jueves, 8 de enero de 2015

Dichas y desdichas de la Pax Americana


Hace exactamente doce meses, titulaba mi primer análisis del 2014 con un premonitorio Al Qaeda ha vuelto. Hubo quien me tachó de pesimista, cuando no de alarmista. Y ello, por la sencilla razón de que daban por muerto al movimiento islámico. Pero la presencia de agrupaciones radicales en el Norte de África acabó con la autocomplacencia de algunos políticos occidentales, muy propensos a olvidar la existencia de constelaciones terroristas. Hace apenas unas horas, Al Qaeda irrumpió en el corazón de Europa, firmando la condena a muerte de varios ciudadanos galos, cuyo único crimen consistía en defender la libertad de expresión. Una libertad mal entendida por algunos, censurada por otros, rechazada por quienes desconocen las reglas de la convivencia democrática.

El Viejo Continente cruza el umbral del 2015 con numerosas incógnitas, con un sinfín de preocupaciones generadas y estimuladas por la renqueante Pax Americana. En ese contexto, conviene recordar que el mandato del Nobel de la Paz al frente de la nación más poderosa del planeta logró reavivar la llama de viejos conflictos, de serias desavenencias e insorteables obstáculos. ¿Alarmismo? No, en absoluto.

Para la mayoría de los politólogos occidentales, el año entrante se presenta como un conglomerado de problemas que requieren soluciones urgentes. La lista es excesivamente larga. Nos limitaremos, pues, a analizar los más destacados, siguiendo el recorrido de quienes lo hicieron desde las torres de marfil de sus universidades. 

El primer ejemplo es, sin duda, el del Califato Islámico, extraño engendro de las monarquías conservadoras del Golfo, que emplearon sus petrodólares para cambiar la faz del mundo musulmán. Los jihadistas  que lograron borrar las fronteras de Irak y Siria no son valedores de la democracia. Siguen los preceptos del ayatolá Jomeyni, que reclamaba hace ya más de cuatro décadas la vuelta a las tinieblas del Islam primitivo. Su objetivo primordial es la desintegración de los Estados árabes creados en la primera mitad del siglo XX. Para lograr esta meta, deben acabar con la paz y la estabilidad mundial. Curiosamente, entre sus aliados hay… ¡algunas potencias occidentales! Sí, no cabe la menor duda: Al Qaeda ha vuelto.

Rusia es otro de los centros neurálgicos de la inestabilidad planetaria. Si bien para muchos analistas occidentales Vladimir Putin asestó un duro golpe al sistema de relaciones internacionales avalado por el Memorándum de Budapest de 1994, el Kremlin facilita una versión muy distinta de los acontecimientos de Ucrania y/o la anexión de Crimea. Rusia teme que la expansión germano-norteamericana al Este representa un peligro para la seguridad de sus fronteras. En efecto, después de la integración en la OTAN de las exrepúblicas bálticas – Letonia, Estonia y Lituania – y la reconversión de los Estados de Europa Central y Oriental al capitalismo puro y duro, los últimos mordiscos de la Alianza, interesada por otros candidatos potenciales  – Ucrania, Georgia y Moldova -  presagian malas perspectivas para el Kremlin. El sistema de seguridad transatlántico emanante de la Conferencia de Helsinki de 1975 parece haber colapsado. Los parámetros son diferentes. Y los parámetros implican nuevos enfrentamientos, sean esos ideológicos o militares.

En Occidente, el anquilosamiento del sistema de defensa ideado en los años 50, al comienzo de la Guerra Fría, va parejo con los innombrables roces entre Gobiernos y Estados pertenecientes al mismo bando. Un espectáculo deprimente, que desmoraliza a la opinión pública y facilita el auge de movimientos radicales populistas y xenófobos. Ni que decir tiene que el principal beneficiario de este desarme moral podría ser… ¿Rusia?

Las asignaturas pendientes de la Pax Americana  en el mundo árabe-musulmán son: Irak, Siria, Afganistán, campos de batalla que han generado demasiadas víctimas mortales y cuyo porvenir es incierto. Ello se debe, en parte, a los errores cometidos por los estrategas estadounidenses a la hora de evaluar la problemática de los conflictos y, ante todo, al deseo de imponer soluciones inviables para la mentalidad islámica. Ni que decir tiene que ello puede repercutir de manera negativa en la percepción de la cultura occidental por parte de los millones de musulmanes residentes en el Primer Mundo.

Queda otra incógnita: China. Hasta ahora, los chinos se han limitado a comprar deuda occidental e instalarse cómodamente en los países industrializados. ¿Simple colonización económica? No, hay más. China aspira a convertirse en el siglo XXI en la primera potencia mundial. Es muy probable que lo consiga.


Decididamente, la Pax Americana no parece haber cumplido sus propósitos. O tal vez… ¿sí?

miércoles, 7 de enero de 2015

Al Qaeda ha vuelto



Dedicado a los compañeros de Charlie Hebdo

(texto publicado en enero de 2014)

En noviembre de 2001, la plana mayor de Al Qaeda, cercada por las tropas de la alianza occidental liderada por los Estados Unidos, se refugió en las montañas del Este de Paquistán. Pocos días antes del cese de las hostilidades, Osama Bin Laden lanzó una advertencia a “los cruzados y los judíos”, es decir, a los cristianos y los sionistas. La tempestad de los aviones no se calmará, si Alá quiere, mientras (Estados Unidos e Inglaterra) no cesen su apoyo a los judíos en Palestina, no levanten el embargo a Irak y no abandonen la Península Arábiga… Si no lo hacen, la tierra se incendiará a sus pies”.
Sabido es que el operativo bélico Libertad  Duradera, ideado y capitaneado por los estrategas del Pentágono,  no logró acabar con la presencia de los talibán en tierras afganas o paquistaníes. Sin bien los aliados occidentales ganaron los combates de primera hora, la nutrida fuerza multinacional fue incapaz de erradicar el islamismo militante. Ello se debe ante todo a que los políticos del “primer mundo” no llegaron a analizar el fondo de la cuestión. Para muchos, Al Qaeda no dejaba de ser un fenómeno aislado, un mero accidente histórico. Sin embargo, Bin Laden había avisado: “volveremos dentro de diez años”.
La (mal) llamada guerra global contra el terrorismo se cobró su infinidad de víctimas, tanto en el mundo islámico como en Occidente. Sin hablar, claro está, de los daños colaterales, las millones de personas sospechosas de connivencia con el “enemigo” (¡islámico!), que figuran en las listas negras elaboradas por los organismos de seguridad estadounidenses y/o europeos. Sin embargo, el ideario de Al Qaeda se fue propagando a la casi totalidad de los países de Oriente Medio y el Magreb. Brotes islamistas surgieron en el África subsahariana. El accidente histórico acabó convirtiéndose en una enfermedad contagiosa. En 1992, tras el desmoronamiento del bloque socialista, Norteamérica y la OTAN buscaban un enemigo. Un político español no dudó en ponerle nombre: el enemigo es el Islam.
La aventura bélica iraquí de George W. Bush abrió la caja de Pandora. El entonces inquilino de la Casa Blanca buscaba a los “terroristas de Al Qaeda” en un país laico, donde el radicalismo religioso estaba vedado. Mas al abusar del peligroso mantra Bin Laden, los Estados Unidos lograron fabricar una primera hornada de terroristas. Algunos procedían de la vecina Arabia Saudita, cuna del radicalismo islámico moderno, otros…
Cuando los dirigentes rusos lanzaron los primeros ataques contra los grupos de excombatientes de la guerra de Afganistán que se habían adueñado de  Chechenia, los europeos no dudaron en condenar a Moscú por… la violación de los derechos humanos. Sin embargo, la presencia de Al Qaeda en el Magreb causó un profundo malestar en las cancillerías occidentales. El “enemigo” se estaba  acercado a pasos agigantados...

viernes, 12 de diciembre de 2014

Putin y los enemigos de antaño


Dos extraños y contradictorios mensajes de fin de año nos llamaron la atención en vísperas de las fiestas navideñas. El primero procede del Kremlin; el segundo, de la capital de Alemania.
Huelga decir que para la mayoría de los europeos, los protagonistas del 2014 fueron dos amables contrincantes: Vladímir Putin y Angela Merkel. Dos estadistas que encarnan, quieran o no, la nueva guerra fría. La guerra hibrida, para los expertos en polemiología, muy propensos a inventar neologismos adaptados a conflictos de toda índole. Para los polemiólogos, la anexión de Crimea y el conflicto interno de Ucrania forman parte de las llamadas guerras hibridas. Nada que ver, claro está, con la guerra de Vietnam, el conflicto israelo-árabe o la invasión de Irak por la alianza militar liderada por Washington. Las guerras hibridas molestan, pero… no inquietan. Al menos, de momento.

Pero volvamos al tema que nos ocupa: el intercambio de mensajes entre Oriente y Occidente. Quien abrió las hostilidades (verbales) fue Vladímir Putin en su discurso pronunciado ante las Cámaras del Parlamento ruso. Su análisis sorprendió a los observadores extranjeros. En Presidente habló del papel de Rusia en el mundo, haciendo hincapié en el poderío militar de su país  que sigue siendo la primera potencia nuclear del planeta. Es inútil hablar con Rusia desde posiciones de fuerza, señaló Putin, recordando a los “interesados” el final de la aventura bélica de Adolf Hitler. El mensaje iba dirigido, sin duda alguna, a los enemigos de antaño de Rusia, que tratan de levantar un nuevo telón de acero. ¿Los destinatarios de esa advertencia? Washington, Berlín y Bruselas. Aunque el Presidente ruso se apresura en añadir que a Moscú lo le interesa el deterioro de las relaciones con Occidente, no duda en tachar el escudo antimisiles desplegado por la OTAN en las regiones fronterizas con la antigua URSS de amenaza para toda la humanidad.

Al evaluar el impacto de las sanciones impuestas por Occidente a raíz de la crisis de Crimea y de la situación bélica que reina en Ucrania, el número uno del Kremlin afirma rotundamente que la coyuntura actual representa un estímulo para el desarrollo nacional de Rusia. Reconociendo el importante perjuicio a la economía de su país tanto a nivel de las relaciones comerciales con los socios europeos como para la estabilidad del rublo, Putin insiste sobre la necesidad de apostar por tecnología nacional, conservando a la vez la calidad de los productos nacionales, así como la relación calidad precio.

También recuerda las presiones ejercidas recientemente por Bruselas sobre algunos países balcánicos (Rumanía, Bulgaria) con miras a obstaculizar la construcción del gasoducto South Stream, variante alternativa de la actual conexión energética que atraviesa el territorio de Ucrania. Tras la renuncia de Bulgaria de autorizar las obras previstas por los acuerdos bilaterales, Moscú dirigió sus miradas hacia… Ankara. En efecto, Turquía se convertirá en el suministrador de gas natural ruso en la región Mediterránea. La reciente firma del acuerdo de cooperación energética entre Moscú y Ankara provocó la ira de Washington y de sus aliados europeos. Mas no será este el primer ni el único motivo de enfado. En este contexto, conviene señalar que algunos kremlinólogos occidentales (¡cielos! ¿Esa “secta” aún no ha desaparecido?) estiman que la política llevada a cabo por Occidente frente a Moscú es a la vez contraproducente y nociva. Nuestros políticos no comprenden a Rusia, afirman los estudiosos anglosajones. Decididamente, no.

Los políticos comprenden lo que quieren y, en la mayoría de los casos, sólo lo que les interesa. Hacer caso omiso de la argumentación del enemigo de antaño forma parte de la estrategia de este partido de ajedrez. Hace años, la propaganda oficial rusa advirtió sobre el peligro del revanchismo centroeuropeo. Se trataba, obviamente, de una alusión poco velada a… Alemania, la primera potencia industrial del Viejo Continente. Los rusos no olvidan los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

Por su parte, la Canciller Merkel no tardó en censurar la postura del Kremlin que, según ella, obstaculiza la “normalización” de la relaciones de Ucrania y Georgia – candidatos al ingreso en la OTAN - así como de la República Moldova, con la UE. Moscú teme que Alemania sigue impertérrita su ofensiva hacia el Este y que el vocablo normalización es sinónimo de… anexión.  Algo que aún queda por ver. Aunque los pesimistas ya tienen su slógan: Guten Appetit, Frau Merkel! Buen provecho, señora Canciller…

viernes, 28 de noviembre de 2014

La guerra de Abjasia no tendrá lugar


Cuando Mijaíl Gorbachov se decantó, hace ya más de veinte años, por la disolución de la Unión Soviética, los ciudadanos soñaban con convertir a Rusia en la segunda América, en un país industrializado, fuerte y rico, capaz de competir con la primera potencia mundial. Ni que decir tiene que los políticos tenían otros designios. En el Kremlin se barajaba la posibilidad de mantener el poderío militar y económico de la madre Rusia, de conservar las prerrogativas de la gran potencia mundial abocada, al menos aparentemente, a la decadencia. En efecto, durante la década de los 90, muchos analistas occidentales apostaron por la total y completa desaparición del poderío ruso-soviético. Craso error; la madre Rusia estaba… descansando.

Mas los sueños se esfumaron en los últimos tiempos, cuando Moscú empezó a notar la creciente presión ejercida en sus fronteras por los países de la Alianza Atlántica. El resto es harto conocido: la anexión de Crimea, las manifestaciones (poco) espontáneas de la plaza Maidan de Kiev, la secesión de las provincias orientales de Ucrania, las sanciones impuestas por Occidente, la reciente decisión del Alto Mando de la OTAN de trasladar una brigada de blindados acantonada en Alemania a uno de los países de la primera línea de combate: Rumanía, Polonia o los Estados bálticos. Todo ello, en el pos de mantener la estabilidad del flanco oriental de la Alianza, amenazado por la presencia de tropas rusas en sus fronteras. Mientras los navíos de guerra estadounidenses penetraban en el Mar Negro, infringiendo los acuerdos negociados con Rusia en los años 90, el Kremlin se apresuraba a firmar un tratado de cooperación militar y económica con Abjasia, una provincia secesionista de Georgia situada en la orilla del Mar Negro. Abjasia, que proclamó la independencia en 1999,  sólo cuenta con el reconocimiento formal de Rusia, Nicaragua, Venezuela y Nauru. Según estipula el tratado, las tropas rusas estacionadas en Abjasia desde hace dos décadas, se fusionarán con las unidades del ejército abjasio, actuando bajo el mando de un oficial ruso. Si a ello se le suma la presencia de bases aéreas utilizadas por aviones militares rusos, se comprende el malestar provocado por la jugada de Putin en algunas capitales occidentales. De hecho, tanto la UE como la Alianza Atlántica condenaron el acuerdo que, según su criterio, atenta a la soberanía y la integridad territorial de Georgia, país que - junto con Ucrania - solicita el ingreso en la OTAN.  

Si bien Rusia logró neutralizar en su momento los designios de la Alianza, los occidentales no parecen dispuestos a tirar la toalla. La Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Políticas de Seguridad, Federica Mogherini, acusa a Moscú de poner en peligro la seguridad regional. Por su parte, el secretario general de la OTAN, Jens Stlotenberg, considera que el Kremlin infringe los principios de legalidad internacional, haciendo caso omiso de los compromisos adquiridos por la Federación Rusa. Los medios de comunicación de Europa Oriental se suman a la ofensiva ideológica, haciendo hincapié en el deseo de Putin de reforzar la  presencia rusa en el Mar Negro. En realidad, el documento firmado por Vladimir Putin y su homólogo abjasio Raúl Hajhimba (otro antiguo agente de la KGB), contempla el incremento de la ayuda económica rusa a Abjasia. La cifra barajada es de… 160 millones de euros. 

Pero el problema es más complejo: mientras la OTAN avanza con pasos agigantados hacia los confines de la Federación Rusa, el Kremlin no parece tener derecho a adoptar las medidas estratégicas que considera oportunas.  En este contexto, conviene señalar que el Presidente de la Duma de Estado (Cámara Baja del Parlamento ruso), Serguei Naryshkin, instó esta semana a los países europeos a… contemplar la expulsión a los Estados Unidos de la Alianza Atlántica. El político ruso afirmó, tal vez en clave de humor, que tras la exclusión de Washington, la seguridad y estabilidad regionales volverán a los niveles anteriores a la crisis de Ucrania. 

La ironía de Naryshkin difícilmente puede ocultar la preocupación del Kremlin por los continuos avances de la Eurogermania de Merkel hacia los feudos moscovitas. Cabe preguntarse si la Canciller cuenta con incluir a la República Moldova entre sus trofeos de caza.


Si Abjasia estuviera situada en el estanco de la Casa Blanca, Putin sería, sin duda alguna, un… peligro para Occidente. Pero de momento, el Mar Negro está ubicado en la encrucijada entre Asia y Europa, entre Oriente y Occidente. 

martes, 25 de noviembre de 2014

¿Quién armó al Estado Islámico?


Hace apenas unos días, un alto cargo de la Administración pública española sugirió que no había que utilizar la denominación de Estado Islámico para designar al grupúsculo  que aterroriza a las poblaciones del Mashrek. Al parecer, ello implica sobreestimar a la banda terrorista.  Con ello, el problema de la amenaza radical quedaría resuelto. ¡Qué fácil y brillante solución!

A finales de 2001, cuando la intervención aliada en Afganistán parecía haber acabado con Al Qaeda, el entonces cabecilla de la agrupación radical, Osama Bin Laden, lanzó la advertencia: volveremos dentro de una década. Para los analistas, se trataba de un plazo razonable para recomponer la estructura de la organización, ampliar las redes existentes a los países del Magreb y resucitar las células durmientes de Occidente. Los titubeos de los Gobiernos occidentales facilitaron la tarea de los sucesores del emir saudí.

En efecto, dos países que no contaban con movimientos radicales islámicos en su territorio, Irak y Siria, se vieron involucrados en la nueva etapa del conflicto entre Oriente y Occidente. La violenta persecución de supuestos radicales islámicos en Irak durante la ocupación militar estadounidense generó un movimiento de rechazo entre las tribus propensas a defender las prerrogativas de la época de Saddam Hussein. En Siria, país laico sometido a la férrea dictadura del clan El Assad, la guerra civil fomentada por potencias extra regionales, trajo consigo a yihadistas de distintas corrientes islámicas, dispuestos a conquistar las tierras del califato de Damasco para convertirlas en el embrión de un emblemático califato mundial.  Aunque los combatientes del Islam contaran con apoyo económico y estratégico saudí, qatarí y… estadounidense, a la hora de la verdad nadie asumía la paternidad de esos movimientos fanáticos.

Las cosas empezaron a torcerse cuando uno de los grupos radicales, el llamado Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS), logró adueñarse de los yacimientos petrolíferos de Siria. Curiosamente, los politólogos estadounidenses no centraron su interés en las repercusiones económicas de esa conquista, limitándose a analizar los aspectos meramente estratégicos de la ofensiva llevada a cabo por ISIS. Sin embargo, el Estado Islámico empezó a comercializar – con la ayuda de intermediarios saudíes y turcos y a precios muy competitivos – el oro negro sirio.  Lo mismo sucedió unos meses más tarde, cuando los yihadistas llegaron a controlar las instalaciones petrolíferas del Kurdistán iraquí. Pero en este caso concreto, sus éxitos militares afectaban los intereses directos de las grandes compañías estadounidenses. La Casa Blanca decidió tomar cartas en el asunto; la Presidente Obama ordenó el regreso de los militares norteamericanos a Irak. Esta vez, utilizando la cobertura de expertos en materia de defensa: el Presidente había ordenado la retirada de las tropas del suelo iraquí…

Cabe suponer que para contrarrestar la ofensiva del Estado Islámico, el actual inquilino de la Casa Blanca se verá obligado a revisar su política. William Kristol, afamado comentarista estadounidense, estima que el Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos tratará de imponer - en un plazo de seis a ocho meses - la presencia militar americana en la zona. Lejos quedan los sueños pacifistas del Barack Hussein Obama.

El Estado Islámico se ha convertido en un temible enemigo. Actualmente, cuanta con unos efectivos de 30 a 50.000 hombres, entre los cuales se encuentra un elevado porcentaje de voluntarios extranjeros. No se trata sólo de jóvenes musulmanes criados en Occidente, sino también de conversos europeos, norteamericanos, rusos y chinos. Una mezcla explosiva a la que se suma otro ingrediente: los pertrechos del grupo terrorista.

Según un informe elaborado por expertos de las Naciones Unidas, el Estado Islámico cuenta con 250 vehículos militares ligeros, camiones y carros de combate sustraídos en los últimos años al emergente ejército iraquí o requisados en las bases militares sirias. A los tanques de fabricación rusa y norteamericana se suman las ametralladoras, misiles y lanzagranadas, piezas de artillería antiaérea así como una cantidad ingente de municiones.

Estiman los expertos que esos arsenales suponen un peligro potencial para la totalidad de  los Estados de la región, ya que el ISIS tiene la capacidad de proseguir el combate durante un período de seis meses a dos años, aún sin contar con los ingresos procedentes de la venta de crudo.

Cabe preguntarse, pues, si los trágicos acontecimientos del  11 – S no fueron un simple preludio para el conflicto que se avecina: la gran confrontación entre el Islam y la Cristiandad.

viernes, 7 de noviembre de 2014

El sueño de la "señora Europa"


“Mi objetivo es tener un Estado palestino”. Con esas palabras se estrenó la nueva Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Federica Mongherini, socialdemócrata italiana que ostentó durante unos meses el cargo de jefa de la diplomacia de su país.

Esa politóloga de 41 años de edad tiene la nada desdeñable tarea de coordinar la política exterior de los 28 miembros de la Unión, lograr que Europa llegue a adoptar medidas comunes y concertadas, que la UE hable con una sola voz en los foros internacionales. Algo que parecía difícil, cuando no imposible, durante el mandato de su antecesora, la baronesa británica Catherine Ashton, una burócrata sin conocimiento alguno de los entresijos de la diplomacia. Ashton limitó su actuación a los Balcanes, apuntándose el éxito del acuerdo sobre la normalización de las relaciones entre Serbia y el enclave secesionista de Kosovo. También desempeñó un papel importante en la preparación del convenio sobre la supervisión del programa nuclear iraní, negociado por las grandes potencias – Estados Unidos, Rusia, Francia, Reino Unido, China y Alemania. Pero la baronesa trató de obviar la delicada situación de Oriente Medio – conflicto israelo-árabe, la dramática situación de los pobladores de Palestina, las repercusiones de las llamadas primaveras árabes para la estabilidad en el Mediterráneo. Ficticia o real, su incapacidad de abordar los problemas de la cuenca meridional del Mare Nostrum ha convertido a Europa, primer socio comercial y primer donante en la región, en mero espectador. Y ello, en un momento en que tres potencias regionales de corte islámico – Arabia Saudita, Irán y Turquía – se disputan el liderazgo geoestratégico en la zona.

Federica Mongherini decidió realizar su primer viaje oficial a Israel y Palestina. La nueva Alta Representante confía en que antes del final de su mandato, en 2019, Palestina sea un Estado; un Estado reconocido por la totalidad de los países de la Unión. Si bien es cierto que algunos de los miembros, como por ejemplo Bulgaria, Chequia, Chipre, Hungría,  Malta, Polonia y Rumanía reconocieron el Estado palestino antes de su incorporación al club de Bruselas, conviene señalar que en los últimos años, y más concretamente después del operativo bélico llevado a cabo por Israel en la Franja de Gaza en 2012, los socios  comunitarios optaron por un endurecimiento de su postura frente a las autoridades de Tel Aviv. En la declaración conjunta de los miembros de la UE publicada al término de la ofensiva contra Gaza, se subraya por vez primera la necesidad de contar con dos Estados – Palestina e Israel – y se condena, por ilegal la política de colonización de los territorios ocupados.

Los cambios registrados en la percepción comunitaria, tanto a nivel de la clase política como de la opinión pública, coinciden con el fracaso sistemático de las consultas de paz patrocinadas por los Estados Unidos. Mientras las iniciativas estadounidenses llevan de antemano su certificado de defunción, los operativos bélicos del Gobierno israelí y la colonización permanente y sistemática de Cisjordania y Jerusalén se convierten en respuestas habituales a las innumerables propuestas de paz o diálogo ideadas por la diplomacia estadounidense.

La pasada semana, el nuevo Gobierno sueco provocó una auténtica tormenta al reconocer unilateralmente a Palestina. Se trata de una verdadera primicia, puesto que la postura oficial (y ambigua) de Bruselas se escuda en la socorrida frase buscar una solución pactada que facilite la creación de un Estado palestino junto al israelí.  Pocas horas después de la escandalosa decisión de Suecia, los parlamentarios ingleses exigieron al primer ministro David Cameron que reconozca el Estado palestino. Lo mismo sucedió en el Senado de la República de Irlanda.


Actualmente,  el Estado judío cuenta con defensores en el seno de la UE. Se trata de los Países Bajos, Dinamarca y Alemania, que apoyan (casi) incondicionalmente la política llevada a cabo por las autoridades de Tel Aviv. La postura de Francia, Inglaterra y España parece más… ambigua. Las dos grandes potencias coloniales del siglo XX procuran ocultar sus verdaderos designios. España, por su parte, sigue a la zaga de…

viernes, 31 de octubre de 2014

¿Quién manda en Europa?


El pasado fin de semana, los gobernantes del primer mundo dieron un gran suspiro de alivio al comprobar que la candidatura proeuropea se alzó con la victoria en la elecciones generales celebradas en Ucrania. En realidad, si se analiza el perfil de los candidatos, deberíamos hablar de una candidatura… pronorteamericana. No cabe la menor duda de que los actuales dueños y señores de Kiev nos deparan nuevas sorpresas.

Sin embargo, no todas las noticias procedentes de Europa oriental son del agrado de la clase política europea o estadounidense. Algunos de los países que hace un cuarto de siglo se independizaron de la tutela de Moscú dirigen sus miradas hacia el Kremlin, alabando a veces la actuación del equipo que dirige los destinos de la Madre Rusia. Detalle interesante: se trata de Estados que pertenecen tanto a la Unión Europea como a… ¡la OTAN! Algo inimaginable en aquellos años de euforia generalizada, cuando los políticos occidentales pensaban acabar en menos de una década con las férreas estructuras del mal llamado campo socialista.

La transición a la economía de mercado se hizo a pasos agigantados, sin tener en cuenta los posibles efectos negativos de los cambios sociales y estructurales. Los pobladores del Este europeo, que se habían acostumbrado al paternalismo del Estado, descubrieron la cara más feroz del capitalismo salvaje. Un encuentro que no resultó ser del agrado de muchos supervivientes de la anterior etapa, que suplía la falta de libertades con… empleos para el conjunto de los habitantes.

El camino hacia la democracia facilitó, sin embargo, la aparición de movimientos extremistas de todo signo. Curiosamente, los gobernantes occidentales no prestaron atención al resurgir de las agrup
aciones de extrema derecha, cuyos slogans e ideología recordaban los años pardos del nacional socialismo y el fascismo.  Los politólogos solían aludir a la famosa teoría del péndulo: después de los regímenes de extrema izquierda (¿izquierda?), tocaba la resurrección de la derecha. Al igual que en algunos países de Europa occidental, donde el fracaso de las instituciones democráticas dio pie a la tentación totalitaria.

Pero las cosas cambian cuando algunos gobernantes del Este europeo empiezan a hablar con nostalgia de la época del dominio soviético. Hace apenas una semana, el “Washington Post” lanzó una advertencia a la Administración Obama: ¡cuidado! los nuevos aliados centroeuropeos coquetean con Moscú. Ejemplos concretos: el Primer Ministro húngaro, Viktor Orban, no duda en calificar a Vladimir Putin de ejemplo político. Por su parte, el Primer Ministro de Eslovaquia compara el posible despliegue de tropas de la OTAN en Europa Central con… la invasión de Checoslovaquia por el Pacto de Varsovia en 1968. El ministro de defensa de Chequia considera, por su parte, que las sanciones económicas impuestas por Occidente a Rusia son a la vez inviables e ineficaces.
Serbia, candidata al ingreso en la Unión Europea a la vez que baluarte del paneslavismo, invitó al presidente ruso a la conmemoración  del 70 aniversario de la liberación de Belgrado por el… Ejército Rojo.
Los Parlamentos de Hungría y Bulgaria han modificado la normativa legal en materia de energía para facilitar el tránsito del gasoducto ruso South Stream por su territorio sin tener que contar con el beneplácito de Bruselas. Rumanía teme la excesiva presencia de empresas petroleras rusas en su suelo. Hace unos meses, los rusos anunciaron que tenían intención de marcharse; mero subterfugio para afianzarse en el mercado rumano.

Ese estado de cosas provocó una reacción muy airada  de la Administración norteamericana. En efecto, la subsecretaria de Estado para Asuntos Euroasiáticos,  Victoria Nuland, criticó públicamente a los líderes de Europa central, acusándoles de aprovecharse de las ventajas de su pertenencia a la UE y la OTAN, haciendo caso omiso de los valores democráticos, avalando al mismo tiempo la corrupción e entorpeciendo la buena marcha de la justicia. En el caso concreto de Hungría, Washington adoptó una medida espectacular, elaborando una lista negra de oficiales que no podrán pisar el suelo norteamericano. Se trata de una decisión sin precedentes, ya que las medidas de esta índole no se han aplicado hasta ahora a ciudadanos de la Unión Europea.  En mensaje de Washington es contundente: si el Primer Ministro Orban no cambia su manera de pensar, ¡qué se marche! 
 
Subsiste el interrogante: ¿quién manda en Europa?