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jueves, 8 de febrero de 2024

Palestina libre, a la conquista del Parlamento Europeo

 

Uno de los principales caballos de batalla del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) en la consulta electoral celebrada en Turquía en 2002 fue el lema: Islamizar la diáspora. Pero pocos gobernantes europeos tomaron en serio en programa electoral del AKP, tal vez partiendo del supuesto de que los partidos prometen, pero no cumplen. ¡Craso error! En el caso de Turquía, la agrupación islámica liderada por Recep Tayyip Erdogan logró que las promesas se materialicen.

Remusulmanizar Turquía e islamizar la diáspora, rezaba en programa del partido de corte religioso, emanación del Refah (Partido del Bienestar), que no logró sobrevivir a los ataques de los sectores laicos de la sociedad, más propensos a aceptar las estructuras irreligiosas del estado moderno creado por Mustafá Kemal Atatürk en 1923.

Pero con el advenimiento del AKP los datos del problema cambiaron radicalmente. Turquía acabó convirtiéndose en un país musulmán respetuoso de los conceptos básicos del Corán y la nutrida diáspora procedente de Anatolia en el… caballo de Troya del islamismo que – según las agrupaciones democristianas del Viejo Continente – amenaza la convivencia confesional europea.

Recientemente, los grandes rotativos alemanes se hacían eco de un proyecto ideado por Erdogan para aprovechar a la diáspora turca como trampolín para llegar al corazón de Europa. Se trataba de la creación – con miras a las elecciones europeas del próximo mes de junio – de un partido turco-alemán, la Alianza Democrática para la Diversidad y el Despertar (DAVA) llamado a aglutinar los votos de la emigración musulmana residente en la República Federal.

Al grito de alarma del democristiano CDU se sumaron las advertencias de algunos medios de comunicación europeos, que denunciaron la amenaza otomana. Es cierto que la diáspora turca representa de la comunidad musulmana más numerosa de Alemania. De los casi 2 millones de inmigrantes, más de la mitad contempla la posibilidad de echar raíces en suelo germano. También es cierto que las políticas de integración del Estado federal fueron mucho más laxas en el caso de los turcos, que gozaron con numerosas ventajas para la obtención de los permisos de residencia, la nacionalización y la inserción laboral. Actualmente, varios ciudadanos de origen turco ocupan puestos clave en los Gobiernos regionales o en la Administración municipal. Pero no serán ellos quienes movilicen a la diáspora para depositar sus votos para el partido auspiciado por Erdogan. Hay otros actores encargados de mover los hilos.

En febrero de 2022, Erdogan recibió en Ankara a una nutrida delegación de la Unión de Demócratas Internacionales (UID), apéndice de su partido en Europa, a la que instó a crear mecanismos capaces de influir en la política nacional de los países de residencia. Asimismo, hizo hincapié en el hecho de que unidos, ningún Estado, partido u organización europea podrán manipularles, pues se convertirán en una comunidad difícilmente ignorada por las fuerzas políticas del Viejo Continente.

 

Al abordar el tema de una posible injerencia de Ankara en las elecciones europeas, los políticos alemanes hacen caso omiso de otra realidad, mucho más impactante: la reciente creación de un grupo de partidos musulmanes nacionales que se presentará a la consulta de junio con la denominación de Palestina libre. Se trata, según sus promotores, de una herramienta capaz de contrarrestar el impacto de los éxitos electorales de la derecha conservadora.

 

Los integrantes de este grupo son: el Partido Andalusí, la agrupación musulmana holandesa NIDA, la Unión Democrática. de los Musulmanes Franceses (UDMF) y el Movimiento Islámico Democrático Italiano (MIID), a los que podrían sumarse otros grupos musulmanes europeos o pertenecientes a la diáspora. En principio, los candidatos que obtengan escaños en el Parlamento Europeo se integrarían en la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica, materializando el proyecto del islamista egipcio Tarik Ramadan, ciudadano suizo y nieto de Hassan al Banna, fundador de la cofradía de los Hermanos Musulmanes.

 

Curiosamente, nadie menciona en los medios europeos la existencia de la agrupación Palestina libre.

 

Entre los objetivos prioritarios de la recién creada agrupación figuran: la libertad de movimiento de los inmigrantes en suelo europeo, integración multicultural, la lucha contra la islamofobia. Se trata de Temas prioritarios, que figuraban también en los programas de los partidos socialistas y ecologistas alemanes o de las centrales sindicales germanas.

 

¿Caballos de Troya?  La Unión Democrática. de los Musulmanes Franceses (UDMF) asegura que no tiene intención de islamizar Francia; el Partido Andalusí quiso enfatizar que el hecho de enseñar árabe a los niños no debe considerarse de ninguna manera como proselitismo, ya que resta importancia al factor religioso. El Movimiento Islámico Democrático Italiano (MIID), quiere centrar su campaña en el combate contra la política antimusulana del Gobierno de Giorgia Meloni.

¿Y Palestina? Nosotros contemplamos la creación de un nuevo Estado, donde dentro de 100 o 200 años los cristianos, musulmanes y judíos vivirían pacíficamente, señala Driss Mohamed Amar, líder del partido islámico-humanista español.

De momento, la próxima cita de Palestina libre es… con las elecciones europeas del mes de junio. 

domingo, 31 de diciembre de 2023

Belgrado bien vale un Maidan


Esperamos el Maidan de Belgrado el próximo martes. Será de color azul, anunciaba en su cuenta de Internet el politólogo estadunidense Jason Jay Smart, ex consejero de la presidenta de Moldova Maia Sandu y tenaz colaborador del American International Institute, donde solía dedicar la mayor parte del tiempo a los contactos directos e indirectos con la oposición rusa.
Huelga decir que el terreno parecía abonado. Poco después de darse a conocer los resultados de la consulta popular celebrada en Serbia el pasado día 17 de diciembre, una inusual oleada de protestas se adueñó de las calles de la capital serbia. Partidos de oposición al régimen de Alexander Vucic, movimientos sociales, agrupaciones de estudiantes, exigían la anulación del escrutinio, alegando un sinfín de irregularidades cometidas por militantes del Partido Progresista Serbio, liderado por el Presidente.
La Comisión Electoral de la República (RIK) desestimó, sin embargo, el recurso de la opositora Alianza Serbia contra la Violencia. Según los datos oficiales, la coalición del Partido Progresista Serbio (SNS), obtuvo un 46,7% de votos en las elecciones generales. El segundo lugar lo ocupó su principal rival, la Alianza Opositora Serbia contra la Violencia, con el 23,4%, seguida por el Partido Socialista de Serbia con el 6,6%.
Los observadores de la OSCE optaron a su vez por desoír las quejas de los detractores de Alexander Vucic, fabricadas y orquestadas, según fuentes gubernamentales, por los servicios secretos de potencias occidentales europeos y transatlánticos. Las insinuaciones de los políticos de Belgrado apuntaban hacia Berlín y Washington. En ambos casos, los organismos oficiales se apresuraron en desmentir categóricamente las sospechas o alegaciones de los serbios.
Curiosamente, el ambiente de crisis recordaba la crispación que acompañó las últimas horas de la intentona golpista de Turquía en 2016. El rumor de que los servicios de inteligencia rusos advirtieron a la cúpula de Belgrado sobre la inminencia de un golpe de palacio no hizo más que alimentar la tensión. Los medios de comunicación moscovitas no dudaron en disparar contra sus rivales de Bruselas: Úrsula von der Leyen, Josep Borrell, la plana mayor del Alto Mando de la OTAN.
En la mañana del día 31, los rotativos de Moscú anunciaban con grandes titulares: Una reedición del golpe de Estado de Ucrania de 2014 fracasó ayer en Serbia.
Pero, ¿se puede hablar realmente de una intentona golpista? El líder del Partido Radical Serbio y ex viceprimer ministro, Vojislav Seselj, se apresuró en corroborar las sospechas de Vucic, mientras que el líder de la oposición, Dragan Djilas, rechazó las insinuaciones de la prensa progubernamental, que acusan a los detractores del Presidente de estar planeando los incidentes callejeros.
Lo cierto es que los medios de comunicación rusos invitan a sus lectores a centrar la atención en Pavle Grbovich, un joven político que encabeza el Movimiento de Ciudadanos Libres, agrupación adscrita a la Alianza de los Demócratas y Liberales de Europa y que, siempre según los medios moscovitas, está preparado, desde 2020, por los servicios de inteligencia estadounidenses para derrocar al gobierno de Serbia.
Nada menos cierto, afirman los detractores de Alexander Vucic. Estamos luchando para convertirnos en parte de la familia europea y no caer bajo el yugo de Rusia.
Lo que sí es cierto es que los altos cargos de la Unión Europea han tratado de presionar a Belgrado para que se una al régimen de sanciones contra Rusia decretadas tras la invasión de Ucrania en 2022. Alexander Vucic ha rechazado las propuestas de la UE, sabiendo positivamente que su negativa podía poner en peligro la candidatura de Serbia a la UE.
Los occidentales son plenamente conscientes de que las presiones destinadas a obligar a Vucic a renunciar a nuestra política para con Kosovo y Metohija, dejar de apoyar a la República Serbska de Bosnia y Herzegovina o imponer sanciones a Rusia podrán acabar con su carrera política, señala el líder del Partido Radical, Vojislav Seselj.
De momento, la cacareada revolución azul, el Maidan serbio de Jason Smart, sigue siendo un mero espejismo.  ¿Sólo de momento? 


sábado, 22 de octubre de 2022

Balcaniadas III


Esperando el maná bruselense...

Ha sido y sigue siendo una larga espera. El maná – la luz verde para la adhesión de los candidatos balcánicos a la UE – tarda en llegar. Muchos países o, mejor dicho, muchos Gobiernos de los Balcanes occidentales, confiaban en la reactivación de las consultas con Bruselas. El objetivo final: la integración plena en las estructuras del selecto club de los ricos, ansiada por la mayoría de los países de Europa oriental.

Pero en los tiempos que corren, poco propicios para la edificación de la gran casa europea, los eurócratas prefieren rebajar las pretensiones. No es el momento de entablar el diálogo con los países de la región balcánica; la Unión Europea se está agrietando. Los miembros del Grupo de Visegrado – Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia – los díscolos de Europa oriental, están causando demasiados quebraderos de cabeza a los altos cargos de la Comisión, acostumbrados con la dócil aquiescencia de los Gobiernos occidentales, que asumen la primacía de la legislación supranacional en materia de soberanía, ordenación del espacio jurídico, libertad de prensa o educación sexual. Polacos y húngaros protestan: no están conformes con los fallos de Bruselas. Sus colegas checos y eslovacos adoptan una postura más flexible: todo es negociable, incluso algunos ukases de los eurócratas.

¿Los países balcánicos? ¡Qué esperen! No es el momento de complicarnos la vida, afirman los miembros del Gabinete Macron, poco propensos de sumarse al entusiasmo – justificado o no - de sus socios ibéricos. Para los alemanes, sin embargo, es tiempo de reconducir el debate. Toca ayudar a los eternos candidatos, pero… sin comprometerse. Los balcánicos tienen que aprender a edificar sus propias estructuras, bajo la dirección, eso sí, de la batuta germánica.

El pasado fin de semana, los miembros del Consejo de Cooperación Regional de los Balcanes (RCC), integrado por Albania, Bosnia y Herzegovina, Kosovo, Macedonia del Norte, Montenegro y Serbia, firmaron un acuerdo de libre circulación regional y homologación de los títulos universitarios, que contempla también el libre tránsito de personas sin documentos de identidad.

Este Mini-Schengen, auspiciado por la ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, pretende facilitar la convalidación de los diplomas universitarios, así como la eliminación de los visados entre los países miembros del RCC.

La secretaria general del Consejo de Cooperación, Majlinda Bregu, estima que se trata de un primer paso hacia la integración europea de la región balcánica. Sin embargo, ello podría convertirse en un arma de doble filo a la hora de negociar el ingreso en la UE, ya que el mini-Schengen de los balcánicos podría tornarse, a su vez, en un díscolo al estilo del Grupo de Visegrado.

Y como la paciencia no es el fuerte de los balcánicos…


domingo, 24 de julio de 2022

Ucrania: ¿un banco de pruebas?

 

Malas noticias para el presidente ucraniano Volodímir Zelensky. La ministra de Defensa alemana, Christine Lambrecht, ha reconocido que el material bélico que la Bundeswehr está dispuesta a transferir a Ucrania como parte de la asistencia militar germana se está agotando.

Ya no podemos sacar mucho más de los arsenales del Ejército, lo diré claramente; mi colega, el titular de Defensa de Ucrania, también lo sabe, manifestó Lambrecht en una entrevista concedida al rotativo Die Welt. Por otra parte, la ministra reiteró la disposición de su país de seguir apoyando militarmente a Kiev.

A finales de abril, Lambrecht aseguró que Alemania estaba lista para entregar sistemas antiaéreos Cheetah a Ucrania. Aparentemente, el primer envío incluirá 15 baterías antiaéreas y alrededor de 60.000 proyectiles.

En junio, el ministro de Defensa ucranio, Oleksiy Reznikov, anunció que su país había recibido de Alemania obuses autopropulsados ​​Panzerhaubitze 2000 destinados a las unidades de artilleros que recibieron la formación idónea en el país germano. El anuncio coincidió con la publicación en Berlín del primer listado de armamento transferido a Kiev junto con el cronograma de las próximas entregas, que incluyen cañones antiaéreos autopropulsados ​​Gepard, sistemas de defensa aérea IRIS-T, lanzadores múltiples de misiles Mars, camiones y furgonetas. 

Hasta aquí, las malas noticias.

Buenas noticias para la industria de armamentos. Ucrania se ofrece abiertamente, a través de su titular de Defensa, Oleksiy Reznikov, a convertirse en el banco de pruebas del armamento moderno de la OTAN, en el lugar donde puedan ensayar, en escenarios de lucha reales, nuevos artefactos bélicos contra un enemigo con alto potencial militar.

… invitamos a los fabricantes de armas a probar nuevos productos aquí, manifestó recientemente Reznikov, haciendo hincapié en el hecho de que los productores se beneficiarían de la experiencia de combate del ejército ucraniano usando sus armas contra las tropas rusas.

Creo que, para nuestros socios de Polonia, Estados Unidos, Francia o Alemania, sería una buena oportunidad para probar sus equipos. Dadnos el material, haremos la labor y os facilitaremos la información requerida, añadió el ministro durante una entrevista con John Herbst, director del Eurasia Center del Atlantic Council. Reznikov manifestó que algunos equipos, como por ejemplo los sistemas de artillería polacos Krab, se están estrenando en el conflicto entre Rusia y su país.

 

Ucrania es esencialmente un banco de pruebas, subrayó el ministro, señalando que el ejército ruso actuaba de manera similar. Muchas armas se están probando ahora en el campo de batalla. Los rusos actúan de idéntica manera para probar sus sistemas de guerra electrónica o de defensa antiaérea, los misiles de crucero y los cohetes balísticos.

 

Volodímir Zelensky tardó 24 horas en desautorizar las declaraciones de Reznikov, asegurando que… Rusia estaba utilizando el territorio de su país como banco de pruebas. Claro que Zelensky no se dirigía a los representantes de la industria de armamentos, sino a los medios de comunicación occidentales.

 

Conviene recordar que las impactantes y controvertidas palabras de Volodímir Zelensky: lucharemos hasta el último ucranio, que provocaron el inevitable estupor del gran público, desaparecieron por arte de magia de las redes sociales. Sin embargo, varios testigos presenciales, entre los figuran Josep Borrell, Ursula von der Leyen y Jens Stoltenberg, aseguran haberlas oído.  

 

Eso, por si queda la más mínima duda…


domingo, 20 de marzo de 2022

La UE a Erdogan: cuidado con los malabarismos

 

Si se busca un común denominador de las relaciones entre la Unión Europea y Turquía, la palabra más idónea sería desconfianza. Desconfianza, desprecio, recelo son los términos que podrían emplearse a la hora de calificar los fluctuantes, cuando no, tormentosos vínculos entre los herederos del renombrado imperio Otomano y los eurócratas de la capital belga.

Los turcos no reniegan de su glorioso pasado; los máximos exponentes del club cristiano de Bruselas (Erdogan dixit) miran con recelo a los emisarios de esta nueva potencia regional, dispuesta a hipotecar parte de su reciente historia para convertirse, con el beneplácito de alemanes, franceses, italianos o portugueses, en un miembro más de la familia europea. De la hasta ahora opulenta familia, preocupada por su prosperidad.

Es cierto; los tiempos cambian. Turquía, que solicitó su ingreso en la CE/UE en 1987, sigue manteniendo su estatuto de aspirante a la adhesión. De eterno aspirante, al que se le ha contestado siempre con peros o evasivas. Los turcos saben que detrás de los argumentos esgrimidos por Bruselas: carencias del sistema democrático, violación de los derechos humanos, de la libertad de expresión, de la discriminación de la minoría kurda o la situación de la mujer, se oculta el verdadero motivo: la competitividad de las exportaciones hacia los países miembros de la Unión. Los europeos temen el dinamismo de la economía turca. En realidad, el hombre enfermo de Europa goza de buena salud.

Desde el punto de vista político, los neo-otomanistas de Ankara muestran una lucidez digna de los herederos de un gran imperio. En las últimas décadas, los turcos lograron resucitar o reactivar las relaciones con los países y territorios que pertenecieron al imperio Otomano, incrementando su presencia en los Balcanes, Asia Central, el Golfo Pérsico, el Cuerno de África. Sin olvidar, claro está, el siempre conflictivo espacio postsoviético: Rusia, Ucrania y los estados de la región caucásica.

Turquía firmó acuerdos de cooperación económica y estratégica con Rusia, que cubren la adquisición de sistemas de defensa antiaérea, instalación de centrales atómicas dotadas de tecnología rusa, maquinaría de construcción o productos agroalimentarios.

A Ucrania le suministró tecnología moderna para la fabricación de drones y vehículos militares; a los países de la antigua Yugoslavia, numerosas patentes industriales.

Como miembro fundador de la Alianza Atlántica (OTAN), Turquía tomó partido desde el primer momento a favor de Ucrania en el conflicto con Rusia, pero sin olvidar los compromisos contraídos con el Kremlin. Pese a las desavenencias surgidas durante la segunda guerra de Nagorno Karabaj, en 2020, la relación entre Recep Taiyp Erdogan y Vladímir Putin sigue siendo muy fluida. Bastante fluida, al parecer, para que los eurócratas decidan llamar a capitulo al rebelde presidente turco. 

La pasada semana, el embajador de la UE en Ankara, Nikolaus Meyer-Landrut, le trasladó a Erdogan la preocupación de Bruselas ante la supuesta ambigüedad de la política de Turquía, país que no se sumó a las sanciones decretadas por la UE, no prohibió las emisiones de la cadena de televisión rusa RT, no cerró su espacio aéreo a los vuelos de las compañías rusas, no… En pocas palabras, sugirió que Turquía, mero candidato a la adhesión a la UE, debía alinearse a la política comunitaria.

Turquía no podrá seguir haciendo malabarismos, advirtió Meyer-Landrut, diplomático de carrera germano, que se desempeñó como asesor principal para asuntos europeos de la canciller alemana Angela Merkel, una de las principales detractoras del ingreso de Ankara en el selecto club de Bruselas. ¿Malabarismos? Pero si Turquía no debe nada a los comunitarios…

Es cierto: el Gobierno de Ankara decidió mantener abierto su espacio aéreo para que los rusos residentes en la UE y los ciudadanos comunitarios pudieran seguir viajando a la Federación Rusa. 

Erdogan ha subrayado en reiteradas ocasiones que no tiene intención de renunciar a las relaciones con Kiev ni con Moscú. En deterioro de los contactos con Rusia podría tener consecuencias dramáticas para la política de su país. Por otra parte, el presidente turco criticó recientemente la respuesta de Europa a la invasión rusa de Ucrania, calificándola de caza de brujas dirigida contra el pueblo, la cultura y el arte rusos.

Por ende, conviene recordar que, en la guerra de Ucrania, Ankara ofreció sus buenos oficios como mediador. ¿Malabarismos? Ninguno.


domingo, 16 de enero de 2022

El Mossad, contra la bomba islámica

 

En la primavera de 1983, un afamado politólogo paquistaní reunió a sus amigos en un céntrico local ginebrino para compartir la buena nueva: Señores, me enorgullezco de pertenecer a un país que acaba de ingresar en el club nuclear. Pakistán acaba de efectuar su primer ensayo atómico; una explosión en frío controlada por nuestros científicos.

Hablar de la pertenencia al club nuclear en Ginebra, ciudad donde los grandes de este mundo negociaban el desarme atómico, resultaba más bien insólito. Y más aún, empleando el tono triunfalista de nuestro anfitrión, persuadido de que la noticia iba a ser acogida con satisfacción, véase, con entusiasmo, por el restringido circulo de invitados llamados a brindar por el éxito de la nueva potencia nuclear. Un brindis, eso sí, con té de menta; nuestro convidante seguía a rajatabla los preceptos del Islam: nada de alcohol. Así fue como festejamos el advenimiento de la bomba islámica, también bautizada bomba verde (color Islam).

Nuestro interlocutor trató con suma cautela el espinoso tema de la paternidad del proyecto. Supimos que se trataba de una iniciativa avalada por el ex primer ministro Zulfikar Alí Bhutto, un diplomático buen conocedor del funcionamiento de las Naciones Unidas. Durante los últimos años de su mandato, Bhutto tuvo ocasión de entrevistarse con Abdul Khader Khan, un ingeniero paquistaní que trabajaba en Europa, quien le ofreció en bandeja de plata los planos de la bomba nuclear. Si es preciso, los paquistaníes comerán hierba, pero tendremos armas atómicas, exclamó Bhutto. Pero la verdad es que no hizo falta comer hierba; la República Popular China suministró la tecnología – pensando en neutralizar los planes de su gran rival asiático, la India – mientras que Arabia Saudita financió el proyecto.

¿Contar con una bomba atómica islámica? ¡Un regalo del cielo! Los saudíes no podían permitirse el lujo de emprender esta aventura; estaban atados por el estrecho vínculo con Washington. Sin embargo, Henry Kissinger había avalado la puesta en marcha del proyecto nuclear iraní. ¿El átomo en manos de los chiitas? ¡Una afrenta al Islam! pensaban los wahabitas. Lo que no se podían imaginar es que el padre de la bomba islámica, Abdul Khader Khan, iba transfiriendo los secretos nucleares al Irán de los ayatolás y, más tarde, a la Libia del coronel Khaddafi. En realidad, Khan era un mercenario; el mercenario mejor pagado y más vigilado del planeta. Falleció hace unos meses, a la edad de 84 años, de cáncer. Al parecer, los servicios secretos de medio mundo acogieron la noticia de su muerte con, perdón, con júbilo.

En efecto, pocas semanas después del fallecimiento de Khan, las centrales de inteligencia optaron por desclasificar los documentos relativos a su lucha contra el proyecto nuclear paquistaní y sus ramificaciones en el mundo islámico.

Dos agencias de espionaje, la CIA estadunidense y el Mossad israelí, entraron en liza para tratar de frenar el proyecto paquistaní. Los norteamericanos, a través de gestiones diplomáticas; los israelíes, empleando la presión y la violencia. Es lo que se desprende de un exhaustivo informe publicado recientemente por el prestigioso rotativo suizo Neue Zürcher Zeitung (NZZ), que tuvo acceso a algunos de los documentos desclasificados por Washington y Berna.   

Según los autores del informe, se sospecha que en la década de los 80 del pasado siglo, el Mossad israelí detonó bombas y profirió amenazas contra las empresas alemanas y suizas que colaboraron activamente en el incipiente programa nuclear de Pakistán. Si bien no hay constancia concreta de la participación del Mossad en los ataques, es obvio que para Israel la perspectiva de que Pakistán pudiera convertirse en un país islámico nuclearizado representaba una amenaza vital. Y más aún, teniendo en cuenta la estrecha colaboración entre Pakistán y la República Islámica de Irán en la construcción de dispositivos militares. En principio, una entidad totalmente desconocida, la Organización para la No Proliferación de Armas Nucleares en el Sur de Asia, se atribuyó el mérito de las explosiones en Suiza y Alemania. Detalle interesante: los atentados fueron perpetrados varios meses después del fracaso de las gestiones diplomáticas llevadas a cabo por Washington.

Las empresas suizas y alemanas que trabajaron para el programa nuclear paquistaní se beneficiaron de la interpretación laxista de la normativa sobre la exportación de material de doble uso. Conviene señalar que la mayoría de los componentes necesarios para el enriquecimiento de uranio, como, por ejemplo, las válvulas de vacío de alta precisión, se utilizan principalmente para fines civiles. Los informes confidenciales estadounidenses tildan la actitud de las autoridades de Bonn y de Berna de no intervencionista.

¿No intervencionista? La situación dio un vuelco radical en la década de los 90, cuando las sospechas de Washington se trasladaron al aún incipiente programa nuclear iraní. Dos jefes de Gobierno del Estado judío, Ariel Sharon y Benjamín Netanyahu, capitanearon la ofensiva anti iraní, haciendo especial hincapié en el hecho de que la política de la República Islámica contempla la destrucción total del llamado ente sionista.  

Lo que sucedió después es harto conocido. Occidente negoció el pacto nuclear con Teherán, mientras la Administración Obama accedió a colocar a la oposición al régimen teocrático iraní en la lista de… organizaciones terroristas.  

Cabe suponer que los meses venideros nos depararán más sorpresas. 

viernes, 23 de julio de 2021

El testamento político de Mohammad Javad Zarif


Sucede muy raras veces que un político, sobre todo, un titular de Asuntos Exteriores, abandone su cargo entregando un “testamento político” dirigido a sus pares y… a la nación. Un documento que justifica su buen hacer, su esmero en llevar a buen puerto todas y cada una de las tareas encomendadas por el Estado, por el Gobierno de su país. Sin embargo, a veces sucede…

La semana pasada, el ministro saliente de Relaciones Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif, envió a los parlamentarios de Teherán un amplio informe sobre las últimas negociaciones llevadas a cabo en Viena con los países que avalan el pacto nuclear - Alemania, Francia, Reino Unido, China y Rusia – empeñados en salvar el acuerdo tras la aparatosa retirada de los Estados Unidos. Donald Trump optó por romper la baraja, tratando de congraciarse con su socio israelí, Benjamín Netanyahu. El conservador hebreo buscaba una coartada para llevar a cabo un operativo bélico contra el régimen de los ayatolás; Trump, por su parte, pretendía reforzar los lazos la monarquía wahabita, molesta por los reiterados intentos de la Casa Blanca de involucrarla en el Acuerdo Abraham, la portentosa panacea llamada a solucionar todos los problemas de Oriente Medio.

Mientras el actual inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden, procura enderezar los entuertos de su antecesor, el nuevo Gabinete israelí trata de frenar la maquiavélica estrategia de Netanyahu, que contempla un sinfín de acciones – directas o indirectas - contra Irán; atentados, incendios, ataques cibernéticos.

La salida de Trump y de Netanyahu del escenario de la política internacional abre nuevas perspectivas para la solución de la crisis nuclear.

El informe del exministro de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán señala que la Administración Biden estaría dispuesta a levantar la casi totalidad de las sanciones impuestas a Teherán para facilitar el retorno al acuerdo nuclear de 2015.

La versión original (en farsi) del documento de Zarif se convierte, pues, en un testamento político destinado a los halcones del nuevo Gobierno iraní. Comentando el aún no publicado informe del negociador persa, un portavoz del Departamento de Estado confirmó que las exigencias formuladas por Zarif figuran en la lista de prioridades establecida por los representantes diplomáticos.

¿Aceptables? Aparentemente, sí, aunque no se había llegado a un entendimiento final. No se acuerda nada hasta que todo esté acordado, señaló la fuente estadounidense.  

Según el informe de Mohammad Javad Zarif, el presidente Biden estaría dispuesto a eliminar no sólo las sanciones impuestas por Donald Trump al anunciar la retirada de los Estados Unidos del acuerdo, sino también la mayoría de las sanciones que el antiguo inquilino de la Casa Blanca decretó posteriormente, basándose en la llamada estrategia de máxima presión. Entre ellas se incluyen la inclusión de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní en la lista de organizaciones terroristas o las sanciones contra el líder supremo de la revolución, el ayatolá Ali Khamenei.

Por otra parte, alrededor de mil personas o entidades iraníes serían eliminadas de la lista negra de Washington y se retirarían muchas sanciones que dificultan que las empresas estadounidenses comercien con Irán.

Algunas sanciones permanecerían vigentes incluso después de formalizarse el acuerdo, como el veto a las entidades bancarias iraníes o a compañías dedicadas a la compra venta de metales preciosos.

Tampoco se suspenderán las sanciones relacionadas con las actividades terroristas, el ensamblaje de misiles balísticos o las violaciones de los derechos humanos.

Los pasos que tendría que tomar Irán para alcanzar un acuerdo con Washington incluirían la aceptación del protocolo adicional que permite inspecciones nucleares más estrictas de la ONU, el rediseño del reactor de agua pesada de Arak, la limitación del enriquecimiento al 3,67% y la entrega de más de 300 kg de uranio enriquecido.

Los iraníes renunciarían al uso de las centrifugadoras IR-2m, IR-4 e IR-6, limitándose a utilizar unas 6,104 centrifugadoras antiguas IR-1. Sin embargo, las centrifugadoras modernas permanecerían en Irán y la investigación y el desarrollo de nuevos modelos de centrifugadoras continuará.

Por ende, Zarif insta a los miembros del parlamento y, ante todo, al nuevo Gabinete conservador a mostrar pragmatismo y hacer concesiones en lugar de manipular a la opinión pública. 

Llegar a un acuerdo requiere coraje y voluntad para priorizar los intereses nacionales sobre los intereses personales Ningún acuerdo es perfecto para ninguna de las partes, y el maximalismo sólo conduce a negociaciones erosivas e interminables, advierte el diplomático persa.

La pelota está, pues, en el campo de Ebrahim Raisi.

martes, 3 de noviembre de 2020

¿Radicales o radicalizados?


Los últimos atentados perpetrados en suelo europeo deberían servir para recordarnos el mantra de nuestra clase política; todo se centra, cómo no, alrededor del llamado terrorismo islamista, una lacra difícil de aceptar o de combatir, una perversidad que no somos capaces de eliminar. Algunos dirán que el mero hecho de emplear el término terrorismo islámico constituye una digresión, un atajo políticamente incorrecto. Permítanme disentir: al escribir eses líneas no me refiero al terrorismo musulmán (¡sería un sacrilegio!), sino a los grupúsculos violentos que siembran la muerte y la desolación no sólo en el Viejo Continente, sino en todas las latitudes. La verdad es que lo llamaron terrorismo islámico poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Los asesores del entonces presidente norteamericano, George Bush, acuñaron este termino tras haber intentado la variante terrorismo árabe – mucho más ofensiva e imprecisa – y otras lindezas, que apuntaban en la misma dirección: la criminalización de un grupo étnico.

Recuerdo que ya en aquel entonces nos rebelamos contra la ligereza de los islamólogos (islamologists) de la Casa Blanca, quienes trataban de convertir el mundo árabe – musulmán en el nuevo enemigo de Occidente. La URSS había desaparecido y, aparentemente, el peligro rojo también. Sin embargo, no podíamos ni debíamos practicar la política del avestruz; obviamente, si el Islam no era el peligro, el terrorismo radical islámico, heredado de las cabezas pensantes de Al Qaeda, sí lo era.

¿Qué pasó exactamente? Tras la mal llamada guerra contra el terror, iniciada por Bush, el enemigo público número uno, Osama Bin Laden, abandonó su escondite afgano, refugiándose en Waziristan, la zona montañosa de Pakistán De allí emitió el mensaje dirigido a los Estados Unidos y a Occidente: el combate continúa.  Volveremos dentro de diez años.

En realidad, todo empezó en 1988, unos meses antes de la retirada de las tropas soviéticas acantonadas en Afganistán.  Bin Laden y su lugarteniente, Mohammad Atef, antiguo policía egipcio perteneciente a la Yihad Islámica, decidieron convertir la oficina de coordinación de las brigadas internacionales que combatían junto a los afganos en un organismo encargado de velar por la repatriación y/o reasentamiento de los guerrilleros islámicos.

Sin embargo, la supuesta ayuda para la repatriación de los excombatientes, principal objetivo manifiesto de la organización, serviría de tapadera para los designios de sus fundadores, quienes pretendían disponer de un auténtico ejército en la sombra, capaz de reactivarse mediante el envío de una simple consigna a células militantes o grupúsculos “durmientes”. Para garantizar la eficacia de la red, los comandos operativos debían contar con una compleja infraestructura logística: dirección militar, suministro de armas y documentación, transmisiones, fuentes de financiación, pisos francos, etc.

Después del 11 de septiembre, los servicios de inteligencia occidentales parecían centrar su interés en detectar y desmantelar las células que formaban la telaraña integrista financiada por el régimen del ayatolá Jomeini. Pocos hablaban de las demás redes de corte islámico que pululaban en Occidente. Tanto es así, que a la hora me mencionar la existencia de agrupaciones radicales o de lobos solitarios – termino usualmente empleado a sabiendas para minimizar la peligrosidad de dichas bandas, los investigadores utilizaban gustosamente la expresión se han radicalizado.

Se han radicalizado. Pero, ¿por qué no reconocer las evidencias? Se trataba de agrupaciones extremistas afincadas en Europa en el momento en que los servicios de lucha contra el terrorismo empezaron a confeccionar el censo de dichos grupúsculos y de fichar a sus miembros.

Durante décadas, el suelo francés fue utilizado por movimientos radicales argelinos (FIS, GIA), tunecinos (En Nahda), turcos (Kaplan) y un sinfín de organizaciones afines a la ideología y las cajas de caudales de la monarquía saudí. Los fondos y donativos procedentes de Riad y los emiratos del Golfo Pérsico – principalmente Qatar - fueron gestionados por la Federación Nacional de los Musulmanes de Francia, que actuaba bajo los auspicios de la Liga Islámica, ente-paraguas administrado por Arabia Saudí y Pakistán. 

Alemania federal, que cuenta con varios millones de inmigrantes de origen turco, aunque también bosnio y magrebí, se convirtió en feudo de los radicales de Milli Gorüs, Kaplan y Nurgiu, agrupaciones que apoyan, directa o indirectamente, a los islamistas de Turquía.

En Italia y Bélgica proliferan organizaciones de corte religioso convertidas en plataformas y apoyo logístico de organizaciones muy activas en los países limítrofes.

En España, el añorado Al Andalus, las asociaciones islámicas habían gozado, al menos aparentemente, de un estatus privilegiado en comparación con Francia, Alemania o el Reino Unido, países en que las dos grandes corrientes que propugnan el Islam radical, los iraníes y los saudíes, pugnaron para afianzar su presencia.

No hay que extrañarse, pues, al comprobar que la Comunidad Islámica de España, integrada por asociaciones musulmanas creadas en las últimas décadas en Andalucía, propugnaba en su acta fundacional que: “... la autoridad del último profeta, Muhammad (la Paz con él), debe ser reconocida sobre las formas anteriores de religión de Moisés y Jesús”. Más claro…

Sin embargo, los emisarios de Riad procuraban limitar su actuación al establecimiento de centros culturales, cuyo principal objetivo era la creación de una nueva hornada de españoles mahometanos, punta de lanza del Islam conservador en tierras del Califato (¡de Córdoba!).

Los paquistaníes, que actuaban a la sombra de la monarquía saudí, fueron los artífices de la puesta en marcha de estructuras económicas en zonas clave para la inmigración musulmana: Cataluña, Madrid y las Islas Canarias. Sin descuidar, claro está, Ceuta y Melilla.

Durante años, las autoridades españolas trataron de eludir cualquier comentario relacionado con la actividad de los grupúsculos y asociaciones de corte islámico. Sin embargo, los funcionarios encargados de supervisar los programas de lucha antiterrorista no ocultan su inquietud ante la constante proliferación de agrupaciones vinculadas al Islam conservador y radical.

Con razón: los atentados perpetrados en las últimas semanas en Europa no son los primeros ni serán los últimos. Culpar de los recientes estallidos de violencia a Al Qaeda, Estado Islámico, Irán o Turquía sería pecar de miopía. La gran telaraña ideada por Bin Laden se ha activado y es más dinámica que nunca.

Sería, pues, un error afirmar que sus integrantes se han radicalizado. No, en absoluto: los miembros de las células hasta ahora durmientes son radicales. Ocultar las evidencias no beneficia a nadie.

domingo, 30 de agosto de 2020

Emmanuel Macron y los "malos vecinos"


La suerte está echada: el presidente galo, Emmanuel Macron, ha decidido echarse al ruedo en la disputa geoestratégico- económica entre los dos “malos vecinos” del Mediterráneo oriental – Turquía y Grecia – vieja herida mal curada, empañada de sangre, dolor, lagrimas y algún regusto de… intereses neocolonialistas. La clave del asunto estriba en una palabra: Chipre. La Isla de Afrodita que alberga, desde hace siglos, a dos etnias: la turca y la griega. Las dos comunidades no se llevaban mal en la época de Imperio Otomano. Los roces surgieron después, cuando las potencias europeas – Inglaterra y Francia - optaron por dividirse los territorios del antiguo imperio y adueñarse de las islas del Mar Mediterráneo.

Los británicos ocuparon Chipre y Malta, emplazamientos estratégicos para la flotilla de su Graciosa Majestad. Con el paso del tiempo, las islas se convirtieron también en bases aéreas de la RAF y, en el ocaso de la colonización británica, en emplazamiento de misiles estratégicos desplegados por otra gran potencia rival: la Unión Soviética.

El “golpe de palacio” de Nicosia – la defenestración del arzobispo Makarios por el pistolero Nikos Sampson, caballo de Troya de los coroneles griegos – neutralizó los planes del Kremlin. Sin embargo, la invasión por el ejército turco abrió una nueva brecha: la isla quedó dividida en dos partes. El sector griego, apoyado por Arenas, acabará convirtiéndose en miembro de pleno derecho de la Unión Europea. El territorio ocupado por Turquía, que representa un tercio del territorio chipriota, se tornará en la República Turca del Norte de Chipre, país fantasma administrado por la plana mayor del ejército de Ankara, no reconocido por la comunidad internacional.

Durante las últimas cuatro décadas, los “malos vecinos” – Atenas y Ankara – trataron por todos los medios de mantener viva la llama del conflicto. Los múltiples intentos de establecer nuevas normas de conducta intercomunitarias tropezaron con la intransigencia de ambas partes. ¿Cuestiones internas?   No, en absoluto; Se trata, ante todo, del deseo de Atenas de perpetuar el conflicto étnico, así como de la voluntad de los militares turcos de conservar su inapreciable feudo. De hecho, las transacciones económicas y financieras del norte de Chipre no pasan el escrutinio de las autoridades de Ankara.

Pero las cosas se complican nuevamente cuando los Gobiernos de Atenas y Nicosia deciden, junto a socios comunitarios de primerísima fila a esbozar ambiciosos proyectos de explotación de los recursos energéticos. ¿Petróleo? ¿Gas natural? Poco importa. Egipto explota yacimientos de gas situados en el Mediterráneo; el mercado gasístico regional empieza a estructurarse.

Obviamente, Turquía no quiere desaprovechar esta oportunidad. Además de los navíos de prospección geológica construidos en los astilleros occidentales, Ankara cuenta con la tecnología idónea para participar en esta moderna “fiebre del petróleo” ideada por los europeos, aunque impulsada por un viejo e incansable competidor del Viejo Continente: los Estados Unidos. En efecto, el presidente Obama fue uno de los artífices de la política de “independencia energética” de Europa, sofocada – según él – por el vasallaje impuesto por el suministro de gas natural ruso. Obama sugirió la importación de gas licuado procedente del Golfo Pérsico. Un ejercicio éste sumamente oneroso para los europeos. Otra opción, menos estrambótica, sería pues la explotación de las reservas energéticas de la región. La “Iniciativa de los tres mares”, presentada por Trump tras la cumbre de la OTAN celebrada en Varsovia en 2016, contempla la explotación de los recursos energéticos del Báltico, el Adriático y el Mar Negro, cuyos subsuelos encierran sustanciosos yacimientos de gas y de petróleo.

El operativo se pone em marcha sigilosamente. El sinfín de lobbies energéticos creados por los europeos procuran no aparecer en los titulares de los grades medios de comunicación económicos europeos. Sin embargo, su presencia puede desembocar, como en el caso de Chipre, en conflictos entre naciones ribereñas o… “malos vecinos”.  Así pues, el empuje del binomio Atenas – Nicosia suscitó la ira de Ankara. Para Turquía, los proyectos de sus “malos vecinos” interfieren con la Zona de Exclusión Económica reivindicada por Ankara. Ficticia o real, la amenaza justifica, pues, unas medidas de retorsión. Para un presidente Erdogan, crecido por los últimos acontecimientos y deseoso de imponer la impronta del nuevo otomanismo, ha llegado el momento de pasar al ataque…

La presencia del barco turco de prospección geológica Oruk Reis, acompañado por fragatas de la marina de su país en el perímetro/feudo de las empresas helenas provoca pánico en las dependencias gubernamentales de Atenas. Los griegos denuncian al “agresor”. Berlín trata de ofrecer, por enésima vez, sus… buenos oficios.

París, que tuvo que enfrentarse a los barcos de guerra turcos en las costas de Libia, donde ambos aliados de la OTAN defendían los intereses de bandos libios antagónicos, optó por levantar la voz.  ¿Quiénes son esos turcos que nos amenazan? inquirieron los asesores de Emmanuel Macron. Probablemente, los mismos turcos a los que el antecesor del rey Sol galo, Valery Giscard d’Estaing, informó que no había cabida para Turquía, por razones… culturales, en el seno de la familia cristiana de Bruselas. Pero Macron prefiere hacer caso omiso de esta ofensa; alude, pues, a la Turquía que tiene un acuerdo de libre cambio comercial con la UE – primer paso y, hasta la fecha, el último, de un proceso de integración económica que no se ha materializado – o de la Turquía que, siempre según él, ha adoptado en los últimos años una postura que “no es la estrategia de un aliado de la OTAN”. Acto seguido, Ankara anuncia la celebración de maniobras militares y navales al Noreste de Chipre, recordando al Eliseo que la presencia de aviones de combate franceses en los campos de aviación chipriotas constituye una violación del Acuerdo de 1960 sobre soberanía de la isla.

De todos modos, cabe suponer que Marcon no declarará la guerra a Turquía y que las autoridades de Ankara seguirán ampliando sus conquistas en el Mediterráneo y… otros mares. 

A finales de la pasada semana, el presidente Erdogan anunció el descubrimiento de un importante yacimiento de gas natural en el Mar Negro, que su país empezará a explotar a partir de 2023. Se trata de una bolsa subterránea que contiene alrededor de 320.000 millones de metros cúbicos, una cantidad relativamente modesta, comparada con las reservas – diez veces superiores – existentes en la plataforma continental rumana. ¿Otro competidor para Ankara? Desgraciadamente, no. La producción y explotación del yacimiento rumano han sido cedidas a las compañías gasísticas nacionales de Austria y de Hungría por jerarcas bucarestinos poco interesados en defender los intereses nacionales de su país. El escándalo, simple tormenta en un vaso de agua, se acabó sin hacer olas. Los rumanos denunciaron, en su momento, la desforestación de sus montañas, la tala salvaje de los árboles por empresas madereras austriacas. Pero todo quedó en agua de borrajas. Los cipayos de don Dinero se encargaron de acallar las protestas.

Erdogan no desea que los recursos energéticos de Turquía corran la misma suerte. Durante décadas, el país se limitó a ser simple lugar de paso para los suministros energéticos del Mar Caspio. Tres gasoductos clave - Bakú-Supsa, Bakú-Tbilisi-Ceyhan y Bakú-Tbilisi-Erzurum – administrados por compañías occidentales, transitan por Georgia antes de llegar a los confines con Turquía. Por su parte, el TurkStream, que suministra gas natural ruso a los países de la UE, atraviesa el territorio de Armenia, alidada incondicional de los rusos desde la época de los zares. Su construcción provocó una serie de escaramuzas fronterizas con Azerbaiyán, país que cuenta con el apoyo de Ankara y Teherán.
Para Erdogan, la respuesta es obvia. Turquía no debe limitarse a ser un simple lugar de transito; el país debe convertirse en productor y consumidor final de energía. Cueste a quien cueste, empezando por los “malos vecinos”, sus aliados galos y los duendes de los nuevos mercados energéticos.