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sábado, 18 de abril de 2026

Marruecos – baluarte de seguridad de la OTAN en el Norte de África


En una medida que establece una fase de integración operativa sin precedentes, la asociación militar entre Rabat y Washington ha pasado de la cooperación tradicional a un alto nivel de incorporación de las Fuerzas Armadas del reino a la tecnología de defensa más avanzada de la OTAN.

La cooperación militar entre ambos países ya no se limita solamente al suministro de equipos, sino que se ha ampliado para incluir el intercambio de las últimas tecnologías de defensa que, hasta hace poco, eran dominio exclusivo de los países de la OTAN y sus socios más cercanos.

Este acontecimiento refleja el papel fundamental llamado a desempeñar el Reino como baluarte de seguridad y estabilidad en el norte de África y el Sahel, regiones caracterizadas por una alta sensibilidad en materia de seguridad y complejidad geopolítica.

La integración de las Fuerzas Armadas Marroquíes en el sistema Link 16 representa un cambio cualitativo en la doctrina de combate del Reino. Este sistema constituye la columna vertebral de las operaciones modernas, permitiendo que unidades de los tres ejércitos – aire, marina y fuerzas terrestres - compartan imágenes y datos tácticos en tiempo real.

Además, el sistema proporciona al ejército marroquí una avanzada inmunidad a las interferencias mediante comunicaciones seguras de alta frecuencia encriptadas, lo que garantiza la continuidad del mando y control incluso en las condiciones de combate más complejas. La eficacia de las pruebas realizadas recientemente en varias localidades de la franja costera, demostró que el ejército marroquí puede comunicarse militar y técnicamente en el mismo idioma que los ejércitos estadounidense y europeo, allanando el camino para operaciones conjuntas más fluidas.

Pero la confianza va más allá de la transferencia de tecnología, posicionando a Marruecos como un centro regional para el mejoramiento de las capacidades de defensa en África. Esto se materializa en el ambicioso proyecto de establecer un centro especializado de entrenamiento en drones, diseñado para operadores de diversos países africanos. La fase inicial de este proyecto dará comienzo durante las maniobras African Lion 2026.

Washington, a través del Comando AFRICOM de Estados Unidos, pretende crear en Marruecos un modelo de entrenamiento que pueda replicarse en otras partes del continente, lo que permitiría al Reino exportar conocimientos especializados en seguridad y adaptar la tecnología moderna a las necesidades locales.

El creciente debate en los círculos estadounidenses sobre la posibilidad de que Marruecos albergue la futura sede de AFRICOM no es casual. La estabilidad del Reino en medio de una región turbulenta lo convierte en el socio más fiable para inversiones militares estratégicas a largo plazo. Además, el éxito de las maniobras León Africano ha transformado la región sur de Marruecos en un centro de planificación estratégica continental.

Las inversiones de Rabat en sistemas avanzados, como las estaciones TRS MIDS, con un coste superior a los 140 millones de dólares, junto con el apoyo técnico estadounidense, confirman que la relación entre ambas partes ha ido más allá del mero concepto de alianza tradicional, para convertirse en una asociación de defesa integrada.

Aviso a los navegantes… 

viernes, 3 de septiembre de 2021

La brigada del alférez Borrell


La precipitada y caótica retirada de Occidente de Afganistán ha puesto de manifiesto tanto la peligrosísima falta de previsión de la Administración Biden, obligada a recurrir a un sinfín de malabarismos para justificar los múltiples fracasos de su gestión, como la ineptitud de Europa como actor político global.

El actual inquilino de la Casa Blanca ha dejado constancia de que su slogan América ha vuelto debería interpretarse de una manera más restrictiva. En realidad, el lema del presidente estadounidense es Sólo América. El resto del mundo, adversarios o aliados, se merece el mismo displicente trato. Biden no dudó en convertir sus fracasos o errores de cálculo en extraordinarios éxitos. Frases conocidas también en otras latitudes.

Extraordinarios éxitos. Pero ¿de verdad lo fueron la retirada de Kabul, la entrega del poder a los talibanes, el abandono de los nutridos arsenales regalados al enemigo? Joe Biden, tal Poncio Pilato, se lavó las manos.

¿Y sus aliados? Los países occidentales, involucrados durante dos décadas en el operativo de defensa ISAF – OTAN, abandonaron el terreno cumpliendo a rajatabla las indicaciones del mando estadounidense.  La frustración se fue adueñando de los miembros de la Alianza Atlántica, simples peones de esta partida de ajedrez en la que los extraordinarios éxitos de la Casa Blanca compiten con la incontestable victoria del movimiento islámico.  

¿Los europeos? Obligados a actuar a la zaga de Washington, los eurócratas de Bruselas no dudaron en jugar su baza, al sugerir la creación de un ejército europeo independiente. La iniciativa, presentada la pasada semana por el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, experimentó una rápida metamorfosis en los últimos días. El ejército se convirtió en un cuerpo de intervención rápida, el cuerpo, en una brigada integrada por unos 5 a 6.000 efectivos.  Algunos ministros de defensa de países miembros de la Unión Europea apuntaron a cifras más altas – 15 a 20.000 soldados, pero los duendes de la Comisión se apresuraron a rebajar las exigencias. El propio Borrell se comprometió a presentar un borrador de proyecto antes de finales de año, recordando tal vez la regañina que se llevó el presidente galo, Emmanuel Macron, cuando propuso la creación de un dispositivo de defensa europeo desvinculado de la Alianza Atlántica. Donald Trump logró frenar su impulso con un calma, chico. La iniciativa francesa quedó semiarchivada. Pero después de la debacle de Afganistán, a los europeos les pareció lícito resucitarla.  

Huelga decir que el planteamiento no es nuevo. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, los partidarios de la integración europea contemplaron la creación de un mercado interior y de una política exterior y de seguridad coordinada. La Unión Paneuropea, fundada por europeístas de primera hora y presidida por el archiduque Otto von Habsburg, debía albergar la nueva casa europea. Sin embargo, von Habsburg constató que la casa acabó convirtiéndose en … en una aldea.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la estructura supranacional emanante del Tratado de Roma se fijó como objetivo transformar el Viejo Continente en una gran Suiza. Pero siguiendo el modelo francés, sólo consiguió crear una gran Italia. La manía de la armonización institucional y social que prevalece en estos momentos, obliga a los europeos a vivir en una morada estrictamente regulada. Y no cabe la menor duda de que una política exterior y de seguridad común no puede evolucionar mientras los Estados miembros estén asfixiados por una excesiva regulación. 

Hay quien estima que el futuro sistema de defensa común no debería recaer bajo el paraguas de las instituciones comunitarias. Autónomo o vinculado a la estructura de la OTAN, sería más eficaz que un simple brazo armado de Bruselas.  

Consideran los estrategas que no todos los Estados miembros de la Unión deberían pertenecer al sistema de defensa. La participación tendría que ajustarse a las inquietudes de cada nación, que varían según la proximidad a distintas zonas de conflicto: África, Oriente Medio o Rusia. 

La brigada del alférez Borrell debería fijarse, pues, la doble meta de reducir la dependencia militar de los Estados Unidos y actuar como socio estratégico global. Ambiciosos objetivos que descartan a priori el férreo control de los burócratas o eurócratas, llámense como se quiera.