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sábado, 11 de octubre de 2025

Expertos inexpertos y consultores todoterreno

 

El problema de este país es que hay muchos pueblos ocupando un territorio pequeño. Tenemos a los israelitas y los israelíes, los judíos y los hebreos… Por cierto ¿hay alguna diferencia entre ellos?

Trato de contestar con calma y aparente serenidad.

Y del otro lado tenemos a los cristianos musulmanes… ¿Verdad?

¡Tierra, trágame! Llevo años aquí, en Tierra Santa, lidiando con la argumentación de los dos bandos – árabes y judíos – y descubro – muy a mi pesar – que el consultor de Bruselas, que acaba de aterrizar en el aeropuerto de Tel Aviv, me revela la existencia de etnias y pueblos desconocidos, preguntándome, eso sí, si hay alguna diferencia entre ellos. Pero prefiero callarme. Callarme y reflexionar sobre la peculiaridad de los expertos comunitarios enviados para misiones relámpago a Tierra Santa para fomentar el diálogo entre las dos comunidades:  palestinos e israelíes. Y también me pregunto: ¿Será este el motivo – uno de los motivos – de la no inclusión de la UE de las negociaciones de paz israelí-palestinas?

Donald Trump integró en su equipo negociador a su yerno, Jared Kushner, judío ortodoxo que, al redactar en borrador de los Acuerdos Abraham, hizo caso omiso de los palestinos; del pueblo palestino. Aparentemente, no había encontrado ¡en las librerías norteamericanas! información suficiente sobre ese pueblo. Lo acompaña Tony Blair, exprimer ministro británico, condenado por ¡crímenes de guerra! en Malasia en 2011. Blair, primer político occidental que avaló las alegaciones de George Bush Jr. sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, aspira al cargo de virrey de Gaza o, en otras palabras, de presidente de la Junta de Paz propuesta por Washington, merced a su amistad que le une a la familia del actual inquilino de la Casa Blanca y, por supuesto, a su correligionario, el británico Keir Starmer.

Curiosamente, los palestinos no lo quieren. El fantasma de Blair les recuerda la época colonial, los años del mandato británico sobre Palestina, cuando la potencia administradora se dedicaba a fomentar los roces entre árabes y judíos. Recordaban los supervivientes de aquellos tiempos:  El conflicto intercomunitario empezó con los ingleses, en la década de los 30. La Administración colonial suministraba fusiles a un bando y bidones de gasolina al otro. Que se maten entre ellos, susurraban los oficiales de Su Graciosa Majestad. Y que no interfieran con la política de la Administración colonial…

Pero esos molestos detalles no figuran en la mayoría de los libros de Historia editados en Occidente, que se limitan a describir una colonización amable y… civilizadora. Pero no; el conflicto no empezó en 1948. Y para los árabes, los palestinos, sir Anthony Blair es el exponente de aquél poco agradable periodo histórico.

Mientras la mayoría de los rotativos europeos llevan estos días en las portadas rimbombantes titulares – Paz en Gaza, Victoria de Donald Trump, Una ventana de Paz – la evaluación de sus colegas orientales es mucho más moderada. La Paz ¿a qué precio?, ¿Cumplirá Israel sus promesas? ¿Volverán todos los rehenes? ¿Y los excarcelados? ¿Qué garantías de paz ofrece Israel? ¿Y los palestinos? ¿Desaparecerá Hamas?

En realidad, se trata de preguntas sin contestar. Por ahora, ningún político se ha atrevido a ofrecer respuestas claras. De momento, se nos incita a cantar loas al Presidente de los Estados Unidos, que se ha quedado ¡ay! sin su ansiado Premio Nobel de la Paz.

Nadie se atreve a comentar la estructura de la segunda fase del acuerdo, que contempla la reconstrucción de Gaza, su sistema de Gobierno, las depuraciones en el seno del movimiento integrista Hamas previstas o exigidas por Israel y las potencias occidentales.

Sin olvidar otro detalle importante: durante los últimos meses, Turquía y Qatar se han convertido en potencias regionales aliadas de Estados Unidos. El mapa geoestratégico del nuevo Oriente Medio está cambiando. Será más completo y complejo. Aviso a los analistas todoterreno cuyo reloj histórico sigue parado en una fecha fatídica: 1948. Y a los expertos bruselenses. 

domingo, 13 de julio de 2025

Del bantustán Gaza a la Riviera Trump

 

Alea iacta est. Sí, la suerte está echada. Los dos hombres fuertes del planeta, Donald Trump y Benjamín Netanyahu, decidieron que la suerte de Gaza o, mejor dicho, de los pobladores de la Franja, pasa por la emigración supuestamente voluntaria de parte de sus habitantes y la reclusión, no menos voluntaria del resto de los gazatíes – alrededor de 1,3 ó 1,6 millones de personas - en la ciudad humanitaria de Rafah, situada en la frontera con Egipto. Un territorio muy exiguo, plagado de las ruinas de los bombardeos israelíes. La ciudad humanitaria es una quimera, al igual que los planes de emigración voluntaria de más de medio millón de gazatíes. Pero los planes de limpieza étnica ideados por los mesiánicos cerebros de los estadistas del (mal) llamado mundo libre podrían materializarse en un futuro no muy lejano…

Hace un cuarto de siglo, los diplomáticos extranjeros destinados a Tel Aviv y algunos periodistas occidentales solían visitar la Franja de Gaza empujados por la curiosidad o las indicaciones/recomendaciones de algunos de sus jefes occidentales. Se trataba, en la mayoría de los casos de averiguar in situ detalles sobre las condiciones de vida de los gazatíes, una población formada, en su gran mayoría, por refugiados palestinos procedentes de localidades ocupadas en los años 40 por las fuerzas armadas del recién creado Estado de Israel.

¿Las primeras impresiones? ¿Qué decir de las condiciones de vida de familias de 10 ó 12 personas, acinadas en precarias viviendas de dos habitaciones?  Sí, es verdad; tienen suerte. La mitad de los hijos trabajan”, afirmaban los trabajadores humanitarios de Gaza. ¿Dormir siete personas en una habitación? Sí, es verdad; pero se turnan. Nadie puede permitirse alquilar viviendas más espaciosas.  Los refugiados nos invitan a comer. O a compartir una taza de té. No se avergüenzan de su condición. Sí se avergonzaron los administradores hebreos del territorio, cuando un periodista canadiense publicó un libro titulado Bantustán Gaza.

Bantustán, sí. Recordando los extensos territorios con población de color tutelados por el régimen racista de Sudáfrica. Los bantustanes. Pero Israel no es un país racista, respondieron los gobernantes de Tel Aviv…

Y así pasaron más de cuatro décadas. El bantustán Gaza se convirtió en un problema insoluble para los estrategas hebreos. ¿Qué hacer al final de la actual ofensiva del Ejército israelí? La eliminación total de Hamas es una mera utopía. La limpieza étnica, una herejía. La convivencia entre hebreos y gazatíes, una ficción. Pero queda el ukase de Donald Trump: Hay que vaciarme todo esto. La Riviera Trump será el paraíso de los ricos.  

Mensaje recibido en Tel Aviv, donde se trabaja incesantemente en la materialización del deseo del amigo americano.

¿Expulsar gazatíes? ¿Recluir a la población en una mal llamada zona humanitaria? ¿Financiar el reasentamiento de centenares de miles de personas? ¡Puros disparates! Pero si Washington lo quiere…

En las últimas semanas, la prensa anglosajona se hizo eco de la existencia de un plan destinado a satisfacer las exigencias de Donald Trump y… exonerar (ayunque sólo parcialmente) de culpa a Benjamín Netanyahu. Una gran consultora norteamericana - Boston Consulting Group – trabaja dese hace meses en un proyecto destinado facilitar la tarea de los políticos israelíes.  

Un primer indicio: las actividades de la Agencia de las Naciones Unidas para Refugiados Palestinos (UNWRA), vetada por Israel debido a sus supuestos vínculos con Hamas, fueron retomadas por la Fundación Humanitaria de Gaza, patrocinada por Israel y Estados Unidos. Su actuación resultó ser torpe y deficiente a la hora de distribuir la ayuda humanitaria bloqueada por Tel Aviv durante varias semanas.

Al tener que hacer frente a la distribución de alimentos, la Boston Consulting se vio obligada contratar la empresa de seguridad Safe Reach Solutions (SRS), cuyos paramilitares se vieron involucrados – según informes elaborados por centros de investigación israelíes – en los primeros ataques contra la población palestina. Aparentemente, los chicos de SRS tienen – al igual que sus colegas hebreos - el gatillo fácil…

El equipo de Boston Consulting elaboró un borrador de Plan Financiero para la reconstrucción de Gaza, que incluye estimaciones de costos para reubicar a cientos de miles de palestinos de la Franja así como el impacto económico de tal desplazamiento masivo. Según las hipótesis de trabajo, más de 500.000 gazatíes abandonarían el enclave con cheques de reubicación por valor de 9.000 dólares por persona, es decir, un coste total de alrededor de 5.000 millones de dólares. Pero los altos cargos de la consultora estiman que fueron engañados sobre el alcance del trabajo por los directivos del proyecto.

En principio, los combatientes y líderes de Hamás que deseen salir de Gaza podrían hacerlo junto con sus familiares; Turquía y Qatar los aceptarían con los brazos abiertos.  

Los demás pobladores de la Franja permanecerán en Rafah, recluidos en la “ciudad humanitaria”, un gigantesco gueto estrictamente vigilado. Tendrá, eso sí, acceso a las zonas industriales:  fabricación de coches eléctricos, empresas tecnológicas, laboratorios, ubicados en las inmediaciones de urbanizaciones de lujo destinadas a multimillonarios extranjeros.

Sabido es que Israel – al igual que la Casa Blanca – prefieren recurrir a… mano de obra barata.

El presidente Trump se encargaría, por su parte, de animar a Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí a participar en la creación de un gobierno provisional.

Se estima que el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmúd Abbas, que no tardó en reclamar la soberanía de Gaza para la Autoridad Nacional, debería nombrar a una persona de confianza para formar un gobierno provisional ¡sin la participación de Hamás! hasta que los palestinos puedan celebrar elecciones libres.

¿Elecciones libres? Pero sí; Donald Trump tendrá su Riviera mediterránea.


miércoles, 11 de junio de 2025

Gaza: después de Hamas. ¿qué?

  

A comienzos de abril, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, afirmó rotundamente: Gaza es un campo de exterminio.

 El vicepresidente de los Estados Unidos, James David Vance, no comparte este punto de vista.  No creo que Israel esté intentando matar deliberadamente a todos los palestinos (de Gaza). Por consiguiente, no considero que lo que está sucediendo allí sea un genocidio, afirmó el número dos de la Administración norteamericana.

Gaza: hay opiniones para todos los gustos; apreciaciones muy dispares…

Recuerdo que, en los años 80, durante las primeras semanas de la intifada, solía reunirme en Jerusalén con un pequeño grupo de analistas árabes y hebreos, tratando de contestar a la única pregunta ¿Cuántos muertos hubo ayer? ¿75? ¿90? ¿52? Cuando la cifra de víctimas no superaba el umbral de los 33 ó 35, alguien dejaba caer la frase: No, no ha sido un mal día.

Un mal día… Desde el 7 de octubre de 2023, me toca practicar este lúgubre ritual solo, en mi torre de marfil madrileña. ¿Solo? ¡No! Las lejanas voces de mis interlocutores de antaño me acompañan. Y los malos días siguen sucediéndose.

Curiosamente, nadie se pregunta hoy en día: Después de Hamas, ¿qué? ¿Cuál será el provenir de Gaza al término de las hostilidades? Sí, es cierto: los gobernantes de Tel Aviv contemplan una limpieza étnica total: la expulsión de los dos millones de pobladores de la Franja a un país árabe. Pero ningún Gobierno hermano está dispuesto a acogerlos con los brazos abiertos, alegando dificultades económicas, complicaciones políticas o trabas administrativas. Para Egipto, los gazatíes son enemigos de toda la vida; para los jordanos, un exceso de población extranjera difícilmente asimilable. Los países del Golfo Pérsico prefieren limitar su solidaridad con el pueblo palestino a los cheques que envían periódicamente a las organizaciones humanitarias.

Donald Trump tiene un proyecto: convertir Gaza en un lujoso resort turístico mediterráneo, capaz de competir con la Costa Azul francesa o la Riviera italiana. Pero si Gaza se queda sin población. No pasa nada, afirma el multimillonario americano, podemos importar mano de obra barata de Asia. Una opción ésta que no acaba de convencer al aliado israelí.

Tel Aviv tiene, a su vez, un proyecto que podría complacer a Trump.  Se trata de una propuesta para crear en la Franja una nueva entidad tras el derrocamiento de Hamás. El plan, titulado pomposamente Programa de Seguridad y Recuperación de Gaza, cómo debería ser el día después, fue elaborado en diciembre de 2023 por un grupo de 35.000 reservistas de las fuerzas de seguridad israelíes y de los miembros del grupo de expertos del Jerusalem Center for Security and Foreign Affairs. 

El informe implica la reconstrucción económica, la construcción de infraestructuras, así como la necesidad de preparar un cronograma detallado para el control de la Franja tras la caída o el desmantelamiento de la organización islámica.

Ese plan de control de Gaza descarta la soberanía palestina, o mejor dicho, de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), o la presencia del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNWRA) como fuente de ayuda humanitaria.

El documento, cuya autenticidad fue confirmada por un alto funcionario del Gobierno. no indica si Israel tiene la intención de anexionarse la Franja, aunque se afirma claramente que las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) quieren tener un mayor protagonismo en la gestión de los asuntos de Gaza. Detalle interesante: el borrador no alude, en ningún momento, a las exigencias palestinas o a los documentos firmados por las dos partes – Israel y Palestina – desde la entrada en vigor de los acuerdos de Oslo.

Tras la caída de Hamas, el ejército israelí trataría de apoderarse temporalmente de la totalidad de la Franja, teniendo libertad de movimiento sobre el terreno y obteniendo el control total de la frontera de 12 kilómetros entre Gaza y Egipto, incluido el cruce fronterizo de Rafah.

Las FDI ya han creado una zona tampón a lo largo de algunas partes de la línea fronteriza. Desde principios de abril, los israelíes controlan aproximadamente la mitad de la Franja. Para ampliar la zona tampón, las FDI demolieron sistemáticamente toda la infraestructura, haciendo que parte del territorio fuera inhabitable.

Durante la segunda fase de la ocupación, el gobierno de Tel Aviv establecería cinco consejos administrativos autónomos, denominados: Gaza Norte, Ciudad de Gaza, Franja de Gaza Central, Khan Yunis y Rafah. Los consejos tendrían la tarea de gestionar la vida civil en la Franja, después de cumplir con ciertos requisitos previos: no estar relacionados con facciones terroristas, reconocer el estado de Israel y participar en un plan de reeducación también llamado proceso de desnazificación.

Israel establecerá una Dirección Administrativa Internacional (IMD, por sus siglas en inglés) para la ayuda, la reconstrucción y la supervisión de los consejos administrativos. No se contempla para nada incluir a la Unión Europea en los nuevos órganos de gobierno, pero sí a los Estados Unidos, algunos países occidentales como Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, así como a Estados suníes pragmáticos como Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y posiblemente Arabia Saudita, como parte de una maniobra destinada a normalizar las relaciones entre Riad y Tel Aviv.

Israel debería favorecer, asimismo, el despliegue de un cuerpo parecido a la Fuerza Multinacional y Observadores en el Sinaí, instrumento de mantenimiento de la paz creado en 1982 con el apoyo de Estados Unidos.

Durante la tercera y última fase, los palestinos podrán autodeterminarse.

El plan propuesto no pone ningún obstáculo real a la capacidad de los palestinos para lograr la autodeterminación una vez que reconozcan a Israel como el Estado judío y abandonen las actividades terroristas imputables a Hamas.

¿Los palestinos? Digamos que brillan por la ausencia, al igual que en los Acuerdos Abraham, negociados durante el anterior mandato de Donald Trump.  ¿Qué opinan los palestinos?


martes, 15 de noviembre de 2022

Bibi Netanyahu: de “hermano del héroe” a “rey de Israel”

 

La suerte está echada: el pasado fin de semana, el presidente de Israel, Isaac Herzog, encargó al líder del Likud, Benjamín Netanyahu, la formación del próximo Gabinete del Estado Judío. ¿Una sorpresa? No; en absoluto. El conservador Netanyahu, el incombustible Bibi, ya ostentó cinco veces el cargo de primer ministro.

Recuerdo que hacia finales de la década de los 80 le pregunté a mi amigo Ofer, miembro de una unidad de élite del Ejército judío, por ese chico nuevo, esa aparición estelar de la derecha israelí.

¿Bibi? Es el hermano del héroe de Entebbe, che, me contestó el porteño emigrado a Israel para servir a la Patria. Confieso que por aquél entonces desconocía la existencia del teniente coronel Yonathan Netanyahu, comandante de la unidad Sayeret Matkal, muerto en combate en julio de 1976, durante la operación de rescate de un avión francés secuestrado en la capital de Uganda.

Para Bibi, fue este el detonante. En 1978, dos años después del fallecimiento de su hermano, el estudiante del MIT regresó a Israel, donde fundó y dirigió el Instituto Yonathan Netanyahu, dedicado a la investigación del terrorismo. Su primer trampolín hacia la vida política. Sin embargo, su adhesión al Likud se remonta a 1988, año en el cual formaliza su militancia en la agrupación de centro derecha.

Sus virtudes: es elegante, carismático, domina perfectamente el inglés, es tranquilo. Un candidato ideal para el cargo de viceministro de Asuntos Exteriores, que desempañará hasta 1991, fecha en la que asiste a la Conferencia de Madrid sobre Oriente Medio. Regresará a Jerusalén como viceministro de la Presidencia del Gobierno, autentico punto de partida de su meteórica carrera.

Detractor del proceso de paz con los palestinos, Netanyahu desconfía de Yasser Arafat y los integrantes de su equipo. En 1998, durante su primer mandato, Bibi trata de renegociar, en Wye Plantation, los Acuerdos de Oslo. Será éste el primer intento de vaciar de contenido los documentos redactados por sus antecesores laboristas, Ytzak Rabin y Simon Peres. Durante el Gobierno de Ariel Sharon, la ofensiva del Likud contra los instrumentos de Oslo se fue intensificando. El objetivo: convertir los Acuerdos en papel mojado. Netanyahu siguió por esa senda durante sus mandatos.

Con la llegada de Ariel Sharon a la presidencia del Gobierno, salió a la palestra otro tema que acabó convirtiéndose en el mantra de los conservadores israelíes: el programa nuclear iraní. El ex general fue el primero en pedir luz verde a Washington para bombardear las instalaciones atómicas iraníes. Tropezó, sin embargo, con el veto de la Casa Blanca.

Al asumir el cargo de primer ministro, Netanyahu volvió a la carga. Sin éxito: el único presidente que parecía propenso a ceder ante las insistentes demandas de Tel Aviv fue… Barack Obama.

Tras su reciente victoria electoral, Bibi – apodado rey de Israel por sus seguidores – trató de resucitar el fantasma de la amenaza iraní. Esta vez, en un ambiente más propicio: las negociaciones con Teherán sobre el llamado pacto nuclear se hallan en un punto muerto. Más aún: la Administración Biden parece dispuesta a preparar otro paquete de sanciones contra el país de los ayatolás.  

En Israel, la futura coalición de Gobierno, integrada por el conservador Likud y tres partidos religiosos – Shas, Judíos para la Torá y Sionismo Religioso – deja vislumbrar un giro hacia la derecha en la gobernanza del Estado. Ello podría traducirse por el deseo de marginar a la mujer en la vida pública, modificar el funcionamiento de los tribunales de justicia y acentuar la presión sobre la población árabe palestina. De hecho, los líderes de Sionismo Religioso no descartan la posibilidad de exigir la anexión de Cisjordania. Una perspectiva ésta que preocupa sobremanera a la Administración Biden, que teme que algunos puestos clave del futuro Gabinete – defensa o asuntos exteriores – sean asignados a políticos supremacistas. Recuerdan que Bezalel Smotrich, líder de Sionismo Religioso, empeñado en transferir la administración civil y militar de Cisjordania a suelo israelí, tiene un largo historial de comentarios racistas, anti-árabes y anti feministas.

En ese contexto, algunos medios de comunicación anglosajones se arrogan el derecho de recomendarle a Netanyahu la formación de un Gobierno de coalición integrado también por agrupaciones de centro-izquierda, con el fin de mantener el equilibrio social indispensable para el buen funcionamiento del sistema político israelí.

Subsiste la gran incógnita: Irán. En su última conferencia de prensa, el ministro de Defensa saliente, el (también) general Benny Gantz, afirmó que Israel tiene la capacidad de llevar a cabo una operación militar contra las instalaciones nucleares iranies.

Sin embargo, tanto Gantz como el primer ministro saliente, Yair Lapid, sospechan que Benjamín Netanyahu confiaba en que el expresidente Trump ordenaría un ataque estadounidense contra los objetivos estratégicos iraníes, razón por la cual no renovó la partida presupuestaria destinada a la preparación de un operativo militar israelí. Según Gantz, el gobierno saliente tomó las medidas oportunas para restablecer la capacidad de Israel de llevar a cabo ataques aéreos contra la República Islámica de Irán. 

El rey de Israel tendría, pues, las manos libres para una operación de castigo. Siempre y cuando no tropiece, una vez más, con el veto de la Casa Blanca…


martes, 14 de junio de 2022

El tío Joe y su nuevo desorden mundial

 

Más de un año tardaron los sherpas de la Casa Blanca y sus colegas del Departamento de Estado en ultimar los detalles del primer viaje presidencial a Oriente Medio. Un proyecto difícil, cuya materialización sufrió un considerable retraso debido al conflicto de Ucrania y sus efectos colaterales: el encarecimiento del precio de los crudos y el caótico estado del transporte marítimo, que afecta el suministro global de mercancías.

Por si fuera poco, las directrices provenientes del Despacho Oval eran muy claras: El presidente quiere que el viaje sea recordado como la culminación de la misión pacificadora de la Administración, enfocada en lograr resultados (positivos) para el pueblo norteamericano. Así de claro, pero…      

La visita de Joe Biden a Oriente Medio tendrá lugar del 13 al 16 de julio e incluirá escalas en Israel, los territorios palestinos y Arabia Saudita. Y no será forzosamente, un camino de rosas. La nueva fisionomía de la región, ideada por la Administración Trump, poco tiene que ver con el compungido Oriente Medio, atentico quebradero de cabeza para los diplomáticos estadounidenses. Los Acuerdos de Abraham, negociados por el equipo de Donald Trump, fueron aceptados – a veces, a regañadientes – por los Estados del Golfo, poco propensos a sellar las paces con Israel a cambio de nada. Pero el multimillonario neoyorquino reconvertido a político supo cuantificar el esfuerzo o sacrificio de cada uno de los actores. Con su mentalidad de hombre de negocios, Trump recurrió a la fórmula mágica: I buy! (compro). Fuera quedaron de este trato los principales interesados: los palestinos, quienes no tuvieron voz ni voto en el regateo de Washington con las capitales árabes y Tel Aviv. Alguien dijo en su momento que los Acuerdos Abraham eran una especie de contrato de compraventa aderezado con salsa diplomática. Por muy extraño que ello parezca, el engendro funciona.

Los asesores de Biden sugirieron al Gobierno israelí la convocatoria de una cumbre con los dirigentes palestinos, destinada a relanzar el moribundo proceso de paz interrumpido durante el mandato de Trump. Pero tanto el primer ministro israelí, Naftali Bennett, como el presidente de la ANP, Majmúd Abbas, descartaron la propuesta; ambos estiman que no se dan las condiciones para la reanudación del diálogo. Los israelíes apuestan por la desaparición física de Abbas y su sustitución por uno de los halcones de la cúpula palestina; Mahmúd Abbas, muy debilitado, se aferra al poder, bloqueando el proceso de renovación de las estructuras políticas de la Autoridad Nacional.

Los dirigentes israelíes estiman que después de la muerte de Abbas podrían iniciar el proceso de anexión territorial de Cisjordania, congelado in extremis en vísperas de la firma de los Acuerdos Abraham.

Lo que Israel reclama es la intervención del inquilino de la Casa Blanca para lograr la normalización de las relaciones con Arabia Saudita. En este caso concreto, la normalización se traduce por el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, que las altas esferas del reino wahabita supeditan a la… solución de la cuestión palestina. ¿Otra misión imposible para Biden?

Otra, sí, puesto que el primer obstáculo para el diálogo entre Norteamérica y Arabia Saudita consiste en perdonar al príncipe heredero, Mohammed Bin Salman, su participación en el complot que desembocó en la muerte del periodista Jamal Khashoggi, comentarista del Washington Post.  Biden se comprometió a exigir su castigo el año pasado, cuando los servicios secretos estadounidenses lo implicaron en la trama asesina. Es, al parecer, la condición sine que non para el reseteo de las relaciones entre Washington y Riad. Pero hoy por hoy parece descabellado imaginar que el presidente de los Estados Unidos le pregunte a Bin Salman: ¿por qué mandó vuestra alteza real matar a un comentarista del Washington Post? Queda, pues, la otra opción; la del borrón y cuenta nueva, del muy socorrido:  Aquí no ha pasado nada…

Sin embargo, lo cierto es que pasaron muchas cosas. Los saudíes cuentan con el apoyo de la Casa Blanca en su combate contra el régimen de los ayatolás iraníes, sus archienemigos en la zona, con la entrega de sistemas de defensa antimisiles, indispensables para neutralizar los ataques de los rebeldes hutíes, con una mayor coordinación de las políticas regionales, que reforzaría el prestigio del reino en la región del Golfo Pérsico.

Por su parte, Biden quiere reclamar un incremento de la producción de petróleo saudí, que cubra el vacío dejado por la imposición de sanciones a la venta de crudo procedente de Rusia. En efecto, las sanciones han provocado un efecto boomerang: Occidente padece la falta de petróleo ruso.  

Conviene recordar que Arabia Saudita apoyó desde el primer momento la política petrolera de Rusia, manifestando su solidaridad con otro gran productor de oro negro. ¿Renunciar al compromiso con Moscú para sumarse al bando del Biden? Para los hombres del desierto, como el príncipe Bin Salman, ello supondría faltar a su palabra de honor. Y en el desierto, el honor es el bien más preciado.

miércoles, 14 de julio de 2021

Israel: el lavado de cara

 

Israel bien vale un lavado de cara. A esta conclusión llegó el Gobierno de Tel Aviv, liderado por el tándem integrado por Naftali Bennett y Yair Lapid, un ultraconservador y un liberal que difícilmente podrían convivir en la vida real de cualquier país democrático. Israel es, obviamente, la excepción de confirma la regla. Un país donde las consideraciones de índole partidista claudican ante la imperiosa necesidad de concebir coaliciones viables para la gobernanza. Gobernar entre crisis y crisis; gestionar los indispensables paréntesis democráticos exigidos por las normas de buena conducta impuestas por la supuestamente transparente comunidad internacional. Israel necesita este aval; su imagen resultó dañada por la década de gobierno de Benjamín Netanyahu, el ultra que trató de emular el ejemplo de Ariel Sharon, el incombustible e impredecible general que desafió a varios inquilinos de la Casa Blanca. Obviamente, el insumiso militar podía haberse permitido este lujo. A Netanyahu, la desobediencia le costó más, aunque logró salirse con la suya. Contaba con el apoyo de la población del Estado judío, obsesionada por los múltiples peligros de la región: el árabe, el iraní, el palestino, el terrorista… Netanyahu supo gestionar esos fantasmas para crear un ambiente de pánico permanente. La psicosis logró sobrevivir durante una década.

Curiosamente, la pesadilla se fue desvaneciendo tras la firma del Acuerdo Abraham, impulsado por Donald Trump, aliado incondicional de Netanyahu. La llamada normalización de las relaciones con los países árabes, ansiada por la élite de Washington, se convirtió en una victoria pírrica, que coincidió con el desgaste del político israelí. Exit Netanyahu…

Israel bien vale un lavado de cara, estimaron Bennett y Lapid, tras haber evaluado los estragos causados por la gestión de Netanyahu. A nivel local, había que mejorar las relaciones con la Autoridad Nacional Palestina, ninguneada por el antiguo jefe de Gobierno. A la constante presión económica y bloqueo sanitario durante la pandemia se sumaron los operativos bélicos, generados por los ataques de Hamas y sus aliados islámicos de la Franja de Gaza. Tel Aviv exigió la intervención del Gabinete palestino de Ramallah, sabiendo positivamente que el equipo de Majmud Abbás no controla la situación en la Franja.  El actual Gobierno israelí cooperará con la Autoridad Nacional en el proceso de vacunación de los habitantes de los territorios. Los demás asuntos pendientes serán abordados en consultas bilaterales.

Por otra parte, el Gobierno israelí ha decidido bloquear las transferencias de fondos qataríes destinados a la resistencia palestina (Hamas). La multimillonaria ayuda humanitaria del emirato debería efectuarse o bien a través de las Naciones Unidas o en transferencias bancarias directas.

Jordania, país con el que Israel ha mantenido siempre relaciones muy ambiguas, recibirá una compensación inmediata, que consiste en el incremento del caudal de aguas subterráneas de Cisjordania controladas por el ejército de ocupación israelí. La decisión del Gabinete hebreo se hizo pública antes de la visita oficial del rey Abdalá a los Estados Unidos.

Por su parte, el tándem Bennett – Lapid, que tiene previsto un encuentro con el presidente Biden a finales de mes, está ultimando los detalles de su futura política frente a Irán, tratando de recomponer los platos rotos por Netanyahu. Huelga decir que la situación ha variado en los últimos meses; Rusia parece dispuesta a consentir la autonomía nuclear de Teherán.

La última baza esgrimida por el equipo Bennett – Lapid es… Europa. El titular de Asuntos Exteriores (Lapid), participó en el último consejo de ministros de relaciones exteriores de la UE, celebrado esta semana en Bruselas, donde dejó constancia del deseo del Estado judío de fortalecer las relaciones con la Unión Europea, después de años de tensiones con Netanyahu. Pero la reanudación del diálogo no resultó fácil.

 Acepto que parte de nuestro diálogo consiste en un juicio moral”, dijo Lapid. Pero no es demasiado esperar que este diálogo tenga en cuenta el hecho de que mi casa está siendo atacada.

Un lavado de cara complicado, si se piensa en los múltiples intereses económicos y estratégicos de los países comunitarios en la región.  

domingo, 23 de mayo de 2021

Israel - Palestina: una tregua no hace la paz


Belén, enero de 1988. Aquella tarde, la Plaza del Pesebre estaba abarrotada de vehículos militares. Soldados israelíes vigilaban los pórticos de la basílica de la Natividad, cerrados a cal y canto.

¿Desembarque militar? Pregunté, incapaz de disimular mi preocupación. Medidas de seguridad, contestó Rober, mi acompañante palestino, un cristiano nacido en El Salvador, quien regresó a la tierra de sus antepasados a finales de la década de los 60. Su familia regentaba un comercio de objetos religiosos. Somos ecuménicos. Tenemos género para cristianos, musulmanes y judíos. Belén es una especie de Torre de Babel. Antes era una ciudad cristiana; hoy en día, nuestros hermanos musulmanes representan más de la mitad de la población. Vivimos en paz. El único problema…

¿Los soldados? Pregunté.

No, los soldados nos preocupan menos que algunos grupúsculos islámicos; los radicales creados y potenciados por Israel. Los judíos quieren contrarrestar el peso de Al Fatah. Pero la idea de dar alas al radicalismo islámico nos parece un disparate. Algún día pagarán por ello…

Hamas, el Movimiento de Resistencia Islámica, se convirtió en un elemento distorsionante en la década de los 90, tras el regreso de la plana mayor de la OLP de su exilio tunecino. Tel Aviv no lograba controlar a los líderes islamistas de Gaza y Cisjordania. Los frecuentes enfrentamientos entre islamistas y laicos pertenecientes a las estructuras lideradas por Yasser Arafat, se convirtieron en un quebradero de cabeza para el establishment hebreo. Hamas se había convertido en un arma de doble filo.

Relegado a la Franja de Gaza, el movimiento de resistencia lanzó sus primeros ataques contra Israel a partir de 1994, al término de la primera intifada. Los islamistas se decantaron por los atentados suicidas, método empleado por otros grupúsculos radicales del mundo árabe.

Las incursiones terrestres del ejército israelí en Gaza de 2009 y 2014 se saldaron con miles de víctimas y una devastación masiva de edificios e infraestructuras civiles.

Mayo de 2021. Aislado por la Autoridad Nacional Palestina, ninguneado por Israel, Hamas aprovecha la celebración del Día de Jerusalén - una fiesta nacional judía –– para lanzar un sorpresivo ataque contra la Ciudad Tres Veces Santa. El nombre del operativo Saif al Quds – Espada de Jerusalén, irá asociado a la contrarréplica israelí Shomer Hahomot – Guardián de las Murallas. La avalancha de misiles disparados por Hamas – alrededor de 3.000 – fue contrarrestada por el dispositivo de defensa Cúpula de Hierro, que logró neutralizar un 90 por ciento de los disparos. Ello explica el desigual número de bajas: 232 víctimas palestinas frente a 12 víctimas israelíes.

La respuesta de Washington tardó en materializarse. El presidente Biden utilizó la expresión alto el fuego una semana después del inicio de los combates. Cierto es que Biden telefoneó ocho veces al líder del Likud, Benjamín Netanyahu, quien le aseguró que aún quedaba tarea por terminar. Pocas horas antes de anunciarse la tregua, el Secretario de Estado Antony Blinken lanzó la advertencia: el apoyo de Washington al operativo bélico no puede ser indefinido.

Para Yair Lapid, el político centrista encargado de formar el nuevo Gobierno israelí, la operación militar fue un éxito; el fracaso debe atribuirse a la clase política. Por su parte, los viejos generales israelíes estiman que, en caso de una intervención terrestre, podía haberse asestado un golpe más contundente a Hamas.

El veterano diplomático americano Dennis Ross, excelente conocedor de la región, estima por su parte que el alto el fuego no será duradero, puesto que Hamas aún cuenta con arsenales de misiles.

Finalmente, los analistas consideran que el proceso de normalización de las relaciones entre Israel y los países árabes del Golfo Pérsico – Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos – podría quedar estancado. Los partidarios de la apertura con Tel Aviv tendrán que ser más cautelosos. La mecha encendida por el último operativo bélico podría provocar un nuevo incendio en el mundo árabe musulmán.

La tregua no implica el final del enfrentamiento intercomunitario; el problema subsiste. Para algunos, su nombre es Palestina; para otros, es Eretz Israel.  


miércoles, 3 de junio de 2020

Turquía en Tierra Santa - La batalla por Jerusalén


Hubo una época – durante los dos primeros lustros de este siglo – en la que la nutrida presencia de instituciones turcas en Tierra Santa se había convertido en un destacado acontecimiento para los pobladores de la región. Nuestros nuevos amigos, los turcos, solían decir los políticos de Tel Aviv; han vuelto los otomanos, insinuaban los nacionalistas palestinos, nuestros nuevos aliados musulmanes, argüían los estrategas jordanos, orgullosos de poder participar en maniobras conjuntas con unidades del ejército de Ankara, segunda fuerza militar de la Alianza Atlántica.

Los oficiales del reino hachemita ponían cara de póker cuando se les recordaba que se trataba, en realidad, de ejercicios de guerra tripartitos, en los que participaba también…Israel.  Sí, también hubo presencia judía en las maniobras, reconocían un tanto molestos por las inoportunas revelaciones de sus interlocutores occidentales. No se trataba de revelar secretos militares; las rotativas israelíes habían hecho hincapié en el carácter tripartito del ejercicio. Sin embargo, en la otra orilla del Jordán, la percepción era distinta. La prudencia desaconsejaba confundir el acercamiento entre Ammán y Ankara con una iniciativa estratégica de los… ¡aliados regionales de los Estados Unidos!

Ese extraño noviazgo se rompió el 31 de mayo de 2010, cuando unidades de élite del Ejército israelí atacaron los barcos de la llamada Flotilla de la Libertad, embarcaciones de la organización por palestina Free Gaza fletados por Turquía, que llevaban a bordo un centenar de militantes comprometidos con la causa palestina. La intervención israelí generó un sinfín de incidentes, que desembocaron en la congelación de las relaciones diplomáticas entre Turquía e Israel.  El Primer Ministro Erdogan exigió disculpas al Estado judío por el ataque, amén de unas cuantiosas compensaciones – 20 millones de dólares - por los desperfectos causados durante el operativo. En 2016, turcos e israelíes firmaron la paz. Sin embargo, los embajadores no volvieron a sus respectivos puestos. El conflicto continúa…

Al cumplirse diez años desde en incidente de la Flotilla de la Libertad, llegamos fácilmente a la conclusión de que Tel Aviv y Ankara no lograron recomponer el ambiente de cordialidad que reinaba a comienzos del siglo. Turquía abandonó la política de amistad con sus vecinos inmediatos – los países de la región mediterránea – mientras que Israel dirigió sus miradas hacia la UE y las monarquías del Golfo Pérsico – Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Bahréin – poco propensas a aceptar el papel de una Turquía neo otomanista, dispuesta a resucitar el pasado del Imperio otomano. Mientras, en Israel se están forjando nuevas alianzas estratégicas. Esta vez, con Grecia y Chipre, enemigos declarados del Gobierno de Ankara.

En enero de 2019, Israel pasó a formar parte del Foro del Gas del Mediterráneo Oriental, integrado por Grecia, Italia, Chipre, Jordania y la Autoridad Nacional Palestina, países que pretenden compartir los recursos gaseísticos ubicados en la Zona Económica Exclusiva de Chipre. Turquía, que ocupa la mitad norte de la isla, reclama a su vez acceso a los yacimientos, pero tropieza con la tajante negativa de los europeos, empeñados en no reconocer su soberanía sobre el territorio ocupado durante la invasión de 1974.

Por otra parte, Israel se ha adherido al acuerdo para la vigilancia de los drones turcos que sobrevuelan en Mar Egeo. Para las autoridades de Atenas y Nicosia, la presencia de dichos aparatos constituye un acto de piratería.

Más complicada aún es la situación que reina en Jerusalén, donde las organizaciones benéficas turcas se han ido adueñando de los locales situados en la Explanada de las Mezquitas. Bienvenidas en la época del coqueteo entre Ammán, Ankara y Tel Aviv, esas embajadas del islamismo turco se han convertido en un estorbo para las autoridades jordanas, que custodian los Santos Lugares musulmanes de Palestina. Hace años, cuando los palestinos introdujeron a los emisarios del Islam turco en la ciudad Tres Veces Santa, los jordanos aceptaron muy a regañadientes su presencia. Con el paso del tiempo, los turcos se fueron integrando en el Waqf, fundación islámica que administra los bienes religiosos jerosolimitanos, provocando más quebraderos de cabeza a los jordanos.

Tras la publicación del Plan de paz de Donald Trump, otra potencia islámica – Arabia Saudita – manifestó su interés en asociarse a la gestión de los bienes religiosos. Curiosamente, los saudíes venían de la mano de las autoridades hebreas, que llevaban décadas negociando un posible traspaso de la administración de la Explanada de las Mezquitas al reino wahabita. Lo que parecía imposible en los años 90 del siglo pasado, podría materializarse próximamente. Los jordanos estarían dispuestos a aceptar un simulacro de cogestión de la fundación islámica a condición de que Riad se comprometa a neutralizar la presencia turca en Jerusalén. Aparentemente, los Estados Unidos avalarían el proyecto; Arabia Saudita es uno de sus más fieles aliados de Washington en la zona y un firme valedor del Plan Trump. Además, la presencia saudí abriría la puerta a otros Estados del Golfo Pérsico, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, países propensos a reconocer a Israel.

¿Y Turquía? Qué duda cabe de que el sultán Erdogan, autoproclamado heredero de la relumbrante tradición imperial de los antepasados de la Sublime Puerta, librará batalla por la tercera Ciudad Santa del Islam: Jerusalén.

viernes, 22 de mayo de 2020

Unilateralismos


Durante décadas, el vocablo unilateralismo sirvió para frenar el ímpetu de la resistencia nacional palestina, empeñada en resolver – por la razón o por la fuerza – el conflicto que le opone al Estado de Israel. Nada nuevo bajo el sol, si tenemos en cuenta la animadversión que caracteriza las relaciones entre las dos comunidades – palestina e israelí – que comparten, muy a regañadientes, el exiguo territorio de la llamada Tierra Santa. Un sentimiento de rechazo mutuo, recogido en la Biblia – la guerra entre hebreos y filisteos - que terminó sin vencedores ni vencidos, pero con un ineludible reparto de territorios. Sucedió hace más de tres mil años. Sin embargo, las heridas nunca llegaron a cicatrizarse.  Los filisteos – antepasados de los palestinos - sobrevivieron en la franja costera del Mediterráneo; los hebreos reinaron en Jerusalén antes de tomar la senda del exilio. Pocas familias devotas permanecieron en las inmediaciones de la ciudad santa. 
 
Después de la toma de Palestina por los turcos, en 1840, empiezan a llegar a Tierra Santa los primeros hebreos afincados en los vastos territorios del Imperio Otomano: Anatolia, Grecia, Chipre, los Balcanes. A finales del siglo XIX, la Palestina otomana acoge numerosos emigrantes procedentes de Europa central y occidental. En 1878, las potencias europeas negocian con los emisarios del sultán un tratado sobre la jurisdicción de Jerusalén, que consagra el statu quo de los Santos Lugares. El instrumento insta a las partes contratantes a no proceder unilateralmente a modificaciones fronterizas en la Ciudad Santa.

A partir de 1920, Palestina pasa bajo mandato administrativo británico. No será una época de paz; los ingleses tratan de enfrentar a las dos comunidades, suministrando armas a los inmigrantes judíos y bidones de gasolina a los cabecillas árabes. La proliferación de los actos de violencia precipitará la retirada de los británicos, que ponen fin a su mandato en mayo de 1948, un día antes del estallido de la primera guerra israelo-árabe.

La historia de la región es y será conflictiva. Las múltiples resoluciones de las Naciones Unidas adoptadas entre 1947 y 2017 instan a las partes - Israel y Palestina – a abstenerse a tomar medidas unilaterales susceptibles de romper el frágil equilibrio intercomunitario. Si durante las primeras décadas el destinatario de las resoluciones es el Estado judío, a partir de los años 80 las advertencias van dirigidas a las instituciones palestinas y, más concretamente, a la ejecutiva de la OLP y el Consejo Nacional Palestino, que acaban de proclamar el… Estado palestino. Eso sí, unilateralmente, sin consultar (léase negociar) con las autoridades de Tel Aviv. La clase política israelí descubre el vocablo unilateralidad, empleado ad nauseam por los gobernantes de Tel Aviv y Ramala.

En efecto, de unilateralidad se habló hace dos años, en mayo de 2018, cuando la Administración Trump decidió trasladar la embajada de los Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, haciendo caso omiso del compromiso formal  de las potencias occidentales de mantener sus respectivas sedes diplomáticas en la capital oficial de Israel; de unilateralidad se ha vuelto a hablar esta semana, al anunciar el Presidente palestino, Mahmud Abbas, la retirada de la OLP y la Autoridad Nacional Palestina de los acuerdos con Israel y los Estados Unidos, tras el anuncio de la anexión de parte de Cisjordania por el nuevo Gobierno hebreo liderado por Benjamín Netanyahu.

Conocida es la tentación de gran parte del establishment político hebreo de anexionar Cisjordania, de adueñarse de los llamados territorios bíblicos que abarcan parte de Jordania y de la vecina Irak.
Más modesto, el programa de Gobierno de Netanyahu prevé la anexión de los asentamientos de Cisjordania, la posible ocupación militar de la Franja de Gaza y… el fortalecimiento de la alianza con los Estados Unidos.
En su discurso inaugural del 17 de mayo, Netanyahu reiteró su deseo de dar luz verde  al proceso de anexión de los asentamientos judíos de Cisjordania la mayor brevedad posible. Por su parte, los militares que integran la coalición centrista del exgeneral Benny Gantz, se habían fijado como meta permitir la expansión de las colonias ilegales de los territorios ocupados y adoptar una normativa legal que contemple poderes excepcionales para el Ejército en materia de seguridad nacional.
Conviene recordar que los territorios administrados por la Autoridad Nacional Palestina (Cisjordania y Gaza) tienen una extensión total de 6.242 Km2, lo que representa un escaso 22,9 % de la Palestina histórica. Si se descuentan las tierras ocupadas por las colonias judías, este porcentaje queda reducido al 16,03 %. Y si se añade la reducción del orden de 10 a 15 % prevista por la propuesta de la Casa Blanca, el futuro Estado quedaría reducido a un escaso 13 %.
El presidente palestino, Mahmud Abbás, ha anunciado esta semana que su país se retirará de todos los acuerdos con Israel y EE. UU. responsabilizando a la Administración Trump por la injusticia que está a punto de cometer Netanyahu. Se sumaron a la protesta los países árabes, Turquía, Rusia y algunos miembros de la Unión Europea, poco conformes con la nueva unilateralidad de la política israelí. 
Mientras el representante de las Naciones Unidas para Oriente Medio, Nikolay Mladenov, baraja la alternativa de resucitar el Cuarteto integrado por los Estados Unidos, la Federación de Rusia, la ONU y la UE, establecido para facilitar las negociaciones de paz en la zona, las autoridades palestinas no descartan el recrudecimiento de la violencia. 
¿Otra punible actuación unilateral? No, probablemente una… nueva Intifada.