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martes, 10 de febrero de 2026

Netanyahu vuelve a Washington

 

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, vuelve mañana a Washington para comentar con Donald Trump los escasos resultados de las negociaciones de los enviados de la Casa Blanca con Irán, celebradas el pasado fin de semana en Omán y, ante todo, para presentar unas exigencias ¡otras más! al equipo negociador estadounidense. Aparentemente, las consultas de Omán hacen caso omiso de los intereses inmediatos de Tel Aviv: la limitación de los misiles balísticos iraníes, capaces de alcanzar objetivos estratégicos en el territorio del Estado judío, así como el cese total y definitivo del apoyo de Teherán a los movimientos islamistas radicales de la zona: Hezbolah (Líbano) y Hamas (Palestina).

Conviene señalar que las consultas indirectas llevadas a cabo en Omán la pasada semana parecían volver al punto de partida del diálogo sobre el programa nuclear iraní. Y aunque Trump calificó los casi inexistentes resultados de muy buenos, no dudó en amenazar a Teherán con el uso de la fuerza para reactivar el debate sobre el programa nuclear iraní. La respuesta de los ayatolás fue contundente: no hablaremos del programa nuclear ni del porvenir de los misiles balísticos.  

La Casa Blanca optó por acelerar el envío a la zona del portaaviones Abraham Lincoln y de otros buques de guerra, que recibieron este fin de semana la visita del almirante Brad Cooper, jefe del Mando Central del Ejército de EE. UU. y de los emisarios de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner. Para las Cancillerías del Golfo Pérsico, esta visita podría interpretarse como un presagio para el estallido de un conflicto regional.

Las declaraciones del titular de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán, Abbas Araghchi, a la cadena de televisión quatarí Al Jazeera son un indicio: si Estados Unidos ataca Irán, nuestro país no tiene la capacidad de ripostar a EE.UU. y, por tanto, debe atacar o tomar represalias contra bases estadounidenses en la región. Más claro…

 Araghchi no se pronunció sobre la propuesta presentada por los jefes de las diplomacias de Egipto, Turquía y Catar sobre la posible congelación del programa de enriquecimiento de uranio iraní durante tres años, el envío del uranio altamente enriquecido fuera del país (probablemente, a Rusia) y el compromiso de Teherán de no usar sus misiles balísticos contra los Estados de la zona (léase, Israel).

Esos dos últimos puntos justifican la visita relámpago de Netanyahu a la Casa Blanca.  Pero en su caso, no se trata de rogar ni de pedir, sino de exigir el apoyo (siempre incondicional) del amigo americano.

 


sábado, 13 de diciembre de 2025

"Nuestros bastardos"

 

Las cámaras de la CNN se dedican a hacer un discreto barrido del Despacho Oval de la Casa Blanca. Detectan – en un rincón – a los protagonistas de la noticia del día: el presidente Trump y el líder islamista moderado sirio Abdulkadir al-Golani, más conocido últimamente como Ahmed Sharaa, exjefe del Estado Islámico en el norte del país, región controlada por el ejército estadounidense, que alberga importantes yacimientos de petróleo.

Estás muy elegante, afirma el Coloso (apodo de Trump empleado ad nauseam por los periódicos de Europa oriental). Me encanta tu traje: ¿procede de Saville Row? pregunta, al retirar discretamente un par de pelos de la chaqueta de su huésped.

No, está confeccionado en mi país. Tenemos muy buenos sastres en Damasco, responde el dictador (ay, perdón: el nuevo presidente interino del Estado Sirio).  

Por cierto; tendríamos que hablar de… Las cámaras de televisión se alejan.

Nadie se preguntó qué hacía el exjefe del Estado Islámico en la Casa Blanca. Hace unos meses, cuando el presidente Bashar el Assad tuvo que abandonar Siria, el nombre de Abdulkadir al-Golani figuraba aun en la lista negra del FBI y de un sinfín de servicios de inteligencia occidentales. Cuando el nuevo hombre fuerte de Damasco anunció que tenía intención de visitar las capitales occidentales, los gobernantes se encontraron con el dilema: ¿vamos a recibir a un terrorista fichado por nuestros servicios? La respuesta fue sí. El primer país que levantó la veda fue Francia. Por afinidades históricas o por la tibieza de Emmanuel Macron. Los demás europeos – tanto comunitarios como no comunitarios – siguieron. La seguridad del Viejo Continente es importante, pero cuando se trata de suministros de petróleo…

Pero, ¿qué llevó a este cambio de imagen? ¿Cómo se convierte un líder islamista sanguinario en un político moderado? Curiosamente, la respuesta procede de un diplomático estadounidense, Robert Ford, antiguo representante de Washington en Siria, quien admite haber ayudado al cambio de imagen del jefe del Estado Islámico. Ford, confiesa haber participado - junto al servicio secreto británico MI6 - en un proyecto para sacar al líder del Estado Islámico en Siria del mundo del terrorismo y llevarlo a la política.  Según Ford, en 2023, una ONG británica (excelente tapadera para el MI6,  lo invitó a colaborar en esta reconversión. Acabó reuniéndose personalmente con Golani, quien reconoció que las tácticas brutales empleadas por el Estado Islámico en Irak no sirven cuando se trata de gobernar a cuatro millones de personas. Sin embargo, el islamista jamás se disculpó por los atentados cometidos por su organización en Irak o en Siria.

Las declaraciones de Ford revelan lo que muchos analistas sospechaban: Occidente ya no elimina a los extremistas, los recicla cuando conviene a sus intereses geopolíticos. En sus palabras, ayudamos a llevarlos del mundo del terrorismo al de la política.  Lo que recuerda, extrañamente, la lógica del excpcionalismo estadounidense de los años 60 al tratar de definir las relaciones con los dictadores latinoamericanos. Sí, serán unos bastardos, pero son nuestros bastardos.

Hace unas semanas, cuando la aviación israelí bombardeó varios lugares estratégicos de Damasco, Trump lanzó una advertencia directa a Tel Aviv contra la desestabilización de Siria y su nuevo liderazgo.

Es muy importante que Israel mantenga un diálogo fuerte y verdadero con Siria, y que no ocurra nada que interfiera en la evolución de Siria hacia un Estado próspero, escribió Trump, quien impulsa un pacto de seguridad entre Israel y Siria desde que la coalición islamista de Al Sharaa derrocó, hace un año, al presidente Bashar al-Assad.

A buen entendedor…


domingo, 13 de julio de 2025

Del bantustán Gaza a la Riviera Trump

 

Alea iacta est. Sí, la suerte está echada. Los dos hombres fuertes del planeta, Donald Trump y Benjamín Netanyahu, decidieron que la suerte de Gaza o, mejor dicho, de los pobladores de la Franja, pasa por la emigración supuestamente voluntaria de parte de sus habitantes y la reclusión, no menos voluntaria del resto de los gazatíes – alrededor de 1,3 ó 1,6 millones de personas - en la ciudad humanitaria de Rafah, situada en la frontera con Egipto. Un territorio muy exiguo, plagado de las ruinas de los bombardeos israelíes. La ciudad humanitaria es una quimera, al igual que los planes de emigración voluntaria de más de medio millón de gazatíes. Pero los planes de limpieza étnica ideados por los mesiánicos cerebros de los estadistas del (mal) llamado mundo libre podrían materializarse en un futuro no muy lejano…

Hace un cuarto de siglo, los diplomáticos extranjeros destinados a Tel Aviv y algunos periodistas occidentales solían visitar la Franja de Gaza empujados por la curiosidad o las indicaciones/recomendaciones de algunos de sus jefes occidentales. Se trataba, en la mayoría de los casos de averiguar in situ detalles sobre las condiciones de vida de los gazatíes, una población formada, en su gran mayoría, por refugiados palestinos procedentes de localidades ocupadas en los años 40 por las fuerzas armadas del recién creado Estado de Israel.

¿Las primeras impresiones? ¿Qué decir de las condiciones de vida de familias de 10 ó 12 personas, acinadas en precarias viviendas de dos habitaciones?  Sí, es verdad; tienen suerte. La mitad de los hijos trabajan”, afirmaban los trabajadores humanitarios de Gaza. ¿Dormir siete personas en una habitación? Sí, es verdad; pero se turnan. Nadie puede permitirse alquilar viviendas más espaciosas.  Los refugiados nos invitan a comer. O a compartir una taza de té. No se avergüenzan de su condición. Sí se avergonzaron los administradores hebreos del territorio, cuando un periodista canadiense publicó un libro titulado Bantustán Gaza.

Bantustán, sí. Recordando los extensos territorios con población de color tutelados por el régimen racista de Sudáfrica. Los bantustanes. Pero Israel no es un país racista, respondieron los gobernantes de Tel Aviv…

Y así pasaron más de cuatro décadas. El bantustán Gaza se convirtió en un problema insoluble para los estrategas hebreos. ¿Qué hacer al final de la actual ofensiva del Ejército israelí? La eliminación total de Hamas es una mera utopía. La limpieza étnica, una herejía. La convivencia entre hebreos y gazatíes, una ficción. Pero queda el ukase de Donald Trump: Hay que vaciarme todo esto. La Riviera Trump será el paraíso de los ricos.  

Mensaje recibido en Tel Aviv, donde se trabaja incesantemente en la materialización del deseo del amigo americano.

¿Expulsar gazatíes? ¿Recluir a la población en una mal llamada zona humanitaria? ¿Financiar el reasentamiento de centenares de miles de personas? ¡Puros disparates! Pero si Washington lo quiere…

En las últimas semanas, la prensa anglosajona se hizo eco de la existencia de un plan destinado a satisfacer las exigencias de Donald Trump y… exonerar (ayunque sólo parcialmente) de culpa a Benjamín Netanyahu. Una gran consultora norteamericana - Boston Consulting Group – trabaja dese hace meses en un proyecto destinado facilitar la tarea de los políticos israelíes.  

Un primer indicio: las actividades de la Agencia de las Naciones Unidas para Refugiados Palestinos (UNWRA), vetada por Israel debido a sus supuestos vínculos con Hamas, fueron retomadas por la Fundación Humanitaria de Gaza, patrocinada por Israel y Estados Unidos. Su actuación resultó ser torpe y deficiente a la hora de distribuir la ayuda humanitaria bloqueada por Tel Aviv durante varias semanas.

Al tener que hacer frente a la distribución de alimentos, la Boston Consulting se vio obligada contratar la empresa de seguridad Safe Reach Solutions (SRS), cuyos paramilitares se vieron involucrados – según informes elaborados por centros de investigación israelíes – en los primeros ataques contra la población palestina. Aparentemente, los chicos de SRS tienen – al igual que sus colegas hebreos - el gatillo fácil…

El equipo de Boston Consulting elaboró un borrador de Plan Financiero para la reconstrucción de Gaza, que incluye estimaciones de costos para reubicar a cientos de miles de palestinos de la Franja así como el impacto económico de tal desplazamiento masivo. Según las hipótesis de trabajo, más de 500.000 gazatíes abandonarían el enclave con cheques de reubicación por valor de 9.000 dólares por persona, es decir, un coste total de alrededor de 5.000 millones de dólares. Pero los altos cargos de la consultora estiman que fueron engañados sobre el alcance del trabajo por los directivos del proyecto.

En principio, los combatientes y líderes de Hamás que deseen salir de Gaza podrían hacerlo junto con sus familiares; Turquía y Qatar los aceptarían con los brazos abiertos.  

Los demás pobladores de la Franja permanecerán en Rafah, recluidos en la “ciudad humanitaria”, un gigantesco gueto estrictamente vigilado. Tendrá, eso sí, acceso a las zonas industriales:  fabricación de coches eléctricos, empresas tecnológicas, laboratorios, ubicados en las inmediaciones de urbanizaciones de lujo destinadas a multimillonarios extranjeros.

Sabido es que Israel – al igual que la Casa Blanca – prefieren recurrir a… mano de obra barata.

El presidente Trump se encargaría, por su parte, de animar a Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí a participar en la creación de un gobierno provisional.

Se estima que el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmúd Abbas, que no tardó en reclamar la soberanía de Gaza para la Autoridad Nacional, debería nombrar a una persona de confianza para formar un gobierno provisional ¡sin la participación de Hamás! hasta que los palestinos puedan celebrar elecciones libres.

¿Elecciones libres? Pero sí; Donald Trump tendrá su Riviera mediterránea.


miércoles, 11 de junio de 2025

Gaza: después de Hamas. ¿qué?

  

A comienzos de abril, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, afirmó rotundamente: Gaza es un campo de exterminio.

 El vicepresidente de los Estados Unidos, James David Vance, no comparte este punto de vista.  No creo que Israel esté intentando matar deliberadamente a todos los palestinos (de Gaza). Por consiguiente, no considero que lo que está sucediendo allí sea un genocidio, afirmó el número dos de la Administración norteamericana.

Gaza: hay opiniones para todos los gustos; apreciaciones muy dispares…

Recuerdo que, en los años 80, durante las primeras semanas de la intifada, solía reunirme en Jerusalén con un pequeño grupo de analistas árabes y hebreos, tratando de contestar a la única pregunta ¿Cuántos muertos hubo ayer? ¿75? ¿90? ¿52? Cuando la cifra de víctimas no superaba el umbral de los 33 ó 35, alguien dejaba caer la frase: No, no ha sido un mal día.

Un mal día… Desde el 7 de octubre de 2023, me toca practicar este lúgubre ritual solo, en mi torre de marfil madrileña. ¿Solo? ¡No! Las lejanas voces de mis interlocutores de antaño me acompañan. Y los malos días siguen sucediéndose.

Curiosamente, nadie se pregunta hoy en día: Después de Hamas, ¿qué? ¿Cuál será el provenir de Gaza al término de las hostilidades? Sí, es cierto: los gobernantes de Tel Aviv contemplan una limpieza étnica total: la expulsión de los dos millones de pobladores de la Franja a un país árabe. Pero ningún Gobierno hermano está dispuesto a acogerlos con los brazos abiertos, alegando dificultades económicas, complicaciones políticas o trabas administrativas. Para Egipto, los gazatíes son enemigos de toda la vida; para los jordanos, un exceso de población extranjera difícilmente asimilable. Los países del Golfo Pérsico prefieren limitar su solidaridad con el pueblo palestino a los cheques que envían periódicamente a las organizaciones humanitarias.

Donald Trump tiene un proyecto: convertir Gaza en un lujoso resort turístico mediterráneo, capaz de competir con la Costa Azul francesa o la Riviera italiana. Pero si Gaza se queda sin población. No pasa nada, afirma el multimillonario americano, podemos importar mano de obra barata de Asia. Una opción ésta que no acaba de convencer al aliado israelí.

Tel Aviv tiene, a su vez, un proyecto que podría complacer a Trump.  Se trata de una propuesta para crear en la Franja una nueva entidad tras el derrocamiento de Hamás. El plan, titulado pomposamente Programa de Seguridad y Recuperación de Gaza, cómo debería ser el día después, fue elaborado en diciembre de 2023 por un grupo de 35.000 reservistas de las fuerzas de seguridad israelíes y de los miembros del grupo de expertos del Jerusalem Center for Security and Foreign Affairs. 

El informe implica la reconstrucción económica, la construcción de infraestructuras, así como la necesidad de preparar un cronograma detallado para el control de la Franja tras la caída o el desmantelamiento de la organización islámica.

Ese plan de control de Gaza descarta la soberanía palestina, o mejor dicho, de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), o la presencia del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNWRA) como fuente de ayuda humanitaria.

El documento, cuya autenticidad fue confirmada por un alto funcionario del Gobierno. no indica si Israel tiene la intención de anexionarse la Franja, aunque se afirma claramente que las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) quieren tener un mayor protagonismo en la gestión de los asuntos de Gaza. Detalle interesante: el borrador no alude, en ningún momento, a las exigencias palestinas o a los documentos firmados por las dos partes – Israel y Palestina – desde la entrada en vigor de los acuerdos de Oslo.

Tras la caída de Hamas, el ejército israelí trataría de apoderarse temporalmente de la totalidad de la Franja, teniendo libertad de movimiento sobre el terreno y obteniendo el control total de la frontera de 12 kilómetros entre Gaza y Egipto, incluido el cruce fronterizo de Rafah.

Las FDI ya han creado una zona tampón a lo largo de algunas partes de la línea fronteriza. Desde principios de abril, los israelíes controlan aproximadamente la mitad de la Franja. Para ampliar la zona tampón, las FDI demolieron sistemáticamente toda la infraestructura, haciendo que parte del territorio fuera inhabitable.

Durante la segunda fase de la ocupación, el gobierno de Tel Aviv establecería cinco consejos administrativos autónomos, denominados: Gaza Norte, Ciudad de Gaza, Franja de Gaza Central, Khan Yunis y Rafah. Los consejos tendrían la tarea de gestionar la vida civil en la Franja, después de cumplir con ciertos requisitos previos: no estar relacionados con facciones terroristas, reconocer el estado de Israel y participar en un plan de reeducación también llamado proceso de desnazificación.

Israel establecerá una Dirección Administrativa Internacional (IMD, por sus siglas en inglés) para la ayuda, la reconstrucción y la supervisión de los consejos administrativos. No se contempla para nada incluir a la Unión Europea en los nuevos órganos de gobierno, pero sí a los Estados Unidos, algunos países occidentales como Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, así como a Estados suníes pragmáticos como Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y posiblemente Arabia Saudita, como parte de una maniobra destinada a normalizar las relaciones entre Riad y Tel Aviv.

Israel debería favorecer, asimismo, el despliegue de un cuerpo parecido a la Fuerza Multinacional y Observadores en el Sinaí, instrumento de mantenimiento de la paz creado en 1982 con el apoyo de Estados Unidos.

Durante la tercera y última fase, los palestinos podrán autodeterminarse.

El plan propuesto no pone ningún obstáculo real a la capacidad de los palestinos para lograr la autodeterminación una vez que reconozcan a Israel como el Estado judío y abandonen las actividades terroristas imputables a Hamas.

¿Los palestinos? Digamos que brillan por la ausencia, al igual que en los Acuerdos Abraham, negociados durante el anterior mandato de Donald Trump.  ¿Qué opinan los palestinos?


miércoles, 27 de noviembre de 2024

Adelantándose a Trump


El presidente Biden no podía haber dejado pasar la oportunidad de adelantarse a Donald Trump en la solución de un conflicto regional. Y no se trata de un conflicto cualquiera; el inquilino de la Casa Blanca pretende dejar atada – a su manera – la explosiva situación de Oriente Medio, ofreciendo una tregua – que no la paz a libaneses e israelíes.

¿Y la guerra de Gaza? Este avispero se lo regalamos a Trump, insinúan los asesores de la Administración Biden. Un regalo envenenado, igual que la bendición de utilizar minas antipersonal, prohibidas por los convenios internacionales, otorgada a las autoridades de Kiev.

El acuerdo de alto el fuego entre Israel y la milicia chiita libanesa Hezbolá, entro en vigor esta madrugada. La tregua, negociada por Estados Unidos y Francia, detendrá temporalmente las hostilidades que han asolado la región en los últimos dos meses.

El primer ministro libanés, Najib Mikati, manifestó que su Gobierno acogía con satisfacción el acuerdo; el Gabinete Netanyahu aprobó la propuesta durante una reunión extraordinaria. El ministro de Defensa, Yisrael Katz, ha indicado que Tel Aviv responderá con firmeza a cualquier violación del alto el fuego, advirtiendo a Hezbolá de que no debe aprovechar la tregua para reforzar su presencia militar.

Actuaremos contra cualquier amenaza, en cualquier momento y en cualquier lugar, manifestó Katz a la enviada especial de la ONU para el Líbano, Jeanine Hennis-Plasschaert, haciendo hincapié en el compromiso de Israel de impedir que Hezbolá refuerce su presencia en las inmediaciones de la frontera con el Estado judío.

Las condiciones del alto el fuego incluyen un período de 60 días durante el cual las fuerzas israelíes se retirarán del sur del Líbano, lo que permitirá al ejército libanés desplegar 5.000 efectivos en la zona. Se exige a Hezbolá que cese sus actividades al sur del río Litani, en consonancia con la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, jamás se implementada eficazmente.

Hezbolá mantiene desde hace tiempo una importante presencia militar en la región fronteriza, construyendo túneles, almacenando armas y planificando ataques. La reciente campaña militar israelí incluyó ataques aéreos e incursiones terrestres para desmantelar dicha infraestructura.

El ministro Yisrael Katz advirtió que Tel Aviv vigilará de cerca la tregua. Toda casa en el sur del Líbano que se reconstruya y en la que se establezca una base terrorista será demolida, dijo. Cualquier intento de rearme o reagrupamiento de terroristas quedará en nuestro punto de mira, añadió Katz.

La responsabilidad de mantener el alto el fuego recae en el ejército libanés y en la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL). La FINUL, criticada en reiteradas ocasiones por su incapacidad de hacer cumplir los planes de desmilitarización, trabajará junto con el Gobierno libanés para implementar la tregua.

El operativo estará supervisado por un alto mando del Ejército estadounidense (probablemente, un general) e integrado por expertos militares occidentales.

Detalle interesante: Hezbolá rechaza la presencia de oficiales británicos y alemanes en el equipo de monitoreo. Por su parte, Israel descarta la inclusión de ciudadanos franceses en la estructura de vigilancia de la tregua.

El titular de Asuntos Exteriores del Líbano, Abdallah Bou Habib, destacó que la presencia estadounidense es fundamental para reconstruir la infraestructura destruida durante los recientes ataques del Ejército israelí.

Los funcionarios israelíes insisten en que es esencial una supervisión estricta para impedir el contrabando de armas y la producción de armamento por parte de Hezbolá. Si no lo consiguen ustedes, lo haremos nosotros, advirtió el ministro Katz a los emisarios de la ONU.

A medida que se alivian las tensiones, el mundo observa de cerca si este alto el fuego es el preludio a un proceso de paz duradera o sólo servirá – al igual que otras iniciativas humanitarias de Occidente - como mero paliativo al conflicto.


jueves, 18 de abril de 2024

UE - Turquía: y volvamos al amor...



Hay momentos en la vida en los que las estrofas o los estribillos de una vieja canción acompañan – voluntaria o involuntariamente – acontecimientos palpables. Noticias tristes, sorprendentes, dramáticas, aberrantes… impactantes. Los insomnes adictos a la información nocturna, devoradores de últimas horas que muy raras veces inciden en los destinos de la Humanidad, tienen la manía de asociar la noticia a la letra de alguna copla cuyo recuerdo perdura en memorias privilegiadas

Olvidemos nuestro enfado, olvidemos nuestro enfado y volvamos al amor, cantaba allá por los años 60 del pasado siglo la famosa interprete francesa Marie Laforêt. Un sugestivo acompañamiento éste para la información procedente de Bruselas, sí, de Bruselas, que se hacía eco del deseo de los líderes de la Unión Europea de establecer – restablecer, mejor dicho – una relación mutuamente beneficiosa con Turquía, destinada a crear un entorno estable en el Mediterráneo oriental.

Señalaba la declaración de los jefes de Gobierno de los 27 que la Comisión estaba trabajando en la elaboración de un paquete de medidas que incluían el reinicio de consultas sobre la modernización del acuerdo de unión aduanera, la liberalización de visados para los ciudadanos turcos negociada por Ankara desde hace más de una década y las más que accidentadas negociaciones sobre la adhesión de Turquía a la UE. En resumidas cuentas: un auténticamente fingido volvamos al amor.

Un amor que en esos momentos no comparten los despechados novios turcos, que se habían hecho a la idea de que los eurócratas de Bruselas brillan por ser adalides de la estrategia del palo y la zanahoria. Los novios saben que la cacareada luz al final del túnel no deja de ser un mero espejismo.

¿Reanudar el diálogo con la Turquía de Erdogan? Decididamente, se trata de un… mal útil. El mapa geopolítico de Oriente está en plena mutación. Los vasallos de ayer se han convertido en los guerreros de hoy, en los lideres de mañana.  Los vasallos de ayer han dejado de acatar órdenes.

En su reciente negociación con la Casa Blanca, Erdogan puso precio al ingreso de Suecia en la OTAN: 13.000 millones de dólares, una flotilla de cazas F 16, otras ventajas ocultas para Ankara. Por otra parte, Erdogan se ha distanciado mucho de la postura de Occidente, criticando la política de Israel, la guerra de Gaza y el conflicto, cada vez más patente, entre el Occidente colectivo y el mundo islámico. Por si fuera poco, Turquía baraja la posibilidad de pedir el ingreso en los BRICS, el bloque económico liderado por Rusia y China, que cuenta actualmente con una cuarentena de solicitudes de adhesión. La estrategia de los BRICS contempla la voladura de la estructura económica internacional creada después de la Segunda Guerra Mundial y liderada por los Estados Unidos y la desdolarización de los intercambios comerciales. En las Cancillerías occidentales proliferan las señales de alerta: Turquía se nos va. Y no sólo Turquía. 

Otros vecinos del país de Erdogan – Georgia y Armenia – se hallan en pleno proceso de ebullición. Las autoridades de Ereván tratan de deshacerse de la tutela del Kremlin. Se trata de una maniobra de los gobernantes armenios, que apuestan por una nueva alianza con Bruselas y Washington. La apuesta no cuenta con el beneplácito de la opinión pública. Los armenios recuerdan que Rusia fue, durante siglos, la única protectora de la minoría cristiana del Cáucaso. Cabe preguntarse si el nivel de vida de la población experimentará mejoras notables bajo el paraguas – los paraguas – de Occidente.

Georgia, país candidato al ingreso a la UE desde el pasado mes de diciembre, tiene que hacer frente a una oleada de protestas provocada por el acalorado debate de un proyecto de ley destinado a limitar la actuación de agentes extranjeros.  La oposición clama que se trata de una copia conforme de la legislación coercitiva rusa de 2014. Otros recuerdan que dicha normativa legal es vigente en varios países occidentales, entre ellos, los Estados Unidos. Pero los ánimos se están caldeando. ¿Se puede contemplar un posible enfrentamiento civil?

Curiosamente, en los tres casos intervienen factores externos. Lejos quedan de tus estrofas, admirada Marie Laforêt… y volvamos al amor. Hoy en día, el mundo se rige por el mantra: haz la guerra, no el amor. Los tiempos cambian…


domingo, 14 de abril de 2024

¿Contención?


Octubre de 1978. Las oficinas de la censura del Ministerio de Información de Irán se habían convertido en un lugar muy concurrido. Los periodistas extranjeros enviados a cubrir los disturbios que precedieron la caída del Sha se amontonaban para escuchar los mensajes dirigidos al pueblo persa por un clérigo exiliado en Francia: el ayatolá Jomeini. Eran llamadas a la rebelión, a la lucha contra el despótico régimen de Mohamed Reza Pahlevi, el rey de los reyes, emperador de los emperadores.

¿Las grabaciones de Jomeini? No, no temeos copias. Pero podrán encontrarlas en el Bazar, aseguraba Farideh, la joven interprete licenciada en filología inglesa por la Universidad de California. ¿Mis opiniones políticas? Miren; nosotros, los expatriados, hemos probado el néctar de la democracia…

¿Y el programa político de Jomeini, señorita Farideh? ¿Qué opina el último punto del mensaje: la destrucción de la entidad sionista, del Estado de Israel?

En Irán viven muchos judíos. Pero hay poca simpatía por lo hebreo entre las clases populares, contesta la joven traductora.

En aquella época, el Estado de Israel contaba con una nutrida representación comercial y consular en Teherán. Sin embargo, la mayoría de sus empleados no se dedicaba al comercio ni a las tareas… consulares. Tras la salida del Sha y el advenimiento de la revolución islámica, el bunker judío del centro de la capital iraní se convirtió en… la representación oficial de Palestina.

El ayatola Ruhollah Musavi Jomeini regresó a Irán en febrero de 1979. Había pasado varios años exiliado en Irak y unos meses – pocos – en Francia. En enero de 1979, en plena ebullición del país persa, el entonces presidente francés, Valery Giscard d’Estaing se reunió en la isla de Guadalupe con su homólogo norteamericano, Jimmy Carter, al que le informó apresuradamente: Mon cher ami, tengo un sustituto para el Sha. Se trataba, según Giscard, de un clérigo iraní, anciano y fácilmente manipulable. Tres semanas más tarde, el futuro líder de la revolución islámica aterrizaba en Teherán.  A su llegada, el ayatolá daba a conocer las líneas maestras de su política, que podrían resumirse de la siguiente manera:

· Establecimiento de la República islámica;

· Unificación de todos los países musulmanes;

· Creación de la tercera potencia mundial, que congregue a los países       árabes productores de petróleo;

· Utilización del “oro negro” como arma para imponer el punto de vista  del Islam en todos los problemas clave para la Humanidad; y

· Destrucción del Estado de Israel.

Los sucesivos gobiernos iraníes siguieron a rajatabla el programa Jomeini.

En 2001, cuando el general Ariel Sharon asumió el cargo de Primer Ministro de Israel, las autoridades de Tel Aviv designaron a Teherán como principal enemigo del Estado judío en la región. ¿Pura paranoia? No, en absoluto. Había indicios para pensar que Teherán estaba poniendo en marcha un ambicioso programa nuclear. Los temores de Sharon se confirmaron años más tarde. Pero las sanciones económicas impuestas entre 2006 y 2010 no surtieron efecto. Con el paso del tiempo, Irán logró afianzarse como potencia militar regional y global. Sus alianzas con los movimientos radicales islámicos de Oriente Medio – Hezbollah, Hamas, hutíes yemenitas, agrupaciones islamistas armadas sirias e iraquíes – lo convierte en un temible adversario de las monarquías pro occidentales de la región y, ante todo, de la abominable entidad sionista. Desde hace más de medio siglo, los ayatolás sueñan con borrar a Israel del mapa; desde hace más de cinco lustros, el establishment castrense hebreo espera una señal para acabar con las instalaciones nucleares iraníes. Pero… hacía falta una chispa, un detonante. El ataque de la aviación israelí contra el consulado de Irán en Damasco fue el pretexto ideal. El régimen islámico se sentía con derecho para lanzar su operativo La Verdadera Promesa.

No vamos a insistir sobre los pormenores de esa espectacular operación militar, una terrorífica exhibición que ha tenido en vilo a los Estados Mayores de numerosos ejércitos. Estiman los estrategas que el forcejeo termino en un empate: Teherán dejó constancia de su capacidad de combate; Israel, la de su eficaz defensa frente a los ataques enemigos.

Al término de la pesadilla, el actual inquilino de la Casa Blanca se precipitó en informar a los ayatolás que los Estados Unidos no participarán en una posible (y muy probable) ofensiva israelí contra la república islámica, mientras que al detestable amigo Netanyahu le aseguró que el fracaso de la operación iraní suponía una victoria de Israel y de sus aliados sobre el malvado régimen de los clérigos chiitas.

Aprovecha la vitoria, le recomendó Biden al Primer Ministro hebreo, recordándole, una vez más, el mantra de las últimas horas: contención.

¿Victoria? ¿Miedo? ¿Contención? Pues bien, al menos de momento, conviene emplear el eufemismo contención. 

viernes, 16 de febrero de 2024

Putin no insulta

 

Ahora, que ya sabemos que Joe Biden es el candidato predilecto de Vladimir Putin a la presidencia de los Estados Unidos, que Donald Trump se ha convertido en un personaje demasiado conflictivo para la élite demócrata de Washington, la OTAN y… el Kremlin, no nos queda más remedio que analizar – con una inevitable mezcolanza de humor y preocupación – las nuevas normas impuestas por el actual inquilino de la Casa Blanca en las cada vez más fluctuantes e impredecibles relaciones internacionales. Puntualicemos: al escrutinio diplomático se suma, en este caso concreto, la evaluación lingüística.


La lectura o relectura de la magistral novela El Señor Presidente, del Premio Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias nos asombra con el párrafo en el que el líder máximo despide a gritos al medicucho Barreño: ¡Retírese, salga y… llame a ese animal!


¡Yo soy ese animal! explica el secretario del Señor Presidente de la República, acostumbrado con el discurso algo florido de su amo y señor.


En las últimas semanas, Joe Biden tildó al Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de idiota, imbécil, mala persona y otras lindezas reproducidas instantáneamente por los principales medios audiovisuales estadounidenses. Curiosamente, no hubo desmentidos de la Casa Blanca; sabido es que Biden no controla sus… lapsus. Pero, ¿se trata de meros traspiés?


En Israel, donde la opinión pública está dividida entre el rechazo a la política llevada a cabo por el líder del Likud y sus socios ultranacionalistas y el apoyo al operativo bélico de Gaza, los reiterados deslices de Biden causaron un profundo malestar.


 Biden, no puedes llamar idiota a nuestro primer ministro; sólo nosotros podemos hacerlo, rezaba el editorial del rotativo Jerusalem Post, una de las pocas publicaciones de referencia en la casi totalidad de los países de Oriente Medio. De hecho, los traspiés de Biden distan mucho de las promesas de apoyo incondicional formuladas por el propio Presidente tras el ataque del 7 de octubre, cuando Tel Aviv manifestó su intención de intervenir militarmente en la Franja de Gaza


Para los redactores del Jerusalem Post, el aliado transatlántico se había equivocado. En lugar de presionar a Israel para que detenga su ofensiva, Estados Unidos y el resto del mundo deberían aumentar la presión sobre el grupo terrorista para que libere a los rehenes y se rinda. Una opinión ésta compartida por la gran mayoría de israelíes, traumatizados por el impacto de la incursión de Hamas. Obviamente, Israel había perdido su halo de fortaleza inexpugnable.

Sin embargo, los analistas y estrategas hebreos coinciden en que Joe Biden tiene sobradas razones para estar molesto con Netanyahu. En primer lugar, porque el jefe del Ejecutivo de Tel Aviv se ha distanciado del plan de Biden para Gaza del día después, de vincular la normalización de las relaciones con Arabia Saudita a un control reforzado de la Franja otorgado a la Autoridad Nacional Palestina, lo que conduciría a la aceptación de la fórmula de dos Estados, rechazada por Israel.

Por otra parte, la insistencia de Netanyahu en mantener a sus socios de extrema derecha Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich en la coalición también debe irritar, así como la percepción de Biden de que el gobierno israelí no está tomando medidas para frenar las acciones violentas de los colonos extremistas de Cisjordania.

Finalmente, la obstinación de Netanyahu en continuar la guerra de Gaza hasta su conclusión de invadir Rafah y eliminar a los combatientes y las bases de Hamas, sin un plan claro para proporcionar una retirada segura a los más de un millón de gazatíes que se han congregado en la ciudad asediada durante la guerra, es probablemente el tema que más indujo a Biden a hablar de Netanyahu en términos… poco diplomáticos.

Pero también hay otro factor, tal vez más importante: con cada gazatí que muere en la ofensiva israelí, Biden está perdiendo apoyo político para su campaña de reelección por parte del ala progresista de su electorado. Es cierto que un operativo bélico importante en Rafah pondrá en peligro a muchos más civiles, incluso si se aplica un plan de evacuación.

Pero curiosamente, aunque Biden le guarde rencor a Netanyahu, también es cierto que el general Benny Gantz, miembro del actual Gabinete de guerra israelí, a quien algunos ven como la alternativa moderada a Netanyahu, apoya la ampliación de la ofensiva en el sur de Gaza y Rafah.

Cabe preguntarse, pues: ¿serán todos los políticos israelíes idiotas, imbéciles, a malas personas? ¿Será Donald Trump este personaje peligroso del que los norteamericanos deberían desembarazarse a la mayor brevedad?

Extrañamente, Vladímir Putin no insulta. 

martes, 26 de diciembre de 2023

Mar Rojo: vuelve la diplomacia de las cañoneras


 En el otoño del pasado año, los estrategas atlantistas revelaron la existencia de un nuevo peligro para la estabilidad del entorno geopolítico del Planeta. Se trataba de las maniobras de Rusia y China destinadas a controlar la ruta marítima del Ártico, un codiciado atajo para el transporte mundial de mercancías.

¿Un reto para Occidente? Curiosamente, la presencia rusa en el Ártico se remonta a la época de los zares. Los soviets no hicieron más que reforzarla, multiplicando el número de centros de vigilancia meteorológica y de laboratorios encargados de mapear los múltiples recursos naturales de la zona: minerales, petróleo, diamantes. Competían con los rusos las misiones científicas de los países nórdicos, que llevaban a cabo su actividad bajo el paraguas anglo-norteamericano.

Conviene señalar que los países escandinavos solían compartir información con los científicos rusos. Una tarea ésta harto difícil, teniendo en cuenta las presiones ejercidas por el establishment miliar estadounidense, poco propenso a entablar el dialogo con Moscú. A los altibajos de estas relaciones se sumó un nuevo factor: la llegada de un nutrido grupo de científicos chinos, más dados a trazar las posibles rutas del corredor marítimo ártico.

Detalle interesante: los primeros cargueros de bandera china que cruzaron las aguas del Ártico iban escoltados por fragatas pertenecientes al Ejército Popular de Pekín.

En el contexto del actual conflicto de Ucrania, la alianza de Rusia y China – competidores cuando no enemigos de los Estados Unidos – se convertía en un peligro para los intereses estratégicos de Washington. De ahí que algunos políticos o miembros del estamento militar estadounidense se dedicaran a reclamar medidas para desembarazar la zona de estos rivales potenciales.  Pero la guerra del Ártico no tuvo lugar; quedó pospuesta por el inicio de otro conflicto: la ofensiva de los rebeldes hutíes en el Mar Rojo.

Si bien en el caso del Ártico la Casa Blanca dudó en recurrir a la diplomacia de las cañoneras, la región de Oriente Medio parece el lugar idóneo para resucitar la herramienta de los viejos imperialismos.

En el siglo XIX, Inglaterra mandaba barcos de guerra para presionar a los países menos desarrollados a aceptar tratos injustos o humillantes. La Navy se limitaba a bombardear los puertos y las ciudades de sus enemigos. Décadas más tarde, la Armada estadounidense logró añadir otro factor disuasorio: el desembarco de destacamentos de fusileros marinos, convirtiendo la diplomacia de las cañoneras en una invasión en toda regla.  Sombríos presagios estos para el enfrentamiento del Mar Rojo.

Hay quien trata de resumir el actual conflicto en cuatro frases telegráficas: Hamas ataca a Israel; Israel entra en la Franja de Gaza; Washington apoya a Tel Aviv; los rebeldes hutíes contraatacan. Pero hay más; muchísimo más. Veamos: Hamas subestima la reacción del Gobierno Netanyahu; la actuación del Ejército israelí supera con creces los cálculos de los estrategas de Hamas; Washington exige la estricta aplicación del Derecho Humanitario, olvidando sus excesos en Vietnam, Afganistán, Irak; Irán, que sigue a rajatabla el programa político del ayatolá Jomeini – destrucción total de la entidad sionista (Israel) – procura descartar un enfrentamiento directo con los Estados Unidos. Los hutíes, armados hasta los dientes por Teherán, reciben la orden de atacar. El presidente Biden, antiguo lugarteniente del inmerecido Nobel de la Paz Barack Obama, sigue el ejemplo de sus antecesores en la Casa Blanca – Bush Jr. y Obama – anunciando la creación de una coalición internacional destinada a proteger el comercio internacional en la ruta del Mar Rojo.

No, no se trata, en esta ocasión, de defender la democracia, como en los antiguos partes de guerra de Washington. En este caso concreto, lo único que se pretende es salvaguardar los intereses de las grandes navieras. Business is business…

El operativo bélico de Gaza está socavando la estabilidad en el Mar Rojo, creando complicaciones para los intereses geoestratégicos de los actores regionales que compiten entre sí, señala el economista jordano-palestino Riad al Khouri, experto en relaciones comerciales internacionales y consultor del Fondo Monetario Internacional.

Recuerda Al Khouri que el Mar Rojo, punto estratégico clave para el comercio mundial desde la apertura del Canal de Suez en 1869, interesa a las potencias regionales y globales a raíz del papel llamado a desempeñar para la puesta en marcha de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) auspiciada por Pekín.

Desde Yibuti a través del Mar Rojo hasta el Mediterráneo, hay una expansión de las inversiones en infraestructuras previstas por la Iniciativa de la Franja y la Ruta, así como una creciente presencia militar china y/o de otros actores mundiales. Los puertos de Sudán se han ido desarrollado y modernizado. Es el caso de la ampliación, con capital chino, de la terminal de contenedores de Port Sudan.

En 2018, el Gobierno sudanés firmó un acuerdo de 99 años con Turquía para la rehabilitación del puerto de Suakin, que le garantiza a Ankara una presencia estratégica en la región.

Al adquirir una participación del 49% en el proyecto de infraestructura del Golfo de Suez y el Norte del Canal, los Emiratos Árabes Unidos (UAE) fortalecen su posición con respecto al transporte marítimo en el Mar Rojo.

Los puertos eritreos también están llamando la atención de las potencias regionales. Los Emiratos Árabes Unidos tienen una base en Eritrea que apoya sus operativos militares contra los rebeldes hutíes del Yemen.

Moscú, que dejó de ser un actor predominante en la zona desde que sus fuerzas abandonaron Egipto en la década de los 70, anunció en 2018 el establecimiento de un centro logístico en Eritrea.

Rusia también mostró interés en Port Sudan, al proponer en 2020 un acuerdo de 25 años con Jartum para la construcción de instalaciones destinadas a sus buques de guerra. Sin embargo, Sudán suspendió el contrato al año siguiente.

La guerra de Israel en Gaza y los combates en Sudán plantean serios desafíos para las autoridades de Riad. La estabilidad en el Mar Rojo es crucial para los planes de desarrollo económico e industrial saudíes. Para la economía petrolera tradicional, la terminal del oleoducto Yanbu en el Mar Rojo es fundamental como alternativa a la exportación de petróleo a través del conflictivo estrecho de Ormuz.

De todos modos, los ataques hutíes también pueden llegar a poner en peligro las islas de Tirán y Sanafir, situadas en la desembocadura del golfo de Aqaba, la puerta de entrada para las mercancías destinadas a Jordania e Israel.

Por ende, a nivel estratégico, el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC), presentado en septiembre como contrapeso a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, evita por completo el Mar Rojo. El IMEC, cuyo flanco oriental conecta la India con la península arábiga, mientras que el septentrional enlaza con Europa, es una importante propuesta geopolítica que aleja a los Estados de la región de la Franja y la Ruta, a pesar de que Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos también son signatarios de la iniciativa china.

El IMEC reduciría el tiempo de transporte de mercancías de la India a Europa en un 40% y también podría ayudar a posicionar a Arabia Saudita como centro logístico global. El enlace ferroviario que une los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí con Jordania e Israel, depende de la normalización de las relaciones entre Riad y Tel Aviv.  

Del éxito o el fracaso de la diplomacia de las cañoneras de Joe Biden depende el porvenir del mapa geopolítico de Oriente Medio. Del éxito o el fracaso del operativo Ucrania, el porvenir del Viejo Continente.

El Ártico queda, de momento, relegado a un segundo plano. Sólo de momento…


jueves, 21 de diciembre de 2023

Washington – Tel Aviv: después de Gaza, ¿qué?

 

Aparentemente, la visita a Israel del Secretario de Defensa norteamericano, Lloyd Austin, cogió por sorpresa a las autoridades de Tel Aviv. Austin anunció su llegada con un tuit enviado desde el avión que sobrevolaba el Atlántico. ¿Medidas de seguridad? ¿Poca deferencia para con sus anfitriones hebreos? El hecho es que la gira relámpago del jefe del Pentágono se convirtió en una autentica manifestación de apoyo incondicional a la política del Gabinete Netanyahu.

En sus intervenciones públicas, Austin hizo hincapié en el apoyo firme e inquebrantable de Washington a Israel y el férreo compromiso de la Administración Biden para con el Estado judío mientras continúa el conflicto en la Franja de Gaza.

Seguiremos trabajando juntos por un futuro más seguro para Israel y más brillante para los palestinos, manifestó el secretario de Defensa durante su encuentro con su homólogo israelí, Yoav Gallant, uno de los halcones que integra el Gobierno de coalición liderado por el jefe del Likud.

¿Un futuro más brillante para los palestinos? Poco tiene de brillante la situación actual de los pobladores de Gaza y Cisjordania. Cabe preguntarse, pues, qué implica realmente el eufemismo más brillante de Austin.

Desde el pasado 7 de octubre, las autoridades israelíes y sus aliados occidentales han tratado de eludir el debate sobre la posible solución aplicable en la posguerra de Gaza, centrando la atención de la opinión pública en los operativos militares. Una postura ésta muy lógica para un país en guerra, pero menos comprensible en el caso de los burócratas o estrategas que se limitan a analizar la situación desde cómodos despachos situados a miles de kilómetros de las líneas de batalla. Cierto es que algunos políticos, poco conocedores de la problemática real de la zona y de sus constantes vaivenes, optaron por resucitar la formula mágica de los dos Estados – Israel y Palestina, valida en los albores de los Acuerdos de Oslo, aunque neutralizada por el constante trabajo de zapa de la derecha israelí. Hablar de la solución de los dos Estados en el momento actual parece un auténtico sinsentido. ¿Cuáles serían, pues, los posibles desenlaces?

El político y diplomático hebreo Danny Danon, ex embajador de Israel ante las Naciones Unidas y posible sustituto de Netanyahu a la presidencia del derechista Likud, procura hacer un repaso a la posición de los poderes fácticos frente al conflicto israelo-palestino. Recuerda Danon que, si bien en agosto de 1967 los miembros de la Liga Árabe acuñaron los tres noes contra el Estado judío - no a la paz, no al reconocimiento de Israel, no a la negociación con Israel – en las últimas décadas, la postura de la diplomacia internacional ha evolucionado.

Durante la reunión del G7 celebrada el pasado mes de noviembre en Tokio, el Secretario de Estado Antony Blinken dio a conocer los cinco noes de la Casa Blanca - No al desplazamiento forzado de palestinos de Gaza, no a la reocupación de la Franja por el ejército israelí, no a la reducción del territorio de Gaza, no a las amenazas de seguridad de Israel provenientes de la Franja, no al bloqueo de Gaza.

Una de cal y otra de arena. Típica ambigüedad diplomática.

El otro diplomático, Danny Danon, aprovechó para publicitar su propio plan de paz para la posguerra, que consiste en:

· La desmilitarización de la Franja de Gaza;

· La creación de una zona tampón de 3 kilómetros en la Franja;

· La vigilancia por el puesto fronterizo de Rafah (con Egipto) por personal israelí e internacional;

· El abandono de la Franja por los palestinos que deseen establecerse en otros países; y  

· La rehabilitación financiera del territorio sin terrorismo ni incitación a la violencia.

Si bien el Gobierno Netanyahu no se ha pronunciado sobre la propuesta de Danon, el ex embajador asegura que el plan cuenta de antemano con el apoyo de varios miembros del Gabinete.

Curiosamente, se desconoce – al menos en Occidente – la existencia de una contrapropuesta palestina.  ¿Noticias que no nos llegan?

Por ende, conviene dedicar unas líneas al programa no oficial de Lloyd Austin en Tel Aviv, donde se hizo público el anuncio de la creación de una coalición internacional de lucha contra el terrorismo hutí en el Mar Rojo.

Los esquemas bélicos de Afganistán, Irak y Siria siguen vigentes. Pero en este caso concreto, Washington no defiende la democracia, sino la libre circulación de los navíos mercantes por el Canal de Suez. Teniendo en cuenta que las mayores navieras dedicadas al trasporte de fletes operan desde los Estados Unidos, todo tiene una explicación… lógica.


lunes, 6 de noviembre de 2023

Caos

 

Ver al Secretario de Estado Antony Blinken paseando por Bagdad, la reconquistada capital devuelta a la democracia, con un chaleco antibalas puede provocar cierto asombro. ¿Tan frágil es el sistema político instaurado por los mensajeros de la mayor democracia del mundo? ¿Tan peligrosa la legendaria capital de los califas abasíes?  

El segundo periplo del jefe de la diplomacia estadounidense a Oriente Medio en menos de un mes no ha sido un camino de rosas. Blinken regresó para tomar el pulso del conflicto entre Israel y Hamas, para ver, dialogar, negociar treguas, proponer soluciones milagrosas. Pero su periplo se limitó en realidad a un tsunami de palabras; de buenas palabras.

Palabras y amonestaciones. Posturas intransigentes, como la del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, reproches y reivindicaciones de los aliados árabes de Washington, incapaces de disimular su irritación ante el apoyo incondicional de la Casa Blanca a la política ultraconservadora de Israel.

Buscar componendas con Dios y con el Diablo. Complacer a Tel Aviv sin provocar el enfado del mundo árabe; una misión sumamente difícil, casi imposible, para el Secretario de Estado.

Decididamente, Blinken no es Kissinger. Netanyahu dista mucho de ser Begin. Los gobernantes árabes bendecidos por el Acuerdo Abraham no han abandonado su tradicional apuesta anti israelí. Las primeras espadas de la región – Arabia Saudita, Irán, Turquía – tampoco. Los rumores acerca de una posible expansión del conflicto no dejan de correr por la zona. Las noticias procedentes de la Franja de Gaza alimentan la tensión, el pesimismo, el catastrofismo. En Washington, se elevan voces reclamando más pragmatismo por parte del inquilino de la Casa Blanca, en Kiev, más inquietud por un posible (aunque poco probable) abandono de Ucrania por sus aliados occidentales, En la vieja Europa, una creciente preocupación por el resurgir del antisemitismo y el incremento de la amenaza terrorista. En resumidas cuentas: el caos presagiado tras los atentados del 11 S se ha ido materializando.

No, Blinken no es Kissinger. El veterano politólogo y diplomático nacido en Alemania durante la República de Weimar hubiese criticado, con toda probabilidad, la espectacular (y muy penosa) retirada estadounidense de Afganistán, los constantes mensajes del actual presidente de los Estados Unidos instando a Vladimír Putin – su criminal de guerra in pectore - a entrar en Ucrania, el inquebrantable apoyo a Israel en la lucha contra el terrorismo de Hamas. Pero claro; Henry Kissinger prefiere guardar silencio. Los éxitos y los errores de la actual Administración no son de su incumbencia.

Joe Biden se posicionó abiertamente a favor de Israel. Los sentimientos humanos primaron sobre el precepto de prudencia que exige el ejercicio de su cargo. Sus palabras causaron un hondo malestar en el mundo musulmán.  

Pero lo cierto es que Biden tiene otras prioridades. En el ámbito internacional, tiene que lidiar con dos conflictos: el frente de Rusia-Ucrania, una guerra que corre el riesgo de perpetuarse sine die, la irritación de Pekín ante la amenaza que posibles represalias económicas, más duras y más eficaces que las impuestas hasta ahora al Kremlin. Sin olvidar, claro está, la constante expansión de los BRICS, adalides de la desdolarización del comercio internacional, ni la bancarrota del Estado, que podría alentar el caos en los mercados financieros.

A nivel interno, hay otro peligro que acecha al obstinado octogenario candidato a la reelección Joe Biden: su impetuoso y vociferante rival Donald Trump. Pero esa es otra historia.


sábado, 28 de octubre de 2023

Incursión a las entrañas de Gaza


 ¿Qué nos puede decir sobre la otra Gaza, la Gaza subterránea?  La pregunta, formulada por un veterano estratega de la OTAN, sorprendió a los ilustres politólogos congregados en el aula de la vieja universidad centroeuropea.

En realidad, muy poco. Sabemos que el profesor Roskin, de la Universidad de Bar-Ilan, publicó un estudio titulado La guerra subterránea en la Franja de Gaza y la complejidad militar de combatirla. Es la única referencia que tenemos, contestó el responsable del prestigioso centro docente.  

El ejército israelí tuvo que retrasar su cacareada incursión terrestre en la Franja de Gaza; durante las décadas de ocupación del territorio, a nadie se le ocurrió cartografiar ni medir de manera profesional los túneles de Gaza.  De hecho, el Estado Mayor de Tel Aviv no había contemplado siquiera la posibilidad de llevar a cabo combates subterráneos.

¿Guerra subterránea? Sombría perspectiva para un ejército, para cualquier ejército. Una opción que el geomorfólogo y geólogo Joel Roskin optó por estudiar con detenimiento durante su servicio militar en la Franja.  

A lo largo de los años, Roskin siguió la evolución de los túneles, analizando las condiciones que permitieron su formación y expansión, basándose en los datos geológicos y las condiciones de seguridad que habían facilitado su peculiar desarrollo. 

Cada sistema de túneles es diferente; está relacionado con la orografía, geografía y condiciones geopolíticas del lugar, afirma Roskin, recordando que los primeros registros de construcción de vías subterráneas se remontan a más de 4.000 años; las tabletas asirias aluden a trabajos de ingeniería en la época de Sargón I de Acadia, que reinó en Mesopotamia entre 2.334 y 2.279 a. C.

Hagamos un salto en el tiempo: en 2002, cuando las tropas estadounidenses atacaron las posiciones de Al Qaeda en Afganistán, persiguiendo a Osama bin Laden, descubrieron un enorme complejo de catacumbas que conectaba las formaciones naturales de cuevas de Tora Bora. 

En Gaza, la construcción de túneles empezó en 1982. Se trataba de pasadizos secretos empleados para en contrabando de mercancías con Egipto o para los intentos de reunificar las familias separadas por una frontera trazada artificialmente después de la Segunda Guerra Mundial.  

Conviene recordar que los gazatíes nunca contaron con la simpatía o el cariño del establishment político cairota. Se les solía tachar de rebeldes, incomprensibles y ¡ay! iniciadores de la nebulosa secta de los Hermanos Musulmanes, extraña versión árabe del iluminismo europeo.

A partir de 1994, los túneles que unían Gaza con Egipto fueron utilizados para el contrabando de mercancías y de municiones. En el 2000, al final de la segunda Intifada, sirvieron para la importación ilegal de armas.

En 2005, después de la retirada israelí de la Franja, se registró un crecimiento espectacular del número de túneles. Aumentó su tamaño, la extensión y la calidad de la construcción. Para reforzar su estructura, se utilizó hormigón suministrado por Israel para la construcción de viviendas, que sustituyó los viejos tablones de madera.  

En el año 2007, las agrupaciones islámicas empezaron a cavar túneles de acceso a posiciones de lanzamiento de cohetes o emplazamientos de piezas de artillería. Se edificaron los primeros centros logísticos y puestos de mando subterráneos de las milicias. Durante el mismo período, los gazatíes iniciaron la fabricación de armamento propio con el material de contrabando y cavaron pasadizos direccionados hacia la frontera con Israel.

Hasta la década de 2000, esas vías subterráneas se excavaban a una profundidad de 4 a 12 metros. Hamás aprendió a excavar pasillos más profundos, más amplios y más largos. Al mismo tiempo, se perfeccionaron los medios de sustento. La ubicación de las galerías en zonas urbanas facilitaba los proyectos de Hamás, dada la cercanía de las infraestructuras: electricidad, agua y comunicaciones. Incluso prescindiendo de la red eléctrica, los sistemas de ventilación eran posibles con la ayuda de pequeños generadores. 

Se calcula que en 2009 había alrededor de 35 túneles que cruzaban la línea del armisticio con Israel de 1949. Algunos penetraban incluso a cientos de metros en el territorio del Estado judío.

Las galerías dejaron de ser simples vías de tránsito que cruzaban la Franja; se habían convertido en complejas cavernas de varios pisos con habitaciones, pasillos y almacenes. Bajo la Franja se extiende actualmente una red de centenares de kilómetros. Alrededor de 500 kilómetros, según las estimaciones del ejército israelís.

¿Se puede hablar de redes ocultas? No, en absoluto. Durante años, se desarrolló en Gaza una cultura de los túneles, que incluía visitas educativas para alumnos de preescolar a secundaria, fotografías de bodas y visitas turísticas por la red de galerías subterráneas. Pero qué duda cabe de que la incursión del ejército hebreo acabará con esas insólitas actividades de… ocio.