lunes, 16 de febrero de 2026


 

¿El fin de la democracia?

La UE y la OTAN se transformarán en mecanismos de poder dominante

Prof. Cornel Vișoianu

12 de febrero de 2026

En el contexto geopolítico actual, marcado por crecientes tensiones y una reconfiguración de las alianzas internacionales, se puede observar una tendencia alarmante hacia el abandono de los principios democráticos dentro de las principales estructuras globales.

Estas organizaciones, concebidas originalmente como foros para la cooperación igualitaria, están evolucionando gradualmente hacia mecanismos formales de toma de decisiones dominados por actores principales, donde el derecho de veto se está convirtiendo en un vestigio del pasado, reemplazado por decisiones o directivas mayoritarias.

Basándose en un análisis previo[1] que exploraba la posibilidad de una OTAN de dos velocidades, compuesta por un núcleo duro formado por Estados Unidos y aliados seleccionados que se benefician de garantías especiales de seguridad, junto con una periferia condicionada por niveles de contribución, esta evolución refleja las realidades geopolíticas contemporáneas.

Presiones externas como la agresión rusa en Ucrania, la rivalidad estratégica con China y la volatilidad política en Estados Unidos bajo el presidente Donald Trump están empujando tanto a la UE como a la OTAN hacia una mayor centralización, sacrificando la democracia interna en favor de la eficiencia.

Este artículo examina esa tendencia analizando sus causas, manifestaciones e implicaciones, con especial atención a la desaparición de facto del veto y al surgimiento de un modelo imperial dentro de estas estructuras.

En febrero de 2026, con las sanciones contra Rusia prorrogadas hasta mediados de año y los intensos debates sobre la reforma institucional, la cuestión fundamental es si estas organizaciones pueden sobrevivir sin erosionar sus cimientos democráticos.

La base de esta transformación radica en los desafíos geopolíticos que ponen de manifiesto los límites de la toma de decisiones democrática durante las crisis. Actualmente, la Unión Europea enfrenta presiones hacia la centralización interna impulsadas por sus relaciones con China, Ucrania y Rusia.

Las relaciones con Pekín permanecen en gran medida sin cambios, pero los riesgos tecnológicos exigen una regulación más estricta, mientras que las interacciones con Moscú requieren firmeza, ilustradas por cambios procedimentales en la política de sanciones que limitan el poder de veto de países como Hungría y Eslovaquia.

Estas dinámicas ilustran una presión global hacia la eficiencia, donde la democracia, caracterizada por el consenso y el poder de veto, aparece cada vez más como un obstáculo. Dentro de la UE, el veto, considerado durante mucho tiempo un pilar de la soberanía nacional, es cada vez más disputado.

Por ejemplo, en enero de 2026, los estados miembros aprobaron una prohibición de las importaciones de gas ruso hasta finales de 2027 mediante un mecanismo de mayoría cualificada que evitó la oposición de Hungría y Eslovaquia. [2]

La decisión, impugnada en los tribunales por Budapest y Bratislava, marca un cambio de la unanimidad a la mayoría en áreas sensibles como la energía y las sanciones. Refleja una tendencia más amplia orientada a eliminar la parálisis institucional mediante el abandono gradual del poder de veto en política exterior, defensa y asuntos fiscales.

El Partido Popular Europeo ha propuesto una implementación más asertiva del Tratado de Lisboa para responder a los cambios en el equilibrio global de poder, incluida la eliminación de los derechos de veto en la política de sanciones, como demuestra el paquete de sanciones bloqueado temporalmente por Eslovaquia en 2025.

Esta evolución dentro de la UE no es aislada, sino que forma parte de un declive democrático global más amplio  dentro de las organizaciones internacionales. Informes como la evaluación internacional IDEA de 2024[3] indican que en 2023, el 47 por ciento de los países experimentó un deterioro democrático, mientras que Europa se vio afectada por la erosión institucional en países como Hungría y Polonia.

Freedom House[4] señala de manera similar una regresión continua de la democracia en Europa y Eurasia, donde líderes autoritarios debilitan las instituciones democráticas para mantenerse en el poder, transformando gradualmente organizaciones como la UE en vehículos para los intereses de las grandes potencias.

Las causas son múltiples. Entre ellas se incluyen la retirada parcial de Estados Unidos de su papel tradicional como promotora de la democracia, la influencia maligna de Rusia y crisis internas como la ola migratoria de 2015, que amplificó el nacionalismo y debilitó el entusiasmo por una mayor ampliación.

Dentro de la UE, esta tendencia se refleja en propuestas para un protocolo de "Acción Rápida" basado en la votación por mayoría calificada (QMV)[5], diseñado para acelerar la toma de decisiones durante crisis, reconociendo que el poder de veto se ha convertido en una vulnerabilidad explotable por adversarios externos.

Un grupo de 12 países apoya la ampliación del voto por mayoría calificada a las políticas relativas a Ucrania y Rusia para evitar los bloqueos húngaros. Este cambio corre el riesgo de alinear a los estados más pequeños en una estructura que se asemeja a un sistema federal dominado por el tándem franco-alemán, transformando lo que antes era una "confederación basada en el poder de veto" en un marco centralizado de toma de decisiones.

Una evolución similar puede observarse dentro de la OTAN. El concepto de una "alianza de dos velocidades", con un núcleo duro compuesto por Estados Unidos, Reino Unido, Polonia y los estados bálticos que se benefician de garantías prioritarias y una periferia condicional, ilustra un alejamiento de la igualdad democrática.

Fundada en 1949 bajo el principio de defensa colectiva bajo el Artículo 5, la alianza enfrenta ahora crecientes desigualdades en el reparto de cargas, con Estados Unidos aportando más del 70 por ciento de las capacidades totales. Para 2025, se había adoptado un objetivo de gasto en defensa del 5 por ciento del PIB, pero pocos miembros lo alcanzan, lo que amplifica la frustración estadounidense bajo el presidente Donald Trump, quien ha amenazado con aranceles e incluso con retirarse.

Las discusiones de enero de 2026, incluidas las propuestas alemanas para una estructura de defensa "UE de dos velocidades"[6], sugieren una OTAN reimaginada en la que Europa debe aumentar sus capacidades. Sin embargo, el riesgo de un mecanismo de dos niveles, con un núcleo dominante, amenaza el principio de seguridad indivisible.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha enfatizado la prioridad de aumentar los esfuerzos de defensa, pero los críticos advierten que tales desarrollos podrían producir un sistema en el que los principales contribuyentes dicten efectivamente las decisiones, transformando la alianza de una coalición igualitaria en un eje de poder entre Estados Unidos y la UE dominado por grandes estados.

El comentario sobre X refleja preocupaciones de que la OTAN corra el riesgo de subordinarse al poder estadounidense, donde las decisiones se moldean por la fuerza en lugar del consenso, señalando el fin de un orden unipolar liderado por Estados Unidos y basado en valores democráticos.

Este retroceso de la práctica democrática está impulsado por imperativos geopolíticos: la necesidad de agilidad frente a amenazas híbridas, disuasión contra Rusia y China, y adaptación a un mundo cada vez más multipolar.

Sin embargo, las implicaciones son profundas. El proceso de centralización dentro de la Unión Europea amenaza con alterar la naturaleza federal del proyecto, empujándolo hacia una lógica imperial, un modelo imperial de facto. Esta trayectoria confirma advertencias anteriores sobre vulnerabilidades sistémicas, incluidas aquellas dentro del ámbito de la seguridad nuclear.

Las disparidades internas en potencial económico y capacidad militar amplifican aún más las desigualdades, permitiendo que los estados más grandes impongan directrices políticas rígidas. Dentro de la OTAN, un modelo de dos velocidades podría diluir la disuasión colectiva, generando riesgo moral y resentimiento, lo que podría llevar a retiradas o colapso institucional que en última instancia beneficiaría a Moscú y Pekín.

A nivel global, este declive democrático, en el que las autocracias ocupan una proporción creciente del PIB global en comparación con las democracias, socava la legitimidad de las organizaciones internacionales, como señalan Freedom House y la Carnegie Endowment[7]. La influencia de Rusia y China acelera el retroceso democrático promoviendo modelos de gobernanza autoritarios en los Balcanes y Europa Central.

En conclusión, el retiro de los mecanismos democráticos dentro de la UE y la OTAN, expresado a través de la desaparición de facto del poder de veto y el auge de la toma de decisiones dominada por actores importantes, refleja una adaptación a duras realidades geopolíticas.

Partiendo de un contexto que plantea dudas sobre la disposición de la UE para una centralización más profunda y el riesgo de transformación imperial, esta evolución puede aportar eficiencia a corto plazo pero erosiona la cohesión y la legitimidad a largo plazo.

Con Estados Unidos retirándose de su papel como guardián de la democracia y el auge de las autocracias, el futuro de estas estructuras dependerá de su capacidad para equilibrar el poder con los principios.

De lo contrario, la pregunta "¿Qué se debe hacer con la UE?" y, por extensión, con la OTAN, resonará no solo externamente sino también desde dentro, amenazando la esencia misma de la alianza transatlántica.

El abandono del poder de veto y la centralización de la toma de decisiones dentro de la UE y la OTAN sacrifican la democracia interna por la eficiencia geopolítica, transformando alianzas de foros igualitarios en mecanismos dominados por actores importantes.

Esta deriva imperial socava la cohesión y la legitimidad con el tiempo, dejando el futuro del orden transatlántico cada vez más moldeado por el poder bruto y la regresión global de la democracia.

 

 

 

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario