reanudar el diálogo con la Autoridad Nacional Palestina, interrumpido hace cuatro años por el Likud, apostando por la creación de un Estado palestino. Aún así, la izquierda prefiere hacer caso omiso del espíritu y la letra de los Acuerdos de Oslo.  

Huelga decir que durante la jornada electoral, es decir, antes del cierre de los colegios,  los principales partidos políticos habían iniciado consultas destinadas a asegurarse la  mayoría parlamentaria. Una tarea sumamente difícil, teniendo en cuenta el hecho de que ninguna de las corrientes mayoritarias contará con bastantes escaños para contemplar alianzas duraderas con las formaciones afines. Benjamín Netanyahu tendrá que recomponer los pactos con Bayt Yehudí o Israel Beteinu, agrupaciones que se sitúan la derecha del Likud y que contemplan el control de los territorios palestinos ocupados, así como la expansión de los asentamientos judíos de Cisjordania.

Para Isaac Herzog, la alternativa viable hubiese sido un acuerdo con el izquierdista Meretz, los comunistas árabes e israelíes de Hadash y los integrantes de la Lista Árabe Unida, tercera fuerza política del país. Sin embargo, los dirigentes de la Lista parecen poco propensos a forjar alianzas con las agrupaciones sionistas. Su electorado, que representa al 20 por ciento de la población árabe de Israel, no lo consentiría.

Quedan los liberales de centroizquierda de Yesh Atid  y los de centroderecha de Kulanu. Los primeros podrían decantarse por la Unión Sionista de Herzog; los segundos, por sus excompañeros y socios del Likud.

La gran incógnita será la postura de los partidos religiosos, que cuentan con una veintena de escaños en la Cámara, y que suelen arrimarse al carro del… mejor postor.
  
En resumidas cuentas, el partido de Netanyahu tiene muchas probabilidades de contar con una mayoría parlamentaria que le permita capear el temporal.

Detalle interesante: el pasado martes, poco después del cierre de los colegios electorales, el Presidente de Israel, Reuven Rivlin, instó a laboristas y conservadores a formar un Gobierno de Unidad Nacional. Pero tanto Netanyahu como Herzog rechazaron la propuesta.  Su ideología y sus respectivos programas de gobierno son (o al menos, parecen)… diametralmente opuestos. ¿Más inestabilidad política en perspectiva? ¿Más amenazas para los equilibrios o desequilibrios regionales? Para el ciudadano de a pie, ello se traduce por… más de lo mismo. 

jueves, 12 de marzo de 2015

Insólitas revelaciones sobre el “halcón” de Wye Plantation


La campaña electoral israelí entra en su recta final con nuevas y explosivas revelaciones sobre la trayectoria política del Primer Ministro saliente, Benjamín Netanyahu, y su constante rechazo de un posible, aunque cada vez más improbable entendimiento con la Autoridad Nacional Palestina. Improbable, sí, con un Gobierno de centroderecha, poco propenso a respetar el espíritu y la letra de los Acuerdos de Oslo, unos pactos que el propio Netanyahu se empeñó en desmontar a finales de la década de los 90, durante las consultas de Wye Platnation.

En 1996, cuando el derechista Likud se alzó con la victoria en las elecciones legislativas, el entonces presidente norteamericano, Bill Clinton, invitó al futuro Primer Ministro del Estado judío, Benjamín Netanyahu, a la Casa Blanca. Se trataba de tantear al político hebreo, acérrimo detractor del diálogo con la OLP, que se había comprometido ante su electorado a deshacer los entuertos de sus rivales laboristas. Sin embargo, durante la entrevista con el mandatario estadounidense, Netanyahu se apresuró en puntualizar: sólo contemplaba unas modificaciones de forma de los acuerdos, sin que ello afecte el contenido. Dos años después del encuentro en el Despacho Oval, los tratados israelo-palestinos se convertían en… papel mojado. Curiosamente, ambos bandos optaron por dejar caer un tupido velo sobre los resultados de las consultas. Lo cierto es que el líder del Likud había logrado su objetivo: borrar de un plumazo los compromisos políticos contraídos en la capital noruega.

Hasta aquí nuestra tribulación por el pasado de las accidentadas relaciones entre israelíes y palestinos. Lo que sucedió después… El siglo XX no trajo la paz ni la convivencia entre las dos comunidades. El Nuevo Orden de los Bush, los conflictos de Afganistán e Irak, las malogradas Primaveras árabes de Barack Obama, los brutales enfrentamientos de Siria, el resurgir del sanguinario Frankenstein llamado Estado Islámico relegaron el conflicto israelo-palestino a un segundo, véase tercer plano de la actualidad. Sin embargo, la inmediatez de la consulta electoral prevista para el próximo día 17 vuelve a colocar a Israel y a su clase política en el candelero.

Esta semana, un medio de comunicación independiente de Tel Aviv filtró un documento desclasificado sobre supuestas concesiones secretas de Netanyahu a los palestinos. Se trata, al parecer, de un memorándum que contempla la creación de un Estado Palestino independiente, soberano y sostenible, que tendría fronteras internacionales reconocidas con Israel, Egipto y Jordania. También alude el documento a la posible retirada de Israel a las fronteras de 1967, el intercambio de territorios destinado a crear zonas de seguridad, el reconocimiento de la doble capitalidad de Jerusalén, el desmantelamiento de algunos asentamientos judíos de Cisjordania y… el retorno dosificado y selectivo de los refugiados palestinos a Israel. 

Se cree que el impulsor de la propuesta fue el expresidente de Israel, Shimon Peres, que organizó varias rondas de consultas con emisarios palestinos en Amman y en algunas capitales europeas. Aparentemente, las conversaciones se iniciaron en 2011,  con la aquiescencia del Primer Ministro Netanyahu.

Según fuentes israelíes, en el verano de 2013, un asesor de Netanyahu, el abogado Ytzak Molcho, entregó la supuesta lista de concesiones al Presidente palestino, Mahmúd  Abbas. Se trataba de un encuentro previo, destinado a allanar el camino para las negociaciones con el Secretario de Estado John Kerry, portador de la buena palabra de la Administración Obama. ¿Resultados concretos? Ninguno, como de costumbre. Lo cierto es que el Primer Ministro israelí se apresuró en desmentir la noticia, señalando que jamás había aceptado la división de Jerusalén, la retirada a las fronteras de 1967 o el derecho de retorno de los refugiados palestinos.  

Cabe preguntarse, pues, si después de las reacciones negativas suscitadas tanto en Occidente como en Israel por el polémico discurso de Netanyahu ante el Congreso de los Estados Unidos, esas revelaciones de última hora constituyen una llamada de auxilio de la derecha israelí a sus fieles seguidores o… un golpe bajo de quienes pretenden desacreditar al “halcón” de Wye Plantation en vísperas de unas reñidas elecciones generales.

jueves, 5 de marzo de 2015

La bofetada de "Bibi" Netanyahu


De bofetada a la Administración Obama tildaron los altos cargos de la diplomacia norteamericana el discurso pronunciado esta semana por el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ante las Cámaras del Congreso de los Estados Unidos. ¿Un golpe en la cara que ensancha aún más la brecha entre Washington y Tel Aviv? Aparentemente, la insolente actuación de Netanyahu irritó no sólo a Barack Obama, sino a la inmensa mayoría de sus colaboradores. Fue la gota que hizo desbordar el vaso…

No es costumbre que un estadista utilice la tribuna parlamentaria de un país extranjero para alertar a los representantes electos de otra nación sobre los peligros – ficticios o reales – que implica la política llevada a cabo por sus gobernantes. Es exactamente lo que hizo Benjamín Bibi Netanyahu al censurar el posible pacto nuclear con Irán. El líder del derechista Likud, invitado por la mayoría republicana del Congreso a intervenir en el debate sobre política exterior, aseguró que el hipotético mal acuerdo con el país de los ayatolás sólo serviría para allanar la vía hacia una catástrofe nuclear. Si a los estadounidenses les importa  su seguridad, a los israelíes nos preocupa la supervivencia, señaló Netanyahu. Su advertencia fue acogida con innegable júbilo por los congresistas republicanos (aunque también demócratas), partidarios de la mano dura en las relaciones con los países rebeldes – Corea del Norte, Irán, Siria… Rusia. Una postura inquietante, teniendo en cuenta la proliferación de los focos de tensión que acompaña los espectaculares reajustes geoestratégicos iniciados en la última década del siglo XX.

Recordemos que Netanyahu fue uno de los primeros políticos que alertó, a finales de los años 90, sobre el peligro que supone el programa nuclear iraní. De hecho, el establishment israelí no descartó la posibilidad de una intervención armada contra las instalaciones atómicas de Teherán, opción rechazada por los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca. Si bien las autoridades de Tel Aviv desean mantener a toda costa el monopolio de potencia nuclear regional,  Washington no descarta la existencia de un duopolio. Y ello, siempre y cuando los intereses estratégicos de Irán coincidan con los designios de los Estados Unidos. De hecho, una embrionaria bomba atómica persa implicaría el aumento de la cooperación militar (y también económica) de Washington con Arabia saudita, Irak y los Emiratos del Golfo Pérsico. El Estado judío tiene otras prioridades; el siempre vigente programa de gobierno del ayatolá Jomeyni contempla… ¡la destrucción total de Israel!

Desde el inicio de las consultas entre Teherán y las potencias occidentales sobre el programa nuclear iraní, las autoridades hebreas presentaron un documento de trabajo conocido bajo el nombre del memorándum de los cuatro “no”.  No al enriquecimiento del uranio, No al centrifugado, No al almacenamiento de uranio enriquecido, No al suministro de agua pesada para el reactor nuclear de Arak. Con el paso del tiempo, los cuatro no se han convertido en historia. Los científicos iraníes han adquirido los conocimientos necesarios para la fabricación de armas atómicas. Desde el punto de vista tecnológico, el proceso parece, pues, irreversible. ¿Frenar la producción de artefactos nucleares? Todo depende de la contrapartida ofrecida por Occidente. De momento, los interlocutores de Teherán sugieren una moratoria de 15 a 20 años, que los persas rechazan tajantemente.

Un nuevo factor se añadió recientemente al regateo nuclear: la ofensiva global contra el Estado Islámico. La Casa Blanca tiene interés en asociar a los países del mundo árabe-musulmán a la coalición ideada para combatir a las fuerzas del mal. En ese contexto, el Irán chiita sería, sin duda, un elemento clave en la lucha contra el radicalismo sunita.  Barack Obama está empeñado en alcanzar un acuerdo con los iraníes.

Por su parte, Benjamín Netanyahu, primer ministro saliente de Israel, aprovecha los últimos días de la campaña electoral en su país para romper moldes, sabiendo positivamente que el golpe en la cara de la Administración estadounidense podría facilitar su reelección o convertirle en incuestionable líder de una oposición conservadora intransigente. Bibi Netanyahu ¿profeta en tierra de Israel? Un legado éste difícil de gestionar sin la ayuda del Congreso de los Estados Unidos.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Cum să-ți privești inamicul cu ură!


Uneori, candoarea politicienilor ne emoţionează. Însă ar trebui să ne întrebăm dacă acţiunile lor sunt consecinţe ale ingenuităţii, purităţii, onorabilităţii acestor personaje publice, sau ale relei lor credinţe mascate de o pojghiţă extrem de subţire de bunătate.

Adevărul este că viaţa acestor greşit numiţi guvernanţi se caracterizează prin zigzagul şi bâlbâiala continue, prin dorinţa de a-i mulţumi pe fani şi pe detractori. Asta creează situaţii rocamboleşti, care duc cu gândul la librete de operetă. Şi totuşi…

În urmă cu doar câteva săptămâni, după atentatul împotriva săptămânalului francez Charlie Hebdo, Casa Albă a anunţat organizarea unui summit mondial despre terorism. E adevărat că Administraţia Obama nu a fost prezentă la uriaşa mobilizare împotriva jihadismului, care a strâns în capitala Franţei 50 de şefi de stat şi de guvern. O simplă greşeală de calcul?

De fapt, preşedintele Statelor Unite a convocat celebrul summit împotriva terorii schimbând parametrii. La întâlnire nu s-a vorbit despre jihadism, nici despre terorismul islamist, termeni adoptaţi de Administraţia Bush după atentatele din 11 septembrie 2001, ci despre… extremismul violent, un eufemism valabil pentru aproape toate situaţiile de conflict.

Aparent, dorinţa preşedintelui a fost să nu-i supere pe musulmani. De aceea, summit-ul nu a abordat problema războaielor religioase, crimele comise de Statul Islamic sau influenţa crescândă a tentacularei Al Qaeda în ţările Asiei şi Africii. Dimpotrivă, s-a vorbit despre necesitatea de a canaliza ţări ca Irak şi Siria pe drumul care duce spre democraţie. Cuvinte lăudabile? Vorbe goale? De fapt, majoritatea analiştilor americani consideră că problema nu este Statul Islamic, nici Al Qaeda; trebuie identificate şi analizate rădăcinile nemulţumirii care a dus la conflict. O nemulţumire care a fost creată şi alimentată de acţiunile marilor puteri occidentale.

În mod curios, la summit-ul lui Obama a fost prezentă o delegaţie rusă consistentă, condusă de Alexander Bortnikov, directorul Serviciului Federal de Securitate al Federaţiei Ruse, urmaşa fostei KGB. Numele lui Bortnikov apare pe lista neagră a înalţilor funcţionari moscoviţi care însoţeşte mult trâmbiţatele sancţiuni împotriva Rusiei. Şi mai ciudat: directorul FBI nu a fost invitat la reuniune. O parte a presei a semnalat o întâlnire discretă între vicepreşedintele Joe Biden cu reprezentanţi ai asociaţiilor islamice nord-americane, acuzate că au finanţat, în trecut, mişcări radicale din Orientul Mijlociu. Asta e ceea ce în limbajul militar se cunoaşte ca a-ți privi dușmanul cu ură?

Un detaliu interesant: la doar câteva ore de la încheierea summit-ului de la Casa Albă, la Riad se inaugura o conferinţă mondială despre lupta împotriva… terorismului islamist, sponsorizată de monarhiile Golfului. La întâlnire au fost prezenţi reprezentanţi ai caselor regale, politicieni, profesori şi doctori în teologie musulmană, dispuşi să aibă un dialog despre posibila, deşi puţin probabila eradicare a mişcărilor radicale cu orientare religioasă. Se ştie că atât Al Qaeda, cât şi Statul Islamic s-au creat datorită subvenţiilor aportate de prinţii şi şahii zonei. Pe scurt: o altă versiune a răspusului cu ură față de inamic?

Mai aproape de noi, pe Batrânul Continent, spiritele sunt încinse din cauza deciziei premierului ungar, Viktor Orban, de a primi, pe pământ comunitar, pe preşedintele rus, Vladimir Putin. Actualul chiriaş de la Kremlin a fost primit cu toate onorurile într-un stat membru al Uniunii Europene, care s-a angajat, cu mai puţin de un an în urmă, să îngheţe relaţiile cu Moscova, după anexarea Crimeei. Dar Putin venea să discute afaceri cu autorităţile de la Budapesta; afaceri profitabile, precum furnizarea de gaz rusesc şi posibila construcţie a unei centrale nucleare concepută şi finanţată de Rusia.
Diplomaţia UE s-a văzut obligată să îşi manifeste dezacordul faţă de comportamentului lui Orban. Dar, premierul ungar nu a stat la îndoială şi a pus lemne pe foc cu un comentariu: “Suntem convinşi că lăsarea Rusiei în afara Europei ar fi iraţional”. Partenerii europeni au răspuns cu tăcerea: nu trebuie să uităm că 40% din gazul pe care îl consumă Germania provine din… Federaţia Rusă. Pe scurt: de ce să-ți mai privești dușmanul cu ură?



viernes, 27 de febrero de 2015

Cara feroce al enemigo


A veces, el candor de los políticos nos conmueve.  Mas cabe preguntarse si sus actos obedecen a la ingenuidad, pureza, honradez de esos personajes públicos, o bien a su mala fe disfrazada de una delgadísima capa de buenismo. Lo cierto es que la vida de esos mal llamados gobernantes se caracteriza por el zigzagueo y el titubeo continuos, por el deseo de complacer a seguidores y detractores. Ello genera situaciones rocambolescas, que recuerdan los libretos del género chico. Y sin embargo…

Hace apenas unas semanas, después del atentado contra el semanario galo Charlie Hebdo, la Casa Blanca anunció la celebración de una cumbre mundial sobre el terrorismo. Cierto es que la Administración Obama no estuvo presente en la gigantesca movilización contra el yihadismo, que congregó en la capital francesa a medio centenar de jefes de Estado y de Gobierno. ¿Simple error de cálculo?

En realidad, el presidente de los Estados Unidos convocó la famosa cumbre contra el terror, modificando, eso sí, los parámetros. En la reunión no se habló del yihadismo ni del terrorismo islamista, términos acuñados por la Administración Bush después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, sino del… extremismo violento, eufemismo aplicable a casi todas las situaciones conflictivas.  Aparentemente, el deseo del presidente era evitar el enfado de los musulmanes. Por ello, la cumbre no abordó el tema de las guerras religiosas, los crímenes cometidos por el Estado Islámico o la creciente influencia de la tentacular Al Qaeda en los países de Asia y África. Al contrario, se habló de la necesidad de encauzar a países como Irak y Siria por la senda que conduce a la democracia. ¿Loables  palabras? ¿Frases huecas? De hecho, la mayoría de los analistas norteamericanos estima que el problema no es el Estado Islámico ni Al Qaeda; hay que identificar y analizar las raíces del malestar que desembocó en el conflicto. Un malestar generado y alimentado por la actuación de las grandes potencias occidentales.

Curiosamente, en la cumbre de Obama asistió una nutrida delegación rusa, encabezada por Alexander Bortnikov, director del Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa, heredero de la antigua KGB. El nombre de Bortnikov figura en la lista negra de altos funcionarios moscovitas que acompaña las tan cacareadas sanciones contra Rusia. Más extraño aún: el director del FBI no fue invitado a la reunión. Algunos medios estadounidenses se hacen eco de un discreto encuentro del vicepresidente Joe Biden con representantes de agrupaciones islámicas norteamericanas acusadas de haber suministrado en el pasado, fondos a movimientos radicales de Oriente Medio. ¿A eso se le llama en lenguaje castrense cara feroce al enemigo?

Detalle interesante: apenas unas horas después de finalizar la cumbre de la Casa Blanca, se inauguraba en Riad una conferencia mundial sobre la lucha contra el… terrorismo islamista, patrocinada por las monarquías del Golfo. Acudieron a la cita representantes de las Casas Reales, políticos, catedráticos y ulemas (doctores de la ley mahometana), dispuestos a dialogar sobre la posible, aunque poco probable erradicación de los movimientos radicales de corte religioso. Sabido es que tanto Al Qaeda como el Estado Islámico surgieron merced a las subvenciones a fondo perdido de príncipes y jeques de la zona. En resumidas cuentas: ¿otra variante de la cara feroce al enemigo?

Más cerca de nosotros, en la Vieja Europa, los ánimos están caldeado por la decisión del Primer Ministro húngaro, Viktor Orban, de recibir en suelo comunitario al Presidente ruso, Vladimir Putin. El actual inquilino del Kremlin fue acogido con todos los honores en un país miembro de la Unión Europea, que se había comprometido, hace apenas un año, a congelar las relaciones con Moscú tras la anexión de Crimea. Pero Putin venía a hablar de negocios con las autoridades de Budapest; buenos negocios, como el suministro de gas natural ruso y la posible edificación de una central nuclear diseñada y financiada por Rusia.

El servicio diplomático de la UE se vio obligado a manifestar su disconformidad con la actuación de Orban. Pero el Primer Ministro húngaro no dudó en echar más leña al fuego con su comentario: “Estamos convencidos que dejar a Rusia fuera de Europa sería irracional”. Los socios comunitarios dieron la callada por respuesta: no hay que olvidar que el 40 por ciento del gas natural que consume Alemania procede de… la Federación rusa.   En resumidas cuentas: ¿por qué poner cara feroce al enemigo? 

jueves, 19 de febrero de 2015

El guardián de las dos mezquitas sagradas


Hace apenas unas semanas, cuando el príncipe Salman Bin Abdel Aziz al Saud ascendió al trono del Reino de Arabia Saudita, los medios de comunicación occidentales se hicieron eco de los espectaculares cambios institucionales anunciados por el nuevo monarca. No, no se trataba de medidas innovadoras, destinadas a reformar o modernizar el régimen autocrático impuesto por la Casa de Saud, sino de una simple reorganización administrativa. Detalle interesante: el guardián de las dos mezquitas sagradas, título que ostenta el jefe de la Casa Real, decidió relevar de su cargo al jefe de los todopoderosos servicios de inteligencia, el príncipe Jaled Bin Bandar, al secretario del Consejo de Seguridad Nacional y exembajador en Washington, el príncipe Bandar Bin Sultan, así como a los imanes que dirigían el Ministerio de Justicia y la policía religiosa.

¿Terremoto o simple tormenta en un vaso de agua? Aparentemente, se trata de una cuestión dinástica; el rey Salman trata de prescindir de los incondicionales de su hermanastro, el recién fallecido rey Abdalá, para dar paso a familiares directos. En clave sociopolítica, ello se traduce por un notable retroceso, ya que el nuevo monarca pertenece al ala más conservadora de la dinastía saudí.

Mientras algunos politólogos occidentales se limitan a comentar el papel preponderante desempeñando por los saudíes frente a la creciente amenaza del chiismo iraní, otros procuran destacar la postura ambivalente de Riad, que participa en la guerra contra el Estado Islámico, empleando al mismo tiempo ingentes cantidades de dinero para proyectar la imagen del islamismo radical tanto en los países musulmanes como en el Viejo Continente. Uno de los pilares de este operativo habrá sido, en las últimas décadas, el… príncipe Salman, es decir, el actual monarca.

Según informes elaborados por las Naciones Unidas, la justicia estadounidense y los servicios de inteligencia occidentales, durante los años 80 y 90 del siglo pasado, Salman se dedicaba a centralizar la ayuda financiera saudí destinada a Al Qaeda, tanto en Afganistán como en Bosnia. Los envíos de fondos se efectuaban a través de distintas asociaciones benéficas creadas o presididas por multimillonarios saudíes.  

En la década de los 90, durante la guerra de los Balcanes, el príncipe ostentó el cargo de Alto Comisionado Saudí para la ayuda a Bosnia Herzegovina, organismo internacional que, según los expertos de las Naciones Unidas, transfirió 120 millones de dólares a la Third World Relief Agency, una asociación fundada por el príncipe que financiaba a Al Qaeda. Los funcionarios de las Naciones Unidas encargados de supervisar las cuentas de la oficina saudí estiman que los fondos no se emplearon para fines humanitarios.

En mayo de 1997, los militares franceses destacados en Bosnia advierten que el Alto Comisionado Saudí utiliza la cobertura de la ayuda humanitaria para fomentar la islamización de Bosnia y radicalizar a la juventud. El periodista galo Roland Jacquard, que tiene acceso al documento, asegura que se trata una estratagema destinada a  establecer la plataforma idónea para las acciones de Al Qaeda en Europa.

Aun así, los servicios de seguridad estadounidenses respetaron el estatuto diplomático del Alto Comisionado Saudí en Bosnia hasta… el 11 de septiembre de 2001. En un registro llevado a cabo poco después de los atentados de Nueva York, los norteamericanos encontraron de la poco diplomática sede directrices para la falsificación de los pases del Departamento de Estado y ¡ay! apuntes relativos a conversaciones con Osama Bin Laden.


No hay que extrañarse, pues, que el Presidente Barack Hussein Obama haya decidido precipitarse a rendir pleitesía a su aliado Salman. Con amigos así, más vale ser prudente. Con aliados así, la tan cacareada guerra contra el Estado Islámico podría convertirse en una perpetua pesadilla.      

jueves, 12 de febrero de 2015

Europa: ¿final de trayecto?


Trato de hacer memoria; tratemos de hacer memoria: en diciembre de 1999, cuando el Partido Liberal austriaco (FPÖ), liderado por el ultraderechista Jörg Haider, se alzó con la victoria en las elecciones generales que acabaron con el binomio socialdemócrata – democristiano que había gobernado el país desde finales de 1945, los líderes europeos no dudaron en llamar la atención sobre el peligro populista.

¿Populista? Pero, ¿cuál era el ideario de Haider? El gobernador de Corintia presumía de ser el primer político europeo que se opuso abiertamente a la inmigración, a la integración  de las minorías étnicas y al bilingüismo en la enseñanza primaria en las regiones fronterizas. Hijo de un matrimonio de militantes nazis, Haider sorprendió a sus compatriotas al cantar las loas de las SS hitlerianas, calificándolas de parte del ejército alemán a quienes debían rendirse honores.  Aun así, el establishment político comunitario tildó su opción ideológica de… populista.

Hace apenas unas semanas, cuando el partido de izquierdas Syriza ganó las elecciones generales griegas, borrando del mapa político al legendario Pasok, bastión de la vieja y esclerótica socialdemocracia helena, la agrupación de Alexis Tsipras recibió a su vez el calificativo de… populista.   

¿Populista? Pero, ¿qué preconiza la plana mayor de Syriza? El final del rescate financiero de Grecia, el aumento del salario mínimo, la reducción del paro, la lucha contra la corrupción y la evasión fiscal, la gratuidad de los servicios básicos para las capas más desfavorecidas de la población. No hay que extrañarse, pues, al comprobar que la prensa ultraconservadora del Viejo Continente tache a los dirigentes de Syriza de… comunistas. Sin embargo, los partidos políticos tradicionales llaman la atención, una vez más, sobre el peligro populista.

En España, el vocablo populista se emplea para designar a Podemos, conglomerado de corrientes que congrega a los indignados del 11 M, los antisistema y los votantes desengañados del PSOE o de Izquierda  Unida. A los cabecillas de Podemos se les tacha de chavistas, cuando no de castristas. Sin embargo, a la hora de rebatir los argumentos electorales o, mejor dicho, electoralistas de Podemos, los dos grandes partidos políticos – PSOE y PP – prefieren emplear la palabra populismo. 

En la vecina Francia, el populismo cambia de color. La amenaza procede del Frente Nacional de Marine Le Pen, agrupación racista y xenófoba, según la clase política gala, que tiembla ante la posible llegada al poder de una derecha ultraconservadora, propensa a renunciar a las dichas del supranacionalismo promivodo por los eurócratas de Bruselas.

Pero, ¿qué es el populismo? El filósofo español Gustavo Bueno estima que desde el punto de vista de la democracia («correcta») vendría a significar algo equivalente a demagogia…  

Demagogia, pues. ¿A qué se debe su auge? ¿Se impondrán los variopintos populismos?  Hay quién cree que este fenómeno deriva de la miopía de la clase política tradicional, incapaz de asimilar los profundos e inquietantes cambios sociales de las últimas décadas. El vocablo populismo sirve, pues, de tapadera: qué no se vuelvan a pronunciar las palabras fascismo o comunismo. Qué no se aluda a los vestigios del pasado.

Otro fantasma recorre Europa. Es el fantasma de la guerra fría. Pero ¡cuidado! los demonios vuelven a resucitar. Basta con leer los titulares de los grades rotativos europeos para descubrir que la nueva estrategia de seguridad de los Estados Unidos permite impedir la agresión rusa o que la OTAN refuerza su despliegue en el Báltico ante la amenaza de Moscú.

¿Amenaza? ¿Agresión? En 1975, cuando los países del Viejo Continente firmaron, junto con Norteamérica y Canadá, el Acuerdo sobre Seguridad de Cooperación en Europa,  la frontera entre los dos grandes bloques rivales – la Alianza Atlántica y el Pacto de Varsovia – coincidía con la Línea Óder–Neisse, situada en los confines de Alemania con Polonia.  Hoy en día, los cazas, los tanques  y las fragatas de la OTAN se encuentran en el Báltico, el Mar Negro, en Polonia, en la frontera con la Federación rusa. Y por si fuera poco, el actual inquilino de la Casa Blanca advierte al Kremlin: “…no podemos permitir que las fronteras de Europa se redibujen a punta de pistola”.  Alusión, sin duda, a la codiciada Ucrania. Hay que hacerse a la idea de que la próxima guerra podría venir de la mano de un Nobel de la Paz.

Lo cierto es que nos hallamos al final de trayecto. El Viejo Continente cambia de rumbo. Hay nuevos referentes, nuevos parámetros. La vieja, amable e ilustrada Europa se está encaminando hacia… ¿el caos?