viernes, 5 de noviembre de 2010

Alemania: la diplomacia y el Holocausto


“Aquí no ha pasado nada”, “no sabíamos nada”, “nosotros no colaboramos con el régimen”. Estas han sido, durante décadas, las respuestas de los alemanes, de muchos alemanes a las insistentes preguntas de los extranjeros acerca de la participación de los germanos en los crímenes perpetrados por el terror pardo instaurado por los nazis.

Curiosamente, después de 1945 en Alemania no se hallaban siquiera las huellas de los antiguos miembros del Partido Nacionalsocialista, de los miembros de las SS, de los verdugos de los campos de concentración o de exterminio, de los cómplices de la barbarie hitleriana. Extraño fenómeno de amnesia colectiva, que ocultaba un generalizado complejo de culpabilidad. Con el paso del tiempo, empezaron a circular leyendas sobre los llamados núcleos de resistencia anti-nazi, sobre la moderación o la actitud crítica de algunos de los jefes de los servicios de inteligencia, de algunas dependencias oficiales del Tercer Reich. Se habló concretamente de la postura muy independiente de algunos miembros del servicio exterior, “detractores” de la política nacionalsocialista. Pero el mito se derrumbó la pasada semana, cuando una comisión de historiadores dirigida por Eckart Conze e integrada por expertos alemanes, norteamericanos e israelíes entregó al titular de Exteriores, Guido Westerwelle, un informe de 900 páginas sobre la responsabilidad de la diplomacia alemana en el Holocausto. El documento, encargado en 2005 por el entonces responsable de la diplomacia de Bonn, Joshka Fisher, no deja títere con cabeza. En efecto, los historiadores estiman que la totalidad del servicio exterior estuvo involucrada en el Holocausto. ¿Ejemplos concretos? El estudio cita el caso de Werner von Bargen, alto cargo nazi que organizó la deportación de los judíos belgas, quien fue reintegrado en el Ministerio de Asuntos Exteriores en 1954 y nombrado poco después embajador en Irak. Al alcanzar la edad de jubilación, von Bargen fue condecorado con la Orden Federal de Merito. ¿Simple excepción? ¿Accidente histórico? No, en absoluto. También se da el caso de otro miembro de la carrera diplomática, destacado en Belgrado, que presenta una nota de gastos ocasionados por el Exterminio de los judíos. Más claro…

Señalan los autores del informe que en marzo de 1952, 49 de los 75 directores de la Cancillería eran antiguos miembros del Partido Nacionalsocialista. No hay que extrañarse, pues, al comprobar que las candidaturas de antiguos oponentes del régimen hitleriano fueron rechazadas por el departamento de personal del Ministerio.

Pero la presencia de los antiguos nazis en la administración del Estado no se limitaba al servicio diplomático. Llama la atención la actividad paralela de la llamada “célula de protección jurídica”, creada para defender los intereses de los prisioneros de guerra alemanes en el extranjero, que se había convertido en un órgano de inteligencia que facilitaba información a los antiguos criminales de guerra. El jefe de este departamento, Hans Galwik, antiguo fiscal nazi, ayudo a muchos correligionarios expatriados. De este modo, Klaus Barbie y Kurt Lishka recibieron información detallada sobre los países que no los habían colocado en la lista de los asesinos con orden de búsqueda y captura, de lugares donde no corrían el riesgo de ser extraditados.

¿Estaban al tanto de ello los antiguos jefes del servicio diplomático de Alemania occidental? Curiosamente, el Ministro de Exteriores, Willy Brandt, participó en el homenaje a un antiguo juez nazi, responsable de la muerte de 900 personas. Según su correligionario socialdemócrata y sucesor en el cargo, Frank-Walter Steinmeier, en la época de Brandt la cuestión de los criminales nazis no era un asunto prioritario.

Conviene recordar que ya en 1952 el Canciller federal Konrad Adenauer, primer jefe de la diplomacia alemana después de la Segunda Guerra Mundial, abogó en pro del nombramiento de profesionales cualificados en el servicio exterior, empleando las siguiente palabras: “no se puede reconstruir el Ministerio de Asuntos Exteriores sin contar en los puestos de dirección con profesionales que conozcan la historia; ello significa que es preciso acabar con la mini-caza de los nazis”.

El informe redactado por la comisión de historiadores pone en tela de juicio el “buenismo” de los padres de la democracia germana. Si bien los nazis de la época hitleriana han muerto, actualmente aflora en el Viejo Continente una extrema derecha que hace suyo el ideario de los regímenes autoritarios de los años 30. Y ¿aquí no ha pasado nada?

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