martes, 8 de octubre de 2019

La tardía llegada del Tío Sam


Por fin llegan. Los esperábamos a finales de la década de los 40 del siglo pasado, cuando los grandes de este mundo nos entregaron al déspota Stalin; los esperábamos en los años 60, cuando el iluso John F. Kennedy urdió una inverosímil treta para sacarnos de la órbita de Moscú; los esperábamos a partir de 1990, tras la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento del mal llamado campo socialista

Pero ¡por fin llegan! Con más de 2.500 tanques Abrams M1, carros de combate Bradley, piezas de artillería Palatin Howatzer, transportes de tropas, misiles de última generación y supersofisticados radares … Llegan tarde, pero ¡llegan! 
  
Los politólogos atlantistas de Bucarest acogieron con un gran suspiro de alivio la llegada de material bélico y personal militar estadounidense a Rumania, Polonia, Bulgaria, Estonia, Hungría, Letonia y Lituania, países que se enorgullecen de hallarse en la primera línea del nuevo frente de la OTAN. Situados en la frontera con la antigua Unión Soviética, conforman el recién estrenado Telón de Acero ideado por los estrategas del Pentágono. Su papel consiste en repeler cualquier intento de agresión del Ejército ruso, archienemigo de las jóvenes democracias orientales recién evangelizadas por los adalides de la globalización y la economía de mercado.

La decisión de la OTAN de desplazar sus fronteras al extremo oriental del continente europeo data de 2014. De hecho, los primeros blindados estadounidenses llegaron a Polonia y Rumanía en diciembre de 2015, durante las últimas semanas del mandato de Barack Obama. El material militar procedía de Alemania y Holanda, principales custodios de los arsenales de la Alianza Atlántica. Si bien los holandeses se congratularon con la decisión de traspasar parte de sus depósitos de armamento a Polonia y Rumanía, sus vecinos alemanes criticaron las medidas adoptadas hace apenas unos meses por la Alianza, cuando esta anunció el traslado de tropas al territorio polaco. 

Huelga decir que el proceso de militarización de los países del nuevo Telón de Acero empezó hace un lustro, cuando los primeros contingentes de la fuerza multinacional aterrizaron en Polonia y los países bálticos. A los soldados norteamericanos se sumaron batallones procedentes de Canadá, Holanda, Alemania, el Reino Unido, así como aviones de combate italianos, españoles, ingleses y holandeses.

Los pilotos y artilleros estadounidenses se trasladaron a Rumanía entre 2015 y 2018. Sin embargo, el grueso de las tropas arribará en los próximos meses, coincidiendo con la llegada del material bélico. Según datos facilitados por el Ministerio de Defensa rumano,  la base aérea de Kogălniceanu (MK, en la jerga militar estadounidense), que cuenta actualmente con mil soldados aliados, podrá albergar alrededor de 10.000 militares. Será prácticamente una ciudad pequeña, que se construirá de la nada. Además de las instalaciones estratégicas, la base futura contará con viviendas para el personal militar, hoteles, un hospital, guarderías y jardines de infancia, escuelas, supermercados, lugares de ocio, parques, piscinas, instalaciones deportivas y aparcamientos.

Además de la Base MK, el Pentágono cuenta en Rumanía con dos objetivos importantes: las instalaciones de defensa Aegis Ashore de Deveselu, que forman parte del llamado escudo antimisiles. Este sistema defensivo, que el Kremlin tilda de punta de lanza de los agresores occidentales, está equipado con el bloque IIA de misiles de última generación. Será uno de los primeros blancos de los cohetes rusos en caso de conflicto bélico.

El segundo centro emblemático es la Base Aérea General Emanoil Ionescu de Campia Turzii, donde la Fuerza Aérea de los EE. UU. tiene instalaciones capaces de albergar drones armados MQ-9 Reaper, aviones cargo, así como distintos modelos de cazas de combate.

La mayoría de los vehículos blindados llegará a Rumania, país considerado, junto con Polonia, esencial para la consolidación del flanco Este de la OTAN, en las próximas semanas.

Por fin llegan…  Atrás quedan los obsoletos acuerdos de Yalta y la era de la contención, de la utópica convivencia pacífica. Washington ha decidido mover fichas en el tablero. Tampoco hay que extrañarse: En el área del Mar Negro, Rumania es el aliado clave, manifestó recientemente el general Ben Hodges. De hecho, la deserción de Turquía convierte a los países europeos de la cuenca del Mar Negro en… socios privilegiados de los estrategas estadounidenses.

Un último apunte; aparentemente, el estamento castrense rumano no parece muy propenso a compartir el entusiasmo de los politólogos atlantistas de Bucarest. ¿Por qué será?

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